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| Zdzisław Beksiński |
SOBRE
LAS CATÁSTROFES
Darío Ruiz Gómez
Después a las catástrofes naturales,
terremotos, inviernos infames en
Colombia hay que agregar la Catástrofe
que supone el desplazamiento de poblaciones enteras, brutalidad
guerrillera, repito, ignorados por una JEP ideologizada que le ha restado
importancia cuando es lo más importante para que el lema del nuevo gobierno no
se convierta en mera fraseología y tengamos
la patria que se nos ha negado. Lo que el terremoto a puesto al
descubierto es, por supuesto, la corrupción en las licencias de construcción,
la inexistencia de las carreteras de penetración, o sea la inexistente
planificación de los territorios para hacerlos visibles, idea de los
territorios que ha caído en manos de cierta clase política o como en el Chocó
en manos del ELN, las FARC-EP y el Clan del Golfo para mantener los territorios
en total aislamiento. Tarea urgente la de planificar los territorios destruidos
en su identidad por el narcotráfico a partir del reconocimiento de la autonomía
de veredas y de municipios tal como lo hizo con éxito el entonces Presidente
Barco. ¿Dónde queda el Chocó sino en la existencia solidaria de una comunidad
que ha sabido construir desde el olvido gubernamental y la diáspora una patria
real? ¿No es tarea prioritaria liberar a los esclavizados en estas
regiones? En cada caserío golpeado por
los violentos la idea de comunidad es algo vivo, en cada vereda a través de
costumbres, lenguajes, marcas en el tiempo. Estos intangibles nos demuestran
que a pesar del descontrol calculado del gobierno Petro para permitir que los
violentos se expandieran no alcanzó a prever que “nuestra única patria es el
lenguaje” como lo ha puesto de presente la inmensa fraternidad de estas
comunidades para las cuales es más importante el ser humano que las ideologías
del terror y su planificación en abstracto. Hablemos entonces, repito, de lo
que ha quedado al descubierto o sea de la mentira de la planificación regional,
del fracaso de los arquitectos, sociólogos que prefirieron instalarse en la
comodidad de rótulos totalitarios como “la identidad” desconociendo que la
verdadera resistencia - la lucha del
fragmento contras la totalidad que niega la diversidad- se mantenía en estas
milagrosas formas de cultura, en ese municipio olvidado donde 8.000 ciudadanos
no han recibido aún ninguna ayuda.

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