jueves, 5 de marzo de 2026

El yo como territorio y revelación: los autorretratos de William Reazza / Víctor Bustamante

 

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El yo como territorio y revelación: los autorretratos de William Reazza

--- Víctor Bustamante

 

--- El yo es esa gema secreta que cada uno conserva de una manera ilimitada con sus abismos, sus destellos y dentelladas. El yo es diverso como las arenas de las playas o como los astros que no se pueden ver en la noche con su capa de obsidiana. El yo fulge de una manera inusitada, es algo que cada uno conserva para mantenerse alerta, lejos de las arbitrariedades de cada generación. En síntesis, el yo es lo que deslumbra y alumbra el camino de cada uno. El yo es múltiple y diverso, privado y asimismo la propia huella. Solo cada uno sabe lo que significa y cada uno sospecha que nadie puede abordarlo de una manera total. Ese sí se escapa desde cualquier ligera interpretación, el yo es cada uno en la diversidad.

--- Lo anterior para referirme a la persistencia de William Reazza en pintar su rostro, para descubrir y redescubrirse y auto descubrirse, en la continua perseverancia de un círculo virtuoso por la manera en que lo hace. De ahí que ese yo que pernocta en cada uno nunca como un vecino, ni como un amigo sino como el mejor amigo y el rival, sea expresado por el rostro de cada uno de nosotros. Huella visual, infierno personal, rayo que parte con una mirada como diría Rimbaud. Entonces la pregunta seria, cuál es la razón por la cual William se pinta así mismo y tiene como modelo en el mayor de los casos su rostro. Podríamos decir que es vanidad, en la primera instancia de una respuesta delirante. Podríamos decir que le gusta mostrarse, empaparse de sí mismo frente al espejo. Pero no, William está aparte de esa interpretación ya que él lo que busca es la diversa expresividad en cada una de esas instancias en que se ha pintado, es decir en que se ha redescubierto y así mismo autodefinido; en la entrañable búsqueda de sí mismo en la noche oscura del alma como diría San Juan de la Cruz.

--- He dicho antes de que podría realizar sus autorretratos mirándose al espejo, lo cual es una dualidad y un solipsismo, ya que se necesita mucho silencio y concentración para que las manos obedezcan y pinten a su amo, que frente al espejo detecte algún rasgo, una línea, un detalle que la mano debe plasmar al frente del lienzo en contraposición.

--- Sí, contraposición con el espejo primitivo y brillante que lo refleja y el lienzo que lo va describiendo a medida que el pincel llevado por sus manos decida darle forma al rostro de su dueño que ha decidido verse, hurgar, buscarse en sí mismo en esos momentos supremos de rebelión y soledad.

---  Pero también en algunas de sus pinturas se basan en selfis, a las cuales imprimirá sus pinceladas. Y es ahí que llegamos a esas selfis de William donde él en diversos instantes decide cuál de ellas será la escogida para darle su tono, para que mediante sus trazos él le otorgue su textura, a la propia devoción a su rostro, ese rostro que es cambiante cada día, como si temiera que la memoria le jugara una mala pasada. Pero William no se ahoga en su rostro como Narciso al decir de Lezama Lima.

---  Hay una presencia enorme en esa tradición de los autorretratos, pero solo voy a referirme a Van Gogh, a lo que el afirma que debe pintarse porque no tiene dinero para pagarle a una modelo. De ahí nace esa superposición, esa sucesión de rostros de Van Gogh en diferentes épocas en que él, a través de ese yo lacerado, se busca en su interiorización, a lo mejor para expresarse así mismo, pero también para explicarse así mismo. Y sin darse cuenta nos ha donado desde la soledad nada menos que el legado de su rostro, tosco, a veces, triste; silencioso otras, herido también como una manera de expresar no solo el paso del tiempo sino para saber cómo lo arredra esa sensibilidad que aflora a la superficie con sus trazos fuertes, únicos, disolventes y salvajes.

 ---  La soledad de William deslumbra en sus autorretratos, pero no es una queja sino una certeza en el sentido de que, a cada momento del día o de la noche, él debe realizar unos trazos, pero eso sí no en la esfera de lo que ve en ese momento, sino en la necesidad de verse, de saber cómo anda de ánimo, para así seguir con esa tradición de aquellos pintores que necesitaron, de una manera vital, expresarse mediante ellos mismos, es decir, de redescubrir su rostro como esa memorabilia que es necesario plasmar en ese instante, ya que están protegidos, es decir aupados y guiados por la inspiración, esa musa que atrapa y corre, y que obliga, a buscar el escenario, posible entre telones, es decir su propio rostro.

---  Podría ser que la pintura amengua su ilimitada persistencia en reflejarse, pues a través de su arte no solo se auto descubre, sino que se redefine en ese instante turbador cuando en esa ceremonia secreta de la inspiración y de su auscultación indaga por ese misterio de la creación misma, y no solo eso, porque la razón más poderosa es indagarse así mismo sin descubrirse a sí mismo. Como afirmaba Schopenhauer, uno nunca sabe quién es uno mismo.

---  Así, en esta circunstancia, William se abre paso a través de las horas espesadas de la noche o en el fragor del día cuando sus trazos buscan su rostro para detenerse un solo momento como haría Velásquez que mira al espejo antes de sumergirse en Las Meninas, pero Reazza solo sabe que se busca así mismo, solo sabe que él es el pintor y su modelo como una manera sagrada de expresar su libertad creativa y la agilidad de su trazo lo denota.

---  De ahí que sus pinturas expresen su lucidez, su silenciosa lucidez, y así mismo su independencia lejos de las modas y de los salones de arte entre comillas, de bienales de risa llenas de ridiculeces, donde una idea pueril pretende destruir la consciencia de un artista como William Reazza. Entonces caemos en cuenta que un artista como él expresa con sus autorretratos la crítica a su tiempo, ya que él está más allá de las llamadas instalaciones y cosas de esas porque él está aún y a más de eso enfrascado en su devenir como persona, y de ahí al pintar su rostro que lo acoge y lo acompaña, lo que denota es el devenir de su propia historia y su circunstancia. Comprendemos que, en esa rebelión interior, El pintor huye de la circunstancia de su tiempo, lo cual denota algo que poseen muy pocos y es la libertad de pertenecerse a sí mismo y a la sustancia del arte, de su arte, sin ninguna escuela y menos con el medio, porque él pertenece solo a la persistencia de sí mismo, a buscarte en su propia huella, donde es soberano, sin subordinarse a nadie sino a su creatividad.

---  En esta indagación está muy presente su cámara fotográfica, aquella que lo acompaña para pintar sus autorretratos. La cámara capta expresiones que se congelan de uno, que nunca serán repetibles, así como gestos, miradas solidificadas para el tiempo de una selfi que es el autorretrato clásico. Seguro que cuando William las realiza sabe que barre un instante captado, nunca previsto, que sorprende, y lo sorprende a él mismo en esta circunstancia de saber que la cámara posee sus secretos y su mirada al captar expresiones que se escapan.

---  Parece ser que, para William, sólo el artista se salva el mismo de lo banal y, de lo absurdo de los teóricos, siguiendo su camino en solitario, valioso y pertinaz, ya que solo él transforma en un presente radiante, palmario y fuerte lo que de otro modo no sería sino las coloquiales propuestas que al otro día son las ruinas del artista imbuido por las modas y la improvisación informe de una duración sin memoria, es decir la reproducción nada menos que de la descomposición asquerosa del cadáver de lo nuevo o novísimo o posmoderno sin tradición, sin sustento y sin entusiasmo.

---  William recobra los cauces de algo, en apariencia muy sencillo, como son los autorretratos en medio de tanto selfi inexpresivo. De ahí su valentía, de no querer parecerse a nadie ante esos innumerables selfis tan parecidos que, con el tiempo, se convertirán en ruinas. De ahí que sus búsquedas, porque las tiene, le otorgan ese privilegio enorme, de buscarse así mismo, sin preocuparse de lo llamado actual o moderno, ya que su arte da la medida de sus vestigios e indagaciones, impresas en esa huella tan personal como es el rostro de él mismo, como preocupación, iba a decir objeto, de su camino artístico que se enriquece sin cesar con un sentido siempre inquietante, que nos atrae y nos sugestiona porque estos rostros, sus diversos rostros, nos conmueven desde la premura o desde la misma osadía en que llegan desde su misma creación.

 


sábado, 28 de febrero de 2026

EL NUEVO RELATIVISMO MORAL Dario Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

EL NUEVO RELATIVISMO MORAL

 Dario Ruiz Gómez

“Claro, reconocen  el profesor, la intelectual “progre”, que los “levantados en armas”   cometen masacres contra el pueblo, pero no olvidemos la crueldad de los romanos, de la  sociedad colonial inglesa” Un sofisma tan grande como una casa para eludir la responsabilidad que les corresponde ante la violencia que en Colombia se ha convertido en espectáculo gracias a este relativismo moral. A este cinismo es, recordemos, a lo que se califica como “la mala conciencia burguesa”, característica de ese estrato social que se ufana de  su identificación con  “la lucha contra el Estado burgués”,  lo cual constituye una clamorosa contradicción, ya que si fueran verdaderamente leales a estos enunciados habrían abandonado la cómoda vida que llevan  y hoy estarían pudriéndose en el monte. Hubo un momento en que las clases ilustradas de Colombia se declararon  “izquierdistas” señalando  a quienes no están de acuerdo con ellos como bichos raros por seguir creyendo en la civilización cristiana, en leyes universales de justicia. Ejemplo de la intolerancia de la llamada  social bacanería es el veto contra el más grande filósofo  que haya dado  Colombia y cuyo pensamiento es reconocido universalmente, me refiero a Nicolás Gómez Dávila, acusado, sin leerlo, de individualista, de anticomunista, manidas acusaciones para condenar a quienes no piensan como ellos, a quienes criticamos el borreguismo  de los que Dávila llama  revolucionarios de fines de semana.

 

“El hombre es historia -Ortega y Gasset dixit-  y  no naturaleza” recuerda que quien vive en una sociedad manipulado por los medios de comunicación e informado tanto de lo que acontece en Gaza como en Venezuela no puede devolverse, insisto, a la supuesta inocencia de lo ancestral ya que inexorablemente la crispación social  y sobre todo la ideología política nos ha convertido desgraciadamente en seres históricos. Observo a esta pareja a la cual  conocí cuando eran jóvenes universitarios antes de que ciegamente se entregaran a la  “Revolución”, me doy cuenta de que lo que los envejeció prematuramente fue el haber convertido en  mesianismo lo que no era más que una hipótesis política la cual terminó por alienar su cerebro al eludir  las contradicciones de la vida. Las lecciones que nacen del conocimiento de la historia -para no volver a repetirla- es darse cuenta de que la historia no es lo que sucedió en el pasado si no lo que está sucediendo en el presente y las infamias que la ciudadanía venezolana padeció se han vivido y se continúan viviendo en Colombia, solo que en  bajo la confabulación del  silencio tal como lo podemos constatar con la irresponsabilidad de muchos magistrados, con el sainete diario de la clase política, con la falsa neutralidad  de los medios de comunicación sobre la barbarie que está padeciendo el pueblo colombiano y con la  irresponsabilidad de las llamadas élites de la  izquierda ilustrada  que ahora, después de haber contado con cuatro años de gobierno para cambiar al país combinando “las distintas formas de lucha”  - dos millones de colombianos en el exilio, un millón desplazado, secuestros, atentados - piden que se frene a la Derecha y se continúe con  el farcismo de Cepeda, Aída Avello, Carolina Corcho, Isabel Zuleta, Clara López, Sanguino  o sea el mismísimo  Partido Comunista FARC EP esta vez camuflado de “Pacto histórico” 

 

 

 

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

La vida en grande de Arnulfo Arias // Víctor Bustamante

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La vida en grande de Arnulfo Arias

Víctor Bustamante

En Arnulfo Arias se conjuga una palabra que es una actitud ante la vida: viajar. El viaje lo embarga, y lo embarca a la lejanía, no le crea incertidumbre, sino totalidad, pero no es para escapar, no es evasión; es el deseo de comprobar que el mundo, los mapas, sus calles, las ciudades antiguas y modernas, las fachadas de las casas, las diversas religiones, y sobre todo, las costumbres definen cada uno de sus pasos en ese transcurso. De ahí, que ese ser disperso por tantos lugares que al viajar se conoce, se planta, pero en su parcialidad siempre riñe por algo inusitado: su supervivencia. De ahí que conversar con Arnulfo, después de cada viaje, es saber que la totalidad de este mundo es aprehendida con sus palabras. En él, viajar no es huir, tampoco es turismo, pero sí es certeza, sí interiorizarse, ansias de saber, de conocer: comerse el mundo a dentelladas. A veces visita un zoco religioso en la India, o un castillo que lo deslumbra en Transilvania o a más de eso persiste la plenitud de su vida en Río de Janeiro, y de las favelas, que las ha vivido en toda su dimensión de belleza y miseria, donde indagó y padeció el esplendor de la carne en medio del hambre y del mundo encriptado en el círculo vicioso del eterno retorno de la desventura como norma de vida.

Aún tengo presente una historia que me había relatado en los dias de cine del Instituto Goethe, cuando se fue para Nueva York, donde unos colombianos, amigos cambiantes que, cuando Arnulfo llegó de visita le exigieron salir con ellos desde la madrugada a la ciudad; ellos al trabajo y Arnulfo a merodear Nueva York, y así caminó sus calles y sus paisajes secretos, lejos de los colombianos que lo invitaban a no quedarse en casa, ya que allí guardaban bajo el colchón sus ganancias de trabajo y de esa manera evitaban las posibles tentaciones por los dólares ajenos del visitante.

Pero si viajar trae sus pequeñas felicidades, así Cavafis nos reproche cuando poetiza ese ser interior que nos habita, que señala y reclama su lugar de origen. También es cierto que escribir es un viaje, sí, un viaje con retornos y huidas, con pausas y con diatribas, que se resumen en un libro. Y es precisamente de ese libro, su libro, La vida en grande, (Impacto editorial, 2008), el cual atrae por una de esas razones, el concepto del viaje, no solo en la memoria, sino a su origen, Riosucio.

Arnulfo no se previene para viajar, es más, parece que lo necesitara como materia de investigación no solo para corroborar como el ser humano siempre en cualquier parte del mundo es similar, tentado por las mismas aquiescencias y diatribas, sino que el interior del viajante necesita comprobarlo para saber que viajar no es un proceso de aniquilación sino de certeza. Esa certeza que a veces alegra en apariencia al respirar nuevos veranos, pero también se corrobora, como plantea Cavafis, que somos iguales en cualquier rincón del planeta, que solo nuestro carácter es lo que hace visible y notorio esta estrategia del viaje. De todas maneras los relatos de Arnulfo poseen esa materia que los funde con su creatividad, ya que él ha narrado lo que otros no vieron, de ahí que estos se encuentren imbuidos de recuerdos, como los cuentos sobre Riosucio, esos cuentos que son materia de su memoria en este caso un regreso, y qué es un regreso, sino ese viaje al centro de la memoria para denotar que esos eventos no se deberían olvidar, sino que hacen parte de esa síntesis de lo cotidiano que nutre la historia de un pueblo tan valioso como Riosucio. Como parte de esos pueblos que se resisten a olvidar sus orígenes, esos orígenes que desplegarán sus frutos, así como esos orígenes serán rescatados de esos recovecos de la memoria. De ahí que esos momentos que quedaron para el autor los recupera del rincón de la historia para contarlos, para dar una versión de Riosucio muy personal y no dejar que esos eventos pasen al archivo común de la oscuridad y del olvido. Sexo, muerte, asesinatos, faltonerías, mujeres extravagantes y hombres traviesos, calles que los inscriben, cenáculos donde pernoctan. Así, Arnulfo los reconstruye en estos viajes nunca metafísicos en los cuales alardeará de una manera total, ya que él estuvo allí y no quiere que esa materia se olvide, que pase injustificada al despeñadero de la oscuridad porque precisamente el autor lo recobra, lo cuenta,, y nos causa ese desparpajo porque así sabemos que Riosucio no solo posee una ceremonia con el diablo, sino que Arnulfo, al recobrar esos eventos de su infancia, hace apetecible otra forma de la historia y  es que, aunque no está escrita en los anales, podríamos decir oficiales o de escritores que no la vivieron, por esa razón el autor hace presencia y nos dice, aquí vi estos personajes y sobre ellos he escrito eso sí con la certidumbre de decir que lo hace para que  no se olvide su presencia, ni la de esos personajes, ya que Arnulfo al sacarlos de las gavetas oscuras del tiempo arrasador les da un lugar.

El escritor siempre tiene presente eventos que lo han marcado con fuego, de ahí que su estadía en Brasil lo haya llevado a vivir en las favelas, sí esas favelas, donde se inmiscuyó en ellas, de tal manera, que tuvo amoríos con una mujer feísima, de cuerpo estilizado, negra, faltona, llena de desparpajo que lo dejó marcado, para siempre con las huellas placenteras a fuego al abandonarlo. Allí Arnulfo ha sido testigo de ese hábitat cubierto de mala prensa donde la pobreza en términos totales obliga a sobrevivir. Arnulfo da ese paso hacia esa perspectiva que él vivió en esos lugares,, nunca santos y que le han servido para redefinir eso que llamamos amor. Allí participó no como espectador tibio, sino como involucrado en un rito, la macumba, para casarse en una ceremonia oscura, poseído por el don de la trampa almibarada y certera del amor en tierras extrañas.

En Arnulfo no existe la angustia de estar solo durante el viaje de la escritura. Todos sabemos que escribir es el viaje más oneroso, más atrabiliario y más profundo, ya que él no se deja delimitar, por el contrario, busca la vida de esos lugares en personas nunca de renombre, sino sencillas donde observa una verdadera definición sin maquillaje del lugar visitado. Escribir para él se convierte en una actividad que honra, nunca de turismo con manuales, sino que él va al fondo, a la parte que no se habla y que en él brilla. En él brillan, esas zonas oscuras en sus diversos relatos, no sólo por esas razones sino por otras más profundas y desconocidas.

Así, escribir para él, es percibir esa cosa escondida que no vemos sobre la superficie, que lo apabulla y le causa curiosidad; una curiosidad inmediata que lo lleva a ahondar y casi a abandonarse de una manera pragmática en esa corriente oculta que cruza cada día, cada ceremonia, cada diálogo; síntesis de cada viaje y que lo lleva a contarnos ese magnifico cuento en Brasil, sobre la macumba, donde en una ceremonia subterránea, se entrega a los abrazos impuros de la traición inesperada.

De ahí que, en La vida en grande, estas expresiones del viaje, de sus viajes, retrotraen una certeza incuestionable ya que evocan la atracción y la curiosidad, donde destella el intenso rayo que no cesa del deseo, la pasión detrás de la escena sin libreto de la vida cotidiana que se desencadena. Ya sea con la faltonerías, ya sea con la mentira, ya sea con el engaño o con la trashumancia de los llamados sentimientos interesados en otras circunstancias donde le teatralidad se pavonea cruda con la mentira que aflora, como norma de vida, que coordina la circunstancia del engaño y la muerte en algunos de sus cuentos. Así Arnulfo Arias.



 


sábado, 21 de febrero de 2026

Un gusto / Daniela Coha

Daniela Coha

Un gusto

Daniela Coha

 

Un gusto

Sí,

Un gusto es.

Compartir lo que amo conmigo.

Soltar la necesidad de que otros aprecien

Lo que he amado desde siempre.

El viento despeinando mi cabello.

Las flores de los Guayacanes en el suelo.

El anaranjado del atardecer.

No hay nadie a quien complacer.

Un gusto

Sí,

Un gusto es,

Compartir la vida conmigo.


RESTOS DE PATRIA / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

RESTOS DE PATRIA

Darío Ruiz Gómez

Diosdado Cabello ha desmentido de nuevo al Presidente Petro, esta vez recordándole que la explosión que se sintió en un lugar del Golfo de Maracaibo  no fue en una fábrica  sino en un enfrentamiento entre el ELN y las Disidencias con presencia del Ejército venezolano y cuyo saldo mortal fue de ochenta muertos. ¿Lo hacen de verdad para apoderarse solamente de las rutas de exportación de cocaína hacia Estados Unidos y Europa o lo fundamental consiste en afirmar  territorios que en  una mesa de conversaciones podrían reclamar como propios? Por otra parte en la historia del movimiento guerrillero en Colombia, tal como se puso de presente en Urabá,  en la misma Venezuela donde eliminaron sin contemplación alguna a Santrich, a Gentil Duarte y a muchos comandantes del ELN en una lucha fraticida, este tipo de insania ha sido lo característica cuando estalla la suprema irracionalidad de la “justicia revolucionaria”  En un enfrentamiento entre los Comandos dela Frontera de Calarcá y la Carolina Ramírez fueron asesinados 22 muchachos indígenas de esta última .La visión de los cuerpos desnudos de estos indígenas arrojados por una volqueta en una fosa común ilustró el significado de este tipo de matanzas entre grupos guerrilleros. Por esto el espectáculo de treinta cuerpos de anónimos guerrilleros asesinados por Calarcá en el Guaviare su país privado y donde se dio el lujo de mantener bajo toque de queda a más de cuarenta mil habitantes comprueba la barbarie de estos actores armados que circulan en vehículos oficiales libremente sin que nadie pueda detenerlos. 

Aquí sí el jaguar que, es una bestia, da paso a quienes al ponerse un uniforme y aceptar como evangelio unas disparatadas versiones de  Marx o Lenin son presas de las más oscura insania que de militantes de una ideología tóxica  pasaron a convertirse en despiadados defensores de una patria inventada para engañar bobos. En abril del año 2.000 el Partido Comunista que había firmado la Paz refrendó el llamado Movimiento Bolivariano cuyo objetivo fue crear la República Bolivariana de Colombia respaldados y financiados por Chávez. Reyes, Marulanda, Santrich, Pablo Catatumbo, Alfonso Cano entre otros aparecen junto al Partido Comunista Clandestino como dirigentes de esta farsa cuyo verdadero objetivo tal como lo estamos viendo gracias a la detención de Maduro  fue constituirse realmente en una organización criminal dedicada a enriquecerse  a través del narcotráfico y la minería ilegal. Es lógico entonces que tilden a sus adversarios políticos de “antipatriotas” Calificarlos de fuerzas binacionales es exacto como lo pretendieron eliminando inicialmente las fronteras entre el Zulia y el Catatumbo. Que hoy a diez años de la firma del Pacto de Paz Santos-Timochenko las FARC no haya entregado ni un uno por ciento de la reparación debida a miles y miles de víctimas comprueba, repito, que la JEP no ha sido una justicia transicional sino parte de esta farsa donde no solamente incumplieron una promesa si no que bajo el señuelo de esa supuesta patria siguieron enriqueciéndose: 196 soldados y policías han sido asesinados desde 2025 hasta la fecha de hoy.  Señala a Petro, Salud Hernández.  como incapaz de haber detenido esta carnicería, olvidando que el gobierno las ha propiciado y es quien ha colocado las graderías invisibles para que una sociedad indiferente se distraiga contemplando este circo romano.

 

¿CRISIS DE LA IZQUIERDA O SU DESAPARICIÓN HISTÓRICA? / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

¿CRISIS DE LA IZQUIERDA O SU DESAPARICIÓN HISTÓRICA?

Darío Ruiz Gómez

Dos acontecimientos han servido para colocar contra la pared a lo que especialmente en Colombia, por pereza mental, seguimos llamando Izquierda, la caída del brutal régimen de Maduro y el levantamiento de las mujeres en Irán. Alguien argumentará que ni siquiera gramaticalmente  se  puede reconocer categoría política al chavismo y al madurismo  que más que una dictadura pasaron a ser demostraciones de barbarie más cerca de un Boko Haram  o de aquel sanguinario intento de Califato que asesinó igualmente más de 10.000 católicos de una antiquísima iglesia. La brutalidad, volvamos a repetirlo, es la fase final de un tipo de  violencia que se justificó bajo argumentos de redención de los grupos oprimidos por el colonialismo y la miseria  pero que al perder toda conciencia sobre sus límites ya no sabe lo que se ha sobrepasado y entra de lleno en los desmanes de la brutalidad por la brutalidad caso del ELN y las FARC. El sadismo de los Comandos de la Frontera sobrepasa las brutalidades de los cuerpos de “defensa de la revolución” madurista. El infame espectáculo de ocho millones de exiliados no se produce solo por hambre como parece a simple vista sino como el uso de la brutalidad desbocada de unos esbirros. Y la Izquierda populista colombiana apoyando a Hezbolá y proclamando su antisemitismo ha terminado por justificar la brutalidad.

¿Qué queda entonces de los principios de la llamada Izquierda humanista, supuesta defensora de la libertad, del progreso moral ante el espectáculo circense que nos está dando el Pacto Histórico y la solapada izquierda que calladamente ha impuesto la dictadura del Pensamiento único en la educación escolar y en la educación Universitaria? Cuando astutamente se impone el multiculturalismo como se ha hecho en Colombia se niega la diversidad al negar y sobre todo perseguir el pluralismo, base de la democracia,  imponiendo el igualitarismo y no el derecho a la igualdad que son dos conceptos distintos. Que nadie piense por sí mismo que para eso está la constituyente que permite hoy que una persona que no ha terminado el bachillerato sea Canciller o embajadora. A estas alturas como queda claro en Venezuela la aridez mental, el cainismo sustituyen a la política para encubrir las nuevas formas de degradación de la justicia, la entrada de un gobierno en el narcotráfico y el panóptico como símbolo del odio a la libertad y a la inteligencia. Tenemos que volver a la lucidez de Ortega y Gasset para entender cómo se desfigura el concepto  de pueblo cayendo  en el plebeyismo que es lo característico de cada uno de los actores de la farsa madurista y de nuestros populistas colombianos. El nombre de Izquierda es lo de menos  ya que decir que Iván Cepeda, pongo un ejemplo, es el candidato de la ética no solamente constituye una broma sino el despropósito de quienes, eludiendo la autocrítica, solamente tratan ahora de aferrarse a un puesto burocrático sabiendo que ya no existen, precisamente por falta de ética.

Ética sería haber metido a la cárcel a los mayores asesinos de nuestra historia las Farc un proyecto de barbarie al cual Cepeda ha defendido durante los dieciséis años que ha pasado sentado en el Congreso bajo la paranoica obsesión de meter en la cárcel al mayor enemigo de las FARC, el Dr Uribe. ¿Ética quedarse callado ante estafas como lo el llamado Ministerio de Igualdad donde se han robado el dinero de las mujeres humildes, humilladas o el robo del Ministerio de Salud con miles y miles de humildes gentes sometidas al sufrimiento físico y a la muerte? A buscarse entonces un Partido  donde confluya su totalitarismo disfrazado porque en un sistema democrático ya no tiene cabida.

POR UN NUEVO HUMANISMO / Darío Ruiz Gómez

Zdzisław Beksiński

 

POR UN NUEVO HUMANISMO

Darío Ruiz Gómez


Lo que quedó de la sociedad de la Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín fue una sociedad ultratraumatizada por la sospecha de seguir espiada, lo cual era cierto, y lo cual causó la más desoladora de las tristezas humanas, no tener amigos o sea no contar con confidentes sino estar rodeados de espías  del  Partido. Tal como lo explicaba un analista venezolano el chavismo se ha infiltrado de tal manera en ciertos sectores populares que les ha dado armas y los ha convertido en gendarmes capaces de denunciar incluso a un adolescente de diecisiete años, vecino de barrio, condenándolo  como “enemigo de la revolución” a catorce años de cárcel. Este caso ya lo habíamos visto en sociedades totalitarias como la nazi o la comunista donde los hijos denunciaban a sus padres acusándolos de contrarrevolucionarios. Hablamos del régimen madurista y nos atenemos a esos grotescos funcionarios y militarotes que ilustran la destrucción de una nación, la presencia de un autocratismo sin darnos cuenta hoy de  porqué en esta sociedad pauperizada que apenas logra sobrevivir con un dólar al mes se aplicaron y siguen aplicando las técnicas de espionaje, de represión a través de  tecnologías de punta, introduciéndose en los celulares, cortando el internet, y esto, paradójicamente aplicado no solo en las esferas de los grupos de represión si no  armando a  los vecinos de barrio para convertirlos en ciegos guardianes de la dictadura. ¿De dónde provienen estas tecnologías sino de Xing Pin y Putin? ¿Contraste o burla por parte de los representantes de un totalitarismo que por fortuna  ha sido detenido en su intento de convertir a  Venezuela en un territorio estratégico para sus políticas de expansión? La denodada tarea de los intelectuales maduristas asesorados por españoles de izquierda, kirchnerianos, colombianos para destruir la “universidad burguesa” contó por suerte con una imbatible resistencia y hoy podemos comprobar que el pensamiento libre no logró ser sofocado, que el cordón umbilical que nos une con el legado del Humanismo  Occidental tampoco lograron eliminarlo en su intento de instaurar un colectivo de filósofos con metralleta. Andrés Bello está más presente que nunca ya que la única identidad como seres humanos la dan la justicia y la lengua donde se aloja la memoria responsable.

El Helicoide que fue la muestra del desarrollo de una urbe moderna  convertido en el más horripilante centro de tortura. Solamente las mazmorras de Bashar al Asad pueden igualarse a esta ignominia donde las bestias se dedicaron a toda clase de desmanes. Andrés Bello, hijo preclaro de la Ilustración – al igual que Simón Rodríguez-  para la construcción de la República colocó en primer lugar la educación para salir de la esclavitud de la ignorancia llevando a pensar, a discernir para lograr el entendimiento  entre los seres humanos  y  superar la condición del primate tal como el mismo Bolívar lo profetizó. Delcy y su hermano, Diosdado, Padrino son no el primate sino la perversión de la especie humana y su extensión en Colombia con toda la cúpula del ELN, de las Disidencias, íncubos, súcubos, lascivos, muertos escapados de sus ataúdes en una noche de Walpurgis que al menos en Venezuela, ha terminado. Pero la captura de Maduro ha dejado al descubierto lo que la internacional del madurismo había ocultado al mundo:  una trama  de adictos al espectáculo de la tortura de seres humanos, una fétida distopía cuya versión colombiana apenas empieza a ser conocida en todas estas dimensiones de lo que supone el degüello, el descuartizamiento, las ejecuciones en masa por parte de criminales del narcotráfico, los niños abusados, las nuevas tecnologías de la represión. Acabar con todo esto fue lo que Trump en la conversación telefónica le exigió a Petro. Nada más.