sábado, 20 de agosto de 2022

¿BETSABÉ ESPINAL, LA LIDER OBRERA DESCONOCIDA? Antonio Arenas Berrío

 


¿BETSABÉ ESPINAL, LA LIDER OBRERA DESCONOCIDA?

(A PROPÓSITO DE LA NOVELA CORTA, BETSABÉ Y BETSABÉ, DE REINALDO SPITALETTA)

 

“La florecita rebelde”

Antonio Arenas Berrío

En el año 1920, una mujer trabajadora de 23 años desafía a un empresario antiqueño y a tres de sus capataces en una Fábrica de tejidos en la ciudad de Bello. Betsabé Espinal, trata de luchar contra un sistema deshumanizador y materialista de la sociedad de su tiempo, donde el dinero, el control, y la sumisión religiosa son lo más importante. Betsabé, es una trabajadora víctima en una fábrica de tejidos y se niega a adaptarse a los vejámenes establecidos por el propietario y sus capataces. Una mujer con resistencia activa que elevará su triunfo ante las demás obreras. Ella es también único modelo de “mujer rebelde” que logra ser reconocida como líder. Una luchadora sagaz, acompañada de otras mujeres víctimas de la ignominia. Una obrera descalza, que habla y lee un pliego de peticiones e incita a una huelga a las demás obreras. Se pedía abolir el régimen represivo que imponía multas, persecuciones, las normas arbitrarias, abuso sexual, y promiscuidad de algunos empleados, no más jornadas de trabajo inhumanas de seis a seis de la tarde, poder trabajar con zapatos y tomar protección contra los tres caciques de la Fábrica: Jesús Monsalve, Teódulo Velásquez, Manuel de J Velásquez. Y se decía que el dueño de la Fábrica, Emilio Restrepo Callejas, consentía todo esto a sabiendas que se verificaba a diario en los salones de la Fábrica de tejidos. El triunfo del comportamiento de Betsabé Espinal, frente a su patrón y los encargados significaba el éxito de cuatrocientas mujeres que trabajaban con los pies descalzos en una Fábrica de tejidos en Bello, caracterizada por sus niveles de explotación y en especial hacia las mujeres jóvenes venidas del campo o huérfanas. El centro del asunto reside en que Betsabé Espinal, toma responsabilidades de dirigente sindical donde no hay ni siquiera un sindicato. Una huelga de señoritas, que dura más de veintiún días y paraliza toda la producción textil y se burla de los hombres trabajadores que no querían ir a la huelga. La rareza, está en que, siempre hemos creído que son los hombres los que van a la huelga o a un paro en las Fábricas. La novela corta de Reinaldo Spitaletta, fulgura la explotación de las mujeres, la denuncia contra el patrón, sus tres capataces y las condiciones laborales en la Fábrica de tejidos de Bello. Al empresario déspota y sus encargados se les reprocha su comportamiento, y a la religión católica, la inmunda caridad y compasión cristiana que aliena y envilece a las mujeres trabajadoras. Reinaldo Spitaletta, en su ficción corta, no cesa de desplegar su radical oposición a la fraternidad con relación a la misericordia cristiana y el desinterés del dueño o patrón por las condiciones de vida de las mujeres en la Fábrica de tejidos de Bello. La novela, es una discusión sobre la “liberación de la mujer”, su condición social, la infamia de tener que ir a trabajar descalzas, las sanciones y la persecución sexual de los capataces. Betsabé Espinal, es la predecesora de la lucha de las mujeres por sus derechos en nuestro país. Estamos a cien años de un suceso y una huelga poco conocida en Colombia, y sobre todo una huelga que paralizó la primera Fábrica de tejidos de Bello, la impulsaron las mujeres y la sacaron triunfante más de cuatrocientas mujeres obreras descalzas, en tiempos en que el rol de las mujeres no era ir a huelgas y promover protestas, ni mítines. Ahora bien: “La historia dice que entre 1919 y 1920 hubo en Colombia 33 paros de trabajadores que buscaban mejorar sus condiciones laborales. Pero eran paros desorganizados, más cercanos a la asonada y el motín, porque para entonces el sindicalismo apenas se estaba formando. Los paros más sonados fueron los de los artesanos en Bogotá, los mineros de Segovia, los ferroviarios del Magdalena. Y los sastres y zapateros de Medellín, Caldas, Manizales y Bucaramanga, o sea, todas protagonizadas por hombres, porque era inconcebible un paro de mujeres, el paro de las obreras de Bello fue el primero que se identificó con el rótulo de huelga, y, al igual que los paros precedentes, éste fue espontáneo, surgido de la desesperación de las obreras por el maltrato y la explotación, rayana con la esclavitud, a la que eran sometidas. Y la lideró una tal Betsabé Espinal, hasta ese momento una anónima obrera de 24(23) años a quienes sus compañeras respetaban por su talante decidido, don de mando y recio carácter”. Era una época de iniciación industrial y el nacimiento en nuestro país de la gran industria manufacturera, que empleaba, niños, mujeres, y tomaba la mano de obra barata sin contemplaciones. Reinaldo Spitaletta, ilusionado y angustiado por la idea de escribir una novela corta, nos presenta un nuevo relato de Betsabé Espinal. La pionera de las luchas de las mujeres en Colombia. una doncella rebelde. Una Juana de Arco criolla. Una altiva dirigente salida de la nada con los pies descalzos. Una nadie. La obrera rebelde de la bella época. Una cejona pispa. Una negrita avispada. Una altiva cabecilla obrera, que se enfrentó al empresario explotador y opresor de las humildes mujeres llegadas del campo.

Empero, desde el comienzo de la novela corta, Betsabé y Betsabé, el narrador-autor expresará las dificultades presentadas para conocer la vida del personaje femenino y el poco material para redactar una biografía completa y satisfactoria de ella como mujer redentora. Hay datos en la vida de Betsabé que no se conocen y no se dejan someter a la literatura y están solo en las crónicas de los diarios de esa época, Es difícil contar su vida y entender su temperamento, una fotografía, relatos de compañeras de trabajo y los artículos de prensa del momento en que se realizó la Huelga. La fotografía de Melitón Rodriguez que muestra la belleza de la dama, su aspecto, son la suficiente prueba de lo irreflexivo, su singularidad y su comportamiento después de que es despedida de la Fábrica y muere trágicamente electrocutada. El narrador-autor, no renuncia a contar la historia completa de la vida de Betsabé Espinal. Se escoge la novela corta y el relato del espiritismo para hacer una ficción de una obrera rebelde, frente a no lo usual en el lenguaje tradicional. Reinaldo Spittaleta, elige dos personajes con el mismo nombre, sacrifica la crónica, para representar algo así como la ficción corta de una heroína rebelde, con una causa social justa y otra mujer bruja y adivinadora. Una especie de médium, que le permite contar la historia de una humilde líder obrera, que retó los poderes de un potentado industrial. Betsabé Espinal, es en ese entonces la señal, el símbolo, la pasión, la esperanza, para clamar decencia y terminar con las desagradables situaciones de trabajo a las que vivían sometidas las mujeres en la fábrica de tejidos de Bello. Una voz e inspiración en la lucha obrera que tiene vida y connotación pública. Una voz que arrojará palabras sobre palabras en un pliego de peticiones. Subida en un taburete de madera, clamó con intrepidez y coraje, su razón, sus persuasiones de mujer y su señal para reclamar dignidad y acabar con los malos tratos hacia las mujeres trabajadoras. Betsabé, en la ficción y en la huelga se nos presenta como una mujer intrépida y una precursora luchadora social, una redentora femenina. Protestar, hablar a gritos y no callarse. Betsabé y las mujeres, son el indicio del decir no a la explotación deplorable de las mujeres obreras. Antes que ella no hubo nadie, La fama y la vanidad no la indujeron, la impulsaron, la pasión, la esperanza y la ofensa, los bajos salarios de las mujeres obreras descalzas en una Fabrica de tejidos que violaba todos sus derechos. El liderazgo de Betsabé Espinal pudo haber sido breve, pero fue trascendental en la vida de cuatrocientas mujeres y cien hombres, que se fueron a una huelga en una Fábrica de tejidos. Un escritor en su silencio podría gritar no soy nadie, soy Betsabé, la guía rebelde. Ahora bien, el relato de Betsabé y Betsabé, del escritor Reinaldo Spitaletta, contiene, en su carátula una fotografía fugaz de su memorable personaje, está dividida en tres partes, la primera del 1 al 12, la segunda del 1 al 9 y la tercera  del 1 al 4 y cierra la novela corta dos cuentos huelguísticos, muy significativos : “Los pies de Betsabé” y “La cabalgata del Curioso Impertinente”, no va más allá de 174 páginas y un color verde claro y editada en el mes de abril del 2022, por la Universidad Pontificia Bolivariana. El narrador-autor nos da a entender que el centro de la ficción es Betsabé Espinal, una figura insólita en su rebeldía y rara y extraña dentro del sindicalismo colombiano, una huelga de señoritas, sin asociación, que de pronto desapareció de la Fábrica, dejó de ser llamativa para los periódicos, ya no era noticia, se esfumó del todo y murió de una extraña manera. No se ha podido saber que pasó después de la huelga hasta su muerte. El espiritismo, juega aquí como enlace para un final de la novela. Un espíritu insistente del que no se supo nada después del triunfo en la huelga. “Tanto que su huelga, la primera en ese género en Colombia, fue cubierta por todos los periódicos y mirada con afecto y sorpresa por todos los sectores sociales, incluidas las damas de caridad y otras beatas de camándula y novenarios. La huelga de las señoritas de Bello, en 1920, convirtió en líder, en prototipo y en historia obrera a Betsabé Espinal, que cosa inesperada…” Que nunca hayamos visto sobre la faz de la tierra, una figura de mujer luchadora sobre la cual no se puede afirmar nada que no sea, inspiración, rebeldía y tenacidad, es algo extraño y curioso en la literatura colombiana. Un lector puede preguntarse al terminar de leer la novela: ¿Qué sabemos de Betsabé? ¿Cuál es el tema de esta novela corta? ¿Qué ha pasado con su vida? ¿Fracasó la clase obrera? Tal vez no exista en la novela corta ningún personaje femenino tan misterioso como éste, tan inabordable y penetrable, tan desconocido y a medida que trascurre la novela corta y los dos cuentos, el personaje femenino se va ahondando.

En el relato, hay un narrador en primera persona y un narrador – autor que intenta cambiar su destino funesto, su muerte impensable. Por eso en la ficción, vemos una situación y un ambiente que se sobrepone a otra realidad. Ver la simple vida de Betsabé nos lleva al corazón de repudio a la dominación, el sometimiento y la lucha de las mujeres de los pies descalzos. La otra Betsabé, de la novela nació cuando murió la líder obrera Betsabé Espinal, y lo especial residía en que se comunicaba con los espíritus del más allá y adivinaba la suerte y leía el futuro. Sea como sea, Betsabé Espinal. La líder obrera, en realidad murió cuando manipulaba cables eléctricos en las afueras de su casa, en el barrio Guanteros de Medellín, el 16 de noviembre de 1932. La novela Betsabé y Betsabé, es la representación de un devenir mujer revolucionario en pleno corazón del Departamento de Antioquia y el ocultamiento de la lucha de clases y la complicidad de la iglesia, la empresa y el Estado. Gracias a las tejedoras las mujeres pudieron calzarse para ir a laborar con justicia y equidad y lograron un salario casi similar al de los hombres. La novela cuenta así el insólito acontecimiento, una huelga de mujeres niñas, adolescentes y jóvenes tejedoras en una Fábrica de Bello y tratando de incluir las reivindicaciones de los tres ochos en el mundo laboral. En síntesis, Maria Betsabé Espinal fue una líder obrera (1896-1932), que protagonizó una huelga de mujeres entre el 11 de febrero y el 9 de marzo, hoy a más de cien años tenemos su legado de lucha. Vale la pena leer esta novela corta, sus dos cuentos huelguísticos, del escritor Reinaldo Spitaletta y pensar y reflexionar a fondo sobre nuestras mujeres líderes sociales y sindicales que mueren día a día asesinadas, en este país rezandero, hipócrita y pudibundo. 

EL DERECHO A LA CRÍTICA / Darío Ruiz Gómez

 


EL DERECHO A LA CRÍTICA

Darío Ruiz Gómez

Recordaba yo que para el totalitarismo comunista no existen contrarios a sus ideas sino enemigos  a eliminar. En Colombia es una historia secreta la de quienes  llegados a considerar como enemigos por parte de PCC,  han sido silenciosamente  eliminados en las calles de las ciudades, en el campo, crímenes que la ferocidad de la guerra ha disimulado y que la JEP debería haber tenido en cuenta. Debatir con el PCC, una Organización  ideológicamente congelada en el tiempo, en lo que llamaríamos un  debate de ideas,  ha supuesto, paradójicamente,  a lo largo de estas décadas, no el ejercicio de una necesaria crítica  sino  por parte de su Policía Secreta  el silenciamiento  ipso facto de un escritor, de un pensador que queriendo  discutir  su leninismo  ha sido  condenado a una muerte simbólica ya que  no se le vuelve a nombrar, no se le vuelve a incluir en una antología, y en cualquier momento pueden arrojar sobre él la más espantosa difamación.  Su odio obsesivo hacia la obra de un pensador de influencia universal como Gómez Dávila ilustra en Colombia a lo que puede llegar este leninismo de burócratas “revolucionarios”  que se han negado a admitir que el comunismo soviético fracasó.  Es en esos cuadros donde  aflora  el rencor hacia la inteligencian,  reacción de Sandra Ramírez  viuda de Tiro Fijo quien nunca leyó un libro  en su vida,  contra Salud Hernández  por calificar de cuota del Partido Comunista en el Gabinete de Gobierno de Petro a Patricia Ariza, Ministra de Cultura. Característica  reacción de una  exguerrillera   estalinista contra el derecho de la inteligencia a actuar y a discrepar  críticamente en libertad. Conozco a Ariza desde el año 1966 en el Teatro La Candelaria cuando  Santiago  García deslumbraba por sus grandes montajes de obras universales como “Galileo Galilei” de Bertolt  Brech. De un momento a otro y a causa de que el Partido Comunista de Cuba había intervenido  la cultura imponiendo los dogmáticos modelos del llamado “realismo socialista” de la Unión Soviética, a  Santiago García como a Enrique Buenaventura se les prohibió el montaje de obras “extranjeras”  imponiéndoles  esos lamentables  pastiches que fueron  los llamados “montajes  colectivos” donde desaparecido  específicamente  el teatro  también desapareció por desgracia el talento de estos dos maestros .

La más radical Comisaria leninista de esta imposición fue Patricia Ariza posteriormente acompañada de Arturo Alape   a quiénes  hicieron frente grandes contradictores como Ricardo Camacho y el Teatro Libre e infinidad de distintos grupos que fueron confinados a la clandestinidad por representar “obras burguesas”. Quiero advertir que el enfrentamiento con esta estética del Partido Comunista y la defensa de la libertad de las expresiones  distintas expresiones artísticas  se llevó a cabo desde los años sesenta en Europa, Estados Unidos, defensa de la libertad creativa, defensa del pluralismo  estético y político, rechazo a quienes quieren sojuzgar estas libertades para imponer a la fuerza sus modelos totalitaristas. ¿Cómo y desde cuándo pudo Patricia Ariza trabajar por la cultura colombiana si lo que sigue buscando  el Partido de Iván Cepeda, Jaime Caycedo,  Clara López, etc  ha sido  destruir la cultura como patrimonio de las comunidades  y  sustituirla  por caricaturas indigenistas, proletarios de papier maché, música de “protesta”? Patricia Ariza es representante del Partido Comunista estalinista y culturalmente defiende estas falsificaciones culturales, un dañino multiculturalismo  que desconoce  el trabajo de cientos de investigadores culturales, casas de la cultura, música y ballets contemporáneos o sea la Colombia soberbiamente   plural . Es aquí donde tienen las comunidades, el creador solitario,   el derecho a reclamar su diferencia frente a la Minga de Feliciano Valencia, las falsificaciones de lo afrodescendiente  y afirmar  la presencia, además,  de nuevas generaciones que han creado otras músicas, un escenario de la cultura del diálogo   y no de una supuesta paz políticamente manipulada. P. D. Escuchamos a Gallo o Losada  y al  Comisariado de las Farc describir  en tres sesiones de t.v como asesinaban niñas, adolescentes, cómo desplazaban poblaciones enteras. Ahora el  Macrocaso 10 descubre que  todos los  crimen innamnistiables  fueron  cometidos por ellos y quedan a la espera de sus condenas. Iván Cepeda pone a Gallo o Losada delincuente confeso de crímenes de lesa humanidad a contestarle al expresidente Duque. Malevolencia, ruindad moral,  las nuevas “ virtudes” de los nuevos tiempos.     

jueves, 28 de julio de 2022

AZARES DURANTE EL DESFILE DEL ORGULLO “GAY” / Raúl Mejía

 


AZARES DURANTE EL DESFILE DEL ORGULLO “GAY”

Raúl Mejía

 

Domingo tres de julio, en medio del tercer puente consecutivo. Como insepulto aburrido, me despierto (casi siempre) a eso de las seis de la mañana. Observo celular, sujeto lentes, retiro de mis pies sendos calcetines. Ya en el baño, rápida micción, rostro remarcado por duras líneas de expresión, escasos e hirsutos cabellos entre canas y restantes vellos castaños. He dejado crecer la barba, luzco cual náufrago irremediable. Acude la mascota, preparo café, ingiero cápsula de esomeprazol, vistazo a la parte sur occidental del valle: nubes, silencio, algunos vehículos. Consumo primera taza de café, la mascota aguarda. Al rato salimos, llevo bolsita para sus heces, llaves y con ellas un chip para abrir la pesada puerta del acceso peatonal. Coincidí con vecino del apartamento diestro, tipo hosco que ha salido a lanzar basura y a quien se le ha escapado, momentáneamente, su malparidito perrito agresivo. Corrió hacia nosotros, intentó agredirnos, pero lo espanté con el amago de un puntapié. El idiota vecino sometió de mala gana al bravucón canino. Llega el ascensor, mientras descendemos se allegan habitantes de esta torre 2. “Lo que daría por vivir en una casa, sin inconvenientes sociales de toda unidad cerrada”, pienso. Nos detuvimos entre los pisos cinco al dos, espacios para parqueaderos. Salimos del adminículo, el chip no funciona, re intento y nada. “¡Esta marica puerta!”, murmuro, antes de que uno de los porteros presione no sé qué botón. Afuera, domingo con escasos peatones. Pasamos al frente, local en el que funciona canal televisivo, en ciernes será demolido para dar apertura a otra unidad cerrada. Adelante avanzan hombre y mujer, cada uno llevando amenazantes perros. Les doy ventaja, mi mascota husmea. En estación de gasolina, enorme carrotanque evacúa su contaminante energía. A lo lejos, sobre mediano muro, se regodean varias palomas, corremos y al cabo de segundos la bella hembra les ladra desde su atávico instinto de cazadora. Ninguna tienda abierta, algún distraído vago, heces que recojo. Volvemos, vasto silencio dominical, pronto regresarán de vacaciones miles de chicos. Ascensor, piso diecisiete, abro. Le brindo pasabocas a la mascota, toma agua, se dirige hacia cualquiera de las camas. Desayuno, observo el computador: Facebook, noticias, publicaciones. “Necesitaría colosal bolsa para recoger toda esta mierda”, pienso. Los demás siguen durmiendo; sin embargo, fuerte sonido musical empieza a ser ensayado, para nada distante, en inmediaciones del Estadio. “¿Otro concierto de Reguetón, aeróbicos o qué será?”, farfullo con aspereza. Comienza el sube y baja del volumen, aves pululan y este sector o suburbio despierta a sus inveteradas rutinas.

Preparo oscuro tinto, sé que no debería consumir tanta cafeína; además, acudir al gimnasio, evitar azúcar, harinas, finalizar bomba apocalíptica de mega plutonio, comprar tiquete de avión y lanzarla sobre este planeta ahíto de asquerosos seres, sobre todo poetas. Sonrío: ¿por qué no le dije eso al imbécil de medicina legal?, lo ignoro. He estado pasando poemillas para un libro que se llamará “Persistencias”. Necesito más textos, dinero e incalculables evidencias de que, pese a regalarlo, casi nadie lo leerá. Tinto, pereza, agenda con manuscritos, en pocos días cumpliré cincuenta y nueve años: hermana mayor, quien decidió volverse invisible, arribará a sus sesenta, “¡somos los nuevos viejos!”, concluyo con acidez, ni moscas miopes se nos arriman. Los demás, esposa, chica e hijo se levantan. “¿Qué bulla es esa?”, preguntan. “Desde las seis está sonando”, les digo. ¡Ruido!, vaya novedad. Cuando estamos todos se reducen actividades; lo cual, pese a lo paradójico, no evita mis persistentes acciones domésticas. Hoy, la idea es preparar frisoles, ante lo cual debo comprar componentes pertinentes, amén del suculento aguacate. Aquel descontrolado sonido prosigue horadando paciencias, ni los de la cuarta brigada se atreven a tanto. Mañana espléndida, leve tregua con respecto a seguidilla de meses invernales. Tomo y tomo café, pico allí, pico allá: no cumplo ninguna promesa. Rápidamente le doy sucinto recorrido a la mascota, soy quien más la pasea, ergo, a pasearla de nuevo. Al rato salgo con morral a la espalda, par billetes de alta denominación y heme yendo como ayer, como hace semanas, como lo seguiré haciendo a comprar viandas en supermercados, tiendas cercanas. En “D1”, popular marca de ventas, suelen hacerse a su entrada anciano con dama venezolana, como puedo les ofrezco ayuda. Dicho almacén … ¡Siempre lleno, siempre con un solo cajero! Es extraño, el descrito ruido se atenúa en este espacio y eso que está a menos de dos cuadras de la calle Colombia. En el carrito van potes de leche deslactosada, Coca Cola, parva, libras de tocino, paquete de plátanos verdes …, tengo la sensación de haber olvidado algo, vuelvo a rondar y sí, faltaban unos pañitos húmedos. Hago fila, a medias avanza. A uno por uno les preguntan por su número de cédula, ¡jamás se las digo!, ya tuve encontrón con idiota quien, incluso, se ofuscó: “esto no es la fiscalía”, le dije, de mala gana pasó los productos, pero hoy no está. Si una pelirroja simpática, a quien le pregunto, en son de broma, si venden bolsitas de agua en polvo, caja de aire en cubos o yogur con antidepresivos. Tontos descaches, como los hacía cuando fui docente, terapia para obviar angustias. Me miran aquellos ojos claros, le sonrío. “¿Por qué tanto ruido?”, le pregunto. “¿Cuál?”, responde. Vuelvo a sonreír, tras de mí la fila es enorme. Pago, guardo, les entrego algo a los pedigüeños. Viro en sentido contrario, hace falta el aguacate. Domingo de menos obreros, pero de gamines extra. A menos de dos cuadras he el espacio para tienda de barrio. Siempre están allí dos, tres viejos madrugadores, que los echan a la calle. Suelen dar vueltas, pero la mayor parte del tiempo se sientan a consumir tinto, rara vez cerveza. Me pesa el morral, duele el brazo derecho, estos casi sesenta años evidencian certera decadencia. Hay compradores allí, la atención es caótica. Me detengo ante el umbral, desde el interior, dama teñida de rubio inquiere: “¿qué desea el caballero?” “Un aguacate bien bueno para hoy”, le digo, ante lo cual ella, fastidiada por persistente agobio del hijo, murmura: “ya se lo busco”. A ver, dos asuntos simultáneos: el primero ocurre cuando ella, mujer bajita, todavía joven, sale, se agacha y hurga entre varios uno que cumpla las expectativas. Ya la he visto varias veces, solemos cruzarnos temprano, ella dirigiéndose hacia el gimnasio, yo con la mascota. Si tuviera el talento y paciencia de Flaubert, podría extenderme párrafos e incluso cuartillas describiéndola. No hay tal, insisto, la dama es baja, teñida y con un culo exquisito. “Vale cuatro mil pesos”, avisa. “Bien, lo llevo”, respondo. Cancelo, guardo. Paralelo a este inocuo suceso y como segundo evento, he escuchado tonto diálogo entre los consuetudinarios vejetes, acodados sobre sillas metálicas. Música al interior de aquel negocio, bullicio proveniente de vecina estación de gasolina, retomado escándalo auditivo de algo que todavía desconozco. Se me antoja -al estarlos oyendo- mini coloquio interior en escasas líneas. La verdad, ¿cómo hijueputas Joyce escribió monólogo de cincuenta páginas sin puntuación? ¡Tenaz!, tiempo, talento, paciencia. Veamos:

“Que la vida es una mierda oh sí y con lo que vimos ¿menuda traición? Vale se abrazan solazan y lejos quedan insultos políticos En entredicho quedan como sacacorchos que expulsan solo vino es la política no como cuando éramos jóvenes: el trapo azul el trapo rojo que te santiguas o te vas tal vez sea mejor madrugar para espantar bichos y tórtolas ¡No falta más! El país hecho un mierdero y vos pensando en tonterías Fuera mejor escribirle a El Colombiano, decirle al ex director que prosiga con sus diatribas es inútil hombre como vacilar a adolescentes …” Impotable ejercicio, impotable diálogo e impotable bullaranga del asqueroso reguetón.

Llego a casa, fuerte olor a frisoles, luego sentiremos aromas del chicharrón, patacones. ¡Ah, qué ricos son, pero me caen muy mal!, es por ello que solo “caldito”, Dios … La chica que los prepara, tiene la respuesta correcta al incesante fragor que proviene de inmediaciones del estadio: “es que hoy se celebra la marcha del orgullo gay”, expresa. “¡Oh diablos!”, comento, para luego añadir con homofóbico enfado: “¿tal es la música que alborota a los maricas de hoy? En ese caso, prefiero a los anacrónicos, tenían mejor gusto”. Obviamente nadie me presta atención, ni ustedes que leen, jajaja. Receso para satisfacer el transcurso de rutinas: trapear, bañarse, atender el noticiero de la una de la tarde. Prosigue esa cacofonía monótona. En la sección cultural del noticiero dan paso a escenas del desfile de marras, en pocos segundos se aprecian docenas, cientos de sujetos provocando ominosa adivinanza sobre si son hombres, mujeres o lo que sea. “Vienen para acá”, dictamina la esposa, llamándome a almorzar. Vela la mascota, a hurtadillas le paso trozos de carne. Quedo satisfecho, reflexiono sobre lo que se avecina: no habrá fútbol, el hijo se irá a casa de su novia, la dama que preparó los frisoles tiene turno de noche y mi esposa, como es usual, se arreglará cuantas uñas posea. ¿Y yo? Normalmente, tras darle otra salida a la mascota, suelo disponerme para laxa siesta, rara vez evitada. Empero, ante tamaño escándalo musical e infaltable reflujo tras consumir aquellos alimentos, me instan a …, ir a presenciar la locura orgullosa que se aproxima.

Acudiendo a filosofía barata, en medio de praxis que desnudan hastíos, necesito justificar inusual irrupción en lo que ejecuto tarde tras tarde: esta vez, para efectos narrativos y sin mayores tropiezos, he que me encamino a contemplar ese evento, parapetándome sobre montículo que protege a vetusto arbusto. El cúmulo de personas que crece espantosamente, me impele a esta inquietud: si voy a verlos, ¿es por qué me gusta? No necesariamente, estas dos palabras permiten fácil pretexto, es como insistir en similares inquietudes: si acudiera a corrida de toros, ¿me gusta el maltrato?, aplica para pelea de gallos, de perros. Si eventualmente fuese a misa o a algún culto, ¿soy religioso y/o practicante? ¡ETCÉTERA!, pues no deseo prolongarme. Jocosamente dirán varios que “sí”: “quien vaya a eso tendrá que gustarle”. En tal caso, al verme acompañado de familias, señoras, viejos, niños que hoy, domingo vespertino y siguiente lunes festivo, han venido conmigo a presenciar este gratuito show de … Ellos, ellas y elles. ¿Se sentirán identificados?, ¿los apoyan? “No necesariamente”, otra vez el par de vocablos. El lenguaje es capaz de todo, sin duda.

Estoy ante la calle Colombia, su costado de oriente a occidente se encuentra bloqueado para la circulación de automotores, vías alternas lucen asfixiadas de congestiones. Sol, pero las contaminadas hojas del arbusto alivian fuerte canícula. “Quien quiera marrones, que aguante tirones”, recuerdo la expresión, dado ello, a aguantar el pestilente reguetón, sonando cual náusea creciente. El punto de convergencia se ubica en el encuentro de esta célebre avenida con la carrera setenta y cuatro, en los semáforos. Hacia el sur occidente, el centro comercial Obelisco y al norte, detrás, El Diamante. La cantidad de personas es bestial, hacen su día vendedores ambulantes. Traje bebida hidratante (necesito suspender consumo masivo de gaseosas); los demás, agua, refrescos y miles de celulares, no el mío, que me enoja andar como zombi apegado a ese aparato. Graban, toman fotos, algazaras a diestra y siniestra. “¿Qué hago aquí, me voy?”, empiezo a cuestionarme; sin embargo, ya se allegan al paroxismo, multicolores escenarios ambulantes que representan a las treinta y una formas (hasta ahora) de reconocerse gay. Los precede inverosímil sujeto, tendiéndose sobre el piso, gesticulando como si quisiera penetrar el asfalto o que lo arrollen, vale, con penetrante pasión. Comento en voz baja: “¿es que es huevón?, esta vez, nadie oye.

He, entonces, que vienen aproximándose enormes transportes, sobre sus carrocerías (o reemplazándolas) han instalado algo así como palcos o estrados: en verdad llevo rato, desde que supuse este texto, tratando de averiguar el nombre exacto, el término técnico para dichos montajes, en medio de dificultades semánticas. Para efectos del color local, añado que esta multitud, conjuntada en inmediaciones de la unidad deportiva Atanasio Girardot, se asemeja a la que se allega al observar el paso cansino del desfile de silleteros, durante la histérica feria de las flores. Calor, aplausos, música a todo volumen la cual, por sinergias del voyerismo, por poco pasa a un segundo plano. En verdad y así ocurra linchamiento, me parece fea la bandera de los LGBTIQ, ¿por qué tantos colores? Como sea, “it´s not my bussines”. Debido a mi estatura, nada sorprendente, conservo lugar de privilegio en aras de detallar parte de tan descomunal simbiosis de idioteces multicolores. Ingiero de la bebida, rasco cabeza y, en lo que luego será descontrol de matices, comienzan a pulular cientos, miles de aristas de mirella, empañando lentes. El desplazamiento de dichos palcos móviles es lentísimo, rodeados por decenas de entusiastas, espíritus depredadores del sexo sin …, resquemor, pienso, evitando pretensiones sociológicas. Es denso su desplazamiento; supe después que, al llegar cerca a los machotes alfa de la cuarta brigada, los allí danzantes, actores, actrices y actroces se apeaban, uniéndose al jolgorio. ¡Cunden aplausos, loas, vítores tras la primera estación de la caravana gay! Pareciera que se trata de un extrovertido grupo religiosos, luciendo sedas sucias, medio rapados, expresando no el consabido: “Hare Krishna”, sino: “Ay Cris-tian”. Muy delgados, con tatuajes hasta en las radiografías, brincando como si les hubieran echado escorpiones en la entrepierna. No sé si liberan mariposas o volantes, lo que si penetra es fuerte olor a sándalo. Entre el vocerío, alcanzo a escuchar (o a entender) una pregunta entre ellos, ellas o elles: “¿dónde quedará la iglesia de san Clemente?, es que mi ex se casa ahorita allá”. Ni modo de decirles, se alejan, limpio mis lentes de un pigmento color rojizo. Entre palco y palco (o como se llamen) son muchos los que vienen a pie, esgrimiendo -obvio- su delirante bandera. Otros, otras u otres ofertan su talento de saltimbanquis incomprendidos, felices al exudar gestuales innovadoras. Empiezan a apretujarme, pareciera que se vinieron por completo los residentes de Los Colores. Bullen celulares, consulto la hora: 3.15PM, momento usual de mi siesta. Se incrementan alaridos, ni que la estatua de Maluma -a diferencia del modelo- hubiese adquirido inteligencia y voz, pues el siguiente vehículo trae a influenciadores del Internet: Youtubers, Tiktokers, Instagramers y demás alimañas, dándose besos, abrazos, lanzando confites, condones con su propia marca; uno de ellos, apestoso hiper tatuado, alardeando celular de cien mil dólares. “Cuidado mariconcito, entre locos, locas y loques hay mucho ladrón”, pienso. ¡Caray, qué hijueputa algarabía!, ni que se fuera a acabar el mundo, “¿desde cuándo semejantes orates son tan importantes?”, pregunto a media voz, nadie sigue sin escuchar. Se parecen a los poetastros del Pacto Histórico o tracto escatológico cuando ganó su Mesías, con la diferencia de que entre ellos no veo a ningún negro, ¿vendrán en otra carroza con la de “vivir sabroso”, la estrambótica señora de las malas caras virales? ¡Huy, que por poco se abalanzan sobre esos imbéciles!

Cada vez que salgo con la mascota llevo bolsitas y suficientes servilletas, acudo a estas últimas para volver a limpiar las gafas, esta vez mirella de color … Durante ese intervalo, atrapado en la miopía del mirón, a medias leo pendón que cuelga de la siguiente carroza: “Otraparte”. ¿En serio? ¡No!, que me cuesta imaginar a Pedrito voleando gorra, haciendo “striptease”, leyendo sus barruntos de censurado por Facebook. “¿Habré leído bien?”. Con lentes medio limpios vuelvo a mirar y sí, había visto mal, dice: “Atraparte”. Extraño escalofrío pese al bochorno, el solo suponer a Pedrito, hermana y restante combo rosquero de la casa museo en, bueno, exóticas extroversiones, me conduce a pensar que habría dicho aquel séquito de momias vivientes que adoran al vate de Envigado, mínimo a la tricentenaria Olguita se le habría atorado grasoso buñuelo, volviendo a morir por quinta vez. A todas estas, ¿habrá palco, escenario, carroza o como se le llame con puros, puras o pures poetas? ¡Tiene que haberlo!, hay mucho raro publicando, grabando videos, publicando en cualquier revista de dos pesos. Este de “Atraparte” está constituido por tipos muy acuerpados, cuerpos de gimnasio, algunos tatuados, los demás excesivamente lampiños. Enseñan casi toda su figura, apenas si corto calzoncillo o pantaloneta asaz ceñida les cubre lo que más mueven: bailan, van hacia atrás, hacia adelante, a los lados. Brincan, ejecutan mímicas de movimientos más pornográficos que eróticos. Me percibo incómodo o, mejor, incapaz de describir con eufemismos la mariconada que veo. Hombre, son sujetos “pispitos” como diría mi madre o “atractivos” al decir de la esposa. No han de faltarle mujeres, pero lo que les sobra es machos. No sé, múltiples contradicciones, como la bandera que ondean, asaltan a mi cerebro recalentado. ¡Uf lo que los aplauden, mandan besos a esas personas desopilantes! Prosiguen el ritmo de cancerosos temas reguetoneros, al tiempo que ráfagas de maquillajes asfixian lo circundante. Ya terminé la bebida, presiones de los demás se alían al lento descenso de este sol de julio abrasador. Retomada rutina: como puedo elimino mirella color … Desde esa carroza salta alguien disfrazado del hombre araña, cayendo mal al piso (tal vez así era el salto), luego mueve sus dedos, sale de allí algo semejante a una telaraña. Pronto acude ante él modelo adicional diciendo afectadamente: “la araña me va a picar”. Ríen, yo no, sensación de enojo soborna mi diplomacia, expresándoles: “¡par de malparidos!”. Se quedan mirándome perplejos, sonrío.

Supongo habrá transcurrido media hora desde que consulté, lo cual me lleva a considerar que se tardan unos diez minutos el arribo, hasta donde estoy, de cada cosa esa que se desplaza sobre vehículos. ¿Cuántas faltarán?, si bien dicen que son más de treinta las variantes, la última llegaría hasta pasada la medianoche. Es honesto admitir que, por cansancio, no resistiré sino unas más: tampoco es que sienta urgencia de presenciar o grabar esto como lo hace Víctor Bustamante. Corto receso, suspenden el reguetón, se oye voz de X funcionario del municipio alabando dicho desfile; solicitando, además, que se guarde compostura. “¿Lo dirá por los del show o por nosotros?”, expreso, siendo escuchado por varios a mi alrededor. Se retoma la dinámica, con lentes medio sucios, percibo a distancia de veinte metros el acercamiento de otro espectáculo móvil, a ambos costados del mismo, montones de muchachas y como aquel grupito de los masculosos, ellas -en su mayoría- son lindas, jóvenes, cuasi adolescentes. Al allegarse la carroza, su nominación es fulminantemente tétrica: ¡son las SS Pizarnikianas! … “¡Brujas hijas de puta!”, les grito, al unísono de espeluznante estallido de notas aturdidoras. Convencido estaba de que no me oyeron; empero, que se apea la más abominable, bodrio de grasas tatuadas, aproximándose hacia donde estoy. “¿Quién fue el triple malparido que nos dijo brujas?”, pregunta. Estupor, silencio. Me asalta el pánico del alter ego, perseguido por tan fúnebres maniáticas. “¿No que son muy machitos?”, pregunta con agresividad, mientras esgrime, raspa sobre el piso hostil machete con empuñadura de cobre, marcado con el rostro virulento de su endiosada poetisa. Salvadoramente la llaman de su combo, marchándose con aquella arma, escupiendo como su diosa en éxtasis. “¡Epa pendejo, quédate callado!”, barrunto, afectado por risita nerviosa. Permanecí durante el desfile de tres carrozas más, empezaba a sentir agotamiento, viejo malestar de las várices reaparecía al prolongar mi estadía de pie. Singular grupo de hinchas del Nacional robó la atención por minutos, no los del Independiente Medellín, a quienes silbaron por ordinarios y perdedores.

Antes de ir a casa, reflexionar sobre lo visto, animarme a redactar este texto, cuestiono mi presencia aquí, sintiéndome hipócrita. A medias atento, mis gafas permiten, cual telescopio personal, otear extensa estela de palcos raros, raras o rares en su aquelarre confesional. Abruma tamaña exposición, al día siguiente dirán que cerca de ochenta mil personas participaron. “¿Ochenta mil?”, me pregunto, esa es la menuda. Si aquí no se ha volcado medio Valle de Aburrá, sí -por lo menos- la tercera parte. La antepenúltima carroza presenciada fue la más ancha de las que fisgoneé, extremadamente lenta con respecto a las anteriores. Por su tamaño, fue la menos difusora de mirellas, ante lo cual fijé mi atención con analítica rigurosidad. He pues que, lentamente, se desplazó exhibición de “intelectuales por el cambio”, ecléctica mixtura conformada por vates, philosophos, teólogos, narradores, ensayistas, editores, fotógrafos, periodistas, representantes de festivales poéticos, docentes universitarios, promotores culturales, polímatas, etc. Unos sentados, pocos erguidos, remarcando publicaciones propias, direcciones de sus blogs, correos institucionales; entonando canciones de Mercedes Sonsa, Pablus Buitridos, nueva trova cubana … Lanzaron esquelas, publicidad de recitales, farfullando sobre dioses, el amor, resiliencias, comprensión. Alcancé a tomar divagante papel, en él se veía foto de última ganadora de un supuesto concurso femenino del Museo Rayo, grotesca mediocre, áspera de canas, diciéndonos que “triunfó sobre treinta y seis poetisas”. “¿Poetisas?”, ni harapientas del verso serán, “no faltará el zángano o lambón que le haya dado a tamaña farsante manito o corazón en su página en las redes”, susurro. Los allí presentes intentaron abrazarse en unción espiritual y que se arma pandemónium del putas: resulta que a ciertos doctos se les fueron las manos al rozarle el feo culo de liróforas o expertas, recibiendo de ellas cachetadas, empujones, armándose la de Troya: dicen a agarrarse del cabello (los que tienen), puños van, vienen, coléricos reclamos. Insultos por doquier, calificándose entre sí como espías, envidiosos, maricas de tiempo completo. La mofletuda-peluda, Anna Pachita, se agarra de las barbas del maloliente Afrecho Yardas, aquella sonsa modelito (quien deslumbrará con posterior viaje a la piedra del Peñol) se escondió tras bastidores; saltan chispas del palco, un teólogo lleno de citas eruditas saltó azorado. Urge presencia de algún mecánico, de preferencia celeste, para calmar el estrépito de dichos intelectuales de pacotilla. “Así son esos tarambanas”, digo en voz alta. Tuvieron que bajarse a empujar la carroza los mismos que por poco acaban con ella.

Vaya contraste con el siguiente palco, esta vez breve y silencioso. Resulto ser un homenaje a decenas de esa comunidad muertos de formas violentas, viéndose fotos de aleatorias víctimas. Por un buen rato cesó la horripilante basura de música, dando paso a sentidos loores, expresados por líderes LGBTIQ. La verdad no identifiqué a ninguno, ninguna o ningune, debido a tinturas, maquillajes y vómitos que llaman arte: tatuajes para descerebrados. Tampoco hubo mirella, sí minutos de solidaridad. Vale, por fracciones, como si se hubiesen fusionado universos paralelos, vivimos excepcional tranquilidad. Aproveché para retirar de mis gafas tanto polvillo fastidioso. Un tanto distraído y ya con urgencia de regresar, me aturden vítores alarmantes ante llegada de siguiente comitiva patética: se trata de los, las y les de la tercera edad. “¡Agh, mala peste los coma!”, gluturo. No son cuerpos torneados de varones ni bellezas frescas de muchachas, no, se trata de vejetes sin ton ni son, para quienes (siendo lo único agradable) les han colocado temas decembrinos, salsa de los setentas y clichés de la época disco. No quiero retener en mi memoria a semejantes supérstites de la ramplonería amaricada; sin embargo, es evidente que reciben colosal atención. Desde allí, rarísima señora, ultrajada de arrugas, lanza besos desaforadamente, otros mueven brazos como aspas desvencijadas, giran lo que les queda de traseros, bailando como despojos de títeres obsoletos. ¡Cuánta mirella, cuánto papelillo! Al ritmo de balada de Juan Gabriel, recibo tremendo empujón, no supe de parte de quien, pero (y sin quererlo) me lanza hacia la calle Colombia, atrapado entre la multitud y ese despelote de ancianos enfervorizados. Intento retornar a mi sitio, no lo logro. Aquel gentío, cual río colombiano, le ha devorado espacio al asfalto. No hallo donde atrincherarme, aun así, esto no fue lo peor, mira que se me acerca un tipejo semi calvo, con triple arete en cada oreja, sin camisa, con trusa hiper ceñida, moviéndose al igual que exótico practicante de hula hula, convidándome a bailar con él, diciendo con voz meliflua:

-Ven guapo, vamos a sacudir el polvo.

-¿Qué? ¡Oigan a este!, le respondo, sin dejarme abrazar.

-Mmm … Deje la bobada, libérate, ¿no te gusto?

-¡Ave María!, ni para vaciar inodoros.

-Tan delicado, me dice, sacando la lengua y mirando hacia mi entrepierna, para añadir: apuesto a que te llamas Raúl, ¿cierto amor?

-¿Cómo lo sabes?

-Es que soy la Artemisa del Tarot, discípulo del loquito Andrés y he soñado contigo.

-¿Soñaste?, pues despierte mijo.

-¿No te apetece irnos tras la carroza? Hay algo que te quiero mostrar.

-¡Hombre!, así fuera la máquina del tiempo, con vos ni al cadalso.

-Tan bobito, venga y me da un beso.

Y que se me lanza, ejecutado movimientos (supongo) de samba, como puedo lo aparto. Este maricón hace gestos de sumergirse en el agua, forzando sus caderas con frenesí. Estoy perplejo, no me muevo, pero lo hice cuando reintenta sujetarme cual semental libidinoso. Lo esquivo, el frenético sujeto tropieza con espectadores, entre risas y quejas, noto que se ha abierto un boquete y aprovecho para escabullirme de allí totalmente consternado. “¡Esto me pasa por fisgón!”, grito, tomando vía alterna, la misma que me acerca a la tienda usual, donde siguen los jubilados politizados. La bella mona ha salido a botar basura, quedándose todos pendientes de mí, leyéndoles expresiones de burla. No importa, asciendo corta cuadra, avizorando entrada de la unidad. En escasos metros circulan seres que regresan en variopinta procesión. Sin saber por qué varios me felicitan, otros acuden a mirada escrutadora. Llego a portería, uno de los guardas se queda un tris pasmado: “¿qué me ven todos estos maricas?”, pregunto. Comparto ascensor con cuatro viejos, que ni pueden contener murmullos, risitas. Llego al piso diecisiete, abro, mi mascota ladra, me observa la esposa y exclama: “¿qué tienes en la cabeza, qué te pasó?” Ante primer espejo miro y sí, con razón, es que tengo rostro y escasos cabellos llenos, abultados de mirellas provenientes de esa puta bandera, semejando a un LGBTIQ ambulante. Mientras me echo abundante agua, jabón en la faz y cuero cabelludo, no dejo de pensar en que por instantes lucí como perfecto loco, loca o loque. 

 

 

 

 

 

 

 

MATANDO POLICÍAS / Darío Ruiz Gómez

 


MATANDO POLICÍAS

Darío Ruiz Gómez

El dominio del pensamiento de Jean Paul Sartre sobre mi generación fue perturbadora, afortunadamente como lo recordó  Fernando Cruz Kronfly, ahí estaba la figura de Albert Camus para enfrentar ese gran dogmático que  en su prólogo a “Los condenados de la tierra” de Franz Fanón, recomendó –  al igual que Fanon - el asesinato de cualquier colonialista con “tal de liberar los pueblos oprimidos” En Italia el vil asesinato de Aldo Moro a manos de las Brigadas Rojas, mostró los grados de extrema inhumanidad a que puede llegar el terrorismo de izquierda con tal de justificar su rencor hacia una “burguesía capitalista” a la cual paradójicamente  pertenecen y a la cual volverán a acomodarse. Tony Negri hoy sin duda un importante pensador pagó muchos años de cárcel por este asesinato. La relectura de sus entonces textos “revolucionarios” producen esa tristeza que nos causa el hecho de que  un profesor universitario  hubiera justificado tan espantoso asesinato. El atentado atribuido a terroristas de extrema Derecha que causó la muerte a setenta y seis  personas en la Estación de Bolonia llevó a una necesaria reflexión sobre los significados del terrorismo cuando cualquier fin justifica sin escrúpulos el recurrir a cualquier clase de medios para ello. Ya el terror sea de ETA,  yihadista, salafista, fariano, eleno, puso contra la pared a quienes continúan creyendo que el recurso a la violencia  extrema puede llevar  a una sociedad más justa. El terrorismo tiene de espantoso que quienes lo manipulan a la sombra pueden estar en estos momentos casando a la hija mayor o en una reunión de antiguos bachilleres.  Un engañado adolescente(a) a quien le estalla una bomba antes de colocarla  es algo que sacude nuestra entereza moral y nos lleva a preguntarnos  sobre el porqué  en Colombia nuestras clases ilustradas de izquierda, hasta el mismo Centro   han eludido irresponsablemente    objetivar  esta afrenta contra una sociedad civilizada  y que es un interrogante  cuya respuesta se hace  ineludible  como esa Verdad además  que hoy los responsables directos de tanta crueldad  tratan de disfrazar  con sus indigenismos, con sus “artes de resiliencia” con su jeringonza.

La pregunta es: ¿Por qué matar a un policía? La falacia es sobrecogedora cuando proviene de teóricos, de fanáticos, de asesinos a sueldo, talcomo lo muestran los terroristas de la yihad o del ELN, de las Disidencias farianas. Convertir a un policía en símbolo de la “represión burguesa” es una aberración propia de personajes sin conciencia para los cuales la muerte de los Otros es un simple cálculo que para nada tiene en cuenta la vida específica de un ser humano, de quien sólo es un modesto servidor del orden. ¿Pero dónde está la ley y la justicia que hagan la necesaria distinción? Pier Paolo Pasolini fue un gran escritor, un gran cineasta y un espíritu libre capaz de enfrentar públicamente a los terroristas, a los cómodos intelectuales de la extrema izquierda, a pesar de que fue gay, a los colectivos gay a los estudiantes radicales  con quienes a través de su columna periodística sostuvo duros enfrentamientos demostrándoles  su fanatismo de ocasión pues la juventud es una etapa transitoria  de la vida mientras se entra en una madurez biológica sin poesía ni amor a la vida . Su defensa de los policías y su enfrentamiento contra los estudiantes se resumen en un bellísimo y siempre vigente poema que recuerda. “ .. y ustedes amigos(Aunque de parte de la Razón) eran los ricos, mientras los policías (que estaban de parte equivocada) eran los pobres” El poema remite al origen humilde de estos policías: “Cuando ayer pelearon con los policías, yo simpatizaba con los policías” ¿ A qué se dedican hoy aquel y este estudiantado italiano capaz de justificar el asesinato de un policía? ¿A cuántos policías han asesinado y siguen semanalmente matando en en Colombia sin que nuestra Justicie se pronuncie al respecto?  ¿Porqué no se revisa en la JEP el caso de las distintas operación Pistola por parte de las FARC, el ELN; las Autodefensas, con el nombre directo de los responsables? Ensañarse con quien se considera un inferior es propio de cobardes. Y, nos lo recuerda Avishai Margalit “ una sociedad decente es aquella en la que cada persona recibe el honor debido por parte de sus instituciones”  

PUTIN Y EL NUEVO TERRORISMO / Darío Ruiz Gómez

 


PUTIN Y EL NUEVO TERRORISMO

Darío Ruiz Gómez

Durante décadas la Otan sesteó en lo que pareció una paz consagrada con Putin y las críticas no se hicieron esperar sobre su “innecesaria” presencia en Europa. La brutal  invasión de Rusia contra Ucrania ha revivido el papel de la OTAN tal como se demostró en su última reunión en Madrid. Un enloquecido Putin  presentándose  a sí mismo  como un nuevo “Pedro el Grande” lanzado a crear un imperio ha recordado que  los valores de la democracia occidental deben ser defendidos oportuna y  drásticamente. La reunión de Madrid  terminó  con dos conclusiones definitivas: el peligro que entrañan Putin y el nuevo terrorismo iraní,  la amenaza china.  Pero hay algo más como lo han aclarado distinguidos politólogos: lo que hasta hoy llamábamos la economía global ha desaparecido y volvemos a un concepto político y económico de bloques. Rusia, China, Irán conforman un bloque definido por tratar mediante la guerra abierta y  el terrorismo tratar de   imponerse en África, Latinoamérica. Enrique Santiago de imborrable recuerdo en Colombia por haber hecho parte de las FARC durante sus más terribles ensañamientos contra la población campesina y luego el hábil redactor del llamado “Acuerdo de Paz” con enormes sapos que hemos debido tragarnos es hoy el Jefe único del Partido Comunista español y Ministro del Gobierno de Sánchez.  Podemos se ha declarado a favor de Putin bajo el gastado argumento de que “Estamos contra las armas y a favor de la paz” Es decir  continúan  siendo cómodos (as) burócratas  ya que no se han dado por enterados  de que Rusia ha invadido a Ucrania y amenaza con nuevas  invasiones  al mundo libre. Santiago -  amigo personal de Iván Márquez- como un caricaturesco cacique pueblerino envió autobuses a todas las provincias de España para  hacer  la mayor manifestación “que se recuerde” contra la OTAN. Al final en Madrid no fueron más de 2000 personas las que logro reunir este  desfachatado leninista. Venezuela, Cuba, Argentina, Nicaragua,  hacen parte del bloque de Putin y están en contra de los países que responden a los  valores espirituales  de la democracia occidental. Recordemos que todas las empresas norteamericanas, alemanas, francesas, italianas han salido de Rusia no solo como un boicoteo a la tiranía de Putin sino como afirmación  de la libre empresa ante una tiranía.

Recordemos  entonces  que Santos en una inesperada y feliz decisión hizo incluir a Colombia dentro de la OTAN  como Aliado Estratégico pero,  recordemos  que Petro, las FARC, la izquierda bobalicona han confirmado que contra Estados Unidos, la Unión Europea, ellos  apoyan a Putin y por lo tanto estarán a favor de que Colombia salga de  inmediato de la OTAN. Este es un  problema que en seguida se va a plantear necesariamente y que va a poner en jaque a nuestra sociedad democrática, a nuestro concepto y tradición de universidad, de nuestros valores políticos, la defensa de la dignidad de la mujer y del hombre  y por lo tanto al concepto de empresa libre frente a las imposiciones del colectivismo, del absolutismo.  ¿Quién podrá defendernos, acaso los partidos políticos  entregado a a la sumisión de la mermelada?  Les recuerdo que hace años el partido Podemos ha estado asesorando al petrismo y que lo hará públicamente después del 7 de agosto. ¿Serán capaces algunos importantes empresarios de contribuir a  esta catástrofe en un momento en que ya no cabe la duda al respecto? Un ejemplo: Telefónica la importante empresa española  a instancias de Maduro ha espiado las llamadas de cientos de miles de venezolanos(as)  y ha bloqueado el derecho a una libre información  sobre los sucesos diarios de Venezuela.  

sábado, 2 de julio de 2022

EL TRAIDOR, EL DEFRAUDADOR Darío Ruiz Gómez

 


 EL TRAIDOR, EL DEFRAUDADOR

Darío Ruiz Gómez

La figura del traidor ha merecido amplias consideraciones filosóficas, jurídicas, obras de ficción, recordemos en “El señor de los anillos” a Gripa traidor por antonomasia. Pero la figura del traidor reviste siempre en el terreno de la ética un especial motivo de reflexión sobre lo que supone la traición a la amistad, a la confianza de ciudadanos o de una colectividad que depositó en un líder o  en un político su confianza. Aclaremos entonces que no me refiero a esos politiqueros de alcantarilla que medran buscando un puesto, a esas comadrejas que para salir en la foto son capaces de vender a un hermano, ese retablo de vilezas ya ha sido colocado en su sitio gracias precisamente al descrédito de estas prácticas rastreras contra las cuáles ha reaccionado la sociedad en su conjunto. Revisen la historia interna del ELN o de las FARC y se darán cuenta de lo que brutal y despiadadamente supone para estas cuadrillas de malhechores el concepto de traidor. En el caso de Hernández es otro el concepto que preside lo que jurídicamente debemos considerar desde este momento como un traidor a la confianza depositada en él por 10.500.000 colombianos y colombianas. En su más que efusivo reencuentro con Petro ha exclamado sin sonrojo alguno: “Se ha iniciado el cambio” Hernández habla con Hernández ya que para su ego de agiotista pueblerino la única realidad que reconoce es la que ha creado para escapar de cualquier cuestionamiento de la ciudadanía tal como se lo están haciendo y se lo van a hacer. Desafortunadamente la lista de políticos(as) que a última hora han cambiado de bando es infinita - lo del Partido Conservador es una vergüenza -demostrando con ello los niveles de relajamiento moral que desde hace décadas caracteriza a la política en Colombia. En España este concepto de traidor ha sido últimamente recurrente en distinguidos juristas, editorialistas, autores de importantes columnas de opinión: Sánchez ha traicionado en más de una ocasión a España llevado por su egolatría.

“Traición –recuerda un artículo tomado al azar en Google- es aquella falta que quebrantó la lealtad o fidelidad que se debería guardar hacia algo o alguien” ¿No es esto lo que se debe jurídicamente condenarse como delito en el caso de Hernández y su obvia previa componenda con Petro? Aspirar a una reconciliación nacional a partir de este personaje sería no solo dar un salto en el vacío sino consagrar la traición manifiesta a una ciudadanía como un método político legal, legitimando el uso de la difamación para destruir públicamente la honra de un ciudadano como se hizo con Fico.  ¿Desmontar el Esmad para establecer la policía secreta de Maduro? ¿No necesita un gobierno que aspira a una convivencia en paz, rechazar de plano las intervenciones a los teléfonos de los ciudadanos –doy fe de ello porque en mi caso lo constaté- montar desinformaciones, repito, recurriendo a métodos totalitarios contra la privacidad de las personas?  Si estos delitos no se condenan públicamente por el Primer Mandatario seguiremos bajo un régimen de interferencias a la vida privada, de mentiras prefabricadas, de continuos acechos a la ciudadanía disidente. Recordemos aquello que Sally Yates antigua Fiscal norteamericana dijo. “No podemos controlar si nuestros funcionarios nos mienten o son sinceros, pero podemos decidir si queremos hacerlos responsables de sus mentiras o, si llevados por el agotamiento o por un afán de proteger nuestros propios objetivos políticos, preferimos mirar hacia otro lado y convertir la indiferencia hacia la verdad en algo corriente”  Escandaliza  entonces que delincuentes como Guanumen, Chamorro,  Vendrell,  Vinicioi Alvarado  estén haciendo  el empalme como  representantes  del nuevo gobierno. La paz y la reconciliación nacional deben nacer de la recuperación de la confianza mutua rechazando el terrorismo cibernético tipificado ya por la justicia universal como un delito de lesa humanidad en la lucha del humanismo contra los nuevos   terroristas.

SEGUIR ADELANTE / Darío Ruiz Gómez


SEGUIR ADELANTE

Darío Ruiz Gómez

El verdadero intelectual es quien nunca ha renunciado a su única causa: buscar la verdad, oponerse a las imposturas y componendas con que los grupos políticos llegan a un acuerdo de mutuas ganancias.  Por esto la verdadera responsabilidad intelectual es la de vivir en un permanente exilio. Lo he repetido, ni en Cuba hoy ni en Nicaragua ni en Venezuela puede hablarse de intelectuales ya que el totalitarismo de salida condena las preguntas pues preguntarse es poner en entredicho lo que el colectivismo ha impuesto como verdad única y los verdaderos intelectuales están en el exilio como lo están los cubanos que son una comunidad muy fuerte, los venezolanos, los argentinos. Al instaurarse un régimen autoritario aquello que causa consternación es la traición de los considerados amigos. Los testimonios de Cabrera Infante al respecto son alucinantes y desvelan otro elemento de esta persecución contra la inteligencia crítica: el resentimiento de quienes al descubrir que no pasarán de ser unos mediocres ya con el poder en sus manos perseguirán la libertad intelectual. Stalin quiso en su juventud ser poeta junto a su gran amigo Mandelstam y cuando llega a darse cuenta de que Mandelstam era un genio y él un mediocre no titubea en encarcelarlo y enviarlo a Siberia para que muera de hambre en un Gulag. Sonia su mujer escribe ese grande y perdurables testimonio “Contra toda esperanza” Desde el regreso del peronismo a Argentina Borges uno de las más grandes escritores universales de todos los tiempos ha sido silenciado por el kirchnerismo y sus intelectuales de bolsillo. El pensador en tiempos de la exasperación populista siempre está en peligro permanente frente al establecimiento oficial presidido por la mediocridad.

La censura de una obra y el olvido por decreto de quienes piensan, constituyen como lo ha recordado Milosz asesinatos simbólicos y esto lo está haciendo el populismo cultural desde hace tiempo en Colombia imponiendo sus desequilibrados modelos de identitetarismo, etnias, “lenguaje incluyente”.  La narrativa generada por esta parodia de elecciones donde desvergonzadamente se ejecutó a Fico   en la componenda entre Petro y el viejo marrullero de Hernández, debe partir de un interrogante propio de la politología de hoy, la huída semanas   antes del Embajador Norteamericano y el papel decisivo del Embajador ruso de Putin. Pero esos diez millones y medio de colombianos(as) – el 50% del electorado que votaron contra Petro ¿se esfumarán como contenido político traicionado por las desacreditadas jaurías de politiqueros como César Gaviria o se convertirán de inmediato en la posibilidad histórica de llegar a construir una nueva organización política tal como se está haciendo felizmente en España, en Italia o Alemania?   Políticos   jóvenes  tan brillantes  y sin temor alguno de ser tachados  de derechas  como David Barguil, Miguel  Uribe, Fico cuyo  conocimiento de lo que supone la peligrosa ideología  del petrismo  se hace  necesario  en la respuesta de una sociedad que a partir de esta abrumadora votación busca que su representatividad  pase a  manos de quiénes  honrarán esta tarea de recuperar la civilización frente a la barbarie. Y  hay otro punto estimado Pacho Cortés que deben tener en cuenta  quiénes  hasta hoy se autonombraron  como  una  intelligentzia   perseguida por el uribismo y es el hecho de que ante su triunfo electoral  urgentemente  han tenido que  mostrar sus rostros, salir de las sombras donde  durante años  se opusieron al pluralismo y hasta que no se instaure la dictadura total tendrán que responder a los debates a los cuales serán convocados por esta ciudadanía democrática, debates  de ideas a que se han negado  porque  la palabra, la ciencia, el pensamiento,  la música, la educación   constituyen conquistas  de  individualidades  que se niegan  a ser arrasadas  por un colectivismo feo, ramplón.