lunes, 7 de septiembre de 2026

LA PLANIFICACIÓN DEL DESASTRE / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

LA PLANIFICACIÓN DEL DESASTRE

Darío Ruiz Gómez

El exministro Restrepo y el presidente De la Espriella han sugerido la posibilidad de que ante la magnitud del desastre dejado por el terremoto en el Chocó pueda pensarse en un “Plan Marshall” que fue el Plan norteamericano de reconstrucción aplicado después de la  Segunda Guerra Mundial para sacar adelante lo que se llamaría el Milagro alemán. Milagro, reducido al desarrollo económico pero que olvidó lo que la guerra había infringido al alma destrozada de los alemanes. Pensemos pues que los chocoanos tienen alma y sentimientos y poéticas constructivas y una red de caminos entre las poblaciones que deben ser tenidos en cuenta a la hora de irrumpir con un modelo económico capitalista que destruiría su diversidad cultural. La filosofía, el cine, la literatura, el arte acusaron el horror de lo que supuso esta hecatombe cuyos efectos continúan conmoviendo a las nuevas generaciones. El Plan Marshall planteado por el gobierno norteamericano fue un éxito porque los bombardeos de los aliados bien se cuidaron de no destruir los grandes centros industriales del acero, pero, recuerdo, aquello que no se tuvo en cuenta fue “los efectos psicológicos del desastre bélico en los habitantes que sobrevivieron”, el trauma ante la masificación de la muerte, el espanto de sobrevivir. En Quibdó por lo tanto hablar de un “Plan Marshall” viene a ser un pésimo chiste ya que el Chocó es hoy un territorio invadido por grupos criminales que le han quitado al Estado el derecho a la explotación de las minas de oro y plata obteniendo infinitas ganancias sin pagar regalías  y manteniendo en la esclavitud a miles de habitantes, controlando el transporte fluvial, contaminando las aguas, etc. Por lo tanto, mientras el Chocó no sea liberado de estos invasores ningún plan de reconstrucción económico puede ser aplicado ni se podrá hablar de autonomía regional, de planes de vivienda.

            En los años 50 a nivel de Planeación regional Tumaco, Buenaventura contaron con importantes propuestas, fueron incorporados a un proyecto de planeación regional que visibilizara la costa Pacífica respetando la selva, las distintas etnias, descubriendo la grandeza de las culturas precolombinas tal como lo hizo Reichel Dolmatof. ¿Cómo rescatar el Cauca y devolver al Estado la explotación de sus minas, destruyendo los inmensos sembrados de coca? ¿Cómo liberar a la población de una Minga estalinista? ¿Se construye lo mismo en las vertientes de las montañas del Valle que en las selvas húmedas del Chocó? Los grandes arquitectos africanos, asiáticos nos han dejado en claro lo que es hacer vivienda, teniendo en cuenta los vientos, las lluvias, los nuevos materiales y las nuevas tecnologías  de construcción sin caer en la horrible propuesta de la “autoconstrucción”, vocación de tugurio, de insalubridad y mucho menos en las “arquitecturas “ancestrales” Hay en los llamados Planes de Ordenamiento territorial  una lectura abstracta del territorio olvidando al habitante, a la geografía, olvidando la integración a una mayor escala de las otras regiones para indicar el lógico trazado de vías, de servicios, que fue la propuesta del Gobierno Barco en su frustrado intento de  integrar la costa del Pacífico a Asia. Reconstruir es agregar a la casa los espacios que reclama la nueva vida, lo íntimo y lo público y es devolver su importancia a un paisaje que ha sido secuestrado. La herida de la violencia de los años 40-50 se mantiene en poblaciones que fueron desplazadas de Antioquia hacia el eje Cafetero, hacia el Norte del Valle tal como lo evidencian sus arquitecturas, su música propia de una diáspora que nunca ha cesado ya que los desplazamientos no han cesado. Aquí es donde se valora entonces el concepto de comunidad -en el tiempo y en el espacio- ante el demagógico concepto de un colectivismo destructivo.

 

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