sábado, 20 de octubre de 2018

El gesto exterminador de un anarquista de Omar Ardila / Víctor Bustamante




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El gesto exterminador de un anarquista, 
Aforismo de Vargas Vila.

Omar Ardila

Víctor Bustamante

Sobre Vargas Vila hay un velo sucio que ha ocultado su escritura y lo ha mostrado muchas veces solo como un autor de algunas novelas. Una de ellas la más leída. Aura las violetas, que, incluso se ha llevado al cine. También abunda la mala prensa que  ha opacado su obra con la persistencia de esos  chismes, como que sedujo a su madre, como que era masón y mantenía su quehacer gay. También  ha existido un silencio elocuente que no ha podido borrar su obra abundante en el campo de la novela, pero a la hora de esa verdad esquiva, lo que ha molestado en Vargas Vila es la perdurabilidad de su crítica, de hecho ha sido el único escritor desterrado en los años 1900.

Y aunque la menospreciada cultura popular, aquella que solo posee como medio de comunicación, el voz a voz, lo ha leído, no era raro ver en los ventorrillos de libro en las calles y en las librerías de segunda sus novelas, que eran leídas en ediciones de segunda hasta que mucho después, en 1973, fueron publicadas sus novelas. De ellas me molesta ese continuo adjetivar que les da a su escritura un brillo innecesario, pero y este otro pero es que en algún ensayo Borges estuvo presente en la conferencia que Vargas Vila dio en Buenos aires en 1924. O sea, queda una idea  sobre Vargas Vila que era un escritor de peso, un escritor que era muy leído, en el ámbito hispanoamericano, aunque el vasto y sucio silencio intentó callar su obra, sobre todo en Colombia donde muchos escritores nunca dicen lo que piensan en sus textos sino en baja voz. Algo no le perdonaban a Vargas Vila sus diatribas contra Núñez y la Regeneración y su sometimiento al clero, así como pone en su sitio e esos “prohombres” que saquean el país, solo interesados en el poder como su paraíso buscado. En los países donde debió huir fundó periódicos o revistas, en Venezuela, La Federación, Eco Andino y Los Refractarios, y fue expulsado ante las quejas desvergonzadas del gobierno colombiano. En Estados Unidos funda la revista Hispano América, luego de ser echado de del diario neoyorquino El Progreso ante su cara contra la tiranía de los presidentes gramáticos, que marcan y aun define el carácter del sr colombiano. Las babas para acceder al poder.

Por esa razón al leer el libro de Omar Ardila, El gesto exterminador de un anarquista, Aforismos de Vargas Vila, (La valija de fuego, Editorial, 2018), él ha indagado en algo que nunca sabía, y son sus aforismos, al leerlos, caemos en cuenta de sus acerados conceptos, donde la política, los mitos, la academia, la gramática, la religión, el amor, las leyes, son vapuleados con un sentido de desmesura y propiedad, bajo el influjo de un yo poderoso que no se esconde, sino que habla con toda su furia desde adentro, que me digo, por qué motivo no había leído este Vargas Vila de los aforismos, ese escritor, ese pensador, que es único en ese momento en el país, en ese país bogotano que aun cantaba los bambucos y pasillos de Julio Flórez, ese país que mantenía una tradición del amor como algo cercano a la muerte creado por Isaacs, visible en Tránsito en Salve Regina y que fue cristalizado en la María del mismo Isaacs y que pasa por Aura o las violetas, como el amor con el deseo que subyace con la remembranza a un ser muerto. Ese país que solo se recrea y traza como legado su memorabilia de escritores que nada dicen, que, extasiados transcienden el tiempo sin saber la razón por la cual muestran un país desde un solo lado, donde se olvida la virulencia y honestidad, la osadía y la necesidad de que un escritor diga algo.

Pero Vargas Vila mientras escribía ficciones de este tipo, también trazaba lo más contundente de su obra, sus aforismos, criticando no solo el ser colombiano, los esbirros con una manera de permear con sus discursos, cualquier estado de cosas sino que todo lo dejan como una insaciable tabula rasa  , y que nos reclamaba y nos recuerda como desde hace muchos años que alguien en el país fue capaz, con su osadía y acerados conceptos, oponerse al curato, y a los políticos, graciosos gramáticos,  y al partido conservador que duró en el poder tantos años.

Por las páginas de este libro obtenemos ese Vargas Vila, confrontador, disparando desde su panóptico con sus aforismos, contrariado por algunos de sus exegetas como, Federica Montseny, Ignacio Cornejo, Pompeyo Gener, que algunos van valorado su obra, otros recobran solo parte de ella, otros lo desquician, otros no le han perdonado, que haya tenidos cargos diplomáticos de Ecuador y Nicaragua, pero también que los obreros de Barcelona lo hayan leído como uno de los arúspices del movimiento anarquista donde Vargas Vila es una de sus voces poderosas.

Omar Ardila ha escogido de varios de los libros del mordaz Varas Villa, los aforismos que más le han dado lustre al escritor, y que nos hacen pensar como esa tradición de escritores que se debieron ir del país, así como esa presencia y tradición del anarquismo un perdura como esa otra escritura de ideas que combatió a quienes se escondieron detrás de las sotanas, de la gramática y de los cargos públicos a dirigir un país que no merecerían.

Con esta investigación, presentación y  ensayo crítico, Omar Ardila devuelve un Vargas Vila fresco, potente, acerado, cínico, punzante, mordaz, con su escritura  tan personal como debe de ser un escritor en su completa soledad alejado de la fisura que le otorgan los medios y que domestican las alabanzas.


Marco Osa, Queequeg editorial, con tatuajes en su brazos, también ha tatuado este libro a su manera, le ha dado su carácter, es decir su sello, su personalidad. Sus páginas rebosan del cuidado, del detalle, de la disposición de las fotografías que le dan una nueva aura a la afilada pluma de Vargas Vila.






lunes, 15 de octubre de 2018

La gran película del mundo, Cine y filosofía de Andrés Upegui / Víctor Bustamante

Andrés Upegui      -Babel, 2018-

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La gran película del mundo, Cine y filosofía

Andrés Upegui

Víctor Bustamante

El cine, su interpretación, su crítica, su aproximación, siempre merece las diversas reflexiones que lo acercan. A veces muy literarias, otras reseñas someras, otros intentos de acercarlo a diversas ciencias. A veces puro divertimento, otras; las más, reseñitas, lo cual, a pesar de algunas contemplaciones con sus parrafitos didascálicos, lo convierten en un punto de inflexión, ya que para unos es el arte de nuestro tiempo, para otros como el director de cine, Peter Greenaway, ya es una forma de arte desueta, de otro siglo; y aun así, él persiste tratando de acercarse e ideando nuevos formatos para narrar. De todas maneras este tipo de especulaciones, llevan a un intento de interpretar el cine, esa sucesión de imágenes que nos abstrae y distrae de la vida cotidiana, esa forma de arte que no ha podido desligarse de la literatura; es más, que trata de absorberla, de devorarla, sin poder lograrlo. Así una frase publicitaria tomada del antiguo vademécum chino persiste, en decir que una imagen vale más que mil palabras. De sí una imagen solo muestra, no interroga, pero si quien mira la imagen y posee, sin poses, un bagaje apreciable la puede interrogar y darle su valor.

En este caso, y, desde otro punto de vista, Andrés Upegui, en su libro, La gran película del mundo, Cine y filosofía, intenta acercar estos saberes del pensar al echo cinematográfico de la mano de uno de sus arúspices de la sociedad civil, Giles Deleuze, al hurgar en ese laberinto teórico para merodear por el concepto y la imagen como la piedra basal en la cual fundamenta su aproximación al cine para buscar su diversidad de significados. Pero este arduo camino hacia la interpretación del cine también conduce a su autor por un camino impensado: su religiosidad, con la cual trata de abordar y darle cierto carácter a su argumentación sobre este arte que, a veces, es industria, desde diversas maneras, dándole ese tono contradictorio a su acercamiento a Deleuze. Pero con la fe, como sustrato que no deja de ser una manera de proximidad a lo oscuro con la creencia de que lo sobrenatural, como Dios, que es un invento de la soledad, merodee en su libro para establecer más cadenas, como algo que persiste.

Cuando Andrés Upegui se aparta de este sustrato cuasi filosófico y religioso, entrega su versión sobre el cine, y más concretamente sobre películas poco mencionadas, y, así reflexiona con textos brillantes como: “Un personaje en contra de su autor”, “La tragedia del artista sin cabeza”, “El cuerpo prisión del alma”, pero percibo que no pierde su sustrato confesional cuando en un texto preciso y contundente sobre Andre Rubliov de Andrei Tarkovski, incluso, casi justifica el asesinato que lleva a cabo el monje con ciertas medidas ex profeso, y, termina comparando ciertos pasajes de esta película que sobrecoge, con los ocurridos de una manera sobrenatural en la Biblia, ese libro excluyente, con milagros o eventos que son pura ficción. Sí, la Biblia aquel libro cuyo productor, Cecil B. de Mille, para el cine de Hollywood le dio tantos réditos al describir su ficción.

Pero también en un texto sobre Wenders, El cielo sobre Berlín, Andrés más teólogo que crítico de cine, se extenúa con los ángeles, aquellos seres incorpóreos que hacen parte de la cofradía católica y que en el tiempo en que fue filmada esta película aparecían de la mano de la moda californiana. Ya sabemos cómo la Nueva era se trasvasó en angelología y nos hicieron creer en este tiempo de crasa irreligiosidad que los ángeles, seres de ficción, llegarían. Wenders, aún más ingenuo, los lleva a que se pierdan entre los libros de las bibliotecas, cuando su único fin dentro de esas creencias es ser portadores de mensajes que se inician así, El ángel del Señor anunció a María, el acto de más crueldad hacia un hombre al establecer a San José, carpintero diligente, como una víctima del amor, y del dogmatismo religioso.

Este discurrir católico a ultranza se soslaya y otras veces reaparece de una manera contundente en muchas de sus apreciaciones, en su texto sobre El abrazo de la serpiente, no por los efectos especiales y risibles del final, sino de una crueldad inusitada, en un chico de Laureles, que deja de lado lo que es un exterminio. Luego Andrés se refiere a Luis Alberto Álvarez, su mentor, como un verdadero apóstol del cine que con tesón, inteligencia y amor abrió, y enseñó el camino de ese arte en la ciudad. Pero también, en sus opiniones, Andrés condena al género biográfico como algo de farándula, olvidando que la vida y los aportes de una persona no deberían pasar de largo. Luis Alberto en ningún momento, en sus críticas, apeló de una manera directa a su religiosidad para analizar una película ya que sospechaba que era un muro de contención donde se quedaría atrapado, y podría quedar cercenada su objetividad.

De todas maneras la aproximación de Andrés, cuando no es tan confesional, continúa con una posibilidad casi inédita, para abordar una crítica de cine donde se tengan en cuenta los diversos elementos que aportan la literatura, así como la filosofía para darle al cine una confrontación con las otras ciencias y asumirlo de una manera total, para que no queden fisuras cuando se interpreta o se analiza una película. Ejemplo de este enfoque valioso, ya los había mencionado, pero reitero en ellos: “Un personaje en contra de su autor”, donde juega con haber encontrado a Figueroa, aquel protagonista de fábula hasta llevarlo a una intrigante conversación. Este texto es el único donde Upegui, muy serio y ecuménico, desborda su humor y contundencia como una manera de abordar un documental. Un texto esclarecedor. “La tragedia del artista sin cabeza” sobre el cine de Carlos Santa, en este texto cumple lo que debería sr un escrito sobre cine, invita a ver el trabajo de Santa, que por fortuna no es un santo, y es uno de los más acertados del libro. Dentro de las otras críticas en, “El cuerpo prisión del alma”, Andrés aborda el caso de un secuestro y lo hace con donosura y mucha sapiencia. También en el texto sobre La mujer del animal, desborda su capacidad y conocimiento de cine para encontrar otro matiz, lejos de la violencia y ven en su interior el drama humano.

Aun así, el cine regresa de la mano de Andrés Upegui con su carácter contradictorio, donde la pasión y el análisis fraguan un texto lúcido.

Como colofón hay unas palabras de un gran cineasta Claudio Lanzmann que le da un peso inusitado al testimonio directo: “Él insistió en que la palabra era la única forma de transmitir el Holocausto hasta el punto de afirmar que si, en el curso de sus investigaciones, encontrara imágenes de los campos filmadas por los nazis, las destruiría”.







martes, 9 de octubre de 2018

Horacio Marino Rodríguez en Estación Central de Medellín


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Horacio Marino Rodríguez en la Estación Central de Medellín

Víctor Bustamante

Una obra de arte posee una significación que la distingue de las otras, lo que aporta, la tendencia que abre una posibilidad creativa, y quién la llevó a cabo. Además por pertenecer a una ciudad determinada, termina con el tiempo, dándole su sentido de pertenencia a esa ciudad donde fue creada. Me refiero a los edificios que, año tras año, crean el perfil, su silueta. Edificios que con los días se convierten en el paisaje para muchas personas que lo tienen como un punto de referencia. Ya que sus muros, sus paredes, sus esquinas, sus arcos, el artesonado de sus puertas le otorgan esa identidad. Así que valorar un edificio, así como a su arquitecto, es darle a este el doble carácter de ser una obra de arte pero también que ha sido creado por un artista. El arquitecto posee esa doble función en idear obras de arte pero también que sean funcionales, que sirvan de algo, que sean de utilidad para que diversas personas lo habiten, lo usen, lo disfruten, vivan en él. Así estos edificios se convierten en el oasis, en la oficina necesaria, en el lugar para una función pública. Es decir, es parte de todos, así que lo circundan no solo los transeúntes y sus habitúes, también termina convirtiéndose muchas veces en símbolo de la ciudad o, a lo mejor,  en uno de sus lugares preferidos, ya sea en una calle de un barrio.

De ahí que cada edificio considerado como obra de arte posee un rasero, es uno solo, con las ideas creadas y materializadas por su autor que es su arquitecto. Un edificio es único en su género, de ahí que valorar su preservación y su cuidado es una labor que debería mantenerse para que la ciudad recuerde su historia, sus diversos periodos creativos; que la ciudad no olvide a quienes la construyeron y que la hacen relevante. Arquitectos, ingenieros y maestros de obra, alarifes y artesanos, dibujantes y escultores, ebanistas y carpinteros, merodean en cada una de sus construcciones.

Un edificio adquiere con los años su pátina, y no es una simple casa vieja, algo que es necesario demoler para que el hombre actual destruya lo que dejaron sus antecesores. Un edificio es una memoria, un edificio es el diálogo con otros arquitectos que antecedieron a los llamados modernos o posmodernos que han arrasado con la historia por el mismo efecto, el síndrome del progreso per se, el estar, en lo actual sin advertir que la ciudad la han construido diversos artistas, desde los albañiles, desde los artesanos, hasta el más serio arquitecto que la dibujó en el papel, hasta llegar al plano con el esmero y su detalle.

Un edificio posee algo que lo define, es un ejemplar único. Contrasta con el libro, el cine y la música; estos han sido editados en varios ejemplares, muchas veces en miles. Además en las bibliotecas se conservan originales o ejemplares de ellos, y además se pueden repetir, copiar ya sea de una manera legal o pirateándolos. Con un edificio no ocurre, es así mismo un ejemplar único, es así mismo la expresión de su autor, es así mismo su propio incunable. Es muy peculiar y difícil que un edificio sea construido en la misma ciudad dos veces con los mismos planos, a no ser las casitas del Estado o los actuales edificios de apartamentos que cambien el paisaje de la ciudad. De una manera indirecta se copia el modelo socialista, uniformado y sin gracia y sin color para los obreros y sus vidas desde afuera, grises. Alguna vez se construyeron o mejor se reedificaron los mismos edificios en una misma ciudad. Cuando, Varsovia, fue destruida en la Segunda Guerra Mundial, sus habitantes la reconstruyeron con la misma configuración paisajística, ya que ese crimen de lesa arquitectura, no podía dejar que la ciudad, su paisajes, su ámbitos: su esencia quedara solo en fotografías. Ellos la reconstruyeron con el mismo entusiasmo de querer que su vida cotidiana se mantuviera presente.

Por esos antecedentes, por esa contrastada manera, lo valiosa de esta segunda parte que recobra la obra de Horacio Marino Rodríguez, como arquitecto, se convierte en un réquiem, ya que la mitad de sus obras han sido destruidas lentamente y con la solapada manera de los dueños de estas obras, ya que sus edificios caen, se destruyen.

Esta exposición, que es también, recuerdo, presencia y reunión, comienza de una manera didáctica con nombres fijados en las paredes de la Estación Central de Medellín ya que remiten a una manera y a un estilo: balaustrada, arquitrabe, fuste, arco de punto. También hay un telón de color blanco donde el dibujo de un horno enseña cómo se fabricaba cemento, luego en el piso, dispuesto, un arco en ladrillo, en diversos entramados de ladrillos para mostrar cómo se dispone un muro, y, en hierro, una parte de lo que fue la cúpula de un banco así como sus vitrales. También la definición, en alto relieve, en madera, quemadas otras palabras y sus diagramas, con su significación, lo cual remite a aquellos nombres de la personalísima creación de la arquitectura en sus comienzos aquí en la ciudad. Cierto, aquí en lo que ha quedado de la poderosa Estación Central de Medellín nos disponemos para entrar a este edificio de estilo renacimiento francés que si no fuera por la protesta de un puñado de estudiantes de arquitectura de la UPB, hubiera sido destruido. Seguro, aquí, en este lugar entró Horacio Marino a reparar en su estilo. Seguro por estos pasillos, el arquitecto ha caminado para reparar en algún detalle o cuando salía de viaje, así como en este día celebramos sus obras, y sobre todo su obra, su actitud ante la vida, sobre todo, su inteligencia, su talento, su talante, para celebrar que algunas de sus obras están aun en pie.

Al interior, la exposición nos ilustra acerca de un libro de Horacio Marino, el Libro del constructor, donde él expone esa manera suya de resumir los materiales que se usaban, los procedimientos técnicos y, así mismo, da una idea acerca de su magnanimidad al no dejar que esos conocimientos sean de unos pocos sino que el público tenga derecho a utilizarlos, al igual que con su otro libro, Dieciocho lecciones de fotografía.

Pero y, ese pero nos advierte sobre las obras de HM Rodríguez en este campo específico de la arquitectura donde el réquiem que había mencionado sobre sus obras está presente debido a la insensatez de los medellinenses: el Circo España, el edificio Hincapié Garcés, el Banco Alemán antioqueño, el Teatro Bolívar, el Banco Sucre, el edificio Tobón Uribe, el edificio Sierra, la Fábrica Nacional de Chocolates, así como el núcleo de ellos mismos, donde la fotografía y la arquitectura confluyeron, el edificio donde funcionaba la Fotografía Rodríguez y la oficina de HM Rodríguez  en Palacé. Es decir, parte de su obra situada en el Centro de la ciudad, ha sufrido los embates y que la destrocen, que es como decir avasallar el Centro mismo. A pesar de que a Horacio Marino se le realiza un homenaje con justicia y con amor, es el arquitecto que más ha sido golpeado con la destrucción de su obra.

Esta clase de eventos, que son muy valiosos, solo poseen la escritura y la fotografía como una suerte de protección, pero también se convierten en una especie de perfidia y reclamo, ya que comienzan toda suerte de preguntas acerca de la indolencia y la insensibilidad que preside a diversas generaciones de medellinenses, que dejaron pasar de largo la nefasta manía destructora. Por eso solo tenemos la ironía de escribir páginas inútiles y sin sosiego para la evocación de un recuerdo pertinaz, la Medellín que nunca conocimos, sino en fotografías, en periódicos o en novelas. De ahí la paradoja de acudir al lenguaje a fin de señalar sus limitaciones, ya que las palabras solo pueden describir, mostrar estos momentos. Ante esa imposibilidad, y esa barrera, queda, esa aspereza, y el desconcierto, de estar hurgando una memoria que huye cada día ante la ciudad que marcha sin sosiego dejando de lado a sus creadores, en este caso a Horacio Marino Rodríguez, como si se preparara una trampa en la que siempre caemos, así nos retrasemos, y que es el llamado progreso. Tal vez porque esas continuas traiciones, de no preservar, trasmiten la desfachatez de aquellos mecanismos sin solución que conducen a la destrucción, como algo irremediable.

De todas maneras Luis Fernando González, al liderar parte de este evento, nos libera momentáneamente  de esas traiciones y olvidos, y recobra a un artista.







Horacio Marino Rodríguez en Comfama / oct. al 29 de nov 2028



Horacio Marino Rodríguez en Comfama / 
oct. al 29 de nov 2028

sábado, 6 de octubre de 2018

HM Rodríguez en Eafit / Piedra, Papel y tijera


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HM Rodríguez en Eafit.

Piedra, Papel y tijera


Víctor Bustamante

La vida cultural de Medellín está por replantearse en sus diversos aspectos desde hace muchos años, ya que existe la costumbre de establecer procesos de cultura a un nivel muy general lo cual ha llevado a que muchos de sus personajes se dejen de lado, se excluyan por comodidad, se mencionen de soslayo, o de paso, se le otorgan una mención precipitada debido a la premura y a la tozudez de agrupar este proceso de identidad cultural en poco espacio, ya sea en algún libro, ya sea en algún video de diez minutos para establecer el formato de ligereza cultural ante espectadores de afán, cuyas vidas son un video clip. La vida cultural en Medellín casi siempre se ha impregnado desde ese  punto de vista con intelectuales, como políticos emergentes, tan apresurados, ya que ellos desfilan por las páginas de la historiografía, con sus realizaciones, y desafinan y desafían la inteligencia con sus leves definiciones, por esa razón, un campo tan lleno de presencias y riqueza cultural ha sido dejado de lado; me refiero a la arquitectura y a sus creadores, de ahí que la escasa ilustración y humanismo lleve a decir a algunas arquitectas cuando se refieren al patrimonio, como el oasis de algunas casas viejas, lo cual se extiende y entiende en términos generales a las personas, aquellas que pasan por algunos de esos edificios y no interrogan, tal impavidez es necesario derogarla y darle a esos lugares su contenido y su presencia. Interrogar la ciudad, con sus calles y edificios, así como a sus personajes, es darle el peso específico que se merece. Por ese motivo esta exposición, y las que siguen sobre Horacio Marino, llenan ese cúmulo de respuestas y aclaraciones necesarias acerca de lo que hemos sido, y es tal dimensión que de no verla se perdería el linaje de la creación en un momento muy determinado de ebullición de la ciudad.

Esta exposición, “Piedra, papel y tijera”, y las que siguen, junto a diversos eventos en versos sitios de la ciudad, se convierten en un acto de justicia, ya que se repara y se analiza el verdadero papel de Horacio Marino Rodríguez, en lo que se refiere a su vida creativa, ya fuera como editor de revistas, como escritor, como fotógrafo, ya fuera como arquitecto, ya que su presencia casi se había esfumado en medio del quehacer y el talento de sus hermanos y de sus otros familiares, por ejemplo en la fotografía ante Melitón, por ejemplo como arquitecto ante la firma MH Rodríguez y la sociedad con sus hijos.

Un acto loable, un acto irresistible, lleno de curiosidad nos acerca a su vida, a la dinámica de su universo creativo, y ese acto que lo hace aún más valioso, es el autodidactismo, ya que Horacio Marino prácticamente se hizo solo y así mismo indagó y escribió sobre esos temas. De qué manera abordó la pasión creativa que, ahora sacada a la luz pública, nos conmueve y aún más nos enternece, ya que arrojarse a los diversos campos del conocimiento y de las artes, que investigó, llevan a abordar una pregunta, de qué manera, y con qué tesón, con qué medios posibles se acercó a los campos que con los años él decidió establecer como una presencia, su presencia. Cual fue la razón que lo movió a ser un gran fotógrafo, a ser editor de revistas y por último a convertirse en arquitecto, labores que se encuentran entre lo artístico pero también con la posibilidad de ser una labor de manutención. Nunca sabremos la razón por la cual Horacio Marino cambió de actividad aunque siempre moviéndose en la parte artística, lo que sí dilucidamos después de tanto tiempo, es saber que su talento creativo aún persiste y resiste la fatal idea de progreso, definida desde la óptica del comerciante paisa que solo vive la actualidad frágil sin su historia como sustento y presencia en la ciudad, de todas las fugas.

Por ese motivo esta labor, con sus investigadores, nos cita a ver en esta exposición, algo de lo cual no deja que se pierda en la espuma del afán, la perdurabilidad de una obra.  Nunca sabremos si su constate cambio de labor, de HM, entre lo artístico y el negocio, se debió a que no se sentía cómodo cada que abandonaba uno de ellos, o si buscaba ampliar su estro creativo, lo que sí sabemos en la distancia es que este evento devuelve un Horacio Marino en toda su extensión con su talento y arrojo porque decidirse a ser arquitecto sin pasar por la universidad, es poseer arrojo y confianza, y así mismo saber que en los libros subyace el conocimiento y así, él se apropió de esos saberes en arduas jornadas de estudio, para dejar su huella en los edificios construidos que aún están en pie, pero también en las fotografías que él creo y que lo ubican como uno de los grandes fotógrafos y  además uno de sus divulgadores ya que escribió libros sobre ambos temas: Fotografía y arquitectura, sus pasiones, su indagar, su asocio y aproximación a la realidad. En ambas artes Horacio Marino nos conmueve; fue un creador total. Allí hay que buscarlo.

Esta jornada inicial lo recobra como fotógrafo, este inicio por el ductus de sus búsquedas, lo apartan de las lapidas, lo acercan al dibujo, a la pintura, y lo ubican en una labor llena de un rigor muy consustancial a la memoria: los retratos, los paisajes. Esta jornada inicial ubican a su familia, a sus quehaceres, a sus amigos, a la circunstancia del espiritismo, esta jornada inicial es la entrada a su mundo.

Meses atrás me había encontrado en la sala de periódicos de la Universidad de Antioquia con los historiadores e investigadores Juan Carlos Buriticá y Maribel Tabares, indagaban con la paciencia del alquimista en los diarios y otras publicaciones a la caza de notas de prensa, de anuncios comerciales; es decir, tras las huellas de Horacio Marino para que su historia, su quehacer no se extraviara en los meandros de nuestra indiferencia.

La exposición me deja perplejo, ya que hay reunidos diversos objetos de los Rodríguez, que provienen de diversas colecciones, y que enternecen; han permanecido en manos generosas que los han conservado `porque estos constituyen una referencia,  ya que son la presencia de ellos, trozos de su vida, ya sea los diarios, los cuadernos y sus manuscritos, los gabinetes, los sofás, por supuesto más fotografías, las tarjetas de visita, su sellos, sus diplomas, por supuesto sus libros de aprendizaje, no como simples abalorios sino que estos objetos que sirvieron para su oficio, los tuvieron cerca, fueron en su conjunto indispensables para su labor, para establecer su nombradía; los acompañaron en este proceso de dejar la memoria fotográfica de Medellín,  ya que, cada que vemos una fotografía desconocida de ellos redescubrimos la ciudad y así mismo los personajes con esa estética que nos enajena, la de ese taller fotográfico. Ahí en esos negativos de la colección de la Biblioteca Piloto subyacen unas doce mil fotografías que definió desde su óptica HM Rodríguez en su época de fotógrafo.

Además existe en esta exposición, en estos trozos y trazos arrancados al olvido y a las cenizas de nuestra indolencia ese sustrato en las creencias teosóficas que tanto persuadieron a esa familia tan valiosa en el devenir de Medellín, ya que en largas sesiones de espiritismo buscaron el equilibro, la inobjetable huida de esa sociedad que intentó acorralarlos, como perversa y rara avis, bajo la aquiescencia de la jerarquía de los purpurados, cuando en realidad el espiritismo desembocaría con los años nada menos que en el primer socialismo tamizado de punzadas de un cristianismo primitivo.

Todas las piezas aquí reunidas coinciden, todas apuntan a establecer la labor de HM Rodríguez, llegan desde diversos sitios, desde diversas personas, así se restituye su imagen, su labor, en una palabra, su presencia. Por una vía o por otra, por una indagación o una huella,  la atmosfera se impregna con la aquiescencia de los asistentes a quienes conmueve, tanto talento, tanto talante, tanto arrojo.




domingo, 30 de septiembre de 2018

Las guerras de Tuluá / Gustavo Alvarez Gardeazábal / 12 Fiesta del Libro y la Cultura / Medellín


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Las guerras de Tuluá / Gustavo Álvarez Gardeazábal

Víctor Bustamante

Hay algo, y ese algo es un aporte apreciable en Álvarez Gardeazábal, y es lo necesario y evidente cuando se escribe: expresar la cercanía con su ámbito, analizar con tesón el ser contemporáneo, y debido a esa falta de equilibro es lo que ha segado a muchos escritores en el país, por andar trastabillantes detrás de la llamada gloria de plastilina en otros ámbitos, con esos deseos de ser escritores sin obra, eso sí convirtiéndose en viajeros irredentos a diversos países del mundo, y con los premios escolares para que engrosen su llamada hoja de vida, olvidando que lo importante de un escritor es su labor, replantear su universo, contar historias, escribir; en una palabra no olvidar su labor lo demás es la enfermiza ilusión que entrega el márquetin con sus adobadas caricias en los medios.

Álvarez Gardeazábal cuando escribió Cóndores no entierran todos los días, le dio el peso que necesitada muchos años después, no frente al pelotón de fusilamiento, sino a la literatura del país que no habido sido capaz de expresar un gran relato sobre esos días tortuosos de la Violencia, a pesar de la innumerable publicación de textos, novelas y cartas sobre ese momento preciso y despreciable. Por esa razón a Gardeazábal debemos la reconstrucción de la Violencia como memoria como un estado de cosas que no se deben repetir, pero que sigue incesante con su paso y su fatalidad.

Por esa razón Tuluá posee su escritor, quien,  través de sus diversos libros la analiza, la redescubre, la piensa, se aleja un poco pero regresa a tratar de explicar por qué esa ciudad, en ese país, mantiene en vilo ese estado de cosas. No en vano existe esa frase como una sutura para algunas pero que es una realidad: describe tu mundo y expresarás el universo. El autor regresa a Tuluá, en su escritura, a través de lo inusitado: un collage de esos eventos que lo han marcado, que se le han quedado en su memoria y que él debe y quiere sacar de esa zona nunca sagrada sino de la impostergable saga despreciable que es el olvido mismo, como ajuste de cuentas, porque a Tuluá como parte de un país, es también la expresión de él. No han bastado los años violentos de la Colonia, no han bastado los trasegares de la sangre a través de los años, en Los Chancos, en la Guerra de los Mil Días, en la Violencia del 48 hasta el actual estado ya que aún Tuluá, como el resto del país,  mantiene en sus diversas formas ese apetito voraz por el desespero y la humillación de las personas que con sus actos violentos quieren definir una región.

Gardeazábal ha regresado a Tuluá con un libro a veces escueto, a veces lleno de incertidumbre, otras pleno en su creación: Las guerras de Tuluá, Unaula 2018, es así mismo la reconstrucción de la historia de esa ciudad tan cicatrizada a través de los años y de las historias que Gardeazábal cuenta les da su peso para decirnos que ese hito malvado y sucio de la Violencia en el país, siempre ha estado presente como esa ignominia fatídica, como ese atestiguar de una sucesión de historia que deparan y definen un estado de cosas: la maldad como elemento que permea el estado de calma en la vida de un pueblo.

En ese microcosmos estos relatos se suceden de una manera impertinente, donde aparecen hombres y mujeres desechados por la violencia y trasteados por la historia que a veces les otorga un brillo inmerecido debido a la letal codicia para devorarlos desde Burrigá el jefe indígena malicioso, hasta Isidro Marmolejo todos ellos pasan por la innominada situación de una vida donde la muerte es sinónimo de lo cotidiano, donde en su trasegar padecen la más desenfrenada ordalía de un destino de crueldad y silencio.

“Allí le disparó, como a tantos como él, que yo, juez de la república, sé que han matado en Tuluá, pero que debo callar si quiero seguir viviendo”. Uno de los personajes añade estas palabras, se trata de un juez, no sé si promiscuo pero si propincuo a proteger al Pollo Omar de quien está enamorado en su silencio, pero en estas palabras se expresa la crueldad del silencio como amenaza consuetudinaria, de lo contrario ya se sabrá dónde termina los que cumplen con contar lo que para unos se debe callar.

Gardeazábal, hombre de una claridad como pocos ha cumplido a cabalidad su papel como crítico, como periodista, como político, y como escritor. En su reciente libro, sabe que  ha heredado la custodia de mantener el pulso de Tuluá, en esas zonas que nunca fueron expresadas y que él saca  a la superficie, como político sabe las argucias del poder, la truculencia de esa maquinaria que va desde los establos de los centros del poder, hasta el corazón del poder mismos enjaulado en Bogotá.

 El rigor moral de Gustavo Álvarez Gardeazábal lo ha llevado a ser firme y a cuestionar lo que otros callan, pero también a padecer las diversas vicisitudes del gobierno anterior cuando aquel que se preciaba de leer el Nuevo Maquiavelo, movió hilos y distractores  para acallar de una manera llena de porfía a lo que él llamaba sus opositores, Álvarez Gardeazábal fue uno de ellos.







Las revistas flotan sobre la ciudad / 12 Fiesta del Libro y la Cultura Medellín 2018




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Algunas revistas literarias de Medellín

Víctor Bustamante

Las revistas literarias permiten que un grupo de personas que viven su primavera más elocuente, se expresen de una manera independiente, lejos del circuito comercial que, además ya está establecido para un determinado grupo de personas. Por esa razón la posibilidad de darle existencia, a este grupo de escritores es mediante una publicación determinada, de ahí que cuando las analizamos en el tiempo notamos que sus escritores en proceso  con los cuales se establecieron han dejado una huella.

Una de ellas es la revista Nadaísmo 70, expresión de ese grupo que irrumpió en el país en las década de los 60. Esta publicación aun enseña este grupo con cierta beligerancia, aun presos en la utopía, y es valiosa, en la media en que es una revista que los expresa en toda su crisis interna, producto de su madurez, cuando cada uno de ellos ya ha escogido un camino creativo determinado. Una de esas contradicciones es, cuando el nadaísmo ya no es marginal sino que ya hace parte del sistema, se ha enquistado en Bogotá. Esta publicación es provocadora con sus fotos de desnudos, con su otro concepto de belleza y, además, con algunas denuncias: una de ellas la de las masacres de Planas: el turismo para cazar indígenas en Los Llanos.
Otra revista que aun sorprende al releerla es Realidad Aparte, ya que de esta publicación hicieron parte dos escritores de Medellín: Gabriel Jame Arango, y Alonso Mejía es publicada en Nueva York en la década del 80. En esta publicación que duro unos 30 números, es notoria la interrelación de escritores de Medellín y del país, con escritores latinoamericanos lo cual permite que se conozcan poetas de otras latitudes y así también desde Nueva York se proyectan y se relacionan diversos  escritores y de poetas en esa urbe desde donde estos escritores superan la nostalgia del origen y crean una suerte de poética muy personal en el exterior.

Hay también otra revista, , de personas de Medellín en el exterior, Casa tomada dirigida por Peña Villa muy cercano a Gabriel Jaime Arango, que publicó textos de reflexión y ensayos y también textos sobre Nueva York y sus personajes en una clara obstinación de que la poesía y el ensayo conviven. Una revista dedicada a la pianista, Teresita  Gómez, resalta ese valor de ella. Su duración fue escaza de unos seis números se editaba en Nueva York a principios del 2000.

Gabriel Jaime Arango, poeta y actor, antes había trasegado con una publicación poética muy artesanal, Siglotica, de solo tres números en la década del 80, al lado de escritores que luego se proyectarían: Juan Manuel Roca, Eduardo Peláez y Gabriel Jaime Franco.
Ya buscando esa huella recalamos en Medellín, en la ciudad donde determinadas revistas de corta duración permiten que la otra ciudad literaria se exprese. Una de esas revistas es Vía Pública, 1989, dirigida por Omar Orozco, con Darío Ruiz Gómez y Cristóbal Peláez como sus colaboradores principales. En este proyecto hay  una combinación entre la presencia  de escritores de Medellín y ensayos que reflexionan sobre la ciudad, también la presencia de textos de teatro son notorios. Su duración fue de poco tiempo.

Susurros aún perdura en internet como una publicación donde se mezcla la crítica política con tendencia de izquierda y la literatura, ensayo, cuentos, pintores, análisis de aspectos de la ciudad que han pasado por sus páginas, son otra de las huellas que algunos escritores dejan. Abimael castro y José Martínez Sánchez son los líderes de este proyecto que ya se acerca a revista número 50 desde los años 2000.

La anterior revista así como Babel y Rampa dirigida por Rubén López Rodrigué, vivieron su proceso en un lugar frecuente en Medellín, Versalles, allí era fácil encontrar a los escritores cercaos a esas revistas tal vez confabulados haciendo crítica literaria en una de las mesas o muchas veces enfrascados en circunstancias sobre la escritura, eso sí con el afamado amor por la escritura, como el deseo de inicialmente ser rebeldes hasta llegar a cristalizar poco a poco una obra.

Mascaluna ha trasegado de una manera intermitente por estas calles con sus páginas también donde la poesía y el cuento  permanecen siempre con la atildada presencia de sus dos animadores Cesar Herrera y Everardo Rendón, escritores que reflexionan sobre ese que hacer desde los años 90.


Quitasol Hace referencia al cerro tutelar de Bello, es la revista más relevante de esa ciudad y su persistencia enaltece la actividad de un puñado de escritores como Felipe Díaz, Berenice Pineda, Arnubio Roldan y Ángela Saldarriaga. Poetas y escritores enfrascados en no dejar que Bello quede como una presencia fantasmal con sus malas leyendas, sino que ellos con sus actividades en el cerro del Ángel, le dan lustre a los poetas, y  otros menesteres intelectuales, del municipio con otra revista del Centro de historia Huellas, que dan razón de que allí también algo se piensa.

Otra de las revistas de la ciudad es La musa sonámbula que es dirigida por Mario Sánchez, Gustavo Zuluaga y Pablo Quintero, vinculados con el mundo intelectual de la ciudad desde diversos aspectos: la poesía, la librería y el mundo editorial. La revista posee un carácter muy personal con sus carátulas de ninfas algo desoladas pero donde centellea su erotismo. Aquí se reitera la publicación de textos perdidos de escritores reconocidos, así como la poesía y el ensayo. Aquí existe una persona que es el eje de esa trama literaria, Gustavo Zuluaga, que ha dirigido la revista Imago la cual combina escritores de Copacabana con poetas de renombre nivel nacional. También Gustavo a participa en una revista de poesía Otras voces.

También en el 92, Mauro Peña, Alejandro Suarez y Orlando Barrientos deciden crear Auriga una revista de corta duración de cada uno bucea en sus afinidades electivas en poesía y en novela como en el caso de Alejandro en novela y el de Mauro en poesía. Eso si con aspectos contradictores donde salen Jean Genet y Rafael Pombo.
Hay además una revista que llega cuando se encuentra con su director Iván Graciano Morelo que es La Tagua, donde se publican poemas y textos cortos, una suerte de mini cuentos también, que le han dado cierto carácter a este plegable.
Poética es la publicación de Edgar Trejos y Cecilia Muñoz, dedicada a la poesía y el ensayo preferentemente literario, ellos han persistido con esta revista desde hace varios años, hasta adquirir Edgar un connotado nombre ya como poeta lo mismo que Cecilia. Esta revista esta asociada a La casa de poesía Porfirio Barba Jacob.

El Gaviero es un proyecto de un periódico literario y educativo en formato de periódico que ha trasegad por la poesía, el ensayo la reflexión sobre la ciudad. Sus responsables son Carlos Mario Garcés, Óscar Ruiz y Jaime Pérez.

Cada una de estas revistas, la que persisten, aun retan a las nuevas tecnologías, ellas aún se publican en papel, y además llegan por el correo de las brujas que es ese encuentro con las diversas cofradías de escritores de la ciudad. Así mismo son la expresión de otra manera de hacer literatura, aquella que aún mantiene ardiendo sus utopías y sus sueños.


martes, 25 de septiembre de 2018

Verbena de Poesía 2018 / 12 Fiesta del Libro y la Cultura / Medellín


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Verbena de Poesía
11 de septiembre año 2018
5 de la tarde
Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín

 La poesía es un acto de libertad incuestionable, un día como hoy un proyecto político libertario, al menos lleno de esperanzas fue truncado por la intolerancia y diezmadas las fuerzas de la ilusión y convivencia. Me refiero al gobierno del presidente Allende, donde se inicia diez y siete años de atroz dictadura militar y donde se pierden cantidad de poetas y cantautores. Hoy desde muestra humilde pero digna condición de escritores nuestro más sentido homenaje por esos héroes poetas y amigos de la cultura, que aún conservan sus ímpetus por echar sus cometas al viento.
Los poetas que hoy presentamos son parte del legado cultural de la ciudad, han estado en diversos escenarios desde diferentes posturas han defendido la poesía y siguen siendo una muestra de nuestra capacidad creadora y de la audacia de der poetas en épocas de penuria. 

Carolina Vásquez.
Desde muy niña resolvió rayar cuadernos y hacer versos. Está terminando Comunicación Social, locutora coequipera del programa Taller de Luna, programa Radio  de la Universidad Nacional, junto con Fernando Cuartas, poeta e historiador. Ha participado en diversos proyectos culturales donde el cuerpo y la poesía se manifiestan como un todo organice vital. Nacida en entornos tradicionalistas, conservadores y agobiantes, ha logrado crear su propio mundo poético, desde el rescate de lo nimio y sencillo como flores perdidas, en lenguaje de  la brea y el asfalto, hasta hacer reflexione sobre el movimiento del mundo, en un sentido amoroso de compenetración con la creación diaria. Sensualista y matérica, su obras está entre lo erótico y un canto profundo a lo natural, a la desnudez sin artificios.

José Daniel Segura Muñoz.
Poeta nacido en la Otra banda del Río Aburrá, gestor cultural en la comuna Seis de Medellín, pertenece  al grupo cultural CITIBUNDAS, sobre literatura y cultura Urbana. Ha liderado programas educativos y taller literario en la comunidad de Lovaina, barrio Pérez Triana. Ha participado en lectura de sus poemas en varios eventos públicos en los barrios de la ciudad, en una acción de visibilizar el patrimonio cultural de nuestras comunidades barriales.

Lucia Agudelo Montoya.
Socióloga que ha puesto su pasión en el teatro y en la poesía de corte dramático, contundente y audaz. Su arte es una manera de vivir, no en el sentido de negocio o de trafico bursátil, por lo contrario desde la Barca de Los Locos, con su compañero Bernardo Ángel se han convertido en una expresión libertaria de teatro callejero con miles de vicisitudes. Actriz de una vehemencia sin igual, constate y disciplinada, ha logrado mantener el legado de su versátil y ahora extinto compañero. Sus palabras se asumen como un anarquismo poético, una herida hecha con palabras, d fustiga contra la comodidad de los artistas y contra lo adecenado de algunas prácticas culturales.

José Mario Sánchez Henao. 
Poeta de vocación. Docente de profesión. Crítico. Miembro del comité editorial y fundador  de varias publicaciones como la revista deshora, el periódico El gaviero,  La revista literaria la musa sonámbula. Ha sido miembro de la tertulia del Jardín botánico junto a José Manuel Arango y por varios años participó del taller de poesía de X-504 en la Biblioteca Publica Piloto. Hizo parte del programa Defensa de la palabra de la emisora cultural Universidad de Antioquia. Autor del libro La sombra de Erato que saldrá próximamente.

Ana Castañeda
La historia le ha dado un valor entrañable por la tierra, de hecho su trabajo se he centrado en la etno-educación y en convivencias con grupos indígenas en el Cauca. Egresada de la Universidad Nacional en su trabajo ha sido una defensora de los derechos humanos, pertenece como activa participante del proyecto de la Comunidad Nudista “Otro Cuento” la desnudez como una práctica no siempre en contextos sexuales. Tiene un proyecto de pan coger agronomía sana en la comuna nororiental de  Medellín. Poeta y narradora, con libros inéditos que ha hecho circular por las redes sociales.

Gloria Hincapié Zabala
Medellín 1961, licenciada en español y literatura. Artista plástica que ha hecho una larga trayectoria con el collage. en gloria existe una vocación de serenidad, su dulce vos, nos lleva a viajes por su mundo interior, a trastocar realidades, tal como un collage verbal inventando formas a partir de los fragmentos de la realidad. habitante de un mundo onírico personal cual residente en la noche preparando sus fugas con la luna.
Publicaciones en antologías poéticas: Madame destino, 2004. Memorias del encuentro de mujeres poetas, 2011 y 2012, genealogía de los susurros, 2014. burla y fervor, 2015. Encuentro de poetas Comfenalco Antioquia, 2016 y 2017. Libros publicados: Tejido de silencios , 2003. Frida Kahlo o un Hilo de luna, 2010.Teatro creativo, 2014.

Juan David López
Artista plástico de fuertes trazos y mirada incisiva. Acucioso con sus propios textos, vehemente y empecinado, se ve en sus páginas una tarea de  buril con las palabras. Combina artes y literatura, dibujo y performance, sus libros tienen una inmensa carga urbana.
Como poeta. Ha publicado dos libros, el primero de ellos "Antorcha herida de luz" en 2015 el cual asumió su propia edición y publicación. El Segundo y más reciente llamado "AVE In-Naciente", 2016 con Fallidos Editores. Ha publicado poemas inéditos actualmente en la Revista Lunario y en Revista Esfera, -quien ha traducido sus poemas al portugués-. Ha participado en festivales y ediciones en Colombia, Ecuador, Perú, España y Portugal. Además es Artista Plástico y su obra ha tenido relieve en la revista Punto Seguido y en revista Lunario.


lunes, 24 de septiembre de 2018

Conferencia sobre libros leídos / Francisco Velásquez Gallego




 







Conferencia sobre libros leídos

Francisco Velásquez Gallego


DESDE HOY UN ARTISTA SERÁ JUZGADO SÓLO 
POR LA RESONANCIA DE SU SOLEDAD 
O LA FUERZA DE SU DESESPERACION. 
CYRIL CONNOLLY. “Para una tumba sin sosiego”

La lectura es un acto solitario que afirma certezas, ilimitadas, sobre el universo y sus enfermedades.
Y permite reinterpretar la creación cuasi divina del autor de un texto determinado, para transitar este pasar-por-el-mundo con toda la complejidad que implica.
Uno leyendo afronta la desolación humana que es la existencia. Y por eso son importantes el arte y la literatura porque con ellas entendemos que las perturbaciones que se nos presentan pueden clarificarse más en el transcurrir de lo cotidiano.
Vengo en calidad de lector y lo soy porque pasé la mayor parte de mi vida pegado de afortunadas obras literarias, siempre bien asesorado por amigos escritores y diletantes de todos los tamaños y sabores… 
Por eso estoy acá para comentarles impresiones acerca de la condición de leedor de literatura y otras publicaciones varias, como las del oficio que escogí, el periodismo.
En cuestiones de libros no hay uno mejor que otro, son distintos. Demasiado escasos los buenos; y mucha especulación mercantilista para imponer los gustos de impresores, los del común. Aunque puede afirmarse que el libro es un hallazgo tan trascendente que en cualquier volumen por malo que sea alguna cosa importante puede encontrarse.
El libro de acuerdo con Umberto Eco es como una cuchara, un martillo, la rueda, unas tijeras que una vez inventados ya quedó descubierto para toda la vida, y nunca desaparecerá, y no se puede hacer nada mejor. Es posible que adquiera otras dimensiones y modos de relacionarse con nosotros, pero es inevitable que su duración será tan concreta como la de toda la humanidad, hasta el momento que desaparezcamos para siempre.
Se quiere rescatar a través de la memoria cada fragmento de vida que vuelve a nuestra mente, por más indigno o doloroso que sea. Y la única manera de hacerlo es fijarlo con la escritura. La literatura por ello consigue enfrentar la indiferencia de hoy en esta sociedad contemporánea cada vez más banalizada y consumerista.

Desde esta perspectiva lo mejor es recordar los libros que han influido en una experiencia vital respecto a la cualidad de haber sido objetos de transformación en las consideraciones individuales sobre la vida y el arte.
En estos tiempos sobreabundantes de información globalizada a través del internet y del espectáculo farandulero montado alrededor de la literatura, las artes y los deportes, así como de los hechos cotidianos elaborados en los medios de comunicación, se impone la necesidad de criterios más elevados para discernir la importancia de los clásicos auténticos que hoy perviven ya demostradas sus dotes de creadores incomparables.
Por ello en las wikipedias y publicaciones de libros de las editoriales existen miles de listados que se aproximan pero no disciernen por qué la mayoría de los libros mencionados han devenido en clásicos. Así que todos sabemos, cuando hemos sido buenos lectores, que hay mucho libro quizá la mayoría que se desvanecen en el tiempo y unos grandes y más bien pocos que cada día se convalidan más en su esplendor y trascendencia.
Me interesa resaltar hoy autores con obras magistrales. Dejaré   de mencionar muchos que lo merecen y demasiados que para fortuna no cuentan con mi beneplácito.
Voy a hablar sólo de algunos, claro que no están todos, de los escritores que me han trastornado, modificado, lacerado el espíritu, lastrado mi alma, herido, cicatrizado el corazón, en fin que me han dejado una ralladura de por vida. Porque no acepto sino al escritor que puede hacerme doler con su manera de mostrarme lo que es la existencia humana y el comportamiento de quienes habitamos el planeta.
Helos aquí: 
Lawrence Durell y el Cuarteto de Alejandría. Durell se planteó una forma narrativa singular: tres elementos de espacio y uno de tiempo y en cuatro tomos logra la versión de la misma realidad por cada uno de sus protagonistas principales o sea que cada punto de vista contribuye a esclarecer más esa historia maravillosa de un tema que recorre toda su dimensión  expresiva: el desgarramiento del amor.
A través de Justine, Baltazar, Mountolive y Clea, crea el universo más esplendoroso sobre las vicisitudes del amor presente en cada relación de las personas, ambientada en días vinculados con la segunda guerra mundial.
Malcom Lowry con Bajo el volcán nos lleva al infierno contemporáneo, mediante una escritura desgarrada y compartida con el alcohol que es el acompañante necesario para esta suerte de purgación mental, comparable a un nuevo descendimiento a los interiores de la tierra para mostrar la desolación de Geoffrey Firmin, un funcionario de un gobierno extranjero en una tierra tan extraña pero tan inevitable como es el México del día de los muertos. (En 1938).
Lowry quien casi pierde los originales en un incendio de su cabaña en Dollarton, Vancouver, Canadá debió reescribir este clásico del siglo 20 para complacer editores porque en su tiempo su temática era impublicable para el gusto equivocado de la época. El mismo autor dice sobre su novela:
"Puede considerarse como una especie de sinfonía, o, en otro sentido, como una especie de ópera, y hasta como una película de vaqueros. Es música hot, un poema, una canción, una tragedia, una comedia, una farsa, etcétera. Es superficial, profunda, entretenida y aburrida, según el gusto del lector. Es una profecía, una advertencia política, un criptograma, una película cómica, unas palabras escritas en un muro. Puede considerarse también como una especie de máquina... En el caso de que usted piense que he hecho cualquier cosa menos una novela, es mejor que le diga que en el fondo mi intención era la de escribir, aunque sea yo quien tenga que decirlo, una novela profundamente seria. Pero también es, y lo sostengo, una obra de arte, en cierto modo distinta a lo que usted creía, y también mejor lograda, siempre de acuerdo con sus propias leyes".
La acción que transcurre en una jornada quiere lograr el reencuentro del cónsul británico con su esposa pero ya el alcohol esta apoderado de su alma y termina en un repugnante lugar donde es asesinado de modo vulgar y miserable. Cuando recibe numerosos disparos tiene tiempo de exclamar:
“Qué manera más sórdida de morir”. 
Ese viaje dantesco que los humanos debemos ver, desde la marginalidad de espíritus críticos, frente al momento que vivimos de tanto desafuero por el ánimo capitalista de la ganancia a costillas del trabajo del resto de las fichas carnetizadas en que nos han convertido en el sistema.
 “Vivió de día, bebió de noche y murió tocando el ukelele”. Es el epitafio escogido por el propio escritor para su tumba sin nombre. Y en su poesía reflejaba sufridamente ese infierno alcoholizado que le daba vida.

Ilustro con dos de sus poemas:

SIN TIEMPO DE PARARSE A PENSAR

La única esperanza es el próximo trago.
Si te apetece, puedes dar un paseo
Sin tiempo para pararse a pensar, 
La única esperanza es el próximo trago.
Inútil titubear en el límite,
Peor que inútil todo este hablar.
La única esperanza es el próximo trago.  
Si te apetece, puedes dar un paseo.

y
Oración para borrachos
Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados;
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.


Reitero que estoy mencionándoles libros y autores que estoy seguro que podrán tomar en sus manos y jamás se arrepentirán de haberlo hecho. Son autores con los que va uno a la fija porque todos son ejemplos evidentes de un gran creador con una obra acabada y de trascendencia inevitable.
Debo proseguir con personajes como Henry Miller y sus trópicos, pero sobre todo con sus ensayos como El coloso de Marussi que son demostración de la denuncia vital a la hipocresía de la sociedad capitalista, particularizada en los Estados Unidos donde padeció los insondables languidecimientos de la tristeza y el despojo universales. Que además influencia a los beatniks, escritores subterráneos como Jack kerouac y Alen Ginsberg quienes propician una respuesta generacional a la lucha contra las instituciones gringas y que son fermento de la acción contra las guerras, la de Vietnam que se constituyó en la primera derrota al ejército imperial.
Faulkner y su paulatina degradación tanto del hombre como de la naturaleza, lo que se observa en toda su obra.
THOMAS MANN la montaña mágica. El canto disección de la enfermedad que consciente la búsqueda del amor y la sabiduría. Y los ensayos de la Sontag esa gran escritora de Estados Unidos con sus famosas “la enfermedad y sus metáforas” donde cuenta como venció un cáncer, y “el sida y sus metáforas”. 
La montaña mágica es considerada la novela más importante de su autor. Comenzó a escribirla a raíz de una visita a su esposa en el Sanatorio Wald de Davos en Suiza en el que se encontraba internada. La obra narra la estancia de su protagonista principal, el joven Hans Castorp, en un sanatorio de los Alpes al que había llegado como visitante. Introduce reflexiones sobre los temas más variados, tanto a cargo del narrador enamorado de Claudia Chauchat como de los personajes (especialmente leo Naphta y Settembrini, los encargados de la educación del protagonista). Entre estos temas ocupa un lugar preponderante el del tiempo hasta el punto de que el propio autor la calificó de "novela del tiempo", pero también se dedican muchas páginas a discutir sobre la enfermedad, la muerte, la estética, la política, etc. Se ha considerado un fresco sobre la decadencia del modo de vida de la burguesía europea antes de la primera guerra mundial.
John Updike Corre conejo. Cortejando a la cónyuge. Son una serie de relatos ocurridos desde 1960 con su protagonista Harry Rabbit Angstrom. A través de él expresa sus opiniones sobre los problemas de la sociedad norteamericana contemporánea, una sociedad que, según Updike, encuentra en el cine y la religión dos vías de escape. 
Escritor prolífico y no olvido un cuento maravilloso “cortejando a la cónyuge” que es el monólogo de un esposo abatido por la rutina y que encuentra regocijo al ver una forma de cruzar las piernas de su esposa en trance de seducción.
Saul Bellow. Herzog es un viejo loco, narcisista, masoquista y anacrónico, con una “larga enfermedad, mi vida”. Un escritor judío complacido en reflexionar la sociedad que enmarca su vida con una prosa devastadora y humana, con despojos lacerantes de su existir,
“Al hacer un resumen de sí mismo, reconoció que había sido, por dos veces, un mal esposo. A Daisy, su primera esposa, la había tratado miserablemente. Madeleine, su segunda mujer, había intentado manejarlo. Para su hijo y su hija era un padre cariñoso pero malo. Y para su país, era un ciudadano indiferente. A sus hermanos y a su hermana los trataba con afecto pero se mantenía muy aparte de ellos. Para sus amigos, era un egoísta. En cuanto al amor, era un perezoso. En cuanto a la brillantez, era un hombre apagado. Ante el poder, pasivo. Y respecto a su propia alma, tomaba una actitud evasiva”. Y sin embargo que encantador era.

Y todo ese transcurrir apegado al concepto de la muerte, un terror infantil que sufría para verse obligado a tomar su vida de la manera que lo hizo. Todo rematado en esta sensitiva frase: “Cuelga de una estrella tu agonía”

Debo terminar con mención a algunos de los escritores latinoamericanos que han ocupado mis lecturas:

Juan Carlos Onetti, la vida breve. Comparto lo que dice Vargas Llosa, que “es uno de los grandes escritores modernos, y no sólo de América Latina. "Es un escritor enormemente original, coherente; su mundo es un universo de un pesimismo que supera gracias a la literatura".
La vida breve (1950) es la novela más importante y conocida del escritor uruguayo, cuya acción se desarrolla, básicamente, entre Buenos Aires y la mítica Santa María — ciudad ficticia y cuasi onírica en la que transcurren, también, "El astillero" (1961) y Juntacadáveres" (1964).
El protagonista de esta novela es Juan María Brausen, quien se escapa de su realidad creando otra en la que acabará metiéndose, a través de la desolación más congruente que he leído jamás.
En Argentina es predominante Jorge Luis Borges con Julio Cortázar, Felisberto Hernández, Ernesto Sábato y Leopoldo Marechal, muy desconocido, pero de grandiosa significación literaria. Su novela Adán Buenosayres es escrita con el rigor de la gran novelística universal y el séptimo y último libro de la obra el "Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia", es ni más ni menos que una parodia del Infierno de La Divina Comedia del Dante Alighieri.
Y en nuestra sangrada Colombia merece recordarse al Nobel 1982 Gabriel García Márquez y de otra manera el Germán Espinosa de La tejedora de coronas que son las remembranzas de Genoveva Alcocer, en la Cartagena del siglo 18, época de apasionadas búsquedas, ebullición intelectual y grandes transformaciones. Genoveva es una criolla aventurera, visionaria y lúcida que parte de su tierra natal a recorrer el mundo y a participar de la rebeldía y la emancipación propias del siglo de las luces.
Finalizo con el discutido Mario Vargas Llosa y en general toda su novelística, aunque le duele a uno tanta estulticia en el carácter crítico respecto al avance del humanismo por sobre la explotación del hombre por el hombre. Pero existen de sus creaciones, por ejemplo, Travesuras de la niña mala, que son verdaderas piezas creativas de ingeniosidad y sabrosura sin iguales.


Francisco Velásquez Gallego
Abril 14 del 2011