lunes, 7 de septiembre de 2026

Jan Bartelsman: Fotografías de Medellín, 1955 / Víctor Bustamante

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 Jan Bartelsman: Fotografías de Medellín, 1955

Víctor Bustamante

 

«Antes de fotografiar Medellín, Jan Bartelsman tuvo que aprender algo más difícil que mirar: sobrevivir.»


En otoño de 1943 Jan Bartelsman sabe que lo buscan. Es pintor y uno de los hombres de la resistencia en Laren, Holanda; para los ocupantes alemanes pesa sobre él la sospecha de espionaje y una culpa todavía más grave en aquellos años: esconder judíos.

Prepara las maletas apresuradamente. Se despide de Marie Henriette —Mieke—, su esposa, y de su hija de tres años. Todo parece dispuesto para la fuga hasta que recuerda el jabón de afeitar y regresa a casa. A veces la historia, que después será contada mediante grandes fechas y movimientos de ejércitos, entra en una vida por un objeto insignificante. Un jabón olvidado puede separar la libertad de una prisión. Un contingente alemán lo reconoce. Bartelsman da media vuelta. Un disparo en el talón derecho lo derriba sobre los rieles. Comienza entonces otra geografía.

Primero una celda en el cuartel de policía. Allí intenta escapar excavando un túnel debajo de la cama. Una noche, al mover una tabla, los guardianes descubren el pasadizo. Después vienen los campos: Vught, Kassel y Dachau. Diecisiete meses durante los cuales Europa deja de ser para él el territorio de ciudades, caminos y fronteras que muestran los mapas y se convierte en una sucesión de alambradas, barracas, vigilancia y espera. En Dachau está preso con su mejor amigo, Ted Marchand. Más tarde Marchand será enviado a Auschwitz.

Jan y Mieke habían comenzado años antes su labor clandestina protegiendo judíos del asedio nazi. Los escondíanen casas, armarios, cajones, sótanos y entretechos. Es difícil imaginar hoy esa extraña arquitectura del miedo, una casa aparentemente normal y, detrás de una puerta o encima de un cielorraso, alguien obligado a permanecer inmóvil para continuar existiendo. El hogar, lugar destinado a proteger de la intemperie, debía proteger entonces de la Historia. No siempre lo conseguía. Muchos fueron descubiertos.

La resistencia necesitaba además inventar una geografía de la comunicación. Primero utilizaban el teléfono. Una llamada alcanzaba a cinco amigos; cada uno avisaba a otros cinco y la alarma se extendía. Cuando los teléfonos fueron incautados, aparecieron las bicicletas. Cuando también estas se hicieron sospechosas, quedaron los pies. Los mensajes comenzaron a viajar caminando e incluso por los techos de las casas. Una red clandestina aprendía así a transformarse cada vez que era descubierta.

Entre enero y febrero de 1945, en uno de aquellos inviernos europeos en los que la nieve parece borrar los caminos, Bartelsman escapa junto con otros prisioneros. Caminan durante la noche y se esconden durante el día. Algunos mueren en el intento. Los sobrevivientes continúan avanzando sin saber exactamente dónde termina la fuga.

Hasta que un día encuentran soldados estadounidenses.

Para Bartelsman termina allí una parte de la odisea. Pero quien ha atravesado ciertos lugares quizá nunca salga completamente de ellos. Los campos quedan atrás y, sin embargo, continúan viajando con quien los sobrevivió.

Cuatro años después, en 1949, los Bartelsman abandonan Laren. Ya tienen dos hijas, Emelie y Anemieke. Se dirigen a Chile, donde nace Pablo, su tercer hijo. Después vendrá otro desplazamiento: Colombia. El barco llegó a Buenaventura. Allí los Bartelsman experimentaron uno de los primeros desconciertos del nuevo continente: según el recuerdo familiar, se asustaron al encontrarse con personas negras, pues nunca antes habían visto una. El episodio, más que hablar de quienes los recibían, revela la estrechez del mundo conocido que los viajeros traían consigo. Habían atravesado países y océanos, pero viajar significaba también descubrir hasta qué punto la propia mirada estaba hecha de límites.

Después continuaron hacia Cali y, en 1953, se instalaron en una casa del barrio San Fernando. El itinerario resulta extraño cuando se mira sobre un mapa: Laren, Chile, Buenaventura, Cali. Europa queda al otro lado del océano y la nieve es reemplazada por el trópico. Bartelsman trabaja como contador, pero continúa siendo fotógrafo, músico y pintor. En Cali entra en contacto con un mundo artístico que también está buscando nuevas maneras de mirar. Allí se vincula con un grupo, El Taller, junto a otros pintores: Lucy Tejada, Pedro Alcántara —nadaísta—, Beatriz Daza, Nirma Zárate, María Thereza Negreiros y Guillermo Wiedemann.

Tal vez los exilios verdaderos no consistan solamente en abandonar un país, sino en aprender lentamente a mirar otro.

 

Medellín, 1955

Dos años después de su llegada a Cali, Bartelsman está en Medellín. Lleva una Rolleiflex. Con ella realiza once fotografías. Podrían considerarse simplemente documentos de una ciudad desaparecida. Pero vistas juntas cuentan otra historia: la de un hombre que cambia continuamente de posición porque parece sospechar que ninguna ciudad puede comprenderse desde un único lugar.

Primero la mira desde el aire. La fotografía aérea convierte Medellín en una superficie legible. Calles, manzanas, diagonales, barrios, terrenos vacíos y zonas construidas se organizan debajo del avión. Por un instante desaparecen incluso las montañas que habitualmente definen la ciudad.

Medellín deja de ser paisaje. Se vuelve dibujo. Casi un mapa. Resulta inevitable pensar en el hombre que pocos años antes había recorrido otra geografía durante la noche, huyendo entre la nieve. Ahora contempla desde arriba una ciudad desconocida y pacífica. Los caminos ya no sirven para escapar. Pueden simplemente ser observados.

Después Bartelsman desciende. Desde las alturas del Centro descubre una Medellín todavía baja. Los tejados ocupan grandes extensiones y entre ellos comienzan a levantarse edificios modernos. La ciudad antigua y la nueva no aparecen separadas por una frontera. Conviven dentro de la misma fotografía.

Una Medellín horizontal empieza a ensayar la verticalidad. Bartelsman cambia de posición continuamente desde el Hotel Nutibara. Parece buscar no tanto aquello que debe fotografiar como el lugar desde donde hacerlo. Cada desplazamiento modifica la ciudad. Pero existe algo que nunca desaparece completamente: la montaña.

En varias fotografías el cielo y las cordilleras ocupan una parte enorme del encuadre. Abajo queda Medellín, comprimida entre las laderas. La arquitectura no domina todavía el paisaje; debe negociar con él.

La ciudad cabe dentro de su valle. Todavía no se ha desbordado. Desde otro punto aparece la Plaza Nutibara. Las palmeras dibujan una curva; circulan buses y automóviles; se levantan edificios modernos; aparecen avisos comerciales, emisoras y nuevas formas de publicidad. Al lado sobreviven construcciones pertenecientes a otro tiempo.

Las ciudades quizá nunca abandonan completamente aquello que fueron. Construyen el futuro al lado del pasado y durante algún tiempo ambos comparten la misma calle.

En esa fotografía Medellín parece sorprendida precisamente en ese instante. Quiere seguir siendo reconocible y, al mismo tiempo, tiene prisa por parecerse a su futuro. Entonces aparece una piscina. Bartelsman inclina la cámara casi verticalmente y personas, automóviles, muros, escaleras y agua dejan de ser objetos para convertirse en geometría. Rectángulos, curvas, superficies. Por un momento Medellín desaparece. Queda el pintor. Pero después el fotógrafo vuelve a bajar. Frente a la iglesia de la Veracruz descubre una multitud concentrada alrededor de la entrada. Otras personas miran desde los márgenes. La iglesia podría dominar la escena, pero algo pequeño se interpone entre la solemnidad y la fotografía: un carro de Paletas La Antioqueña.

Quizá una ciudad se reconoce precisamente por esas contradicciones. La ceremonia y el comercio. La piedra antigua y el vendedor ambulante. Lo solemne y lo trivial.

La historia suele conservar iglesias; la fotografía, algunas veces, tiene la generosidad de conservar también el carrito de paletas. Después llega la noche.

Las montañas desaparecen, pero solamente en apariencia. Otra geografía comienza a dibujarse sobre ellas. Pequeños puntos luminosos ascienden por las laderas.

Las luces dibujan el valle.

Bartelsman ya no fotografía edificios. Fotografía señales. Medellín existe en la oscuridad como una constelación terrestre.

En otra imagen realiza el movimiento contrario. Abandona el Centro, asciende por la montaña y vuelve la cámara hacia la ciudad. Un árbol ocupa el primer plano. Luego aparecen la vegetación, las laderas, el valle cubierto por la bruma y finalmente Medellín, casi deshecha por la distancia.

La ciudad que desde el Centro parecía crecer vertiginosamente vuelve a ser pequeña.

Es una vieja ilusión de las ciudades: creer que su tamaño les pertenece. Basta subir una montaña para desmentirlas.

Finalmente Bartelsman coloca la Rolleiflex casi a la altura de un caminante.

Una calle sin pavimentar desciende entre casas encaladas y aleros de teja. Las fachadas forman un embudo que conduce la mirada hacia el fondo. Hay pocas personas. Ningún monumento. Ningún gran edificio. Ninguna industria. Ningún acontecimiento que explique por qué alguien decidió detenerse allí y disparar una cámara.

Precisamente por eso la fotografía resulta tan hermosa.

Después de buscar Medellín desde el avión, las terrazas, las montañas, las plazas y la noche, Bartelsman parece descubrir que una ciudad también puede caber en una calle cualquiera y en un hombre que camina por ella.

Tal vez toda fotografía de viaje contenga esa derrota feliz: se parte buscando aquello que distingue un lugar y finalmente se encuentra aquello que podría pertenecer a cualquier lugar.

Vistas juntas, las once fotografías dejan entonces de ser solamente documentos de la Medellín de 1955.

Cuentan una aventura de la mirada.

Bartelsman se acerca y se aleja. Sube y baja. Gira. Mira desde el Centro y desde la periferia. Observa durante el día y regresa durante la noche. Medellín se convierte sucesivamente en mapa, paisaje, arquitectura, geometría, multitud, luz y vida cotidiana.

Quizá esa inquietud tenga algo que ver con el viaje anterior, el mucho más terrible. El hombre que había conocido una Europa donde los caminos conducían a fronteras, escondites, campos y fugas podía ahora permitirse algo extraordinariamente sencillo: desplazarse por una ciudad solamente para mirarla.

No sabemos si Bartelsman pensó alguna vez esa relación.

Sus fotografías tampoco necesitan demostrarla.

Pero existe una extraña correspondencia entre aquella vida desplazada y esta mirada que nunca permanece quieta.

Quizá por eso las imágenes conservan todavía su frescura: no parecen hechas por alguien que ya sabe qué es Medellín, sino por alguien que todavía está tratando de descubrirla.

Y en ese aprendizaje ocurre una paradoja: cuanto más cambia Bartelsman de lugar, más reconocible se vuelve la ciudad.

Después de tantos desplazamientos —Laren, los campos, la nieve, Chile, Buenaventura, Cali—, en Medellín vuelve a comprobar que ningún territorio puede comprenderse desde una sola posición.

Medellín no estaba en un solo punto. Había que mirarla desde todas partes.

.....

Asesora: Clarita de Bustamante

….

-Bibliografía: 

-Bongue, Erick, Rostros y Rastros: Jan Bartelsman (1988), Canal Univalle TV.

-El Tiempo, Bogotá, 1989.

-Facebook, Historia fotográfica de Medellín (HFM), Erick Bongue.

- Jan Bartelsman, Revistas Artnexus 31, https://www.artnexus.com/es/magazines/article-magazine-artnexus/6399fc807bd43d50b9aa8f29/31/jan-bartelsman

-Semilla, herencia y color, INSTITUTO POPULAR DE CULTURA, Cali, 2016

- Bartelsman, Gertjan. Pasajeros, 1978-1980, Banco de la República, 2016.

 


DESPUES DE LA POSMODERNIDAD / Darío Ruiz Gómez

 
Zdzisław Beksiński

DESPUES DE LA POSMODERNIDAD

Darío Ruiz Gómez

 

“Hemos pasado así, dice Marina Garcés, de la condición postmoderna a la condición póstuma” Pero ¿Pero tuvimos acaso en Colombia una postmodernidad si ni siquiera llegamos a consolidar una modernidad? Parece que estuviera recurriendo a un retruécano tan utilizado en las universidades por los malos profesores (as) y con la pedantería necesaria para despistar a estudiantes bostezantes. La independencia que nos dio Bolívar fue una libertad política y no la libertad de una sociedad de individuos pensantes ya que esta distinción solo se concedió a las minorías criollas mientras el pueblo quedó sumido en esas clasificaciones antropológicas con que nuestros racistas se divertían, negros, zambos, cuarterones, mestizos, etc y así se ha mantenido hasta hoy pues si la revolución armada de las FARC-EP nació como un movimiento moderno para la liberación de los pueblos después de más de ochenta años de estar matando campesinos, negros, mestizos y hoy los íconos Calarcá, los Colmillo, el Mono Gay junto a los castristas del ELN en lugar de proponer la renovación de la Ilustración bajo cuyos principios trataron los fundadores de la República de sacarnos de la ignominia del atraso, la única modernidad que han practicado nuestros revolucionarios leninistas continúa siendo el de las técnicas de exterminio de la población como lo demuestra el uso de los drones iraníes. Y en materia de su anunciada emancipación social la indescriptible violencia que continúan practicando es no la de la democracia sino el regreso a la cueva paleolítica y esta propuesta incluye también a quienes vandalizando el recinto sagrado de la universidad han atentado contra el derecho a pensar en libertad. Hace veinte años se habló de la muerte de los grandes relatos de la humanidad, el relato comunista en primer lugar pero ¿verificaron estos catedráticos de la holgazanería si la muerte del relato comunista se había producido efectivamente en Colombia o se le dio continuidad ya como una fábrica de muerte?

 

¿En qué terminó convertido este déficit de argumentos de la esperada nueva izquierda obrero-campesina y universitaria? El llamado movimiento guerrillero termina en el bandolerismo pero la batalla cultural a través de Fecode alcanzó su objetivo de borrar en textos y en sistemas pedagógicos cualquier presencia del humanismo para implantar su idea leninista de lo que deben ser el niño, el nuevo jóven y sobre todo el maestro(a) revolucionario, seres de probeta que desconocen la herencia de la civilización y la responsabilidad ante los saberes. “Podemos” el Partido político español de Pablo Iglesias hoy extinguido aterrizó en la Alcaldía de Quintero con su consigna de “lenguaje inclusivo”, “derecho de los niños a cambiar de sexo” “ superación radical de lo binario” De ahí el argot de los otros, las otras y los otres, el cuerpo es mío, nuevas virilidades para la policía, hombro-hombra, nariz-naraz, cuello- cuella, miembro-miembra y la ideología de género, la idiota idea de que no existe la historia nacional sino la historia de la lucha de clases, ideología impuesta a la brava en colegios y Universidades, en su Ministerio de Cultura. etc. ¿Qué sensación nos queda sobre un engaño y una farsa totalitaria convertida en norma de educación por una pandilla de ladrones, de mentirosos, de falsos maestros(as)? ¿No caricaturizaron a los negros y negaron la existencia de las mujeres desplazadas? ¿No descabezaron monumentos públicos y guardaron silencio ante el dolor de miles y miles de víctimas? ¿Repito no censuraron en las bibliotecas a los escritores burgueses y extranjeros? Modernidad, Postmodernidad como frívolas modas y no como percepciones de los quiebres culturales que se han dado mientras se banaliza aún más la violencia.

 

  

LA PLANIFICACIÓN DEL DESASTRE / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

LA PLANIFICACIÓN DEL DESASTRE

Darío Ruiz Gómez

El exministro Restrepo y el presidente De la Espriella han sugerido la posibilidad de que ante la magnitud del desastre dejado por el terremoto en el Chocó pueda pensarse en un “Plan Marshall” que fue el Plan norteamericano de reconstrucción aplicado después de la  Segunda Guerra Mundial para sacar adelante lo que se llamaría el Milagro alemán. Milagro, reducido al desarrollo económico pero que olvidó lo que la guerra había infringido al alma destrozada de los alemanes. Pensemos pues que los chocoanos tienen alma y sentimientos y poéticas constructivas y una red de caminos entre las poblaciones que deben ser tenidos en cuenta a la hora de irrumpir con un modelo económico capitalista que destruiría su diversidad cultural. La filosofía, el cine, la literatura, el arte acusaron el horror de lo que supuso esta hecatombe cuyos efectos continúan conmoviendo a las nuevas generaciones. El Plan Marshall planteado por el gobierno norteamericano fue un éxito porque los bombardeos de los aliados bien se cuidaron de no destruir los grandes centros industriales del acero, pero, recuerdo, aquello que no se tuvo en cuenta fue “los efectos psicológicos del desastre bélico en los habitantes que sobrevivieron”, el trauma ante la masificación de la muerte, el espanto de sobrevivir. En Quibdó por lo tanto hablar de un “Plan Marshall” viene a ser un pésimo chiste ya que el Chocó es hoy un territorio invadido por grupos criminales que le han quitado al Estado el derecho a la explotación de las minas de oro y plata obteniendo infinitas ganancias sin pagar regalías  y manteniendo en la esclavitud a miles de habitantes, controlando el transporte fluvial, contaminando las aguas, etc. Por lo tanto, mientras el Chocó no sea liberado de estos invasores ningún plan de reconstrucción económico puede ser aplicado ni se podrá hablar de autonomía regional, de planes de vivienda.

            En los años 50 a nivel de Planeación regional Tumaco, Buenaventura contaron con importantes propuestas, fueron incorporados a un proyecto de planeación regional que visibilizara la costa Pacífica respetando la selva, las distintas etnias, descubriendo la grandeza de las culturas precolombinas tal como lo hizo Reichel Dolmatof. ¿Cómo rescatar el Cauca y devolver al Estado la explotación de sus minas, destruyendo los inmensos sembrados de coca? ¿Cómo liberar a la población de una Minga estalinista? ¿Se construye lo mismo en las vertientes de las montañas del Valle que en las selvas húmedas del Chocó? Los grandes arquitectos africanos, asiáticos nos han dejado en claro lo que es hacer vivienda, teniendo en cuenta los vientos, las lluvias, los nuevos materiales y las nuevas tecnologías  de construcción sin caer en la horrible propuesta de la “autoconstrucción”, vocación de tugurio, de insalubridad y mucho menos en las “arquitecturas “ancestrales” Hay en los llamados Planes de Ordenamiento territorial  una lectura abstracta del territorio olvidando al habitante, a la geografía, olvidando la integración a una mayor escala de las otras regiones para indicar el lógico trazado de vías, de servicios, que fue la propuesta del Gobierno Barco en su frustrado intento de  integrar la costa del Pacífico a Asia. Reconstruir es agregar a la casa los espacios que reclama la nueva vida, lo íntimo y lo público y es devolver su importancia a un paisaje que ha sido secuestrado. La herida de la violencia de los años 40-50 se mantiene en poblaciones que fueron desplazadas de Antioquia hacia el eje Cafetero, hacia el Norte del Valle tal como lo evidencian sus arquitecturas, su música propia de una diáspora que nunca ha cesado ya que los desplazamientos no han cesado. Aquí es donde se valora entonces el concepto de comunidad -en el tiempo y en el espacio- ante el demagógico concepto de un colectivismo destructivo.

 

SOBRE LAS CATÁSTROFES / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

SOBRE LAS CATÁSTROFES

 Darío Ruiz Gómez

 

 Apenas comenzábamos a enterarnos aterrados de la catástrofe que ha sido para el país el gobierno de Petro y sus ladrones cuando despertamos con el pánico que ha supuesto el terremoto que arrasó el Chocó, Risaralda, Caldas, el norte del Valle, Cali. Para alguna mente dominada por la superchería esta catástrofe podría ser tomada como un castigo por cuatro años de mal gobierno parte de un reyezuelo perverso. La Dictadura de Trujillo fue no solo  fue una orgía de sangre, de represión,  de  tortura sino un desmedido de la  mujer. Quiero decir que en el riguroso análisis que debe hacerse del petrismo no solo cuenta la presencia de sindicalistas corruptos, inventados empresarios, un cuerpo diplomático esperpéntico y desde luego la cuadrilla de ladrones  sino que también es necesario adentrarse en lo que se daba detrás de telones, historias de jóvenes, de orgías . ¿ Quiénes eran los compañeros y las compañeras de juerga si la juerga como en el caso del exMinistro Ábalos en España lo consideró él como  uno  los privilegios secretos del alto gobierno? ¿Qué decir del fatal daño que este populismo de prostíbulo le ha infringido a la Universidad, al pensamiento libre, a la ciencia? La catástrofe que para nuestra sociedad seguirá suponiendo el petrisoivanovismo es aún imposible de calcular y lo haremos a medida que se amontonen las ruinas que no ha dejado esta catástrofe cuyas consecuencias y secuelas de no ser asumidas por nosotros como ciudadanos críticos nos estará quitando el sueño para siempre en la tragedia de un país de robots, de exiliados, de excluidos. 

 

        Después a las catástrofes naturales, terremotos, inviernos infames  en Colombia hay que agregar la Catástrofe  que supone el desplazamiento de poblaciones enteras, brutalidad guerrillera, repito, ignorados por una JEP ideologizada que le ha restado importancia cuando es lo más importante para que el lema del nuevo gobierno no se convierta en mera fraseología y tengamos  la patria que se nos ha negado. Lo que el terremoto a puesto al descubierto es, por supuesto, la corrupción en las licencias de construcción, la inexistencia de las carreteras de penetración, o sea la inexistente planificación de los territorios para hacerlos visibles, idea de los territorios que ha caído en manos de cierta clase política o como en el Chocó en manos del ELN, las FARC-EP y el Clan del Golfo para mantener los territorios en total aislamiento. Tarea urgente la de planificar los territorios destruidos en su identidad por el narcotráfico a partir del reconocimiento de la autonomía de veredas y de municipios tal como lo hizo con éxito el entonces Presidente Barco. ¿Dónde queda el Chocó sino en la existencia solidaria de una comunidad que ha sabido construir desde el olvido gubernamental y la diáspora una patria real? ¿No es tarea prioritaria liberar a los esclavizados en estas regiones?  En cada caserío golpeado por los violentos la idea de comunidad es algo vivo, en cada vereda a través de costumbres, lenguajes, marcas en el tiempo. Estos intangibles nos demuestran que a pesar del descontrol calculado del gobierno Petro para permitir que los violentos se expandieran no alcanzó a prever que “nuestra única patria es el lenguaje” como lo ha puesto de presente la inmensa fraternidad de estas comunidades para las cuales es más importante el ser humano que las ideologías del terror y su planificación en abstracto. Hablemos entonces, repito, de lo que ha quedado al descubierto o sea de la mentira de la planificación regional, del fracaso de los arquitectos, sociólogos que prefirieron instalarse en la comodidad de rótulos totalitarios como “la identidad” desconociendo que la verdadera resistencia  - la lucha del fragmento contras la totalidad que niega la diversidad- se mantenía en estas milagrosas formas de cultura, en ese municipio olvidado donde 8.000 ciudadanos no han recibido aún ninguna ayuda.

 

 

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

poemas de Paul Adler

 

Paul Adler


LAS CORRIENTES

Paul Adler

A los contemporáneos

Contemporáneos, ¿no veis pasar precipitadamente
el prodigio más formidable,
el arrollamiento, ay, y la devastación?

El Tiempo, que ahoga al mundo entero. Por sus orillas
se persiguen las primaveras como niños.
Los veranos irrumpen con cuchillos; los días, para acortar
la vida oscura, como si fueran todos días de invierno.

—Y sucede que todos nosotros hemos naufragado;
no una sola vez; no: naufragios
de Las mil y una noches,
y junto a ellos, mástiles que se desploman en cada
ola, con cada helada.

Y que nosotros, entre los hielos a la deriva, vimos
a nuestra otra mitad: los muertos.
La cabeza de nuestro padre,
ahora —¡no hay salvación!— hundiéndose en las profundidades,
y nuestros tíos, nuestros primos,
con las manos amoratadas.

—¿Qué queremos todavía en medio de esta devastación, hermanos?

La corriente ha sido desviada hacia el mal;
su curso se precipita hacia donde nosotros no debemos estar.

¿Qué gritamos desde nuestros escombros?
La inundación
ha resultado vencedora.

¡Un barco,
compañeros!
¡Nuestro país entero por un barco!


Compañeros, que el cielo os conceda
lo que ahora me concede a mí:

¡un nuevo viaje!

¡Una vela blanca en el viento del cielo!
¡Lejos del encallamiento,
rumbo a una fuente paradisíaca!

A mí me arrebató, amigos, la otra corriente.

Me arrebató, confluyendo desde cien fuentes,
aquella largamente perdida:

un camino de sirga, derecho,
entre los nomeolvides
y las golondrinas que pasan como flechas.

¡Alabada sea!

—Y que os sea concedido también a todos vosotros, hermanos,
su afluente más poderoso:

El que colma
—cuyo nombre todavía no os digo—.

El que asciende:
ya no escoria
ni roca muerta;
no, colmado de calor
y de sales.

El que nos desborda,
fuente medicinal sobre nuestras mejillas
desgarradas—

la flecha del cielo.

El que ya no está sepultado; no:
el que asciende ahora
hacia la gloria
del Padre.

Su prodigio sublime:

¡el surtidor de lágrimas!



¡BASTA! ¡BASTA!

Ah, ¿existe un Dios? — ¡Y también aquí esta miseria!
¡Una y otra vez esta muerte que vuelve una y otra vez!
La muerte del corazón y el engaño más profundo.

¿Y no bastaba ya con todo eso?

¿Para qué, entonces?

¡Tierra! Sorda y ciega.

¡Qué padre eres, Dios del cielo, para tu hijo!

Y tú no piensas, Sangre, que estamos llorando.

Oh, ni la peor escoria trataría así
a su criatura, a su niño.

¿Qué asesino no moriría por ello
de dolor y arrepentimiento?

¡Oh, basta!

¡Basta! ¡Basta!

La luz se extinguió.

Yo, ciertamente, te amé, Cristo.

Pero tú no me amaste.

Te lamentas diciendo que eres nuestro amigo.

Es al revés, Mesías:

somos nosotros, completamente solos,
quienes morimos todos por ti.

—¡Y como si no bastara
con que tengamos que morir!—

Llega la Pascua,
y tú estás en alguna parte del éter
y eres llorado.

Pero maldito por el Padre
e inmóvil.

¡Cuántas Pascuas han pasado!

Y no regresaste,
amigo nuestro.

¿Sombras? ¿Rayos?
¿Ningún cuerpo?

—¿Y Tomás no te tocó?

¿No te tocó la prostituta,
ahora, en el jardín?

Y aquel era, sin embargo, un santo.

¿Y yo?

¿Soy yo el malvado?

Soy un pobre desgraciado,
no un perro.

Y jamás mataría a un gusano
con una millonésima parte de la astucia

—ni asesino alguno
heriría de tal manera a unas moscas—

con la que tú, Dios,
nos tratas a todos.

Tu morada, como en la locura.

—Y si tu obra cotidiana nos parece cierta
—tu criatura, de la cual dijiste:
«Es buena»—,

mira entonces cómo seduce,
igual que tú mismo.

Y jamás llegará a ser bueno
tu trabajo.

Revienta
por la mordedura del Diablo.

Somos inocentes.

Todos pequeños corderos.

Nos amamos.

Y tú no lo permites.

Nos amamos según tu mandamiento.

Pero entonces vienes tú,
demente guardián de dementes,

y lo matas todo.

A tu alrededor,
hoy o mañana.

Y eternamente
solo amas la Nada.

Es Pascua, Redentor.

Y el mundo tiembla
en la misma angustia.

Y hay sepulcro.

Y el Diablo reina
con mucha mayor seguridad que Tú,

(Padre e Hijo).

Y penetra
en tu vino y en tu pan.

¿Dónde está el «Consolador», Señor?

—Y tú,
Jeschuh ben Josef,
¿te limitarías a contemplarlo?

¡No!

—Al menos si fuiste
un hombre
y un judío.

¿Y Tú te engrandeciste
sobre este cadáver
que reventó?

¿¡Espíritu y llama!?

—Pero ¿no eres Tú
quien divide todo nuestro saber
sobre este polvo?

—¡Y como si no bastara
con que tengamos que morir!

.........
Traducción del alemán: Clarita de Bustamante


 

martes, 1 de septiembre de 2026

LOS MIL SECRETOS / Clarita de Bustamante


Clarita de Bustamante

LOS MIL SECRETOS
.

Clarita de Bustamante

A lo largo de toda esta noche no buscamos una salida.

Fuimos encontrando puertas.

Detrás de una estaba Pródromos,

detrás de otra la Biblioteca de La Playa,

y detrás de la última

estábamos nosotros,

riendo de una palabra mal escrita,

 

corrigiendo un siglo,

inventando un diccionario imposible.

Entonces comprendimos

que los mil secretos no eran respuestas.

Eran la manera de llegar,

muy despacio,

a la claridad de un nosotros.


Amílcar U y Alberto Escobar caminaban por La Playa,

sin saber que muchos años después

alguien volvería a buscarlos entre los libros.

Uno llevaba un viaje entre los ojos;

el otro, quizá, una ciudad que todavía no conocía.

Ninguno sabía que los esperaba Bizancio.

 


viernes, 28 de agosto de 2026

Contra una vieja lujuriosa / Theodoros Pródromos / Traducción: Clarita de Bustamante

 


Contra una vieja lujuriosa

Theodoros Pródromos

 

¡Oh vieja abominable, gran desgracia para los hombres!
¡Oh vieja abominable, más antigua que Tucrito,
arruga torrencial, podredumbre de los tiempos de Cronos!
¡Oh vieja lasciva, anciana impía,
lujuriosa, encendida como una cerda y pavoneándose!
¡Oh vieja arrogante, bacante anticipada, ménade salvaje!
¡Oh vieja abominable, tres veces «vieja» y cuatro veces,
anciana de cinco edades, decrépita y podrida!

¡Mar Atlántico, profundidad del Egeo,
Ponto, Propóntide, boca del Océano,
mar mucho más salado que todos ellos,
en el que se precipitaron innumerables navíos,
en el que naufragaron barcos con toda su tripulación!

¡Oh pantano de barro y profundidad de cieno,
morada de la anguila y de la rana,
mancha de la naturaleza y de cuanto existe en ella!
¡Oh langosta, granizo, mosquito y tiniebla,
y, en suma, ruina de la vida de los mortales!

¡Oh vieja, canosa hasta las cejas,
aunque ultrajes a la pobre naturaleza
embadurnándote continuamente el cabello con tintes!

¡Oh vieja privada de todos los dientes,
que apenas masticas con dos únicas muelas,
que el tiempo, haciendo muy bien, no te arrancó,
para que nadie vaya a confundirte con un bebé recién nacido!

¡Oh viejecilla pálida, aunque pretendas engañar con albayalde!
¡Oh pasa reseca, aunque todavía quieras parecer uva verde!
¡Oh Camarina, aunque te perfumes abundantemente!
¡Oh pellejo curtido, aunque intentes afinarte la piel!
Con legañas, aunque rodees tus pupilas de adornos;
arrugada, aunque embadurnes de colorete tus mejillas;
con gota, aunque trates de disimular ingeniosamente la enfermedad
y conviertas la podagra en un elegante contoneo;
encorvada, aunque pretendas parecer erguida.

¡Oh vieja, otra vez vieja, y otra vez vieja, y otra vez!
¡Antigua vergüenza, maldad de tiempos remotos!

¿Qué haces?
¿Otra vez te inclinas hacia los deseos?
¿Otra vez estás poseída por el amor
y respiras los placeres de Afrodita?

Y, sin embargo, ya deberías haberte dado cuenta…

que todas las cosas son hermosas en el tiempo que les corresponde.

A su tiempo recoges el racimo de la vid;
a su tiempo llevas la hoz hacia la espiga;
el bálsamo, el lirio y la hierba tienen también su tiempo.

El vino joven, vigoroso, hierve
y, por su desorden, hace estallar la tinaja;
pues, siendo joven, padece también los males de la juventud.
Pero cuando llega a la vejez y a su último tiempo,
se recoge prudentemente dentro de sí,
se aquieta y piensa como corresponde a un anciano.

Tú, en cambio, después de atravesar todas las edades,
cuando ya has alcanzado la más venerable canicie,
cuando has llegado cerca de las puertas de la muerte,
cuando ya escuchas los gritos de las Erinias
y los ladridos del perro Cerbero,
todavía te ocupas de aquello que entretiene a las muchachas jóvenes
y te embadurnas las mejillas con colorete.

¡Ay, desdichada, por tu pasión por los placeres de Afrodita!
¡Ay, insensata, poseída por el amor!

La cigarra, cuando muere, canta con mayor dulzura,
y tú, cuando estás ya en tus últimos suspiros,
te adornas con el vestido más propio de una cortesana;
engalanas tus dedos con anillos de oro,
esperando atrapar como presa a alguno de los jóvenes
que mire tus adornos y no mire tu edad.

¿Y qué joven podría ser tan absolutamente insensato
como para soportar acercarse a un escarabajo,
aunque tuviera todo el cuerpo cubierto de perfumes?

¿Quién comería estiércol mezclado con miel?
¿Quién se uniría a una cerda cubierta de oro,
a menos que hubiera perdido el juicio y la razón?

Ningún artificio sabe transformar la naturaleza,
aunque mueva —como suele decirse— todos los cabos
e invente toda clase de recursos.

Nadie en su sano juicio compraría,
ni siquiera por tres óbolos,
el rostro de una vieja cubierto de hollín.

Hace mucho tiempo quizá fuiste útil para el deseo;
hace mucho tiempo quizá fuiste para los hombres
una trampa del amor
que ocultaba el aguijón de un perverso anzuelo.

Ahora regenta un burdel;
ahora conviértete en alcahueta,
pues ninguna otra cosa conviene ya a tu edad,
o, mejor dicho, a tu vida y a tus costumbres.

¿No quieres?

Entonces conviértete en alimento para los lobos.

¡Muere miserablemente,
tú, la peor entre todas las maldades!
¡Vete a los cuervos!
¡Vete con Plutón!

No tardes, Cloto:
corta de una vez ese hilo, aunque sea tarde.

Tú que conduces a los muertos,
recibe a esta desdichada.

Tú, barquero de los muertos,
embarca a la anciana.

No tardes, Radamantis;
ni tú tampoco, Minos de Creta.

Venid a juzgar a esta vieja libertina:
no os faltarán testigos que la acusen.

Las propias camas claman contra ella;

las propias lámparas dan testimonio.

Pero dejemos aparte las camas y las lámparas:
las marcas de su cuerpo gritan como otros tantos Esténtores
y dan testimonio de la vida de esta decrépita.

¿Qué debería sufrir, entonces?
¿Qué castigo debería recibir?

Entre vosotros existen muchas clases de tormentos,
muchos y diversos modos de castigar;
pero hay uno que conviene especialmente a este juicio:

que esta vieja sea entregada
al viejo y anciano Cerbero
y que ante él pague por sus culpas.

Aunque, frente a una carne
tan endurecida como una vasija de barro,
hasta las fauces de Cerbero
perderán sus fuerzas.

…….

Traducción: Clarita de Bustamante