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| Jacques Rhalechi |
HISTORIA Y PATRIMONIO
Darío Ruiz Gómez
¿Qué sucede cuando una obra se saca de un Museo? Se pregunta una militante petrista ante lo que está sucediendo en el Museo Nacional después de que por orden de la Ministra de Cultura se sacaran afiches, objetos del M19, propuestas de paz de las FARCEP, etc. Se olvidó que el actual Director del Museo al incluir estos objetos de guerra, estos afiches de propaganda, abrió las puertas del Museo para “que comenzaran a entrar los vientos del Pacífico” Recuérdese que la cultura petrista se tomó la Radio Nacional y suprimió los programas sobre música clásica, sobre nuestros grandes compositores “blancos” y nos puso a escuchar “música del Pacífico” y convirtió la opinión en insultos personales. La llamada “descolonización” de museos, se inició en Colombia con el fin de borrar la huella del “maldito español” que “solo vino a violar indígenas y robarse el oro” ¿Cómo permitir que en un parque bogotano estuviera la estatua de un “depredador” como Gonzalo Jiménez de Quesada? ¿No intentaron destruir las maravillosas pinturas de Efraín Martínez y eliminar al llamado por ellos “el Popayán de la raza blanca” bajo esta ideología de la cancelación.? ¿Cuántas cabezas de Belalcázar alcanzaron a cortar? Es un axioma que cada grupo político que llega al poder lo primero que hace es eliminar los valores de la historia vigente e imponer su acomodada versión de la historia. ¿Conspirando hasta apoderarse del Museo de la Memoria no se han dedicado a exaltar los verdugos y desconocer a las víctimas? ¿ No censuraron los textos de Liévano Aguirre, de Jaime Uribe y asesinaron a Jesús Bejarano?
¿El
concepto de patrimonio que Emma y Teresa Cuervo
incorporaron para dar identidad al Museo Nacional y en el
cual el planteamiento de la obra plástica en la historia que hizo
Beatriz González, sirvió para recordar que tanto la pintura, la escultura así
como el artista existen por encima de la
política cuando precisamente se sabe distinguir entre arte y propaganda.
“Sabemos, recuerda Marx, que en Grecia imperó la esclavitud pero lo que tenemos
qué preguntarnos es porque esas obras siguen despertando nuestra admiración” El
entonces Ministro Correa fue a Puerto Rellena en Cali, calificado como lugar de
una gloriosa asonada popular y declaró como Monumento Nacional un mamarracho
que según sus Comisarios de Cultura representaba el modelo de arte “del
pueblo”. Existen los museos de la
Memoria, el Colonial que estuvo en peligro de ser quemado por los indigenistas,
etc. Si a Álvaro Medina le debemos un estudio sobre la pintura a partir de la
revolución en marcha de López Pumarejo, rigor, visión en la historia con más
que sorpresa se nos acaba de
presentar bajo la estética
del petrismo que la nueva
curadora del Museo Nacional es Aída Avella, quien cuando la cámara la
enfoca con voz falsamente doliente
protesta porque están censurando “nuestra historia” y lo hace mirando en
enfrente del Museo los escudos de niños que han traído sus seguidores
enfurecidos que de inmediato se entregan a los disturbios.
En
apoyo a esta agitadora, insólitamente aparece el unánime respaldo de todos los museos de Arte
Moderno al arte estalinista con lo cual dan licencia al wockepetrismo para que
censure en los museos a los artistas reaccionarios y se coloquen los retratos
de los jefes de las FARCEP. ¿Qué memoria
hay que defender, la que han tratado de imponer los victimarios o las de las
víctimas que estos museos totalitarios tratan de mantener en las nieblas del
olvido? La batalla cultural la comenzó el petrismo cuando impuso su impostado concepto
de cultura afrosdescendiente, indígena,
mestizos excluyendo “la cultura blanca”
¿No demandó una pintora peruana al Museo
del Prado porque en colección de la
pintura del Renacimiento, el Barroco, Goya, Velásquez, Boticelli, Brueghel, etc.
no había sido incluida ninguna pintora negra o indígena de Latinoamérica?




