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| Zdzisław Beksiński |
HACIA
EL POSTPETRISMO?
Darío Ruiz Gómez
Yo,
vuelvo a aclararlo, estoy de parte de la solidaridad humana y en contra de las
ideologías deshumanizantes que están conduciendo a una falsa fricción social que el más lúcido Camus llamaría la imposibilidad de lo más importante que es
hablar de un nuevo contrato social. En la guerra de relatos el populismo ha
encontrado un terreno fácil para sembrar la confusión en los jóvenes a través,
vuelvo a repetir, del etnicismo, del telúrismo bajo un programa muy similar al
que los nazis impusieron rechazando la razón, a Hegel, a Beethoven, Mozart, al
humanismo defendido tan brillantemente por Thomas Mann, para imponer a cambio
los sombríos bosques de los nibelungos. No olvidemos lo que supuso el
nacionalsocialismo como catástrofe moral de una sociedad culta que se dejó
embaucar por esta colosal escenografía de mentirosos jerarcas y lo que lo que implica
una ideología que ataca a la fraternidad humana. Recuerdo la conferencia que
hace años dictó un profesor alemán sobre la sociedad nacionalsocialista,
conferencia que se inició con la proyección de un documental. Apagadas las
luces e iniciada la proyección de pronto se escuchó una voz que con tono
grandilocuente reclamaba el papel revolucionario del proletariado alemán en la
lucha por sus reivindicaciones
históricas. Profesores, alumnos universitarios se pusieron de pie y comenzaron
a aplaudir ese llamado a la lucha revolucionaria pero de pronto atónitos enmudecieron cuando
la cámara mostró el rostro del autor de esa defensa del proletariado, era
Hitler y no el agitador marxista que esperaban. Para diferenciarse del concepto
de Marx que consideraba al proletariado como una clase universal, el nazismo
creó el nacional socialismo para justificar la raza superior y declarar como
enemigo al comunismo.
La ignorancia de la historia de las ideas
políticas ha permitido que lo que debe
ser una decisión personal frente a la violencia contra el ser humano se haya
convertido en un fanatismo propio de esa
clase sin clase que es la llamada Generación del Vacío, grupo amorfo que
pretende ignorar al pensamiento que al elegir la libertad construye las
premisas para el contrato social que
continúa en manos de azarosos censores. De este modo se eluden las
responsabilidades personales bajo vacías
opiniones, comunicados públicos, o lo más oportunista, el llamar a declararse neutrales ante las matanzas, la quema de las
bibliotecas “del pasado”. Es aquí donde la ideología banalizada los hace
inmunes ante la tragedia colombiana, cubana, venezolana. ¿Qué es el petrismo,
el ivanovismo sino la versión degradada del populismo, del comunismo, el valor
refugio de quienes se sienten en un vacío frente al cual carecen de cualquier
vía de escape? Señalar histéricamente
“el peligro del fascismo que según ellos va a instaurarse con el nuevo gobierno
es una prueba irrefutable de que el
embrión del fascismo ya se había
incubado en sus cerebros carentes de
imaginación. Han sido cuatro años en que han intentado eliminar nuestra
tradición humanística en el pensamiento occidental, en que intentaron quemar
las bibliotecas “de los blancos” como sucedió en Popayán, en que -díganmelo a mí
– a profesores, pensadores, escritores que se negaron a doblegarse ante
necedades como la de que John Locke el padre de la democracia moderna es “el
pilar de la supremacía blanca y machista” siguen vetados, aislados. A este
arrasamiento cultural lo llama
Finkelkraut, la muerte del pensamiento, la nueva barbarie. Comencemos por
recuperar la escuela, el colegio, la universidad, las bibliotecas y museos, el
pensamiento complejo para recuperar así la vida cotidiana, nuestro derecho a la
felicidad.

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