viernes, 16 de octubre de 2026

LA HISTORIA ES HOY / Darío Ruiz Gómez

 

Jacques Rhalechi

LA HISTORIA ES HOY

Darío Ruiz Gómez

Cada día nos sorprenden los medios de comunicación con nuevos escándalos del gobierno Petro presentados desafortunadamente como un folletín donde el suspenso tiene como finalidad mantener en ascuas nuestra atención. ¿Matará Caín a su hermano Abel? ¿Caerá por fin en manos de la justicia el exMinistro Jaramillo uno de los más malos de este relato postergado?  Lo que constituye una grave información a analizar sobre la degradación de unos personajes, algunos medios de información la están desvirtuando mediante una romantización de estas infamias, con edulcoradas crónicas donde el político incriminado por  un delito de peculado o prevaricato se nos quiere  mostrar no como el delincuente que es sino como  un equivocado  “hombre del pueblo”. La justicia del petrismo ha sabido astutamente explotar esta romantización cuando se trata de enjuiciar a uno de los suyos. ¡Pobre Ramón González que en lugar de estar en su país disfrutando de su jubilación en una hermosa mansión la justicia universal lo tiene corriendo por el mundo como un apátrida!   ¿Será la Alcocer una princesa Zenú que baila cumbia y la denunciante española su antigua consejera una  colonialista  cuya misión es llevarla esposada a una mazmorra de Cádiz? Todavía en algunas universidades, institutos de Cultura esta versión edulcorada de la historia enfocada  desde un punto de vista sentimental donde el español es el malo y las princesas indígenas las heroínas, se da  como la versión “descolonizada” de la historia de Colombia. Pero  lo que la realidad del país nos está descubriendo  de este cuatrienio horroroso  es que al conocer  cada día la verdad sobre   lo que supone el mayor atropello que contra la civilización se ha cometido en la historia de América Latina estamos frente a algo sucio, obsceno que aunque quisiéramos eludir ya no podemos hacerlo. Y es aquí donde como solicitaba Ortega y Gasset debemos hacer el esfuerzo de volver a los reclamos críticas de la razón y reflexionar estos hechos como seres razonables. La tortura. 

Al llamar a juicio a Maduro y Cilia la justicia Norteamericana lo ha hecho esta vez para recordarles lo que significa una  atrocidad como la tortura. Montaigne dedica a la tortura una desgarrada reflexión ante estos sufrimientos elaborados por la maldad humana, los lentos desmembramientos, el potro donde se iba jalando de las cadenas hasta destrozar el cuerpo en medio de los gritos de los torturados en las mazmorras donde los gobiernos tiránicos siguen pretendiendo silenciar las voces contrarias como en la Venezuela de Maduro y la Colombia de Timochenko. Acabo de recordar que la violencia de los años 50 llegó a superar cualquier imaginación posible acerca de la tortura, la desmembración de cuerpos, las mutilaciones en 300. 000 víctimas. Y que por lo tanto ya habíamos superado un horror que nos sigue presentando como la sociedad más cruel cuando la persistencia en la tortura, en el descuartizamiento de niños, los shocks eléctricos se han mantenido como un desafío de la monstruosidad salida del inframundo en el caso de las FARC, del ELN justificadas por pensadores y profetas progresistas y esto es lo terrible, por la corrupción moral del hombre común. ¿Cómo puede un sacerdote o un profesor justificar que durante meses se torture a una comunidad indígena en el Chocó manteniéndola aislada, negándole salud y alimentación mientras vuelan por los aires una madre indígena y su hijo al pisar una mina? Vuelvo entonces a recordar en este lastimoso caso de la ceguera de la justicia en Colombia que en los Juicios de Nuremberg no solo se condenó a muerte y a cadena perpetua a los desalmados jerarcas nazis, sino que igualmente se condenó a jueces, magistrados, funcionarios de justicia por su implícita complicidad en un desastre moral como el que padeció el pueblo alemán y hoy padece la sociedad en Colombia.



CAROLINA DE GÜNDERRODE: EL AMOR, LA POESÍA Y LA MUERTE

 


CAROLINA DE GÜNDERRODE: EL AMOR, LA POESÍA Y LA MUERTE

Carolina de Günderrode nació el 11 de febrero de 1780 en Karlsruhe, Alemania, y murió el 26 de julio de 1806, a los veintiséis años, en Winkel, a orillas del Rin. Su breve existencia transcurrió en una época de profundas transformaciones intelectuales, cuando el romanticismo alemán buscaba establecer nuevas relaciones entre la poesía, la filosofía, la naturaleza y el espíritu humano. Sin embargo, durante mucho tiempo su nombre estuvo asociado principalmente a su muerte y a sus relaciones sentimentales, mientras su obra literaria permanecía en un segundo plano.

Hija de una familia aristocrática, perdió a su padre cuando todavía era niña. En 1797 ingresó en una fundación protestante para mujeres de la nobleza en Fráncfort del Meno, institución que le proporcionaba seguridad material, pero cuya vida reglamentada resultaba difícil para una joven que aspiraba a una existencia independiente. Allí cultivó sus lecturas y sus intereses filosóficos y literarios. Estudió historia, mitología y pensamiento antiguo, y encontró en la escritura una forma de explorar las preguntas que la acompañaban: el sentido de la existencia, la relación entre el amor y la muerte, la libertad individual y la posibilidad de superar los límites de la condición humana.

Su formación estuvo marcada por Goethe, Herder, Novalis, Schelling y otros representantes del pensamiento alemán de su tiempo. También se interesó por la filosofía de Heráclito y Plotino, y por las antiguas tradiciones mitológicas. Estas influencias contribuyeron a una poesía en la que el amor no aparece solamente como una experiencia sentimental, sino como una fuerza capaz de unir aquello que la existencia mantiene separado.

Carolina publicó Poemas y fantasías (Gedichte und Phantasien, 1804) y Fragmentos poéticos (Poetische Fragmente, 1805), utilizando el seudónimo de Tian. Escribió también obras dramáticas y textos en prosa de contenido filosófico. Su proyecto literario era ambicioso: reunir en una misma expresión la reflexión, la imaginación mitológica y la emoción poética.

Entre sus amistades destacó Bettina Brentano, posteriormente conocida como Bettina von Arnim, quien conservó su recuerdo en el libro Die Günderode, publicado en 1840. Aquella amistad reunió a dos mujeres de temperamentos diferentes, vinculadas por su interés por la literatura y por una vida intelectual que desbordaba las convenciones de su época.

En 1804 Carolina conoció al filólogo Friedrich Creuzer, con quien mantuvo una relación amorosa e intelectual. Creuzer estaba casado y, después de un prolongado conflicto personal, decidió poner fin a aquella relación. Poco después, Carolina se quitó la vida junto al Rin. Su muerte contribuyó a convertirla en una figura legendaria del romanticismo, pero también favoreció una lectura de su poesía excesivamente subordinada a su biografía.

Conviene, por tanto, regresar a sus versos sin reducirlos a un presagio de su destino. En ellos encontramos una voz que interroga la naturaleza del amor, la insuficiencia de las alegrías pasajeras, el poder de los sueños y el deseo de alcanzar una unidad que la vida cotidiana parece negar. Su poesía no se limita a lamentar una pérdida: busca comprender por qué el ser humano, aun rodeado de belleza, continúa deseando algo que se encuentra más allá de su alcance.

Los tres poemas que presentamos permiten acercarse a distintas manifestaciones de esa búsqueda. En El beso en sueños, la noche se convierte en refugio de una felicidad inaccesible durante el día. En Amor por todas partes, ni siquiera el descenso al reino de los muertos consigue escapar a la fuerza del amor. Y en El único lamento, la pérdida de un ser amado revela la imposibilidad de sustituir una experiencia irrepetible.

Más de dos siglos después de su muerte, Carolina de Günderrode merece ser leída no solamente como una figura trágica del romanticismo alemán, sino como una escritora que intentó convertir las contradicciones de la existencia en pensamiento y poesía.



EL BESO EN SUEÑOS

Der Kuß im Traume

Un beso me ha infundido vida,
ha calmado el más profundo anhelo de mi pecho.
¡Ven, oscuridad! Envuélveme íntimamente en tu noche,
para que mis labios beban una nueva dicha.

En sueños estaba sumergida semejante vida,
por eso vivo contemplando eternamente los sueños;
puedo despreciar el esplendor de todas las demás alegrías,
porque solo la noche exhala un bálsamo tan dulce.

El día es mezquino en dulzuras amorosas;
me hiere la vana ostentación de su luz
y me consumen los ardores de su sol.

¡Ocúltate, ojo mío, del resplandor de los soles terrenales!
Envuélvete en la noche: ella apacigua tu deseo
y cura el dolor, como las frescas aguas del Leteo.

AMOR POR TODAS PARTES

Überall Liebe

¿Puedo llevar ardientes deseos en el corazón,
contemplar las coronas floridas de la vida
y pasar junto a ellas sin recibir ninguna,
sin desesperarme tristemente en mi interior?

¿Debo renunciar, como si cometiera un sacrilegio, a mi deseo más querido?
¿Debo descender valientemente al reino de las sombras?
¿Implorar otras alegrías a otros dioses,
preguntar a los muertos por nuevos placeres?

Descendí, pero también en los dominios de Plutón,
en el seno de las noches, arde el fuego del amor,
y las sombras, anhelantes, se inclinan unas hacia otras.

Perdido está aquel a quien el amor no hace dichoso;
aunque descendiera hasta las aguas de la Estigia,
ni siquiera el esplendor de los cielos lograría conmoverlo.

EL ÚNICO LAMENTO

Die eine Klage

Quien la más profunda de todas las heridas
ha sentido en el espíritu y en los sentidos,
el dolor de una amarga separación;
quien ha amado aquello que ha perdido,
quien debe abandonar lo que había elegido,
el corazón amado,

ese comprende las lágrimas en medio de la dicha
y el eterno anhelo del amor
de ser uno siendo dos,
de encontrarse a sí mismo en el otro,
de que desaparezcan los límites de la dualidad
y el tormento de la existencia.

Quien con todo su corazón y sus sentidos
ha llegado a amar profundamente a un ser,
¡oh!, no encuentra consuelo
en que, por las alegrías perdidas,
nazcan otras nuevas:
porque no son aquellas.

La vida amada y dulce,
ese recibir y ese entregar,
la palabra, el sentimiento y la mirada,
ese buscar y ese encontrar,
ese pensar y ese sentir,
ningún dios puede devolverlos.


Fuentes y referencias

  • Karoline von Günderrode, Gedichte und Phantasien (1804) y Poetische Fragmente (1805).
  • Karoline von Günderrode, Melete, colección póstuma.
  • Martin Glaubrecht, «Günderrode, Caroline Friederike Louise Maximiliane», Neue Deutsche Biographie, volumen 7, 1966, pp. 261–262. Consultada como fuente de investigación biográfica, sin reproducir su texto.
  • Frankfurter Personenlexikon, entrada «Günderrode, Karoline».
  • Projekt Gutenberg, colección digital de poemas de Karoline von Günderrode.
  • Universidad de Gotinga, edición digital de Die eine Klage, a partir de TextGrid.

Nota editorial: Traducciones originales al español realizadas para esta publicación a partir de los textos alemanes de dominio público.

……

Tres poemas de una escritora del romanticismo alemán

Nota y selección: Víctor Bustamante y Clarita de Bustamante
Traducciones del alemán: Clarita de Bustamante
Revisión editorial: Víctor Bustamante

 


viernes, 9 de octubre de 2026

LOS DEBATES DE LA CULTURA / Darío Ruiz Gómez



 

Jacques Rhalechi

LOS DEBATES DE LA CULTURA

Darío Ruiz Gómez

“El Ministerio de la Cultura paralelo”  nombrado por Petro es una inesperada  comprobación de la baja calidad profesional de estos tres exministros ya que hasta hoy  la cultura de “clase” defendida por el petrismo ha contado con directores de cine y teatro, artistas plásticos, historiadores que a la hora de la verdad han ocultado la cara “alegando que los pueden matar” Esta estrategia les permitió infiltrarse en Casas de la Cultura, Ministerio de la Cultura, Fecode y desde luego universidades públicas y algunas privadas convirtiéndose en un solapado refuerzo doctrinario a la propagación de su ideología tal como sucedió con la radicalización de algunas universidades católicas. De ahí que lo que debiera haber sido un debate cultural público a partir del reconocimiento de otras propuestas que debieron ser escuchadas y analizadas objetiva y libremente, en el caso del PCC el problema es que su programa sobre la cultura nunca fue puesto a discusión, sino que fue impuesto dogmáticamente por parte de Correa cuando fue ministro. Patricia Ariza ha sido la portavoz estalinista de la cultura, del teatro, pero como ministra carecía de las energías físicas para tamaño ajetreo de ir de maloca en maloca, de colectivo de barrio a “Guardianes de la revolución” para comprobar in situ que los dogmas del Partido se estaban cumpliendo. La última ministra no hizo nada. En cuanto a Correa formado en el marxismo, devino finalmente en un populismo de ocasión  con su misión precisa de destruir mediante un etnicismo politizado, el cliché de “la memoria colectiva”  los fundamentos  de la cultura occidental  lanzándose abiertamente a  imponer su modelo de cancelación de la universidad, de la pedagogía, del concepto de museo cuando este modelo de cancelación había sido ya denunciado en Estados Unidos y en Inglaterra donde el daño causado en los pénsum de estudio, en la visión de la cultura llegó a tan graves extremos que  cientos de grandes pensadores y científicos  de izquierda como Chomsky, tal como en su momento informé,  rechazaron esta destrucción de las universidades, el arrasamiento de las culturas vernáculas, la muerte del pensamiento.

Y este gravísimo atentado contra nuestra cultura, por desgracia, no contó ni cuenta hoy hay que decirlo en voz alta con la atención debida ya que, insólitamente, ningún grupo político democrático, incluyendo al Centro Democrático le ha prestado la atención  urgente que requiere una problemática que es prioritaria si queremos  reconstruir aquello que ha sido socavado en nuestra tradición cultural y religiosa. Correa tiene un Facebook donde conversa con profesores e intelectuales de su misma corriente y a través de sus enfoques pueden ustedes darse cuenta de lo que supone para el petrismo “una tarea” que están decididos a llevar hasta “imponer su modelo de “cultura revolucionaria”. Lo que me pregunto entonces, cuando apenas  hemos empezado a sentimos consternados ante la dimensión de los crímenes de las FARC y el ELN ¿Por qué seguimos guardado un silencio cobarde ante algo tan condenable como lo ha sido el asalto a nuestra cultura, a nuestra educación, a nuestras universidades asoladas por los terroristas con policías muertos, estudiantes y ciudadanos muertos, laboratorios y aulas dinamitadas, indígenas traídos del Cauca, un archivo de  delitos que la  Fiscal acaba de ignorar? ¿Por qué si la condena del terrorismo está en nuestra Constitución hasta hoy no se le ha aplicado con la penalización que exigen estos delitos de lesa humanidad? Lo que ha sucedido  hay que denunciarlo es que la izquierda totalitaria a través de sus Colectivos de Abogados de la Paz  y de sus simpatizantes en los medios de comunicación, de la Iglesia de Puebla, del progresismo caviar, se ha encargado permanentemente de atemorizar a los jueces logrando que no se cumpla su tarea. ¿Qué podemos entonces esperar del Estatuto Antiterrorista?     


 

 

 

 

LA FE DE FRANCIA / Darío Ruiz Gómez

 

Jacques Rhalechi

LA FE DE FRANCIA

Darío Ruiz Gómez

Los setecientos mil católicos que se reunieron en el centro de París colmando los Campos Elíseos para participar de la misa oficiada por León XIV no era un enjambre ni era una masa conducida por unas plataformas emitiendo consignas totalitarias. Lo primero que desde su pontificado ha venido a recordarle al mundo el Papa es que un ser humano no es una cifra ni responde a un algoritmo y se opone al pretendido objetivo de algunos líderes de convertirlo en una máquina más. La libertad inalienable del ser humano, de la vida, conduce a la exigencia no de ser liberados, una actitud de detestable sumisión ante los falsos mesías que proliferan gracias a las redes, sino que desde que abrimos los ojos al mundo ya la gracia nos había dado la libertad. Y ante los verdugos el recordar imperiosamente que la vida de cada ser humano es sagrada. “Para que el mundo tenga vida” Maliciosamente para algunos este renacer glorioso de la fe católica en Francia “se debe al envejecimiento de una población que busca algún refugio” Como si cada anciana o anciano, hombre y mujer maduro viniera en Francia de un vacío espiritual y no de una profunda vivencia sobre lo que significa la religión católica como respuesta hoy a décadas de infamias y de decidida persecución contra los católicos por parte de minorías manipuladas por la llamada República Islámica, por los intelectuales estalinistas en su intento de borrar algo imposible de borrar. Occidente es el Cristianismo: el libre albedrio que a todos nos reconoce como seres espirituales, el perdón que, el Corán desconoce. En Francia en medio de una guerra declarada contra el catolicismo, León XIV ha logrado a reunir a la Iglesia de las catacumbas una comunidad perseguida, martirizada, en unas inolvidables jornadas de afirmación de fe.

 

Al insistir que lo que es legal no es necesariamente moral aclara una situación en que para la ley y para los medios de comunicación, para la “divina izquierda” el católico debe ser señalado como el victimario a quien se debe castigar y lo primero que se debe borrar es la historia del catolicismo. Matar con una barra de hierro a un adolescente católico por un grupo de fanáticos de izquierda ha llevado a la distorsionada conclusión de que aceptando la verdad “ésta puede ser aprovechada por las fuerzas de derecha”. Burdo sofisma. Degollar a un profesor de bachillerato alegando el niño musulmán que creyó en clase escucharlo burlarse del Profeta demuestra lo que la batalla del fanatismo salafista implica en este intento de destrucción de la sociedad cristiana de Francia y de su tradición. Es “la justa laicidad” la que le reclama al mediocre Macron. Ochenta mil adolescentes cantando con León XIV el “Salve Regina” solo expresan el Joie de Vibre el gozo de vivir sobre el chantaje inadmisible del fundamentalismo islamistas, no de la religión musulmana. La luz de Chartres, la elocuencia de Bossuet, la ascesis de Pascal, es la visión al medio día de la Virgen en el inmortal poema de Claudel en momentos en que se nos quiere hacer creer que la salida a la crisis de la economía es la que ofrece un terrorista de la talla de Melenchon bajo cuyo gobierno Francia caería en la barbarie absoluta tal como lo están demostrando sus enfurecidas hordas de muchachos adoctrinados quemando colegios, amenazando con incendiar Francia. Si el ultranacionalismo de Le Pen está ahí no es la culpa de los cristianos si no del fracaso de una izquierda que con el incumplimiento de sus promesas ha permitido que la clase obrera francesa se haya marchado sin retorno posible hacia la Derecha.

lunes, 5 de octubre de 2026

Henry Miller a la mesa: el recuerdo de Blaise Cendrars

 

Blaise Cendrars y HenryMiller

Henry Miller a la mesa: el recuerdo de Blaise Cendrars

Una conversación filmada en 1979

Henry Miller tiene ochenta y siete años. Está sentado a la mesa, come, bebe vino y conversa. No parece estar concediendo una entrevista en el sentido convencional. La cámara permanece allí mientras su memoria va escogiendo sus propios caminos.

La película es Dinner with Henry, filmada en 1979 en la casa de Miller, en Pacific Palisades. Richard Young y John Chesko participaron en la realización de la filmación y Brenda Venus estuvo presente durante aquella cena. Lo que inicialmente debía estar relacionado con el vino terminó convirtiéndose en algo mucho más interesante: una conversación errante sobre la literatura, el dinero, el Premio Nobel, Francia, Marcel Proust, D. H. Lawrence, Knut Hamsun y, sobre todo, el hombre que Miller consideraba uno de sus grandes héroes: Blaise Cendrars.

La conversación tiene precisamente el desorden de una sobremesa. Miller interrumpe un recuerdo para quejarse del plato que le han servido, vuelve al vino, abandona una historia y comienza otra. Pero debajo de esa dispersión aparece una extraordinaria confesión acerca de la literatura y de la formación de un escritor.

El Premio Nobel para pagar las deudas

En un momento de la cena surge el Premio Nobel.

Miller asegura que nunca había pensado seriamente en obtenerlo. La idea se le ocurrió por una razón mucho menos solemne que la gloria literaria: el dinero.

Su contador le había explicado lo que podía suceder con sus bienes después de su muerte. Los impuestos podían obligar a vender la casa y perjudicar la herencia de sus hijos. Miller comenzó entonces a hacer cuentas y pensó en el dinero del Nobel.

La literatura universal descendía súbitamente a la contabilidad doméstica.

Miller se divierte con la idea. Habla incluso de la necesidad de conseguir personas que escriban apoyando su candidatura. Pero inmediatamente aparece otra historia: alguna vez conoció a un hombre relacionado posteriormente con el comité literario del Nobel y, después de conversar apenas unos minutos con él en un café parisino, Miller se aburrió tanto que inventó una cita y escapó corriendo.

Años después supo que aquel hombre había llegado a ocupar una posición importante relacionada con el premio.

La posibilidad del Nobel parecía haberse complicado considerablemente.

Miller recuerda también una explicación que Lawrence Durrell habría recibido acerca de por qué nunca le habían concedido el premio: esperaban que Henry Miller se volviera respetable.

La sola idea lo indignaba.

Ser respetable era precisamente aquello que no estaba dispuesto a conseguir.

El héroe

Pero el verdadero centro de la conversación aparece cuando Miller comienza a hablar de Blaise Cendrars.

No lo presenta simplemente como un escritor admirado. La palabra que utiliza es mucho más fuerte: su héroe.

Lo admiraba como escritor, como personalidad y como hombre. Su manera de vivir le parecía tan extraordinaria como sus libros.

No era una admiración reciente. Cendrars llevaba décadas ocupando un lugar privilegiado en el universo literario de Miller. Ya había escrito sobre él en The Books in My Life. Cuando el Miller anciano vuelve a evocarlo frente a la cámara, por tanto, está regresando a una de las figuras fundamentales de su formación como escritor.

Miller y Cendrars se habían conocido en París en los años treinta, después de la aparición de Trópico de Cáncer. Cendrars había leído el libro y quiso conocer a su autor.

Para Miller, encontrarse con uno de sus héroes debió de constituir una de esas rarísimas ocasiones en las que el escritor previamente imaginado a través de sus libros aparece de pronto convertido en un hombre de carne y hueso.

Cendrars llama a la puerta

Miller recuerda la visita de Cendrars después de la publicación de Trópico de Cáncer.

Cendrars había leído la novela y le había gustado, aunque también tenía objeciones.

Una estaba relacionada con Matisse. Consideraba que determinada referencia artística introducida por Miller resultaba demasiado cultural. Tampoco compartía su entusiasmo por Marcel Proust.

Miller, por el contrario, admiraba profundamente a Proust.

La escena permite imaginar dos concepciones literarias frente a frente: el escritor estadounidense que estaba encontrando su voz y aquel aventurero europeo que ya había convertido la experiencia en una forma de literatura.

Pero Miller no recuerda a Cendrars únicamente por sus opiniones literarias.

Recuerda al hombre.

El hombre que había perdido un brazo

Cendrars había perdido el brazo derecho durante la Primera Guerra Mundial.

Miller reconstruye dramáticamente el episodio. Habla de las trincheras, de la herida y de la urgencia de recibir atención médica. En su relato, Cendrars aparece como alguien capaz de imponer su voluntad incluso frente a la posibilidad inmediata de morir.

Esa imagen de coraje permanecería asociada para siempre a él.

Muchos años después, Miller volvió a verlo cuando Cendrars estaba gravemente enfermo.

Esta vez la escena fue completamente diferente.

El hombre que había atravesado guerras y aventuras estaba sentado, sufriendo. Según recuerda Miller, Cendrars rechazaba los analgésicos porque quería experimentar conscientemente qué significaba morir.

El dolor terminó haciéndolo llorar.

Miller no pudo soportarlo.

Ver llorar de dolor al hombre que había considerado indestructible fue demasiado para él. Salió de la habitación sin despedirse y nunca regresó.

Cendrars murió poco después.

La memoria de Miller conserva todavía, muchos años más tarde, aquella última imagen.

Una literatura eléctrica

Cuando le preguntan qué encontraba en la escritura de Cendrars, Miller intenta explicar una experiencia física.

Leerlo lo electrizaba.

A veces tenía que cerrar el libro, levantarse y caminar por la habitación. No podía creer que alguien hubiera escrito aquello de aquella manera.

No habla de teorías literarias.

Habla de una conmoción.

También recuerda la extraordinaria amplitud del vocabulario de Cendrars. No solamente conocía el lenguaje literario: podía apropiarse de palabras procedentes de los oficios, de los delincuentes, de la calle y de mundos completamente alejados de los salones culturales.

Miller reconoce algo parecido en sus propios comienzos.

Cuando comenzó a escribir, tenía pegada junto al escritorio una gran hoja de papel llena de palabras que le gustaban. Mientras trabajaba levantaba los ojos, encontraba alguna de ellas y procuraba introducirla en el texto.

La literatura todavía era descubrimiento, apropiación, hambre verbal.

«No influyó en mi escritura»

La revelación más interesante llega casi al final.

Ante la suposición de que semejante admiración tuvo que ejercer una influencia directa sobre su estilo, Miller establece una diferencia extraordinariamente precisa.

Cendrars había influido profundamente en su psique, pero no en su escritura.

La diferencia es fundamental.

Un escritor puede transformar a otro sin dejar huellas reconocibles en sus frases. Puede modificar su manera de mirar, darle coraje, ampliar aquello que considera posible o mostrarle una forma diferente de estar en el mundo.

Eso había hecho Cendrars con Miller.

Knut Hamsun y el fracaso necesario

La conversación conduce entonces a otro de sus héroes: Knut Hamsun.

Miller confiesa que había deseado escribir como el novelista noruego. Incluso había intentado imitarlo.

No pudo.

Y precisamente aquel fracaso terminó enseñándole algo esencial.

Después de intentar escribir como los escritores que admiraba, no tuvo otra posibilidad que regresar a sí mismo.

Ese regreso constituye quizás una de las mejores confesiones literarias de toda la conversación.

El escritor joven comienza leyendo voces que parecen inalcanzables. Quiere escribir como ellas. Las imita, fracasa y, si tiene suerte, descubre finalmente una voz que no estaba en ninguno de sus maestros.

La suya.

Volver a ser nadie

En otro momento Miller recuerda a D. H. Lawrence y una interpretación de la resurrección de Cristo que le fascinaba.

Según la recuerda Miller, después de haber sido maestro y salvador, Cristo habría deseado convertirse simplemente en un hombre común, en un cualquiera.

La idea entusiasma a Miller.

Después de haberlo probado todo, dice, uno quiere regresar a nada.

Hay algo profundamente coherente entre esa imagen y el hombre que vemos sentado a la mesa en 1979.

Henry Miller había provocado escándalos, padecido censura, vivido durante años en Europa, escrito algunos de los libros más controvertidos de su generación y terminado convertido él mismo en personaje literario.

Sin embargo, frente a la cámara, el anciano continúa hablando con entusiasmo de los escritores que alguna vez lo hicieron levantarse de una silla.

El hombre famoso vuelve a convertirse en lector.

Y acaso allí se encuentra el secreto de toda esta conversación.

Henry Miller habla de Cendrars, de Hamsun, de Lawrence y de Proust, pero en realidad está reconstruyendo su propia formación. Nos muestra que una influencia literaria no consiste necesariamente en copiar una frase, una estructura o un estilo.

Algunos escritores nos enseñan a escribir.

Otros hacen algo más extraño:

nos muestran que es posible vivir de otra manera.

Para Henry Miller, Blaise Cendrars pertenecía a estos últimos.


Nota documental

Este artículo reconstruye y comenta la conversación registrada en Dinner with Henry (1979), utilizando como material de trabajo la filmación y una transcripción automática en inglés. No es una traducción ni una reproducción íntegra de la entrevista. Los nombres deformados por la transcripción automática fueron identificados y corregidos durante la preparación del texto.

Fuente audiovisual: Dinner with Henry (1979), filmación realizada en la casa de Henry Miller en Pacific Palisades.

Texto y preparación de la versión española: Víctor Bustamante.
Asesoría: Clarita de Bustamante.

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

LOS OJOS DE LA IDEOLOGIA / Darío Ruiz Gómez

 

Jacques Rhalechi

LOS OJOS DE LA IDEOLOGIA

Darío Ruiz Gómez

Las ideas son hipótesis sobre la realidad que duran o perviven cuando la práctica política las afirma -cosa que sucede escasas veces -  o comprueba que no eran nada y por ser efímeras no podemos convertirlas en dogmas. Ese mesianismo vulgar que ha hecho carrera durante décadas en universidades “La revolución triunfará irremediablemente” no es pues una afirmación de esperanza en el ser humano, en la libertad sino una manera mañosa de eludir la responsabilidad de pensar por sí mismo permitiendo que la ideología tome decisiones por nosotros. La transformación de las ideas de Marx en ideología se encargó de dispensar a los estudiantes de estas últimas décadas de partir del conocimiento de la realidad real ¿Por qué entonces los estudiantes y profesores decidieron irreflexiblemente dogmatizarse, transformarse en apóstoles ateos de un materialismo histórico de risa, negar y perseguir a los “enemigos de la causa” tal como lo han venido haciendo públicamente? La ideología es una fabricada explicación de la realidad manipulada previamente bajo intereses políticos. Por eso hablamos del ser unidimensional, un ser incapaz de diferenciar los matices de la realidad social que se vive. Lo que conduce a un estado mental que ya el gran Gustave Thibon hacia 1930 había denunciado “Nunca antes habíamos desarrollado una cultura del infantilismo tan universal e intensa” Infantilismo que caracteriza ya dos generaciones de “revolucionarios” radicales  que aún siguen siendo utilizados en el mundo por esta ideología para sus fines desequilibrantes.  ¿Qué sucede entonces en un momento como éste en que la farsa que ha supuesto esta ideología se ha puesto al descubierto y en que  tienen que darse cuenta de que los considerados líderes del pueblo son despiadados narcotraficantes tal como lo estamos viendo cada día en Colombia? Hay personas que se acostumbraron tanto a vivir en el totalitarismo que les queda muy difícil aceptar la libertad, a no recibir consignas, órdenes.

Construir un edificio  como símbolo  de la justicia leninista se hizo  para ocultar  la verdad de esta infamia contra una población y como exaltación depravada del mal.  Creada por  la JEP  para exonerar de sus crímenes al Comisariado de las FARC  salta a la vista al ver ese edificio que parece escapado de una distopía sobre una dictadura totalitaria la dimensión de esta burla. ¿Cuántos robots  se esconden en su inmenso vientre observados en sus movimientos segundo a segundo por poderosas cámaras de seguridad que como en la novela de Kadaré tiene como tarea descubrir en los sueños de las gentes aquellos sueños que son peligrosos para el Partido y deben ser eliminados de inmediato? ¿Cabe pensar que en Colombia esta masa inerme de implícitos apoyadores de los “Comisarios del pueblo” sean capaces de dar una muestra de valor moral y aceptar que se han equivocado? Me acabo de acordar de la justicia de Nicaragua, Cuba, de Maduro ¿O la opción son robots o zombies? Este palacio del mal surge entonces a consecuencia de la de la abdicación de la inteligencia crítica ante la brutalidad del totalitarismo que en el petrismo intentó destruir la cultura, la justicia, para imponer sus territorios del miedo como lo demuestra su caricatura cultural. A los(as) “trabajadores de la cultura” que protestan contra una supuesta guerra cultural de De La Espriella contra los derechos de la mujer y la cultura; a quienes hemos padecido su intolerancia y persecución durante años tenemos el deber de solicitarles que los tres Ministros(as) de Cultura de Petro antes que sacarlos a las calles a repetir bobas consignas apocalípticas nos expliquen antes como se gastaron los 185.482 millones faltantes hasta  dejar al Ministerio en la miseria?