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Casa de Tomás
Carrasquilla en Santo Domingo
Víctor Bustamante
… La fachada luce las
paredes de cal y las puertas son de color verde, la casa ha sido restaurada
después de sacarla de las garras de una cacharrería; se le han cancelado dos
puertas, y en su lugar, se han dispuesto dos ventanas. Esta restauración es una
manera de devolverle al escritor su lugar natal, es decir su presencia, y preservarlo
de las metáforas del olvido, pero también es una manera de que los habitantes
de Santo Domingo agradezcan al escritor que ha realizado una obra total, y así,
en pleno se le ha dado su total presencia en esa esquina de Bolívar con Girardot donde nació don Tomás Carrasquilla y
donde comenzó a germinar una obra, mejor un Opus que expresa a los antioqueños.
… Esta es la morada del escritor, donde él tantas veces esperó el regreso
de su padre, donde tantas veces existieron reuniones, visitas, conversaciones
sigilosas. La casa es la intimidad de su dueño. Por estos cuartos y el patio
amplio y generoso caminó el escritor, a lo mejor se ha sentado a jugar, a lo mejor
en las tardes, en familia, rezaron el rosario. Así mismo los colores se
apagaron al caer la noche mientras la llama de la vela definía sus sueños. Sí,
aquí, en estos aposentos y zaguanes, el escritor
caminó, conversó, jugó, cuando fue un poco libre en
su infancia. Hemos venido a visitarlo, y de esa manera somos intrusos.
Por estos zaguanes y por estos cuartos, por estas puertas y ventanas,
discurrió la escena familiar de su familia, eso sí, sin ruido que distrajera,
sin el bullicio, sin la bullaranga que ahora es signo de movimiento de una
casa. En ese instante el silencio solo era roto por el viento que se paseaba
por entre las matas del patio, que movía las puertas o por las campanadas de la
iglesia no solo en el ángelus, sino dando a reconocer cada hora a su paso.
Aunque creo que de la iglesia inicial no sé si pueda decir que solía escuchar
las campanadas, pero solo las campanas de mi imaginación son las que tratan de describir
el ámbito de su casa, la de Carrasquilla digo.
… Causa
perplejidad entrar a la casa de Tomás Carrasquilla por una razón específica; en
ella se resume su intimidad, esa intimidad que da señales de lo que fue su vida
interior, que no aparece descrita en ninguna parte porque él la mantuvo en los
umbrales de sus reservas, ya que en ella discurrió cada uno de sus pasos, cada
una de sus actitudes, cada una de sus conversaciones al lado de su familia. De
ahí que no hay nada que más que arrope su intimidad, que su silencio y esa
cordura que lo lleva a ser discreto consigo mismo. Y así mismo en esa peculiar
manera de ocultamiento nos ha privado de conocerlo un poco más. Ya que cuando se
lee con ahínco a un escritor siempre se quiere saber más de él, cómo era su
personalidad, cómo era su enfrentamiento con el discurrir cotidiano en esos
días de fines del siglo, del 19, cuando se paseaba por esas calles, por esos
campos, por esos paisajes que lo habitaron; paisajes que fueron suyos, que fueron
su marco referencial, pero su silencio con la casa es proverbial, poco se sabe cuándo
llega a su puerta, luego de un largo paseo por las calles o campos, o a lo
mejor luego de una salida nocturna. Nada de eso, apenas llega a casa es el silencio
como si protegiera la llamada intimidad de los curiosos lectores que quieren
saber más de él, más de sus actitudes, porque cuando se lee mucho a un escritor
se pasa a ser amigo para siempre, pasa a ser compañero de ruta. A través de su escritura
uno percibe el interior de su vivienda, pero también debemos advertir que su intimidad
es solo, esa parte de esa autenticidad que debe mantenerse en secreto. De ahí
que cada escritor posea una zona de exclusión para detener las conjeturas de
los lectores hipócritas y curiosos. De todas maneras, en Hace tiempos añade:
… “Nací
en una población minera del norte de Antioquia. La casa en que vivíamos se emplazaba
en una calle falduda; era muy vieja, muy sucia y muy roñosa. Del caballete de
paja le salían corredores de teja, de frente y de costado. Daba a la calle la
puerta de la sala, entre un ventanón de tienda y un ventanuco saliente. El
corredor lateral con entrada al patio y a la cocina, lo llenaban bancos y
mesas, pues aquello era el mesón de Cantalicia Zabala, como si dijéramos.
Pendiente abajo, y formando esquina, cerraba tal morada un cuadro de tapias,
con bardas muy enyerbadas y mohosas, y un platanal exuberante cubría el recinto
y botaba sus hojas a la calle y al pradillo interior.
….
… Portón,
ventanas y puertas al corredor siempre estaban cerrados. Mi madre vivía
recluida. Cosía y aplanchaba en los corredores de adentro y daba sus vueltas
por cuartos y despensa. Me parecía muy linda y muy muchacha.
...
… Anochece.
Cantalicia, según su costumbre, ha cerrado la venta desde las seis. Sus edecanas,
se han ido con todos los comestibles para expenderlos en la tienda de Justa
Arcila, que Cantalicia abastece. La casa está cerrada. Después de la merienda y
el rosario me hacen acostar, como de ordinario. La sala tiene un tenducho,
donde guardan trastos caseros y los enseres mineros de mi padre, con sus palas
y azadones, sus cachos y bateas de madera. Detrás del tenducho se alza la cuja,
de altos varales, y el cielo de trapo, donde dormimos Cantalicia y yo.”
… Por
esa razón cuando escribimos la palabra intimidad, para denotar su territorio, no
hay nada más sorprenderte que empezar a referirme a su cuarto, a ese lugar
donde seguro tantas veces leyó recostado o tantas soñó y durmió hasta tarde, o,
a lo mejor cotejaría, su idea de convertirse en escritor. Es decir, esta nota
se comienza entrando a su cuarto, que es su refugio, su entereza. Su cama está
limpia como si aun esperara a su dueño, en la pared un cuadro con una pintura
de su rostro, -seguro esa pintura fue dispuesta luego. A mano izquierda de la entrada
se observa su cómoda, pero también en una vitrina dispuesta en la pared miramos
con curiosidad una levantadora, aquella que usó el escritor y que seguro fue obtenida
de algún familiar para darle color a este lugar al que entramos de una vez en
este texto porque la palabra intimidad se refiere al lugar más personal del
escritor, que lleva a especular sobre
este sitio como el generador de ensueño regocijo y descanso; instantes
disponibles y puros para sus ensoñaciones. Dos sillas mecedoras definen su
estatus, seguro pertenecieron al maestro, con su entramado tan peculiar que aún
subsiste; en ellas aparece en varias fotografías sentado, ya sea en reflexiones,
summa del descanso, cuando atendía alguna visita o ya en sus últimos años,
nunca derrotado por su enfermedad, sino deseoso de terminar Hace tiempos.
… Había
observado la casa por primera vez al segundo día de haber llegado a Santo
Domingo, pasaba cámara en mano y por esa sensación de respeto y reverencia debí
desviarme en la esquina hacia el frente de su fachada, y fijar en la memoria de
la cámara, así como en m recuerdo la fachada de cal y y las puertas y ventanas
de color verde, llegaba como la sensación de que ahí, en su interior dormía la
familia Carrasquilla después de un día de ajetreo, escuché las campanadas desde
la iglesia así esta misma iglesia fuera diferente para cuando el escritor
viviera aun en su pueblo.
… Ya
en la mañana del domingo debía entrar con mucho respeto a la casa, a mano derecha
se ha habilitado el cuarto para lo que será la administración del lugar donde observamos
escritorio, y sillas, computadores y vitrinas donde se ofrecen algunos libros, así
como nos recibe Juan Carlos Palacio, quien demuestra su amabilidad.
… La
disposición interior prosigue por un zaguán hacia otros dos cuartos contiguos,
sin puertas. En este hay unos muebles resguardados por una faja de tela para
que nadie se siente en ellos, y en si unidos. Alrededor, en las paredes, la iconografía
de fotos del escritor y su familia, así como de otros lazos familiares, como si
el álbum familiar, en parte, pudiera ser mirado precisamente allí incrustado no
solo en las paredes blancas sino desde la eternidad del papel, mientras sus rostros
adustos y serios son testigos de una familia que ha regresado para representar y
acompañar al escritor. En el otro cuarto hay una disposición de cuadros con
reconocimientos al escritor, y, dispuestos en el centro otro juego de muebles
no tan ostentoso y eso si muebles con los libros personales de Carrasquilla.
… Por
supuesto que esta es una representación del ámbito del maestro, ya que no se
sabe si esos cuartos estaban adornados de esta manera, ya que cada uno de los
enseres y objetos caros a la vida del escritor son una representación, mejor
una colección que se ha ido completando con los años, es decir, cada uno de
estos objetos poco a poco regresan al lugar para rememorar a quien se merece
por haber dedicado su tiempo y su talento y talante a describir una manera de
ser, con un habla peculiar, que de no haberlo hecho él, hubiera desaparecido. Por
supuesto hay algunas vitrinas con objetos valiosos, y el único mueble con un
espejo. En este ámbito del museo se respira, a pesar de su ausencia, a
Carrasquilla, al maestro que hace años caminó, conversó,
cenó en esta casa.
… El
comedor ha sido habilitado para encuentros, y ahí en un aparador con vitrina se
encuentra una suerte de cofre, con el tesoro máximo, el manuscrito de La Marquesa de Yolombó, donde es posible
notar la caligrafía de Carrasquilla, así como la corrección de sus errores,
todo escrito con pluma y tinta. Al hojear este manuscrito es como si nos
retrotrajéramos al momento en que la obra se terminó, y ya ha estaba dispuesta
para ser pasada a los moldes de la imprenta. Pero lo que sobrecoge en este
documento es como en esas páginas, fue escrita esa obra memorable, aplazada, y
nos pone a pensar cuanto tiempo se demoró Carrasquilla, en días y noches, para
que a través de su escritura fueran surgiendo los diálogos, las narraciones,
cada personaje hasta disponer el punto final. En estas páginas está el alma
impresa de Carrasquilla, sus seguridades, sus dudas, las historia que escuchó
como una tradición oral, sus aportes, sus recreaciones, sus tesis, sus críticas
blindando a esa mujer memorable que desdice de aquellas damas encerradas en el
hogar. Allí, ese pasado ajeno que bordeaba la suposición y los pasos del
olvido, fue recobrado por el escritor ante la insistencia de Félix Mejía, a
quien fue dedicada la obra.
… Luego pasamos al
cuarto, en la entrada a mano derecha, donde ha sido recreada la Biblioteca del
tercer piso traslada acá para recoger el espacio vital donde el escritor, junto
a sus amigos decidieron también, no solo leer, y mantener el espíritu alerta y en
contacto con otras culturas, sino volverse, algunos de ellos escritores, ya que
querían contar historias que vieron, o escucharon, así como darle, cada uno de
ellos su toque personal. Me refiero a Carrasquilla, a Rendón, a su hermana Isabel,
a Hortensia Ceballos Naranjo y a una persona que estudió aquí en Santo Domingo:
Ricardo Olano.
Por supuesto está el
patio que, con su disposición, es el centro de todo en la casa, ya que cada
actividad, ya fuera de visitas, ya fuera de festejos, de celebraciones,
albergaría invitados, pero, sobre todo, en su época, alojaría la diversidad de
matas con sus ornamentos como si cada familia en ese momento mantuviera su cercanía
con la naturaleza. Además, el patio en su inmensidad servía de comunicación para
la familia, ya que la casa no estaba dispuesta para el encierro, sino para la
comunicación, para escuchar los sonidos y los pasos, y sobre todo, el habla. Si
la vida es en apariencia apacible, mirada desde ahora, en realidad esos
silencios son quebrados por el habla, los murmullos, los diálogos, síntoma y
signo de las personas al hablar.
… El
ruido, los ruidos van y vienen por toda la atmósfera de la casa; quizá en su
habitación, que sobrecoge, ya que poco a poco allí con sus lecturas, con su
disposición y disciplina forjaría su carácter de escritor ya que en su
ensoñación quería contar las historias escuchadas desde su matiz tan personal,
así como aquellas historias que discurren a la vista de todos, pero que solo el
escritor recupera ante el certero, pausado y esquivo, pero violento paso del
tiempo. Aquí en esta casa Carrasquilla se encontraría así mismo, con sus
renuencias, con sus renunciaciones, ya que desde aquí surgiría el escritor, el
genuino y auténtico escritor que dejaría todo atrás, una vida cómoda y
corriente, para convertirse en el testigo de primera mano y, por ese motivo, en
su habitación monacal, austera y sencilla, se disolvería un mundo de normas
para él, sí precisamente él, un auténtico ser para enviarnos su legado y su
memoria, su tácita decisión de ser un escritor a toda hora, a todo momento
porque su existencia estaría solo marcada a pesar, mucho después, de su casi
inmovilidad y de su ceguera en su escritura para exprimir un opus memorable,
que lo describe a través de su agudeza, de su amor, de ser él mismo, ya que a
medida que escribía se descubría así mismo, hasta llegar a ese maelstrom que es
Hace tiempos, donde el encuentro de
su escritura consigo mismo, lo revelaría en su memoria, en su dúctil manera de
escribir para ganarse, sin quererlo, esa denominación de maestro que es solo el
saber que ahí en sus palabras, en lo más fácil, en apariencia, como es escribir
de primera mano, revelaría un mundo del cual fue testigo y del cual él sabía que
de no hacerlo todo desaparecería.
… Encerrado,
ya fuera en el cuarto de su casa en Santo Domingo, o luego en su casa de la
calle Bolivia en Medellin, su imaginación, su memoria buscaría esos recuerdos,
esos presentes que huyen a cada instante esparcidos por campos y montañas, por
pueblos y en sus casas, o también en personas, y quizá por los caminos, por las
carreteras, para que él, en apariencia inmovilizado en el rincón de su cuarto o
en la serenidad de su casa, se afirmara en toda su dimensión con un reto irreductible, con ese don de humanidad:
su potencia y su voluntad, sin postergar y sin fatigas. Sospechaba que no debía
descansar, en aplazamientos o en proyectos, sino que no debía sumirse en esperas
y vacías esperas, que desalojan y nada estimulan. De ahí que su vida media el
pulso de su tiempo para regalarnos y enviarnos a través del tiempo su decisión,
como ninguno en esta tierra de comerciantes y de académicos aburridos en retar
la existencia misma para convertirse en el excelso escritor que aún nos deslumbra.
… Cómo no saber que él
ya no está ahí, y asimismo saber que sí está representado, cómo no dejar de
callar, si su habla se encuentra en su escritura, en su palabra, en la tácita
manera de decirnos a través del tiempo que su habla perdura y no nos traiciona,
sino que nos expande, nos regocija.
…..
… En enero veinte de 1958 durante el centenario de Tomás Carrasquilla,
diversos escritores del país y del exterior se congregaron en Santo Domingo,
donde se efectuaron importantes actos para honrar la memoria del ilustre
escritor. Viajaron desde Medellín numerosos invitados por la Junta central encabezados
por Magda Moreno, entre los asistentes figuraban Kurth Levy, catedrático en la
universidad de Toronto; el periodista y escritor Eduardo Zalamea Borda,
subdirector de El Independiente de Bogotá;
el exministro de educación, Doctor
Gabriel Betancourt Mejía; los poetas Ciro Mendía y León de Greiff; el
presidente de la Academia Colombiana de la Lengua presbítero, Félix Restrepo S.J.;
el alcalde de Medellín, Fernando Gómez Martínez, así como miembros de
organizaciones culturales de Medellín y del departamento.
… A las 9 de la mañana se ofreció en la casa distrital una recepción en
honor a los invitados, durante la cual el alcalde municipal dio la bienvenida.
Posteriormente ofreció una misa solemne, el padre José Emilio Jaramillo quien pronunció
una estupenda oración.
… Al mediodía diversas personas, entre los que se contaban muchos
campesinos llegados de las veredas, visitaron la casa donde nació hace un siglo
el escritor. Allí ubicaron una placa de mármol obsequiada por La Sociedad de Mejoras
Públicas de Medellín. Posteriormente un desfile militar multitudinario se
dirigió hacia el colegio Tomás Carrasquilla donde fue descubierto un busto de
bronce del maestro de las letras, obra del escultor Alfonso Góez, obsequiado
por el municipio de Medellín. Fernando Gómez Martínez, alcalde de la capital, pronunció
su discurso durante el acto, luego se obsequió un almuerzo para los visitantes.


