sábado, 24 de octubre de 2026

HISTORIA Y PATRIMONIO / Darío Ruiz Gómez

 

Jacques Rhalechi



HISTORIA Y PATRIMONIO

Darío Ruiz Gómez

¿Qué sucede cuando una obra se saca de un Museo? Se pregunta una militante petrista ante lo que está sucediendo en el Museo Nacional después de que por orden de la Ministra de Cultura se sacaran afiches, objetos del M19, propuestas de paz de las FARCEP, etc. Se olvidó que el actual Director del Museo al  incluir estos objetos de guerra, estos afiches de propaganda, abrió las puertas del Museo para “que comenzaran a entrar los vientos del Pacífico” Recuérdese que la cultura petrista se tomó la Radio Nacional y suprimió los programas sobre música clásica, sobre nuestros grandes compositores “blancos” y nos puso a escuchar “música del Pacífico” y  convirtió la opinión en insultos personales. La llamada “descolonización” de museos,  se inició en Colombia con el fin de borrar la huella del “maldito español” que “solo vino a violar indígenas y robarse el oro” ¿Cómo permitir que en un parque bogotano estuviera la estatua de un “depredador” como Gonzalo Jiménez de Quesada? ¿No intentaron destruir las maravillosas pinturas de Efraín Martínez y eliminar al llamado por ellos “el Popayán de la raza blanca” bajo esta ideología de la cancelación.? ¿Cuántas cabezas de Belalcázar alcanzaron a cortar? Es un axioma que cada grupo político que llega al poder lo primero que hace es  eliminar los valores de la historia vigente e imponer su acomodada versión de la historia. ¿Conspirando hasta apoderarse del Museo de la Memoria no se han dedicado a exaltar los verdugos y desconocer a las víctimas? ¿ No censuraron los textos de Liévano Aguirre, de Jaime Uribe y asesinaron a Jesús Bejarano?

¿El concepto de patrimonio que Emma y Teresa Cuervo  incorporaron para dar identidad al Museo Nacional  y en el  cual el planteamiento de la obra plástica en la historia que hizo Beatriz González, sirvió para recordar que tanto la pintura, la escultura así como el artista existen por encima  de la política cuando precisamente se sabe distinguir entre arte y propaganda. “Sabemos, recuerda Marx, que en Grecia imperó la esclavitud pero lo que tenemos qué preguntarnos es porque esas obras siguen despertando nuestra admiración” El entonces Ministro Correa fue a Puerto Rellena en Cali, calificado como lugar de una gloriosa asonada popular y declaró como Monumento Nacional un mamarracho que según sus Comisarios de Cultura representaba el modelo de arte “del pueblo”.  Existen los museos de la Memoria, el Colonial que estuvo en peligro de ser quemado por los indigenistas, etc. Si a Álvaro Medina le debemos un estudio sobre la pintura a partir de la revolución en marcha de López Pumarejo, rigor, visión en la historia con más que sorpresa se nos acaba de  presentar  bajo  la estética  del petrismo que la nueva  curadora del Museo Nacional es Aída Avella, quien cuando la cámara la enfoca  con voz falsamente doliente protesta porque están censurando “nuestra historia” y lo hace mirando en enfrente del Museo los escudos de niños que han traído sus seguidores enfurecidos que de inmediato se entregan a los disturbios.

En apoyo a esta agitadora, insólitamente aparece el  unánime respaldo de todos los museos de Arte Moderno al arte estalinista  con lo  cual dan licencia al wockepetrismo para que censure en los museos a los artistas reaccionarios y se coloquen los retratos de los jefes de las FARCEP.  ¿Qué memoria hay que defender, la que han tratado de imponer los victimarios o las de las víctimas que estos museos totalitarios tratan de mantener en las nieblas del olvido? La batalla cultural la comenzó el petrismo cuando impuso su impostado concepto de cultura  afrosdescendiente, indígena, mestizos  excluyendo “la cultura blanca” ¿No  demandó una pintora peruana al Museo del Prado porque en  colección de la pintura del Renacimiento, el Barroco, Goya, Velásquez, Boticelli, Brueghel, etc. no había sido incluida ninguna pintora negra o indígena de Latinoamérica?

 

 

 

DE ANDRÉS Y GONZALO / Juan Fernando Uribe Duque

 

DE ANDRÉS Y GONZALO

 Juan Fernando Uribe Duque

Ni Andrés Caicedo ni Gonzalo Arango fueron mártires o víctimas de sus propios demonios, fueron dos artistas que compartieron una épica coyuntural y que cada uno de acuerdo a su sensibilidad y talento, plasmaron o al menos lo intentaron, una actitud ante la vida, ante el mundo y ante su época. Definirlos moralmente como si hubieran sucumbido a sus propios demonios, a sus enfermedades y desafueros, no debe ser del talante de un académico que se supone vela por la conservación de la cultura literaria del país como es el actual director del Instituto Caro y Cuervo.

Si bien Andrés manejaba estados de ánimo cambiantes y una, al parecer, terrible drogadicción, ello no obsta para demeritar su obra maravillosa y al igual que Gonzalo, iconoclasta y efusivo contestatario, líder de una turba de adolescentes magníficos y bullosos que con los años devinieron en publicistas, y algunos de ellos en magníficos poetas, la presencia de ambos en el parnaso colombiano no deja de ocupar un sitial señalado para una juventud que logró cambiar el sombrero y las cargaderas, por la melena y la lira que aun hace estremecer a las élites y a los políticos que han encharcado de sangre a Colombia.

Todo en su lugar, y no es cuestión de condenar o suponer otro destino mejor para esos corazones y esas ardentías que lograron fugarse de los determinantes culturales de una época convulsa, más en un país que como en el nuestro expresar  “No somos católicos porque Dios hace quince días que no se afeita” fue un sacrilegio, o que el deambular por la ciudad envuelto en un delicioso sopor  de salsa, rock y marihuana se convirtiera en esa magia de película como si  se viviera la mejor de las escenas de Passolini o una pesadilla de Hitchcock en el caso de Andrés, mientras ambos cantaban un himno a la ciudad que también los cautivó cuando exclamaron “Cali calabozo, aparta de mí este cáliz”

Artistas como Andrés y Gonzalo, sensibles, creativos, inteligentes y comprometidos hasta el suicidio, son los que está patria adolorida necesita como prueba de que no es en el lenguaje de la guerra donde se encontrará la redención y el abrazo que tanto necesitamos, pero sí en el amor, ese indómito sentimiento que tan difícil se nos hace comprender, y ante el cual caen como ángeles empantanados todos los dioses vencidos.

QUÉ ME PASA CON LOS BEATLES / Juan Fernando Uribe

 

QUÉ ME PASA CON LOS BEATLES

Juan Fernando Uribe

Para mí son los más grandes, pues ese gusto y esa belleza hacen parte fundamental de mi vida, desde lo más profundo, produciéndome una alegría y un bienestar tales, que todo parece pasar a un segundo plano cuando escucho sus canciones, el mundo se detiene y  cierro los ojos para degustar con todo mi cuerpo, mi historia y mis sentimientos más íntimos, la irradiación de esa magia que solo entre ellos se produjo, y que día a día me conmueve y hechiza.

Su obra, si se quiere extensa dada su vitalidad, su maestría y su ternura, es plena en sobresaltos y arrebatos de una fuerza avasalladora que te lleva entre ensueños y gracejos previos a la danza, a cantar y sonreir; te inducen a tocar la guitarra y a explorar esas armonías sorprendentes que partieron en dos la música popular y que le dan un carácter que solo aparece cada mil años en ese cielo de estrellas que por su luz e incandescencia los hace  eternos, inmortales, únicos.

Muy extraño en verdad.

Los Fabulosos de Liverpool, definitivamente son los mejores.

 

viernes, 16 de octubre de 2026

LA HISTORIA ES HOY / Darío Ruiz Gómez



 

Jacques Rhalechi

LA HISTORIA ES HOY

Darío Ruiz Gómez

Cada día nos sorprenden los medios de comunicación con nuevos escándalos del gobierno Petro presentados desafortunadamente como un folletín donde el suspenso tiene como finalidad mantener en ascuas nuestra atención. ¿Matará Caín a su hermano Abel? ¿Caerá por fin en manos de la justicia el exMinistro Jaramillo uno de los más malos de este relato postergado?  Lo que constituye una grave información a analizar sobre la degradación de unos personajes, algunos medios de información la están desvirtuando mediante una romantización de estas infamias, con edulcoradas crónicas donde el político incriminado por  un delito de peculado o prevaricato se nos quiere  mostrar no como el delincuente que es sino como  un equivocado  “hombre del pueblo”. La justicia del petrismo ha sabido astutamente explotar esta romantización cuando se trata de enjuiciar a uno de los suyos. ¡Pobre Ramón González que en lugar de estar en su país disfrutando de su jubilación en una hermosa mansión la justicia universal lo tiene corriendo por el mundo como un apátrida!   ¿Será la Alcocer una princesa Zenú que baila cumbia y la denunciante española su antigua consejera una  colonialista  cuya misión es llevarla esposada a una mazmorra de Cádiz? Todavía en algunas universidades, institutos de Cultura esta versión edulcorada de la historia enfocada  desde un punto de vista sentimental donde el español es el malo y las princesas indígenas las heroínas, se da  como la versión “descolonizada” de la historia de Colombia. Pero  lo que la realidad del país nos está descubriendo  de este cuatrienio horroroso  es que al conocer  cada día la verdad sobre   lo que supone el mayor atropello que contra la civilización se ha cometido en la historia de América Latina estamos frente a algo sucio, obsceno que aunque quisiéramos eludir ya no podemos hacerlo. Y es aquí donde como solicitaba Ortega y Gasset debemos hacer el esfuerzo de volver a los reclamos críticas de la razón y reflexionar estos hechos como seres razonables. La tortura. 

Al llamar a juicio a Maduro y Cilia la justicia Norteamericana lo ha hecho esta vez para recordarles lo que significa una  atrocidad como la tortura. Montaigne dedica a la tortura una desgarrada reflexión ante estos sufrimientos elaborados por la maldad humana, los lentos desmembramientos, el potro donde se iba jalando de las cadenas hasta destrozar el cuerpo en medio de los gritos de los torturados en las mazmorras donde los gobiernos tiránicos siguen pretendiendo silenciar las voces contrarias como en la Venezuela de Maduro y la Colombia de Timochenko. Acabo de recordar que la violencia de los años 50 llegó a superar cualquier imaginación posible acerca de la tortura, la desmembración de cuerpos, las mutilaciones en 300. 000 víctimas. Y que por lo tanto ya habíamos superado un horror que nos sigue presentando como la sociedad más cruel cuando la persistencia en la tortura, en el descuartizamiento de niños, los shocks eléctricos se han mantenido como un desafío de la monstruosidad salida del inframundo en el caso de las FARC, del ELN justificadas por pensadores y profetas progresistas y esto es lo terrible, por la corrupción moral del hombre común. ¿Cómo puede un sacerdote o un profesor justificar que durante meses se torture a una comunidad indígena en el Chocó manteniéndola aislada, negándole salud y alimentación mientras vuelan por los aires una madre indígena y su hijo al pisar una mina? Vuelvo entonces a recordar en este lastimoso caso de la ceguera de la justicia en Colombia que en los Juicios de Nuremberg no solo se condenó a muerte y a cadena perpetua a los desalmados jerarcas nazis, sino que igualmente se condenó a jueces, magistrados, funcionarios de justicia por su implícita complicidad en un desastre moral como el que padeció el pueblo alemán y hoy padece la sociedad en Colombia.



CAROLINA DE GÜNDERRODE: EL AMOR, LA POESÍA Y LA MUERTE

 


CAROLINA DE GÜNDERRODE: EL AMOR, LA POESÍA Y LA MUERTE

Carolina de Günderrode nació el 11 de febrero de 1780 en Karlsruhe, Alemania, y murió el 26 de julio de 1806, a los veintiséis años, en Winkel, a orillas del Rin. Su breve existencia transcurrió en una época de profundas transformaciones intelectuales, cuando el romanticismo alemán buscaba establecer nuevas relaciones entre la poesía, la filosofía, la naturaleza y el espíritu humano. Sin embargo, durante mucho tiempo su nombre estuvo asociado principalmente a su muerte y a sus relaciones sentimentales, mientras su obra literaria permanecía en un segundo plano.

Hija de una familia aristocrática, perdió a su padre cuando todavía era niña. En 1797 ingresó en una fundación protestante para mujeres de la nobleza en Fráncfort del Meno, institución que le proporcionaba seguridad material, pero cuya vida reglamentada resultaba difícil para una joven que aspiraba a una existencia independiente. Allí cultivó sus lecturas y sus intereses filosóficos y literarios. Estudió historia, mitología y pensamiento antiguo, y encontró en la escritura una forma de explorar las preguntas que la acompañaban: el sentido de la existencia, la relación entre el amor y la muerte, la libertad individual y la posibilidad de superar los límites de la condición humana.

Su formación estuvo marcada por Goethe, Herder, Novalis, Schelling y otros representantes del pensamiento alemán de su tiempo. También se interesó por la filosofía de Heráclito y Plotino, y por las antiguas tradiciones mitológicas. Estas influencias contribuyeron a una poesía en la que el amor no aparece solamente como una experiencia sentimental, sino como una fuerza capaz de unir aquello que la existencia mantiene separado.

Carolina publicó Poemas y fantasías (Gedichte und Phantasien, 1804) y Fragmentos poéticos (Poetische Fragmente, 1805), utilizando el seudónimo de Tian. Escribió también obras dramáticas y textos en prosa de contenido filosófico. Su proyecto literario era ambicioso: reunir en una misma expresión la reflexión, la imaginación mitológica y la emoción poética.

Entre sus amistades destacó Bettina Brentano, posteriormente conocida como Bettina von Arnim, quien conservó su recuerdo en el libro Die Günderode, publicado en 1840. Aquella amistad reunió a dos mujeres de temperamentos diferentes, vinculadas por su interés por la literatura y por una vida intelectual que desbordaba las convenciones de su época.

En 1804 Carolina conoció al filólogo Friedrich Creuzer, con quien mantuvo una relación amorosa e intelectual. Creuzer estaba casado y, después de un prolongado conflicto personal, decidió poner fin a aquella relación. Poco después, Carolina se quitó la vida junto al Rin. Su muerte contribuyó a convertirla en una figura legendaria del romanticismo, pero también favoreció una lectura de su poesía excesivamente subordinada a su biografía.

Conviene, por tanto, regresar a sus versos sin reducirlos a un presagio de su destino. En ellos encontramos una voz que interroga la naturaleza del amor, la insuficiencia de las alegrías pasajeras, el poder de los sueños y el deseo de alcanzar una unidad que la vida cotidiana parece negar. Su poesía no se limita a lamentar una pérdida: busca comprender por qué el ser humano, aun rodeado de belleza, continúa deseando algo que se encuentra más allá de su alcance.

Los tres poemas que presentamos permiten acercarse a distintas manifestaciones de esa búsqueda. En El beso en sueños, la noche se convierte en refugio de una felicidad inaccesible durante el día. En Amor por todas partes, ni siquiera el descenso al reino de los muertos consigue escapar a la fuerza del amor. Y en El único lamento, la pérdida de un ser amado revela la imposibilidad de sustituir una experiencia irrepetible.

Más de dos siglos después de su muerte, Carolina de Günderrode merece ser leída no solamente como una figura trágica del romanticismo alemán, sino como una escritora que intentó convertir las contradicciones de la existencia en pensamiento y poesía.



EL BESO EN SUEÑOS

Der Kuß im Traume

Un beso me ha infundido vida,
ha calmado el más profundo anhelo de mi pecho.
¡Ven, oscuridad! Envuélveme íntimamente en tu noche,
para que mis labios beban una nueva dicha.

En sueños estaba sumergida semejante vida,
por eso vivo contemplando eternamente los sueños;
puedo despreciar el esplendor de todas las demás alegrías,
porque solo la noche exhala un bálsamo tan dulce.

El día es mezquino en dulzuras amorosas;
me hiere la vana ostentación de su luz
y me consumen los ardores de su sol.

¡Ocúltate, ojo mío, del resplandor de los soles terrenales!
Envuélvete en la noche: ella apacigua tu deseo
y cura el dolor, como las frescas aguas del Leteo.

AMOR POR TODAS PARTES

Überall Liebe

¿Puedo llevar ardientes deseos en el corazón,
contemplar las coronas floridas de la vida
y pasar junto a ellas sin recibir ninguna,
sin desesperarme tristemente en mi interior?

¿Debo renunciar, como si cometiera un sacrilegio, a mi deseo más querido?
¿Debo descender valientemente al reino de las sombras?
¿Implorar otras alegrías a otros dioses,
preguntar a los muertos por nuevos placeres?

Descendí, pero también en los dominios de Plutón,
en el seno de las noches, arde el fuego del amor,
y las sombras, anhelantes, se inclinan unas hacia otras.

Perdido está aquel a quien el amor no hace dichoso;
aunque descendiera hasta las aguas de la Estigia,
ni siquiera el esplendor de los cielos lograría conmoverlo.

EL ÚNICO LAMENTO

Die eine Klage

Quien la más profunda de todas las heridas
ha sentido en el espíritu y en los sentidos,
el dolor de una amarga separación;
quien ha amado aquello que ha perdido,
quien debe abandonar lo que había elegido,
el corazón amado,

ese comprende las lágrimas en medio de la dicha
y el eterno anhelo del amor
de ser uno siendo dos,
de encontrarse a sí mismo en el otro,
de que desaparezcan los límites de la dualidad
y el tormento de la existencia.

Quien con todo su corazón y sus sentidos
ha llegado a amar profundamente a un ser,
¡oh!, no encuentra consuelo
en que, por las alegrías perdidas,
nazcan otras nuevas:
porque no son aquellas.

La vida amada y dulce,
ese recibir y ese entregar,
la palabra, el sentimiento y la mirada,
ese buscar y ese encontrar,
ese pensar y ese sentir,
ningún dios puede devolverlos.


Fuentes y referencias

  • Karoline von Günderrode, Gedichte und Phantasien (1804) y Poetische Fragmente (1805).
  • Karoline von Günderrode, Melete, colección póstuma.
  • Martin Glaubrecht, «Günderrode, Caroline Friederike Louise Maximiliane», Neue Deutsche Biographie, volumen 7, 1966, pp. 261–262. Consultada como fuente de investigación biográfica, sin reproducir su texto.
  • Frankfurter Personenlexikon, entrada «Günderrode, Karoline».
  • Projekt Gutenberg, colección digital de poemas de Karoline von Günderrode.
  • Universidad de Gotinga, edición digital de Die eine Klage, a partir de TextGrid.

Nota editorial: Traducciones originales al español realizadas para esta publicación a partir de los textos alemanes de dominio público.

……

Tres poemas de una escritora del romanticismo alemán

Nota y selección: Víctor Bustamante y Clarita de Bustamante
Traducciones del alemán: Clarita de Bustamante
Revisión editorial: Víctor Bustamante

 


viernes, 9 de octubre de 2026

LOS DEBATES DE LA CULTURA / Darío Ruiz Gómez



 

Jacques Rhalechi

LOS DEBATES DE LA CULTURA

Darío Ruiz Gómez

“El Ministerio de la Cultura paralelo”  nombrado por Petro es una inesperada  comprobación de la baja calidad profesional de estos tres exministros ya que hasta hoy  la cultura de “clase” defendida por el petrismo ha contado con directores de cine y teatro, artistas plásticos, historiadores que a la hora de la verdad han ocultado la cara “alegando que los pueden matar” Esta estrategia les permitió infiltrarse en Casas de la Cultura, Ministerio de la Cultura, Fecode y desde luego universidades públicas y algunas privadas convirtiéndose en un solapado refuerzo doctrinario a la propagación de su ideología tal como sucedió con la radicalización de algunas universidades católicas. De ahí que lo que debiera haber sido un debate cultural público a partir del reconocimiento de otras propuestas que debieron ser escuchadas y analizadas objetiva y libremente, en el caso del PCC el problema es que su programa sobre la cultura nunca fue puesto a discusión, sino que fue impuesto dogmáticamente por parte de Correa cuando fue ministro. Patricia Ariza ha sido la portavoz estalinista de la cultura, del teatro, pero como ministra carecía de las energías físicas para tamaño ajetreo de ir de maloca en maloca, de colectivo de barrio a “Guardianes de la revolución” para comprobar in situ que los dogmas del Partido se estaban cumpliendo. La última ministra no hizo nada. En cuanto a Correa formado en el marxismo, devino finalmente en un populismo de ocasión  con su misión precisa de destruir mediante un etnicismo politizado, el cliché de “la memoria colectiva”  los fundamentos  de la cultura occidental  lanzándose abiertamente a  imponer su modelo de cancelación de la universidad, de la pedagogía, del concepto de museo cuando este modelo de cancelación había sido ya denunciado en Estados Unidos y en Inglaterra donde el daño causado en los pénsum de estudio, en la visión de la cultura llegó a tan graves extremos que  cientos de grandes pensadores y científicos  de izquierda como Chomsky, tal como en su momento informé,  rechazaron esta destrucción de las universidades, el arrasamiento de las culturas vernáculas, la muerte del pensamiento.

Y este gravísimo atentado contra nuestra cultura, por desgracia, no contó ni cuenta hoy hay que decirlo en voz alta con la atención debida ya que, insólitamente, ningún grupo político democrático, incluyendo al Centro Democrático le ha prestado la atención  urgente que requiere una problemática que es prioritaria si queremos  reconstruir aquello que ha sido socavado en nuestra tradición cultural y religiosa. Correa tiene un Facebook donde conversa con profesores e intelectuales de su misma corriente y a través de sus enfoques pueden ustedes darse cuenta de lo que supone para el petrismo “una tarea” que están decididos a llevar hasta “imponer su modelo de “cultura revolucionaria”. Lo que me pregunto entonces, cuando apenas  hemos empezado a sentimos consternados ante la dimensión de los crímenes de las FARC y el ELN ¿Por qué seguimos guardado un silencio cobarde ante algo tan condenable como lo ha sido el asalto a nuestra cultura, a nuestra educación, a nuestras universidades asoladas por los terroristas con policías muertos, estudiantes y ciudadanos muertos, laboratorios y aulas dinamitadas, indígenas traídos del Cauca, un archivo de  delitos que la  Fiscal acaba de ignorar? ¿Por qué si la condena del terrorismo está en nuestra Constitución hasta hoy no se le ha aplicado con la penalización que exigen estos delitos de lesa humanidad? Lo que ha sucedido  hay que denunciarlo es que la izquierda totalitaria a través de sus Colectivos de Abogados de la Paz  y de sus simpatizantes en los medios de comunicación, de la Iglesia de Puebla, del progresismo caviar, se ha encargado permanentemente de atemorizar a los jueces logrando que no se cumpla su tarea. ¿Qué podemos entonces esperar del Estatuto Antiterrorista?     


 

 

 

 

LA FE DE FRANCIA / Darío Ruiz Gómez

 

Jacques Rhalechi

LA FE DE FRANCIA

Darío Ruiz Gómez

Los setecientos mil católicos que se reunieron en el centro de París colmando los Campos Elíseos para participar de la misa oficiada por León XIV no era un enjambre ni era una masa conducida por unas plataformas emitiendo consignas totalitarias. Lo primero que desde su pontificado ha venido a recordarle al mundo el Papa es que un ser humano no es una cifra ni responde a un algoritmo y se opone al pretendido objetivo de algunos líderes de convertirlo en una máquina más. La libertad inalienable del ser humano, de la vida, conduce a la exigencia no de ser liberados, una actitud de detestable sumisión ante los falsos mesías que proliferan gracias a las redes, sino que desde que abrimos los ojos al mundo ya la gracia nos había dado la libertad. Y ante los verdugos el recordar imperiosamente que la vida de cada ser humano es sagrada. “Para que el mundo tenga vida” Maliciosamente para algunos este renacer glorioso de la fe católica en Francia “se debe al envejecimiento de una población que busca algún refugio” Como si cada anciana o anciano, hombre y mujer maduro viniera en Francia de un vacío espiritual y no de una profunda vivencia sobre lo que significa la religión católica como respuesta hoy a décadas de infamias y de decidida persecución contra los católicos por parte de minorías manipuladas por la llamada República Islámica, por los intelectuales estalinistas en su intento de borrar algo imposible de borrar. Occidente es el Cristianismo: el libre albedrio que a todos nos reconoce como seres espirituales, el perdón que, el Corán desconoce. En Francia en medio de una guerra declarada contra el catolicismo, León XIV ha logrado a reunir a la Iglesia de las catacumbas una comunidad perseguida, martirizada, en unas inolvidables jornadas de afirmación de fe.

 

Al insistir que lo que es legal no es necesariamente moral aclara una situación en que para la ley y para los medios de comunicación, para la “divina izquierda” el católico debe ser señalado como el victimario a quien se debe castigar y lo primero que se debe borrar es la historia del catolicismo. Matar con una barra de hierro a un adolescente católico por un grupo de fanáticos de izquierda ha llevado a la distorsionada conclusión de que aceptando la verdad “ésta puede ser aprovechada por las fuerzas de derecha”. Burdo sofisma. Degollar a un profesor de bachillerato alegando el niño musulmán que creyó en clase escucharlo burlarse del Profeta demuestra lo que la batalla del fanatismo salafista implica en este intento de destrucción de la sociedad cristiana de Francia y de su tradición. Es “la justa laicidad” la que le reclama al mediocre Macron. Ochenta mil adolescentes cantando con León XIV el “Salve Regina” solo expresan el Joie de Vibre el gozo de vivir sobre el chantaje inadmisible del fundamentalismo islamistas, no de la religión musulmana. La luz de Chartres, la elocuencia de Bossuet, la ascesis de Pascal, es la visión al medio día de la Virgen en el inmortal poema de Claudel en momentos en que se nos quiere hacer creer que la salida a la crisis de la economía es la que ofrece un terrorista de la talla de Melenchon bajo cuyo gobierno Francia caería en la barbarie absoluta tal como lo están demostrando sus enfurecidas hordas de muchachos adoctrinados quemando colegios, amenazando con incendiar Francia. Si el ultranacionalismo de Le Pen está ahí no es la culpa de los cristianos si no del fracaso de una izquierda que con el incumplimiento de sus promesas ha permitido que la clase obrera francesa se haya marchado sin retorno posible hacia la Derecha.