.. .. ..
Key Serna, la poeta
del vino, Urrao
Víctor Bustamante
Key
Serna lleva escribiendo hace relativamente poco y, asimismo, publicando muy
poco; sin embargo, aunque su quehacer poético apenas comienza, ella ha
sorprendido por la manera tan personal de escribir y de expresar su poesía.
Considero que, así aún no haya publicado un libro, ya es una artista que inicia
un camino, camino áspero y duro, pero que ella sorteará debido a su alegato
personal, unido a su instancia creadora a prueba de retos falsos, ya que
percibo en ella autenticidad, paz interior, lejos de las discordias y de las
disociaciones. Sus poemas reflejan un individualismo estilístico poco común en
algunos poetas noveles, cargados y sin penurias, atrapados en su afán de
escribir sin lecturas previas y con los temas que más están en la atmósfera
para pegarse a la sazón del ambiente y agradar; uno de ellos, el tópico más
manoseado en Medellín: la violencia o la sumisión de la poesía a la necedad de
abrevar en ciertos poetas de dudosa actitud.
El hecho de vivir en
Urrao ha permitido que Key no haya sido contaminada por la literatura de falso
folclor ni por las huestes del feminismo de clóset y, así, ella prosiga en su
soledad de las montañas, en un pueblo tranquilo y bello donde puede escribir
verso a verso cada vez que pedalea en su bicicleta o camina por esos surcos de
las veredas y montañas que constituyen su plano personal, ese que lleva en las
palmas de sus manos hacia las cascadas, agua pura que corre libre, nunca
domeñada, y que se refleja en la pureza de su paisaje interior. De esa manera,
con una escritura tan personal y presente, Key posee, de la manera más
auténtica, la palabra para entregarle todos sus ecos, aquellos que brotan
limpios de su ser interior.
Me gusta que su
poesía sea confesional, ya que se expresa ella misma, sin autoconmiseración, en
diversas direcciones, definiendo lo cotidiano a partir de su tersura, así como
mantiene, con cierta perspicacia, presentes los temas trascendentales de esas
heridas a veces escondidas: la vida, la muerte y el amor, que reaparecen en los
momentos más inesperados para recordarnos que somos, no el junco impávido y
pascaliano, sino el ser que se siente tocado por la existencia; aquella que la
lleva a escribir poemas tan inconmensurables, en apariencia simples, cargados
con la fuerza de su inobjetable sello personal.
Key reacciona ante
las circunstancias de la vida, ese viaje sin ruta, pero no para arrinconarse,
sino para hacerse fuerte y poetizar lo que considera esencial, aquello que la
lleva a ser tan genuina. De tal manera, revela el desafío de la vida que ella
escudriña sin recelos para dar su respuesta a través de su escritura misma,
como la respuesta personal de ella, sí, de la poeta. Lo que enfatiza que Key
pone en su escritura su relación con la vida y el paisaje. Ese paisaje que ella
se apropia, camina, observa y redefine, y que le entrega su toque esencial,
aquel que sale para ser visible en sus poemas.
A través de sus
poemas, uno de ellos Insomnio, es posible rastrear esa relación
entre su poesía y sus reflexiones personales, lo cual permite un vínculo con
Henry David Henry David Thoreau cuando
afirma: “Solo cuando nos perdemos… comenzamos a encontrarnos a nosotros
mismos”. Y eso mismo le ocurre a Key cuando, en las noches de desvelo,
apaciguada a las tres de la mañana, inmersa en esa circunstancia de ser ella
misma en la soledad matizada por sus reflexiones, el pensamiento leva anclas
para pensar en la vida que nos atrapa entre las paredes de la noche, negra
noche, así como negra madrugada entre montañas, entre paredes y entre los
ruidos que provienen desde cualquier lugar.
En medio de ese momento
espeso de la vida, y a esa hora del conticinio —ese instante de la noche que ya
será madrugada, donde los ruidos no se sienten porque solo claudica el yo de
quienes viven en posesión de su noche interior, del ser mismo—, solo se
escuchan los ruidos interiores; el más preciado: el sonido del corazón,
pausado, lento, como homenaje a sí mismo, golpeando las paredes del alma como
si nos recordara lo que somos: un ser en soledad que se agrupa a sí mismo en
sus palabras para arder y apartarse de los ruidos confabulados, pero también de
las luchas interiores, tormentas duras y pasajeras que llegan desde algún lugar
de la memoria que habla, así como de los pasos que no pasan y de las palabras
que nadie pronuncia. Entonces es cuando la poeta deshila su insomnio, ese puerto inaudito, lacerado por las propias palabras, por las circunstancias que tejen y
tejerán la vida en cualquier túmulo y, sobre todo, en esa suma de instantes
donde el ser quiere expresarse; y cómo se expresa a través de ese sentido y
bello poema que es Insomnio.
Key
no merodea atrapada en situaciones inherentes a su sexo ni en dilemas
extravagantes y de confrontación; simplemente, a través de su hermosa poesía,
emergen esas palabras tan suyas, ya sea en una visita al hospital, para darnos
el asombro y la melancolía de ese lugar, o cuando sale a vender su propio vino,
Toche, en bicicleta, a través de ese Urrao tan amado, tan presente, tan fuerte,
tan único como ella.




