miércoles, 10 de junio de 2026

JOHN WICK, CON UN MALDITO LÁPIZ /Carlos Molina Gómez.

 

Carlos Molina Gómez.


JOHN WICK, CON UN MALDITO LÁPIZ[1]

Carlos Molina Gómez.[1]

John Wick representa ese Sísifo contemporáneo cuya lucha no consiste en la resiliencia adaptativa y sumisa que predica la cultura neoliberal. Su lucha es una pasión radical por la vida. Esa vida que se rebela contra la contingencia, el absurdo y el sinsentido. Una vida de la que John Wick ha descubierto su orden sagrado, su equilibrio. Nacer de nuevo, resucitar en vida. Despertar en y a la armonía eterna que sostiene el mundo. Para Wick, despertar al orden sagrado de la vida significa reconocer que en su existencia aún estaba ese centro luminoso y frágil: el amor, la lealtad y la posibilidad de una vida en paz. Redención. El redimido, mas no resiliente. “John, lamento no poder estar contigo, pero necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta… Te amo John…” (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:06:52–00:07:05) ¡Qué mensaje!: empieza con esto… ¡con la vida en cachorro! ¡La vida en su estado iniciático! ¡Porque un auto, lo material inerte, no cuenta! Cuenta la vida de una cachorra, no un auto. “[…] y ahora que encontré la paz… encuéntrala tú también…” (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:07:05–00:07:09) Encontrar la paz en la vida…

La historia de John, se podría enmarcar en un horizonte existencial más cercano al pensamiento de Camus que al discurso domesticado de aquella resiliencia promocionada convenientemente por el capitalismo neoliberal globalitario. La lucha del personaje de la película no es esa lucha diaria de tanta gente etiquetada como resiliente. Resiliencia que no lleva a nada distinto más que a perpetuar felizmente la esclavitud y la explotación en un empleo o trabajo asalariado o en un emprendimiento. No es de esa resiliencia capitalista de la que aquí se habla.

Hablar del Sísifo John Wick, es de alguna manera reconocer que encarna la tragedia de un hombre que como Sísifo se enfrenta a una tarea interminable y sin redención. El orden, el equilibrio sagrado ha sido vulnerado, ha sido roto, ha sido estropeado. El capitalismo neoliberal globalitario lo estropea todo. Rompe, atenta, elimina, cualquier posibilidad de redención con lo sagrado. Nos llena la vida incesantemente de basura, de banalidades, de sinsentidos con sentido creados por el mismo capitalismo. Todo lo que toca lo contamina: escuela, iglesia, amistad, familia, comunidad, empresa. ¿O más bien todos estos centros de encierro son la expresión del capitalismo, de la Matrix? “Esta vida... te persigue. Se apodera a ti. Infectando a todos los que tienes cerca tuyo. Estamos malditos… tú y yo”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:08:40–01:09:36).

El hijo del mafioso, su arrogancia, su ignorancia, su ego, es ese capitalismo neoliberal que rompe todo equilibrio sin importar y sin saber de quien se trate o quién sea. “No es lo que hiciste, hijo, lo que me enfada. Sino a quién se lo hiciste. - ¿A quién? Un maldito don nadie. -Ese maldito don nadie... es John Wick. Alguna vez fue socio nuestro. Lo llaman... Baba Yaga”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:23:55–00:23:41).

Así como Sísifo, debe cargar eternamente su roca montaña arriba, sabiendo que caerá una y otra vez, Wick, es arrastrado a una violencia incesante que nunca le devuelve lo perdido. A lo mejor su lucha no es para obtener un sentido trascendente ni una recompensa. En esa lucha late la afirmación de la vida:

-John Wick, el hombre de la bolsa... fue solo un maldito auto y un condenado perro…-Solo un perro... Viggo... cuando Helen murió lo perdí todo... hasta el momento que ese perro llegó a mi puerta... un último regalo de mi esposa. Y recién entonces alcance a ver una luz de esperanza... La oportunidad de hacer mi duelo acompañado. ¡Y tu hijo... mi lo arrebató Viggo! Fue el quien lo robo. ¡Él fue el asesino! ¡La gente preguntaba si había vuelto! ¡Y no sabía que respuesta dar! ¡Pero ahora sí!... ¡Creo que acabo de volver! así que puedes entregar a tu hijo o puedes morir gritando a su lado! (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:09:23–01:10:52).

Nótese ese contraste entre el capitalismo y la vida. El capitalismo lo encarna Viggo Tarasov en sus palabras:

-Ya sabes cierta audacia... ¿Cierto?... Puedo decir que aun sigues siendo el John Wick de siempre... -Lo soy. -La gente no cambia, eso la sabes... los tiempos si cambian. ¿Sabes lo que había en esa bóveda? ¡Obras de arte... efectivo... no por su valor sino por mi influencia sobre esta ciudad! ¡Grabaciones... pruebas físicas... chantajes...! ¡Era algo invaluable! ¡Invaluable! -Si, disfrute al destruirlo. -Si, sé que fue así… -pues fue solo un maldito auto y un condenado perro…(Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:07:15–01:08:00).

Siempre pegado a lo material, al chantaje, al poder efímero que dan las influencias, el chantaje, el soborno, la manipulación. Típico de los empresarios, mafiosos y políticos. Viggo Tarasov, representa a esos empresarios, mafiosos, políticos y en general a esa concupiscente alta direccion de empresas, universidades y de cualquier centro de encierro capitalista. Siempre pensando en la ventaja, en la revancha, en el chantaje, en la usura, en la conveniencia propia. Todo eso se privilegia despreciando la vida misma: Fue solo un condenado perro. No respetan nada así se autodenominen franciscanos. No es bio-política… es pura y sensata tánato-política. Fue solo un condenado perro. Fue solo un condenado empleado. La ley nos ampara, hagamos matanza laboral. Ellos son quienes roban… Ellos son quienes asesinan como Yosef Tarasov.

Destruir ese pasado requiere cierta audacia… pero es divertido, se disfruta quemando el pasado. Hay que quemar el año viejo… y celebrar también con audacia la vida nueva que llega, hacer en el alma un nido, un nicho, una cuna para que la vida nazca y crezca. Ver una luz de esperanza... Nos llevamos la mejor parte del trato: la vida. El mafioso se queda con su hijo mafioso. Las obras de mafiosos, empresarios, políticos y altos directivos o ejecutivos son sus hijos. No son la mejor parte del trato así les den mucha plata.

John Wick, es una figura arquetípica reactivada por una ofensa intolerable. ¡Y tu hijo... mi lo arrebató! Fue el quien lo robo. ¡Él fue el asesino! Es el mito que todos temen que resurja. Ahora ataca aquello que él había construido y que había decidido dejar atrás por un atisbo de esperanza... una oportunidad. Por eso, su guerra no es impulsiva ni caótica. Su proceder no es personal. Es un ritual. Es místico. Ahora sus antiguos aliados no son simplemente enemigos: son los guardianes del antiguo mundo del que él intentó salir. Antiguo mundo que se atrevió a entrar en la intimidad de ese atisbo de esperanza... de esa oportunidad. Rompieron el orden, la armonía. No, No era solo un perro… No es solo un empleado. ¡Es la vida!

Wick es un Sísifo armado: condenado al ciclo absurdo de la violencia, pero rebelde ante el mandato de resignación. No es un resiliente. Es un apasionado de la vida con todo el sinsentido que la vida podría tener y lo aparentemente absurda que se podría mostrar. En la versión del guion (que pertenece a la película John Wick, cuyo título original era Scorn[3]) que circula en internet se encuentra este mensaje de Norma (Helen) a Wick:

Pero todavía tienes una vida por delante, y pretendo que la vivas. Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho. Te conozco. Y si esto te llega a tiempo -lo que rezo que haya sucedido- te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Te amo, John. Con todo mi corazón. Nuestros años fueron buenos. Los mejores, de hecho[4] (Kolstad,2014: 7)[5].

Interesante lo que proponía este Kolstad en el borrador de Scorn: Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho… Te amo. Ese te amo, transparente, leal, sincero, total, lo ve todo: piensas que ocultas, pero no lo haces… aún hay luz en ti, aún la divinidad se muestra en ti. Deja todo atrás. Detente. Tienes una vida por delante y pretendo que la vivas. Esa es la redención, la resurrección en vida. En-theos: Dios en mí[6]. Como dice la oración de los cristianos: venga a nosotros tu reino. El reino de la divinidad que está en John Wick es visto por el amor puro y ese amor lo redime. Ese amor ni cansa ni se cansa. Eso es el venga a mí tu reino: Puede que pienses que me has ocultado cosas, pero no lo has hecho. En ese momento, recibí un atisbo de esperanza... una oportunidad. Mi divinal esencia. Ese amor todo lo rejuvenece, lo recrea.

Anotación ad latere. El guion de Scorn trae un mensaje de Norma y John Wick trae otro mensaje de Helen. El cambio en el mensaje de la esposa es fundamental y representa la transformación, la redención y construcción de un mito destruyendo ídolos, monumentos.

Mensaje de Helen en John Wick: John, lamento no poder estar contigo, pero necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta… Te amo John…

Mensaje de Norma en Scorn: Pero todavía tienes una vida por delante, y pretendo que la vivas. Puede que pienses que has ocultado cosas de mí, pero no lo has hecho. Te conozco. Y si esto te llega a tiempo -lo que rezo que haya sucedido- te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Te amo, John. Con todo mi corazón. Nuestros años fueron buenos. Los mejores, de hecho.

Dos mensajes, dos pliegues para enfatizar en la evolución. No es suplica... Es un mandato. La vida no suplica... Determina. La diferencia entre el mensaje de Norma en Scorn y el de Helen en John Wick reside en la dirección de la fuerza vital que busca impulsar la mujer, esposa, compañera o mejor: el amor.

El guion original, Scorn, anclado en la tragedia, presenta a Norma con un ruego angustiado: te suplico, te imploro, que te detengas. Que pienses. Que vivas. Este mensaje es un intento de contención moral y resurrección ética. Norma teme la inevitabilidad de la recaída de John en la oscuridad. Su último acto es un intento desesperado de redención por renuncia. Ella lo conoce, sabe de lo que es capaz, y su amor se traduce en una súplica para que su vida pasada, la del asesino, permanezca muerta. La determinación que ella busca es la de la paz a toda costa.

La película final, John Wick, con su tono elevado a mito, transforma ese ruego en un mandato ineludible de la vida a través de Helen (amor). Su mensaje no confronta la identidad de su esposo; simplemente le deja la semilla de la esperanza —la cachorra Daisy— como un ancla al futuro: necesitas algo, a alguien a quien amar… así que empieza con esto porque el auto no cuenta. Este no es un mensaje de detención, sino de determinación para avanzar. La redención ya no se logra por la renuncia, sino por la defensa de lo vulnerable, la defensa de la vida. Cuando el villano destruye esa ancla, no solo comete un crimen. Profana el único camino que Helen le dejó a John hacia la vida. El regreso de Wick ya no es una falla moral, sino un desafío al pasado para proteger el único vestigio de su humanidad. La resurrección de Baba Yaga es una forma de garantizar que el legado de amor de Helen pueda perdurar. El cambio de Norma a Helen es, en esencia, la transformación de una historia de culpa trágica en una mítica acción de Sísifo: reto, desafío, no se doblega. Lo asume erguidamente. No, no fue Dios… No fue la vida… Son tu y tu hijo. Eres tu Matrix… No te escudes ni en Dios ni en la vida. Hazte a un lado o también chillarás. Voy con todo, he vuelto:

Entonces... luego te casaste no... te estableciste ¿Cómo manejaste eso?... Si... tenías a tu esposa y yo a mi hijo y créeme que te llevaste la mejor parte del trato ¿Cierto? Luego te fuiste y la forma como te desentendiste... mintiéndote a ti mismo con que el pasado no tenía influencia en el futuro, pero al final muchos de nosotros recibimos el merecido castigo por nuestras fechorías... es por eso que Dios te arrebató a tu esposa y te lanzó sobre mí. Esta vida... te persigue. Se apodera a ti. Infectando a todos los que tienes cerca tuyo. Estamos malditos… tú y yo. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 01:08:00–01:09:36).


I. El absurdo y la contingencia en la existencia de John Wick

La tragedia inicial que motiva la acción de la película es la muerte de Helen, esposa de John, que deja como último regalo una perra —Daisy— para que él no quede solo. Quizá podría advertirse aquí un intento de preservar la vida en su dimensión afectiva.

Daisy (una beagle) encarna el resto de humanidad que habita en lo profundo de John Wick. Su vínculo con un posible sentido tras la pérdida. Símbolo de esperanza/renacimiento, conexión con lo sagrado. Unidad vida-muerte. Catalizador del cambio. Como en muchas vidas, Daisy (o esa variedad de Daisys) no es solo un animal de compañía. Es un símbolo de múltiples pliegues: amor, pérdida, esperanza, redención y lucha interna en búsqueda por reconectar con su humanidad.

Daisy, siendo un regalo de Helen, irrumpe en John Wick como una forma cachorra de vida que reorganiza el gobierno de sí: ya no se trata de matar sino de cuidar. Sostener un modo de subjetividad no capturado por la máquina mafiosa. John Wick prioriza el cuidado y la afectividad. Desafía la política de muerte y redefine su subjetividad. Daisy es, si se quiere, un punto de intensidad puro: una pequeña variación vital capaz de reactivar en John la potencia del afecto.

Tras su muerte, reactiva la potencia inversa: destrucción. Daisy es la cuerda tendida entre lo más espectral e impulsivo de Wick y la evolución en superhombre de este John. La vida en una cachorra que lleva a Wick a decidir qué devenir lo atraviesa. La muerte de Daisy elimina un vínculo afectivo y la posibilidad de un tránsito hacia una existencia más alta. Hasta que ese perro llegó a mi puerta... Un último regalo de mi esposa... En ese momento, recibí un atisbo de esperanza... una oportunidad para llorar en soledad... Y tu hijo... me lo arrebató. ¡Me lo robó! ¡Me lo arrebató!

Josef Tarasov, al romper esa cuerda, dejar caer a John al abismo que creía haber dejado atrás. Daisy, forma cachorra de vida, desorganiza la política de muerte mafiosa que gobernaba a John Wick. Tanato-política manifestada en el gobierno de la muerte ejercido por la máquina mafiosa: la eliminación regulada de cuerpos como mecanismo de poder.

El pasado de Wick es su inscripción en esta lógica, un sujeto de muerte producido por la política criminal. “Alguna vez fue socio nuestro. Lo llaman... el hombre de la bolsa… John no era exactamente el hombre de la bolsa… Era a quien enviabas a matar al maldito hombre de la bolsa… De pronto un día pidió retirarse. Por una mujer obviamente. Así que hice un trato con él. Le encomendé una tarea imposible. Un trabajo que nadie podría hacer hecho. Los cuerpos que enterró ese día sentaron las bases de lo que somos ahora. “(Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:23:41 – 00:25:19)

La irrupción de Daisy fuerza en John Wick una reorganización del gobierno de sí: la subjetividad se redefine por el cuidado, la afectividad, una resistencia bio-política que escapa a la máquina que antes lo producía, priorizando la vida vulnerable sobre la violencia regulada. Pero, le fue interrumpido, arrebatado, vulnerado, destruido, borrado.

Podría pensarse quizás que enfrentar a sus pasados aliados y enemigos coloca a Wick en un tránsito hacia la redención, no hacia la destrucción. ¿Se espera acaso que con el regreso de la destrucción y la política de muerte John Wick se redimirá?

Combate el pasado. Le declara la guerra y acaba con todo vestigio de esa oscuridad que le ha arrebatado esa luz que estaba experimentando con Helen y luego extendida en Daisy. ¿Pero si habrá redención? ¿Sera acaso que la redención, el nacer de nuevo, la resurrección, es una lucha permanente, constante y decidida contra el pasado de nuestra alma? Tal vez cada acto de eliminar algo del pasado sea un acto de esperanza, un acto de tener un día más para vivir. ¿Otra tanato-política? Dejar morir, dejar atrás, destruir los ídolos que encarnamos, dolor, muerte en mí, tallar el alma, trabajar en mí con cincel y martillo. Eso es lo que nos dice Plotino: ¿Quieres ver un alma bella? Escúlpela con martillo y cincel.

John Wick elimina en su vida y de su vida ese pasado de muerte y violencia. Y lo hace con igual violencia. ¿Es redención? ¿Sera acaso otra posibilidad de pliegue de la tánato-política? Redención y matar ese pasado para ser un ser de divinidad se entrelazan. La redención de John Wick casi que estaría implicando coger a martillo los ídolos que encarna: su identidad como Baba Yaga, el asesino inquebrantable, la moral de venganza y obediencia al sistema.

En ese coger a martillo los ídolos Daisy es el catalizador de esta destrucción de ídolos. Su cuidado es el valor nuevo que desmorona el viejo sistema de valores fundado en la muerte y su poder. La divinidad no sería solamente trascendente, en un más allá celestial. La trascendencia en el más acá. En un acá muy próximo, en mí mismo, es la creación de un nuevo valor, una auto-superación, la afirmación de la vida más acá de la moral esclava de la mafia, del trabajo asalariado, del dogma religioso, de la simulación de valores corporativos. Un acto de voluntad de poder que redefine su existencia fuera de la tánato-política que acompaña al animal laborans y a los recientes animal datificans o animal algoritmizans.[7] Es la transvaloración de todos los anteriores valores. Donde cuidar reemplaza como nueva ley al matar.

La irrupción violenta de la contingencia destruye esa mínima estabilidad: No era solo un perro. Ese perro era un regalo de su esposa.

John Wick nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la dificultad de escapar de esta Matrix que privilegia la muerte sobre la vida. Su lucha es un testimonio de la lucha constante entre la posibilidad de construir nuevas realidades basadas en el amor y el cuidado y la inevitable confrontación con un estado de cosas que se niega a desaparecer o ser dejado atrás. La Matrix también es resistente. Permanentemente nos tira a su abismo de muerte y destrucción. Y cuando me quiero redimir aparece por ahí en el trabajo, en el vecindario, en la familia, en la iglesia, en el centro comercial o simplemente en cualquier cruce de calle o esquina ese agente Smith o ese Iosef Tarasov que destruyen lo que estoy contrayendo y me exigen volver al trabajo en mi mismo, a no desatender ese cuidado de mí, a no bajar la guardia, a no dejar de echar aceite en la lámpara. La redención no es de una vez. Es un trabajo continuo, persistente y consistente. Es un trabajo de fe, constancia, esperanza y creación.

El sinsentido se muestra brutalmente. La violencia que acaba con Daisy no es un golpe estratégico de enemigos poderosos. Es un gesto banal, frívolo, irracional, proveniente de un grupo de jóvenes mafiosos que ni siquiera conocen las consecuencias de sus actos. Qué curioso: El agente Smith de Matrix y ahora el mafioso Iosef Tarasov de Jhon Wick. Dos películas, dos representaciones del mismo sistema Matrix que ejerce un control sobre la vida y la existencia de los individuos, aunque lo hagan desde ángulos muy diferentes.

Pareciera que los dos personajes contribuyen a una lógica de deshumanización. Josef exhibe un desprecio absoluto por la vida humana, considerando a los demás como meros instrumentos de su placer y deseo: Un maldito don nadie. El agente Smith, por su parte, manifiesta un odio profundo hacia la humanidad, viéndola como una plaga que debe ser eliminada para preservar la pureza del sistema.

La vida de John Wick se encuentra sometida a la contingencia pura, esa arbitrariedad radical que desbarata cualquier plan o equilibrio. “Lo absurdo nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo” (Camus, 1995: 44)[8].


II. John Wick, Sísifo contemporáneo

Sísifo, condenado a empujar eternamente una roca que volverá a caer, simboliza el destino humano: la lucha interminable y sin justificación trascendente. La grandeza del mito radica en su aceptación y en la afirmación de la vida a pesar de su sinsentido. “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.” (Camus, 1995: 162). A lo mejor no resignado sino desafiante, orgulloso, encorvadamente erguido por el peso de la roca.

John Wick, aunque se levanta en armas, no lo hace buscando un propósito redentor ni una promesa de victoria final. Su guerra es en esencia inútil: matar a los asesinos de su perro no le devolverá a Helen, ni a Daisy, ni restaurará el orden perdido. Era solo un perro.

Su lucha expresa la afirmación de sí mismo frente al absurdo. John Wick, como Sísifo, empuja su roca: se hunde en un mar de violencia, sabiendo que cada vida que siega no restaura lo perdido, pero afirmando en cada disparo su negativa a aceptar la pasividad. Le dice no a la Matrix, le dice no al agente Smith, le dice no a Viggo Tarasov y a Iosef Tarasov.

La analogía con Sísifo se refuerza en la lógica cíclica de la saga: por más que Wick resuelva un conflicto, otro se abre.

La organización del High Table[9] encarna la estructura misma del absurdo, pues siempre habrá reglas inhumanas y castigos desproporcionados. La High Table encarna la burocracia: una estructura jerárquica con reglas impersonales que rigen la violencia organizada. Esta burocracia no solo controla acciones, sino que moldea la subjetividad e identidad de sus miembros, quienes interiorizan sus normas y lealtades, definiendo su existencia dentro de este sistema implacable.

La High Table simboliza una Matrix de control, perpetuando un ciclo interminable de violencia a través de su absurda burocracia. La High Table y su estructura absurda reflejan la deshumanización inherente a sistemas de poder siendo un espejo de las sociedades contemporáneas donde las reglas y los castigos en ocasiones carecen de sentido dejando a los individuos atrapados en un ciclo de violencia sin resolución. La nihilista y estética del absurdo que permea la película invita a reflexionar sobre la naturaleza del poder, la moralidad y la ineludible condición humana en la búsqueda de significado en un mundo marcado por el caos y la fatalidad.

John Wick, como Sísifo, está condenado a repetir el esfuerzo. Pero lo crucial es que lo asume. Como él mismo afirma: ¡La gente preguntaba si había vuelto! ¡Y no sabía que respuesta dar! ¡Pero ahora sí!... ¡Creo que acabo de volver!


III. Contra la resiliencia domesticada

En el contexto cultural contemporáneo, la noción de resiliencia ha sido trivializada como la capacidad de adaptarse y superar la adversidad para seguir funcionando. En el discurso neoliberal, resiliencia significa soportar la precariedad, absorber la violencia del sistema y continuar produciendo sin cuestionar las estructuras que generan el dolor. Se trata de una ética de la adaptación pasiva.

John Wick encarna lo contrario: no se adapta, no busca integrarse, no reacomoda su dolor en un marco funcional. Su respuesta es una negativa absoluta para seguir adelante como si nada. ¡Así que puedes entregar a tu hijo o puedes morir gritando a su lado!

Al perder a Helen y a Daisy, el mundo entero pierde legitimidad para él. La resiliencia diría: recupera tu vida, encuentra otro propósito, sé flexible ante el cambio, reinvéntate. Wick responde con una violencia que niega ese mandato. Su lucha no es resiliente, sino rebelde. Lo que se opone al absurdo no es la esperanza, sino la revuelta. Del absurdo que irrumpe en la vida de John Wick por ahora podemos obtener tres consecuencias: rebeldía, libertad y pasión. Con el solo juego de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte, y rechazo el pasado y sus ídolos. “Así saco de lo absurdo tres consecuencias, que son mi rebelión, mi libertad y mi pasión. Con el solo juego de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte… He perdido el sentido de la jerarquía. No puedo tener de la libertad sino el concepto del prisionero o del individuo moderno en el seno del Estado. La única que conozco es la libertad de espíritu y de acción.

Si lo absurdo aniquila todas mis probabilidades de libertad eterna, me devuelve y exalta, por el contrario, mi libertad de acción. Esta privación de esperanza y de porvenir significa un acrecentamiento en la disponibilidad del hombre… Lo absurdo me aclara este punto: no hay mañana. Esta es en adelante la razón de mi libertad profunda… Si me convenzo de que esta vida no tiene otra faz que la de lo absurdo, si siento que todo su equilibrio se debe a la perpetua oposición entre mi rebelión consciente y la oscuridad en que forcejeo, si admito que mi libertad no tiene sentido sino con relación a su destino limitado, entonces debo decir que lo que cuenta no es vivir lo mejor posible, sino vivir lo más posible. (Camus, 1995: 86, 77-78, 79, 82)

Así, Wick se convierte en símbolo de la crítica a la resiliencia neoliberal: no hay que resignarse ni encajar dócilmente en el sinsentido, sino enfrentarlo con pasión, aunque sea desde la destrucción. Saco de lo absurdo mi rebelión, mi libertad y mi pasión. Nada de resiliencia.


IV. Pasión por la vida en medio de la muerte

Puede parecer paradójico que la pasión por la vida se exprese en Wick a través de la violencia y la muerte. Lo esencial es que su violencia no es nihilista, sino afirmativa. No mata por placer ni por dinero. Es un acto de afirmación vital frente al absurdo. Su impulso nace de un amor radical: Helen y Daisy, la memoria esperanzada de una vida posible.

La pasión por la vida en John Wick no es edulcorada ni pacífica; es la fuerza trágica de quien se niega a aceptar que todo carezca de valor. Al vengar a Daisy, Wick no busca justicia en un sentido legal, sino restaurar simbólicamente la dignidad de la vida en un mundo indiferente. En este sentido, su violencia es un gesto filosófico: una rebelión estética contra el sinsentido.


V. In-conclusión: el eterno retorno de la lucha

John Wick se levanta como un Sísifo armado, un mito moderno que nos recuerda que la vida no ofrece garantías ni redenciones. Su lucha no es resiliente porque no busca adaptarse, sino rebelarse; no se conforma con el orden, sino que lo desgarra. Al igual que Sísifo, Wick empuja su roca —la violencia interminable— con plena conciencia de su inutilidad última, pero con la certeza de que en ese acto afirma la vida.

En una época que exalta la resiliencia como acto de sometimiento, John Wick ofrece la figura de un héroe trágico que nos devuelve la dignidad de la revuelta. La pasión por la vida, incluso cuando se expresa en la furia y la sangre, se convierte en la fuerza que enfrenta al sinsentido. Y, como Sísifo, tal vez debamos imaginar a John Wick no como un mártir de la resiliencia, sino como un hombre que encontró en la lucha inútil su única forma de libertad.

La decisión de John de enfrentarse al sistema, de transformar la furia existencial en una regla de vida activa, no es aleatoria ni histérica. Es el resultado de una contraconducta radical del alma. ¿Esta contraconducta se manifiesta como una tecnología de la autotransformación —o un ejercicio espiritual— donde la disciplina precisa de la violencia se convierte en el medio para constituir una singularidad que se niega a ser gobernada?

La contraconducta del alma ante la dominación de la Matrix se manifiesta en las prácticas de autotransformación que invitan a una resistencia activa desde el interior.

En un mundo donde el orden de la High Table redefine y encapsula toda existencia, la lucha de John Wick se convierte en una afirmación de singularidad y diferencia. Al negarse a aceptar un destino predeterminado, Wick encarna una fuga del dispositivo de poder que lo encierra, convirtiendo su violencia en un acto de desafío que revela el potencial de un alma que se resiste a ser homologada por la Matrix.

La figura de Wick se comporta como un guerrero en guerra contra la opresión y como emblema de una contraconducta espiritual: una búsqueda de autenticidad en una realidad diseñada para despersonalizar y deshumanizar.

La lucha se transforma en el medio a través del cual el sujeto se vuelve consciente de su propia existencia, amplificando su deseo de libertad frente al orden que lo limita, desquebrajando las estructuras que intentan definirlo y armando su propia narrativa frente a la violencia inmanente del sistema.

Este acto rebelde se inscribe como Diferencia frente a la Repetición virtualizada preprogramada por la Matrix global. Afirmación de un poder de la singularidad que, desde el interior del sistema, se opone a la dominación totalizante. Su furia es la irrupción de una subjetividad que se niega a ser capturada en la lógica de la máquina social. Ese es John Wick.


Referencias bibliográficas

Camus, A. (1995). El mito de Sísifo. Alianza Editorial.

Kolstad, D. (2014). SCORN [Guion no publicado]. New Wave Entertainment.

Stahelski, C. (director). (2014). John Wick [Película]. Summit Entertainment.

[1] “Una vez lo vi matar a tres hombres en un bar… con un lápiz… ¡un maldito lápiz!”. (Stahelski, & Leitch, 2014, Minuto aproximado: 00:24:24 – 00:24:37) En esta oportunidad tendré como referencia para los diálogos de la versión de la película John Wick en la plataforma Netflix. Stahelski, C., & Leitch, D. (directores). (2014). John Wick [Película]. Summit Entertainment.


[2] Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Especialista en Gerencia de Servicios Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín (Colombia). Ph. D. Doctor Filosofía en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia) con tesis doctoral distinguida. Investigador en el campo temático: filosofía como educar/se y espiritualidad. Minciencias: Investigador Junior (IJ). CvLAC. GrupLAC. Orcid: 0000-0002-6153 -7675. camolina@uniquindio.edu.co molinagomezcarlosalberto@gmail.com

[3] La palabra inglesa scorn se traduce directamente al español como desdén, desprecio o escarnio. Implica un intenso sentimiento de falta de respeto o disgusto hacia algo o alguien que se considera sin valor. En el guion de Derek Kolstad el título Scorn representa y simboliza varios niveles de desprecio que John Wick experimenta y quizás proyecte: El desprecio recibido: El desprecio que John Wick recibe por su retiro, su matrimonio y su vida normal. Tanto Viggo como Iosef Tarasov muestran un desdén arrogante por la nueva vida que John Wick había construido. Al robarle el coche y matar a su perro Daisy, Iosef no solo comete un crimen, sino que desprecia la paz y el legado que John Wick intentaba mantener en honor a su esposa. Desprecio a la vulnerabilidad: El acto de matar a Daisy, el último regalo de su esposa fue un acto de escarnio contra la última conexión emocional y vulnerable de John. Este desprecio es lo que rompe el sello de su retiro. El desprecio proyectado (ritual de John): El acto de desafío y de borramiento de John Wick de aquellos que se atrevieron a subestimarlo. Su regreso no es una venganza, sino una respuesta llena de desprecio por ese pasado que el esta eliminando, borrando, aniquilando.


[4] Texto original: “But you’ve still got a life ahead of you, and I intend for you to live it. You may think you’ve hidden things from me, but you haven’t. I know you. And should this reach you in time -which I pray it has- I beg you, I implore you, to stop. To think. To live. I love you, John. With all my heart. Our years were good. The best, in fact.” (Kolstad,2014: 7).


[5] Kolstad, D. (2014). SCORN [Guion de Scorn no publicado]. New Wave Entertainment.


[6] ἐν θεὸς: En (ἔν) que significa en y theos (θεός), que significa Dios. En-theos sería Dios en o en Dios. En un contexto más amplio. En la interpretación filosófica esta expresión puede entenderse como Dios dentro de o Dios en mí.


[7] En el marco del capitalismo neoliberal tecnoautoritario datístico digital, la figura del animal laborans adquiere connotaciones mucho más complejas y ominosas. El animal laborans ya no solo produce bienes tangibles o servicios básicos. Ahora, su labor se expande a la producción y consumo incesante de datos. Cada interacción digital (un clic, una búsqueda, una compra, una publicación, un me gusta) se convierte en una unidad de labor que alimenta los algoritmos (una especie de producción inmaterial no rentable para quien la produce, pero si rentable para quien la usa y la exprime). Esta labor es constante, repetitiva y fundamental para la supervivencia del sistema, que se nutre de la información. El animal laborans digital es aquel cuya propia subjetividad es moldeada y gobernada por algoritmos. Los saberes algorítmicos predicen, modulan y orientan sus deseos, percepciones y comportamientos. La labor se vuelve una auto-vigilancia y auto-optimización constante bajo los estándares de eficiencia dictados por las plataformas. La guberna-mentalidad no necesita coerción física. Opera desde la intimidad, haciendo que el animal laborans crea que sus impulsos son propios, mientras está laborando para el sistema.


[8] Camus, A. (1995). El mito de Sísifo. Alianza Editorial.


[9] La High Table (La Mesa Alta) es una organización transnacional secreta que aparece en el universo de John Wick. No es solo un consejo del crimen, sino la autoridad suprema global que gobierna el mundo clandestino de asesinos, familias criminales, sindicatos ancestrales y casas de poder distribuidas por todo el planeta. Se compone de doce señores del crimen, cada uno de los cuales dirige un sitio o una familia con jurisdicción específica. La High Table no administra directamente la violencia: regula la economía, el orden simbólico y las reglas del servicio (hoteles Continental, moneda, juramentos, marcas y excomunicación). Su autoridad es absoluta, vertical y ritualizada, y descansa sobre tres pilares: Reglas sagradas no negociables (Rules and Consequences). Juramentos de sangre que producen deudas de vida. Administración transnacional a través de adjudicators, harbingers y marqueses.
...



[1] Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Especialista en Gerencia de Servicios Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín (Colombia). Ph. D. Doctor Filosofía en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia) con tesis doctoral distinguida. Investigador en el campo temático: filosofía como educar/se y espiritualidad. Minciencias: Investigador Junior (IJ). CvLAC. GrupLAC. Orcid: 0000-0002-6153 -7675. camolina@uniquindio.edu.co molinagomezcarlosalberto@gmail.com

 

BANDERAS ROTAS Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński 

BANDERAS ROTAS

 

Darío Ruiz Gómez

 

El mapa donde el triunfo de Iván Cepeda llegó al 97% en estas elecciones corresponde al de los territorios donde impera  la fuerza bruta impuesta por grupos mercenarios al servicio del narcotráfico, un calificativo ambiguo este que ante la justicia se usa para no decir nada ya que lo que es nada jurídicamente no puede condenarse. La JEP ese colosal engaño a la verdad como deliberada negación de hechos comprobados ha recurrido a esta ambigüedad jurídica para dejar en libertad a los más terribles asesinos de nuestra historia republicana, dando al delito  un enfoque político. Podemos avanzar en tecnologías de punta pero moralmente hemos retrocedido al Paleolítico. Por lo tanto el mapa de los territorios donde se votó con el fusil en la nuca debe ser asumido por la Corte Penal Internacional no solamente como un  gravísimo  atentado contra la población al negarle su libertad de decisión si no como las ininterrumpidas fechorías de unos criminales, tal como se hizo a la hora de juzgar a los dirigentes de la de la guerra de los Balcanes donde bajo el más bestial de los nacionalismos se convirtió a los ciudadanos en verdugos despiadados de sus antiguos vecinos. El miedo y el terror preceden a esta imposición de la fuerza bruta a poblaciones inermes. Tanto el ELN, las FARC  recurren a la corrupción de sectores de la población nativa mediante el delito mayúsculo de la esclavitud. No redención si no esclavitud en los territorios desmembrados.

 

     Reducir estos ultrajes, fríamente calculados,  a una simple  enumeración de cifras es la estrategia para ocultar el fondo de una tragedia humana que cada minuto se está repitiendo en cada uno de estos territorios que las conciencias libres que aún quedan  deben dar a conocer al mundo. La foto en Campamento  de un arrogante adolescente al lado de dos niños que apenas pueden sostener su fusil y que de inmediato lo van a fusilar por sus “faltas revolucionarias” descubre, decía yo al comentar entonces la situación de violencia que se vive en Campamento, Angostura, Nechi  región desmembrada donde 315.000 personas estuvieron confinadas por las FARC, donde en un pequeño corregimiento se asesinaron en pocos meses a cerca de cien campesinos, que lo que se demuestra es que el aumento de los asesinatos no se detiene mientras más esclavos se necesiten en las minas, en los campamentos. Recordemos que el concepto de Crímenes de Guerra, torturas, secuestros, violaciones de mujeres,  no se ha aplicado nunca en Colombia a pesar de que cada día se cometan.

 

      Lo que debió dar a conocer a tiempo Caracol sobre la entrega de desusadas gabelas de Petro al Clan del Golfo - tal como lo había hecho  Otty Patiño a las FARC y al ELN -   y  el  papel del canalla Danilo Rueda asesor íntimo de Monseñor Darío Monsalve,   sobrepasa cualquier cálculo sobre el alcance penal de una verdadera traición a la patria – atentar contra la seguridad del Estado, por ejemplo -  por lo cual se hace indispensable tener en cuenta a  policías, soldados, campesinos masacrados, los territorios otorgados a los delincuentes ante la mirada alcahueta de una justicia manipulada desde la Presidencia de la República, todo lo cual ante la opinión internacional es una afrenta a la humanidad que debe ser juzgada por la Corte Penal Internacional  ya que  para el nuevo gobierno lo más importante es la restauración de la justicia universal y el desmantelamiento de la farsa de los tribunales “del pueblo” como la JEP. Porque la libertad es una premisa y no un punto a discutir en una supuesta mesa de conversaciones. Al asesino se le debe someter no caer en la trampa de reconocerlo como interlocutor.

 

 

EL ÚLTIMO NIÑO / Alonso Meneses Jaramillo

 

Alonso Meneses Jaramillo

EL ÚLTIMO NIÑO

Cuento.

 

Alonso Meneses Jaramillo[1].

 

En el año 2001, cuando Medellín despertaba o amanecía entre el aroma de las empanadas recién hechas y el recuerdo acre de la pólvora, el magisterio colombiano mantenía sus protestas. La huelga se extendió durante largos meses, y el silencio fue ocupando poco a poco los salones de clase, como si el tiempo mismo hubiera decidido hacer una pausa...

     Llegó David a su colegio llamado Eduardo Santos, situado en el Barrio La Loma de la Comuna trece (13), allá en lo alto donde las casas de colores parecían haber nacido pegadas a la montaña con la ciudad y sus males al frente. Se presentó a la Institución Educativa con su cuaderno debajo del brazo, lleno de tareas sin terminar y un lapicero azul en el bolsillo de la sudadera. Él esperaba en silencio. La puerta de barrotes metálicos se abrió lentamente y sus bisagras chirriaron, como si celebraran la llegada de aquel muchacho. Con apenas doce años recién cumplidos, cursaba sexto grado y avanzó decidido al otro lado del umbral.

     Hacía meses que ningún estudiante acudía al colegio Las aulas permanecían vacías porque muchos de ellos ya no podían salir a la calle por cuidar su vida, habían ingresado al negocio de los combos, le temían al reclutamiento obligado por algunos señores que mandaban en el barrio o ya hacían parte de la galería de fotos en la Casa de Justicia, que coleccionaba los rostros de los desaparecidos.

     Los profesores seguían yendo por costumbre, igual les pagaban, parecían sacerdotes abandonados por el mismísimo Dios.

     Aquella mañana soleada, cuando los profes vieron a David deambular por el corredor recién trapeado, sintieron una alegría salvaje.

     ¡Todavía queda uno!exclamó la rectora desde lo más profundo.

     En el colegio, la emoción tomo unos visos extraños de ansiedad, porque todos los profes querían enseñarle algo al niño. Los docentes creían poder salvarlo a través de su materia.

     Hubo una discusión acalorada durante algunas horas en la Sala de Profesores, mientras el niño caminaba por los corredores desolados. De pronto, el maestro de Matemáticas, a quien todos llamaban Baldor, golpeó la mesa con autoridad. El salón quedó en silencio. Entonces dijo:

Si, el conocimiento debe entrar en él por completoentonces, repartámoslo.

     Nadie se opuso ni se sorprendió, tal vez porque afuera del barrio y la ciudad entera, ya estaban acostumbrados a que los cuerpos aparecieran incompletos.

Sin mediar, procedieron a la repartición de David.

     El profesor de español, miró al jovencito fijamente a los ojos y se retiró. Inmediatamente el profesor de Artes apareció y tomó los ojos de David con delicadeza religiosa. Los acomodó sobre un pupitre frente al tablero y comenzó la clase. «La vida duele menos cuando uno aprende a mirarla como se presente, dijo el profe mientras dibujaba palomas blancas saliendo de casas incendiadas. El arte sirve para volver hermoso aquello que habitó en nuestras pesadillas» continuó Los ojos observaban fascinados cómo los colores del círculo cromático pegado en la pared, parecían dar vueltas sobre los dibujos y saltaban hacia el frente para luego desvanecerse.

     El docente de Educación Física, se quedó con las piernas y las hizo correr por toda la cancha cubierta que por un costado iluminaba el sol mañanero.  «¡Más rápido! ¡El cuerpo debe ser más rápido que las balas!» gritaba. Las piernas se movían con disciplina militar, saltando sobre las hojas esparcidas en el pavimento y esquivando las figuras imaginarias que parecían correr unos pasos por delante.

     El profesor de Tecnología extrajo el cerebro y lo conectó por medio de alambritos de colores, a un radio y a un televisor ya en desuso. «¡El futuro será la virtualidad!, explicaba, algún día las máquinas reemplazarán la memoria de los humanos». El cerebro aprendió códigos, deducía, relacionaba, fantaseaba, hacía operaciones numéricas complejas y hasta se imaginaba cómo sería un barrio en la Luna

     Mientras tanto, el profesor de Ciencias Naturales llevó los pulmones al laboratorio improvisado del colegio y les explicó: «Respirar en Medellín, también se ha vuelto casi un lujo y terminarán facturando el aire por estratos». Luego susurró entre dientes: «Sí, esto de inhalar gasolina, formol, polvo de tiza, pólvora a diario para celebrar cortejos fúnebres de bandidos casi santos, es un acto biológico de resistencia».

     Cada parte de este cuerpo juvenil aprendía algo distinto y quién sabe al final si servirá de algo, en esa vida fragmentada, las ideas quebradas del jovencito eran, paradójicamente, su única salvación.

     El profe de español, aquel hombre flaco, silencioso, que cargaba siempre libros de poesía dentro de bolsas de mercado, porque le daba vergüenza que lo vieran leyendo versos en un barrio donde la gente admiraba más a los pillos que a los artistas y a los escritores, no tomó ninguna parte de David. Solamente lo miró a los ojos.  Algo ocurrió después de esa inspección, cuando el niño aún estaba completo. El profesor vio dentro de aquellos ojos una extraña profundidad: un océano lleno de peces de colores, pájaros que volaban llevando cajitas de cartón, la abuela flotando entre nubes, el sonido de camiones a lo lejos y niños frente a la pantalla de un televisor mostrando una lluvia imparable.

     Entonces comprendió que el muchacho ya poseía algo que ningún profesor podía enseñar: La imaginación. Por eso no quiso arrancarle nada. Mientras los demás se disputaban huesos y órganos, él eligió conservar lo único que el tiempo no podía corromper: el recuerdo de aquella mirada.

     Cada tarde entraba al salón vacío y hablaba solo mientras imaginaba que David seguía allí. «Las palabras sirven para inventar otras vidas» decía al aire. «Cuando la realidad se vuelve insoportable, uno escribe para no volverse loco». Pero en ocasiones juraba escuchar una risa juvenil entre los pupitres.

     Pasaron los meses y los profesores comenzaron a notar algo inquietante, las partes de David se iban apagando. Los ojos dejaron de impresionarse frente a la belleza de los colores. Las piernas ya no corrían con facilidad. Los pulmones respiraban con dificultad. Incluso el cerebro empezó a olvidar fórmulas simples y hasta el nombre del niño. 

     Una noche, en medio de un pequeño ensueño creativo, el profesor de español, comprendió la verdad. David, jamás había llegado al colegio. El niño había sido asesinado dos años atrás por un combo de la zona, al cruzar una frontera invisible, al recoger su pelota que se rodó a la cuadra siguiente. Todos los profesores en el fondo lo sabían. Solo que el paro ya llevaba mucho tiempo, la soledad del colegio, el vacío de las aulas y la desesperación de sentirse inútiles, les había hecho imaginarlo vivo. Habían despedazado un recuerdo.

     A la mañana siguiente, el profesor de español cruzó el umbral del salón y advirtió algo inusual sobre un pupitre: un cuaderno viejo, gastado por el tiempo, que no estaba allí la víspera. Lo abrió con cautela. En la primera hoja, una letra temblorosa parecía haber dejado un mensaje urgente: «Profe, gracias por no quitarme nada», David. 



[1] Maestro en Artes Plásticas, Universidad Nacional Medellín. Licenciado en Educación Artes Plásticas, Universidad de Antioquia. Fundador y profesor del Taller de Pintura Arte Azul Intenso. Tallerista de Artes Plásticas en el Programa Desarrollo de Pensamiento Creativo Crisol, Comfenalco-Antioquia. Docente de Pintura Artística en el Instituto de Educación de Comfenalco-Antioquia. Docente de Creatividad en la Universidad Remington. Docente de cátedra en Artes Plásticas en ITM, Medellín. Docente de Formación Artística en la I.E Gilberto Alzate Avendaño. Correo: alonsomenesesarte@gmail.com

 

lunes, 8 de junio de 2026

DE ÉDGAR TOBÓN A JAKOB MENDEL: LITERATURA, MEMORIA Y COMUNIDAD EN SEÑAL EDITORA / Fredy Fernández

 

Fredy Fernández

DE ÉDGAR TOBÓN A JAKOB MENDEL: LITERATURA, MEMORIA Y COMUNIDAD EN SEÑAL EDITORA

Fredy Fernández

 

Caía la tarde, mis pasos no eran los más rápidos, tampoco los más lentos. He vadeado la calle, aun mojada, escuché una voz que me llamó, era el librero, Sigifredo Castro.         

     Me habló y señaló al frente.

Estoy trabajando en aquella librería dijo, apuntando con el índice—. Lo espero.

     Pensé: ¿una librería que solo contiene Derecho? No es para mí. Y eso que soy docente de la misma área. Nunca me han gustado los anaqueles consagrados a un único género literario. Olvidé la invitación del librero Castro y la introduje en mi bolso de los olvidos. Los días transcurrían entre lo más claro y lo más oscuro, acompañados por las trombas de agua de los crepúsculos medellinenses. Había pirado; de ese modo me burlaba un poco de la lluvia y de su costumbre de rociarme.

     Transcurrí por todo el frente de la librería especializada en Derecho, sentí una mano que no podía ver, apretó mi píloro, era muy tarde para alejarme de allí. Miré la fachada de la entrada, entre los colores blanco y azul, allí estaba parado a un lado el librero que todos llaman Sigi, lo confundí, no sabía quién era quién, entre la entrada de la librería y el librero, porque ambas partes lucían las mismas piezas iguales en sus colores y enjuto, por cierto. Camisa azul con blanco, jeans clásicos hasta en sus colores, botines bien mantenidos y elegantes, lentes negros que sobresalen de su rostro fileno y aun jovial. No pude esquivar aquel lugar libresco. Al estirarme la mano me dijo el librero grácil, bien pueda siga

     Entré, al fondo de la librería especializada estaba él. Sentado, acompañado de tres jóvenes lectores: Santiago Álvarez, John Muñoz y Marlon Montoya, detrás de ellos estaba Oscar, el dueño de la tienda de la esquina con su camiseta del DIM. Siempre estaba allí, el más radical de los radicales me dijo entre sonrisas, pero lo aprecio, sostuvo. Se levantó de su puesto, de caminar paquidérmico, pero firme y seguro. El librero grácil amigo, nos presentó. Sus cabellos cenizos descansaban en su cráneo, en su rostro se ubicaban unos lentes parecidos a unos quevedos por el estilo. Su voz con un tono deje, suave, cálida, armoniosa y arrulladora. Con textura en su tono, su sonido era tranquilo, de un susurro agradable, tendió su mano derecha hacia la mía, se encontraron, suaves y privanza, gastadas por el tiempo, frágil pero sensible como si fueran las de Miguel Ángel. De estatura regular, vestido implacable grisáceo, en sus pies lucían unos borceguí de color negro aun brillaban. Se presentó: Soy Édgar Tobón Uribe, el segundo es el apellido de mi madre, no es el que se imagina, disculpe usted, me dijo. Por cierto, amante del DIM tan ganador cuando me gané la lotería con el seis (6), por eso el seis es rojo. En afinidad con ello, mi corazón late al lado izquierdo. Soy de lo público, allí nos conocimos él y yo. Con su mano izquierda señaló la foto de Carlos Gaviria. Le dije, yo asistí a sus clases de filosofía del Derecho, aun lo recuerdo, le dije. Contestó en su momento te hablaré de él, ya verás. Nunca se dio esa oportunidad de conocer un poco más de un hombre como Gaviria en boca de Tobón Uribe.           

     Se presentó con todas sus vitelas o pergaminos: soy abogado, fui juez, magistrado, notario, profesor universitario y propietario de la librería y de la Editorial Señal Editora con la cual apoyo la cultura a través de la lectura rigurosa. Me dijo, este es mi cuartel general. Bien pueda siga, esta es su casa”, bienvenido. Al otro lado del espacio literario, sentada en la otra mesa, estaba ella, de cabellos cortos, tinturados, tersos y finos casi pegados a su nuca. Se notaba sus grandes rasgos bellos de su juventud aún. Maquillada sutil adornada de una sonrisa plácida, sentada como si estuviera en el trono de Cleopatra. Segura en su mirada, de buena salud y sofisticada en su belleza que implica solemnizar sus colores bien combinados en su vestir en la cual luce su vitalidad a través de sus facciones femeninas. Ella es mi hermana, me la presentó, soy Francia me dijo ella. Dos hermanos cercanos, se notaba en ellos una conexión abisal que traspasa toda frontera de la convivencia familiar, cómplices, leales, incondicionales entre sí. Este vínculo se gestó en la librería forjada desde la sangre maternal, dos hermanos de una vitalidad que se daban vida, inseparables, actuaban como un equipo compartiendo alegrías, dolor, penas, sueños y secretos. Volvió a dirigirme la palabra, de lo más profundo de su juicio dijo: En realidad, no existe mayor obligación que la de estar unidos (Zweig 2007, p. 59) mirando a su hermana, eso manifestó.

     La frase pertenecía al escritor austriaco Stefan Zweig, y me sorprendió la lucidez con la que aquel hombre la pronunciaba. Comprendí que estaba frente a un lector de otra época, uno de esos formados en la lentitud de los libros, pero atravesado por inquietudes enteramente actuales. Había en él algo de provocador y de hereje: agitador, anarco, subversivo. Conocía diversas literaturas y se desplazaba por ellas con naturalidad; por ejemplo, la filosofía mi propia área de formación aparecía en su conversación como una respiración más del pensamiento. Quedé seducido por la brillantez de su inteligencia. Casi de inmediato lo asocié con: Mendel el de los libros (2023), aquella figura creada por Stefan Zweig que parecía vivir únicamente para los libros. Eh ahí a Édgar, el de los libros, el de Señal Editora. Se acercó el librero el de la figura delgada, me invitó a ver el contenido de aquella sala. Encontré autores que enamoran, no sabía cuál ejemplar coger. Me brindaron café y agua, acepté. Édgar, el de los libros, me dijo cerca al oído: es todo un reflujo de filosofía y literatura. Acentué con la cabeza. No sé cómo ese brujo se dio cuenta inicial de mi pensar sobre la librería de contenido en Derecho. Con una sonrisa socarrona Sigifredo lo ha cambiado, no fue fácil de convencerme, yo lo estaba esperando, porque era necesario darle más vida a la librería. Volvió a sonreír como si fuera el guasón.

     Su interés por la cultura recubierta de lectura, lo ubica en otro lugar entre los irreverentes, un círculo para unos pocos, Édgar, se creó así mismo. Mientras que a Jakob Mendel lo crea Zweig. Mendel vive a través de libros en el Café Gluck en Viena, mientras que el irreverente de Édgar lo hace entre sus libros y autores en su Señal Editora en Medellín. Pareciera que entre estos dos personajes existiese una conexión desde los libros. Vivieron hechos, acciones y actos similares. A Mendel le tocó vivir la primera guerra mundial, a Édgar el de la Señal Editora vivió entre el conflicto colombiano, por ejemplo, la violencia ejercida por el Pablo Escobar, me narró un poco esa historia que le tocó vivir.

     Libé un poco de café, lo sentí quemado, mi seño me delató, Édgar el de los libros notó la situación, se acercó y me dijo: un regusto amargo en los labios. El regusto de la fugacidad (2023), de nuevo volvió a Mendel. Lo conoce muy bien, le dije, las dos frases que acaba de recitar son de Zweig. Su respuesta fue una risa leve disimulada como si fuera un secreto, algo oculto, pero astuto en su respuesta. Discurrí un poco y deduje, el de Señal Editora es un librero o papelero excéntrico jubilado en su labor profesional, pero no para la lectura, jodido el viejo. Supongo que se afianza y se obsesiona por los libros, en la misma mesa tomando café como si fuera Jakob Mendel, pero si es Édgar Tobón el de Señal Editora. No sé si lo conocí a tiempo, o demasiado tarde, para tomar café y conversar largos ratos a su lado juntos con sus amigos lectores. No sé si es demasiado tarde. Es un ser grato, cautivante y entretenido por todo ese baúl de textos que lleva dentro de su cabeza, inolvidable. Desde hoy hará parte de mi ventrículo y aurícula de mi lado izquierdo, aun sabiendo que soy anarquista.

     Él Mendel de Tobón, en su hablar pareciera que narrara a lo Zweig, en un tiempo demasiado corto me dijo tantas cosas, entre más hablaba, más apetecía que continuara. Sentí deseo de decirle, soy lector de Zweig, tal vez así me liberaba un poco de su presión de librero culto. En cada palabra que escuchaba sonaba el Himno a la alegríaporque cada movimiento labial representa la hermandad que se reúne en Señal Editora, gracias a la crítica que veía tras de sus espejuelos a la sociedad política colombiana. Siempre que compartía con sus amigos lectores, poetas, escritores, literatos, filósofos, cuerdos, médicos, ingenieros, abogados, sociólogos, filósofos, locos, el vendedor de aguacate, el del agua y todos los anormales a lo foucaultiano. Fue y era feliz porque buscaba la felicidad entre los libros y su librería ante las adversidades. Es un librero que aún está aquí entre nosotros, nos dirá: sigan amando los libros y las plumas de los autores, es una opción de fuga como lo considera Deleuze. Sin él, se siente un vacío profundo, total, las paredes parecen cantil esperando el momento de la partida y desaparición del café literario que tanto tiempo lo acompañó.

     Dio un corto giro, soltó otra expresión de Mendel, el de los libros: Todo lo que es único resulta día a día más valioso en un mundo como el nuestro (2023). Sabía que estaba buscando algo dentro de su cabeza. Su habilidad y destreza era notable, sentí interés en saber con qué iba a continuar, a lo mejor convertiría a su librero Sigifredo en un personaje de la obra jamás pensada por él. Noté de inmediato en su mirada toda una biblioteca de Alejandría acompañada de una memoria de simetrías bíblicas. Dijo, si es del autor que usted mencionó. Descanse en mi propia alma. Recurrí a mi memoria y le contesté:

Precisamente yo, que sé muy bien, sin embargo, que los libros no se hacen sino para unir a las personas más allá de la muerte y así defendernos contra los adversarios más implacables de toda vida: la evanescencia y el olvido (Zweig, 2023).      

Sonrió, acaba usted de citar a Zweig, sí, le contesté. Tienes una memoria muy clara, le dije, no como la suya que es prodigiosa. Me dijo, la obra citada acomete con una sutileza las tristezas y la ternura con una crueldad como si fuera su memoria en la tierra del olvido. Lo que me dijo sonó melodioso, muy caribeño. No dejó que le contestará. Sólo me dijo, un gusto conocerlo colega, esta es su casa”, en la mesa lo esperaban sus amigos comensales y lectores: Francia su hermana, Santiago, John, Marlon, Oscar y su respetado librero Sigifredo. Di la vuelta, me despedí y salí de ese lugar. Sentí una obligación ético-moral de volver, aunque el café esté más amargo de lo normal o algo abrasado.  

     A través de los libros nació una amistad breve; creo que no alcanzó los dos años. Volví un día cualquiera. Me vio entrar a su refugio llamado Señal Editora. Extendió su mano:

Colega, gusto verlo de nuevo.

Gracias respondí. Vengo a cancelar los libros que me llevé la última vez.

—“esta es su casa”; tome lo que guste.

     Me senté a su lado. Tomé café aguado; esta vez había mejorado su sabor. Sin embargo, noté que algo no estaba bien en él. La tristeza se le escapaba en el rostro.

Le dije:

La calle se ve nostálgica y agrisada.

Me miró y respondió:

Colega, la calle está como mi alma: iguales.

Entonces le contesté:

Los dos poseen un valor irrepetible.

Guardó silencio unos segundos y añadió:

Sí… acompañados por este silencio que se aferra a mi voz, sin querer gritar, para poder respirar más tranquilo.

 Padezco ahora la melancolía de Alfonsina, pero sin el mar. A veces hasta los sueños son prohibidos así son las calles le dije.

     Argumentaba entre palabras desgarradoras, untadas de transeúntes apagados por el hambre; un aire caliginoso desolaba lo más sombrío de quienes vagan en esta vida ya atormentada, viendo pasar, una y otra vez, dolor tras dolor.

     Y tanta riqueza acumulada en el Estado de la iglesia llamada Vaticano, allí en medio de falsaciones y oraciones dejando que poco a poco desaparezca toda una vida llamada Palestina. Bendito sea la iglesia y su fe escabrosa toda una vénula convertida en una estraperla.  

     Sus palabras me golpearon con fuerza. Me despedí de forma inesperada. Antes de irme, soltó una frase más de Mendel: Allí perdura, oculta en lo invisible como el clavo en la madera, una parte de mi propio yo, hace tiempo soterrado (2023).  Una vez más me dijo que aquel era su espacio: su vida, su legado, su mausoleo; un refugio entre libros habitados por poetas, locos, visitantes, lectores y otros fantasmas cotidianos.

     Deseé no volver más al espacio velado del culto librero Édgar, el de los libros. Había algo en él que no lograba descifrar; recurría siempre al mismo libro para responderme. Me trataba con respeto y admiración. Le gustaba escucharme hablar de mis autores preferidos.

Al menos usted tiene dónde escapar de la morriña que nos atrapa le dije. Una sonrisa apenas visible se le escapó. Miré lentamente aquel lugar llamado Señal Editora. Había algo en ese espacio: mágico, brujesco, enigmático, oculto e indescifrable. Sentí entonces la necesidad de descubrir cuál era el secreto de aquella villa repleta de ejemplares, colores, autores, misticismos y hechiceros.

     Los fragmentos que citaba abrían un firmamento profundo, cuidadosamente tejido, como si emergieran de una figura homérica y mítica, igual a aquella librería que protegía con fervor: su refugio, su otra vida, su línea secreta de fuga. Que pronto desaparecerá al igual que su memoria literaria y jurídica.  

     La librería era otra dimensión suspendida en medio de la anchura de la ciudad; un territorio dispuesto para el desahogo literario entre lentos sorbos de café y agua.

Quienes llegaban allí parecían custodios de una memoria secreta: lectores, poetas, errantes y conversadores que habitaban los estantes como si fueran prolongaciones de sí mismos. Entre ellos permanecían Édgar y Mendel, los de los libros. Si Mendel encarnó la figura irrepetible del hombre consumido por los libros, Édgar ha sido también prodigioso: por la lucidez de su pensamiento y por esa mirada amplia con la que contemplaba el mundo y a Colombia.

     Todos los libros vivían en su cabeza, como también vivía allí el país entero. En sus palabras respiraban tragedias, derrotas y viejos acontecimientos. Era un mago y un chamán de los libros; conocía las pócimas exactas para leer y apaciguar la sed amarga que dejan los días. No evitaba el dolor, pero enseñaba a convivir con las huellas que cada lectura deposita en el alma. Sólo entiende esas cicatrices quien ha probado las crónicas invisibles de la calle: las que nunca escribió el poeta perdido entre humo, licor y melancolía, cargando un dolor que únicamente reconoce quien ha sido atravesado por él. Cómo había podido olvidarme, a él, el mago, el corredor de libros que, imperturbable, se sentaba allí día tras día, de la mañana a la noche. Símbolo del conocimiento. ¡Gloria y honra del café Gluck! (2023). Ese personaje era Édgar el de Señal Editora.

     Dejé de ir por un buen tiempo, mientras degustaba de los escritos, relatos, pasajes en las obras que adquirí en la línea de fuga de Édgar en su Señal Editora. Era un día nublado, triste, un día prisionero, atrapado por la melancolía apagada por la bruma de los sonidos de los buses y los pasos desolante de personajes sombríos por la lluvia que se dejaba caer en mis hombros. Caminaba por los bordillos de la calle para evitar la miaja fría del caer de la tarde. Miré hacia arriba, pasaba en esos momentos por otra librería: El Acontista.

     Fue el momento apropiado para un café gratis en medio de libros. Entré, fui recibido con algazara por otro librero gentil conocido en el mundo de los libros como Rigo cariñosamente. Rigoberto, es un notable personaje, se denota su delgadez proporcionada, ligera con soltura en sus movimientos, sin querer transmitir apariencia fina y sutil. Se acompaña con un vestir negro apropiado para su labor libresca, de espejuelos acorde a su fisonomía espigada en su altura grácil.

     Sin decir mucho, trajo café y agua.

Siéntese… ¿Supo lo del doctor Édgar Tobón?

—¿El de Señal Editora?

     No pude distinguir qué sabía más amargo: el café o el agua. La muerte golpeó de frente a los libros, a los libreros, a los lectores, a los poetas, a los locos, ingenieros, médicos, filósofos, abogados a los amigos, a su hermana y a todos los que alguna vez hallamos refugio en aquel lugar, incluso a quienes bebíamos café gratis mientras escuchábamos hablar del mundo a través de la voz del librero culto.

     Sin perderme entre el tiempo y la tarde, regresé a aquel lugar que tantas intrigas había sembrado en mí. Entonces la vi. Al notar mi presencia, se levantó despacio de su asiento. Era Francia. Había en ella una tristeza silenciosa, como si el calor de su hermano hubiese abandonado para siempre aquel recinto. Aun así, permanecía firme, sostenida por la serenidad que él dejó en las paredes, resistente frente al dolor que despedaza las felicidades construidas lentamente con los años.

     Ella sabía que nunca volvería a su refugio, a su línea de fuga, a aquella Señal Editora donde todavía respiraban sus pasos. La enciclopedia había partido. El catálogo universal sobre dos piernas (2023) se había marchado definitivamente.

     Y fue entonces cuando el silencio irrumpió con un estruendo imposible de contener.

     Nos abrazamos en un dolor ya compartido. No encontré palabras. Todo quedó entregado a la tristeza interminable de su ausencia. Su oficio fue notable, pero prudente y sustancioso en su cenit que nunca declinó. Entre sus amigos le escuche decir una frase más de Zweig: la tierra era de todos. Todo el mundo iba adonde quería y permanecía allí el tiempo que quería. No existían permisos ni autorizaciones (Zweig, 2002). Fue un caminante entre los libros y los tiempos, un loco por los libros y sus sabidurías. Trajeron café y agua, esta vez el café no le sentí sabor alguno, un poco amarescente tal vez. Se detuvo el tiempo, me senté, apoye mi mentón con la mano derecha, gire y vi entre algunas flores su imagen, acompañado de una simulada vela muy tenue con deseos con irse con él. Creo que la calle lloró su ausencia, ahora que no estás aquí, la esquina a perdido su giro a hacia la izquierda que tanto le criticaron por su postura política incluyendo sus cercanos ADN. ¿Acaso tener una posición tranquila económicamente implica siempre caminar por la calle y girar a la derecha? Eso lo distinguió de los demás, no por defecto o error, por principio y afecto: el Poderoso y amar su lado izquierdo, en su Señal Editora, todos cabían, espacio suficiente, tan inmenso como el universo. Siempre en aquel lugar habitaba alguien con quien conversar. Has volado con tus libros, tu poderoso y tu lado izquierdo.

      Fueron 43 años entre palabras, poesía, filosofía, medicina, literatura y justicia, vividos en el fervor de las tertulias. Qué vacío deja su ausencia, qué honda la pérdida. Ya no volverán a escucharse, en su librería, aquellas conversaciones interminables de mil días nacidas de su denuedo. Llegará el tiempo en que nadie lo recuerde, tal como ocurrió con aquel personaje de Stefan Zweig.

     Como ocurrió con Jacob Mendel, el espacio de la memoria y la cultura termina sometido a la lógica del dinero. El café fue vendido a un usurero incapaz de comprender la historia contenida en aquel lugar. Así también desaparecerán el alma y el espíritu de Édgar, librero y bibliófilo culto, cuya presencia singular terminará diluyéndose en el anonimato. Porque por encima de su memoria están los intereses comerciales y la economía.

     Con su partida estoy seguro que se extraviaron el tiempo y los libros, mas no su memoria entre quienes habitamos el refugio de Tobón Uribe. La calle está vacía, despojada del cariño de la doble vía. Él sabía mejor que nadie que quien da y nunca recibe, un día se cansa. Sin embargo, él siempre recibió el afecto de todos aquellos que habitamos su espacio sideral y literario; y nosotros, a su vez, recibimos del librero culto su cariño, envuelto en su voz tranquila y reposada. Sabía bien mejor que nosotros que quien posee mucho y no lo cuida puede perderlo cualquier día, él nos cuidó, y nosotros cuidamos de él, no nos perdimos.

     Nunca nos dijiste que algún día te irías, pero te has ido. Cruzaste la puerta de la otra dimensión y, con tu partida, algo en nosotros también se fue; aunque también es cierto que algo de ti se quedó para siempre. Al cerrarse las puertas de tu Señal Editora, emergerán las sombras que algún día habitaste y que tú mismo creaste. Se quebraron los sueños que a tu lado se forjaron, y apareció el vacío que dejaste tras tu ausencia. Solo nos queda recordarte. Quisiéramos detener el tiempo para volver a los momentos que junto a ti construimos. ¿Cómo pedirle al tiempo que regreses? ¿Cómo pedirle a la vida que vuelvas? ¿Cómo pedirle al destino que permanezcas junto a nosotros?

     Te has ido hace poco tiempo y ya nos haces falta; te extrañamos. Hoy te has marchado y, con tu partida, algo en nosotros también se fue. Quisiéramos volver a encontrar tus manos extendidas, escuchar de nuevo tu voz decir: Esta es su casa, mientras servías café y agua con esa generosidad silenciosa que hacía de tu presencia un refugio para todos.  

     Hoy has partido, y nos duele tu adiós. Es como si el sol se apagara y su calle desapareciera al pasar de una página a otra. Te has ido, y todavía no comprendemos cómo ni en qué instante comenzó tu ausencia. Cuando termines de cruzar la puerta de la otra dimensión, solo nos quedarán los recuerdos. Con ellos aprenderemos a sobrevivir, como sombras que avanzan en la penumbra entre la fragancia de los libros del ayer, esos mismos libros que hoy ya no estarán. Quedarán suspendidas las preguntas, junto a las respuestas que nunca llegaron.

     Una herida que no existe y, sin embargo, está. El tiempo ya no se detendrá; nos duele tu adiós. Te extraviarás en el tiempo del óbito junto a Sócrates, Lucrecio, Baruch Spinoza, Friedrich Nietzsche, Michel Foucault, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Stefan Zweig, Marcel Proust, Albert Camus, Fiódor Dostoievski, Alejo Carpentier, John Rawls y tantos otros. Te imaginamos sentado junto a Jakob Mendel, compartiendo un café tan amargo y delicioso como la vida, con el poderoso Medellín latiendo a tu lado izquierdo y creyente del cambio político, para algunos un defecto de tuyo, que irrespeto.  

     Nosotros, desde esta orilla del tiempo, seguiremos diciéndote: Esta es tu casa. Señal Editora, la tierra que era de todos (2002), cerrará sus puertas el 31 de mayo de 2026. Después solo quedará una voz sin oyentes, un eco golpeando las paredes, los libros y los cuadros también el suyo, como si todavía se negara a aceptar el olvido. Édgar Tobón Uribe te has ido como la figura del guardián de libros y las memorias con un tono elegíaco dejaste una cadencia más lenta y reflexiva, muy acorde con tú voz, todo un conjunto de textos y vidas que venías construyendoAdiós a todos…—Adiós Señal Editora    

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Referencias Bibliográficas

 

Zweig, S. (2007). La mujer y el paisaje. Barcelona. Acantilado.

Zweig, S. (2023). Mendel, el de los libros. España. Editorial Alma.

Zweig, S. (2002). El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Barcelona. Acantilado.      

 

EL LEGADO DEL OPROBIO / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

EL LEGADO DEL OPROBIO

 

Darío Ruiz Gómez

 

Miro hacia realidad del país y tengo la sensación amarga de que estoy ante algo que ya he vivido porque las diarias noticias de sangrientos ataques guerrilleros se suceden con una despiadada frecuencia y porque tengo la impresión, repito, de haberlo vivido antes. Lo que no alcanzo a detectar porque la desinformación es absoluta es por qué mientras el Presidente balbucea incongruencias, la violencia emana de su figura. Ya que las nuevas estrategias en los atentados, en el asesinato incontenible de líderes sociales,  se metamorfosea a través de los medios de comunicación, con la manipulación del deporte, con la desinformación sobre los hechos violentos y sobre todo con el ocultamiento de quienes manejan los hilos de estas estrategias. Tiene uno la impresión de que el régimen madurista de oprobio contra el ser humano se estuviera trasladando hacia nuestro territorio, infiltrándose aún más en nuestras instituciones, mostrando que la frontera con Venezuela no es un dique contra la delincuencia sino la prolongación de ésta. ¿Dónde están no dejo de repetir los 110.000 desplazados del Catatumbo? Es imposible que todos ellos hayan sido desaparecidos lo que certificaría que en Colombia se han venido utilizando técnicas de desaparición forzosa que solamente utilizaron los comunistas en la Unión Soviética, en la China de Mao o en el México actual. ¿Cuál es la utilización que se le está dando a la zona Fronteriza que Petro había destinado al intercambio comercial y social? En una democracia la transparencia sobre los territorios permite verificar la localización de cada ciudadano, de cada comunidad. El transporte tiene sentido cuando asegura el regreso de quien lo utiliza, la normalidad en la llegada. Y agregaría que tiene sentido cuando da seguridad al eterno viajero. ¿No es este el verdadero significado de lo que eufemísticamente llaman seguridad?

 

          Para construir en Colombia los territorios de la libertad una de las tareas fue acabar con los asaltantes de caminos, recordar la soberanía de la carretera como uno de los derechos a ser humano. En estos años del gobierno Petro lo primero que se hizo fue despojar a las carreteras y a las regiones de estos derechos concediendo licencia a los asaltantes recurriendo a lemas mentirosos como la recuperación de los territorios para las etnias cuando lo que importa para las organizaciones transnacionales es la coca, el oro, el coltán explotadas para beneficio de la economía global del terrorismo tal como lo ha hecho siempre el ELN. La pregunta al Gobierno se hace urgente cuando el caso de la trama de corrupción de Zapatero está desvelando las ramificaciones de una red de poderosos como China trasladando desde Venezuela petróleo, oro, níquel. ¿A dónde van las toneladas de oro de Calarcá, Colmillo, Gaitanistas, ¿toneladas sacadas hacia Dubai o China y de las cuales se lucran poderosos que apenas vamos conociendo? El enfrentamiento entre fuerzas de Calarcá y Colmillo con más de sesenta muertos nos comprueba la existencia de territorios donde la Democracia ya no existe y por lo tanto no cuenta el voto electoral. ¿Qué oculta el acuerdo por el cual China va a encargarse del modelo de nuestra agricultura o sea del problema agrario? Recordemos el avance de la presencia china en Venezuela. Queda claro entonces que la tarea de recuperar la democracia no es solamente enfrentando al petrismo, un rótulo electorero, sino a la más poderosa organización terrorista mundial, ya que desde el primer día de gobierno y convertidos en  Organización criminal los funcionarios del M19 se entregaron sin miramiento alguno al pillaje del presupuesto nacional. La Guajira es la más triste evidencia, con su miseria de las mentiras del petrismo. La guerra como espectáculo es el desafío que el ELN, Calarcá y Colmillo le hacen a un nuevo gobierno.

 

EL LINCHAMIENTO DE SEBASTIAN VILLA / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksińsk


EL LINCHAMIENTO DE SEBASTIAN VILLA

Darío Ruiz Gómez

 

La Defensora del Pueblo ha levantado su voz para vetar a Sebastián Villa al señalar que su presencia en el Mundial de Fútbol “sería una ofensa a la mujer colombiana”.  Eleva entonces la Defensora a Sebastián Villa a la categoría de enfermo sexual peligroso.  Recordemos a un país sin memoria que hay reclutadores encargados de llevarle a los cabecillas de los grupos violentos niños y niñas para que sean violados. A Úsuga se las exhibía para que las escogiera. Sobre el alarmante aumento de la prostitución infantil en Cúcuta, la Defensora del Pueblo ni se ha pronunciado ni ha demostrado interés alguno en salvar sus vidas, en tratar de que Colombia no siga siendo ante el mundo civilizado la sociedad  bárbara que es.  Feminismo como ideología para ocultar el hecho de que 110.000 personas fueron desplazados por el ELN y las Disidencias y que cientos de niños están en peligro de ser violentados sexualmente.  La persecución contra Villa es de larga data ya que el caso de su primera esposa se solucionó enfrentando a un  Colectivo de Abogados asesorados por unas ideologizadas feministas, a Villa, sin embargo  se le continuó persiguiendo en Colombia  a pesar de ser desde entonces hasta hoy uno de los más brillantes  jugadores de la Liga Argentina. Esta es la razón por la cual Lorenzo ha tenido que llamarlo a la Selección. Villa ante los medios de comunicación argentinos no figura como el monstruo sexual que algunos comentaristas colombianos   están tratando de presentar. En una sociedad degradada se busca siempre un chivo expiatorio para que sobre él caigan todas las culpas y pecados mientras se exime a los verdaderos delincuentes de sus fechorías.

René Girard analizó ampliamente el significado de violencia del chivo expiatorio en la sociedad actual. José Antonio Vélez ha dicho que no conoce la absolución de Villa por parte de la justicia argentina, pero lo condena. Y lo hace como si diariamente no leyera los periódicos deportivos argentinos. Y el señor Hernández Bonet con un pésimo chiste dice: “ ¿Y si lo nombran Gestor de Paz para que quede libre de pecado y pueda ser convocado a la Selección”? y otro folclórico opinador dice que “no lo quiero ver cantando el Himno Nacional” Yo vi a un comentarista  de un canal capitalino “mostrar la manera como supuestamente Villa apretaba sus manos sobre el cuello de las mujeres que atacaba. ¿Ha puesto sobre el tapete alguno de estos inesperados inquisidores la podredumbre de cierta dirigencia, las afugias de las muchachas de la Liga Femenina?  Villa es absolutamente superior a los jugadores colombianos que juegan en Argentina. Su problema es que no se gasta grandes sumas en el mantenimiento de su imagen, en colaboradores de medios. Este es pues, debo decirlo,  un linchamiento mediático, la condena a destierro o muerte civil de un ciudadano a quien se ha condenado sin un juicio previo. El Tribunal Criminal de Lomas de Zamora absolvió a Sebastián Villa “por no hallar pruebas suficientes luego de que la denunciante manifestara desinterés y no ratificara los hechos en el juicio oral” El linchamiento constituye una brutal ofensa a la humanidad directamente condenada por la justicia universal.  Recordemos  una vez más con Karl Kraus  que cuando una sociedad  se desliza hacia el abismo  moral es el lenguaje del periodismo y de los  periodistas  lo primero que se degrada  P.D.  El planeado alboroto frente a la casa del Dr. Uribe responde a lo que Pablo Iglesias Concejero del gobierno Petro,  llama escraches  - gritos, injurias-  necesarios según él para protestar contra altas personalidades de la Derecha. Otras estrategias del extinto “Podemos” son las del autoatentado que comenzó a ponerse en marcha por el cepedismo.