miércoles, 10 de junio de 2026

JOHN WICK, CON UN MALDITO LÁPIZ /Carlos Molina Gómez.

 

Carlos Molina Gómez.


JOHN WICK, CON UN MALDITO LÁPIZ[1]

Carlos Molina Gómez.[1]

John Wick representa ese Sísifo contemporáneo cuya lucha no consiste en la resiliencia adaptativa y sumisa que predica la cultura neoliberal. Su lucha es una pasión radical por la vida. Esa vida que se rebela contra la contingencia, el absurdo y el sinsentido. Una vida de la que John Wick ha descubierto su orden sagrado, su equilibrio. Nacer de nuevo, resucitar en vida. Despertar en y a la armonía eterna que sostiene el mundo. Para Wick, despertar al orden sagrado de la vida significa reconocer que en su existencia aún estaba ese centro luminoso y frágil: el amor, la lealtad y la posibilidad de una vida en paz. Redención. El redimido, mas no resiliente. “John, lamento no poder estar contigo, pero necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta… Te amo John…” (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:06:52–00:07:05) ¡Qué mensaje!: empieza con esto… ¡con la vida en cachorro! ¡La vida en su estado iniciático! ¡Porque un auto, lo material inerte, no cuenta! Cuenta la vida de una cachorra, no un auto. “[…] y ahora que encontré la paz… encuéntrala tú también…” (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:07:05–00:07:09) Encontrar la paz en la vida…

La historia de John, se podría enmarcar en un horizonte existencial más cercano al pensamiento de Camus que al discurso domesticado de aquella resiliencia promocionada convenientemente por el capitalismo neoliberal globalitario. La lucha del personaje de la película no es esa lucha diaria de tanta gente etiquetada como resiliente. Resiliencia que no lleva a nada distinto más que a perpetuar felizmente la esclavitud y la explotación en un empleo o trabajo asalariado o en un emprendimiento. No es de esa resiliencia capitalista de la que aquí se habla.

Hablar del Sísifo John Wick, es de alguna manera reconocer que encarna la tragedia de un hombre que como Sísifo se enfrenta a una tarea interminable y sin redención. El orden, el equilibrio sagrado ha sido vulnerado, ha sido roto, ha sido estropeado. El capitalismo neoliberal globalitario lo estropea todo. Rompe, atenta, elimina, cualquier posibilidad de redención con lo sagrado. Nos llena la vida incesantemente de basura, de banalidades, de sinsentidos con sentido creados por el mismo capitalismo. Todo lo que toca lo contamina: escuela, iglesia, amistad, familia, comunidad, empresa. ¿O más bien todos estos centros de encierro son la expresión del capitalismo, de la Matrix? “Esta vida... te persigue. Se apodera a ti. Infectando a todos los que tienes cerca tuyo. Estamos malditos… tú y yo”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:08:40–01:09:36).

El hijo del mafioso, su arrogancia, su ignorancia, su ego, es ese capitalismo neoliberal que rompe todo equilibrio sin importar y sin saber de quien se trate o quién sea. “No es lo que hiciste, hijo, lo que me enfada. Sino a quién se lo hiciste. - ¿A quién? Un maldito don nadie. -Ese maldito don nadie... es John Wick. Alguna vez fue socio nuestro. Lo llaman... Baba Yaga”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:23:55–00:23:41).

Así como Sísifo, debe cargar eternamente su roca montaña arriba, sabiendo que caerá una y otra vez, Wick, es arrastrado a una violencia incesante que nunca le devuelve lo perdido. A lo mejor su lucha no es para obtener un sentido trascendente ni una recompensa. En esa lucha late la afirmación de la vida:

-John Wick, el hombre de la bolsa... fue solo un maldito auto y un condenado perro…-Solo un perro... Viggo... cuando Helen murió lo perdí todo... hasta el momento que ese perro llegó a mi puerta... un último regalo de mi esposa. Y recién entonces alcance a ver una luz de esperanza... La oportunidad de hacer mi duelo acompañado. ¡Y tu hijo... mi lo arrebató Viggo! Fue el quien lo robo. ¡Él fue el asesino! ¡La gente preguntaba si había vuelto! ¡Y no sabía que respuesta dar! ¡Pero ahora sí!... ¡Creo que acabo de volver! así que puedes entregar a tu hijo o puedes morir gritando a su lado! (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:09:23–01:10:52).

Nótese ese contraste entre el capitalismo y la vida. El capitalismo lo encarna Viggo Tarasov en sus palabras:

-Ya sabes cierta audacia... ¿Cierto?... Puedo decir que aun sigues siendo el John Wick de siempre... -Lo soy. -La gente no cambia, eso la sabes... los tiempos si cambian. ¿Sabes lo que había en esa bóveda? ¡Obras de arte... efectivo... no por su valor sino por mi influencia sobre esta ciudad! ¡Grabaciones... pruebas físicas... chantajes...! ¡Era algo invaluable! ¡Invaluable! -Si, disfrute al destruirlo. -Si, sé que fue así… -pues fue solo un maldito auto y un condenado perro…(Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:07:15–01:08:00).

Siempre pegado a lo material, al chantaje, al poder efímero que dan las influencias, el chantaje, el soborno, la manipulación. Típico de los empresarios, mafiosos y políticos. Viggo Tarasov, representa a esos empresarios, mafiosos, políticos y en general a esa concupiscente alta direccion de empresas, universidades y de cualquier centro de encierro capitalista. Siempre pensando en la ventaja, en la revancha, en el chantaje, en la usura, en la conveniencia propia. Todo eso se privilegia despreciando la vida misma: Fue solo un condenado perro. No respetan nada así se autodenominen franciscanos. No es bio-política… es pura y sensata tánato-política. Fue solo un condenado perro. Fue solo un condenado empleado. La ley nos ampara, hagamos matanza laboral. Ellos son quienes roban… Ellos son quienes asesinan como Yosef Tarasov.

Destruir ese pasado requiere cierta audacia… pero es divertido, se disfruta quemando el pasado. Hay que quemar el año viejo… y celebrar también con audacia la vida nueva que llega, hacer en el alma un nido, un nicho, una cuna para que la vida nazca y crezca. Ver una luz de esperanza... Nos llevamos la mejor parte del trato: la vida. El mafioso se queda con su hijo mafioso. Las obras de mafiosos, empresarios, políticos y altos directivos o ejecutivos son sus hijos. No son la mejor parte del trato así les den mucha plata.

John Wick, es una figura arquetípica reactivada por una ofensa intolerable. ¡Y tu hijo... mi lo arrebató! Fue el quien lo robo. ¡Él fue el asesino! Es el mito que todos temen que resurja. Ahora ataca aquello que él había construido y que había decidido dejar atrás por un atisbo de esperanza... una oportunidad. Por eso, su guerra no es impulsiva ni caótica. Su proceder no es personal. Es un ritual. Es místico. Ahora sus antiguos aliados no son simplemente enemigos: son los guardianes del antiguo mundo del que él intentó salir. Antiguo mundo que se atrevió a entrar en la intimidad de ese atisbo de esperanza... de esa oportunidad. Rompieron el orden, la armonía. No, No era solo un perro… No es solo un empleado. ¡Es la vida!

Wick es un Sísifo armado: condenado al ciclo absurdo de la violencia, pero rebelde ante el mandato de resignación. No es un resiliente. Es un apasionado de la vida con todo el sinsentido que la vida podría tener y lo aparentemente absurda que se podría mostrar. En la versión del guion (que pertenece a la película John Wick, cuyo título original era Scorn[3]) que circula en internet se encuentra este mensaje de Norma (Helen) a Wick:

Pero todavía tienes una vida por delante, y pretendo que la vivas. Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho. Te conozco. Y si esto te llega a tiempo -lo que rezo que haya sucedido- te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Te amo, John. Con todo mi corazón. Nuestros años fueron buenos. Los mejores, de hecho[4] (Kolstad,2014: 7)[5].

Interesante lo que proponía este Kolstad en el borrador de Scorn: Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho… Te amo. Ese te amo, transparente, leal, sincero, total, lo ve todo: piensas que ocultas, pero no lo haces… aún hay luz en ti, aún la divinidad se muestra en ti. Deja todo atrás. Detente. Tienes una vida por delante y pretendo que la vivas. Esa es la redención, la resurrección en vida. En-theos: Dios en mí[6]. Como dice la oración de los cristianos: venga a nosotros tu reino. El reino de la divinidad que está en John Wick es visto por el amor puro y ese amor lo redime. Ese amor ni cansa ni se cansa. Eso es el venga a mí tu reino: Puede que pienses que me has ocultado cosas, pero no lo has hecho. En ese momento, recibí un atisbo de esperanza... una oportunidad. Mi divinal esencia. Ese amor todo lo rejuvenece, lo recrea.

Anotación ad latere. El guion de Scorn trae un mensaje de Norma y John Wick trae otro mensaje de Helen. El cambio en el mensaje de la esposa es fundamental y representa la transformación, la redención y construcción de un mito destruyendo ídolos, monumentos.

Mensaje de Helen en John Wick: John, lamento no poder estar contigo, pero necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta… Te amo John…

Mensaje de Norma en Scorn: Pero todavía tienes una vida por delante, y pretendo que la vivas. Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho. Te conozco. Y si esto te llega a tiempo -lo que rezo que haya sucedido- te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Te amo, John. Con todo mi corazón. Nuestros años fueron buenos. Los mejores, de hecho.

Dos mensajes, dos pliegues para enfatizar en la evolución. No es suplica... Es un mandato. La vida no suplica... Determina. La diferencia entre el mensaje de Norma en Scorn y el de Helen en John Wick reside en la dirección de la fuerza vital que busca impulsar la mujer, esposa, compañera o mejor: el amor.

El guion original, Scorn, anclado en la tragedia, presenta a Norma con un ruego angustiado: te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Este mensaje es un intento de contención moral y resurrección ética. Norma teme la inevitabilidad de la recaída de John en la oscuridad. Su último acto es un intento desesperado de redención por renuncia. Ella lo conoce, sabe de lo que es capaz, y su amor se traduce en una súplica para que su vida pasada, la del asesino, permanezca muerta. La determinación que ella busca es la de la paz a toda costa.

La película final, John Wick, con su tono elevado a mito, transforma ese ruego en un mandato ineludible de la vida a través de Helen (amor). Su mensaje no confronta la identidad de su esposo; simplemente le deja la semilla de la esperanza —la cachorra Daisy— como un ancla al futuro: necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta. Este no es un mensaje de detención, sino de determinación para avanzar. La redención ya no se logra por la renuncia, sino por la defensa de lo vulnerable, la defensa de la vida. Cuando el villano destruye esa ancla, no solo comete un crimen. Profana el único camino que Helen le dejó a John hacia la vida. El regreso de Wick ya no es una falla moral, sino un desafío al pasado para proteger el único vestigio de su humanidad. La resurrección de Baba Yaga es una forma de garantizar que el legado de amor de Helen pueda perdurar. El cambio de Norma a Helen es, en esencia, la transformación de una historia de culpa trágica en una mítica acción de Sísifo: reto, desafío, no se doblega. Lo asume erguidamente. No, no fue Dios… No fue la vida… Son tu y tu hijo. Eres tu Matrix… No te escudes ni en Dios ni en la vida. Hazte a un lado o también chillarás. Voy con todo, he vuelto:

Entonces... luego te casaste no... te estableciste ¿Cómo manejaste eso?... Si... tenías a tu esposa y yo a mi hijo y créeme que te llevaste la mejor parte del trato ¿Cierto? Luego te fuiste y la forma como te desentendiste... mintiéndote a ti mismo con que el pasado no tenía influencia en el futuro, pero al final muchos de nosotros recibimos el merecido castigo por nuestras fechorías... es por eso que Dios te arrebató a tu esposa y te lanzó sobre mí. Esta vida... te persigue. Se apodera a ti. Infectando a todos los que tienes cerca tuyo. Estamos malditos… tú y yo. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:08:00–01:09:36).


I. El absurdo y la contingencia en la existencia de John Wick

La tragedia inicial que motiva la acción de la película es la muerte de Helen, esposa de John, que deja como último regalo una perra —Daisy— para que él no quede solo. Quizá podría advertirse aquí un intento de preservar la vida en su dimensión afectiva.

Daisy (una beagle) encarna el resto de humanidad que habita en lo profundo de John Wick. Su vínculo con un posible sentido tras la pérdida. Símbolo de esperanza/renacimiento, conexión con lo sagrado. Unidad vida-muerte. Catalizador del cambio. Como en muchas vidas, Daisy (o esa variedad de Daisys) no es solo un animal de compañía. Es un símbolo de múltiples pliegues: amor, pérdida, esperanza, redención y lucha interna en búsqueda por reconectar con su humanidad.

Daisy, siendo un regalo de Helen, irrumpe en John Wick como una forma cachorra de vida que reorganiza el gobierno de sí: ya no se trata de matar sino de cuidar. Sostener un modo de subjetividad no capturado por la máquina mafiosa. John Wick prioriza el cuidado y la afectividad. Desafía la política de muerte y redefine su subjetividad. Daisy es, si se quiere, un punto de intensidad puro: una pequeña variación vital capaz de reactivar en John la potencia del afecto.

Tras su muerte, reactiva la potencia inversa: destrucción. Daisy es la cuerda tendida entre lo más espectral e impulsivo de Wick y la evolución en superhombre de este John. La vida en una cachorra que lleva a Wick a decidir qué devenir lo atraviesa. La muerte de Daisy elimina un vínculo afectivo y la posibilidad de un tránsito hacia una existencia más alta. Hasta que ese perro llegó a mi puerta... Un último regalo de mi esposa... En ese momento, recibí un atisbo de esperanza... una oportunidad para llorar en soledad... Y tu hijo... me lo arrebató. ¡Me lo robó! ¡Me lo arrebató!

Josef Tarasov, al romper esa cuerda, dejar caer a John al abismo que creía haber dejado atrás. Daisy, forma cachorra de vida, desorganiza la política de muerte mafiosa que gobernaba a John Wick. Tanato-política manifestada en el gobierno de la muerte ejercido por la máquina mafiosa: la eliminación regulada de cuerpos como mecanismo de poder.

El pasado de Wick es su inscripción en esta lógica, un sujeto de muerte producido por la política criminal. “Alguna vez fue socio nuestro. Lo llaman... el hombre de la bolsa… John no era exactamente el hombre de la bolsa… Era a quien enviabas a matar al maldito hombre de la bolsa… De pronto un día pidió retirarse. Por una mujer obviamente. Así que hice un trato con él. Le encomendé una tarea imposible. Un trabajo que nadie podría hacer hecho. Los cuerpos que enterró ese día sentaron las bases de lo que somos ahora. “(Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:23:41 – 00:25:19)

La irrupción de Daisy fuerza en John Wick una reorganización del gobierno de sí: la subjetividad se redefine por el cuidado, la afectividad, una resistencia bio-política que escapa a la máquina que antes lo producía, priorizando la vida vulnerable sobre la violencia regulada. Pero, le fue interrumpido, arrebatado, vulnerado, destruido, borrado.

Podría pensarse quizás que enfrentar a sus pasados aliados y enemigos coloca a Wick en un tránsito hacia la redención, no hacia la destrucción. ¿Se espera acaso que con el regreso de la destrucción y la política de muerte John Wick se redimirá?

Combate el pasado. Le declara la guerra y acaba con todo vestigio de esa oscuridad que le ha arrebatado esa luz que estaba experimentando con Helen y luego extendida en Daisy. ¿Pero si habrá redención? ¿Sera acaso que la redención, el nacer de nuevo, la resurrección, es una lucha permanente, constante y decidida contra el pasado de nuestra alma? Tal vez cada acto de eliminar algo del pasado sea un acto de esperanza, un acto de tener un día más para vivir. ¿Otra tanato-política? Dejar morir, dejar atrás, destruir los ídolos que encarnamos, dolor, muerte en mí, tallar el alma, trabajar en mí con cincel y martillo. Eso es lo que nos dice Plotino: ¿Quieres ver un alma bella? Escúlpela con martillo y cincel.

John Wick elimina en su vida y de su vida ese pasado de muerte y violencia. Y lo hace con igual violencia. ¿Es redención? ¿Sera acaso otra posibilidad de pliegue de la tánato-política? Redención y matar ese pasado para ser un ser de divinidad se entrelazan. La redención de John Wick casi que estaría implicando coger a martillo los ídolos que encarna: su identidad como Baba Yaga, el asesino inquebrantable, la moral de venganza y obediencia al sistema.

En ese coger a martillo los ídolos Daisy es el catalizador de esta destrucción de ídolos. Su cuidado es el valor nuevo que desmorona el viejo sistema de valores fundado en la muerte y su poder. La divinidad no sería solamente trascendente, en un más allá celestial. La trascendencia en el más acá. En un acá muy próximo, en mí mismo, es la creación de un nuevo valor, una auto-superación, la afirmación de la vida más acá de la moral esclava de la mafia, del trabajo asalariado, del dogma religioso, de la simulación de valores corporativos. Un acto de voluntad de poder que redefine su existencia fuera de la tánato-política que acompaña al animal laborans y a los recientes animal datificans o animal algoritmizans.[7] Es la transvaloración de todos los anteriores valores. Donde cuidar reemplaza como nueva ley al matar.

La irrupción violenta de la contingencia destruye esa mínima estabilidad: No era solo un perro. Ese perro era un regalo de su esposa.

John Wick nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la dificultad de escapar de esta Matrix que privilegia la muerte sobre la vida. Su lucha es un testimonio de la lucha constante entre la posibilidad de construir nuevas realidades basadas en el amor y el cuidado y la inevitable confrontación con un estado de cosas que se niega a desaparecer o ser dejado atrás. La Matrix también es resistente. Permanentemente nos tira a su abismo de muerte y destrucción. Y cuando me quiero redimir aparece por ahí en el trabajo, en el vecindario, en la familia, en la iglesia, en el centro comercial o simplemente en cualquier cruce de calle o esquina ese agente Smith o ese Iosef Tarasov que destruyen lo que estoy contrayendo y me exigen volver al trabajo en mi mismo, a no desatender ese cuidado de mí, a no bajar la guardia, a no dejar de echar aceite en la lámpara. La redención no es de una vez. Es un trabajo continuo, persistente y consistente. Es un trabajo de fe, constancia, esperanza y creación.

El sinsentido se muestra brutalmente. La violencia que acaba con Daisy no es un golpe estratégico de enemigos poderosos. Es un gesto banal, frívolo, irracional, proveniente de un grupo de jóvenes mafiosos que ni siquiera conocen las consecuencias de sus actos. Qué curioso: El agente Smith de Matrix y ahora el mafioso Iosef Tarasov de Jhon Wick. Dos películas, dos representaciones del mismo sistema Matrix que ejerce un control sobre la vida y la existencia de los individuos, aunque lo hagan desde ángulos muy diferentes.

Pareciera que los dos personajes contribuyen a una lógica de deshumanización. Josef exhibe un desprecio absoluto por la vida humana, considerando a los demás como meros instrumentos de su placer y deseo: Un maldito don nadie. El agente Smith, por su parte, manifiesta un odio profundo hacia la humanidad, viéndola como una plaga que debe ser eliminada para preservar la pureza del sistema.

La vida de John Wick se encuentra sometida a la contingencia pura, esa arbitrariedad radical que desbarata cualquier plan o equilibrio. “Lo absurdo nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo” (Camus, 1995: 44)[8].


II. John Wick, Sísifo contemporáneo

Sísifo, condenado a empujar eternamente una roca que volverá a caer, simboliza el destino humano: la lucha interminable y sin justificación trascendente. La grandeza del mito radica en su aceptación y en la afirmación de la vida a pesar de su sinsentido. “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.” (Camus, 1995: 162). A lo mejor no resignado sino desafiante, orgulloso, encorvadamente erguido por el peso de la roca.

John Wick, aunque se levanta en armas, no lo hace buscando un propósito redentor ni una promesa de victoria final. Su guerra es en esencia inútil: matar a los asesinos de su perro no le devolverá a Helen, ni a Daisy, ni restaurará el orden perdido. Era solo un perro.

Su lucha expresa la afirmación de sí mismo frente al absurdo. John Wick, como Sísifo, empuja su roca: se hunde en un mar de violencia, sabiendo que cada vida que siega no restaura lo perdido, pero afirmando en cada disparo su negativa a aceptar la pasividad. Le dice no a la Matrix, le dice no al agente Smith, le dice no a Viggo Tarasov y a Iosef Tarasov.

La analogía con Sísifo se refuerza en la lógica cíclica de la saga: por más que Wick resuelva un conflicto, otro se abre.

La organización del High Table[9] encarna la estructura misma del absurdo, pues siempre habrá reglas inhumanas y castigos desproporcionados. La High Table encarna la burocracia: una estructura jerárquica con reglas impersonales que rigen la violencia organizada. Esta burocracia no solo controla acciones, sino que moldea la subjetividad e identidad de sus miembros, quienes interiorizan sus normas y lealtades, definiendo su existencia dentro de este sistema implacable.

La High Table simboliza una Matrix de control, perpetuando un ciclo interminable de violencia a través de su absurda burocracia. La High Table y su estructura absurda reflejan la deshumanización inherente a sistemas de poder siendo un espejo de las sociedades contemporáneas donde las reglas y los castigos en ocasiones carecen de sentido dejando a los individuos atrapados en un ciclo de violencia sin resolución. La nihilista y estética del absurdo que permea la película invita a reflexionar sobre la naturaleza del poder, la moralidad y la ineludible condición humana en la búsqueda de significado en un mundo marcado por el caos y la fatalidad.

John Wick, como Sísifo, está condenado a repetir el esfuerzo. Pero lo crucial es que lo asume. Como él mismo afirma: ¡La gente preguntaba si había vuelto! ¡Y no sabía que respuesta dar! ¡Pero ahora sí!... ¡Creo que acabo de volver!


III. Contra la resiliencia domesticada

En el contexto cultural contemporáneo, la noción de resiliencia ha sido trivializada como la capacidad de adaptarse y superar la adversidad para seguir funcionando. En el discurso neoliberal, resiliencia significa soportar la precariedad, absorber la violencia del sistema y continuar produciendo sin cuestionar las estructuras que generan el dolor. Se trata de una ética de la adaptación pasiva.

John Wick encarna lo contrario: no se adapta, no busca integrarse, no reacomoda su dolor en un marco funcional. Su respuesta es una negativa absoluta para seguir adelante como si nada. ¡Así que puedes entregar a tu hijo o puedes morir gritando a su lado!

Al perder a Helen y a Daisy, el mundo entero pierde legitimidad para él. La resiliencia diría: recupera tu vida, encuentra otro propósito, sé flexible ante el cambio, reinvéntate. Wick responde con una violencia que niega ese mandato. Su lucha no es resiliente, sino rebelde. Lo que se opone al absurdo no es la esperanza, sino la revuelta. Del absurdo que irrumpe en la vida de John Wick por ahora podemos obtener tres consecuencias: rebeldía, libertad y pasión. Con el solo juego de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte, y rechazo el pasado y sus ídolos. “Así saco de lo absurdo tres consecuencias, que son mi rebelión, mi libertad y mi pasión. Con el solo juego de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte… He perdido el sentido de la jerarquía. No puedo tener de la libertad sino el concepto del prisionero o del individuo moderno en el seno del Estado. La única que conozco es la libertad de espíritu y de acción.

Si lo absurdo aniquila todas mis probabilidades de libertad eterna, me devuelve y exalta, por el contrario, mi libertad de acción. Esta privación de esperanza y de porvenir significa un acrecentamiento en la disponibilidad del hombre… Lo absurdo me aclara este punto: no hay mañana. Esta es en adelante la razón de mi libertad profunda… Si me convenzo de que esta vida no tiene otra faz que la de lo absurdo, si siento que todo su equilibrio se debe a la perpetua oposición entre mi rebelión consciente y la oscuridad en que forcejeo, si admito que mi libertad no tiene sentido sino con relación a su destino limitado, entonces debo decir que lo que cuenta no es vivir lo mejor posible, sino vivir lo más posible. (Camus, 1995: 86, 77-78, 79, 82)

Así, Wick se convierte en símbolo de la crítica a la resiliencia neoliberal: no hay que resignarse ni encajar dócilmente en el sinsentido, sino enfrentarlo con pasión, aunque sea desde la destrucción. Saco de lo absurdo mi rebelión, mi libertad y mi pasión. Nada de resiliencia.


IV. Pasión por la vida en medio de la muerte

Puede parecer paradójico que la pasión por la vida se exprese en Wick a través de la violencia y la muerte. Lo esencial es que su violencia no es nihilista, sino afirmativa. No mata por placer ni por dinero. Es un acto de afirmación vital frente al absurdo. Su impulso nace de un amor radical: Helen y Daisy, la memoria esperanzada de una vida posible.

La pasión por la vida en John Wick no es edulcorada ni pacífica; es la fuerza trágica de quien se niega a aceptar que todo carezca de valor. Al vengar a Daisy, Wick no busca justicia en un sentido legal, sino restaurar simbólicamente la dignidad de la vida en un mundo indiferente. En este sentido, su violencia es un gesto filosófico: una rebelión estética contra el sinsentido.


V. In-conclusión: el eterno retorno de la lucha

John Wick se levanta como un Sísifo armado, un mito moderno que nos recuerda que la vida no ofrece garantías ni redenciones. Su lucha no es resiliente porque no busca adaptarse, sino rebelarse; no se conforma con el orden, sino que lo desgarra. Al igual que Sísifo, Wick empuja su roca —la violencia interminable— con plena conciencia de su inutilidad última, pero con la certeza de que en ese acto afirma la vida.

En una época que exalta la resiliencia como acto de sometimiento, John Wick ofrece la figura de un héroe trágico que nos devuelve la dignidad de la revuelta. La pasión por la vida, incluso cuando se expresa en la furia y la sangre, se convierte en la fuerza que enfrenta al sinsentido. Y, como Sísifo, tal vez debamos imaginar a John Wick no como un mártir de la resiliencia, sino como un hombre que encontró en la lucha inútil su única forma de libertad.

La decisión de John de enfrentarse al sistema, de transformar la furia existencial en una regla de vida activa, no es aleatoria ni histérica. Es el resultado de una contraconducta radical del alma. ¿Esta contraconducta se manifiesta como una tecnología de la autotransformación —o un ejercicio espiritual— donde la disciplina precisa de la violencia se convierte en el medio para constituir una singularidad que se niega a ser gobernada?

La contraconducta del alma ante la dominación de la Matrix se manifiesta en las prácticas de autotransformación que invitan a una resistencia activa desde el interior.

En un mundo donde el orden de la High Table redefine y encapsula toda existencia, la lucha de John Wick se convierte en una afirmación de singularidad y diferencia. Al negarse a aceptar un destino predeterminado, Wick encarna una fuga del dispositivo de poder que lo encierra, convirtiendo su violencia en un acto de desafío que revela el potencial de un alma que se resiste a ser homologada por la Matrix.

La figura de Wick se comporta como un guerrero en guerra contra la opresión y como emblema de una contraconducta espiritual: una búsqueda de autenticidad en una realidad diseñada para despersonalizar y deshumanizar.

La lucha se transforma en el medio a través del cual el sujeto se vuelve consciente de su propia existencia, amplificando su deseo de libertad frente al orden que lo limita, desquebrajando las estructuras que intentan definirlo y armando su propia narrativa frente a la violencia inmanente del sistema.

Este acto rebelde se inscribe como Diferencia frente a la Repetición virtualizada preprogramada por la Matrix global. Afirmación de un poder de la singularidad que, desde el interior del sistema, se opone a la dominación totalizante. Su furia es la irrupción de una subjetividad que se niega a ser capturada en la lógica de la máquina social. Ese es John Wick.


Referencias bibliográficas

Camus, A. (1995). El mito de Sísifo. Alianza Editorial.

Kolstad, D. (2014). SCORN [Guion no publicado]. New Wave Entertainment.

Stahelski, C. (director). (2014). John Wick [Película]. Summit Entertainment.

[1] “Una vez lo vi matar a tres hombres en un bar… con un lápiz… ¡un maldito lápiz!”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:24:24 – 00:24:37) En esta oportunidad tendré como referencia para los diálogos de la versión de la película John Wick en la plataforma Netflix. Stahelski, C., & Leitch, D. (directores). (2014). John Wick [Película]. Summit Entertainment.


[2] Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Especialista en Gerencia de Servicios Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín (Colombia). Ph. D. Doctor Filosofía en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia) con tesis doctoral distinguida. Investigador en el campo temático: filosofía como educar/se y espiritualidad. Minciencias: Investigador Junior (IJ). CvLAC. GrupLAC. Orcid: 0000-0002-6153 -7675. camolina@uniquindio.edu.co molinagomezcarlosalberto@gmail.com

[3] La palabra inglesa scorn se traduce directamente al español como desdén, desprecio o escarnio. Implica un intenso sentimiento de falta de respeto o disgusto hacia algo o alguien que se considera sin valor. En el guion de Derek Kolstad el título Scorn representa y simboliza varios niveles de desprecio que John Wick experimenta y quizás proyecte: El desprecio recibido: El desprecio que John Wick recibe por su retiro, su matrimonio y su vida normal. Tanto Viggo como Iosef Tarasov muestran un desdén arrogante por la nueva vida que John Wick había construido. Al robarle el coche y matar a su perro Daisy, Iosef no solo comete un crimen, sino que desprecia la paz y el legado que John Wick intentaba mantener en honor a su esposa. Desprecio a la vulnerabilidad: El acto de matar a Daisy, el último regalo de su esposa fue un acto de escarnio contra la última conexión emocional y vulnerable de John. Este desprecio es lo que rompe el sello de su retiro. El desprecio proyectado (ritual de John): El acto de desafío y de borramiento de John Wick de aquellos que se atrevieron a subestimarlo. Su regreso no es una venganza, sino una respuesta llena de desprecio por ese pasado que el esta eliminando, borrando, aniquilando.


[4] Texto original: “But you’ve still got a life ahead of you, and I intend for you to live it. You may think you’ve hidden things from me, but you haven’t. I know you. And should this reach you in time -which I pray it has- I beg you, I implore you, to stop. To think. To live. I love you, John. With all my heart. Our years were good. The best, in fact.” (Kolstad,2014: 7).


[5] Kolstad, D. (2014). SCORN [Guion de Scorn no publicado]. New Wave Entertainment.


[6] ἐν θεὸς: En (ἔν) que significa en y theos (θεός), que significa Dios. En-theos sería Dios en o en Dios. En un contexto más amplio. En la interpretación filosófica esta expresión puede entenderse como Dios dentro de o Dios en mí.


[7] En el marco del capitalismo neoliberal tecnoautoritario datístico digital, la figura del animal laborans adquiere connotaciones mucho más complejas y ominosas. El animal laborans ya no solo produce bienes tangibles o servicios básicos. Ahora, su labor se expande a la producción y consumo incesante de datos. Cada interacción digital (un clic, una búsqueda, una compra, una publicación, un me gusta) se convierte en una unidad de labor que alimenta los algoritmos (una especie de producción inmaterial no rentable para quien la produce, pero si rentable para quien la usa y la exprime). Esta labor es constante, repetitiva y fundamental para la supervivencia del sistema, que se nutre de la información. El animal laborans digital es aquel cuya propia subjetividad es moldeada y gobernada por algoritmos. Los saberes algorítmicos predicen, modulan y orientan sus deseos, percepciones y comportamientos. La labor se vuelve una auto-vigilancia y auto-optimización constante bajo los estándares de eficiencia dictados por las plataformas. La guberna-mentalidad no necesita coerción física. Opera desde la intimidad, haciendo que el animal laborans crea que sus impulsos son propios, mientras está laborando para el sistema.


[8] Camus, A. (1995). El mito de Sísifo. Alianza Editorial.


[9] La High Table (La Mesa Alta) es una organización transnacional secreta que aparece en el universo de John Wick. No es solo un consejo del crimen, sino la autoridad suprema global que gobierna el mundo clandestino de asesinos, familias criminales, sindicatos ancestrales y casas de poder distribuidas por todo el planeta. Se compone de doce señores del crimen, cada uno de los cuales dirige un sitio o una familia con jurisdicción específica. La High Table no administra directamente la violencia: regula la economía, el orden simbólico y las reglas del servicio (hoteles Continental, moneda, juramentos, marcas y excomunicación). Su autoridad es absoluta, vertical y ritualizada, y descansa sobre tres pilares: Reglas sagradas no negociables (Rules and Consequences). Juramentos de sangre que producen deudas de vida. Administración transnacional a través de adjudicators, harbingers y marqueses.
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[1] Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Especialista en Gerencia de Servicios Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín (Colombia). Ph. D. Doctor Filosofía en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia) con tesis doctoral distinguida. Investigador en el campo temático: filosofía como educar/se y espiritualidad. Minciencias: Investigador Junior (IJ). CvLAC. GrupLAC. Orcid: 0000-0002-6153 -7675. camolina@uniquindio.edu.co molinagomezcarlosalberto@gmail.com

 

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