miércoles, 25 de febrero de 2026

La vida en grande de Arnulfo Arias // Víctor Bustamante

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La vida en grande de Arnulfo Arias

Víctor Bustamante

En Arnulfo Arias se conjuga una palabra que es una actitud ante la vida: viajar. El viaje lo embarga, y lo embarca a la lejanía, no le crea incertidumbre, sino totalidad, pero no es para escapar, no es evasión; es el deseo de comprobar que el mundo, los mapas, sus calles, las ciudades antiguas y modernas, las fachadas de las casas, las diversas religiones, y sobre todo, las costumbres definen cada uno de sus pasos en ese transcurso. De ahí, que ese ser disperso por tantos lugares que al viajar se conoce, se planta, pero en su parcialidad siempre riñe por algo inusitado: su supervivencia. De ahí que conversar con Arnulfo, después de cada viaje, es saber que la totalidad de este mundo es aprehendida con sus palabras. En él, viajar no es huir, tampoco es turismo, pero sí es certeza, sí interiorizarse, ansias de saber, de conocer: comerse el mundo a dentelladas. A veces visita un zoco religioso en la India, o un castillo que lo deslumbra en Transilvania o a más de eso persiste la plenitud de su vida en Río de Janeiro, y de las favelas, que las ha vivido en toda su dimensión de belleza y miseria, donde indagó y padeció el esplendor de la carne en medio del hambre y del mundo encriptado en el círculo vicioso del eterno retorno de la desventura como norma de vida.

Aún tengo presente una historia que me había relatado en los dias de cine del Instituto Goethe, cuando se fue para Nueva York, donde unos colombianos, amigos cambiantes que, cuando Arnulfo llegó de visita le exigieron salir con ellos desde la madrugada a la ciudad; ellos al trabajo y Arnulfo a merodear Nueva York, y así caminó sus calles y sus paisajes secretos, lejos de los colombianos que lo invitaban a no quedarse en casa, ya que allí guardaban bajo el colchón sus ganancias de trabajo y de esa manera evitaban las posibles tentaciones por los dólares ajenos del visitante.

Pero si viajar trae sus pequeñas felicidades, así Cavafis nos reproche cuando poetiza ese ser interior que nos habita, que señala y reclama su lugar de origen. También es cierto que escribir es un viaje, sí, un viaje con retornos y huidas, con pausas y con diatribas, que se resumen en un libro. Y es precisamente de ese libro, su libro, La vida en grande, (Impacto editorial, 2008), el cual atrae por una de esas razones, el concepto del viaje, no solo en la memoria, sino a su origen, Riosucio.

Arnulfo no se previene para viajar, es más, parece que lo necesitara como materia de investigación no solo para corroborar como el ser humano siempre en cualquier parte del mundo es similar, tentado por las mismas aquiescencias y diatribas, sino que el interior del viajante necesita comprobarlo para saber que viajar no es un proceso de aniquilación sino de certeza. Esa certeza que a veces alegra en apariencia al respirar nuevos veranos, pero también se corrobora, como plantea Cavafis, que somos iguales en cualquier rincón del planeta, que solo nuestro carácter es lo que hace visible y notorio esta estrategia del viaje. De todas maneras los relatos de Arnulfo poseen esa materia que los funde con su creatividad, ya que él ha narrado lo que otros no vieron, de ahí que estos se encuentren imbuidos de recuerdos, como los cuentos sobre Riosucio, esos cuentos que son materia de su memoria en este caso un regreso, y qué es un regreso, sino ese viaje al centro de la memoria para denotar que esos eventos no se deberían olvidar, sino que hacen parte de esa síntesis de lo cotidiano que nutre la historia de un pueblo tan valioso como Riosucio. Como parte de esos pueblos que se resisten a olvidar sus orígenes, esos orígenes que desplegarán sus frutos, así como esos orígenes serán rescatados de esos recovecos de la memoria. De ahí que esos momentos que quedaron para el autor los recupera del rincón de la historia para contarlos, para dar una versión de Riosucio muy personal y no dejar que esos eventos pasen al archivo común de la oscuridad y del olvido. Sexo, muerte, asesinatos, faltonerías, mujeres extravagantes y hombres traviesos, calles que los inscriben, cenáculos donde pernoctan. Así, Arnulfo los reconstruye en estos viajes nunca metafísicos en los cuales alardeará de una manera total, ya que él estuvo allí y no quiere que esa materia se olvide, que pase injustificada al despeñadero de la oscuridad porque precisamente el autor lo recobra, lo cuenta,, y nos causa ese desparpajo porque así sabemos que Riosucio no solo posee una ceremonia con el diablo, sino que Arnulfo, al recobrar esos eventos de su infancia, hace apetecible otra forma de la historia y  es que, aunque no está escrita en los anales, podríamos decir oficiales o de escritores que no la vivieron, por esa razón el autor hace presencia y nos dice, aquí vi estos personajes y sobre ellos he escrito eso sí con la certidumbre de decir que lo hace para que  no se olvide su presencia, ni la de esos personajes, ya que Arnulfo al sacarlos de las gavetas oscuras del tiempo arrasador les da un lugar.

El escritor siempre tiene presente eventos que lo han marcado con fuego, de ahí que su estadía en Brasil lo haya llevado a vivir en las favelas, sí esas favelas, donde se inmiscuyó en ellas, de tal manera, que tuvo amoríos con una mujer feísima, de cuerpo estilizado, negra, faltona, llena de desparpajo que lo dejó marcado, para siempre con las huellas placenteras a fuego al abandonarlo. Allí Arnulfo ha sido testigo de ese hábitat cubierto de mala prensa donde la pobreza en términos totales obliga a sobrevivir. Arnulfo da ese paso hacia esa perspectiva que él vivió en esos lugares,, nunca santos y que le han servido para redefinir eso que llamamos amor. Allí participó no como espectador tibio, sino como involucrado en un rito, la macumba, para casarse en una ceremonia oscura, poseído por el don de la trampa almibarada y certera del amor en tierras extrañas.

En Arnulfo no existe la angustia de estar solo durante el viaje de la escritura. Todos sabemos que escribir es el viaje más oneroso, más atrabiliario y más profundo, ya que él no se deja delimitar, por el contrario, busca la vida de esos lugares en personas nunca de renombre, sino sencillas donde observa una verdadera definición sin maquillaje del lugar visitado. Escribir para él se convierte en una actividad que honra, nunca de turismo con manuales, sino que él va al fondo, a la parte que no se habla y que en él brilla. En él brillan, esas zonas oscuras en sus diversos relatos, no sólo por esas razones sino por otras más profundas y desconocidas.

Así, escribir para él, es percibir esa cosa escondida que no vemos sobre la superficie, que lo apabulla y le causa curiosidad; una curiosidad inmediata que lo lleva a ahondar y casi a abandonarse de una manera pragmática en esa corriente oculta que cruza cada día, cada ceremonia, cada diálogo; síntesis de cada viaje y que lo lleva a contarnos ese magnifico cuento en Brasil, sobre la macumba, donde en una ceremonia subterránea, se entrega a los abrazos impuros de la traición inesperada.

De ahí que, en La vida en grande, estas expresiones del viaje, de sus viajes, retrotraen una certeza incuestionable ya que evocan la atracción y la curiosidad, donde destella el intenso rayo que no cesa del deseo, la pasión detrás de la escena sin libreto de la vida cotidiana que se desencadena. Ya sea con la faltonerías, ya sea con la mentira, ya sea con el engaño o con la trashumancia de los llamados sentimientos interesados en otras circunstancias donde le teatralidad se pavonea cruda con la mentira que aflora, como norma de vida, que coordina la circunstancia del engaño y la muerte en algunos de sus cuentos. Así Arnulfo Arias.



 


sábado, 21 de febrero de 2026

Un gusto / Daniela Coha

Daniela Coha

Un gusto

Daniela Coha

 

Un gusto

Sí,

Un gusto es.

Compartir lo que amo conmigo.

Soltar la necesidad de que otros aprecien

Lo que he amado desde siempre.

El viento despeinando mi cabello.

Las flores de los Guayacanes en el suelo.

El anaranjado del atardecer.

No hay nadie a quien complacer.

Un gusto

Sí,

Un gusto es,

Compartir la vida conmigo.


RESTOS DE PATRIA / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

RESTOS DE PATRIA

Darío Ruiz Gómez

Diosdado Cabello ha desmentido de nuevo al Presidente Petro, esta vez recordándole que la explosión que se sintió en un lugar del Golfo de Maracaibo  no fue en una fábrica  sino en un enfrentamiento entre el ELN y las Disidencias con presencia del Ejército venezolano y cuyo saldo mortal fue de ochenta muertos. ¿Lo hacen de verdad para apoderarse solamente de las rutas de exportación de cocaína hacia Estados Unidos y Europa o lo fundamental consiste en afirmar  territorios que en  una mesa de conversaciones podrían reclamar como propios? Por otra parte en la historia del movimiento guerrillero en Colombia, tal como se puso de presente en Urabá,  en la misma Venezuela donde eliminaron sin contemplación alguna a Santrich, a Gentil Duarte y a muchos comandantes del ELN en una lucha fraticida, este tipo de insania ha sido lo característica cuando estalla la suprema irracionalidad de la “justicia revolucionaria”  En un enfrentamiento entre los Comandos dela Frontera de Calarcá y la Carolina Ramírez fueron asesinados 22 muchachos indígenas de esta última .La visión de los cuerpos desnudos de estos indígenas arrojados por una volqueta en una fosa común ilustró el significado de este tipo de matanzas entre grupos guerrilleros. Por esto el espectáculo de treinta cuerpos de anónimos guerrilleros asesinados por Calarcá en el Guaviare su país privado y donde se dio el lujo de mantener bajo toque de queda a más de cuarenta mil habitantes comprueba la barbarie de estos actores armados que circulan en vehículos oficiales libremente sin que nadie pueda detenerlos. 

Aquí sí el jaguar que, es una bestia, da paso a quienes al ponerse un uniforme y aceptar como evangelio unas disparatadas versiones de  Marx o Lenin son presas de las más oscura insania que de militantes de una ideología tóxica  pasaron a convertirse en despiadados defensores de una patria inventada para engañar bobos. En abril del año 2.000 el Partido Comunista que había firmado la Paz refrendó el llamado Movimiento Bolivariano cuyo objetivo fue crear la República Bolivariana de Colombia respaldados y financiados por Chávez. Reyes, Marulanda, Santrich, Pablo Catatumbo, Alfonso Cano entre otros aparecen junto al Partido Comunista Clandestino como dirigentes de esta farsa cuyo verdadero objetivo tal como lo estamos viendo gracias a la detención de Maduro  fue constituirse realmente en una organización criminal dedicada a enriquecerse  a través del narcotráfico y la minería ilegal. Es lógico entonces que tilden a sus adversarios políticos de “antipatriotas” Calificarlos de fuerzas binacionales es exacto como lo pretendieron eliminando inicialmente las fronteras entre el Zulia y el Catatumbo. Que hoy a diez años de la firma del Pacto de Paz Santos-Timochenko las FARC no haya entregado ni un uno por ciento de la reparación debida a miles y miles de víctimas comprueba, repito, que la JEP no ha sido una justicia transicional sino parte de esta farsa donde no solamente incumplieron una promesa si no que bajo el señuelo de esa supuesta patria siguieron enriqueciéndose: 196 soldados y policías han sido asesinados desde 2025 hasta la fecha de hoy.  Señala a Petro, Salud Hernández.  como incapaz de haber detenido esta carnicería, olvidando que el gobierno las ha propiciado y es quien ha colocado las graderías invisibles para que una sociedad indiferente se distraiga contemplando este circo romano.

 

¿CRISIS DE LA IZQUIERDA O SU DESAPARICIÓN HISTÓRICA? / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

¿CRISIS DE LA IZQUIERDA O SU DESAPARICIÓN HISTÓRICA?

Darío Ruiz Gómez

Dos acontecimientos han servido para colocar contra la pared a lo que especialmente en Colombia, por pereza mental, seguimos llamando Izquierda, la caída del brutal régimen de Maduro y el levantamiento de las mujeres en Irán. Alguien argumentará que ni siquiera gramaticalmente  se  puede reconocer categoría política al chavismo y al madurismo  que más que una dictadura pasaron a ser demostraciones de barbarie más cerca de un Boko Haram  o de aquel sanguinario intento de Califato que asesinó igualmente más de 10.000 católicos de una antiquísima iglesia. La brutalidad, volvamos a repetirlo, es la fase final de un tipo de  violencia que se justificó bajo argumentos de redención de los grupos oprimidos por el colonialismo y la miseria  pero que al perder toda conciencia sobre sus límites ya no sabe lo que se ha sobrepasado y entra de lleno en los desmanes de la brutalidad por la brutalidad caso del ELN y las FARC. El sadismo de los Comandos de la Frontera sobrepasa las brutalidades de los cuerpos de “defensa de la revolución” madurista. El infame espectáculo de ocho millones de exiliados no se produce solo por hambre como parece a simple vista sino como el uso de la brutalidad desbocada de unos esbirros. Y la Izquierda populista colombiana apoyando a Hezbolá y proclamando su antisemitismo ha terminado por justificar la brutalidad.

¿Qué queda entonces de los principios de la llamada Izquierda humanista, supuesta defensora de la libertad, del progreso moral ante el espectáculo circense que nos está dando el Pacto Histórico y la solapada izquierda que calladamente ha impuesto la dictadura del Pensamiento único en la educación escolar y en la educación Universitaria? Cuando astutamente se impone el multiculturalismo como se ha hecho en Colombia se niega la diversidad al negar y sobre todo perseguir el pluralismo, base de la democracia,  imponiendo el igualitarismo y no el derecho a la igualdad que son dos conceptos distintos. Que nadie piense por sí mismo que para eso está la constituyente que permite hoy que una persona que no ha terminado el bachillerato sea Canciller o embajadora. A estas alturas como queda claro en Venezuela la aridez mental, el cainismo sustituyen a la política para encubrir las nuevas formas de degradación de la justicia, la entrada de un gobierno en el narcotráfico y el panóptico como símbolo del odio a la libertad y a la inteligencia. Tenemos que volver a la lucidez de Ortega y Gasset para entender cómo se desfigura el concepto  de pueblo cayendo  en el plebeyismo que es lo característico de cada uno de los actores de la farsa madurista y de nuestros populistas colombianos. El nombre de Izquierda es lo de menos  ya que decir que Iván Cepeda, pongo un ejemplo, es el candidato de la ética no solamente constituye una broma sino el despropósito de quienes, eludiendo la autocrítica, solamente tratan ahora de aferrarse a un puesto burocrático sabiendo que ya no existen, precisamente por falta de ética.

Ética sería haber metido a la cárcel a los mayores asesinos de nuestra historia las Farc un proyecto de barbarie al cual Cepeda ha defendido durante los dieciséis años que ha pasado sentado en el Congreso bajo la paranoica obsesión de meter en la cárcel al mayor enemigo de las FARC, el Dr Uribe. ¿Ética quedarse callado ante estafas como lo el llamado Ministerio de Igualdad donde se han robado el dinero de las mujeres humildes, humilladas o el robo del Ministerio de Salud con miles y miles de humildes gentes sometidas al sufrimiento físico y a la muerte? A buscarse entonces un Partido  donde confluya su totalitarismo disfrazado porque en un sistema democrático ya no tiene cabida.

POR UN NUEVO HUMANISMO / Darío Ruiz Gómez

Zdzisław Beksiński

 

POR UN NUEVO HUMANISMO

Darío Ruiz Gómez


Lo que quedó de la sociedad de la Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín fue una sociedad ultratraumatizada por la sospecha de seguir espiada, lo cual era cierto, y lo cual causó la más desoladora de las tristezas humanas, no tener amigos o sea no contar con confidentes sino estar rodeados de espías  del  Partido. Tal como lo explicaba un analista venezolano el chavismo se ha infiltrado de tal manera en ciertos sectores populares que les ha dado armas y los ha convertido en gendarmes capaces de denunciar incluso a un adolescente de diecisiete años, vecino de barrio, condenándolo  como “enemigo de la revolución” a catorce años de cárcel. Este caso ya lo habíamos visto en sociedades totalitarias como la nazi o la comunista donde los hijos denunciaban a sus padres acusándolos de contrarrevolucionarios. Hablamos del régimen madurista y nos atenemos a esos grotescos funcionarios y militarotes que ilustran la destrucción de una nación, la presencia de un autocratismo sin darnos cuenta hoy de  porqué en esta sociedad pauperizada que apenas logra sobrevivir con un dólar al mes se aplicaron y siguen aplicando las técnicas de espionaje, de represión a través de  tecnologías de punta, introduciéndose en los celulares, cortando el internet, y esto, paradójicamente aplicado no solo en las esferas de los grupos de represión si no  armando a  los vecinos de barrio para convertirlos en ciegos guardianes de la dictadura. ¿De dónde provienen estas tecnologías sino de Xing Pin y Putin? ¿Contraste o burla por parte de los representantes de un totalitarismo que por fortuna  ha sido detenido en su intento de convertir a  Venezuela en un territorio estratégico para sus políticas de expansión? La denodada tarea de los intelectuales maduristas asesorados por españoles de izquierda, kirchnerianos, colombianos para destruir la “universidad burguesa” contó por suerte con una imbatible resistencia y hoy podemos comprobar que el pensamiento libre no logró ser sofocado, que el cordón umbilical que nos une con el legado del Humanismo  Occidental tampoco lograron eliminarlo en su intento de instaurar un colectivo de filósofos con metralleta. Andrés Bello está más presente que nunca ya que la única identidad como seres humanos la dan la justicia y la lengua donde se aloja la memoria responsable.

El Helicoide que fue la muestra del desarrollo de una urbe moderna  convertido en el más horripilante centro de tortura. Solamente las mazmorras de Bashar al Asad pueden igualarse a esta ignominia donde las bestias se dedicaron a toda clase de desmanes. Andrés Bello, hijo preclaro de la Ilustración – al igual que Simón Rodríguez-  para la construcción de la República colocó en primer lugar la educación para salir de la esclavitud de la ignorancia llevando a pensar, a discernir para lograr el entendimiento  entre los seres humanos  y  superar la condición del primate tal como el mismo Bolívar lo profetizó. Delcy y su hermano, Diosdado, Padrino son no el primate sino la perversión de la especie humana y su extensión en Colombia con toda la cúpula del ELN, de las Disidencias, íncubos, súcubos, lascivos, muertos escapados de sus ataúdes en una noche de Walpurgis que al menos en Venezuela, ha terminado. Pero la captura de Maduro ha dejado al descubierto lo que la internacional del madurismo había ocultado al mundo:  una trama  de adictos al espectáculo de la tortura de seres humanos, una fétida distopía cuya versión colombiana apenas empieza a ser conocida en todas estas dimensiones de lo que supone el degüello, el descuartizamiento, las ejecuciones en masa por parte de criminales del narcotráfico, los niños abusados, las nuevas tecnologías de la represión. Acabar con todo esto fue lo que Trump en la conversación telefónica le exigió a Petro. Nada más. 

jueves, 29 de enero de 2026

Casa Museo de Tomás Carrasquilla, Santo Domingo, Antioquia / Víctor Bustamante -Patrimonio 116-

 

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Casa de Tomás Carrasquilla en Santo Domingo

Víctor Bustamante

La fachada luce las paredes de cal y las puertas son de color verde, la casa ha sido restaurada después de sacarla de las garras de una cacharrería; se le han cancelado dos puertas, y en su lugar, se han dispuesto dos ventanas. Esta restauración es una manera de devolverle al escritor su lugar natal, es decir su presencia, y preservarlo de las metáforas del olvido, pero también es una manera de que los habitantes de Santo Domingo agradezcan al escritor que ha realizado una obra total, y así, en pleno se le ha dado su total presencia en esa esquina de Bolívar con  Girardot donde nació don Tomás Carrasquilla y donde comenzó a germinar una obra, mejor un Opus que expresa a los antioqueños.

… Esta es la morada del escritor, donde él tantas veces esperó el regreso de su padre, donde tantas veces existieron reuniones, visitas, conversaciones sigilosas. La casa es la intimidad de su dueño. Por estos cuartos y el patio amplio y generoso caminó el escritor, a lo mejor se ha sentado a jugar, a lo mejor en las tardes, en familia, rezaron el rosario. Así mismo los colores se apagaron al caer la noche mientras la llama de la vela definía sus sueños. Sí, aquí, en estos aposentos y zaguanes, el escritor caminó, conversó, jugó, cuando fue un poco libre en su infancia. Hemos venido a visitarlo, y de esa manera somos intrusos.

Por estos zaguanes y por estos cuartos, por estas puertas y ventanas, discurrió la escena familiar de su familia, eso sí, sin ruido que distrajera, sin el bullicio, sin la bullaranga que ahora es signo de movimiento de una casa. En ese instante el silencio solo era roto por el viento que se paseaba por entre las matas del patio, que movía las puertas o por las campanadas de la iglesia no solo en el ángelus, sino dando a reconocer cada hora a su paso. Aunque creo que de la iglesia inicial no sé si pueda decir que solía escuchar las campanadas, pero solo las campanas de mi imaginación son las que tratan de describir el ámbito de su casa, la de Carrasquilla digo.

Causa perplejidad entrar a la casa de Tomás Carrasquilla por una razón específica; en ella se resume su intimidad, esa intimidad que da señales de lo que fue su vida interior, que no aparece descrita en ninguna parte porque él la mantuvo en los umbrales de sus reservas, ya que en ella discurrió cada uno de sus pasos, cada una de sus actitudes, cada una de sus conversaciones al lado de su familia. De ahí que no hay nada que más que arrope su intimidad, que su silencio y esa cordura que lo lleva a ser discreto consigo mismo. Y así mismo en esa peculiar manera de ocultamiento nos ha privado de conocerlo un poco más. Ya que cuando se lee con ahínco a un escritor siempre se quiere saber más de él, cómo era su personalidad, cómo era su enfrentamiento con el discurrir cotidiano en esos días de fines del siglo, del 19, cuando se paseaba por esas calles, por esos campos, por esos paisajes que lo habitaron; paisajes que fueron suyos, que fueron su marco referencial, pero su silencio con la casa es proverbial, poco se sabe cuándo llega a su puerta, luego de un largo paseo por las calles o campos, o a lo mejor luego de una salida nocturna. Nada de eso, apenas llega a casa es el silencio como si protegiera la llamada intimidad de los curiosos lectores que quieren saber más de él, más de sus actitudes, porque cuando se lee mucho a un escritor se pasa a ser amigo para siempre, pasa a ser compañero de ruta. A través de su escritura uno percibe el interior de su vivienda, pero también debemos advertir que su intimidad es solo, esa parte de esa autenticidad que debe mantenerse en secreto. De ahí que cada escritor posea una zona de exclusión para detener las conjeturas de los lectores hipócritas y curiosos. De todas maneras, en Hace tiempos añade:

“Nací en una población minera del norte de Antioquia. La casa en que vivíamos se emplazaba en una calle falduda; era muy vieja, muy sucia y muy roñosa. Del caballete de paja le salían corredores de teja, de frente y de costado. Daba a la calle la puerta de la sala, entre un ventanón de tienda y un ventanuco saliente. El corredor lateral con entrada al patio y a la cocina, lo llenaban bancos y mesas, pues aquello era el mesón de Cantalicia Zabala, como si dijéramos. Pendiente abajo, y formando esquina, cerraba tal morada un cuadro de tapias, con bardas muy enyerbadas y mohosas, y un platanal exuberante cubría el recinto y botaba sus hojas a la calle y al pradillo interior.

….

Portón, ventanas y puertas al corredor siempre estaban cerrados. Mi madre vivía recluida. Cosía y aplanchaba en los corredores de adentro y daba sus vueltas por cuartos y despensa. Me parecía muy linda y muy muchacha.

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Anochece. Cantalicia, según su costumbre, ha cerrado la venta desde las seis. Sus edecanas, se han ido con todos los comestibles para expenderlos en la tienda de Justa Arcila, que Cantalicia abastece. La casa está cerrada. Después de la merienda y el rosario me hacen acostar, como de ordinario. La sala tiene un tenducho, donde guardan trastos caseros y los enseres mineros de mi padre, con sus palas y azadones, sus cachos y bateas de madera. Detrás del tenducho se alza la cuja, de altos varales, y el cielo de trapo, donde dormimos Cantalicia y yo.”

Por esa razón cuando escribimos la palabra intimidad, para denotar su territorio, no hay nada más sorprenderte que empezar a referirme a su cuarto, a ese lugar donde seguro tantas veces leyó recostado o tantas soñó y durmió hasta tarde, o, a lo mejor cotejaría, su idea de convertirse en escritor. Es decir, esta nota se comienza entrando a su cuarto, que es su refugio, su entereza. Su cama está limpia como si aun esperara a su dueño, en la pared un cuadro con una pintura de su rostro, -seguro esa pintura fue dispuesta luego. A mano izquierda de la entrada se observa su cómoda, pero también en una vitrina dispuesta en la pared miramos con curiosidad una levantadora, aquella que usó el escritor y que seguro fue obtenida de algún familiar para darle color a este lugar al que entramos de una vez en este texto porque la palabra intimidad se refiere al lugar más personal del escritor, que lleva  a especular sobre este sitio como el generador de ensueño regocijo y descanso; instantes disponibles y puros para sus ensoñaciones. Dos sillas mecedoras definen su estatus, seguro pertenecieron al maestro, con su entramado tan peculiar que aún subsiste; en ellas aparece en varias fotografías sentado, ya sea en reflexiones, summa del descanso, cuando atendía alguna visita o ya en sus últimos años, nunca derrotado por su enfermedad, sino deseoso de terminar Hace tiempos.

Había observado la casa por primera vez al segundo día de haber llegado a Santo Domingo, pasaba cámara en mano y por esa sensación de respeto y reverencia debí desviarme en la esquina hacia el frente de su fachada, y fijar en la memoria de la cámara, así como en m recuerdo la fachada de cal y y las puertas y ventanas de color verde, llegaba como la sensación de que ahí, en su interior dormía la familia Carrasquilla después de un día de ajetreo, escuché las campanadas desde la iglesia así esta misma iglesia fuera diferente para cuando el escritor viviera aun en su pueblo.

Ya en la mañana del domingo debía entrar con mucho respeto a la casa, a mano derecha se ha habilitado el cuarto para lo que será la administración del lugar donde observamos escritorio, y sillas, computadores y vitrinas donde se ofrecen algunos libros, así como nos recibe Juan Carlos Palacio, quien demuestra su amabilidad.

La disposición interior prosigue por un zaguán hacia otros dos cuartos contiguos, sin puertas. En este hay unos muebles resguardados por una faja de tela para que nadie se siente en ellos, y en si unidos. Alrededor, en las paredes, la iconografía de fotos del escritor y su familia, así como de otros lazos familiares, como si el álbum familiar, en parte, pudiera ser mirado precisamente allí incrustado no solo en las paredes blancas sino desde la eternidad del papel, mientras sus rostros adustos y serios son testigos de una familia que ha regresado para representar y acompañar al escritor. En el otro cuarto hay una disposición de cuadros con reconocimientos al escritor, y, dispuestos en el centro otro juego de muebles no tan ostentoso y eso si muebles con los libros personales de Carrasquilla.

Por supuesto que esta es una representación del ámbito del maestro, ya que no se sabe si esos cuartos estaban adornados de esta manera, ya que cada uno de los enseres y objetos caros a la vida del escritor son una representación, mejor una colección que se ha ido completando con los años, es decir, cada uno de estos objetos poco a poco regresan al lugar para rememorar a quien se merece por haber dedicado su tiempo y su talento y talante a describir una manera de ser, con un habla peculiar, que de no haberlo hecho él, hubiera desaparecido. Por supuesto hay algunas vitrinas con objetos valiosos, y el único mueble con un espejo. En este ámbito del museo se respira, a pesar de su ausencia, a Carrasquilla, al maestro que hace años caminó, conversó, cenó en esta casa.

El comedor ha sido habilitado para encuentros, y ahí en un aparador con vitrina se encuentra una suerte de cofre, con el tesoro máximo, el manuscrito de La Marquesa de Yolombó, donde es posible notar la caligrafía de Carrasquilla, así como la corrección de sus errores, todo escrito con pluma y tinta. Al hojear este manuscrito es como si nos retrotrajéramos al momento en que la obra se terminó, y ya ha estaba dispuesta para ser pasada a los moldes de la imprenta. Pero lo que sobrecoge en este documento es como en esas páginas, fue escrita esa obra memorable, aplazada, y nos pone a pensar cuanto tiempo se demoró Carrasquilla, en días y noches, para que a través de su escritura fueran surgiendo los diálogos, las narraciones, cada personaje hasta disponer el punto final. En estas páginas está el alma impresa de Carrasquilla, sus seguridades, sus dudas, las historia que escuchó como una tradición oral, sus aportes, sus recreaciones, sus tesis, sus críticas blindando a esa mujer memorable que desdice de aquellas damas encerradas en el hogar. Allí, ese pasado ajeno que bordeaba la suposición y los pasos del olvido, fue recobrado por el escritor ante la insistencia de Félix Mejía, a quien fue dedicada la obra.

 Luego pasamos al cuarto, en la entrada a mano derecha, donde ha sido recreada la Biblioteca del tercer piso traslada acá para recoger el espacio vital donde el escritor, junto a sus amigos decidieron también, no solo leer, y mantener el espíritu alerta y en contacto con otras culturas, sino volverse, algunos de ellos escritores, ya que querían contar historias que vieron, o escucharon, así como darle, cada uno de ellos su toque personal. Me refiero a Carrasquilla, a Rendón, a su hermana Isabel, a Hortensia Ceballos Naranjo y a una persona que estudió aquí en Santo Domingo: Ricardo Olano.

Por supuesto está el patio que, con su disposición, es el centro de todo en la casa, ya que cada actividad, ya fuera de visitas, ya fuera de festejos, de celebraciones, albergaría invitados, pero, sobre todo, en su época, alojaría la diversidad de matas con sus ornamentos como si cada familia en ese momento mantuviera su cercanía con la naturaleza. Además, el patio en su inmensidad servía de comunicación para la familia, ya que la casa no estaba dispuesta para el encierro, sino para la comunicación, para escuchar los sonidos y los pasos, y sobre todo, el habla. Si la vida es en apariencia apacible, mirada desde ahora, en realidad esos silencios son quebrados por el habla, los murmullos, los diálogos, síntoma y signo de las personas al hablar.

El ruido, los ruidos van y vienen por toda la atmósfera de la casa; quizá en su habitación, que sobrecoge, ya que poco a poco allí con sus lecturas, con su disposición y disciplina forjaría su carácter de escritor ya que en su ensoñación quería contar las historias escuchadas desde su matiz tan personal, así como aquellas historias que discurren a la vista de todos, pero que solo el escritor recupera ante el certero, pausado y esquivo, pero violento paso del tiempo. Aquí en esta casa Carrasquilla se encontraría así mismo, con sus renuencias, con sus renunciaciones, ya que desde aquí surgiría el escritor, el genuino y auténtico escritor que dejaría todo atrás, una vida cómoda y corriente, para convertirse en el testigo de primera mano y, por ese motivo, en su habitación monacal, austera y sencilla, se disolvería un mundo de normas para él, sí precisamente él, un auténtico ser para enviarnos su legado y su memoria, su tácita decisión de ser un escritor a toda hora, a todo momento porque su existencia estaría solo marcada a pesar, mucho después, de su casi inmovilidad y de su ceguera en su escritura para exprimir un opus memorable, que lo describe a través de su agudeza, de su amor, de ser él mismo, ya que a medida que escribía se descubría así mismo, hasta llegar a ese maelstrom que es Hace tiempos, donde el encuentro de su escritura consigo mismo, lo revelaría en su memoria, en su dúctil manera de escribir para ganarse, sin quererlo, esa denominación de maestro que es solo el saber que ahí en sus palabras, en lo más fácil, en apariencia, como es escribir de primera mano, revelaría un mundo del cual fue testigo y del cual él sabía que de no hacerlo todo desaparecería.

Encerrado, ya fuera en el cuarto de su casa en Santo Domingo, o luego en su casa de la calle Bolivia en Medellin, su imaginación, su memoria buscaría esos recuerdos, esos presentes que huyen a cada instante esparcidos por campos y montañas, por pueblos y en sus casas, o también en personas, y quizá por los caminos, por las carreteras, para que él, en apariencia inmovilizado en el rincón de su cuarto o en la serenidad de su casa, se afirmara en toda su dimensión con  un reto irreductible, con ese don de humanidad: su potencia y su voluntad, sin postergar y sin fatigas. Sospechaba que no debía descansar, en aplazamientos o en proyectos, sino que no debía sumirse en esperas y vacías esperas, que desalojan y nada estimulan. De ahí que su vida media el pulso de su tiempo para regalarnos y enviarnos a través del tiempo su decisión, como ninguno en esta tierra de comerciantes y de académicos aburridos en retar la existencia misma para convertirse en el excelso escritor que aún nos deslumbra.

Cómo no saber que él ya no está ahí, y asimismo saber que sí está representado, cómo no dejar de callar, si su habla se encuentra en su escritura, en su palabra, en la tácita manera de decirnos a través del tiempo que su habla perdura y no nos traiciona, sino que nos expande, nos regocija.

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… En enero veinte de 1958 durante el centenario de Tomás Carrasquilla, diversos escritores del país y del exterior se congregaron en Santo Domingo, donde se efectuaron importantes actos para honrar la memoria del ilustre escritor. Viajaron desde Medellín numerosos invitados por la Junta central encabezados por Magda Moreno, entre los asistentes figuraban Kurth Levy, catedrático en la universidad de Toronto; el periodista y escritor Eduardo Zalamea Borda, subdirector de El Independiente de Bogotá;  el exministro de educación, Doctor Gabriel Betancourt Mejía; los poetas Ciro Mendía y León de Greiff; el presidente de la Academia Colombiana de la Lengua presbítero, Félix Restrepo S.J.; el alcalde de Medellín, Fernando Gómez Martínez, así como miembros de organizaciones culturales de Medellín y del departamento.

… A las 9 de la mañana se ofreció en la casa distrital una recepción en honor a los invitados, durante la cual el alcalde municipal dio la bienvenida. Posteriormente ofreció una misa solemne, el padre José Emilio Jaramillo quien pronunció una estupenda oración.

… Al mediodía diversas personas, entre los que se contaban muchos campesinos llegados de las veredas, visitaron la casa donde nació hace un siglo el escritor. Allí ubicaron una placa de mármol obsequiada por La Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. Posteriormente un desfile militar multitudinario se dirigió hacia el colegio Tomás Carrasquilla donde fue descubierto un busto de bronce del maestro de las letras, obra del escultor Alfonso Góez, obsequiado por el municipio de Medellín. Fernando Gómez Martínez, alcalde de la capital, pronunció su discurso durante el acto, luego se obsequió un almuerzo para los visitantes.

… A las 4 de la tarde se llevaron a afecto en algunos lugares de Santo Domingo diversos actos con participación de la población que asistió a reuniones académicas y a cotejos deportivos. En el Teatro Municipal se efectuó a partir de las 8 de la noche una velada literaria. 

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-Patrimonio Nacional 116-

SIN FUTURO / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

SIN FUTURO

Darío Ruiz Gómez

El gran Groucho Marx, ese personaje de mostacho y frac  y un puro en su mano que caminaba inclinado hacia adelante y fue un gran humorista cuya influencia nunca negó Woody Allen, es el autor de una frase memorable: “¿ Quiénes somos, de dónde venimos que tenemos los pantalones tan arrugados?” Hombres, mujeres todos en el mundo al abrir los ojos hemos descubierto que tenemos los pantalones arrugados y no sabemos quiénes somos ni de dónde venimos.  Después del discurso del Presidente Petro informando a las clases populares que el salario mínimo lo había establecido en un 23%, una cifra de una increíble desproporción, nunca jamás imaginada por el más benemérito redentor de las clases oprimidas. Petro, aparentemente, además, dio a entender que lo hizo solito, sin contar con la ayuda de comisarios de planes quinquenales como lo exige el más ortodoxo de los leninismos  o supuestamente lo iban a planificar sus compañeros de aventuras guerrilleras hoy condenados  por fraude, desfalco. A su lado  Sanguino con su pinta de vendedor de raspao, aprobando con gestos anticipados las disparatadas teorías  económico-científicas del Sr Presidente.  Recordemos la famosa frase, “es la economía, estúpido” o sea que con la economía nadie debe meterse. La economía del país  ha sido un continuo fracaso en manos de teóricos  de universidades  norteamericanas que nunca supieron cual es el legado de  Friedman o Hayek, y  continuaron - Ocampo, por ejemplo-   haciendo planes en abstracto para la economía de un país abstracto. Vuelvo a recordar una caricatura aparecida en “Punch” la gran revista satírica inglesa, done un campesino miserable le dice a otro. “¿Sabes John que hoy termina la Edad Media?” Así abruptamente  y para cerrar su discurso el Presidente Petro le anunció al mundo que al subir el salario mínimo un 23% había por fin había  terminado con el Neoliberalismo. Pero ¿Qué es el Neoliberalismo ¿¿Puede responder esta pregunta algún campechano(a) militante de ese folclórico Partido llamado El Pacto Histórico?

 

Petro trajo a Mariana Mazzucato defensora de un capitalismo “más atento a las clases populares”. Pero la costosísima asesoría de la Mazzucato fracasó estruendosamente con la Kirchner y con Evo y  en Colombia donde el populismo acrecentó la miseria y quien gobierna no es el petrismo sino el Partido Comunista con su jefe natural Iván Cepeda, a quien le ha sido encargada  la tarea de construir las nuevas economías de los territorio0s autónomos de Mordisco, Calarcá, ya enriquecidos con el oro, el coltán, la producción de carne.  ¿En qué Partido acaso militan Sanguino, Alirio Uribe y la super astuta Isabel Zuleta? Ahora bien. este destruir la casa antes de devolverla cuenta en este momento con un insalvable problema jurídico: el cerco de Trump a la Venezuela del Cartel de los Soles y Trump ya ha destruido lanchas en el Pacífico colombiano cerrándoles a las Disidencias la ruta de Centroamérica. Y la CIA acaba de volar una bodega de envíos de droga en Maracaibo que hace parte de un territorio del ELN cuyos contingentes se están replegando desde el Zulia a sangre y fuego hacia el Catatumbo, hacia Arauca. El ABC de Madrid detalla la batalla de Trump contra los drones iraníes al servicio del Cartel de los Soles y del nerviosismo de los gobiernos de México y Colombia al respecto. ¿Son iraníes los drones con que Mordisco masacra policías, ciudadanos? ¿Ser incluido – a esto voy-  en la lista Clinton como nuestro presidente no es un señalamiento a escala de la justicia internacional como terrorista o narcotraficante? ¿En una guerra declarada contra los Carteles de la droga y sus campamentos por parte del Gobierno Trump no es necesario que nuestros medios de comunicación nos estén informando sobre la verdadera dimensión de estas acciones que atañen directamente a la vida de la nación?  ¿Quiénes son entonces los que no tienen futuro? Son preguntas de un corresponsal de guerra cuando en un año tenemos ya 100.000 desplazados de cuya suerte nada sabemos.