miércoles, 27 de mayo de 2026

Poemas y cosmogonías de en Antonio Machado, el Viejo Macha / Víctor Bustamante


Poemas y cosmogonías de en Antonio Machado, el Viejo Macha.

Víctor Bustamante

Antonio Machado aparece aquí como un poeta reconciliado con la tradición, como alguien que debe atravesar la discontinuidad misma de la figura del escritor, debido al deseo de sentirse con otro talante, —lejos del concepto creativo donde se padecen poemas escritos con afán y sin ninguna mesura metódica—, para conquistar, lejos de esas improvisaciones, una autoridad espiritual capaz de resistir la intemperie contemporánea. En un tiempo dominado por la circulación instantánea, por la pasividad espectral de las redes sociales y por la evaporación de la experiencia, Machado —o Macha, como si el nombre mismo hubiese sido devuelto a una zona arcaica y ceremonial— comprende que la poesía ya no puede aspirar a la antigua transparencia. Debe internarse, más bien, en una región de sombras donde el lenguaje vuelva a rozar aquello que las civilizaciones fatigadas han olvidado.

Por eso su búsqueda desemboca en una cosmogonía de lo ancestral. No se trata de un regreso folklórico ni de una nostalgia decorativa, sino de un reconocimiento radical de restituir el vínculo entre palabra y misterio. Macha avanza como un guardián de los cantos sagrados, tocando mesurado el tambor, oyendo en la lejanía el canto ceremonial que sobrevive entre los restos de una cultura incapaz ya de escuchar sus propios símbolos. En su disertación clara, apasionada, presente, aparecen penachos, altares levantados en el Anáhuac, chamanes, señales del gran misterio sagrado; pero estos elementos no funcionan como ornamento exótico, sino como fragmentos de una memoria espiritual que resiste a la banalización contemporánea.

En ese itinerario, el poeta parece repetir continuamente una advertencia: “cuidado, se te pierde el alma”. Y acaso toda su obra y experiencia sean precisamente eso: una tentativa de custodiar el alma extraviada de la experiencia poética. Macha entiende que, cuando la cultura pierde transmisibilidad y las palabras dejan de poseer espesor simbólico, las cosas mismas adquieren una fuerza de choque inédita. El mundo, privado de continuidad espiritual, se vuelve extraño; y ese extrañamiento termina convirtiéndose en la tarea esencial para un poeta tan distinto como él, inmerso en otras preguntas y en otras dimensiones.

De ahí que su poesía, en lugar de ofrecer refugios cómodos o ejercicios de virtuosismo vacuo, deba reproducir en su interior la fractura de la presencia, su presencia tan unida a la circunstancia de sus propios caminos. Frente a cierta poesía de vanguardia, sonámbula y satisfecha de sus propios artificios, Macha elige el sendero más áspero: hacer del poema un lugar de intemperie, una región donde lo incomprensible conserve todavía un resplandor de verdad. La destrucción de la continuidad sagrada no significa, entonces, nihilismo, sino apertura. Solo allí donde la vieja armonía se ha quebrado puede surgir nuevamente una experiencia viva de lo ancestral.

Su adhesión a la toltequidad entendida como sendero de la belleza, camino del conocimiento y saber mágico— no responde a una doctrina fija, sino a la intuición de que el arte constituye el último puente entre el hombre y una dimensión sagrada del mundo. La resonancia cuántica de las cosas, la presencia de Dios insinuada en lo invisible, el fulgor instantáneo de una imagen o de una palabra: todo ello aparece en su habla como vestigio de una unidad perdida que, sin embargo, todavía palpita bajo las ruinas de la modernidad.

Así, el poema deja de ser únicamente una forma estética para convertirse en una experiencia límite. Su reserva poética surge en ese instante imponderable donde pasado y presente se tocan fugazmente, como si el lenguaje pudiera aún abrir una grieta en la continuidad exhausta del tiempo. El extrañamiento no es aquí un mero procedimiento literario, sino una forma de revelación: la conciencia de que solo revalorando la familiaridad con el mundo perdido puede el hombre reencontrar el núcleo secreto de lo real.

En esa tensión habita la obra de Macha. Y quizá por eso su poesía conserva una gravedad singular: porque no busca seducir al lector con la facilidad de la época, sino conducirlo hacia una región más lenta y más transparente, allí donde todavía resuenan los antiguos tambores y donde el poema, antes que discurso, vuelve a ser ceremonia.

COLILLAS Ansar (Angel Santiago Regino Giraldo)

Ángel Santiago Regino 

 

COLILLAS

Ansar (Angel Santiago Regino Giraldo)

 

“Preludio”

Una última calada, y pudo verse la ceniza caer de su cigarro que ya quemaba la espuma del filtro, tornando aquel cuarto de un fétido alquitrán. Sus venas, ya dilatadas a causa de la nicotina que también le volvía taciturno, parecían a punto de estallar violentamente para pasar a fundirse en las sábanas de su cama. Ansar, quien ya había tomado de costumbre tan despreciable ritual (dicho desde sus propias palabras), se notaba siempre distinto con cada noche que recurría a esto. Cada noche, la sombra en sus ojos parecía arraigarse un poco más... Quizás no tenía relación directa con el consumo. Pero en aquel estado estaba convencido de ello; no solo él, su entorno se lo recordaba constantemente a través de esos eternos espejos que le seguían en cada idea de psicosis que su mente invadía. Pero aquella noche, al parecer, la nicotina tenía otro destino frente a su sangre contaminada de oscuro tabaco de mala muerte.

 

Al sentir ese último sorbo de humo gris en su pecho, presintió la víspera de la muerte misma tocando en su consciencia. Una ráfaga de dopamina, cargada de inmenso “terror”, sacudió su sistema nervioso tan fuertemente como para querer morir al instante. La desesperación mostrada en el desorden de su cuarto se arremetió contra sí mismo, haciendo notables rápidamente las súplicas de su alma que se carbonizaba en el infierno de la abstinencia y la culpa.

 

First Redemption

 

Verse I

 

 

Crecí hablando con ecos que nadie escuchaba,

 

Frías Calles, mi nombre flotando en la nada,

 

“estás raro” me dijeron … solo observaba,

 

el mundo se rompe… mientras todos actuaban.

 

Temblando el pulso, firme la mente,

 

he visto sombras como cualquier delincuente,

 

las calles… en mil miradas, en decente gente,

 

luchando por ser diferente.

 

Pre-Coro

 

Si caigo… no es derrota, es descenso consciente,

 

elegí ver el fondo… para volver más fuerte…

 

Coro melódico

 

No me fui… solo crucé la línea del ruido,

 

el alma se escucha, aunque todo esté herido,

 

testigo soy del abismo… pero sigo vivo,

 

aunque el mundo me ve como un perdido mendigo.

 

Verso II

 

No romantizo el dolor… pero lo entiendo,

 

cada error fue un idioma que aprendí viviendo,

 

háblame Dios en silencio… fui respondiendo,

 

a veces mi fe… iba deshaciendo.

 

Ceniza fui en cuartos donde nadie volvía,

 

la mente nublada… el alma encendida,

 

muchos juraron que no saldría,

 

Estoy aquí… escribiendo mi propia salida.

 

Puente

 

Me pierdo… no me busquen en lo obvio,

 

yo vivo en la forma… vivo en el fondo…

 

Coro Final

 

No me fui… solo crucé la línea del ruido…

 

ACT I : The Answer

 

CAPÍTULO I : Víspera

Quisiera que mis convicciones, respecto a mis recientes conexiones con la sociedad urbana, no me traicionen en el ejercicio de la razón; pues es en ello donde ha de sostenerse mi pensamiento, y donde mi problemática adquiere un carácter particularmente íntimo.

 

Percibo la presencia de la dualidad desde que tengo memoria. Siempre la polaridad dual ha sido clave en el desarrollo del drama de mi vida (si puedo llamarle así). He sido, casi por condena, el punto de tensión entre dos fuerzas. Esto sin distinción de lo que consideres positivo o negativo. Y aunque a simple vista esto pudiera parecer fascinante, hay en ello una carga poco gratificante. No es grato advertir cómo dos voluntades se enfrentan a razón de tu propia existencia.

 

No es fácil cargar con esa bisagra invisible que sostiene conflictos ajenos, sea por lo que Franz Kafka plasmaba en su obra “La Metamorfósis” tras ver cómo el valor del individuo era reducido a su utilidad, a su capacidad de proveer, a su absurda condición de ser en función de otros, donde la existencia misma parece perder legitimidad en el instante en que deja de ser conveniente... Otras veces, sin embargo, este conflicto no responde a lo material… sino a aquello que, con una ligereza casi cruel, hemos decidido llamar “amor”.

 

El siguiente relato no data de hace mucho. No más de un lustro. Esto quizás ha de deberse a que he de considerarme alguien bastante joven, y ciertamente lo es. Casi a punto de expresar mi libertad en amplitud, decido poner en escrito las siguientes crónicas que a mi pensamiento convienen.

 

Sépase, de primera mano, que a lo largo de mi vida siempre me he considerado una “máscara” poco agraciada, sin llegar a comprender del todo la percepción de los demás sobre mí; quizás por la frialdad que constantemente percibo en ellos. También ha de considerarse que las relaciones sociales exigen habilidades blandas muchas veces básicas, pero que en aquellos lugares donde divagué mi infancia poco pude aprender de ello.

 

Durante mi preparatoria, aunque mantenía una buena relación con la mayor parte de personas que me rodeaban, ninguna parecía poder aportar beneficio alguno en cuanto a mi desarrollo intelectual; claro está, eso era algo en lo que ni siquiera pensaba por entonces.

 

Como no es divergente en chicos de esa edad, mi percepción del mundo parecía comprender una amplitud mayor, pero aún con los deseos de un chico que no llegaba ni a los quince años. A pesar de cargar siempre con cierta “aura” sombría, logré relacionarme rápidamente en los distintos institutos y lugares a los que llegaba debido a mi constante cambio de residencia.

 

El primer año de secundaria recuerdo caminar en las noches hasta mi casa aproximadamente una hora, atravesando el corregimiento de San Antonio de Prado. Esto duró apenas tres meses, pues inmediatamente comenzó la inminente plaga viral. Confinamiento y muerte son gran parte de lo que atraviesa mi memoria de aquella época. Y, por supuesto, la negligencia de un Estado mediocre; opresor de quienes sobreviven con la honradez de la calle, y de quienes buscan escapar de un sistema que castiga al miserable.

 

El segundo año comenzó prácticamente igual. Luego de junio —mes en el que suelen dar vacaciones— logré llegar a Sonsón durante el confinamiento. Aquello representaba para mí una especie de “burla” a la autoridad, y quizá por eso siempre lo recordé con cierta satisfacción.

 

Tras el confinamiento, se logró una presencialidad parcial, por lo que me matriculé en una institución con media técnica comercial. Inicialmente, lo que convergía con la media técnica de esta institución se me resultó complejo, pues créeme que algo con lo que poco tenía experiencia era con el manejo de un patrimonio o un capital.

 

Extrañamente, logré ganarme el cariño de gran parte de directivos, alumnos y maestros. Ese primer año transcurrió bien, manteniendo principalmente relaciones sociales con otros chicos. No era precisamente popular entre las chicas. Como decía antes, no consideraba merecerlo. Salvo por una situación ocurrida al final de ese año escolar… y que, justamente, daría paso al primer drama.

 

Solía situarme con algunos amigos en las canchas de basket de aquella institución, misma que daba la impresión de tratarse de una cárcel, no solo en su infraestructura, sino también en sus reglamentaciones ambiguas y directivos poco flexibles ante los constantes cambios dentro de la sociedad del pueblo.

 

Uno de esos días, bajo un sol abrasivo que invadía cada rincón de la cancha, me encontraba sentado tras uno de los aros junto a varios amigos, esperando el timbre para regresar a casa. En medio del bullicio, escuché una voz tierna coreando los nombres de la boyband surcoreana BTS. Evidentemente no fui el único en notarlo, y no tardó alguno de mis compañeros en lanzar un comentario burlón.

 

Para ese entonces, también sentía cierta admiración hacia esa cultura, desde las boybands, hasta el concepto de belleza que allá predominaba. Una masculinidad menos marcada por los estándares occidentales, que muchas veces chocaban con ciertos principios que mantenía. Sus ideales parecían centrarse más en el autocuidado, la buena alimentación, la falta de imperfecciones en el rostro, el maquillaje… en fin, lo que aquí muchos llamarían “feminidad”.

 

Al sonar el timbre —esperado por todos para dirigirse a sus hogares y continuar sus días fuera del instituto,—, me levanté y me dirigí a secretaría, pues debía recibir un certificado de estudio solicitado por mi madre para alguna afiliación de su trabajo.

 

Al terminar aquello, justo estaba por cruzar la puerta de la institución, cuando sentí unos pasos frenéticos tras de mí, a los que reaccioné rápidamente girándome, todo para cruzarme con la mirada fija de aquella misma chica, al parecer fanática de la misma boyband que yo.

 

—Kim Seok Jin…! —dijo, señalándome con el dedo.

 

—¿Por qué asumes que me gusta BTS? —respondí, aún algo sobresaltado por la repentina situación.

 

—Jeje, es que lo noté, vi cuando te reíste al pasar al lado de ustedes. Además… pareces uno… ¡Adiós!… —no tardó en desaparecer de mi vista.

 

—Qué chica tan rara… —dije entre susurros.

 


Poemas de Fredy Correa

 

Fredy Correa

Poemas

de

Fredy Correa


Memoria de estrellas

 

Te quiero, pero no deseo luchar contra el destino, 

sé que el camino marcado no lo cambio con misticismo. 

Disfrutaré de vez en cuando del recuerdo que me abraza, 

aunque el tiempo me desgaste y la nostalgia me deshaga. 

 

Tu imagen se queda fija, como estrella en mi pecho, 

un suspiro que no muere, un refugio siempre estrecho. 

No busco batallas vanas ni retar lo inevitable, 

prefiero guardar tu esencia en un rincón inquebrantable. 

 

Si el viento me trae tu risa, la recibo con ternura, 

como canto que regresa, como bálsamo a oscuras. 

Aunque el destino me aparte y me niegue tu presencia, 

mi corazón te conserva con amor y resistencia. 

 

Te quiero, sin condiciones, sin cadenas ni promesas, 

como río que se entrega, como luna que confiesa. 

Y aunque no cambie el futuro ni se doble la razón, 

tu recuerdo será eterno, tatuado en mi corazón.

Att: El escritor solitario

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Tras una gran sonrisa

 

Las lágrimas no curan heridas, 

ni devuelven jamás las vidas perdidas, 

no levantan al muerto del suelo, 

ni borran del alma su duelo. 

 

Pero sí revelan lo que atesoramos, 

lo que en silencio más necesitamos, 

son ríos que brotan del corazón, 

mostrando su esencia, su gran razón. 

 

Si algún día quieres llorar con fuerza, 

deja que el llanto tu pecho atraviese, 

que cada sollozo limpie tu ser, 

y cada suspiro te ayude a renacer. 

 

Llora con ganas, sin miedo al abismo, 

que en cada lágrima hay un bautismo, 

un canto sincero, un grito de amor, 

un eco que sana la pena y el dolor. 

 

Y cuando la tormenta haya cesado, 

cuando tu carga se haya marchado,

y tu rostro quede aliviado, por favor vuelve a sonreír,

yo quiero genuinamente, que tu, seas feliz.

Att: El escritor solitario







SOBERANIA DE LOS TERRITORIOS / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

SOBERANIA DE LOS TERRITORIOS

 Darío Ruiz Gómez

El Gobierno Trump ha solicitado a la presidenta Sheimbaum, la extradición del Gobernador de Sinaloa por estar comprometido con los Carteles del Narcotráfico. La Sheinbaum con su estólida voz ha respondido que para hacerlo necesita pruebas del Gobierno Norteamericano. La lista de importantes funcionarios señalados de colaborar con los Cárteles que llega a diez cuyos nombres se darán a conocer próximamente. Recuérdese que ya cerca de cinco mil agentes de la CIA y la DEA están colaborando con el gobierno mexicano en la lucha contra la producción de Fentanilo, coca y otros alucinógenos. En “Letras Libres” revista de pensamiento imposible de imaginar en Colombia  su colaborador Carlos Matienzo    hace en su último número una serie de conjeturas sobre el caso de estas extradiciones que valen para el caso de Colombia ya que aquí y desde hace décadas el Cartel de Sinaloa ha mantenido un constante tráfico de drogas desde territorios de los cuales se ha apoderado y en los cuales desde luego su poder económico se manifiesta en la imposición de reglamentos de seguridad propios tal como sucede en ciertos Estados. Esto es  la cooptación de territorios en los cuales se obedece únicamente la ley de estas mafias planteando un concepto a revisar sobre lo que habíamos considerado como la soberanía nacional. Rocha Moya pactó con los “Chapitos” del Cartel de Sinaloa  - que hoy colaboran con la DEA- para recibir votos a cambio de cobertura. Recordemos el eslogan de “abrazos y no balazos” de López Obrador y que el petrismo quiso hacer suyo llegando a un completo fracaso que dejó al descubierto   los llamados Pactos de la Picota y del Plateado. Como lo señalan algunos reconocidos constitucionalistas la petición de entrega de estos funcionarios está de acuerdo con la Constitución mexicana lo que ha conducido a la Sheinbaum a un callejón sin salida que desde luego no puede encubrir su desacreditado nacionalismo.

 

¿Recuperar el imperio de la ley, recuperar la verdadera justicia sin recuperar antes los territorios que hoy permanecen bajo el dominio de los carteles del narcotráfico? ¿Qué va a pasar en Venezuela cuando la democracia se recupere si tres Estados le fueron concedidos oficialmente por Maduro al ELN y a las Disidencias, al Tren de Aragua? ¿Qué grupo de estos reclamará legalizar como suyo el Arco Minero, las grandes minas de oro? ¿En manos de  quién después de esta farsa de acuerdos con los consejeros de Paz quedarán las minas de Coltán? ¿A la soberanía de qué territorios tendrán que referirse  los expertos constitucionalistas de nuestras flemáticas Academias? Todos hemos sido testigos de como Iván Mordisco ha ido convirtiendo a Jamundí en su territorio, abriendo carreteras, contando con ciertos políticos, haciendo terrorismo. ¿A quién pertenecerá finalmente el Chocó si todo su territorio está en manos del ELN como lo están Arauca, Guaviare, el Cauca, Nariño? Muerto o desaparecido por algunos medios de comunicación Mateo el joven periodista ha venido a recordarle al país  que en los territorios de Calarcá sólo impera la ley de las fronteras invisibles.

 

 

LO TRÁGICO DEL PUEBLO / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

LO TRÁGICO DEL PUEBLO

Darío Ruiz Gómez

Hace ya cuatro años señalé que el Cauca iba a convertirse en el centro de la violencia causada por la presencia de algunos Carteles mexicanos en convivencia con las Farc y el ELN más cruel éste a la hora de explotar minas y sembrados de coca esclavizando a indígenas y campesinos. Un proceso de sometimiento de los pobres y no de liberación del pueblo, que contó con la colaboración de la nueva  Minga. Unas espléndidas crónicas de Salud Hernández describieron magistralmente un escenario de muerte, de poblaciones abandonadas, de la rápida caída en el narcotráfico de las comunidades que Quintín Lame había defendido afirmando la especificidad de su lucha a diferencia de la violencia “revolucionaria” de Aída Quilcué, Valencia, Acosta copiada del modelo de las FARC. La Minga  a la cual  mediante un tramposo acuerdo se le hicieron  inauditas concesiones de tierras y desproporcionadas ayudas económicas mientras que  sobre Jambaló, Caloto, Buenos Aires, Corinto, Argelia, Cajibío, el Tambo, con la violación explicita del Estatuto del Roma, siguieran reclutando niños y niñas, decapitando a placer líderes y lideresas, en una desenfrenado genocidio, de crímenes de Lesa Humanidad que terminó por convertir en cómplices a muchos dirigentes políticos del Cauca, a muchos intelectuales y contó con el apoyo de la llamada Iglesia de Puebla. Entre tanto las FARC como el ELN conformados en su origen político  por dirigentes blancos, estudiantes blancos, cabecillas de origen universitario que fueron desapareciendo en medio de los azares de la violencia revolucionaria fueran sustituidos por cabecillas nativos, mestizos  criados en la selva,  confinados en las cárceles de la llamada “ancestralidad” un rótulo para ocultar las verdaderas intenciones de enriquecimiento personal  de sus cabecillas  hasta caer como hoy en una anarquía imposible de detener.

Que dos respetados medios de comunicación titulen en su primera página que “al parecer las cuarenta y siete acciones armadas, el asesinato de veinte campesinos indígenas, once de ellos de una sola vereda respondieron a la reacción de Mordisco por la muerte de su novia en un bombardeo del ejército” es una vergonzosa demostración de que a  sus mesas de redacción les interesa más la desinformación que un análisis sobre lo que rodea a este tipo de  violencia nacida e impulsada por una desequilibrada forma de irracionalidad donde han terminado matando a su propio pueblo. ¿Quiénes convirtieron la Panamericana en un territorio sangriento de secuestros, violaciones, quemas de vehículos a nombre de una Pacha Mama caricaturesca? ¿No habíamos visto antes esos cráteres de artefactos explosivos colocados para impedir, repito, el derecho consagrado a la libre circulación? Los hechos convertidos en noticia no nos conmueven ni llaman a pronunciarnos sobre estos atropellos banalizados hasta convertir finalmente a una sociedad en cómplice de estas manifestaciones de ciega violencia. La tragedia  del pueblo consiste en que quienes lo nombran y manipulan son los primeros que los condenan a muerte ya que nada ahonda más la desigualdad que estos atentados donde el ejecutor quiere afirmarse sobre la negación de sus víctimas. Hace cuatro décadas los teóricos de cafetería universitaria aclaraban para justificar a la guerrilla que había que distinguir entre la violencia burguesa y la violencia revolucionaria. ¿La violencia de Calarcá, Mordisco, la del ELN y la de la Minga matando campesinos, indígenas, afrodescendientes es acaso una “violencia revolucionaria”? Se nombra, se actúa  en nombre del pueblo – y esto es lo trágico - para luego matarlo. PD En el 2002  un Juez  de la República condenó a 25 años a prisión a Iván Márquez, Pablo Catatumbo  y al Secretariado de las FARC como autores intelectuales del  espantoso asesinato de Monseñor Duarte Cansino.

 

 

sábado, 16 de mayo de 2026

Key Serna, la poeta del vino, Urrao / Víctor Bustamante

 

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Key Serna, la poeta del vino, Urrao

Víctor Bustamante

Key Serna lleva escribiendo hace relativamente poco y, asimismo, publicando muy poco; sin embargo, aunque su quehacer poético apenas comienza, ella ha sorprendido por la manera tan personal de escribir y de expresar su poesía. Considero que, así aún no haya publicado un libro, ya es una artista que inicia un camino, camino áspero y duro, pero que ella sorteará debido a su alegato personal, unido a su instancia creadora a prueba de retos falsos, ya que percibo en ella autenticidad, paz interior, lejos de las discordias y de las disociaciones. Sus poemas reflejan un individualismo estilístico poco común en algunos poetas noveles, cargados y sin penurias, atrapados en su afán de escribir sin lecturas previas y con los temas que más están en la atmósfera para pegarse a la sazón del ambiente y agradar; uno de ellos, el tópico más manoseado en Medellín: la violencia o la sumisión de la poesía a la necedad de abrevar en ciertos poetas de dudosa actitud.

El hecho de vivir en Urrao ha permitido que Key no haya sido contaminada por la literatura de falso folclor ni por las huestes del feminismo de clóset y, así, ella prosiga en su soledad de las montañas, en un pueblo tranquilo y bello donde puede escribir verso a verso cada vez que pedalea en su bicicleta o camina por esos surcos de las veredas y montañas que constituyen su plano personal, ese que lleva en las palmas de sus manos hacia las cascadas, agua pura que corre libre, nunca domeñada, y que se refleja en la pureza de su paisaje interior. De esa manera, con una escritura tan personal y presente, Key posee, de la manera más auténtica, la palabra para entregarle todos sus ecos, aquellos que brotan limpios de su ser interior.

Me gusta que su poesía sea confesional, ya que se expresa ella misma, sin autoconmiseración, en diversas direcciones, definiendo lo cotidiano a partir de su tersura, así como mantiene, con cierta perspicacia, presentes los temas trascendentales de esas heridas a veces escondidas: la vida, la muerte y el amor, que reaparecen en los momentos más inesperados para recordarnos que somos, no el junco impávido y pascaliano, sino el ser que se siente tocado por la existencia; aquella que la lleva a escribir poemas tan inconmensurables, en apariencia simples, cargados con la fuerza de su inobjetable sello personal.

Key reacciona ante las circunstancias de la vida, ese viaje sin ruta, pero no para arrinconarse, sino para hacerse fuerte y poetizar lo que considera esencial, aquello que la lleva a ser tan genuina. De tal manera, revela el desafío de la vida que ella escudriña sin recelos para dar su respuesta a través de su escritura misma, como la respuesta personal de ella, sí, de la poeta. Lo que enfatiza que Key pone en su escritura su relación con la vida y el paisaje. Ese paisaje que ella se apropia, camina, observa y redefine, y que le entrega su toque esencial, aquel que sale para ser visible en sus poemas.

A través de sus poemas, uno de ellos Insomnio, es posible rastrear esa relación entre su poesía y sus reflexiones personales, lo cual permite un vínculo con Henry David Henry David Thoreau cuando afirma: “Solo cuando nos perdemos… comenzamos a encontrarnos a nosotros mismos”. Y eso mismo le ocurre a Key cuando, en las noches de desvelo, apaciguada a las tres de la mañana, inmersa en esa circunstancia de ser ella misma en la soledad matizada por sus reflexiones, el pensamiento leva anclas para pensar en la vida que nos atrapa entre las paredes de la noche, negra noche, así como negra madrugada entre montañas, entre paredes y entre los ruidos que provienen desde cualquier lugar.

En medio de ese momento espeso de la vida, y a esa hora del conticinio —ese instante de la noche que ya será madrugada, donde los ruidos no se sienten porque solo claudica el yo de quienes viven en posesión de su noche interior, del ser mismo—, solo se escuchan los ruidos interiores; el más preciado: el sonido del corazón, pausado, lento, como homenaje a sí mismo, golpeando las paredes del alma como si nos recordara lo que somos: un ser en soledad que se agrupa a sí mismo en sus palabras para arder y apartarse de los ruidos confabulados, pero también de las luchas interiores, tormentas duras y pasajeras que llegan desde algún lugar de la memoria que habla, así como de los pasos que no pasan y de las palabras que nadie pronuncia. Entonces es cuando la poeta deshila su insomnio, ese puerto inaudito, lacerado por las propias palabras, por las circunstancias que tejen y tejerán la vida en cualquier túmulo y, sobre todo, en esa suma de instantes donde el ser quiere expresarse; y cómo se expresa a través de ese sentido y bello poema que es Insomnio.

Key no merodea atrapada en situaciones inherentes a su sexo ni en dilemas extravagantes y de confrontación; simplemente, a través de su hermosa poesía, emergen esas palabras tan suyas, ya sea en una visita al hospital, para darnos el asombro y la melancolía de ese lugar, o cuando sale a vender su propio vino, Toche, en bicicleta, a través de ese Urrao tan amado, tan presente, tan fuerte, tan único como ella.

 



martes, 12 de mayo de 2026

Medellín, 1948, en las postales de Tichnor Brothers / Víctor Bustamante

 

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Medellín, 1948, en las postales de Tichnor Brothers

Víctor Bustamante

Tichnor Brothers, Inc. fue una empresa estadounidense de artes gráficas e impresión con sede en Boston, Massachusetts, que operó entre 1908 y 1987. Se distinguió por ser uno de los principales productores de postales de recuerdo de ciudades estadounidenses durante el siglo XX, en particular por sus célebres postales de “letras grandes” (large-letter postcards), difundidas entre 1936 y 1952.

… En el paisaje visual de la cultura norteamericana, Tichnor ocupó una esfera singular. Sus postales —frecuentemente impresas sobre el característico papel con textura de lino— no eran simples objetos turísticos, sino pequeñas condensaciones de mundo: fragmentos urbanos convertidos en imagen portátil, memoria estandarizada y, al mismo tiempo, íntima. La textura de lino, con su reticulado suave y su aspereza elegante, no sólo aportaba una cualidad táctil distintiva, sino que confería a la imagen una cierta densidad nostálgica, como si cada postal estuviera ligeramente inclinada hacia el pasado incluso en el momento de su producción.

… Los archivos de Tichnor Bros., conservados en la Biblioteca Pública de Boston, constituyen un vasto depósito de historia visual. Allí reposan miles de imágenes que documentan no sólo la arquitectura, sino también las aspiraciones culturales de Estados Unidos. Estos se pueden consultar en plataformas como Digital Commonwealth y en otras colecciones abiertas en línea, estos materiales han adquirido una segunda vida: ya no circulan como souvenirs, sino como documentos.

… Los fundadores de la empresa fueron los hermanos Harry N. Tichnor y Louis Tichnor, hijos de inmigrantes judíos procedentes del Imperio austrohúngaro. La historia familiar, marcada por desplazamientos y adaptaciones, aparece discretamente en la propia vocación de la empresa: fijar lugares, convertirlos en imagen, darles una forma reproducible.

… La llamada “textura de lino”, tan característica de estas postales, no debe entenderse como un mero detalle técnico. Se trata de un acabado producido mediante gofrado, que imita el tejido de lino a través de un patrón de líneas cruzadas en relieve. Su función era doble: estética y funcional. Por un lado, otorgaba a la imagen una apariencia más refinada, casi textil; por otro, facilitaba el secado de las tintas en procesos de impresión masiva, acelerando la producción sin sacrificar el efecto cromático.

… En el plano técnico, Tichnor empleó procesos de impresión a color de alta intensidad, como el denominado “Lusterchrome”, junto con sistemas de impresión multicolor —habitualmente basados en el modelo CMYK ampliado— que permitían obtener tonalidades más vivas y contrastes más marcados. En el contexto de las “linen postcards”, la tinta no se limita a cubrir la superficie: se adhiere a ella, se inscribe en sus relieves, como si la imagen respirara a través de la materia misma del papel.

… Así, lo que parece un simple objeto comercial se revela como un pequeño artefacto de la memoria moderna. Las postales de Tichnor no sólo muestran ciudades: las ordenan, las estilizan, las convierten en relato visual. Y en ese gesto —entre la técnica y la nostalgia— se inscribe una forma particular de mirar el mundo, donde cada imagen es también una promesa de permanencia frente al desgaste del tiempo.

… En estas fotografías convertidas en postales es notoria una prolija visión de Medellín donde el espacio urbano aún conservaba rectitud y respeto por su estabilidad, así como cierta veneración por las edificaciones que le daban a la ciudad cierto hálito de un progreso sostenido donde era visible la interacción entre personas, y en el Centro las autoridades eran capaces de promover una autorregulación que dio sentido a mantener un paisaje urbano sostenido que valoraba no solo las calles, sino las edificaciones civiles como un reflejo de la capacidad creativa de sus arquitectos y planificadores para que esos paisajes posibles mantuvieran ese sello de ser una ciudad que poseía su admiración por esos paisajes construidos desde principios de siglo con tanto esfuerzo y prestigio. De tal manera la palabra progreso era algo que cautivaba para dar a la ciudad esa frescura que era posible advertir en estas postales que aun nos conmueven, no solo debido a la textura del proceso, a los colores precisos, sin medianía de sombras, sino por advertirnos del cambio y destrucción de una ciudad.

…  A esa ciudad tranquila con una atmósfera de un cielo siempre azul, con espacios controlados, y sin hacinamiento, no se advertía lo que vendría después: su propia destrucción ante líderes rapaces y sin cultura, culebreros, analfabetas y escaldados en su mayoría que no darían la talla, que permitieron que Medellín fuera abocada a lo que es ahora, un territorio de nadie, un caos y el desorden como signo no de su tiempo, sino de su propio descalabro metódico,  personal llevado a cabo por dirigentes obsoletos.

… Estas postales hermosas, únicas y perennes provienen de fotografías en blanco y negro realizadas por nuestros maestros fotógrafos en un año preciso, 1948.

… Entre las series producidas por Tichnor se encuentran postales de Medellín, Colombia, donde aparecen escenas urbanas en la Estación del Ferrocarril, la Plazuela San Ignacio, el Aeropuerto Las Playas. Así como edificios emblemáticos de las iglesias de la Candelaria y Metropolitana, los Palacios de la gobernación y Municipal, el Hotel Nutibara, el Club Campestre. Y algo que se advierte, la multitud muy elegante se agolpa en el Hipódromo San Fernando, en menor sentido en la Plaza de Toros y en el Jardín Botánico. La Universidad de Antioquia, la Nacional, la UPB se advierten como centros de enseñanza superior. El agua fluye y es domeñada en el Acueducto municipal, y en la Hidroeléctrica de Guadalupe. Símbolos del civismo y la cordura, luego vendría lento, preciso y mugroso la otra clase de progreso que convertiría el Centro en ruinas, y que nadie ve en Planeación, en Patrimonio, ni en ninguna dependencia de papel con funcionarios de papel y basura. 

… Estas imágenes, hoy dispersas en archivos digitales, permiten observar cómo una ciudad latinoamericana fue traducida a los códigos visuales del turismo gráfico estadounidense: ordenada, enmarcada, convertida en superficie legible y cautivadora para el circuito de visitantes posibles.

… Raúl de la Espriella fue el editor de estas postales en Colombia, era barranquillero, fue jugador del equipo de fútbol Unión Colombia, primer agente del diario El Espectador, estuvo dedicado a las artes gráficas, fundó una revista muy dedicada al carnaval, Barranquilla gráfica.