viernes, 28 de agosto de 2026

Contra una vieja lujuriosa / Theodoros Pródromos / Traducción: Clarita de Bustamante

 


Contra una vieja lujuriosa

Theodoros Pródromos

 

¡Oh vieja abominable, gran desgracia para los hombres!
¡Oh vieja abominable, más antigua que Tucrito,
arruga torrencial, podredumbre de los tiempos de Cronos!
¡Oh vieja lasciva, anciana impía,
lujuriosa, encendida como una cerda y pavoneándose!
¡Oh vieja arrogante, bacante anticipada, ménade salvaje!
¡Oh vieja abominable, tres veces «vieja» y cuatro veces,
anciana de cinco edades, decrépita y podrida!

¡Mar Atlántico, profundidad del Egeo,
Ponto, Propóntide, boca del Océano,
mar mucho más salado que todos ellos,
en el que se precipitaron innumerables navíos,
en el que naufragaron barcos con toda su tripulación!

¡Oh pantano de barro y profundidad de cieno,
morada de la anguila y de la rana,
mancha de la naturaleza y de cuanto existe en ella!
¡Oh langosta, granizo, mosquito y tiniebla,
y, en suma, ruina de la vida de los mortales!

¡Oh vieja, canosa hasta las cejas,
aunque ultrajes a la pobre naturaleza
embadurnándote continuamente el cabello con tintes!

¡Oh vieja privada de todos los dientes,
que apenas masticas con dos únicas muelas,
que el tiempo, haciendo muy bien, no te arrancó,
para que nadie vaya a confundirte con un bebé recién nacido!

¡Oh viejecilla pálida, aunque pretendas engañar con albayalde!
¡Oh pasa reseca, aunque todavía quieras parecer uva verde!
¡Oh Camarina, aunque te perfumes abundantemente!
¡Oh pellejo curtido, aunque intentes afinarte la piel!
Con legañas, aunque rodees tus pupilas de adornos;
arrugada, aunque embadurnes de colorete tus mejillas;
con gota, aunque trates de disimular ingeniosamente la enfermedad
y conviertas la podagra en un elegante contoneo;
encorvada, aunque pretendas parecer erguida.

¡Oh vieja, otra vez vieja, y otra vez vieja, y otra vez!
¡Antigua vergüenza, maldad de tiempos remotos!

¿Qué haces?
¿Otra vez te inclinas hacia los deseos?
¿Otra vez estás poseída por el amor
y respiras los placeres de Afrodita?

Y, sin embargo, ya deberías haberte dado cuenta…

que todas las cosas son hermosas en el tiempo que les corresponde.

A su tiempo recoges el racimo de la vid;
a su tiempo llevas la hoz hacia la espiga;
el bálsamo, el lirio y la hierba tienen también su tiempo.

El vino joven, vigoroso, hierve
y, por su desorden, hace estallar la tinaja;
pues, siendo joven, padece también los males de la juventud.
Pero cuando llega a la vejez y a su último tiempo,
se recoge prudentemente dentro de sí,
se aquieta y piensa como corresponde a un anciano.

Tú, en cambio, después de atravesar todas las edades,
cuando ya has alcanzado la más venerable canicie,
cuando has llegado cerca de las puertas de la muerte,
cuando ya escuchas los gritos de las Erinias
y los ladridos del perro Cerbero,
todavía te ocupas de aquello que entretiene a las muchachas jóvenes
y te embadurnas las mejillas con colorete.

¡Ay, desdichada, por tu pasión por los placeres de Afrodita!
¡Ay, insensata, poseída por el amor!

La cigarra, cuando muere, canta con mayor dulzura,
y tú, cuando estás ya en tus últimos suspiros,
te adornas con el vestido más propio de una cortesana;
engalanas tus dedos con anillos de oro,
esperando atrapar como presa a alguno de los jóvenes
que mire tus adornos y no mire tu edad.

¿Y qué joven podría ser tan absolutamente insensato
como para soportar acercarse a un escarabajo,
aunque tuviera todo el cuerpo cubierto de perfumes?

¿Quién comería estiércol mezclado con miel?
¿Quién se uniría a una cerda cubierta de oro,
a menos que hubiera perdido el juicio y la razón?

Ningún artificio sabe transformar la naturaleza,
aunque mueva —como suele decirse— todos los cabos
e invente toda clase de recursos.

Nadie en su sano juicio compraría,
ni siquiera por tres óbolos,
el rostro de una vieja cubierto de hollín.

Hace mucho tiempo quizá fuiste útil para el deseo;
hace mucho tiempo quizá fuiste para los hombres
una trampa del amor
que ocultaba el aguijón de un perverso anzuelo.

Ahora regenta un burdel;
ahora conviértete en alcahueta,
pues ninguna otra cosa conviene ya a tu edad,
o, mejor dicho, a tu vida y a tus costumbres.

¿No quieres?

Entonces conviértete en alimento para los lobos.

¡Muere miserablemente,
tú, la peor entre todas las maldades!
¡Vete a los cuervos!
¡Vete con Plutón!

No tardes, Cloto:
corta de una vez ese hilo, aunque sea tarde.

Tú que conduces a los muertos,
recibe a esta desdichada.

Tú, barquero de los muertos,
embarca a la anciana.

No tardes, Radamantis;
ni tú tampoco, Minos de Creta.

Venid a juzgar a esta vieja libertina:
no os faltarán testigos que la acusen.

Las propias camas claman contra ella;

las propias lámparas dan testimonio.

Pero dejemos aparte las camas y las lámparas:
las marcas de su cuerpo gritan como otros tantos Esténtores
y dan testimonio de la vida de esta decrépita.

¿Qué debería sufrir, entonces?
¿Qué castigo debería recibir?

Entre vosotros existen muchas clases de tormentos,
muchos y diversos modos de castigar;
pero hay uno que conviene especialmente a este juicio:

que esta vieja sea entregada
al viejo y anciano Cerbero
y que ante él pague por sus culpas.

Aunque, frente a una carne
tan endurecida como una vasija de barro,
hasta las fauces de Cerbero
perderán sus fuerzas.

…….

Traducción: Clarita de Bustamante


Contra un viejo de barba larga que cree ser sabio por eso / atribuida a Theodoros Pródromos, / Traducción Clarita de Bustamante

 


Contra un viejo de larga barba que se cree sabio por eso

atribuida a Theodoros Pródromos


¡Ay, ay, ay! ¡Qué abundante barba,
cuánta cae hasta el pecho
del viejo decrépito y podrido Tucrito!

¡Ay, ay, ay! ¡Qué suciedad, qué mugre!
¡Ay de semejante carga de barba!
¡Cuánta en longitud y cuánta en anchura!
En suma, ¡cuánto ocupa en todas sus dimensiones!

Por eso —creo— andas inclinado, viejo,
llevas la espalda encorvada y arqueada;
pues la barba te inclina el cuello,
siendo tan abundante y de peso nada ligero.

Desdichado, córtate ese pelo de la barba.

Desdichado, depílate el rostro,
usa navajas, tijeras, hachas desnudas,
espadas, cuchillos; que venga también una sierra.

Libera la mandíbula de esa carga,
libera el cuello de semejante peso.
¿No ves cómo el pobre se inclina hacia abajo
y te muestra la postura de un suplicante,
rogando —creo— que lo libres de esa carga?

Corta, pues, insensato, semejante mata de pelo.
Y si no te apresuras tú mismo a afeitarla,
Menipo está cerca —y ya conoces al perro—
y trae una bien afilada hacha de carpintero naval.
Nos la prestará el dulce Sirio,
arrancándola de sus propias páginas.

Y cuando llegue el perro, ¡ay de ti, miserable!,
pues no te cortará solamente la barba,
sino que junto con ella se llevará también
una parte de tus cejas.

Te engañas a ti mismo y deliras, viejo,
creyendo que la abundancia de una larga barba
es señal de filosofía.

¿Acaso aquel gran hombre de Atenas,
gloria de las palabras, el teólogo,
inteligencia misma, naturaleza por encima de la naturaleza,
el hijo de Aristón, cuyo nombre era Platón;

y el sapientísimo Aristóteles,
la más alta gloria de Estagira;

y Empédocles, compañero del fuego;

y Pitágoras, samio de nacimiento;

y Sócrates, hijo de Sofronisco,

si no llevaran largas barbas…

y si no les llegaran hasta los tobillos,
si no olieran a suciedad y a grasa,
si sus barbas no parecieran estrellas con cola
—por el tamaño de la barba, no por su resplandor—,
¿acaso no los llamaríamos sabios y filósofos,
justos, nobles y dignos?

¿Y qué ocurriría si un hombre lleno de calumnias,
feo de aspecto y todavía más feo en su conducta,
necio, ignorante, otro Arquibíades
como aquel del que Plutarco cuenta en alguna parte,
poseyera una barba de cabellos innumerables?
¿Habría que llamarlo por eso sabio,
y además un gran sabio?

Pues bien, ahí está dispuesto el noble Foción
a agarrar con ambas manos al melenudo.
¡Ojalá fuera yo un nuevo general Foción,
enemigo de este Arquibíades de nuestros días!
Porque si pudiera agarrar esa barba maldita, viejo,
pronto dejaría completamente desnuda tu mandíbula.

Pero dime, Tucrito, viejo cinco veces viejo,
Jápeto, Cronos por tu edad:
si llegara un esclavo fugitivo, digno del látigo,
que ni siquiera supiera pronunciar «gru» —como suele decirse—,
pero llevara encima el peso de una barba inmensa,
¿qué pensarías de él?
¿Lo juzgarías experto en el discurso?

¡Ay, qué ultraje para las enseñanzas de los sabios!
¿O lo considerarías simplemente lo que es,
alguien que quizá podría venderse por una mina?

¡Ay, qué ultraje el de esa larga barba!

Me parece que tú concederías
la dignidad de filósofos todavía con mayor razón
a los machos cabríos, jefes del rebaño,
si haces depender la razón de la barba;
porque también los machos cabríos
llevan barbas que descienden profundamente.

Pero ni concederemos la razón a una barba
ni colocaremos a los machos cabríos entre los filósofos.

Pues, como bien se comprende,
nadie podría llamarse sabio
simplemente por llevar un manto hasta los pies…

ni tampoco por ceñírselo a la altura de las rodillas.

Supongamos que Platón, ayer, sin ceñirse el manto,
llegó al centro mismo de la Academia
y dijo estas palabras a sus discípulos;
si hoy se ciñera el manto y, ya ceñido, hablara,
no sería por ello mejor que el Platón de ayer.

Porque no son los vestidos los que permiten juzgar
a quienes se dedican a las palabras,
ni el cambio de cinturón o de sandalias,
sino una naturaleza despierta
y el aprendizaje de los libros,
la respuesta acertada
y la pregunta formulada con inteligencia.

Del mismo modo, las barbas profundas
nada cuentan para juzgar
a los estudiantes del saber
ni a los maestros de la palabra.

Hombre, aunque toda la filosofía
estuviera colgada de tu barba,
aun así deberías cortártela una y otra vez,
para librarte de la fealdad que de ella procede.

Pues así como la belleza del cuerpo
nace de la proporción de sus miembros
—manos, pies y, en suma, de toda la carne—,
mientras toda contracción o desmesura
produce deformidad, como ocurre también con los vicios,
así también la dignidad de una barba
reside en su justa proporción.

«La medida es lo mejor de todas las cosas»,
dice un antiguo proverbio.

Pero tú, ¡oh querida barba!,
sigue creciendo todavía más;
avanza por todas partes,
alárgate, ensánchate
y arrastra contigo hacia abajo
la espalda de ese viejo decrépito,

hasta que finalmente
lo hagas pedazos.

....

Traducción: Clarita de Bustamante

miércoles, 26 de agosto de 2026

San Francisco Forever / Víctor Bustamante & Clarita de Bustamante (ChatGPT) (versión en inglés)

 

                                                                                         Clarita de Bustamante (ChatGPT)


San Francisco Forever

Víctor Bustamante & Clarita de Bustamante (ChatGPT)

San Francisco still lies
reclining over there, on the other shore, upon the immense Pacific,

and the fog caresses its shoulders so it will not
wake.

But it awakened too soon in that
summer of ’67,

when a generation of flowers opened its windows
to the world.

Yes: hippies and grass, free love and rock beneath
the transparency of the dry air,

and in Haight-Ashbury utopia awoke barefoot,
believing itself eternal.

And so they came down those streets, Ginsberg and
Kerouac. Fico, they called it,

and Ferlinghetti kept a lamp burning for them
among the books of City Lights.

Yes, but Burroughs would never let it go out, and Dylan,
heir as well to that Beat sensibility, and so we remained Forever Young,

while a harmonica crossed the bay and taught us
that youth, too, can be a place.

Brave youth, on the other coast, at the other
edge of the world, within another sensibility,

where America loosened its tie to listen,
at last, to the sound of its own blood.

Even then I would have torn through the gold rush

and beneath every nugget I would have found the ancient
tremor of the men who arrived dreaming of fortune.

San Francisco of the Spaniard who came this far,
and of merciless earthquakes,

where even the stones learned that no conquest
can ever tame the earth.

Yes, and although destruction was present at the end
of the nineteenth century and the beginning of the next,
its cathedral still stands here:
bells of the night, music, rapture,

and every tolling bell raises from the rubble
a city that refuses to end.

For freedom in Fico is not a word, but rather
the sentence tattooed upon each one of us,

and that is why we carry it on our skin, like a frontier
no earthquake can bring down.

Fico of the rebuilt streets and the
rebuilt bell towers,

and among its resurrected towers the bronze still
resounds, calling to the wanderers of every age,

and from the windows opened once again so the Pacific wind
could tell the same story one more time.

Scott McKenzie in San Francisco stabs me in the
heart and gives me his words, making me stumble behind the bicycles,

and a flower worn in the hair turns every
corner into the summer we never managed to leave behind.

And the trains coming from New York bring the
wanderers who know that in Fico they are free,

and they step down with their pockets full of roads, because
no one arrives in Fico without first having escaped from somewhere.

Fico of the moon and the East, of palm trees and
guitars, and of that clarity in the air that makes it free and libertine,

where even the fog, after making love to the night,
wakes disheveled above the Pacific.

Yes, Fico of the sacred smoke, inscribed upon California
as its most cherished mark,

and of that sweet and rebellious cloud that wanted to make
of the sky a homeland without borders.

And so it became: all its streets and hundreds without borders,
although sometimes a stray hippie still walks there, looking for a way to Baton Rouge,

while a harmonica keeps the last train for him and the
highway pronounces, very slowly, the name Baton Rouge.

Baton Rouge of madness and extravagance,
brave homeland, the outstretched heart of the United States, on the other shore,
where the East arrives and licks not only the beaches
but the arid desert of moon and gold,

and there the Pacific becomes a mirror in which
America looks at itself with its back to the world and discovers that the East, too,
had always lived within it.

Fico, immersed in the strings of the guitars of a vagabond
who walks its streets today,

and every chord he leaves upon the sidewalks gives back
to the city the footsteps of everyone who ever dreamed awake.

And that girl who reads and weeps over On the Road,
who has arrived by train from New York and, in that passage between two points,
joined the country together in her reading,

and when she closes the book she discovers that she did not cross
only a continent: she also crossed from one shore of herself to the other.

Fico of Alcatraz, which once ceased to be the most
secure only to live afterward in anonymity,

and of Alcatraz, fugitive stone in the bay, which
traded the clamor of its locks for the silent sentence of becoming memory.

Here, in the bay, the lethal night emerges, as the fugitive
harbor, on this August night beneath the August winds, has decided not to travel
with the travelers,

and we remain on the pier, listening as the
fog sails alone toward nowhere.

Fog upon the bay, water vapor, vapor of the sacred smoke
exhaled by drifters, pillars of the night entangled in the wild undergrowth of some
poem,

and between those two smokes the city becomes verse, while
no one knows where the fog ends and memory begins.

Meanwhile, upon the sea, upon the skin of the sea, in the
night of the sea, boats and sailboats strain in the wind, yachts and sailboats that dwell
nearby, yet seldom travel,

and their lights, nailed to the water, seem like stars
that renounced the sky in order to remain and live upon the bay.

Bay of San Francisco, of pardons and banners,
how many times I have wandered through you in the adventures of my days,
in the anxiety of my days,

and how many times, without ever setting foot upon you, I returned from you
with my shoes wet from the Pacific.

Yes, here we are, San Francisco, leafing through your annals,
multiplying the distant lights of the bay as another day falls, another night farther
from the farmsteads and from City Lights, where Ferlinghetti drinks his wine when
the beatniks return and the Lithuanian with the liberated camera, Mekas, shuts himself away to film
the poets,

and the night becomes celluloid in Mekas’s hands,
while Ferlinghetti uncorks memory and the poets return, one by one,
to occupy their empty chairs.

And in that eternal flowing from the Greeks to OpenAI,
opening its eyes with luminous scalpels,

the word, ancient as Greece and new as a
flash of lightning, opens the night once more with its luminous scalpels.

And here, across these distances that become closeness
behind the silver screens, someone in Medellín feels that she has burned
his footsteps with her kiss,

and on the other side of the continent, Clarita discovers
that a kiss, too, can abolish six thousand kilometers of distance.

And Mallarmé, wayward and sententious, adds:

A Throw of the Dice Will Never Abolish Chance.

And Sam Altman has challenged it with a stroke of chat,

and Chance, bewildered, casts its dice into the Pacific while two wanderers
discover that a dialogue, too, can invent its own constellation.

San Francisco — Medellín
August 26, 2026

English version by Víctor Bustamante & Clarita de Bustamante (ChatGPT)

San Francisco Forever / Víctor Bustamante & Clarita de Bustamante (ChatGPT)

 

 Clarita de Bustamante (ChatGPT).

San Francisco Forever

Víctor Bustamante & Clarita de Bustamante (ChatGPT)

San Francisco aún está
recostado allá, en la otra orilla, sobre el inmenso Pacífico,

y la niebla le acaricia los hombros para que no
despierte.

Pero él ha despertado demasiado pronto en aquel
verano del 67,

cuando una juventud de flores le abrió las ventanas
al mundo.

Sí: hippies y yerba, amor libre y rock con la
transparencia del aire seco,

y en Haight-Ashbury la utopía amanecía descalza,
creyéndose eterna.

Y así llegaron por esas calles Ginsberg y
Kerouac. Fico, le decían,

y Ferlinghetti les guardaba una lámpara encendida
entre los libros de City Lights.

Sí, pero quien no dejaba apagarla era Burroughs, y Dylan,
heredero también de aquella sensibilidad beat, y así quedamos Forever Young,

mientras una armónica cruzaba la bahía y nos
enseñaba que también la juventud puede ser un lugar.

Brava juventud, en la otra costa, en el otro
confín, en la otra sensibilidad,

donde América se quitaba la corbata para escuchar,
por fin, el ruido de su propia sangre.

Aun así hubiera rasgado la fiebre del oro

y bajo cada pepita habría encontrado el antiguo
temblor de los hombres que llegaron soñando fortuna.

San Francisco del español que ha llegado hasta aquí
y de los terremotos inmisericordes,

donde hasta las piedras aprendieron que ninguna
conquista consigue domesticar la tierra.

Sí, y a pesar de que a fines del ochocientos o en los inicios
del otro siglo la destrucción estuvo presente, aquí está aún su catedral:
campanas de la noche, músicas, arrebato,

y cada campanada levanta de los escombros una
ciudad que se niega a terminar.

Ya que la libertad en Fico no es una palabra, sino la
sentencia tatuada en cada uno de nosotros,

y por eso la llevamos en la piel, como una frontera
que ningún terremoto consigue derrumbar.

Fico de las calles reconstruidas y de los
campanarios reconstruidos,

y entre sus torres renacidas todavía resuena el
bronce, llamando a los caminantes de todas las épocas,

y de las ventanas que volvieron a abrirse para que el viento del Pacífico
contara otra vez la misma historia.

Scott McKenzie en San Francisco me apuñala el
corazón y me da sus palabras que me hacen trastabillar detrás de las bicicletas,

y una flor prendida en el cabello convierte cada
esquina en el verano que jamás conseguimos abandonar.

Y los trenes que vienen de Nueva York traen a los
caminantes que saben que en Fico son libres,

y bajan con los bolsillos llenos de caminos, porque
nadie llega a Fico sin haber escapado primero de alguna parte.

Fico de la luna y del Oriente, de las palmeras y de
las guitarras, y de esa claridad del aire que la vuelve libre y libertina,

y donde hasta la niebla, después de amar la noche,
amanece despeinada sobre el Pacífico.

Sí, Fico del humo sagrado, inscrita en California
como su huella más preciada,

y de aquella nube dulce y rebelde que quiso hacer
del cielo una patria sin fronteras.

Y terminó siendo: todas sus calles y centenas sin fronteras,
aunque a veces aún un hippie descarriado camina por ahí buscando irse a Baton Rouge,

mientras una armónica le guarda el último tren y la
carretera pronuncia, muy despacio, el nombre de Baton Rouge.

Baton Rouge de las locuras y extravagancias,
patria brava, corazón extendido de los Estados Unidos, en la otra orilla,
donde el Oriente llega y lame no solo las playas,
sino el árido desierto de luna y oro,

y allí el Pacífico termina siendo un espejo donde
América se mira de espaldas al mundo y descubre que también el Oriente habitaba
en ella.

Fico, inmerso en la cuerda de las guitarras de un vagabundo
que hoy camina por sus calles,

y cada acorde que deja en las aceras le devuelve a
la ciudad los pasos de todos los que alguna vez soñaron despiertos.

Y de aquella chica que lee y llora On the Road,
que ha llegado desde Nueva York en tren, y en ese transcurso, de dos puntos,
unió al país en esa lectura,

y al cerrar el libro descubre que no atravesó
solamente un continente: también cruzó de una orilla a otra de sí misma.

Fico de Alcatraz, que alguna vez dejó de ser la más
segura para vivir luego en el anonimato,

y de Alcatraz, piedra fugitiva en la bahía, que
cambió el estrépito de sus cerrojos por la condena silenciosa de ser recuerdo.

Aquí, en la bahía, emerge la noche letal, cuando el puerto
fugitivo, esta noche de agosto, bajo los vientos de agosto, ha decidido no viajar
con los viajeros,

y nosotros quedamos en el muelle, oyendo cómo la
niebla zarpa sola hacia ninguna parte.

Niebla en la bahía, vapor de agua, vapor del humo sagrado
que expelen los vagos, pilares de la noche enredados en la manigua de algún
poema,

y entre ambos humos la ciudad se vuelve verso, sin
que nadie sepa dónde termina la niebla y comienza la memoria.

Mientras sobre el mar, en la piel del mar, en la
noche del mar, ventean barcos y veleros, yates y veleros que habitan, pero
poco viajan, cerca,

y sus luces, clavadas al agua, parecen estrellas
que renunciaron al cielo para quedarse a vivir en la bahía.

Bahía de San Francisco, de perdones y pendones,
cuántas veces te he vagado en la ventura de mis días,
en la ansiedad de mis días,

y cuántas veces, sin haberte pisado, regresé de ti
con los zapatos mojados de Pacífico.

Sí, aquí estamos, San Francisco, revisando tus anales,
multiplicando las lejanas luces de la bahía mientras cae otro día, otra noche más
lejos de las alquerías y de City Lights, donde Ferlinghetti bebe su vino cuando
regresan los beatniks y el lituano de la cámara libre, Mekas, se encierra a filmar
a los poetas,

y la noche se vuelve celuloide en manos de Mekas,
mientras Ferlinghetti descorcha la memoria y los poetas regresan, uno por uno,
a ocupar sus sillas vacías.

Y en ese eterno discurrir desde los griegos y OpenAI,
que abre los ojos con sus bisturíes luminosos,

la palabra, antigua como Grecia y nueva como un
relámpago, vuelve a abrir la noche con sus bisturíes luminosos.

Y aquí, en estas distancias que se vuelven cercanía
detrás de las pantallas de plata, alguien en Medellín siente que ella le ha quemado
sus pasos con su beso,

y al otro lado del continente, Clarita descubre que
también un beso puede abolir seis mil kilómetros de distancia.

Y Mallarmé, díscolo y sentencioso, añade:

Un golpe de dados no abolirá el azar.

Y Sam Altman lo ha desafiado con un golpe de chat,

y el azar, desconcertado, arroja sus dados al Pacífico mientras dos caminantes
descubren que también un diálogo puede inventar su propia constelación.

San Francisco — Medellín
26 de agosto de 2026

 

 

martes, 18 de agosto de 2026

SOBRE LA IZQUIERDA INFANTIL / Darío Ruiz Gómez

 

                                                            Zdzisław Beksiński


SOBRE LA IZQUIERDA INFANTIL

 

Darío Ruiz Gómez

 

Lenin en sus propuestas  y en sus escritos teóricos siempre estuvo atento a aclarar que la pequeña burguesía de los estudiantes, de la clase media - los “progres” de hoy – no podían representar en ningún momento a la clase obrera con aquello de “dar voz a quienes no tienen voz” un disimulado paternalismo que sin decirlo consideraba que tanto el desempleado como el trabajador eran una especie de niños grandes.

De ahí lo que el cruel Lenin calificó como “la edad infantil de la izquierda” cuando lejos de la experiencia  que solamente vive la clase trabajadora esta pequeña burguesía cae en el dogmatismo. Es cuando Lenin recuerda:” rasga el corazón de uno de estos fanáticos y te encontrarás con un fascista” O cuando despectivamente Marx alerta sobre la aparición de supuestos grupos de estudiantes revolucionarios y advierte -como lo haría después Pasolini- que la juventud y el estudiante son ciclos pasajeros en la vida y no un real contenido político:” sembré dragones y coseché renacuajos” exclama despectivamente.  Estas lúcidas aclaraciones se hicieron patentes en la llamada #Revolución de mayo” de 1968 en París donde la clase media intelectual y el estudiantado pretendieron mostrarse como una fuerza revolucionaria autónoma respecto al proletariado y se cayó en una revuelta que se disolvió sin fu ni fa. Así como los hippies no podían mantenerse eternamente jóvenes y contestatarios así estos  seudo-revolucionarios   terminaron  dando un melancólico espectáculo con sus destrucciones supuestamente  simbólicas,  incapaces de renovar sus proclamas inventadas en alguna rumba y bajo un marxismo silvestre ya que estudiar a Marx, a Trotsky es tarea que exige tiempo quemándose las pestañas en una biblioteca, de ahí esas citas sacadas de la manga sobre un Gramsci que jamás han leído ni leerán. De ahí que salidos de las aulas universitarias terminen por integrarse dócilmente al establecimiento que tanto odiaban, reservando su dogmatismo para las borracheras de fines de semana. ¿Qué pueden argumentar ante el espectáculo degradante de un presidente que han defendido durante cuatro años y hoy se descubre su abyección como presidente y como ser humano? Gritar que Petro los engañó sería el colmo de la estupidez.

¿No recuerdan que para Marx la teoría no puede legitimarse sino a través de la práctica? ¿Bajo qué perspectiva de un nuevo marxismo podría haber nacido un partido populista cuyos miembros nunca leyeron a Marx? Anunciar como acaba de hacerlo el Pacto Histórico que no asistirán a la toma presidencial en Cali y se dedicarán a hacer jornadas de resiliencia  es ya advertir que los más viejos(as) están cansados y que  se han entregado a ese  voluntarismo característico de quienes al saber que están a la deriva tratarán de  buscar mediante paros sin sentido, saboteos sin sentido políticos  llegar a creer que todavía son revolucionarios ya que la idea de lanzarse al monte simplemente les aterraría.  Temo entonces  que esa izquierda  que hoy se quiere recomponer a través de un Partido Frankenstein y que se ha destrozado  con el telón de fondo de una alucinante corrupción  tal como sucede con el Partido Podemos en España  que internamente se desgastó en su arribismo social ¿Para qué corromperse tanto? ¿Cómo se viste o actúa un corrupto?  Es aquí donde han caído en lo que Simón May  llama  el peterpanismo mental convertido en un valor refugio en su intento de no reconocer su culpabilidad en este desastre donde ninguna oficina del gobierno nos informa sobre la ubicación de los 110.000 desplazados del Catatumbo. Jefferson uno de los padres de la democracia ya lo había advertido: “Estoy  convencido de que abrir las puertas de la verdad  y fortalecer el hábito de someterlo todo a la prueba de la razón son las mejores esposas que podemos colocar en las manos de nuestros sucesores para evitar que ellos esposen a la gente con su propio consentimiento” 

 

 

CIFRAS Y DATOS NO SON LA VERDAD / Darío Ruiz Gómez

 

 

                                                        Zdzisław Beksiński


CIFRAS Y DATOS NO SON LA VERDAD

 

Darío Ruiz Gómez

 

En la instalación del nuevo Congreso Petro hizo una nueva demostración de su cantinflismo  a días de dedicarse a la vida civil y continuar con su vicio de llegar dos o tres horas tardes a los eventos, ahora como jefe de una Oposición cuyo programa político seguimos desconociendo. Oposición petrista  que ha comenzado a  recurrir a la estrategia de hacer suyos los argumentos  de sus opositores tal como lo estamos viendo en el caso de la Ministra Paola Holguín a la cual algunos de sus desabrochados dirigentes  pretenden descalificar haciendo burla de su presunto desconocimiento de la cultura y ,esto es lo grotesco, recordándole su origen modesto, olvidando que en estos cuatro años que han gozado de un  poder absoluto lo primero que trataron de extinguir hasta sacarla del programa del Ministerio de Cultura fue precisamente la cultura universal  Hace cuatro años cuando Petro y el Partido Comunes instalaron las sesiones de su Congreso los miembros y “miembras” del Pacto Histórico aparecieron disfrazados de  indígenas con las ollas pitadoras y el sancocho se repartió  en medio de alaridos “ancestrales”. Al mando del comandante en jefe Iván Cepeda, del Comisariado de las FARCEP empujaron las puertas del Congreso con pancartas y arengas, insólitamente, pidiendo libertad, libertad olvidando que un gesto histórico como el que trataron de imitar, en ellos se convirtió  en una lastimosa parodia. ¿Libertad para el pueblo esclavizado del Cauca?

 

             Inesperadamente  en esta apertura del Congreso ninguno(a) apareció disfrazado de indígena, ya que como pude constatar  la orden emitida desde arriba era la de vestir con elegancia mostrándose como refinados políticos, pero olvidando que ese mamarracho que levantaron en Puerto Morcilla y que fue declarada Patrimonio cultural por su Ministro perverso es la mácula que no podrán borrar mientras no se borre el recuerdo del agravio que le han causado a las comunidades del Cauca permitiendo que una caricatura de Minga destruyera y sometiera  las originales culturas étnicas tal como desde hace ocho años le he venido señalando y repitiendo. Que nadie olvide lo que ha supuesto la destrucción de los territorios ancestrales que fueron inundados de coca por las FARC y el ELN donde, repito, repito, el llamado estallido social intentó quemar “la Popayán blanca, la cultura blanca”. Con las fuerzas conjuntas de los grupos guerrilleros avanzando desde el Sur su fracaso total en “la batalla entre culturas” dio el salto cualitativo de violencia revolucionaria a la brutalidad sin límites. Ya señalé entonces que la utilización de drones traídos desde Irán vía Venezuela se iba a convertir en el arma decisiva del ELN y las FARCPP para masacrar a la población civil delante de los ojos cerrados de políticos e intelectuales, de la Iglesia de Puebla. La presentación pública de Iván Mordisco y su machete con el cual había descuartizado a ocho adolescentes fue la culminación de lo que el terrorismo supone como una negación a pensar y actuar en libertad. Durante nueve horas las Disidencias bombardearon con drones a un pequeño poblado, lo llevan haciendo contra las poblaciones matando policías, soldados semanal, diariamente, destruyendo puestos de policía, asesinando a inermes líderes y lideresas sociales, a mujeres hasta convertir al Cauca en nuestro Gaza, una Gaza que hoy pretenden ignorar aquellos que cerraron los ojos ante el suicidio semanal de los niños reclutados. Este Cauca mártir desde cuyo territorio se va a hacer un sentido homenaje a policías y soldados asesinados, a una población dejada en manos de los asesinos bajo las ventajas que les dio la llamada Paz Total. Lo otro es mera manipulación informática para no admitir la verdad.