martes, 20 de abril de 2021

OFENSA AL CEMENTERIO DE BELÉN / Darío Ruiz Gómez

 


OFENSA AL CEMENTERIO DE BELÉN

Darío Ruiz Gómez

Un  llamado  colectivo  de “artistas urbanos” acaba de tomarse  el cementerio del barrio  Belén, un  discreto cementerio de paredes blancas, de  austeros  jardines, dominado por  un el beatífico silencio, abstraído del ruido vehicular para seguir siendo una invitación a la meditación, a la discreta visita de los familiares, un lugar sagrado que antes de todo debería haber sido restaurado respetando su  espléndido planteamiento neoclásico, la transparencia del peristilo con la  columnata blanca  y el templete de una insólita solidez  formal imponiendo de este modo la  poética  de un espacio íntimo  que se abre al cielo. Bajo el falso señuelo de un autocalificado  “ arte urbano revolucionario” - siempre hubo arte urbano en cada parque, plazoleta de Medellín-  se  disfraza la turbia  intención  de quienes  la promueven  e imponen  con la demagógica  grandilocuencia  de lo totalitario, olvidando  los murales de  Félix Ángel, Dora Ramírez, Pedro Pablo Lalinde, los grandes grafitteros, verdaderas respuestas y aportes visuales  para imponer por decreto una  ofensa a los muros del cementerio pintándolos con sus desabrochadas consignas: ”Vamos a traer aquí a nuestros muertos de la Comuna Trece” dice enfáticamente una miliciana, señalando que bajo esta  violenta  toma   ni siquiera  los muertos de este cementerio tienen el derecho a seguir en su diálogo eterno ya que  deberán  aceptar el tropel de los muertos inventados por estos Colectivos bajo el rótulo propagandístico  de “víctimas  del conflicto”  Este atropello  hace parte de una bien planificada  toma  de espacios públicos, de edificios, iglesias, museos, bibliotecas  por los guardias  de una memoria inventada y proyectadas desde la Secretaría de Cultura del Municipio, bajo la consigna de imponer en la ciudad  lo que sus  teóricos y gestores petristas llaman  la recuperación “para el pueblo” de monumentos y  lugares más significativos que fueron la memoria del pasado “burgués” y que por lo tanto  es necesario borrar para imponer   los nuevos  significados revolucionarios , la  manipulación ideológica  de la tradición oral, musical, científica, literaria   imponiendo  un caricaturesco   folclorismo  de uso propagandístico, para una ” revisión” de narrativas e iconologías  que son en el tiempo nuestra  verdadera y necesaria   tradición, mostrando esta tradición de cultura   como altamente  peligrosa  para su “memoria colectiva” y para los objetivos  políticos  estalinistas   que tratarán  de imponer  los Comisarios  Culturales  en el comienzo de su” revolución cultural” buscando borrar  “todo vestigio del pasado” cualquier presencia  de “las clases dominantes. ”Para ello estarán escuelas y colegios, centros de cultura barriales, bibliotecas donde desaparece la raza blanca en la historia y los Reyes Católicos, Fernando Cortez  son considerados como “sanguinarios imperialistas”  y la mayor causante de nuestras desgracias fue  la llegada de Cristóbal Colón. Este es un programa copiado de los modelos soviéticos, cubanos y sacado de la manga gracias al tartamudeo mental de López Obrador y  su chistosa  demanda contra España “por  los males causados por haber descubierto y conquistado México”. Y que son los modelos pedagógicos que maneja  FECODE y los que ahora  los consejeros de Cultura están imponiendo en Medellín  como lavado de cerebro a nuestra niñez y juventud.

Teorías convertidas en proclamas revolucionarias tal como lo vemos en el estallido social mapuche oponiendo  la “ ciencia ancestral” frente al coronavirus  frente a la “ciencia imperialista”, tal como lo vemos en el lenguaje primario del campesino que en el Perú funge de líder revolucionario y ni siquiera sabe el nombre de las cosas.

P.D.Solicitamos un inmediato pronunciamiento al respecto de la Filial de Monumentos Nacionales, de la Sociedad de Arquitectos e Ingenieros, de la Academia de Historia, de las Facultades de Arquitectura, de los espíritus  democráticos   para impedir que continúe con la impunidad que le concede la Alcaldía este intento de destrucción de nuestra verdadera memoria, de nuestro verdadero patrimonio.      

lunes, 12 de abril de 2021

Tantas vidas, Miguel / Félix Ángel / Tragaluz editores

 

Félix Ángel




/Tantas vidas, Miguel / 

/ Félix Ángel /

/ Tragaluz editores /

Capítulo de la más reciente novela de Félix Ángel, próximamente en circulación 



Mike escuchó el ronroneo del teléfono celular de uso personal puesto sobre el escritorio, y echando una ojeada a la pantalla descartó la llamada, sin pensarlo dos veces, al no reconocer el nombre ni el número de dónde provenía.

Sin darle importancia y olvidando inmediatamente la distracción, el sonido del celular anunciaba esta vez un texto de la misma persona que había hecho la llamada: Prescott Lewis.

Mike pensó en voz alta antes de abrirlo. Prescott, Prescott, Prescott Lewis… Who in the hell is Prescott Lewis?”. Curioso, se atrevió a abrirlo, esperando una oferta de ventas.

El mensaje decía:

Miguel, I just called you, but you must be busy. If you remember me, please give me a call. I hope you’re not following the lyrics of the song we heard together the other day, the one it seems you like so much: Don’t talk to me. I hope you do this time!”.

Uhm! Shit! This guy must be already convinced I’m a real jerk”.

Automáticamente devolvió la llamada.

“Hola… Prescott. Qué bueno que llamaste. No reconocí tu nombre”… cayendo en la cuenta de la metida de pata, aunque de buena fe, hizo una mueca con el rostro sin emitir ningún sonido, dando a entender “la embarré otra vez”.

“¿Qué tal Miguel?. Estaba pensando en la invitación a tomar café que me hizo el otro día. Hoy dispongo de tres horas entre la salida del trabajo y la universidad. Se me ocurre que podríamos tomarnos hoy ese café, si quiere”.

“Trátame de , por favor. ¡Por supuesto! ¡Un café! ¡Estupendo! ¿Qué tal si nos encontramos en Paul a las cinco de la tarde, el de la Avenida Connecticut? No queda lejos del Mayflower. Estaré un poco ocupado, pero llego a esa hora. ¿Te parece bien?”.

“Estaré esperando”.

Un “poco ocupado” era un embozo. Miguel se comunicó de inmediato con su secretaria para revisar la agenda de la tarde. Todos los compromisos internos y un par de conferencias telefónicas inamovibles que no interferían, menos mal. Le ordenó ajustar algunas citas domésticas para salir quince minutos antes de la cinco. Pensaba tomar el metro hasta Farragut North. Dejaría el carro en el garaje. Por esa zona no había chance de aparcar. En cualquier caso, regresaría a la oficina a las siete de la noche y, si quedaba pendiente algo urgente, debía avisarlo si era el caso.

Al llegar al café Miguel se detuvo frente al ventanal de la fachada. Echó un vistazo para ver si Prescott se encontraba adentro y lo reconoció. Esperaba, como prometió, dando la espalda a la calle de forma intencional, dedujo Miguel. ¿No quería que le vieran con alguien? ¿Mayor? Parecía un colegial. Era un colegial. Hermoso, con esa personalidad mezcla de arrojo e impaciencia, a la par vacilante, sin duda confundido consigo mismo.

La brisa fresca anunciaba discretamente la proximidad del otoño. Miguel puso su mejor cara, entró y se arrimó a Prescott, golpeándole la espalda con la mano.

“Veo que ya pediste un café, pero te recomiendo el latte o el chocolate. Aquí los dos son deliciosos. Te aconsejo que acompañes con una tarta de frambuesa y crema. De pronto prefieras la de ruibarbo. El agridulce es misterioso. Ya sabes que la invitación es mía. Me sentiré ofendido si no aceptas”.

“Va llegando la hora de cenar y no tendré tiempo de comer nada hasta que salga tarde de la universidad. ¿Te importa si le sumo un sándwich de jamón y queso?”, preguntó el chico con los ojos abiertos y expectantes, alguien a quien frecuentemente le es negado lo que quiere.

“Por supuesto, Prescott. Por favor. Lo que te apetezca. Yo comeré lo mismo, tengo hambre. Espérame aquí. Voy a poner la orden”.

Al pagar, dio una propina desmedida a la muchacha que atendía pidiéndole el favor de llevar la bandeja a la mesa donde estaba el chico. Non, je ne regrette rien, por Edith Piaf se escuchaba débilmente, dando la impresión de originarse en el local de al lado.

OK”, dijo Miguel al regresar a la mesa. “Cuéntame. ¿Qué estudias en la universidad? A propósito, me gradué en Georgetown. Ya tenemos algo en común”.

“Espero que así sea...”.

“Es normal tener dudas sobre alguien que no conoces bien”.

“Lo que tengo es mucha presión. Estudio derecho, becado por la universidad. Me esmero para dar buen rendimiento. Mi padre no podría pagarme el estudio y menos en un centro de tanto prestigio”.

“Te entiendo porque yo también estudié becado. Viví literalmente esos años en la universidad. Sin embargo, ahora que lo pienso, nunca me asaltó la idea de perder. Me sentí muy seguro enfocado en el estudio. Le dediqué todo el tiempo. Mi padre me dejó algo de dinero cuando regresó a Irlanda, aliviando parcialmente la necesidad de trabajar para contar con dinero extra. Igual, tuve diversos empleos”.

“¿Tu padre regresó a Irlanda? ¿Y te dejó solo?”.

“Es una larga historia que te relataré otro día. Por el momento, lo importante es que tienes una oportunidad única y debes aprovecharla. La presión es normal”.

“Tienes razón. Otros becarios me dicen lo mismo”.

“¿Y qué haces?”.

“Soy economista”. Miguel estiró el cuello por encima del brazo de la empleada que traía la bandeja, para no perder contacto visual con Prescott.

“Algo así me imaginé”. Y luego de una pausa agregó: “Eres una persona amable por encima de lo que inicialmente pensé cuando te conocí. Estabas molesto”.

“Y muy borracho. Molesto es un término muy suave para referirse a la indisposición que cargaba ese día. Puedo decir lo mismo de ti, no solo por esa tarde sino por la segunda vez que te vi, en el Mayflower. No calificaste ninguna de las dos veces como Mr. Congenialidad”.

Prescott bajó la guardia. “Es que amedrentas de alguna forma, pero al mismo tiempo tienes algo que atrae. ¿Puedo preguntar qué era lo que te molestaba?”.

“La persona que más quería, con la que compartí a diario los últimos cuatros años, decidió dejarme”.

“¡Dejarte! ¡Qué tonta!”.

“Quedamos en que ese día recogería las últimas pertenencias y dejaría el apartamento para siempre. Me sentía confundido y ansioso. No sabía cómo reaccionar cuando llegara solo a casa. No me he recuperado. Me siento mal”.

“Hoy no se te nota”.

Miguel sonrió, con esa risa que sale por la nariz. “You are so sweet”.

“¿Y ella, cómo está?”.

“No ella. Él”.

Are you gay?”. Prescott lanzó la pregunta con un incremento en el volumen de voz que Miguel encontró característico cuando algo lo sorprendía, atrayendo la atención de la gente sentada en las mesas vecinas. Miguel no se inmutó.

“Por supuesto Prescott que lo soy. ¿Tú no lo eres?”.

“¡No!”.

Is it not what this date is all about?”.

“¡No!”, respondió enfático, mirando a lado y lado para asegurarse de que, esta vez, su respuesta no incitaba la curiosidad de los demás alrededor. “Mejor dicho, no sé… No creo… Sí… Puede que sí… No sé… Nunca he estado física ni íntimamente con un hombre”.

“¿Pero mentalmente sí?”.

Prescott no disputó ni estuvo de acuerdo. Guardó silencio.

“Tranquilo. Eres un chico muy guapo y bien plantado. No me extrañaría si me dijeras que en el hotel te echan el lance con frecuencia. No es un asunto tan complicado. Vivimos en el siglo veintiuno. Ya enviamos telescopios a lugares remotos del universo, robots a Marte y otros lugares buscando posibilidades de mudarnos. El planeta se despedaza con el cambio climático. Las guerras promovidas por ideas fundamentalistas e intereses económicos y los virus que han surgido por falta de higiene –la gente ha perdido el concepto de la limpieza–, están acabando con buena parte de la población mundial. La sobrepoblación tiene prendidas las alarmas porque no hay agua, comida ni trabajo para tanta gente. Paradójicamente, la economía no puede prescindir de los consumidores. ¿Y tú estás preocupado porque te gustan los hombres?”

“Estoy preocupado por lo que piense mi padre. No quiero imaginarlo”.

“Ya veo. Tarde o temprano es mejor que lo sepa”.

“No veo la forma”.

“Cuando conozcas a alguien que te haga parar en la cabeza, te roce el brazo por accidente y sientas una descarga eléctrica y en las noches su recuerdo no te deje dormir hasta que te masturbes, pensando que están juntos en la cama, sabrás que es el momento de decírselo a tu padre porque, desde ese instante, no hay marcha atrás y la única alternativa es vivir una mentira”.

“Ese alguien tiene que ser una buena persona”, dijo Prescott, más relajado. Si voy a salir del closet no quiero hacerlo por la parte de atrás. No quiero sufrir desilusiones y menos en este momento de mi vida. En el hotel, tienes razón, a toda hora hay gente que arroja el anzuelo para ver si lo muerdo, pero yo me hago el desentendido. Me inspiran miedo. Me muero del susto. Son gente de paso. No tienen nada que perder. Buscan un puto, alguien que no les cobre, alguien que quede contento con una propina extra, una aventura como complemento al motivo que los ha traído a la ciudad. En la universidad hay tipos lindísimos, pero la mayoría son chicos que buscan hacerlo como practicando un deporte. Debo tener prejuicios al respecto, o soy un idealista. Imagino que tú pasaste por lo mismo”.

Prescott permaneció en silencio escudriñando inquieto los impenetrables ojos negros de Miguel quien respondió a la mirada con tranquilidad y embeleso. Prescott podía quedarse mirándolo así, por el tiempo que quisiera. Si persistía, probablemente le daría un beso allí mismo, delante de todo el mundo, y se deleitaría con el sabor de frambuesas con crema y cappuccino. Nathan en ese momento no existía. Prescott le recordaba las veces que lo hizo a escondidas con esos “tipos lindísimos”, en el dormitorio, en closets, en coches, en apartamentos compartidos, en casas de amigos, donde podía.

Un atisbo advirtió Prescott, quien reaccionó mirando el reloj. “Va siendo hora de irme para la universidad. Me pregunto si te importaría que nos viéramos de nuevo, en otro momento”.

“De mi parte, encantado”.

“Gracias por el latte, el sándwich y la torta”.

Miguel continuó sentado observando al chico recoger prolijamente los libros, el computador portátil y la chaqueta. Miguel era de otro estilo. Brusco, seguro, casi el estereotipo de lo varonil, luchando últimamente por no resquebrajarse. Apreciaba la diferencia, pero no se arrepentía de nada. Era quien era. Las vivencias de otras vidas se atropellaban en el cerebro. Lo único que se le ocurrió decirle a Prescott al despedirse fue “cuídate, nene”.

 


Grabados de Félix Ángel

domingo, 11 de abril de 2021

LOS JUEGOS Y LAS ESTRATEGIAS DE PODER DEL POPULISMO / Darío Ruiz Gómez

 






LOS JUEGOS Y LAS ESTRATEGIAS DE PODER DEL POPULISMO

Darío Ruiz Gómez

A estas alturas y ya en pleno juego electoral seguimos cayendo en la trampa tendida por el madurismo y Podemos reduciendo los hechos de violencia por parte de las Disidencias de las FARC y el ELN a simples escaramuzas entre “grupos al margen de la ley” y sobre todo reduciendo el ejercicio de justicia por parte de la JEP a  un deshilvanado desfile de actores sin que previamente se  haya establecido de por medio la clara condena de esas metodologías del horror, de esos causantes de lo peor.  Olvidando   que detrás de estas escaramuzas lo que se esconde bajo el propósito de tomarse el poder es implantar un régimen populista como los de Argentina, Nicaragua, dictaduras infames alabadas por algunos comentaristas de  nuestra izquierda craqueta como modelos del llamado socialismo del siglo XXI. ¿Qué defendemos entonces sino los valores de una tradición civilista? En Argentina la noche del comienzo de la más tenebrosa vida argentina como lo señaló Juán José Sebreli con la compra de la justicia por parte de Cristina Kirchner ya ha comenzado con la devolución de todos sus bienes, con la libertad de Amado Buduou el íntimo Vicepresidente de Cristina acusado y sentenciado a cinco años por delitos comprobados como el llamado caso Ciccone donde se quedó con el 70% de la mayor imprenta argentina en la emisión de billetes. Toda esta parafernalia de enriquecimiento de una minoría de corruptos como los grandes dirigentes sindicales a coste de la alarmante  miseria de la población, de la niñez abandonada y la persecución contra la cultura.  Ábalos  el Ministro socialista que recibió en el aeropuerto de Barajas a Delcy Rodríguez  a quien la Unión Europea le ha vetado la entrada a sus territorios,  ha dado siete versiones diferentes  sobre este encuentro nocturno que no fue condenado por unos jueces que lo consideraron como un encuentro político y por lo tanto sin ninguna relevancia. ¿Por qué recientemente Pedro Sánchez envió a otra alta funcionaria a hablar en Caracas con la siniestra Delcy Rodríguez? ¿Por qué el gobierno socialista le concedió una ayuda de cincuenta y tres millones de euros a “Plus Ultra” una compañía   venezolana de aviación con un solo avión y de la cual es accionista principal la esposa de Maduro?  Ya conocemos las bien pagadas asesorías que los dirigentes de Podemos recibieron de Chávez y de las ayudas que les dio el régimen iraní de los ayatolás. Pero la justicia española tampoco se ha pronunciado sobre el llamado caso Morodo  entonces embajador de Zapatero  en Venezuela  y  en el cual treinta y cinco millones  de euros están desaparecidos. La desorbitada fortuna del matrimonio Ortega en Nicaragua es ya conocida mientras la población se muere entre el hambre y la miseria. Conclusión: estas degradadas versiones del populismo están mostrando que sus  políticas de abierta  corrupción constituyen su verdadera  carta de presentación  en este proceso  del “nuevo socialismo” para el cual mantener al pueblo en  la miseria  responde  a la estrategia de  que un miserable carece de conciencia de clase y por lo tanto es una fuerza políticamente  muerta y  en esa precariedad, manipulable.

Esta flagrante inmoralidad la ha puesto de presente Pablo Iglesias con su enriquecimiento personal mientras fue creando, contando con la debilidad de Sánchez, espacios de poder que determinarán la política nacional e internacional de España hacia el futuro inmediato. Enrique Santiago ha sido nombrado Secretario de Estado para la Agenda 2030. El mismo personaje que declaró en una entrevista que si en España se diera una situación como la de la revolución soviética, estaría de acuerdo con fusilar a la familia real, haciendo un elogio de Lenin. Santiago es el mismo personaje que impuso en las conversaciones de paz en la Habana el acuerdo del gobierno Santos de no condenar a los asesinos de las FARC e imponer una cuota de ellos (ellas)  en el Congreso. Santiago es amigo de Márquez desde hace treinta años, fue asesor de Derechos Humanos de las FARC por recomendación de Piedad Córdoba. Santiago es un avezado abogado comunista, el que se  divirtió a placer  manipulando  a su antojo  a los folclóricos defensores de la Cultura Occidental, Sergio Jaramillo, Roy Barreras, de la Calle,  luminarias de la mediocridad burocrática santista.  Amigo y defensor declarado de  Evo Morales, de Ortega, de la Kirchner y sobre todo admirador y defensor de Maduro tal como lo he venido señalando  ¿No es hora de que ante la JEP y ante el país nos aclare de qué manera “un campechano madrileño” nombrado hoy como Secretario de Estado, logró  colocar  a la justicia colombiana ante una  malévola  trampa jurídica que  le  impide condenar  a  los genocidas, a los violadores, a los autores de los mayores desplazamientos  de campesinos  en Latinoamérica y conservar sus inmensas ganancias  obtenidas con el secuestro, el narcotráfico?  ¿Cuáles  son hoy sus conversaciones  y consejos a Márquez? Hay que hacerlo antes de que comience a mover la agenda española 2030 bajo el objetivo de fortificar a la “democracia bolivariana”

viernes, 2 de abril de 2021

La Casa en El Poblado / La Casa Gutiérrez /o La Casa Roja de Rogelio Salmona / Víctor Bustamante

 


.. ..

 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio histórico (85)

La Casa en El Poblado / La Casa Gutiérrez /o  La Casa Roja de Rogelio Salmona  

Víctor Bustamante


La pérdida de poesía de las ciudades colombianas es consecuencia del abuso de los tecnócratas, de su prepotencia, y de la avilantez de algunos urbanizadores y la pésima gestión de los administradores...

Rogelio Salmona

No sabía de la existencia de la Casa Roja de Rogelio Salmona, hasta que leí una denuncia en el Facebook sobre su destrucción. Para algo valioso sirven las redes, dan a conocer una noticia que ningún periódico local ha publicado. Al otro día, 30 de marzo, henos de visita, es decir, en búsqueda de la Casa Roja por la calle 10 con la 27. Subí, subimos en taxi con Luisinha por las estribaciones del Poblado, además el taxista, cosa rara, César León Madrid, le interesa el tema del patrimonio.

El lugar, la casa solariega, luce su abandono costoso cercada por mallas; las mallas en la parte alta de la entrada hostigan con sus rollos de alambre de púas para prevenir a los intrusos y dar seguridad a sus dueños de que ese botín, la Casa Roja de Rogelio Salmona, junto a los carteles perentorios nadie se las arrebatará. Desde afuera solo es posible observar sus paredes de color rojo, se me antoja frambuesa, aunque desvaído por los años, así como algunos vitrales rotos de los ventanales. Desde el interior nadie parece escuchar el saludo de los visitantes, o, a lo mejor, la casa está deshabitada. Junto a la reja, afuera, en la entrada, los avisos con todas las disposiciones legales anuncian la próxima debacle para iniciar lo que sabemos, la construcción de unas torres de apartamentos. En esos carteles, el de color verde, unas palabras que son eufemismos, que es presencia, legitimación y connivencia en este tipo de casos. “Aprovechamiento de árboles aislados”, que sígnica en el lenguaje real nada menos que arrasar, talar este pequeño bosque que aísla la Casa Roja y le da esa donosura. Quien haya vivido en ella, sabe de la paz que fructificó en el curso de su vida, en este oasis porque lo era. Pero la especulación por la desmesura y la rentabilidad por el uso del suelo, no tiene en mente lo que es el Medellín histórico.

Aquí en lo alto de estas colinas de El Poblado se erige una multitud de torres de apartamentos que masacraron con esa especulación inmobiliaria las casa fincas de los millonarios paisas que se habían refugiado en el solaz de sus mansiones. Por supuesto cuando llegó el boom de la construcción en la década del 80 con el arribismo de opereta y los oropeles de los medellinenses, con la mafia tras bastidores, destruyeron muchas casas de Eduardo Caputi y Rafael Uribe, para citar dos arquitectos, y convertirlas en anónimas colmenas de apartamentos, debido a la voracidad y urgencia de quienes querían vivir en El Poblado cerca al prestigio que da el bon vivant, reflejo tardío, así sea el de la mafia que cambió y trastocó las costumbres de esa ciudad con sus utopías de hojalata y vidrios ahumados, ademanes descarnados y los bultos de dólares olorosos con que convirtieron este barrio de casa fincas en el hacinamiento más costoso de la ciudad.

Eso sí a los millonarios paisas nunca les ha importado la ciudad, primero vivían en el barrio San Benito, luego fueron a La Playa, luego siguieron a Prado, luego pasaron el río, Otrabanda, a Laureles, luego se marcharon a El Poblado, siempre huyendo de sus barrios mientras la guacherna esnobista iba impávida tras de sus apariencias. Pero ellos luego se fueron para Llano grande o Sajonia y de ahí, en ese espejismo de alquitrán, se marcharon para Miami. Esa es una de las razones por las cuales algunos medellinenses no sienten su ciudad, detestan sus barrios. Muchas de las casas de Prado fueron vendidas por sus dueños para irse a otros lugares. A muchos de ellos cuyos descendientes aún viven no les interesa su arquitectura, es solo para algunos que buscamos a Medellín desde otra perspectiva donde la historia habla, nos habla. Lo mismo ocurrió con Laureles y con El Poblado, fueron destruidos de una manera total ya que los urbanizadores con sus harapos elegantes y el festón publicitario para vivir allí, cautivaron a miles de medellinenses que querían respirar la aureola del barrio, para ellos, de más prestigio. Ilusos querían aparentar ser vecinos de los Echavarrías, y terminaron viviendo junto a los diversos Escobares de la mafia.

En este Poblado agresivo con su patrimonio, -ya sin historia ni pasado, ni presente porque al medellinense raso no le importa sino el eterno futuro en que han sido cebados  por el blasón de lo nuevo para sus mentes edulcoradas, blandas, repetitivas y cómodas como las series de Netflix con sus argumentos truculentos sinónimo de lo baladí-, aún posee una de las casas del mayor arquitecto de Colombia, Rogelio Salmona, que ha sido nombrada de acuerdo al año y al uso:  La Casa en el Poblado, la Casa Gutiérrez y luego la Casa Roja, pero esa casa de 1968 va a ser destruida para erigir otra torre de apartamentos. Aquí surgen varias preguntas que en ninguna oficina de la Administración municipal van a responder: ¿Por qué razón siempre los encargados de patrimonio no saben la riqueza histórica y patrimonial de esa ciudad? ¿Por qué motivo se hacen los de la vista gorda, y siempre llegan tarde? ¿Qué y quiénes hay detrás de ese detrimento y de ese silencio para que la ciudad sea tierra arrasada? ¿A quién se acude para este tipo de reclamos, a la Secretaría de cultura, al EDU, a Planeación, a la Agencia de Patrimonio y Paisaje, al Alcalde mismo?, pero ya sabemos que estos funcionarios en términos de patrimonio, es decir de conocer su ciudad, solo pueden lucir su evanescente torpeza matizada de una ignorancia crasa, ya que deben andar mirándose al espejo portátil de su soberbia de pavos reales de ocasión para ascender en sus carreras políticas mientras el patrimonio de la ciudad les resbala.


Hace poco se creó la Agencia de Patrimonio y Paisaje, pero aún no sabemos la definición de patrimonio para esta oficina  que supuestamente iba a velar por la conservación del patrimonio, ya que en un giro, que es una burla, ya exhibe como si fuera un gran proyecto con muchos likes los planes para remodelar el estadio Atanasio Girardot, mientras la ciudad en su riqueza histórica se deteriora, no les da ni pena a estos funcionarios que así no se engaña la ciudad, que hay hitos más importantes, pero a un funcionario y a su equipo sin ideas claras sobre la ciudad solo les quedan las mega obras para esconder su pusilanimidad y su falta de ilustración sobre el tema y olvidan se les ha asignado una responsabilidad que evaden. Estos funcionarios deberían caminar el Centro y conocerlo primero, y eso sí averiguar quién fue Rogelio Salmona. Estoy seguro que estos funcionarios de esas entidades no saben quién es Salmona, y que una casa donde se origina su proyecto creativo que desemboca en la Casa de Huéspedes Ilustres en Cartagena se haya en Medellín.

El otro caso despreciable y turbio es el de las curadurías. ¿Cuándo ellas se han dispuesto a proteger el patrimonio de la ciudad? ¿Cuándo se han preguntado si un bien urbano posee riqueza histórica que avale su conservación?  ¿Son las curadurías entes sin ningún control? ¿Qué hay allí en esos nidos de destrucción, que tanto poder tienen para decidir qué se tumba o no en la ciudad?   Uno de esos curadores que fue en la UPB profesor de derecho urbano que con su salacidad y ramplonería decía ante una requisitoria de parte de una alumna que para construir una torre de apartamentos en un humedal, supuestamente protegidos, la iban a construir como fuera ya que allí solo vivían unas ranitas. Ese curador, avivato y negligente, es el mismo que ha estado detrás de los permisos para la construcción de los edificios de estilo traquetus miaminsis  que ahora ocultan el Palacio Nacional.

Estos funcionarios sin responsabilidad ni entereza por sus cargos, desde el Alcalde, los funcionarios de la Agencia del Paisaje y Patrimonio, de la Secretaría de Cultura, y los diversos curadores no tienen el valor civil de frenar las agallas del sector privado que hace lo que quiere en materia de patrimonio.  Todos ellos, en su enjambre, parecen habitar el mundo de un video juego, de Love city, encandilados no junto al amoroso fuego del hogar sino por esa luna cuadrada de tungsteno  que los hipnotiza y aun los obnubilada con su idea de la construcción permanente sobre planos de ciudades repetitivas, entre comillas hipermodernas, monótonas, con una sola clase social, la fila de consumidores, no solo de vituallas en los supermercados, sino en los parques con edificios ideados de cualquier manera sin historia, donde esos consumidores hacen sonar constantemente la registradora para aumentar las ganancias y seguir construyendo ciudades higiénicas, con paisajes similares, tediosos, debido a esa perfección de los video juegos donde no existe quién piense sino quien haga fila con una utopía común: consumir para que suene de nuevo la registradora.

Ante esta pobreza creativa, falta de responsabilidad, falta de entereza y de amor por Medellín solo nos resta esta denuncia pública que no leerán esos funcionarios que solo viven en su ceguera mediática, que no arriesgan un ápice por conservar la ciudad y que no salen de sus autos blindados con vidrios polarizados, así como blindados tienen el cerebro con hormigón para saber cómo la ciudad se diluye sin que ellos se den cuenta.

Mejor sigamos son estas tres de personas que desde diversos puntos de vista han valorado la obra de Rogelio Salmona en Medellín. Uno de ellos es Daniel Arias en su blog, EL KILO. NUESTRO MUNDO. MI VERSIÓN. En el 2007, añade:




Casa Roja

Ese fue el nombre que se me ocurrió. Bueno, no se me ocurrió a mí, se le ocurrió al genio recientemente fallecido de la arquitectura colombiana Rogelio Salmona, único ganador colombiano del premio Alvar Aalto, que solo se lo han ganado 9 personas (es más difícil ganarse un Aalto que el nobel, realmente, y el no jodía tanto como García Márquez). Aalto también es de mis diseñadores favoritos, y su vaso será el vaso de mi restaurante cuando yo tenga un restaurante.

Alvar Aalto era un diseñador y arquitecto finlandés y creo ese vaso con su esposa. El tipo es el padre del modernismo, y es tan influencial (sic), que en su honor la asociación finlandesa de arquitectos creo el premio, el mismo que se ganó Salmona.

La Casa Roja es una de sus obras. Queda en la calle 10 de Medellín, arriba de la Transversal Inferior. No se puede ver porque está completamente cubierta de maleza y está francamente abandonada. Hoy vi que abrieron una especie de tienda ahí. Sin embargo, en eso que los gringos llaman "daydreaming" (no encuentro la palabra adecuada en español) me imaginé un restaurante ahí, en esa preciosa, probablemente super-costosa y antigua casa.

Como mi mente funciona como por asociación, como la Wikipedia, hago click en ideas que me salen de ideas, mis pensamientos idiotas. Ahí pensé que mi restaurante, que tendría vasos de los de Aalto, precisamente en la Casa Roja de Rogelio Salmona. Inmediatamente click al nombre del restaurante. ¿Cómo lo llamaría? y ahí se originó este post. Se llamaría Casa Roja. Es una casa roja, es La Casa Roja.

¿Por qué tanta alaraca con la Casa Roja? por el nombre, precisamente. Y es que mientras escribo, tengo abierto el directorio de Medellín, sección restaurantes: Chop Chops, Yakitori, MarlDonals (no es un error de tipeo, lo juro), Porkys, Sushi to Go: the new concept in fast food, Angels Italian Gourmet, Krusty Burger”.

Por supuesto la Casa Roja llegó a funcionar durante unos años, en Facebook 2011 se anota. “En La Casa Roja podrás encontrar nuestras líneas Taller de Linos y Le Petit Prince. Taller de Linos ofrece una variedad de lencería de mesa, accesorios de cama y baño y cojines decorativos. Le Petit Prince se especializa en decoración infantil y lencería. Cita Previa”.

Pero ese lugar que con tanta donosura ha cautivado a quien regentó la Casa Roja posee una historia de más peso, ya que se trata de la Casa Gutiérrez (1968) diseñada por Rogelio Salmona.

Germán Téllez, arquitecto e investigador, da su reseña en Rogelio Salmona: obra completa 1959/2005: “La Casa Gutiérrez, en las inmediaciones de Medellín, se benefició inicialmente de un lugar de notable interés paisajístico y ambiental, así como de vista lejanas entonces atrayentes. de ahí la decisión de enfocar el panorama con la apertura de todo un lado de lo que, de no mediar otra cosa, sería una versión de del patio interior tradicional. La Casa Gutiérrez, en el fondo tiene aires histórico- funcionalista en la sencilla claridad de su organización utilitaria, y en la modestia de su lenguaje formal. Más que reflejar el uso   de un “Tipo” o “Modelo”, la Casa Gutiérrez replantea sin alharaca formal el tema, sencillo y complejo a la vez, de cómo albergar cierto estilo de vida”. 

Es cierto en ese tiempo El Poblado era campestre y el paisaje era lo más logrado para sus habitantes, unos años más tarde es posible notar el desarrollo de la ciudad con sus colmenas que parecen construidas con un mismo plano y donde ha desaparecido el concepto del arquitecto como artista.

En otro texto es posible rastrear el valor arquitectónico de la Casa Roja en otros tiempos La casa en El Poblado, lo notaremos en un trabajo de la arquitecta Clara Mejía Vallejo: Elementos para una búsqueda: Le Corbusier y Rogelio Salmona:

“Salmona comienza a proyectar a partir del patio, y este se haya en su primer proyecto que es la casa de El Poblado

En un texto “Allende los patrones”, Rogelio Salmona, refiriéndose a un proyecto ajeno, anticipa y compendia los principios de lo que se convertirán en las directrices de su trabajo:

                     La necesaria consideración del paisaje y de su imbricación con la arquitectura.

                     El entendimiento de la arquitectura desde su vivencia eminentemente espacial.

                     La incorporación de los espacios abiertos como articuladores de la arquitectura.

                     La consideración de cuestiones como la luz, la sombra, la decoración o los materiales como materiales de proyecto.

Desde el proyecto de la Casa en El Poblado, es perceptible la aparición de una retícula métrica que, sin introducir propiamente una modulación, ordena la composición. Esta retícula varía ligeramente en las distintas casas, no obstante, permanece siempre presente como una herramienta clave en la proporción de los espacios”.

..

“La Casa en El Poblado es la única a la que se accede a través del patio. Esta decisión es esencial en su percepción y experiencia al convertirse necesariamente en un espacio direccional y de tránsito obligado. Tras el ingreso, y a nivel del patio, se encuentra un deambulatorio perimetral que da acceso a las diferentes estancias”.

Menciono solo las anotaciones y reflexiones de la arquitecta Clara Mejía Vallejo de la Universidad Politécnica de Valencia, que realizó sobre la Casa en El Poblado (1968), ya que su investigación la tiene en cuenta para la evolución del diseño creativo de Salmona y su relación con Le Corbusier junto a otras casas diseñadas por el arquitecto colombiano como son La Casa en el Refugio (1968-69), la Casa en el Chicó (1969-70), la Casa Franco (1978-79).

“Dejad hacer, dejad pasar” es una de esas palabras que se convirtieron en consignas para los fisiócratas con respecto al libre comercio, que luego se extendió bajo otra óptica a las diversas esferas de la vida pública en el país. Desde esta definición algo es cierto, Medellín la ciudad de las siglas, no es la ciudad que tiene rostro de muchacha bonita como alguna vez escribió Uriel Ospina, sino la ciudad de la hipocresía, de las coimas, del incumplimiento, de las mentiras en las entidades que se crean para proteger el patrimonio y son solo una estafa para la misma ciudad por parte de  administradores sin carácter donde el sector público y privado la exprimen en su rentabilidad como norma por encima de la historia misma de un patrimonio que merece mejor suerte, su preservación.

 

Bibliografía:

-Mejía Vallejo, Clara: “Elementos para una búsqueda: Le Corbusier y Rogelio Salmona”,  en Colaboradores de le Corbusier N.1,  dearq 14. Julio de 2014. ISSN 2011-3188. Bogotá, pp. 136-157. http://dearq.uniandes.edu.co

- Téllez Germán. Rogelio Salmona: obra completa 1959/2005 - Volumen 1 - Página 169. Facultad de Arquitectura, Universidad de los Andes, Bogotá 1991 - 348 páginas

·

 

miércoles, 31 de marzo de 2021

Todo es arte, incluso lo que es otra cosa /Rubén Vélez

 



Todo es arte, incluso lo que es otra cosa

Rubén Vélez

Recorrido por la Galería Simulacrum 69 del barrio Laureles

En todos los hogares, en los dulces y en los otros, que, por cierto, quintuplican el número de los primeros, solo debe haber una clase de arte: el travieso. El arte solemne es para los templos y los museos.

Julio Cortázar


A. Obras del salón-comedor


1. Prohibido ahogarse sin estilo

2. La pasaba mejor en el Arca que en esta puta rama

3. Novela negra con dos sonrisas Colgate

4. La transparencia os hará intratables

5. Veinticinco libros son más que suficientes para llenar el vacío que deja Viernes

6. La niña Luisa Pérez Sánchez ,según el escultor santandereano Carlos Gómez Castro, Roma, 1937

7. ¡Alto ahí, Pablo Emilio!

8. Querida María Antonieta, a estas alturas se sentirá a salvo tu preciosa cabeza

9. La casa que se disputan el Ave Fénix y el Ave Rokh. Como no es de interés social, ahí chillaría un pájaro del montón

10. Homenaje sin ripio de especialista al maestro Leonardo da Vinci en la celebración de sus primeros quinientos años de inmortalidad

11. Marilyn, honey, abrígate bien, que allá abajo hace mucho frío

12. Qué bueno haber viajado y qué pereza volver a hacerlo

13. Regreso al futuro: basta con hojear un menú del Concorde para que se nos realice a medias tan cinematográfico sueño. Ruta Nueva York-París, 12 de octubre de 1992

14. ¡Lo que hay que hacer para que este mundo no se despelote!

15. Ya están aquí, pero sus toses retumban como las trompetas del Juicio Final

16. Si no te salen las cuentas, tendrás que salir de escena



B. Obras de la cocina y la pieza del servicio

17. Según un reciente informe de la Human Rights Watch, el Jinete Justiciero es ni más ni menos que el mismísimo señor Godot

18. Nada como la gran prensa para que los aguacates y los políticos maduren como es debido

19. Máquina de moler malentendidos

20. Homenaje al charlatán de Marcel Duchamp. Esta bacinilla, aunque ahora no viva debajo de la cama, sigue siendo una bacinilla

21. “No tendré que meterme contigo para verte reducido a polvo un día de estos”, dice el mortero, y suelta una risotada eclesiástica

22. No te preguntes qué puedes hacer por la patria; pregúntate qué puedes hacer por las matas

23. Era la chispa de la vida, ahora es una de las malas de la película

24. Aquí no yace la nada. Aquí yace la posibilidad de un ampuloso manifiesto metafísico

25. La tumba del músico desconocido. Canta lo primero que se te ocurra, no importa que sea un sonsonete de Maluma

26. La piedra angular de la Iglesia Cuadrangular de Nuestro Señor de la Perplejidad. Cada feligrés deberá ser su propio pastor

27. Hablan mucho del vacío existencial los que se sientan ante una mesa llena

28. No sabemos a qué círculo llevan estas dantescas escaleras. Allá tú si no te arriesgas a subirlas

29. Las únicas obras que aquí no sobran son las que a la vista no saltan. Te toca imaginarlas

30. Caballito, deja de montar el show y coge el monte. Sé bien bestia, lo que siempre has querido ser. Una filigrana de Laura Restrepo de Pérez, París, 1897

31. “Todo vale huevo, salvo lo que vale menos”, decía una falsa bohemia llamada Dora Ramírez

32. Vivir en el país de la pasión es dar papaya, pero no corres el terrible riesgo de quedarte sin tema

33. “Quien no caga bien, vive mal”, decía el maestro Cosiaca, filósofo descalzo con los pies en la tierra


C. Obras del salón secundario

34. Vosotros, los que habéis perdido toda esperanza, seguid así de maduros. Medallón de Carlos Gómez Castro, Medellín, 1948

35. Valiosos son el oro y la plata, pero ningún tesoro como el de Cleopatra

36. Locas somos y nos importa un culo lo que pienses de nosotros

37. Siempre recto. Siempre decidido. Siempre digno de los emolumentos de un padre de la patria

38. Hay perlas que no encuentran el cerdo de sus sueños


D. Obras de las alcobas

39. A falta del superhombre de Nietzsche buena es una mole de bíceps y tríceps

40. Cada vez me parezco más al retrato que Jaime Calle me hizo en el año 1979. ¿Qué habrá sido de ese muchacho?, ¿y a dónde fue a parar mi juventud?

41. Adviértanle a El Principito que ni se le ocurra visitar el planeta aparte de El Chocó

42. Retrato medio perturbador de Dorian Gray

43. Máquina de escribir del señor Alfonso Vélez. Más cifras que palabras. La literatura de un antioqueño ejemplar

44. ¿Para qué los libros que no sean decorativos, para qué, Dios mío?

45. La risa abunda en la boca de los que mercan en el barrio Antioquia

46. Máquina de escribir de la señora Guillermina González de Vélez. Más palabras que literatura. Literatura de señora

47. Felices los pueblos que son gobernados por una máquina futurista

48. Para que esta alfombra eche a volar, no hay que echarle gasolina. Imaginación. Y en su defecto, la compañía de Scherezada.

49. “El Idiota”, adaptación teatral de la obra homónima de Fedor Dostoievski, Antiguo Teatro Nacional de Cracovia, año 2002

50. No importa que te den gato por liebre, siempre y cuando el gato venga con botas. Afiche de Lorenzo Jaramillo para el Teatro Libre de Bogotá, 1991

51. Y Dios inventó la geometría y lo demás llegó por añadidura

52. Leer, no sé para qué, y no me gustaría saberlo

53. Otro bosque perdido o cuán verde era la casa-finca de los esposos Rafael Pérez y Luisa Sánchez, El Pedregal, Medellín, 1946. Croquis de Carlos Gómez Castro

54. Hotel Regina, Locarno, 8 de septiembre de 1938. “No peleen, por más que ese problema de ustedes sea como el de Checoeslovaquia de complicado”. De parte de Rafael Pérez Restrepo para dos de sus seres queridos

55. El libro que no puede faltar en ninguna biblioteca: lo esencial de Borges. Metafísica socarrona para no caer en la trascendencia

56. El Llanero Solitario se trastea al pasado. No quiere recuperar los bríos; lo único que quiere es volver a verse con Indio

57. Mickey Mouse se trastea a California. No quiere ser vecino del señor Donald Trump, el nuevo mesías de los evangélicos de Estados Unidos. Los ratones no comen cuento: eso no les sabe a queso

58. Muy bonito el pífano del señor Manet, pero solo tenemos oídos para la flauta traversa del atravesado señor Hamelin. Somos algo patos

59. Cuando veo pasar el divino tesoro, no me pongo a llorar; no sigo a Rubén Darío. Me haga una paja y al rato se me pasa

60. Máquina de moler prejuicios

61. La señorita María Luisa Sánchez Vélez ya sabe manejar con estilo las tijeras. Academia de Corte de París, 27 de diciembre de 1922

62. Una telenovela más de Pedro Almodóvar. Mucha caspa, poco semen. Madrid, 1987

63. No hablemos de nuestros sueños ni de nuestras pesadillas, que no nos convendría conocernos bien. Seamos redondos: pasemos a los hechos

64. Su llamada es muy importante para Batman, pero no tanto como la de Robin

65. “La muerte siempre está presente; cada vez que me miro en el espejo, la veo trabajar intensamente”, decía el maestro Francis Bacon


E. Obras del balcón

66. Cuanto más flaco el bosque, más flaca la posibilidad del futuro

67. Envidiable intemperie

68. Invisible intemperie

69. Donde hubo fuego, tus pendejadas lo apagaron


Medellín, 14 de marzo del segundo año de la era del virus con corona de emperador chino


lunes, 29 de marzo de 2021

Un nuevo escu(do)ltura para Medellín Luis Fernando González Escobar

 



 



Un nuevo escu(do)ltura para Medellín

Luis Fernando González Escobar

Hace 135 años se entronizó la primera escultura urbana en Medellín. Una obra del escultor italiano Giovanni Anderlini en homenaje al patricio Pedro Justo Berrío, cuando la plaza mayor se convirtió en parque de Berrío el 29 de junio de 1895. Pero la primera obra realizada por un artista local en el espacio público se le debe a Francisco Antonio Cano. No fue, como muchos piensan, el busto al patriota Atanasio Girardot que, levantado sobre un pedestal diseñado por el arquitecto Enrique Olarte, se inauguró en la plazuela de la Veracruz en junio de 1911. Fue celebrado como el “primer monumento conmemorativo destinado a un lugar público elaborado por un artista nacional y fundido en un taller local”; en realidad fue otra obra de Cano, un bronce fundido que se elaboró como fuente para el atrio de la iglesia de San José, inaugurado en 1909, esto es, 111 años atrás.

Emilio Jaramillo fue de los pocos que escribió con entusiasmo de aquella obra pionera de Cano, pero doliéndose del silencio de la prensa. Con encomió mostró las virtudes compositivas y el desempeño de los detalles de la obra, desde el tazón de recepción del agua hasta el remate con flores y el ánfora rota para verter el agua, pasando por la escultura del niño; pero, de idéntica manera, daba cuenta de la indiferencia con que fue recibida, atribuyéndola a la incapacidad del medio para comprenderla, aunque una obra de verdadero mérito solo sería apreciada por las generaciones venideras, apoyándose en aquella idea del artista como adelantado de los tiempos. Pero, también, especulaba con otra idea, siguiendo a pensadores franceses, que, “un artista de genio verdadero es un conductor de Progreso”. Por el silencio, la incomprensión y la falta de entendimiento pedía y reclamaba educación estética para la muchedumbre.

Sé que hoy, 14 de diciembre de 2020, son otros tiempos. Sería un anacronismo reiterar los planteamientos estéticos de Emilio Jaramillo, a partir de sus referentes franceses e ingleses. Ya el artista, por ejemplo, no es un conductor de “progreso”. Es un artista y punto. Incluso ni siquiera sabemos qué es un artista o quién lo es; ya desde 1987 Joseph Beuys diluyó las fronteras cuando apuntaba que “todo ser humano es un artista”. Los conceptos estéticos han variado de tal manera que mucho va de la escultura como parte del monumento conmemorativo, exaltando la figura idealizada de un individuo como ejemplo sobresaliente e ideal moral, social o político como en la obra inaugural de Anderlini, a la que ahora se inaugura como un trabajo liderado por Víctor Muñoz que, en los cánones estéticos contemporáneos, es una intervención pública más que una escultura.

Es una obra de arte urbano que, contrario a su homóloga decimonónica, no es para exaltar una figura pública, la que se contempla, venera y mira a la distancia, sino que se emplaza, se convierte desde ya en referente urbano y simbólico, y en el cual el viandante se involucra, la recorre, permea y la interroga, ¿esas columnas metálicas con esa corona que podrán ser? No le está dada una figura antropomorfa que puede parecer o no al homenajeado, pues será más importante el ideal que establece, sino que se le entrega un rompecabezas aéreo que el espectador deber armar para compenetrarse con ella. Tal vez en esto todavía tenga razón aquel viejo esteta Emilio Jaramillo, pues puede que no se aprecie y valore de inmediato la obra de Muñoz y deba existir cierta educación estética, aparte de que será recibida por el silencio de los medios, tan ajenos a estos aconteceres ayer como hoy, pero si con el ruido de las redes sociales, aunque con la superficialidad de los likes -los me gusta- que ahora son las palmaditas en el hombro, sin compromiso profundo en la verbalización o el juicio escrito.

Ahora bien, hablamos de una obra que no tiene una interpretación única que, si bien, por lo mismo, con una multiplicad de lecturas como usuarios del centro y pasajeros del metro, tiene un punto de partida: el Escudo de Armas de la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, aquel que le otorgara el Rey Carlos II el 1 de marzo de 1678:

“escudo campo azul y en él un torreón de oro y grueso redondo, todo alrededor almenado y sobre él un escudo de armas que tiene quince escaques, siete azules y ocho de oro, y sobre su coronel que le toca y en el omenage(sic) de la torre a cada uno de los lados un torreoncillo, así mismos almenados y en medio de ellos puesta una imagen de Nuestra Señora, sobre una nube, con su hijo en los brazos con la vocación de la Anunciación…”.

Un escudo ajedrezado –cuadrados azules y dorados–, inscrito en un gran torreón, también de formas rectangulares debido a la figuración del material pétreo o cantería en la que está construida, con dos torrecillas laterales también en cantería, todas terminadas en formas almenadas, es decir, en salientes y entrantes que las coronan. El conjunto monumental bajo la protección religiosa católica mariana en una advocación a la Virgen de la Candelaria, a la que se acogieron los pobladores tempranos del valle del Aburrá.

La pequeña Villa colonial que recibiera el escudo de armas en el siglo XVII, en 344 años creció desde su epicentro en la plaza fundacional a orillas de la antigua quebrada de Aná, hacia las colinas y laderas circundantes. Como su escudo, el paisaje urbano configurado por décadas está definido por una profusión geométrica a partir de cuadrados y rectángulos, producto de profusión de construcciones en ladrillo, en un color ocre y un perfil irregular de entrantes y salientes que coronan circuidos el anfiteatro, como dicen los cronistas y viajeros antiguos, donde se implanta Medellín. Arquitectura sin arquitectos que desafía la gravedad. Un proceso acumulativo ascendente, entre grácil y frágil, formal e informal, de formas atrevidas y trepidantes que se asoman al abismo, en busca del aire y las nubes, para avistar desde las alturas el maravilloso paisaje del valle. Una ensoñación poética desde esta construcción antrópica que es arquitectura, urbanismo, memoria e historia, en una ciudad contemporánea pero que aún sigue aferrada, desde la religiosidad popular heterodoxa, a una cimiente católica con diferentes advocaciones marianas, que se multiplicaron a partir de la Candelaria; de ello da cuenta los numerosos altares, diversos en sus formas, decoraciones y materialidades, en los distintos barrios, populares o no.

Así, sin ninguna duda, la forma urbana contemporánea hace honor a su escudo colonial o, mejor, es su propio escudo reinterpretado a partir de sus múltiples capas históricas.

Reitero: es el punto de partida. A partir de la propuesta materializada por el artista, el peatón o el pasajero, mirará ese agrupamiento con indiferencia o, al menos, tratando de ubicar el nombre de su comuna o corregimiento a lo largo de perímetro, un principio para referenciar o referenciarse. No le importará el sentido estético del agrupamiento ni su materialidad. Algunos pasaron por las columnas a manera de pórticos sólo pensando en la presurosa ruta del destino, pero alguno mirará hacia el cielo y se sorprenderán al verlo enmarcado con esa corona. Otra corona muy distinta a lo que significaba hace siglos.

Es un hecho evidente, hace 135 años un escultor italiano elaboraba una obra ha pedido, de un personaje que no conocía ni del cual tenía la más mínima idea para exaltarlo, ponerlo en el pedestal y ponerlo como ejemplo social, hoy un artista local se centra en paisaje urbano que ha vivido, que lo han construido generaciones y han trepado por las laderas hasta coronar el valle; así, la visión de un artista contemporáneo reinterpreta el simbolismo de hace tres siglos y medio y establece un diálogo con la geografía actual y su gramática, con el urbanismo y su arquitectura, en una percepción que también tiene mucho de afecto e identidad, como hombre de barrio que conoce como callejero que es esa geografía urbana con sus toponimias y referencias espaciales.

¡Cómo ha cambiado el arte en más de un siglo y en sólo tres cuadras de diferencia! Las que hay entre el parque de Berrío y la estación de San Antonio, entre una escultura y una intervención urbana, entre Giovanni Anderlini y Víctor Muñoz, de un italiano a un hombre de Manrique, apegado a las memorias, las calles, los territorios urbanos y los amigos, pero con un lenguaje interpretativo, material y formal de estos tiempos de vértigo, desde el cual nos habla y nos deja este importante mojón de tiempo y espacio.

Luis Fernando González Escobar

Profesor Asociado Escuela del Hábitat, Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional de Colombia sede Medellín.

Medellín, 14 de diciembre de 2020

Fotografías de Luis Fernando González Escobar