domingo, 15 de marzo de 2026

Enunciaciones de Gloria Posada / Víctor Bustamante



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Enunciaciones de Gloria Posada

Víctor Bustamante;

Cuando se lee un libro de poemas, por supuesto que hay temas fundamentales que atraviesan sus páginas; pero, encriptados también existen a través de esa escritura precisa que no permite dislocaciones, nada menos que sugerencias, puertas que se abren y se complementan luego, en senderos tras los cuales se escribe un poema que, al juntarlo, indica que estos fragmentos, en apariencia sueltos como un poetizar autónomo, dan la nota casi secreta de su autor. De ahí que ninguno de ellos, así acuda a un hermetismo como un escudo protector o a cualquier ética literaria, escapa a esa posibilidad de ser interpretado; es más, cada lector da su exégesis de esa fractura dentro de la aparente disolución de cada texto cuando se lee.

A través de la escritura se filtran y persisten exhortaciones personales, limaduras de la noche, pensamientos breves, indicios de cierta ambigüedad, pero también huellas firmes que denotan la fuerza con que fueron escritas y, por supuesto, sugerencias leves que el autor no se permite seguir; mejor, traza los senderos de su escritura con la sensatez de su presencia.

De ahí que al leer Enunciaciones de Gloria Posada (Colección Respirando el verano, 2026), es notoria la temática que envuelve a su autora, visible en la piel inicial de sus poemas. Ella alecciona reclamando:


Invocan a los ausentes

tocan puertas

bautizan tierras y cuerpos.

 

Creen 

que pueden nombrar 

el silencio

 

¿Quiénes son aquellos que invocan, tocan, bautizan, creen? Lo digo por el tono de reconvención, ya que uno espera que haya un punto certero donde ella lo descubra. De tal manera que en este primer poema escueto que abre el libro queda esa duda, esa pregunta donde no se dijo quiénes eran ellos, que parecen ser quienes detentan el poder de invocar, tocar, bautizar, creer; eso sí no pueden de ninguna manera abarcar el territorio del silencio, ya que este está vedado solo para otra clase de espíritus de alto vuelo, pero continúa la pregunta, ¿quiénes son ellos?, pregunta que se mantendrá a flote hasta que llegamos a la página 25 donde asevera:

 

Creen en la justicia 

Buscan la verdad 

Dan amor a los oprimidos


Por supuesto, son los verdugos quienes llegan pisando fuerte e imponiendo no solo su malestar, sino su proceder del desalojo y del miedo.

Al ella, Gloria María, no titular cada uno de sus poemas, da la impresión que estos fragmentos, pensamientos, o invocaciones constituyeran el lento movimiento del pulso de un río que va lento en las noches no de su desvelo, sino de la vida; río que se arrastra lento, inmisericorde, y que no merece ser nombrado sino escrito durante varios años en que ella va pulsando su creatividad hasta formar un puñado de poemas que son síntesis, pueden ser de un solo poema, donde hay diversas facetas, otras preocupaciones y poderosos reclamos. De ahí que estos enunciados se convierten en una expresión, no un simple conjunto de palabras que comunican una idea, sino que, por el contrario, son una summa de sus preocupaciones esenciales.

Entonces, surgen ciertas preguntas —debido a la incertidumbre y a su nervio punzante—, ya que la síntesis de esos poemas está no solo patente sino que prosigue en su rigor por la misma identidad casi hierática, notoria nada menos que en sus regresos, en constatar por la palabra como recurso tan personal para decir, para expresar, para esconderse o sobreaguar en la incertidumbre o en los titubeos y parsimonias ineludibles cuando se quiere expresar muchas veces lo inexpresable, que son aquellos caminos donde la poeta, sí, Gloria se inmiscuye por caminos a veces áridos, donde ella poco a poco reaparece en medio de soledades y dudas y en la propia incertidumbre de ese poema que es extraño en este libro, digo extraño por la dubitativa integración de él junto a otros poemas donde la identidad de la palabra y la soledad o quizá el testimonio de situaciones se describe dentro de esta escritura pulida para dejar las asperezas de lado:


Un hombre dice que soy mujer

Un padre dice que soy hija

Un niño que soy madre

Un maestro que soy alumna

Un industrial que soy obrera

Un médico que soy enferma

Un gobernador que soy ciudadana

Un amo que soy esclava

 

Un fantasma me ha dicho que no existo


Digo que este poema es extraño dentro de la escritura de este libro, por algo sórdido, su final, donde luego de distintos niveles de significación, de ver como diversos hombres la definen, la recuperan en sus indecisiones; ella parece fustigarlos por el oficio que le otorgan. Es como si existiera en ella una reconvención. Ya en el último verso un ser etéreo, fantasma de medianoche, le dice a ella que no existe. Es decir, el yo acepta la disolución final en la pasmosa pasividad de la poeta que acepta su destino dentro de su escritura y lo confiesa sin ningún atisbo de recuperar otro estado dentro de esa lasitud, que indica una derrota. Cada uno de esos hombres la rotulan y le definen un lugar, como si cada uno de ellos diera un veredicto, y ella aquí los señalara sin reconvenciones, pero con esa duda que reaparece ante el otro que solo ve y define apenas una parte de su totalidad. 

En esta escritura en marcha, apasionada y sin sosiego, Gloria María persiste en su oficio, al decirnos, desde su lejanía, que está presente en la palabra, su palabra, esa que tanto la embarga y la recobra. Ella insiste:


No es retocar la palabra

ni hablar hermosamente

hasta conmover espíritus y carnes

 

No es pregonar bellos deberes e ideales

No es crear súbditos

 

No es tener adeptos para una verdad

esencial o inútil

 

No es dirigir masas con la lengua

 

No es forzar la embriaguez como inspiración

No es atacar y hacer la guerra con frases

 

No es mimetizarse en medio de la gente

y esconder la soledad

 

No es una división entre el decir y el hacer

Es el ser

un acto indivisible del vivir

 

Este poema, uno de los más reflexivos, ella lo remata de una manera certera: No es una división entre el decir y el hacer / Es el ser /un acto indivisible del vivir. O sea, la decisión de la escritora, es que ambiciona escribir con exactitud, con respeto,  y sobre todo con sinceridad, con ese peso específico al exigir que la poesía sea el acto más puro para expresar al ser, ese ser tan solo cuando escribe desde el fondo, sin vacilaciones pero sí con esa entrega total, con esa pasión y, sobre todo, porque la poesía exige esa definición única, sin exhibiciones, ser uno ante cualquier escollo, para que la palabra inscrita, dentro del ser se pronuncie con todo el peso ya que no se merodea por zaguanes y recintos ajenos sino propios, vividos hasta el desespero, y es cuando la palabra debe pronunciarse para no ahogarse en ella no como decorado, ya que en Gloria la palabra no es servidumbre ni fatiga sino lucidez en el umbral de la memoria.

Eso sí a través del texto hay una herida que traspasa algunos poemas que como unidad son su marca de agua, su huella, su herida, su dolor; es decir la perseverancia que exorciza al mencionarlos.

Después, llega la otra lectura, la de aquel poema que está inscrito, casi secreto, entre los otros, ya que cada libro, quiérase o no, es un palimpsesto donde se guardan varias aristas sueltas que entregan una significación peculiar. Podría ser una insólita ruptura, a la vista del curioso lector, rebelada al releer, delimitando un intervalo donde surge la herida invisible en toda su dimensión. Esta herida es vuelta a encontrar en la diversidad de los poemas, surge con esa fuerza de reclamo, es decir nada más que un dolor cuya alteridad se confunde con la escritura misma en los senderos auscultados. Entonces, de repente, ese otro secreto, oculto dentro de los demás versos van adquiriendo una significación diferente que dan lugar a que brille algo así como un descubrimiento que la denota a ella, a Gloria María.

Te alejas /con el ritmo de la ausencia /presente aún /en tus regresos (pag.12)

En este trópico /la atmósfera es impredecible /como el deseo (pag.13)

En el lecho /a la hora del silencio/ esperará que el viento /en su cuerpo/ le ayude a encontrar /la plenitud (pag.21)

Búsqueda infructuosa / de una voz /del calor de un cuerpo (pag.24)

¿Tú reposas a mi lado / acaso te conozco? (pag.36)

En Enunciaciones Oscar González, Andrés Vergara se destacan en sus entrevistas con la autora. También hay textos valorativos de Álvaro Marín, Adolfo Castañón, Jaime García Mafla y de Juan Manuel Roca.

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