sábado, 1 de agosto de 2026

HACIA EL POSTPETRISMO? / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

HACIA EL POSTPETRISMO?

Darío Ruiz Gómez

 

Yo, vuelvo a aclararlo, estoy de parte de la solidaridad humana y en contra de las ideologías deshumanizantes que están conduciendo a una falsa fricción  social que el más lúcido Camus llamaría  la imposibilidad de lo más importante que es hablar de un nuevo contrato social. En la guerra de relatos el populismo ha encontrado un terreno fácil para sembrar la confusión en los jóvenes a través, vuelvo a repetir,  del etnicismo,  del telúrismo bajo un programa muy similar al que los nazis impusieron rechazando la razón, a Hegel, a Beethoven, Mozart, al humanismo defendido tan brillantemente por Thomas Mann, para imponer a cambio los sombríos bosques de los nibelungos. No olvidemos lo que supuso el nacionalsocialismo como catástrofe moral de una sociedad culta que se dejó embaucar por esta colosal escenografía de mentirosos jerarcas y lo que lo que implica una ideología que ataca a la fraternidad humana. Recuerdo la conferencia que hace años dictó un profesor alemán sobre la sociedad nacionalsocialista, conferencia que se inició con la proyección de un documental. Apagadas las luces e iniciada la proyección de pronto se escuchó una voz que con tono grandilocuente reclamaba el papel revolucionario del proletariado alemán en la lucha  por sus reivindicaciones históricas. Profesores, alumnos universitarios se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir ese llamado a la lucha revolucionaria  pero de pronto atónitos enmudecieron cuando la cámara mostró el rostro del autor de esa defensa del proletariado, era Hitler y no el agitador marxista que esperaban. Para diferenciarse del concepto de Marx que consideraba al proletariado como una clase universal, el nazismo creó el nacional socialismo para justificar la raza superior y declarar como enemigo al comunismo.

 

     La ignorancia de la historia de las ideas políticas ha permitido  que lo que debe ser una decisión personal frente a la violencia contra el ser humano se haya convertido  en un fanatismo propio de esa clase sin clase que es la llamada Generación del Vacío, grupo amorfo que pretende ignorar al pensamiento que al elegir la libertad construye las premisas  para el contrato social que continúa en manos de azarosos censores. De este modo se eluden las responsabilidades personales  bajo vacías opiniones, comunicados públicos, o lo más oportunista, el llamar a declararse  neutrales ante las matanzas, la quema de las bibliotecas “del pasado”. Es aquí donde la ideología banalizada los hace inmunes ante la tragedia colombiana, cubana, venezolana. ¿Qué es el petrismo, el ivanovismo sino la versión degradada del populismo, del comunismo, el valor refugio de quienes se sienten en un vacío frente al cual carecen de cualquier vía de escape?  Señalar histéricamente “el peligro del fascismo que según ellos va a instaurarse con el nuevo gobierno es una prueba irrefutable de que el  embrión del fascismo  ya se había incubado  en sus cerebros carentes de imaginación. Han sido cuatro años en que han intentado eliminar nuestra tradición humanística en el pensamiento occidental, en que intentaron quemar las bibliotecas “de los blancos” como sucedió en Popayán, en que -díganmelo a mí – a profesores, pensadores, escritores que se negaron a doblegarse ante necedades como la de que John Locke el padre de la democracia moderna es “el pilar de la supremacía blanca y machista” siguen vetados, aislados. A este arrasamiento cultural  lo llama Finkelkraut, la muerte del pensamiento, la nueva barbarie. Comencemos por recuperar la escuela, el colegio, la universidad, las bibliotecas y museos, el pensamiento complejo para recuperar así la vida cotidiana, nuestro derecho a la felicidad.

 

A DEMOCRACIA ES AFIRMACION / Darío Ruiz Gómez

                                   Zdzisław Beksiński


A DEMOCRACIA ES AFIRMACION

Darío Ruiz Gómez

 

Si alguien viene a mi casa y coloca sus botas sobre la mesa y hace indecencias  frente a mi familia yo lo saco a patadas en nombre del respeto que  se debe guardar ante los otros ya que si permanezco callado este bandido seguirá haciendo lo mismo en cada visita e imagino que lo hace en  donde se lo permiten. Petro desde el primer día de gobierno puso las botas sobre la mesa y se sacó los mocos y lo siguió haciendo  sin  que nadie le llamara la atención. Un Presidente que con su amante se queda dos días en un lugar gay de sexo 24 horas en Paris y todos han callado y ninguna ley lo ha sancionado. La conducta pública de un Presidente debe responder a unos protocolos universales, a la importancia de la diplomacia  y ante todo a la exigencia ante sus electores de representarlos correctamente. Nombrar en puestos de gobierno a verdaderos patanes  alegando que hacerlo  es una demostración de igualdad es una idiota suposición que el ordinario populismo petrista impuso llegando a desafíos de inconcebible extravagancia. Presentar la ignorancia, los malos modales como virtudes de las clases populares es, como lo hemos comprobado, permitir que lo peor haya desatado su odio al talento, a la mérito de la inteligencia. ¿Sustituir a los empellones a los especialistas en la lengua castellana por escritorzuelos sin talento o representantes de algunas etnias  supuso el triunfo de “la lengua de los que no tienen lengua” y la destrucción del odiado  “lenguaje colonial” tal como lo argumentaron?  El representante periodístico del populismo latinoamericano, es “El País” que en su versión colombiana ha llegado al delirio en la repetición de frases hechas en defensa de sus sagrados Castro, Sendero Luminoso, Evo, el peronismo y en Colombia se alinee al lado del populismo más radicalizado. Al Presidente de la Espriella  lo llaman “El Ultra” y consideran que el petrismo es una fuerza política coherente y que Cepeda  fundamentará la verdadera resistencia civil frente a la odiada derecha. Algo sospechoso porque, tal como lo he venido señalando, este periódico pertenece al Grupo español Prisa que es dueño de Caracol.

Un periodismo que niega  las cloacas del Petrismo para dedicarse a repetir frases de un  izquierdismo de cajón. En un Partido democrático lo esencial para no dogmatizarse es la autocrítica permanente. En los Partidos totalitaristas a quien critica a las jerarquías se le considera disidente y se lo somete a una purga tal como desde su fundación hasta hoy ha venido sucediendo con el ELN y el PCC. Si cada informe sobre el gobierno Petro va poniendo al descubierto inconcebibles delitos como la escalofriante cifra de un millón más de víctimas cuya suerte se  mantiene bajo una nueva conspiración de silencio  y  si constata, el nuevo gobierno, la magnitud traumática de la  grave crisis económica legada por  Petro,  la ciudadanía estará de acuerdo  con las medidas que al respecto tomen los economistas  incluyendo el análisis de lo que ha significado el despilfarro, pero no olvidemos que  la prioridad es asumir las  devastadoras secuelas del terrorismo, las intangibles  cicatrices en el alma  de las gentes o sea a la necesidad de reagrupar a  las  familias en el hontanar que les ha sido  arrebatado.  “La prioridad absoluta, volvamos a León XIV, es la defensa de la dignidad humana”. Ni los políticos ni los economistas, vuelvo a aclararlo, pueden otorgar perdones a los asesinos y la única posibilidad de una nueva narrativa radica en la recuperación de los valores que nos hacen humanos.

 

P. D. Más de 250.00  asesinados ha sido  el resultado de la llamada “resistencia armada” de las FARC de las cuales siempre ha sido cercano  Iván Cepeda quien haciendo un chiste malo pretende encabezar la “resistencia civil y pacífica” a un gobierno libremente elegido.

 


sábado, 27 de junio de 2026

Casa de Agustín Goovaerts en Prado, Medellín. / Víctor Bustamante /(Patrimonio Histórico 120)

 

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Casa de Agustín Goovaerts en Prado, Medellín.

Víctor Bustamante

Con el paso de los años y nuestra indiferencia, descuido la mayoría de las veces, y, en otras ocasiones, el desalojo de nuestra memoria, visible en los «descubrimientos» que con frecuencia hacemos, caemos en cuenta de que, más que todo, son debidos a nuestras torpezas por no advertir que Medellín guarda muchos tesoros, muchos relatos y, sobre todo, esa certeza de saber que su historia la vemos cada día, cada vez que caminamos, pero no la conocemos; es decir, la dejamos pasar con esa cultura, entre comillas, de fachadas.

Pero la ciudad es más que ese descuido, porque es un palimpsesto, un libro abierto que cada generación reescribe sobre él, creyendo que con ello crea la ciudad. No. Esa es la gran mentira. La ciudad denota, en su silencio y en cierta incertidumbre, una historia fresca, presente; que no la sepamos y no la descubramos es otra cosa. Es, más bien, un síntoma de nuestro alejamiento de esos espíritus lelos que deambulan por ahí, cuando deberían indagar y no dejar que el olvido se coma y devore lo más valioso de una ciudad: aquello que le da su diferencia y su peso específico, su historia.

Uno de esos hitos que ha sido maltratado desde su llegada ha sido Agustín Goovaerts. No solo fue atacado y vilipendiado cuando comenzó a diseñar edificios bajo su estética, sino que, con el tiempo, muchas de sus obras fueron destruidas: el Teatro Junín, la cárcel del Buen Pastor, el edificio Ismael Correa, La Ladera, el edificio Calpe y una casa en Maracaibo, solo por mencionar algunas.

Por esa razón, cuando nos dimos cuenta de que una casa de su factura, en la calle Miranda, aún se conserva, fuimos hasta allí a respirar su aire, su creatividad, ya que permanece prácticamente intacta. Si alguna vez pasamos por su fachada pasmados ante la elaboración de su diseño, ahora, al saber que es una casa de Goovaerts, adquiere un peso mayor, pues aquí estuvo el arquitecto belga con la certidumbre de vigilar la buena marcha de una de sus obras.

Don Paulino Londoño Londoño, que había sido arriero y comerciante y, además, accionista de la Cervecería La Libertad, contrató a Goovaerts para el diseño y la construcción de su residencia en 1920.

Fernando González, refiriéndose a él, añade:

«¿Dónde, sino allí, se graduaron don Luis y don Paulino Londoño? Los graduaron en el corral de las "paridas"; comenzaron arreando del corral a El Poblado las vacas que otros compraban y… ¡ahora son del redondel!

Fijad muy bien esto: que se aprende a caminar, caminando; a hablar, hablando; a encontrar, buscando; y a ser pendejo, leyendo. No leáis: investigad, buscad, vivid. La República de Antioquia fue grande cuando su escuela era la arriería, la feria, la plaza de mercado y los pueblos. Allí se formaron Alejandro Ángel, Emilio Restrepo Paila, Pedro Estrada, Luis y Paulino Londoño, Bernardo Mora, etc. Ninguno de ellos aprendió a leer hasta que lo necesitó para saber cuánto le debían; primero aprendieron el lenguaje de las actitudes de los seres; por eso son astutos, saben lo que quiere cada cosa que se les presenta».

Estos arrieros, transportando mercancías a través de caminos irredentos por montañas y afrontando todas las dificultades geográficas, crearon una base de acumulación de capital que serviría posteriormente para la creación de empresas.

Su hija, Sofía Londoño Mesa, contrajo nupcias con José Luis Restrepo Jaramillo, quien era escritor, otro intelectual olvidado, como es costumbre, dizque, en la ciudad más lectora, con gestores culturales de frágil armazón intelectual. Entre sus creaciones están Cuentos de juventud y las comedias La llama y Malditas lenguas, así como su periódico Labor. Además, es considerado el primer presidente del Deportivo Independiente Medellín.

Pero, y ese «pero» es una tragedia, el escritor y dirigente deportivo moriría muy joven, en 1926, lo cual llevó a que su viuda y sus dos hijos, Guido y Beatriz, se marcharan a vivir a Bélgica ese mismo año, donde permanecieron varias temporadas entre Bruselas y París.

Se dice que, durante el tiempo de su viaje a Europa, esta casa sirvió de sede para el comando militar en Medellín. Para ese entonces, en esa oscuridad que reaparece cuando hallamos otras voces y otros escritores, se afirmaba que la calle Miranda quedaba en las afueras de la ciudad, cuando Prado comenzaba a construirse en su interior y a los paisas cazurros les parecía muy démodé que las calles se ampliaran y que sus tentáculos escarbaran planicies y montañas.

A su regreso de Europa ocuparon de nuevo su casa en la calle Miranda doña Sofía y sus hijos, Beatriz y Guido. Ella, Beatriz, seguiría las huellas de su padre. Aficionada a la lectura, parece que nos dijera que la verdadera educación está en quien es autodidacta, ya que se transitan los caminos del saber porque la razón y el corazón conducen hacia fuentes desconocidas e inagotables.

Ella tuvo cercanía con Fernando González, quien venía a visitarla y, a lo mejor, en esas continuas disquisiciones le fomentó la independencia, el carácter, así como los caminos pedregosos de una formación intelectual sólida. La conversación abre puertas a la inusitada aparición de ideas, temas, preguntas y escritores diversos que no se hallan en ningún manual. El contacto, además, con una gran escritora que no se ha leído como se lo merece, María Helena Uribe de Estrada, y con Regina Mejía, seguro la llevaron a que se acendrara, con un tono de mayor responsabilidad, su labor intelectual.

Las lecturas para su formación personal se encaminan por los senderos de las reflexiones de Fernando González, quien nunca dejó su espíritu crítico y pragmático de jesuita. De ahí su cercanía, la de ella, con el sacerdote y escritor Michel Quoist, cuyas obras, que destilan espiritualidad, enlazaron la fe cristiana con la vida cotidiana a través de un lenguaje sencillo y directo, lejos de oraciones reiterativas, para entender que los escenarios cotidianos, como la calle, las reuniones, los anuncios y las relaciones con las otras personas, denotan otra manera de mantener esa cercanía y ese respeto.

También entre sus lecturas figuraba el padre jesuita Alberto Ibáñez, quien, a través de sus Convivencias con Dios, diseñó retiros espirituales de seis días, adaptando los ejercicios de San Ignacio para laicos, jóvenes y religiosas. También seguía los preceptos del padre Pedro Arrupe, quien lideró la renovación global de los jesuitas y combinó su vida con una mística profunda y un compromiso radical por la justicia social. Cuando fue destinado como misionero a Japón, vivió en carne propia el estallido de la bomba atómica en Hiroshima. Utilizó sus conocimientos médicos para convertir el noviciado jesuita en un hospital improvisado y salvar a más de ciento cincuenta personas. De ahí que Beatriz asumiera en Medellín un programa de radio en pro de los sobrevivientes de Hiroshima.

Otra de sus lecturas preferidas fue Leo Buscaglia, profesor universitario estadounidense, conocido como «Dr. Love», ya que su vida y su obra se centraron en promover la importancia de los abrazos, la empatía y las relaciones humanas afectivas.

En 1950 Beatriz Restrepo Londoño se casó con Ernesto Echavarría Gallo, quien era jefe de relaciones públicas de Coltabaco. De él se refería una leyenda, nunca urbana sino familiar, donde se aseveraba que había sido prisionero en un campo de concentración y que fue espía de la Gestapo. No sabemos si será verdad o un simple chisme; lo cierto del caso es que no hemos podido corroborar si estuvo en Alemania o en Fusagasugá, en el Hotel Sabaneta, junto a los nazis locales y sus adeptos.

Beatriz Restrepo Londoño se desempeñó como columnista de El Colombiano. A veces publicaba con su nombre y, otras, con el seudónimo de Calixto. Junto con el padre Gustavo Vélez V. y Ana Mercedes Gómez escribían la columna Tejas Arriba. También fue redactora en Sutatenza.

Aquí, en estos salones amplios, serenos y frescos de su casa en la calle Miranda, doña Beatriz Restrepo Londoño escribiría sus columnas. Como había cursado el bachillerato en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, en Miraflores, donde posteriormente fue profesora, allí dictó la conferencia Respuesta de María en el plan de Dios. También viajó con María Salazar de Mejía a Dublín para participar en un encuentro mundial de alumnas del Sagrado Corazón. Fue jurado de los Premios Alejandro Ángel Escobar y, además, como conferencista, dictó seminarios de Motivación y Liderazgo.

Los actuales dueños de esa casa son el escritor y sociólogo Fabio Betancur y su esposa, la pintora Mónica Durán. Fabio, en este espacio, su espacio, en esta casa que tanta historia posee, es escritor, como lo fue doña Beatriz. Seguramente continúa con su actividad, no refugiándose en la lectura, sino manteniéndose alerta con su poesía, con sus indagaciones sobre la música, de la cual es un experto, o, a lo mejor, pensando algún ensayo sociológico sobre este país que nadie puede armar. También es posible saber que Mónica experimenta en su estudio con la creatividad de sus pinturas; es decir, indaga con los colores, con esas disolvencias que, seguro, aparecen cuando cristaliza una de sus ideas.

Entre una indagación y otra, al volver a Prado, se intenta entender las infladas recomendaciones, los inusitados proyectos que solo quedan como esbozos sobre las abultadas superficies de los archivos: puro papel inoficioso, donde mueren libros, cuadernos, revistas, folletos e inventarios, así como vídeos y certámenes. Solo queda la literatura como testigo y reflexión. Como en todas las historias, casi se pierde todo el arsenal de esa vida cotidiana que da lustre a estas casas, a estas aceras, a estas calles: pura atmósfera que retorna al caminarla, pero que completamos desde los estantes olvidados que se recuperan gracias a los testigos presentes y a sus testimonios disueltos en diversas publicaciones.

Es decir, casi deambulamos por una ciudad que, de no buscarla y de no reflexionarla, permitiremos que sea entregada al desalojo, a la opacidad y a la brutalidad de quienes deberían preservarla. Como observadores fatuos y tibios dejamos que el río de la historia, lento y mudo, prosiga hasta opacar el brillo bajo el sol que revienta en los copos de un guayacán, donde el fluir de la vida, en el interior de estas mansiones, lo releamos con el sentido que se merece y no como una fatal ilusión que deslumbra a turistas desaprensivos e ingenuos, quienes ven cómo se arrastra por las paredes la mano tenebrosa de la destrucción, o los proyectos de risa que solo ven fachadas bellas como manchas luminosas, casi inexistentes, donde el esplendor, nunca en la yerba sino en estas fachadas, será iluminado con el neón de las buenas intenciones, mientras somos testigos seducidos por un pasado que destila remordimientos ante la desaparición anunciada, que no es más que la temática de la apariencia, notoria en las tapas ilustradas y en las páginas web, como una reverberación de la nada que enciende la turbiedad de la inseguridad del barrio; las latas de cerveza abandonadas por los caminantes nocturnos en esquinas, calles y aceras; mientras las luces que escupen los faroles parecen tristes, del mismo modo que, ya en la noche, cuando todo es silencio, contrastan con las luces solitarias que arden en las ventanas.

Medellín posee una totalidad histórica que notamos al caminarla, mientras el río de personas atesta algunas calles a lo largo de las espaldas de la noche o se refugia en la nueva costumbre de los centros comerciales, limpios y seguros, pero alejados del plano citadino, con sus orillas de cristal sobre la gran rueda del comercio que los tritura hasta dejarlos satisfechos. En cada caminata por Prado existe, por lo menos, un fragmento de la acedia que perdura, al no haber respuestas ni soluciones. Así, en apariencia, pastan las horas tranquilas del abandono, mientras fluyen estas palabras en mitad de la noche, sin tener en cuenta lo huérfanos que quedamos cuando, en sus orillas, aparecen las palabras para tratar de recuperar, del barrio de Prado, esas historias que le dan lustre y que reverberan intensas y puras antes de que la noche nos persuada a buscar sus calles y sus mansiones en una historia cubierta de tanto silencio.

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(Patrimonio Histórico 120)

 

viernes, 26 de junio de 2026

Navegando hacia ninguna parte / Key Serna

Fotografía de Víctor Bustamante
 




Navegando hacia ninguna parte

Key Serna


Tengo el nuevo vicio de escribir en las mañanas.

Despierto.

Pongo la oscuridad bajo la almohada.

Me quejo del frío en una libreta.

Después prometo quemar esas páginas como quien quema una guitarra para no seguir cantando.

Esas páginas me llevaron a otras personas que escriben como yo, pero en la ciudad,

como si existiera otro mundo paralelo al mío.

Conocí a un chico que fabrica libros artesanales.

Me invitó a desayunar.

Yo le declamé un poema, porque no había otra forma de estar en ese instante

luego me invitó a conocer los poemas de la calle.

Así conocí el nadaísmo.

No a Gonzalo Arango.

No a los manifiestos.

No a la leyenda.

Conocí a los nadaístas.

Me encontraron escribiendo sola y decidieron adoptarme.

¿Qué hace una poeta de un pueblo cuando se encuentra con una pandilla de malditos urbanos?

Yo llevaba algunos poemas en el bolsillo.

Poemas que no intentaban salvar a nadie.

Ni siquiera a mí.

Descubrí que los nadaístas habitan una geografía propia.

Un domingo infinito.

El centro de la ciudad.

Siempre las mismas calles.

Siempre los mismos cafés.

Siempre las mismas esquinas donde alguna vez dejaron el eco de un poema recitado entre humo de cigarrillos.

Me llevaron por el centro bajo un sol que parecía una condena.

Esquivamos carros, vendedores ambulantes, libros piratas de superación personal apilados sobre las aceras y el olor de una ciudad que se resiste a ser bella.

Vi al vagabundo pegado al suelo con pegamento amarillo.

Escuché el grito de los vendedores.

Respiré el humo de los buses.

Y por momentos tuve la sensación de que toda la ciudad estaba escribiendo un poema involuntario.

Los nadaístas parecen no tener nada en los bolsillos.

A veces sobreviven con un corrientazo barato.

A veces con un banano pecoso.

Y para la sed tienen el jugo de chontaduro de la negra de la esquina, espeso y anaranjado, mezclado con humo de carros y sudor de ciudad.

Dicen que es afrodisíaco.

Tal vez por eso algunos terminan la tarde visitando los burdeles de la Veracruz.

Comprendí entonces que aquella tribu no estaba unida por una estética sino por una forma de habitar el fracaso.

Los nadaístas son piratas que navegan barcos de papel por los ríos de lluvia cuando la ciudad se inunda.

Sin mapa.

Sin brújula.

Sin destino.

Con un libro de bolsillo como único equipaje.

Navegando hacia ninguna parte.

¿Eso me convierte en una nadaísta?

Porque todavía no he publicado un libro.

No porque no haya escrito.

Sino porque nunca me ha gustado incomodar a la gente con mis poemas.

Ni me he tomado una fotografía obligatoria de poeta.

Ya saben cuál.

Blanco y negro.

Mirando hacia ninguna parte.

Como si el poeta ya hubiera muerto

antes de terminar el poema.

No la quiero.

Sospecho que la poesía ocurre en otra parte.

No en la foto.

No en el libro.

No en la fama.

Sino en ese instante extraño en que alguien escribe una frase y siente que acaba de descubrir algo que ya sabía desde siempre.

Hay algo profundamente inútil en todo aquello.

Y precisamente por eso me gusta.

El nadaísmo me recordó una posibilidad que había olvidado:

escribir porque sí.

Escribir aunque nadie lea.

Escribir aunque el poema termine olvidado en una servilleta.

Escribir aunque el mundo continúe exactamente igual después de escribirlo.

Aceptar que no todo tiene que producir algo.

Que no toda pasión debe convertirse en una carrera.

Que no toda experiencia necesita justificar su existencia.

Quizá por eso entendí algo de Gonzalo, que le escribió a Alberto Aguirre:

La tarea de escribir puede llegar a sentirse tan importante como un destino y tan humilde como lavar los propios calzoncillos.

Tal vez la poesía no sea una actividad sagrada.

Quizá sea un oficio doméstico.

Algo que se hace todos los días.

Como barrer.

Como cocinar.

Como encender un fogón.

Quizá la tarea sea simplemente esa:

seguir escribiendo.

Seguir navegando sin mapa.

Con algunos poemas en el bolsillo.

Con las manos vacías.

Así reafirmo mi nada.

No podré morir todavía.

Me faltan panaderías por visitar.

Me faltan poemas por perder.

Me faltan medias y calzones por lavar.

Y cuando por fin llegue a ninguna parte,

quizá encuentre allí

aquello que los nadaístas llevan sesenta años buscando:

esa pequeña región sin nombre donde el mundo termina y comienza la nada.

...

06/06/2026

 

 

CIVILIZACIÓN O BARBARIE / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksińsk


CIVILIZACIÓN O BARBARIE

Darío Ruiz Gómez

Uno de los aspectos más notorios cuando se analiza  la podredumbre en que termina por caer un grupo político ejerciendo el gobierno de un país, es el papel de las llamadas élites intelectuales, caso del kirchnerismo como perversión final de lo que supuso el populismo peronista. Y caso ilustrativo lo es el del gobierno mexicano de MORENA donde la servidumbre intelectual  llega a lo peor adaptándose al nacionalismo, al poder del narcotráfico. No digo Venezuela donde a partir de Chaves estos grupos de intelectuales traicionaron la democracia y se entregaron a vivir del régimen madurista manteniéndose ciegos y sordos ante las torturas, las desapariciones, los desplazamientos que alcanzaron la cifra de ocho millones de venezolanos lanzados a la diáspora. No voy a dar nombres de quienes alguna vez llegaron a ser amigos míos porque su traición a la democracia sigue siendo una prueba de su bajeza moral y de su mediocridad intelectual. Hoy en España se hace un juicio público a las llamadas cloacas del Sanchismo, a ese espeluznante personaje de alcantarilla que es Zapatero bien recordado por los presos de la dictadura madurista, asociado a una trama internacional de delincuencia. Ortega y Gasset decía que tenemos  una o dos opciones en la vida y que quien ha nacido para ladrón debe hacerlo con habilidad y talento  ya que los ladrones chapuceros como los corruptos de un gobierno, constituyen una afrenta a la profesión y, agrego yo, como en el caso colombiano dan asco, sobre todo cuando posan de  intelectuales.

“La astucia más elemental de un poder político, recuerda Gabriel Albiac, consiste en acelerar el cúmulo de sus delitos para hacer que sus últimos crímenes oculten los que los precedieron” Un escándalo de corrupción de las dimensiones de la trama criminal de la UNGRD lo tienen  presente estos intelectuales, tiene presente alguien  de los defensores de Cepeda el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas lo que permitió el crecimiento desproporcionado del narcotráfico? ¿Cuál vida dice defender Iván Cepeda, cuáles bibliotecas y museos si fueron arrasadas por los defensores del identitarismo, cuál cultura con quienes siguen normalizando las peores masacres de la historia latinoamericana?  Lo que hemos vivido es una caricatura de fascismo que sin cuadros políticos necesarios para imponer su proyecto se transformó  en un régimen donde hemos descendido a la barbarie. ¿En qué momento  el filósofo Cepeda y el Pacto Histórico han condenado estas masacres?  El sofisma de la izquierda sanchista en España de que “la Derecha”, el “Fascismo” constituyen el gran  peligro para España y Europa   - en su paranoia en Colombia  están viendo máscaras fascistas, delirando con los “derechistas” que vienen a llevárselos - ha sido un vano intento de tender una cortina de humo sobre  sobre la falta de vivienda, sobre la crisis mortal de la salud. Tengo qué preguntarme hasta dónde puede llegar la elasticidad de la tolerancia ya que ha llegado el momento de dejar de sentirnos acorralados y enfrentar las amenazas de esta izquierda mediocre y verdaderamente fascista. ¿Con su silencio Mordisco o Calarcá no pretenden imponer un narcoestado en Colombia?

De parte de la barbarie están quienes apoyaron a Castro, a Chávez y Maduro, y continúan haciéndolo con  una propuesta que es la banalización absurda de una ideología ya desacreditada a sabiendas de que el supuesto proyecto político que los justificó fue borrado por sus continuas afrentas a la civilización mediante  actos de barbarie sobre las cuales  solamente  puede  darse continuidad a otra dictadura sangrienta y no la apertura a la sociedad democrática que quienes defienden la pluralidad, el consenso, aspiran a  que se construya. Lo que estos estalinistas llaman  fascismo, paradójicamente no es otra cosa que su versión actual del fascismo o sea la traición a la verdad, al pluralismo y a la independencia intelectual de no recibir órdenes. Por eso vamos a votar contra la barbarie. 

 

 

LA LAGRIMA DE DIOS / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksińsk


LA LAGRIMA DE DIOS

Darío Ruiz Gómez

La foto nos estremece hondamente: el matrimonio de campesinos con las manos amarradas atrás no expresa ni el más leve gesto de temor, la otra pareja, la de quienes “fueron a buscar un trabajito para comer”, tienen esta misma contención de quien es una buena persona a los ojos de Dios. A un lado el sicario  y el enorme fusil en sus manos de campesino convertido en verdugo de sus hermanos. Esta foto tomada en una vereda de Remedios por los propios asesinos se repite en el Cauca, el Guaviare, el Meta, el Caquetá  donde sus protagonistas son campesinos a quienes se desplaza, se escupe y de los cuales hasta Dios mismo parece haberse olvidado, cuando en ellos y en medio de su tristeza llora Dios ¿Por qué si saben que van a ser sacrificados ninguno de estos nobles rostros se desencaja de terror ante una violencia salida del infierno? Por supuesto su mirada se nos escapa y no podemos calificarla como miedo, desprecio pero tampoco resignación ya que su asesinato no significa que hayan muerto, al contrario han comenzado a vivir como una pregunta cuya llama no cesa  de arder ante el fariseo, el sepulcro blanqueado, la falsa iglesia, pero lo que los tramposos  Comisionados de paz olvidan es que esta brutalidad no entraña progreso en ningún sentido ni que estos amados hermanos que caen por cientos en las llamadas eufemísticamente zonas de despeje no son un pasado que se entierra sino una fuerza moral que sigue en marcha para derrotar este sangriento esperpento. Porque la pregunta es una: ¿Quién dio la orden de matarlos? “La dignidad, humana – recuerda León XIV -es anterior a la legislación” cuando “los cementerios sin lápida” desbordan los territorios de la patria soñada.

Partir de la verdad es partir del reconocimiento de la dignidad humana, del principio de que la vida es sagrada ya que el Otro es la mirada de Dios. Los asesinos y sus Amos han tratado de matar a Dios y lo han hecho recurriendo a una falsa iglesia, olvidando que la bondad es más poderosa que las armas, que, ese diabólico entramado de supuestas conversaciones de Paz donde se continúa dando voz al criminal y persiguiendo a los débiles. Con esto, ha señalado León XIV, se deben recordar los límites del poder que como en este caso ha propiciado la persecución contra los más débiles, aquellos  que se han perdido en la noche de los desplazamientos forzados. En Colombia no existe la pena de muerte pero en su egoísmo todos hemos  permanecido mudos ante las diarias ejecuciones de los desprotegidos por la Iglesia oficial, por nuestra justicia de sainete. Ya que por encima de cualquier otra consideración  lo humano está en el más humilde como lo dijo Francisco de Vitoria el Padre de los verdaderos Derechos humanos. “ Por  eso, agrega León XIV, la grandeza moral de una nación se manifiesta sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesas mayor fragilidad” Contemplar las  gloriosas jornadas del Papa en España ante un  pueblo que celebró  la aparición  del Pastor esperado, escucharlo ilustrar a filósofos, políticos, economistas acerca de la soledad  de las gentes y de la compañía de Dios ha sido un júbilo para los colombianos que nunca nos habíamos sentido tan abandonados por Dios. Estos mártires que viven en las tierras de nadie señalan, repito, contra la miseria de las ideologías del mal, la insistencia de la fe en el castigo a los amos de la guerra, del negocio de matar inocentes. León XIV y la razón católica.

EL QUERUBÍN DE LA REVOLUCIÓN / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksińsk


EL QUERUBÍN DE LA REVOLUCIÓN

 

Darío Ruiz Gómez

 

“Tu integridad moral, tu entusiasmo por la causa. La llamada a la esperanza. Tu discurso trasparente ético y valiente es lo necesario ahora. Tú lo tienes. No rebajes tu grandeza moral haciendo campaña CONTRA  el abismo moral, dedica estas tres semanas a entregar a todos y todas lo más grande de ti mismo” El perfilado en este caso debía ser un ejemplo de lo que tiene ser un adolescente en una época donde estamos ad puertas de hundirnos en el abismo moral, pero es Iván Cepeda a quien con extraño cariño se dirige  Francisco de Roux en una carta pública. Thomas Man, Ortega y Gasset, recurrieron a imágenes perfectamente apocalípticas para señalar lo que supuso el hundimiento moral de la sociedad europea, la muerte del humanismo. “El huevo de la serpiente” se denominó a ese corto período que va de la guerra del 14 a la segunda guerra Mundial. Tres semanas tenemos en Colombia para que al reventar los huevos de nuestra serpiente comiencen a expandirse y ya sin remedio plagas y  pestes y se inicie  la persecución contra los inocentes. Ocasión de caos y el momento propicio para que el perverso se disfrace de bondad, de comprensión, se apropie del lenguaje de la “superación personal”. Pero como sabemos nadie puede alegar inocencia frente a un cataclismo moral como el que vivimos y que para el ángelico  Francisco de Roux se limita al posible triunfo  de los mafiosos cuando los mafiosos en un alto número son aquellos cuyas tropelías quiere ahora borrar, cuyas matanzas quiere ahora ignorar, olvidando el testimonio irrebatible que el mismo escribió con cifras y datos sobre los espeluznantes crímenes de las FARC:350.00 asesinados que le hacen un reclamo desde la muerte a estos fabricantes de cadáveres.

La ética, recuerde a Spinoza, es nacer individualmente a la responsabilidad y es esta la que nos identifica como individuos pensantes. Una Causa como la que de Roux elogia en  Cepeda supone la desaparición de la responsabilidad personal enajenada al Dogma político que ha convertido la causa en único fin. ¿Cómo un fruto del mesianismo comunista puede, según de Roux, “tener la razón partiendo de la verdad cuando hablas de una revolución moral, de un cambio de conciencia” ¿Un comunista preocupado por la libertad de conciencia? Esta argumentación propia de un antitotalitario como Albert Camus se degrada a propósito en manos de quienes como Cepeda y de Roux han negado al individuo a nombre de lo colectivo, la moral a nombre de la Causa. O sea que es una retórica mentirosa. La masacre, la tortura de niños de las etnias, las violaciones, el tráfico de adolescente, constituyen argumentos de peso  ilustrados en el irrefutable testimonio entregado por de Roux  en la Verdad sobre el Conflicto Armado en Colombia y del cual no puede ahora arrepentirse jugando al papel del tío bondadoso. Algún día de Roux y el querubín del mal Cepeda tendrán que responder por esta agresión al ser humano, a la humanidad. Lo que buscan con su triunfo recurriendo a toda clase de tretas es impedir que el mundo se entere, tal como lo está haciendo respecto a Venezuela, de una historia de infamia jamás imaginada como la colombiana.

Fotografiado frente a un grupo de encapuchados, de paranoicos militantes que tratan de convertirse en cuadros de choque del cepedismo, en un nuevo “estallido social”, lo que queda en claro es que el querubín ha bajado a la tierra para intentar incendiarla olvidando que la historia no se repite dos veces. Como recuerda Norberto Bobbio el justo tiene el derecho consagrado a defenderse impidiendo la brutalidad de la barbarie ante la cual, paradójicamente, muchos están hoy  comprando rodilleras para ponerse a su servicio.