viernes, 26 de junio de 2026

LA LAGRIMA DE DIOS / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksińsk


LA LAGRIMA DE DIOS

Darío Ruiz Gómez

La foto nos estremece hondamente: el matrimonio de campesinos con las manos amarradas atrás no expresa ni el más leve gesto de temor, la otra pareja, la de quienes “fueron a buscar un trabajito para comer”, tienen esta misma contención de quien es una buena persona a los ojos de Dios. A un lado el sicario  y el enorme fusil en sus manos de campesino convertido en verdugo de sus hermanos. Esta foto tomada en una vereda de Remedios por los propios asesinos se repite en el Cauca, el Guaviare, el Meta, el Caquetá  donde sus protagonistas son campesinos a quienes se desplaza, se escupe y de los cuales hasta Dios mismo parece haberse olvidado, cuando en ellos y en medio de su tristeza llora Dios ¿Por qué si saben que van a ser sacrificados ninguno de estos nobles rostros se desencaja de terror ante una violencia salida del infierno? Por supuesto su mirada se nos escapa y no podemos calificarla como miedo, desprecio pero tampoco resignación ya que su asesinato no significa que hayan muerto, al contrario han comenzado a vivir como una pregunta cuya llama no cesa  de arder ante el fariseo, el sepulcro blanqueado, la falsa iglesia, pero lo que los tramposos  Comisionados de paz olvidan es que esta brutalidad no entraña progreso en ningún sentido ni que estos amados hermanos que caen por cientos en las llamadas eufemísticamente zonas de despeje no son un pasado que se entierra sino una fuerza moral que sigue en marcha para derrotar este sangriento esperpento. Porque la pregunta es una: ¿Quién dio la orden de matarlos? “La dignidad, humana – recuerda León XIV -es anterior a la legislación” cuando “los cementerios sin lápida” desbordan los territorios de la patria soñada.

Partir de la verdad es partir del reconocimiento de la dignidad humana, del principio de que la vida es sagrada ya que el Otro es la mirada de Dios. Los asesinos y sus Amos han tratado de matar a Dios y lo han hecho recurriendo a una falsa iglesia, olvidando que la bondad es más poderosa que las armas, que, ese diabólico entramado de supuestas conversaciones de Paz donde se continúa dando voz al criminal y persiguiendo a los débiles. Con esto, ha señalado León XIV, se deben recordar los límites del poder que como en este caso ha propiciado la persecución contra los más débiles, aquellos  que se han perdido en la noche de los desplazamientos forzados. En Colombia no existe la pena de muerte pero en su egoísmo todos hemos  permanecido mudos ante las diarias ejecuciones de los desprotegidos por la Iglesia oficial, por nuestra justicia de sainete. Ya que por encima de cualquier otra consideración  lo humano está en el más humilde como lo dijo Francisco de Vitoria el Padre de los verdaderos Derechos humanos. “ Por  eso, agrega León XIV, la grandeza moral de una nación se manifiesta sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesas mayor fragilidad” Contemplar las  gloriosas jornadas del Papa en España ante un  pueblo que celebró  la aparición  del Pastor esperado, escucharlo ilustrar a filósofos, políticos, economistas acerca de la soledad  de las gentes y de la compañía de Dios ha sido un júbilo para los colombianos que nunca nos habíamos sentido tan abandonados por Dios. Estos mártires que viven en las tierras de nadie señalan, repito, contra la miseria de las ideologías del mal, la insistencia de la fe en el castigo a los amos de la guerra, del negocio de matar inocentes. León XIV y la razón católica.

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