jueves, 29 de febrero de 2024

 ACERCA DE AMNISTÍAS  Y DE VACÍOS  JURÍDICOS

Darío Ruiz Gómez

“La impunidad es la manifestación más evidente de la injusticia y la materialización más extrema de la desigualdad” recuerda Guadalupe Sánchez en “The Objetive”.”La impunidad nunca da la cara y se camufla bajo distintos ropajes institucionales: la amnistía, el indulto y el derecho de gracia” El intento de Pedro Sánchez de acomodar la Constitución española a sus objetivos de conceder la amnistía a los terroristas catalanes para continuar en su puesto ha llevado a intensos pronunciamientos   por parte de prestigiosos catedráticos de Derecho, filósofos, prestigiosos catedráticos de ética, de Derecho Constitucional  quienes alzan su voz para que no quede el Estado de Derecho y la separación de poderes en manos de  oportunistas. Funcionarios encargados de la tarea de hacer pasar como correcto lo que es indecorosamente incorrecto, y por encima de todo la defensa de una democracia cercada por los separatistas en su afán de desmembrar el territorio español.  “En un Estado de Derecho el  fin no justifica los medios” ya que como recuerda Manuel Aragón.”Amnistiar  a quienes subvertieron el  orden constitucional y que además han reiterado su propósito de volver a hacerlo es indigno”  El recurso  del dictador  en ciernes   es desvirtuar recurriendo a juristas vendidos  el espíritu de la Constitución  que  en España como lo recuerda Enrique Gimbernat, Catedrático Emérito de Derecho Penal, “El argumento principal es que el artículo 62 prohíbe los indultos generales y con  mayor motivo  la amnistía”  ¿No fue Santos quien amnistió de crímenes de guerra, desplazamientos  de poblaciones, secuestro y reclutamiento de niños al Secretariado de  las Farc  para reconocerlos como válidos interlocutores?  ¿No está sucediendo lo mismo pero ahora con mayor impunidad cuando a dedo se les concede la categoría de interlocutores  a malhechores   que después de firmar un cese al fuego han continuado asesinando, secuestrando?  ¿No es un abuso de poder perdonar  por anticipado a los criminales  sin que antes hubieran rendido cuenta de sus fechorías? Esta degradación de nuestra democracia se comprueba cuando nuestra justicia desconoce que un Paro Armado con 70.000 personas aguantando hambre desde hace años no puede ser amnistiable. “La amnistía es un claro ejemplo de corrupción política”

El Estado de Derecho existe para detener y condenar drásticamente el sufrimiento que se infringe por parte de grupos armados a las gentes, a los niños que son asesinados en el ataque a un bus escolar, en los nativos que son desplazadas en medio del terror, como lo es el asesinato diario de desprotegidos soldados o policías a manos de los francotiradores. “ Repito con Alain Finkelkraut, las llamadas mesas de conversaciones  son un sofisma de distracción para encubrir daños a las comunidades en su libertad de desplazamiento, en el deterioro de sus valores culturales, en su pérdida irremediable de referencia a un entorno tal como lo recuerda de manera explícita la Ley de Víctimas pero lo olvida olímpicamente el madurista Ministro de Cultura y el Ministro de Justicia. Que Iván Márquez sea impuesto contra lo que  al respecto establece la ley  es demostrar  que el fin justifica los medios y que por lo tanto  el Estado de Derecho ha desaparecido en Colombia. P. D. “La Amnistía en España.Constitución y Estado de Derecho” Ed. Cólex 20024

LOS INTELECTUALES Y LA PAZ / Darío Ruiz Gómez

 

LOS INTELECTUALES Y LA PAZ

Darío Ruiz Gómez

En un video Félix de Azua el gran escritor y pensador español y a propósito de la salida de Fernando Savater del periódico “El País” del cual  éste fue columnista durante cuarenta y tres años es decir desde la deslumbrante aparición  de este medio de comunicación como  defensor preclaro de la libertad de opinión, de la necesidad de modernizar  las instituciones del Estado ancladas aún en el franquismo y abrir un espacio propicio al diálogo de la política y la cultura, propósito que reafirmaba mediante un gran periodismo y la concurrencia en sus páginas de las voces de los más importantes pensadores  contemporáneos  hasta que  con el transcurrir de los años  cuando se hicieron notorias  las fricciones causadas  por una lucha interna de poderes  se  fue mostrando que  esa filosofía inicial  se había agrietado  ante  la opinión pública.  El llamado modelo Berlusconi comenzó a desconfigurar todas las secciones bajo el dictado de la era del consumismo para el cual era más importante la crónica del espectáculo, la frivolidad de las varietés que la secciones de cultura. La claridad democrática fue igualmente permeada con la irrupción del chavismo, del peronismo, del castrismo defendidos bajo  el ladino sofisma de que “ es necesario escuchar todas las opiniones”   El despido de Savater es el  resultado de estas derivas no resueltas como señala Azua. Resumo aquí estas consideraciones sobre una propuesta periodística  y  los sucesos  que terminaron por minar su imagen democrática  Como conocedor de primera línea de estos contratiempos y contradicciones ya que algunos de sus protagonistas se graduaron conmigo en la legendaria Escuela Oficial de Periodismo a lo largo de estos años he escrito muchos artículos de análisis sobre este amargo final.

Azua quien tuvo el valor en su momento de denunciar el populismo de Ada Colau  y de los nacionalistas catalanes y se trasladó a vivir a Madrid para que su familia no sufriera atrocidades como la de la imposición a la fuerza del catalán como lengua única, señala  que  quien impone hoy  los contenidos políticos del periódico  es el bufón del chavistamadurista  Zapatero, - sí el que mandó al exilio a 10.000.000 de españoles con su quiebra económica-   y también  poderes ocultos que espantan. ¿Dineros de Maduro, de las Farc, del kirchnerisma, de Evo Morales? Ya que sus periodistas respecto al caso de Latinoamérica han sido obstinados defensores de estos regímenes  como ha sucedido en el caso de Colombia donde  sus enviados han demostrado desde hace años su solidaridad con la guerrilla tal como el corresponsal que denuncié en su momento y que a cinco días antes  de que reventara el llamado “estallido social”  ya informaba por anticipado  que  en Colombia había comenzado  la más violenta represión policial”. La identificación total de “El País” con Sánchez y con  el sanchismo ha llevado a una  necesaria  toma de posiciones de muchos catedráticos, intelectuales colaboradores de sus páginas  a renunciar a sus columnas ya que no se puede  ser cómplice de esta astracanada  de la  amnistía a los terroristas del  Tsunami  de los enemigos  de España que han terminado por destruir económica y culturalmente   a  Cataluña , de los cómplices de las fechorías de Putin como Puigdemont. De izquierda no es el sanchismo quien intenta acabar con el Estado de Derecho  y a favor de la paz no pueden estar los áulicos del nacionalismo de Eta, de la Cup: quiénes seguimos por t.v esas intensas jornadas de terror con corte de carreteras y  ensañamiento  contra quienes  hablan  español, no podemos agachar la cabeza y aceptar que en nombre de la paz eso “no sucedió”. La tarea del intelectual en estos momentos consiste en su defensa de la libertad de expresión, en la condena  abierta  del terrorismo y en denunciar  a una justicia de pandereta.  La pluralidad social y no un multiculturalismo pernicioso.  Postdata: la información sobre la relación de Puigdemont con Putin antes de las jornadas de terror las hizo  Michiko Kakutani en su texto “La muerte de la verdad”. Ediciones Galaxia Gutenberg 2019   

sábado, 10 de febrero de 2024

Las rectorías para las universidades públicas del país. / Rafael Rubiano Muñoz

 

Wiesław Wałkuski


Rafael Rubiano

Las rectorías para las universidades públicas del país.

Rafael Rubiano Muñoz

Profesor titular, UdeA.

Doctor en Ciencias Sociales (Flacso-Argentina)


“Si las humanidades y las ciencias se apartan no habrá sociedad capaz de pensar con cordura”. Alfonso Reyes.

Este año tiene especial connotación para algunas universidades públicas del país y es la ocasión (no debería ser la primordial) para reflexionar sobre su acontecer y sus desafíos. Entre los procesos de designación a las rectorías que implican procesos electoreros, por fuera en algunos casos de los propios estamentos de la universidad, asuntos de capital importancia se mueven como el magma a punto de estallar en el corazón mismo de las universidades públicas. Es cierto que factores externos tienden a desestabilizar el espíritu y la razón de ser (y el deber ser) de la institución pública: la dinámica del mercado, la globalización, la virtualidad, las redes sociales, así mismo la injerencia política a nivel local, departamental y nacional, sin embargo, se entrecruzan otras formas de inestabilidad que ya constituyen enfermedades crónicas de la institución de educación superior.

 Y si bien, algunos de los factores externos sabemos que desestabilizan (comentarios de políticos, movilidad del mercado local e internacional, avances científicos técnicos, digitalización de la vida cotidiana), hay muchos otros factores internos que son ya costras que arrancadas vuelven a poner en carne viva, los problemas de las universidades públicas en más de tres décadas. Por ejemplo, la hiperburocratización administrativa que afecta la labor y el papel de la ciencia, la investigación y lo académico. En los años 90 denunció Rafael Gutiérrez Girardot cómo después de mayo de 1968, la burocratización (no entendida en el sentido de Max Weber, es decir, esa forma racional de la ética del funcionario público por encima de los intereses y de las pasiones personales) matarían la democracia y de paso el humanismo como fuente y valor del Alma Mater.

Gutiérrez se refería al humanismo de la modernidad renacentista e ilustrado, no al humanismo cadavérico que se pregona hoy con artificio en los recintos universitarios y se usa como falso escudo de retóricas circunstanciales y de programas. El humanismo, por el contrario, es aquel que construye una percepción universal de la vida, del hombre y la sociedad, humanismo quiere decir, la capacidad de ver en lo parcial lo universal (o viceversa), el sentido de lo humano como diálogo sólido entre la visión científica- técnica con visión social y humana. El deterioro de esa visión es perceptible en las apuestas de la universidad, en sus propósitos misionales y en las mallas curriculares, una cosa es pregonar y otra la voluntad efectiva de colocar como objetivos y metas las aspiraciones humanas, desde el aula hasta los consejos académicos de facultad y otras instancias.

Otro factor interno. El clientelismo y la perversión de elección de los cuerpos colegiados de la administración académica. En la tradición sociológica que va de Emile Durkheim, a Max Weber, de Max Horkheimer a Pierre Bourdieu y Françoise Dubet, se puede examinar que las instituciones (públicas y privadas) más allá de su funcionamiento aparentemente racional de estatutos, normas, reglas o procedimientos regulados por leyes, funcionan a partir de afectos, pasiones y de lealtades, más que de competencias o de méritos. Allende la calidad objetiva, lo que prima es la servidumbre y la obediencia a jefes, directivos o de quienes tienen el liderazgo de los organismos colegiados, o aun estando en desacuerdo se asume la actitud de la inhibición o el silencio, que es inmoral y antiético, porque nada tan vil es callar por complacencia y por mantener un puesto de trabajo.

No es anormal la fidelidad basada en la ciega subordinación, aunque proporcionalmente es absolutamente normal que quienes ocupan los cargos directivos de los estamentos universitarios tiendan a elegir en sus respectivos subcargos, a aquellos que no les sean rivales superiores, en términos intelectuales (no es una cuestión de títulos, aunque se cree en esta villa universitaria que por ser doctor o doctora, ya se pueden sentar en las cumbres del olimpo del saber, prejuicio y falsa conciencia, ojalá ojearan El Príncipe de Maquiavelo, les serviría mucho a ciertos directivos o directivas). No se elige a aquellos competentes específicamente, por experiencia o por la capacidad reflexiva o analítica, por su producción científica en un campo o por su trayectoria, sino por inexperiencia, por poca experiencia) para poder ejercer el dominio o el mando que se desea.

En fin, en los subcargos (y hay que cuestionar la competencia de quienes asumen los altos cargos universitarios) se designan personas (algunas, no todas valga decir) que no tienen el carácter, los derroteros y la trayectoria para ejercer en esos organismos administrativos y académicos, y si son coronados allí, para decirlo con Paul Benichou(1), es más por complacencia, por el pago de una deuda o por sobrevivencia para los programas que se pretenden desarrollar. La corrosión clientelar de las instituciones universitarias públicas para el ejercicio y función de todas las actividades científicas, técnicas, y lo que queda de lo social y humano cadavérico es un factor más negativo que las amenazas de la globalización y la virtualidad.

No es insólito que quienes dizque estudian e investigan, enseñan en las aulas los fenómenos de corrupción, clientelismo, prevaricato, y otras actitudes sociales y políticas ligadas a las visiones antidemocráticas e irracionales, sean quienes desgañotados en sus denuncias propias de demagogos y de profetas (falsos demagogos y profetas diría Weber) sean los adalides de la corrupción y el clientelismo en las instituciones universitarias (¡quien no está conmigo está contra mí! Consigna de Núñez y Caro desde la Regeneración que no ha fenecido en la universidad pública en la actualidad).

No obstante todo lo anterior habría que agregar que muy por encima de las campañas electoreras de los candidatos que se postulen a las rectorías de las universidades públicas del país hay tres desafíos mucho más exigentes, por un lado el liderazgo universitario, que debe tener presente una capacidad no solamente de gestión financiera y administrativa, el rector (o la rectora de hoy) debe tener una capacidad personal e intelectual para establecer un diálogo y una efectividad nítida entre la política y la ciencia (administrar la institución logrando comprender y resolver las ráfagas de los factores políticos tanto externos como internos, es decir, el liderazgo ha de centrarse en ser competente para afrontar los conflictos). La universidad de cara a los conflictos, no solamente la universidad de cara a la virtualidad, las regiones, las violencias, la globalización mercantil y digital, por ello es esencial proponer la Universidad frente a los conflictos de cara al siglo XXI – que no son solamente lo de las violencias y guerras como se ha pretendido durante lustros - y saberlos reflexionar, analizar e investigar pero sobre todo, asumir y solucionar, bastaría que candidatos y candidatas leyeran un poco de sociología, quizás Georg Simmel (2) o Lewis Coser (3).

El desafío de los relevos generacionales. Pese al concurso de méritos, uno de los elementos ultracorrosivos de las instituciones de educación superior ha sido el proceso de jubilación y la perdida de quienes por tres, cuatro décadas o más invirtieron en su existencia y su experiencia y sus conocimientos se desvanecen cuando llega el día de su partida laboral por una de las calles que circundan la universidad. La imposibilidad de normalizar el acumulado científico e intelectual de las profesoras y de los profesores, de atesorar y de hacer fructífero su legado es un desafío que no se compensa con publicaciones parciales y marginales, con homenajes o con una selectividad al servicio de las visiones clientelares personales o de lealtades particulares por afectos o por sentimentalismo espurio. A lo anterior el despilfarro del saber existencial de profesoras y profesores, se incluye que, no es anormal que esa universidad que debe encarar los conflictos en dos siglos sea una universidad anclada en la aplicación de conocimientos y paradigmas fundados en el imperialismo colonia (Sergio Bagú) en paradigmas, conocimientos foráneos y que en dos siglos no haya hecho un diálogo estimulante, enriquecido y ante todo prospectivo con el pensamiento colombiano y latinoamericano.

No es utilizar a ultranza el saber ancestral, el indigenismo o los conocimientos, las lenguas, y las prácticas de las comunidades étnicas como sicarios intelectuales. La universidad pública del siglo XXI, está llamada a propiciar (ni siquiera fortalecer) cátedras, seminarios, foros, cursos, materias, eventos, en fin que no solamente inviten como maquillaje a la apropiación del saber y pensamiento del país sino del pensamiento latinoamericano. Una universidad pensante que dialoga entre lo ajeno y foráneo con lo propio, de seguro candidatas y candidatos rectorales no saben (o no quieren saber) de la existencia de un Andrés Bello, José Martí, Baldomero Sanín Cano, Rafael Uribe Uribe (se cumple este año ciento diez años de su muerte asesinato en Bogotá) o de Luis Tejada (se cumplen cien años de su muerte), ni hablar de Gabriela Mistral, Victoria Ocampo, Teresa de la Parra, Clorinda Matto de Turner, María Cano, Virginia Gutiérrez de Pineda, entre otras, porque su obsolescencia, inutilidad y vejez, aunque hay que afirmarlo, si los aspirantes a rectoría leyeran estos personajes, cambiaría más su pensamiento y percepción, su arrogancia y pedantería creyendo que son los primeros en formular y posiblemente solucionar los problemas universitarios, porque sencillamente ellas y ellos ya pensaron y dejaron un legado incuestionable e irrefrenable en términos de la solución a los problemas educativos de Colombia y América Latina, El desafío que es de considerar capital será realizar una administración pero con un liderazgo que replantee el diálogo ciencias naturales y ciencias sociales; ciencia y técnica-ciencia humanismo y no es insulso pensar que esa universidad de cara a los conflictos, si pretende mantenerse como mito y realidad, como Alma Mater, debe recomponer los lazos rotos de la ciencia (natural y social) con lo humano. Sin duda hay – al parecer – suficiente inteligencia para que ese diálogo sea repensado, reasumido, reapropiado y revertido, ya que, en la actualidad, el abismo de esos dos referentes vitales de la universidad (ciencia y humanismo) no solamente están rotos, hay una distancia importante en quien asume el saber y el conocimiento como mercenario intelectual (temas o problemas de moda) o quien los asume como vocación en el sentido de Marx (4) y Weber (5)

¿Seguiremos en esta decadencia universitaria de artificios y pomposidades? ¿de cara a qué deben hoy los aspirantes a rector y rectora concebir no sus programas electoreros, sino la universidad en medio de una pluralidad conflictiva recabar lo que ha sido la riqueza de su existencia, una visión humana que se entiende no es piedad, es visión universal dentro de lo singular, es la prospectiva del futuro a partir de la aprehensión del pasado siendo actualidad, la utopía universitaria se define en que, es la anticipación en la imaginación de algo que cambiaremos en las actitudes y la vida práctica. Serviría mucho que las candidatas o candidatos a rectoría si de verdad tienen la vocación y el liderazgo, no el oportunismo para rendir culto a sus egos y a sus corifeos de leales o de fieles, de creyentes de ocasión, miraran de fondo los conflictos de la universidad, que no son pocos, y tuvieran el decoro por lo menos de si como panfletarios hablan de humanismo, lo hagan con lectura, juicio, moral, ética, responsabilidad y sabiduría. Les serviría mucho leer a Alfonso Reyes, o a José Luis Romero o a Sanín Cano, por ejemplo, un librito muy útil de reflexiones sería el de Rafael Gutiérrez Girardot. (6)

¿Continuaremos en esta decadencia de instituciones insepultas? En esta coyuntura de factores externos e internos que complejizan los niveles de conflictividad de la universidad pública es imposible eximir el intelecto y el sentido común, los conocimientos teóricos y prácticos, los administrativos con los académicos, los científicos técnicos con los humanos, lo denunció hace décadas Jürgen Habermas (7).

Ahora una universidad de mediaciones, no de extrapolaciones y de extremismos, una universidad de diálogos eficaces, con una narrativa o retórica amplia y generosa de la vida colombiana y de la latinoamericana, podrá ser la clave en parte para resolver sus más urgentes tragedias y calamidades.

No es la postura decolonial al uso, aquella de odio y venganza la que hay que pregonar, hay que descolonizar sí, pero viendo enriquecido el diálogo de lo propio con lo ajeno, no como el sicario asesino, quienes alardean que lo que debemos destruir, dicen estos fanáticos e idólatras, según su ira, es el legado de la ilustración, el racionalismo y la cultura occidental, de eso no se trata. Universidad, conflictos, pensamiento colombiano y latinoamericano, equilibrará el colonismo intelectual y el carácter dominante de hacer de lo ajeno lo propio y de hacer de lo propio algo ajeno, extraño, inútil y subdesarrollado, lo propio es pobre, lo ajeno es lo rico.

Un desafío más. Emanciparnos mental y culturalmente es uno de los retos, más y más pensamiento colombiano y latinoamericano, en diálogo con otros pensamientos, eso es lo que se llama pluralismo universitario. Una adenda más. En el pequeño volumen titulado El mito de la universidad (8), hay una variedad de ensayos seleccionados por Claudio Bonvecchio en los que se eligen algunos ensayos analíticos de quizás los letrados y letradas más representativos de lo que se podría denominar la modernidad europea occidental, en el impreso se destacan: Madame de Stäel, Wilhelm von Humboldt, F. G. W. Hegel, H. Heine, V. Cousin, A. Schopenhauer, F. Nietzsche, Labriola, M. Adler, M. Weber, J. Ortega y Gasset y T. Mann. Por su labor constante frente al humanismo y las ciencias son notables las reflexiones de W. von Humboldt, Max Weber, José Ortega y Gasset, y T. Mann, quienes respectivamente combinaron sus actividades científicas con los problemas políticos de su tiempo y el ámbito universitario, serían referentes estimulantes para los fututos rectores.

Para compensar esas lecturas sería obligado la variedad de escritos del mexicano Alfonso Reyes, Universidad, política y Pueblo (9), por su calidad y por su visión de futuro, por su intención prospectiva y utópica, por los problemas que se reflexionan allí, podría ser una fuente para candidatas y candidatos, no necesariamente una guía de concina, sino, valga reiterar, un referente de reflexividad, análisis y horizontes de decisiones prácticas y políticas.

Ni hablar si leen a José Luis Romero (10). Se indica a Reyes por ser uno de los referentes que al día de hoy ha nutrido las generaciones universitarias de América Latina por décadas, pero la lista de nombres podría agrandarse en lo que respecta a los temas de universidad y política. En general, la lectura completa de ambos libritos permite reflexionar agudamente sobre cómo se generó la metamorfosis de la universidad, aquella que transformó la institución bajo una mirada humanista y científica a una de burócratas antiweberianos, tecnocracia y mercado. ¿Por qué hoy ningún candidato habla del legado de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918? No es raro, es normal.

……………

1 Paul Benichou. El Tiempo de los profetas: doctrinas de la época romántica. México: Fondo de Cultura Económica. 1984.

2 Georg Simmel. Sociología: estudios sobre las formas de socialización. Madrid: Revista de Occidente. 1926-1927. 6 v.

3 Lewis Coser. Las funciones del conflicto social. México: Fondo de Cultura Económica. 1961.

4 Karl Marx. Reflexiones de un joven al elegir profesión (1835). En: Escritos de juventud. México: Fondo de Cultura Económica. 1982.

5 Max Weber. El político y el científico. Barcelona: Altaya. 1985.

6 Rafael Gutiérrez Girardot. La encrucijada universitaria. Colección Asoprudea - GELCIL – Grupo de Estudios de Literatura y Cultura Intelectual Latinoamericana. Primera edición, octubre de 2011.

7 Jürgen Habermas. Teoría y praxis: estudios de filosofía social. Madrid: Editorial Tecnos. 1987.

8 Claudio Bonvecchio. El Mito de la universidad. Bogotá: Siglo XXI. 1991.

9 Alfonso Reyes. Universidad, política y Pueblo. México: UNAM. 1967.

10 José Luis Romero. La experiencia argentina y otros ensayos. Buenos Aires: Taurus. 2004

miércoles, 7 de febrero de 2024

La música que es como la vida Orlando Mora / Víctor Bustamante

 

Orlando Mora
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La música que es como la vida 

de

 Orlando Mora

 Víctor Bustamante

                                                               Para Luz Esther Castañeda

La música se instala sin ser invitada, simplemente al escucharla nos atrapa y al atraparnos y volver a ella, nos cuenta no solo su historia, la de sus músicos como intérpretes, sino que nos lleva de su mano a sus autores, también nos cuentan de donde vino. Cuantas veces caminando por las calles, nos atrapa una melodía casi inaudible, y la cual se nos queda todo el día, hasta que averiguamos su nombre, y desde ese instante en que la reencontramos, sabemos que se instala en nosotros, casi como una maldición porque ya ahora es parte de nosotros mismos. Otras veces la encontramos, hallazgo imprevisto, en algún bar cuando en una conversación o en nuestro profundo silencio llega esa que no es invitada y de inmediato necesitamos averiguar con el barman o el mesero que cómo se llama esa canción.  Así el azar se convierte en una celestina que nos entra en el mundo desconocido y profundo de esa música que nos llega. Otras veces es una recomendación de algún amigo, otras la publicidad que exhibe sus garras comerciales.

Es vasto el mundo de la música, y aun así es más misterioso y lleno de momentos abruptos y dulces. La música tiene tantas aristas para indagar, la música posee tantas significaciones, tanta presencia en cada uno, que nos remite a esa palabra y actitud que parece ser avasallada por lo fugaz sin retorno del momento en que vivimos. y es que la música se instala en nosotros, y en definitiva nos acompaña, nos alerta, nos altera los sentidos, ante un estado de cambio repentino de ánimo. Quien no haya vivido es que no tiene la música como un punto de referencia, así la música nos remite a cada uno a una época personal de brillo, de indagaciones, la música abre sus caminos,  hacia la sensibilidad, la música nos trae presencias de personas, momentos, estados de ánimo, y como no tiene imagen, la música no envejece, siempre está presente y nos cala y nos aclama ya que la música es el único arte que nos acompaña cuando estamos en alguna desazón o la inicua melancolía nos arredra.

Todo lo anterior para referirme a esa sensación que advierto al leer, La música que es como la vida de Orlando Mora (UNAULA, 2023). Orlando nunca ha caído en el vicio del coleccionista que refiere su catálogo de discos de 78 o de elepés, que nos hacen sentir desamparados porque posee un único ejemplar de determinada canción, él la comparte en su estudio, pero nunca da una copia.

Por el contrario, Mora reflexiona sobre la música que lo ha acerado y nos da su apreciación sobre el sentir y lo que le inspira cada uno esas canciones que lo arredran, que lo acompañan. De ahí que sea tan personal este libro, en sus apreciaciones, en sus disquisiciones, en su dureza cuando advierte el caso de Goyeneche, que así da la medida del autor, ya que este libro ha sido reflexionado, escrito de una manera lenta, precisa, lo cual permite al lector que, al leerlo, es como si estuviera con su autor, siempre tan fugaz cuando se quiere conversar con él.

Así, con sus códigos de interceptaciones, testigo de primera línea, Orlando, detecta y nos acerca a esa diferencia entre el café y las heladerías. Y a medida que reflexiona sobre la música y sobre la ciudad y sus adláteres, sus testigos, da la medida de sus gustos, el cual nos lleva de su mano a indagar sobre esos cantantes y canciones que lo embargan, cuando por  consejo de René Cabel le habla de Elena Burke. Entonces debemos indagar sobre ella, como si remontáramos el rio de la memoria que crecido y violento se lleva de paso lo que encuentra, para destrozarlo, pero así mismo arrastra, contradictorio, esa memoria, la música que hemos escuchado y nos ha formado, música que alerta y disputa y lleva esos cajones de la memoria y que por supuesto permanece intacta en nosotros. Así Orlando nos desafía a buscarla, a escucharla para comprobar como la historia de la música y otras historias mantienen su catálogo de olvidos y desalojos. Lino Borges también llega con su voz pausada, Esther Borja, de ese recuento, al mencionarla Orlando, y también debemos buscarla para saber y comprobar que la historia de la música posee sus secretos y aun mal, olvidos y desalojos

Lo mismo le digo a Orlando cuando refiere y conoce un poeta en la cita de Thomas Elliot, cuando refiere un músico, un cantante, una canción se ensancha la vida, así como otras presencias, una de ellas la de esa voz cálida de Raúl Shaw Moreno, y en el tango, caro y presente, cuando nos entrega la presencia de Roberto Rufino en la Gardeliana, y una frase que es un reto. “Nunca podremos decir con certeza y de manera irrevocable quien ocupa la segunda línea después de Gardel”, lo que daría motivo para escribir un tratado sobre el tango.

Así en este reencuentro con la música, digo reencuentro porque este libro es una cara reminiscencia que nos lleva a indagar sobre el bolero y el tango, y algunas baladas y así, es una summa de la música popular, aquella que se establece en el tiempo y la memoria recuperada y se convierte en algo indeleble, los caminos tortuosos e irredentos de la vida.




Así, este hermoso y aún más grato libro facilita, así, un auténtico acercamiento con su autor, ya que en él deja e imprime su huella, es decir sus reflexiones y de una manera total y afectuosa su sentimiento, con esas músicas cercanas que perduran en su memoria, y que él nos comparte. Así en la música las fechas, aunque bastante cercanas, con los días se vuelven indeterminadas, ya que la música, nuestras músicas violan el tiempo, incluso cuando parece que sean próximas aún más y así, caemos en cuenta que es algo cierto, la música aún posee ese carácter de ese encuentro aun en su lejanía. Esa lejanía que nos atrapa a pesar de ser algunas de esas músicas creadas en la extraterritorialidad que sucumbe y nos hace sucumbir a su encanto, siempre las sirenas y su canto regresan cuando viajamos en esa nave de olvidos y presencias que es la vida.

Algo es cierto, la música crea verdaderamente una sensación de proximidad. Más bien de presencia o, más precisamente, de aparición. Antes que esas obras, por el movimiento despiadado del olvido, ya que la música en ese movimiento sin fin, casi perpetuo que arrastra su perdición, hace dejar de lado lo que ayer fue un éxito, eso sí digo éxito, no obra maestra. Así Mora,  que ha  sacado a la luz, sus gustos musicales, no deja que se borren de la historia de la música, porque es quizá necesario precisar que al mencionarlas las justifica y las coloca cerca, dándonos esa impresión de cautivarnos, de estar cerca, de que esa música aparezca, llegue, perdure ,en un interregno, puede ser de casualidad, trazado sin primera por un instante, ese instante trazado de encuentros con amigos, y para ese instante, amigos nocturnos, vueltos visibles por la apertura instantánea de la música en esa noche perpetua que es la vida misma. Ya que la noche y la música se conjugan para ese canto a la amistad o a la casualidad de un encuentro que llega y se torna memorable.

Luego desfilan y nos hablan: Álvaro Dalmar, Lucho Bermúdez, Esthercita Forero, Frank Domínguez, Armando Manzanero, Susana Rinaldi, Mario Clavell.

Entrevistas, conversaciones, encuentros que nos dan la medida de cada uno de ellos, como si en un amplio salón estuvieran cada uno de ellos, relatándonos sus experiencias no solo de vida, sino su acercamiento con la música y que Orlando mora los lleva de la mano para saber mas de ellos, ya que cada compositor, cada artista posee detrás de su talento, una historia que lo ha llevado a crear un personaje, eso sí sin la máscara que los adula sino en la certeza de su arte.

De ahí esa sensación de esas presencias, hechas de convicción, de equilibrio, y que resplandece lejos de las apariencias, mucho más evidentes que cualquier personaje, un autor, que lleva a vivir en una zona invisible. De ahí que aparece esa impresión que entrega su arte elaborado con un fervor inusitado. Ya que su música, esas músicas se reafirman, y como ciertas músicas, ya sean boleros, sones, tangos o baladas, que nos fascinan en la medida que nos dicen algo ya que además nos han acompañado desde hace tiempos, ya sea en nuestra ambición de la soledad o en la compañía de los caros amigos que se cultivan con el tiempo.

La música que es como la vida de Orlando Mora, enciende de golpe la luz de los cafés, con largas conversaciones o acentúa los lánguidos intersticios del silencio, evocando la oscuridad momentánea de las heladerías. A veces nos trae a Obdulio y Julián, y eso sí afirma la música con su autoridad y permanencia, ya que no da sitio a la duda ni a las correcciones. Simplemente está ahí para acompañarnos desde latitudes lejanas. Y, sin embargo, sabemos, e incluso sentimos, que este arte, la música, no se detiene, que Orlando Mora nos susurra que este arte ha comenzado desde hace mucho tiempo y llega muchas veces a nuestros oídos y se empoza para siempre sin ser invitada. Música que es única, pero no está sola porque también acompañan a los solitarios en la mesa del café, o en lo trepidante de los conciertos, o los que se encapsulan en sus cuartos. Hace tanto tiempo que el hombre compone, escribe, graba, traza historias, colorea partituras, frota melodías, todo para representar el sentimiento, tan humano, que nos da un violín en la noche en una plena calle, o cuando se cuela un leitmotiv de un tango desde una cantina y el cual nos obliga a detenernos para escucharlo, o cuando un bolero nos araña o aún más cuando leemos este libro y Orlando, nunca furioso, nos dice con rigor y con sorpresa, yo estuve ahí para contarlo.

Adenda: Orlando Mora nos debe un libro sobre la música de sus películas favoritas.


viernes, 2 de febrero de 2024

EL PAISAJE Y LAS LICENCIAS DE CONSTRUCCIÓN / Darío Ruiz Gómez

 


EL PAISAJE Y LAS LICENCIAS DE CONSTRUCCIÓN

Darío Ruiz Gómez

“Abría la ventana y me quedaba mirando la lejanía de las montañas, la luz del atardecer” me cuenta una amiga que vive en una población de Oriente y  para la cual la contemplación del paisaje se convertía en un estado de ánimo que equilibraba su espíritu. Ahora, me señala, a causa de las licencias de construcción concedidas para edificios de cinco pisos de una urbanización el paisaje  a  desaparecido y en lugar  de la tranquila presencia de esas montañas  lo que veo es una fea muralla  ya que con total impunidad los constructores elevaron la altura de los edificios a nueve pisos sin que nadie les llamara la atención. Y esta agresión se repite a lo largo y ancho de toda la meseta de Oriente rompiendo con la altura debida de las edificaciones  y sobre todo ignorando olímpicamente el Sky Line  que es una norma universal  en defensa de la escala  que se debe mantener  respecto a un  entorno de  ciudad  o del área rural  sancionando debidamente a quienes  atenten  contra ella tal como pasó con la ofensa cometida por el llamado edificio Acuarela en Cartagena que no respetó la escala de la Ciudad  histórica ni la volumetría  del soberbio Castillo de San Felipe. En un boletín de Urbanistas leí hace poco que la responsabilidad  respecto al caos urbanístico  y la destrucción del paisaje  no es  solamente  de los especuladores de lotes  sino de quienes desde las  oficina de Planeación otorgan a granel licencias de construcción olvidando lo  establecido por los POT respecto a los debidos retiros frente a las quebradas, ríos, caminos o carreteras consideradas  implícitamente como un  Patrimonio Cultural de las Comunidades  ya que bajo este reconocimiento no solamente se tiene en cuenta los considerados bienes  muebles e inmuebles sino de manera primordial el paisaje que es un valor intangible construido a lo largo del tiempo, una referencia sentimental de quienes lo recorren y lo han recorrido.

El paisaje es más necesario que el pan decía René Char el gran poeta ya que el pan puede amasarse de nuevo mientras un paisaje que ha sido agredido ya nunca podrá recuperarse. El lamentable caso de Llano Grande donde la perversa norma de uso  mixto permitió que fueran   apareciendo  en un desorden terrible  chatarrerías, ventas  de materiales de construcción,  garajes de mecánica,  etc, hasta hacer desaparecer la belleza que la carretera había enmarcado con setos y floraciones, árboles memorables.  De esta agresión vulgar ya nadie podrá recuperar lo que supone  el valor  de un paisaje que no podría ser clasificado  como propiedad privada ya que para los habitantes  que recorrían  estas distancias era parte de su experiencia de vida.  ¿No se había planificado antes el territorio para salvar el paisaje, para racionalizar el proceso de las nuevas construcciones, remitiendo al Sky Line que impone, repito, una medida del orden impidiendo la   desmembración del territorio en lotes insulares, ajenos unos de otros? La carretera que va de la Fe al Retiro por su belleza es una lección de paisajismo que llegó a ser considerada - recuerdo en esto la intervención del gran Jaime Tobón Villegas- como Patrimonio cuando hace quince años comenzó la primera y feroz oleada de invasiones inmobiliarias. Hoy cuando observo la irracionalidad con que de nuevo se destruye un territorio tiemblo cuando veo un bosquecito de árboles y trepadoras florecidas, un remanso visual que enaltece el sentimiento de común belleza – Santuario de la Virgen- y tiemblo al pensar que pronto la retroexcavadora lo doblegará ya que como en una célebre caricatura donde dos  promotores  que miran un hermoso arbolito  uno de ellos le dice al otro. “Sí hay que arrancarlo ya que aquí  va  la zona verde de la “Urbanización”

“A Thomas Bernhard le resultaba difícil soportar la cercanía” / Peter Fabjan

 

Peter Fabjan y Thomas Bernhard

“A Thomas Bernhard le resultaba difícil soportar la cercanía”

Peter Fabjan

Peter Fabjan (83), medio hermano de Thomas Bernhard, escribió una “relación”. Una conversación sobre una relación difícil y una “familia encantada”.

Peter Fabjan es un hombre amigable que irradia gran calma, pero cuando habla da miedo. Porque entonces crees que estás escuchando a Thomas Bernhard, su medio hermano. El tono de voz, el color de la voz y, sobre todo, ese “no” seguido del signo de interrogación al final de casi todas las frases. Así sonaba y hablaba Thomas Bernhard.

Pero eso es todo por las similitudes y similitudes. Porque Peter Fabjan, nacido en 1938, y Thomas Bernhard, nacido en 1931, eran dos mundos que no podían ser más diferentes. Fabjan estudió medicina y trabajó como internista hasta 2001. Después de la muerte de Bernhard en 1989, se convirtió en su administrador de bienes. La constelación familiar: el padre biológico de Thomas Bernhard se llamaba Alois Zuckerstätter. La madre, Herta Bernhard, se casó con Emil Fabjan en 1936 después de una relación fallida. De este matrimonio nacieron dos hijos: Peter y Susanna, nacidos en 1940. Herta Fabjan murió en 1950 y su marido Emil en 1993.

Peter Fabjan ha publicado un libro sobre su estrecha pero difícil relación con su medio hermano Thomas, en el que aborda la conflictiva historia familiar. La primera frase: “El camino de mi hermano fue un único esfuerzo por liberarse de los restrictivos lazos familiares y luchar por una vida como artista”.

¿Por qué subtitulaste este libro “A Rapport”?

PETER FABJAN: Porque es uno, un informe. Y porque no pretendo ninguna formulación literaria.

En un momento usted escribe: “Mi vida era una vida con un fantasma, incluso un demonio a mi lado”. También habla de “comportamiento vampírico”. ¿Qué quieres decir exactamente con eso?

PETER FABJAN: La forma en que interactuaban entre sí era todo menos cotidiana, a veces extraña. A veces necesitaba personas y, en cuanto ya no le eran útiles, las abandonaba.

¿Podría ser el siguiente título del capítulo de su libro un breve psicograma de su medio hermano: “Thomas Bernhard, el amante, el que odia, el herido que se salvó escribiendo y pensando”?

PETER FABJAN: La respuesta es breve: sí.

En una carta dirigida a usted, Thomas Bernhard escribió la siguiente frase: “Mi enfermedad es la distancia”.

PETER FABJAN: La distancia significa que la cercanía en las interacciones diarias con las personas, especialmente la cercanía física, le resultaba difícil de soportar. Provocaba desconfianza, pero sobre todo miedo a que la otra persona pudiera “quitarte algo” si te permitías estar cerca.

Thomas Bernhard: provocador con pasión

En este libro ha registrado sus recuerdos de esta “familia encantada” y sus protagonistas: la madre que murió prematuramente, el amado (y fracasado) abuelo escritor Johannes Freumbichler, el despreciado padrastro.

PETER FABJAN: Toda la familia estaba formada básicamente por una sola persona, el abuelo, su idea fija - mostrar al mundo el camino correcto con la sabiduría de los agricultores adquirida durante siglos - y su creencia en lo "superior", en el arte y en el ser. Captó un sentido de misión.

¿Sus recuerdos de Thomas Bernhard se componen de numerosos mosaicos? ¿Puede siquiera haber un “panorama general”?

PETER FABJAN: El panorama general es el de una persona que no se sentía parte de la familia y siempre se sentía un extraño en la sociedad, pero al mismo tiempo quería ganarse el respeto y el reconocimiento dentro de ella. Y que siempre se vio a sí mismo como nuestro hermano, no como un medio hermano.

“Es una lástima que tuviera tan poca fuerza para lidiar con esta situación aparte de una lealtad estancada”. Por “esta situación” probablemente te refieres a la relación con tu hermano en su conjunto. ¿Qué podría haber hecho diferente al tratar con Thomas Bernhard?

PETER FABJAN: Ser un hermano equivalente a él habría significado lidiar intensamente con sus escritos más allá de tu propia vida, convertirte en un compañero de conversación con él.

Acompañaste a tu hermano hasta su muerte. “¡Me salí con la mía!”, fue la última frase de Thomas Bernhard antes de morir. Que quiso decir con eso?

PETER FABJAN: Lo que probablemente quería decir es que, a lo largo de su vida, lo más importante para él era el éxito, sus propios logros en el arte, y por eso sólo podía mostrar poca consideración por los demás.

“¿Tiene Thomas Bernhard algún mensaje?”, le preguntaron una vez. ¿Qué respondiste?

PETER FABJAN: Respondí: “Él mismo dijo: No. Pero pienso: toda su vida es un mensaje”.

¿Qué tan pesada es la carga de ser hermano de Thomas Bernhard?

PETER FABJAN: Para decirlo dramáticamente, ¡es asesino!

 ¿Y tu propia vida?

PETER FABJAN: En cierto modo fue un éxito gracias a muchas coincidencias y ayuda.

Traducción de Klieine Zeitung / Bernd Melichar


 

 


"¡Difusión! Y no sólo en todo el mundo,

sino universalmente. Cada palabra un éxito.

Cada capítulo una acusación mundial.

Y todo junto una revolución mundial total

hasta la extinción total".

Thomas Bernhard

 

 

Observación preliminar

El viaje de mi hermano Thomas fue un único esfuerzo, liberarse de los constrictivos lazos familiares y luchar por una vida como artista.

Cuando miro las fotografías de quienes han marcado mi vida y aún hoy lo hacen, a diferencia de Thomas Thomas Bernhard, no siento la presión de convertir a estas personas en figuras ficticias para "deshacerme" de ellas. Así que yo, que tuve la oportunidad de ser médico, carezco de la base para una vida de artista. Thomas Bernhard a pesar de su necesidad de distancia, también tenía una gran capacidad de empatía. Empatía, para mí era un requisito profesional.

También tenía talento para el análisis y la abstracción. Una y otra vez se me instaba a compartir mis recuerdos de esta familia "encantada", sus protagonistas.

Hablar o escribir sobre ellos los hace tangibles, hace que pierdan su lado misterioso en el inconsciente, sino que lo debilita.

En una conversación con el periodista Kurt Hofmann en su casa de Ottnang, Thomas Bernhard respondió a la pregunta de qué tipo de relación tenía con su hermano: "Bueno, una relación fraternal. Es tan esporádica, normal, y luego es tan contraria. En realidad, es muy agradable. Como son tan diferentes, no hay problemas. Es así".

En la lucha de toda la vida para encontrar una persona a su lado que le acompañara en su viaje, su abuelo materno, abuelo por parte de madre, el poeta de Salzburgo Johannes Capistran Freumbichler, su "compañera de vida", la viuda sin hijos viuda de la alta burguesía vienesa, Hedwig Stavianicek, era de la mayor importancia. Un hermano moldeado por él No podía ser un hermano moldeado a su imagen, pero sí un ayudante en tiempos de necesidad. Un dibujo que hice de él de un cuaderno de los años sesenta me muestra como un cubo muerto con cubo con brazos y piernas, Thomas como un "salvaje", una criatura a la que temer.

Una vez dijo: "No quiero que vosotros dos (refiriéndose a nosotros, los hermanos, es decir hermanos, es decir, Susi y yo) os pregunten por mí un día os pregunten por mí y os digan algo. Por eso mi autobiografía. Si no, no sabrías de dónde de dónde viene todo esto". No obstante, quizá pueda aportar algo contribuir al "de dónde viene", yo, que en su empresa como "el querido hermano" en su empresa y que era en última instancia responsabilidad de su legado literario e inmóvil.

recayó en mí. Me dijo que tendría una "segunda carrera". Cuando le pregunté "por qué", respondió: "Porque el dinero no es tan importante para usted". Actuando con este espíritu sigue hasta hoy. Era y sigue siendo una vida al margen de la sociedad.

 

Thomas Bernhard, un reto para la sociedad, un golpe de suerte para la literatura

Los copilotos de la sociedad son los outsiders, los intelectuales, los enfermos y los artistas. Provocan disturbios y cambios cambio, a veces por grandes catástrofes en el desarrollo de la humanidad, otras veces por logros máximos en ciencia, filosofía, religión y arte.

ciencia, la filosofía, la religión y el arte. Convierten la sociedad respectiva en una nación, en última instancia humanidad. Como líderes políticos o religiosos, influyen en el destino del pueblo; en las artes, ya sean activos como artistas o creadores, dan su tiempo el rostro de su tiempo, en algunos casos incluso con rasgos proféticos.

Las personalidades con gran poder de sugestión pueden ejercer una gran influencia en tiempos de impotencia histórica y desorientación a la gente hacia el abismo, colmar su anhelo religioso o o producir obras que fascinen, sirvan de ejemplo y den valor. Todos ellos son copilotos junto a los pilotos que mantienen las cosas en marcha. Uno de ellos copiloto fue Thomas Bernhard. Un día cerró la puerta puerta del púlpito un día, se aisló de la sociedad y decidió no abandonar este mundo, cuya normalidad era mundo sin causar revuelo. Pero no el avión lleno de queroseno sin miramientos fue su solución, sino el pensar y componer por medio del lenguaje, su literatura como legado, es decir, lo que su mentor y querido abuelo había pasado su vida buscando en vano. Quería conseguir lo que el otro no había logrado, y así devolverle el amor que había experimentado. El niño malicioso que había en él en él permaneció vivo durante toda su vida. Con su trabajo, su amor crítico y su respeto por el gran arte, se ganó el reconocimiento del mundo entero.