jueves, 23 de abril de 2026

ESCULTOR RODRIGO ARENAS BETANCOURT –VILLA NEY, SU VIUDA, SUS MUJERES, SUS CASAS, Y SU OBRA– Orlando Ramírez-Casas (Orcasas), entrevistador;

 


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ESCULTOR RODRIGO ARENAS BETANCOURT

–VILLA NEY, SU VIUDA, SUS MUJERES,

SUS CASAS, Y SU OBRA–

 

Orlando Ramírez-Casas (Orcasas),

entrevistador 


 

Agradecimiento

 

Agradezco al amigo Víctor Bustamante Cañas por aceptar la propuesta de unirnos en esta entrevista a María Elena Quintero viuda de Arenas Betancourt; y los dos agradecemos a ella por concedérnosla.

 

Precisión geográfica

 

Para iniciar, debemos tener presente que la zona donde nació el maestro Arenas se conoce en Fredonia como la “zona alta”, en el noreste del municipio, de la que hacen parte las veredas Travesías, El Plan, La Toscana, y El Uvital, con separaciones no siempre claras (como decir un camino carreteable o una cañada divisoria) y para reconocerlas hay que ser oriundo de allá o ser viejo habitante de la zona. Saber esto nos permite entender lo del nacimiento del escultor que pasaba de los brazos de su madre a los de su abuela por caminos interveredales, y viceversa.

 

Dice María Elena, su viuda, que:

 

“A la casa donde nació en El Uvital me llevó a vivir, y me consiguió un puesto de maestra de escuela rural para tenerme ocupada mientras él se dedicaba a sus muchas labores. Allá vivimos, pero no es la que muestran con algunas obras de él en un video que hicieron sobre ese municipio”.

 

En El Uvital vivió los primeros años de la niñez, y de allí son sus primeros recuerdos.

 

Cuando su viuda María Elena Quintero de Arenas Betancourt nació en el año de 1950, él era un hombre de 31 años que llevaba seis años viviendo en México.

 

La ciudadanía mexicana de Rodrigo Arenas

 

Gabriel García Márquez era reportero del periódico El Espectador, y no tenía reconocimiento mundial, cuando hizo un reportaje al escultor fredonita que estaba hospedado de paso en el Hotel San Francisco de Bogotá, reportaje publicado en febrero de 1955 y reproducido en el libro “Crónicas y reportajes”, que es una compilación de varios trabajos de Gabo para ese periódico en sus inicios reporteriles. Empieza la entrevista con la siguiente anécdota contada por Arenas Betancourt en la página 59 del citado libro de Gabo:

 

“En 1953 un grupo de artistas de México visitó en comisión al presidente Adolfo Ruiz Cortines, y uno de ellos vestía un polvoriento y gastado overol. Entre el grupo de pintores y escultores, el pequeño y sólido visitante del overol parecía el más mexicano de todos, un indio puro, con su cabello indómito y su indescifrable rostro de cobre. Sin embargo, ese era el único de los comisionados que no había nacido en México, sino en la fracción rural de El Uvital en el departamento colombiano de Antioquia. Muy pocos compatriotas suyos sabían entonces que se llamaba Rodrigo Arenas Betancourt, y acaso ninguno lo admiraba tanto como el presidente Ruiz Cortines que se había pasado una tarde completa contemplando el monumental “Prometeo” de siete metros de altura que el sencillo colombiano del overol había levantado frente a la Torre de las Ciencias Exactas, en Ciudad de México”.

 

De esa comisión hacían parte todos o casi todos los grandes muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, la pintora Frida Kahlo, y otros; y ser invitado a unirse de último momento, sin dar tiempo de cambiar las ropas de trabajo, fue un honor debido a que el presidente Ruiz Cortines había preguntado por qué él no estaba allí. Tuvieron que suplir rápidamente ese reclamo y enviar a buscarlo.

 

Sorprendido el presidente Ruiz Cortines de que Arenas no fuera mexicano, tomó la decisión de concederle la ciudadanía de ese país, por considerar que bien la merecía.

 

Lo que Gabo no sabía en el momento de la entrevista, y para ese momento Arenas no podía revelar al periódico porque el proyecto era confidencial, el escultor había firmado apenas un par de semanas antes un contrato por $300.000 para elaborar la escultura del Bolívar Desnudo de Pereira, con el que la municipalidad pensaba celebrar en el mes de agosto de 1963 el centenario de su fundación. La escultura de bronce, de once toneladas de peso, fue fundida en México y transportada en barco desde el puerto de Acapulco hasta el de Buenaventura por el Océano Pacífico. En su momento fue un escándalo, porque a Bolívar el pueblo lo imaginaba vestido con botas y casaca militar de charreteras, ignorando que al transponer el Páramo de Pisba el Libertador andaba en cotizas y no tenía camisa de repuesto, por lo que debía poner a secar la que se quitaba en el día a día. Por cierto que Bolívar transpuso ese páramo a lomo de mula y no en el caballo Palomo. Para atravesar páramos, los caballos no tienen la resistencia de las mulas.

 

 

Arenas Betancourt, el escultor

 

Para ser sinceros, no es fácil hablar de un tema sobre el que se diría que ya se ha dicho todo, pero teníamos que abordar por algún lado la tarea.

 

Después de superar su humilde origen campesino del Uvital, y de haber pasado por varias escuelas de primaria, y hasta fugazmente por una beca en el Seminario de Misiones de Yarumal, de donde no tuvieron necesidad de echarlo porque él mismo lio bártulos y se escapó, lo que le valió una reprimenda de la madre y una azotaina del padre que ya se soñaban con un hijo cura, Arenas llegó para ir a estudiar bellas artes en Bogotá, de 1939 a 1941, donde casualmente conoció al escritor Jorge Zalamea Borda. Regresó a Medellín con habilidades escultóricas reconocidas por un pequeño pero importante puñado de amigos, que contaba con Belisario Betancur Cuartas, Otto Morales Benítez, Jaime Sanín Echeverri, Hernán Merino Puerta, y otros. Estos conformaron un grupo denominado PRAB (Pro o para Rodrigo Arenas Betancourt), seudónimo con el que publicaron artículos de prensa cuyos emolumentos constituyeron en un fondo para patrocinar y becar a este prometedor y desconocido escultor con un viaje a México para que estudiara Bellas Artes en ese país, al que viajó con un par de recomendaciones del ya para entonces exembajador de Colombia en México Jorge Zalamea Borda, que lo había sido por los años de 1941 y 1942. Arenas llegó a Ciudad de México en marzo de 1944, y ese país era su meca artística por encontrarse allí los grandes muralistas mencionados, que se convirtieron en amigos suyos; pero no fue fácil elevarse a su nivel porque, como dijo García Márquez, antes “tuvo que pasar por todo” lo habido y por haber, o como decimos por estos lados “comer de las verdes y de las maduras”.

 

Las casas de Arenas Betancourt

 

Hay que anotar que la casa donde nació, paupérrima y humildísima, no dejó en él ningún recuerdo; y muy humilde y pobre era también la de la abuela materna que vivía en la vecindad, ambas construcciones se ven muy deterioradas por el tiempo en un video del canal local Tele Fredonia.

 

Dice su viuda que:

 

“Vi ese video, pero la casa que muestran como museo no es la misma donde vivimos cuando mi hija Elena María estaba de brazos. Por cierto que la obras que muestran allí como regaladas por Margarita, su hermana menor, que en este momento está muy anciana y con la memoria perdida, fueron sacadas sin mi permiso de la casa de Belén Granada. Uno no puede regalar lo que no es de uno, y hay un litigio jurídico de restitución patrimonial al respecto. Creo que debido a ese litigio la pretendida casa museo de Fredonia ya está cerrada, hasta que el juzgado emita su fallo”.

 

Al regresar Arenas a Colombia, en la década de los años sesenta, compró una casa en la calle 29 con carrera 72 del barrio Belén Granada de Medellín, y se trajo de Fredonia a sus tres hermanas mujeres: Elvia, Mariela, y Margarita. Las dos primeras murieron, y queda Margarita de avanzada edad y con la memoria perdida. Ocasionalmente las visitaba su tía Rosa que a lo último estaba también de edad avanzada y viajaba en compañía de Oscar Ossa, el joven que la cuidaba. Los últimos dos meses, con su salud ya muy precaria, los pasó la tía allí, y allí murió. Ossa se quedó viviendo con la tía Margarita, y no se sabe cómo tramitaron con una abogada la venta de esa casa. Ese es otro elemento patrimonial que se encuentra en litigio, a la espera de que los jueces determinen la validez de la operación que concluyó en el traspaso de esa casa. Dos litigios hay pendientes por cuenta de Ossa y sus asociados.

 

Los otros hermanos de la familia paterna en Fredonia, varones, fueron Alfonso, José de Jesús, y Diego. Alfonso y José de Jesús, casados, vivían aparte. Diego venía ocasionalmente a Medellín, y se quedaba en casa de sus hermanas, pero regresaba a Fredonia en donde tenía sus actividades.

 

Al visitar el “Hoyo de Misiá Rafaela” en el sector de La Toma en el barrio Buenos Aires, donde al decir de García Márquez el escultor vivió por corto periodo en sus primeros tiempos de estudiante de Bellas Artes en Medellín, no se identifica cuál fue ese lugar de residencia.

 

Vivió lapsos en París, Grecia, Italia, en casas y hoteles que no quedaron marcados para su historia; y seguramente vivió también en varios sitios más.

 

No hubo una casa donde viviera con la escultora mexicana Celia Calderón de la Barca Olvera, su primera esposa, porque ella lo visitaba en el taller del convento de San Diego en la ciudad de México, y se casaron en notaría ad portas de ella viajar a Londres. David Alfaro Siqueiros fue el testigo o padrino de bodas. Ella fue la que propuso matrimonio, “para tener al menos un doliente en este país”.

 

Ángel Rodrigo Arenas Betancourt nació, según su decir, en la Vereda El Uvital de Fredonia, Antioquia, el 23 de octubre de 1919 (y no de 1921, como dicen algunos), y para saber la fecha exacta hay que tirar una moneda al aire porque nació con un pie en el jueves 23 y otro en el viernes 24, debido a que los trabajos de parto empezaron antes de la medianoche, y él nació al empezar la madrugada. El 23 quedó como fecha oficial de nacimiento.

 

Celia, nacida el 10 de febrero de 1921, era apenas un año largo menor que Arenas, nacido el 23 de octubre de 1919.

 

Para cuando ella regresó a México, era vox populi en los entornos de Arenas que para olvidar a su maestro el pintor Julio Castellanos ella había viajado en pos del amor de su vida, el escultor británico Henry Moore, pero él no la recibió porque estaba casado con la pintora ucraniana Irina Radetsky. Celia volvió de Londres, desdeñada y decepcionada, pero se encontró con que Arenas ya estaba viviendo con Lydia Rosas, la mexicana que convirtió en su segunda esposa.

 

Estando Arenas en Medellín el 9 de octubre de 1969, y teniendo con María Elena a su primera hija Elena María, recibió una llamada telefónica del fotógrafo Guillermo Angulo desde México con una contundente noticia que lo dejó anonadado:

 

–     “Celia se suicidó”.

 

Arenas y Celia no tuvieron hijos.

 

Cuando Celia volvió de Londres a México, Arenas estaba viviendo en Axotla con Lydia Rosas Rodríguez, su segunda esposa. Tuvieron tres hijos: José Patricio, Rita Virginia, y Margarita. Vivieron en esa que convirtió en casa taller, y hay allí muchos cuadros y dibujos, pero no hay esculturas de formato pequeño porque Arenas al pelearse con Lydia se trajo para Colombia las obras de volumen que tenía en el taller y, naturalmente, allá solo quedaron las obras monumentales instaladas en lugares públicos de ese país. Lydia Rosas falleció cinco años después de haber fallecido Rodrigo Arenas y, fallecida la madre, la casa de Axotla es conservada con sentido patrimonial por los hijos de la familia mexicana de Arenas.

 

Cuando contrajo su tercer matrimonio, en Medellín, con la poeta María Elena Quintero de Arenas Betancourt, adquirió la propiedad campestre de Villa Ney en la vereda El Cano, que queda a cincuenta metros de la carretera vieja a la entrada urbana del municipio, limitando con la vereda La Tablaza del municipio de La Estrella. A pesar de la cercanía con la cabecera municipal, el predio era y sigue siendo campestre, pero los alrededores se van poblando cada vez más de casas y edificios.

 

Los matrimonios de Arenas Betancourt

 

Estuvo casado con tres mujeres: la primera fue Celia Calderón de la Barca Olvera, que lo dejó viudo y sin hijos, a quien describe diciendo que era:

 

“Una mujer india, cruel, déspota, extraña, áspera, dura, inflexible, que no perdonaba ni transigía… y sólo algunas veces, muy pocas, tenía inflexiones de ternura”.

 

En el libro Crónicas piensa en ella y le hace el reclamo:

 

“Desde aquella mañana en que te encerraste en tu nauseabundo salón de clases de pintura en la Academia de San Carlos, te pusiste la pistola en la sien, jalaste del gatillo, y te volaste los sesos…”.

 

¿Cuál pudo ser el encanto de esta mujer, para que Rodrigo Arenas se prendara incondicionalmente de ella? Él así lo describe en el libro Crónicas:

 

“Era bella, con esa cierta belleza ambigua de algunas indígenas mayas, y con un ligero dejo de masculinidad. Se le notaba ese acento masculino en su actitud desafiante ante la vida, y en esa cierta prevención a no dejarse dominar, y aún en la energía física que desplegaba por momentos. Ahora pienso que no era mujer para ser compañera, y menos para ser esposa. A pesar de todo, yo la amé como un loco furioso, como un enajenado… Puedo decir, aún a costa de que mancille su recuerdo, que era una mujer sensible a los juegos eróticos. Su piel sedosa y morena se estremecía al tacto. Besaba con una voracidad e intensidad que enajenaba…”.

 

No se diga más. De una mujer así es difícil escapar, y el corazón de Arenas no la pudo borrar.

 

La segunda, Lydia Rosas Rodríguez, que le dio los tres hijos mencionados y de la que se separó para viajar a Colombia cuando su relación se había deteriorado por causa de lo que llaman “incompatibilidad de caracteres”. Sobrevivió cinco años a la muerte del escultor.

 

Y, la tercera, fue María Elena Quintero de Arenas Betancourt, con la que tuvo los dos hijos ya mencionados, y a la que él dejó viuda por dejarse arrastrar por los brazos de la muerte.

 

Otras mujeres en la vida de Arenas Betancourt

 

Las mujeres que pasaron por su vida fueron muchas y de todos los pelambres. Mujeres no le faltaron, pero él empezó su vida amorosa con el pie izquierdo sufriendo los horrores de una decepción sentimental. Cuenta él a la Dra. María Cristina Laverde en la página 59 del libro “Rodrigo Arenas Betancourt, el sueño de la libertad, pasos de una vida en la muerte” que:

 

“Analizar el amor es cruel… absolutamente irracional, fatalidad e irremediabilidad que no acepta raciocinio… Es como un toro que se suelta a chocarse contra todo… El amor se consustancia con mi existir. Desde los primeros recuerdos, siempre he sido tímido. Con frecuencia el amor platónico me ronda. A los catorce años me enamoré frenéticamente de la hija del juez en Fredonia. Jamás le dije una palabra porque le tenía un miedo de horror. En el amor he sido imbécil e irracional, y así moriré”.

 

El juez pertenece a la élite aristocrática de un municipio, y una hija suya no se conforma con alguien que sea menos que hijo del boticario. Un campesino venido a la cabecera desde una remota vereda, con el capote pegado a los talones, no califica para pretendiente suyo. El campesino que fue rechazado sin haber abierto la boca se refugió en brazos de una jericoana non sancta, según cuenta él en el libro de la Dra. Laverde.

 

Arenas menciona en la página 213 del libro “Los pasos del condenado”, de su autoría, a la mexicana Mariana Yampolsky, “Que fue un amor blanco de juventud”, y eso tal vez signifique que fue solamente un amor platónico. Menciona en la página 217 del mismo libro:

 

“A Esperanza, que iba de pueblo en pueblo vendiendo suspiros de azúcar para traer al condenado con su oscura carga de afecto”.

 

El condenado es el seudónimo con el que él se autonombra. Luego menciona a Ofelia, y a Lucía, y a Germana… En la página 151 menciona que el “Prometeo” en México lo hizo amparado bajo el arrullo de Constanza Herrera, la andrógina chica que también menciona en la página 11 de su libro “Crónicas de la errancia, del amor y de la muerte”; y en la página 151 de “Los pasos del condenado” habla de que el “Monumento a los Lanceros” del Pantano de Vargas en Paipa, Boyacá, lo hizo a martillazos endulzados por las caricias de Margarita… la Margarita que reafirma en la página 160 de ese libro diciendo que fue:

 

“…Fue un amor casto y era una mujer hermosa, de extracción campesina, que se desenvolvía con una cierta rigidez en el contexto social, lo que le daba una especial personalidad, un aire hermoso que atraía”.

 

Dice ese libro que Arenas:

 

“La encontró trabajando en Coltejer, cuando fundía en bronce en los talleres de Furesa el Córdova de Rionegro, y después el de los Lanceros que se fundió en Medellín y fue trasladado a Boyacá”.

 

Dice él en las páginas 165 y 166 de “Los pasos del condenado” que:

 

“Una mañana brumosa partió… hubiera querido ir al aeropuerto y detenerla… en la distancia sonó el avión y él estaba petrificado… en él iba Margarita… a ella le dolía el corazón y quería morirse”.

 

En entrevista al periódico El Tiempo puso la pieza que faltaba en el rompecabezas: Su nombre era Margarita Muriel. Algo se rompió entre ellos en el momento en que por alguna razón ella no pudo darle el hijo que él quería, pero fueron cosas del destino que en la vida del maestro se apareciera María Elena Quintero, a quien vinimos a entrevistar en la casa taller de Villa Ney donde él vivió sus últimos días “porque aquí vivíamos. Él iba a Fredonia a pagar trabajadores, y teníamos lo de Fredonia como casa campestre, de recreo”.

 

En su libro “Pasos del condenado”, Arenas recuerda a Eunice, una mujer bella que conoció en algún burdel de Medellín y que, disgustada, se fue a vivir a Tailandia a ganarse la vida con el sudor de sus sudores. Un día metió ella sus ahorros entre el corpiño y vino a buscarlo para proponerle matrimonio. Lo encontró en la vereda El Uvital de Fredonia, casado con María Elena que ya tenía a su hija Elena María de brazos y, frustrada y decepcionada, Eunice volvió al Asia o “a algún lugar del mundo” para seguir haciendo lo que mejor sabía hacer, o tal vez lo único.

 

En el artículo “Rodrigo Arenas Betancourt, ave fénix que resurgió de su secuestro”, publicado en el blog Postigo de Orcasas, hago el siguiente recuento sobre otras mujeres que pasaron por la vida del escultor:

 

Como el hombre no vive solo por amor al arte, ni vive solo del arte, ni vive solo del amor; en sus viajes por el mundo Arenas no solo se dedicó a visitar museos y lugares históricos, en aquellos días en que no había asentado cabeza, sino aquellos lugares del sexo que no es amor sino sólo amor al sexo. Así lo dice en la página 59 de “Pasos del condenado”:

 

“Sólo he podido escanciar la vida en los inciertos rostros y cuerpos de las muchachas que, como sombras, esperan a los fantasmas bajo los dinteles destartalados de México, Washington, París, Roma, Atenas, Sevilla, El Cairo, Barcelona, Mérida, Manzanillo, Fredonia, Cochabamba, El Pireo (¡Ah, El Pireo!)…”.

 

Cuando se trata de recorrer el mundo, hay que conocer el mundo para volverse un hombre de mundo. De sus recorridos recuerda en la página 81 de “Pasos del condenado” que:

 

“Fui feliz persiguiendo a una negra maorí desnuda por las calles de Saint Denis de París, mientras las gentes gritaban divertidas la negrés, la negrés, la negrés…”.

 

La maorí de brillante piel de ébano, a la que sorprendió esculcándole los bolsillos y rapándole la billetera con sus únicos haberes, fue una experiencia como para que se hiciera con ella una película.

 

También recuerda en la página 85 del mismo libro otros escarceos…

 

“…Con María Eunice Agudelo Puerta, que estará en alguna parte del mundo exhalando su lácteo aroma y por ese camino, por las anfructuosidades deliciosas de su cuerpo, el condenado se va hasta su amarga-hermosa-ardorosa-emputecida-juvenhombretud”, pensando que “Antes de que me maten, sueño con el coñito de María Eunice, sueño con la juventud, mi juventud maldita, y también en Fredonia, entre malparidos… el tormento de recordar aquellos días floridos y sombríos, asumidos en el pueblo, que estaban cargados de esperanzas, remordimientos y frustraciones”.

 

Con María Eunice Agudelo Puerta da inicio en la página 9 de su libro “Crónicas de la errancia, del amor, y de la muerte”, citándola como una “mujer mancillada y luminosa, que encontré sollozando en una casa pública y nocturna…”. El secreto de María Eunice era, según cuenta en la página 51:

 

“…La tierra, la montaña abierta, las manos que imploran en la noche, los ojos que son como mares de lágrimas… y un sexo insaciable e hirsuto”.

 

Ahí está el secreto de Eunice.

 

Y en la página 116 de “Pasos del condenado” recordó a Ofelia, cuyo nombre se hizo tatuar en la tetilla izquierda, el frustrado amor que le hizo un nudo de lágrimas en la garganta con sus desdenes. Y recuerda en la página 90 de ese libro a “La Gitana” de sus días de putañero cuando era un montañero que buscaba la zona de la putería, junto con “La Jericoana” a la que fue empujado por el zapatero que le dijo, según dice en la página 118 de “Pasos del condenado”, que “Tú le gustas a la jericoana”.

 

Esa frase tiene más magia que cualquier afrodisiaco.

 

En la página 12 de “Crónicas de la errancia, del amor, y de la muerte” menciona a Ana Magdalena Armel de Carvalho, y se reconoce como:

 

“El desdichado peregrino que sembró en tu alma, en tus pechos, en tu sexo, el signo del amor; y así me lo dijiste una noche cargada de blasfemias. Intento escribirte para recordarte y para amarte, mujer de Sopetrán, mujer estéril, amarga, agridulce, mía y ajena, casta y puta, de amor rencoroso, abierta como una herida y sellada como un misterio…”.

 

De Esperanza Olivares Santana, india de Zacoaltipán, dice en la página 13 de esas crónicas que:

 

“Su figura escuálida se me viene a la memoria con los bancos de la escuela, el patio de recreo, la estampa rechoncha del maestro…”.

 

De ella vuelve a decir en la página 28 del mismo libro que:

 

“…Era una criada del vecindario que me cayó con necesidad de marido y nos liamos luego, luego; y al fin, como yo no tenía nada que ganar, pero tampoco que perder, me fui a vivir con ella a las calles de El Nogal, cerca de San Cosme… Era una vieja puta, inocente, enamorada, y cachonda, que venía de Zacoaltipan en el estado de Hidalgo. India de a tiro, con su personalidad madura y agradable, vivía en aquella vecindad con el hermano y sus cuñados, y tenía un muchacho de algunos años que de ninguna manera impedía nuestros desfogues. Era una mujer valiente que había salido de su tierra con dificultades, acosada por el hambre y por los pretendientes. Hacía bien de comer, y yo me divertía consumiendo el pescado frito con fríjoles y el plátano maduro cocido que hacía. Dentro de aquella miseria de espanto pasé unos días felices y tranquilos porque todo me daba igual y todo estaba todavía por delante. Es muy claro y confuso a la vez el cómo perdí a Esperanza Olivares. Muy claro, porque sabía de sus infamias y fui testigo de sus infidelidades y de sus desmanes de prostituta; y muy confuso porque a su lado fui feliz. En los peores momentos de mi destierro, ella me enseñó los misterios de la vida, los mimos, las súplicas, las caricias, los celos, y el lecho tibio. A su lado sufrí mucho, y fui infinitamente feliz”.

 

Y en la página 13 de Crónicas recuerda a una mujer que:

 

“Ni siquiera he conocido tu nombre, pero ceñí a tu vida mi ansiedad de bestia alucinada; y, de rodillas, besé tu sexo, oscuro paraíso, bosque encantado, origen de mi cosmogonía; mujer de ojos garzos sobre la piel morena: Amo en ti a la tierra profanada…”.

 

Muchas otras menciona en las páginas de sus libros, con sus nombres, con sus iniciales, con simples referencias de su paso fugaz pero imborrable, y juntas todas se convierten en los fantasmas que lo atosigaron en los días del secuestro que sufrió cuando ya había doblado muchas páginas en su vida y para contarlas, para escribirlas, para publicarlas, pidió a su amigo Dr. Otto Morales Benítez que, según dice en la página 24 de Crónicas que:

 

“No sé si puedas encontrar editor y tampoco sé si estos apuntes lleguen a mortificar oídos inocentes, pero te ruego que te defiendas con ellos así como están, sin hacerles recortes o mutaciones mojigatas”.

 

El borrador que envió a su amigo Morales Benítez tal vez no pasó el escrutinio de la censura editorial porque no llegó a ser publicado.

 

Casa taller campestre de Villa Ney en Caldas-La Estrella

 

Esta casa la compró en la vereda El Cano, sobre la antigua vía que conduce de Medellín al municipio de Caldas, y en las goteras de la zona urbana de este municipio. Allí llevó a vivir a su tercera esposa, María Elena Quintero, y a sus dos hijos Rodrigo José y Elena María. Allí vive su viuda, convertida en guardiana del patrimonio artístico y cultural, legado por el artista, lo que le supone ingentes gastos de sostenimiento que incluyen mayordomo permanente encargado de oficios varios y armado con escopeta, y varios perros guardianes. “No puedo prescindir de ellos”, nos dice María Elena, “porque al menor descuido en el día o en la noche se entran los ladrones y desmantelan lo que quedó”. Ya ha sido víctima de robos y sustracciones, y en su caso habla la voz de la experiencia.

 

Esta casa campestre, llamada Villa Ney en recuerdo del Mariscal Michel Ney, del ejército de Napoleón Bonaparte, cuya entrada se aparta menos de un centenar de metros de la vía de llegada a Caldas, está resguardada del exterior por un amplio portón con la jaula de los perros en primer lugar a mano derecha, y el alojamiento de Edison, el mayordomo, a continuación que “entré a trabajar con el maestro y con doña María Elena desde que era casi un niño”.

 

Al centro está la casa antigua de corredores que alberga a los ocupantes con sus estancias de habitaciones, sala, comedor, cuartos de baño, y demás recintos necesarios para la comodidad de los ocupantes; y con el taller artístico en que trabajaba el maestro en la parte de atrás. Rodeando la casa, en los alrededores, hay dispuestas esculturas de distintos tamaños y de las distintas temáticas trabajadas por él, amén de maquetas, proyectos, esculturas pequeñas, dibujos, bocetos, cuadros. Hay una pequeña biblioteca, y hay también fotografías. Al fondo se ve un hangar y María Elena aclara que “ese es el automóvil de mi hija que está al lado de las habitaciones ocupadas por ella y por mi nieto Miguel Ángel”. El joven, que ya pasó los años de la adolescencia, se acercó a darnos la bienvenida y ofrecernos alguna atención. Está acostumbrado a que su abuela reciba visitantes.

 

–     ¿Conociste a tu abuelo Rodrigo?, le preguntamos.

 

–     Nací cuando él tenía diez años de muerto, pero habiéndome criado en esta casa donde su presencia se siente en todas partes, en las paredes, en el jardín, en las pinturas y esculturas, y oyendo permanentemente hablar de él, es como si me hubiera cargado en los brazos. Yo he vivido, y vivo, con él.

 

María Elena, la abuela, afirma:

 

–     Aunque mi hijo y su familia también pasan a saludarnos, mi hija y mi nieto son mi apoyo y compañía, porque de lo contrario entre estas paredes se sentiría una soledad abrumadora; pero lo que dice mi nieto es cierto. La presencia de Arenas se siente aquí por todos lados, y nosotros vivimos con la misión de preservar su legado y su memoria.

 

–     Y, ¿No estás ya cansada, María Elena, de entrevistas para hablar sobre el maestro?

 

–     ¿Sabes que no, querido? Estas entrevistas no cansan porque contribuyen a mantener viva la memoria de un artista inmenso que me dio el orgullo de compartir nuestra vida y procrear a nuestros dos hijos.

 

–     Sobre sus matrimonios y sus mujeres él habla en los libros y, al parecer, no deja nada en el aire. Todo está dicho. Pero no sé si alguna vez haya hablado contigo sobre esos asuntos.

 

–     Muy poco, por no decir casi nada. Esos temas no son cómodos de tratar en una pareja. Yo no desconocía sus escarceos, pero prefería mantener una distancia, por dignidad que él también respetaba. El mundo era el mundo, y el hogar era el hogar.

 

–     Las parejas matrimoniales se tienen apodos de trato en la intimidad. En el caso de ustedes, ¿Cómo se trataban?

 

–     Él me decía “Gorda”, y yo a él le decía simplemente Arenas, por lo general, o también le decía “Maestranza”, reconociéndole su calidad de maestro.

 

–     ¿Maestranza? Tal vez te sentías intimidada por el maestro.

 

–     Con los años de larga convivencia e intimidad las distancias tal vez no se borren del todo, pero las personas se acercan. Sin embargo, un aspecto de él para resaltar es que en nuestras conversaciones salía a relucir el maestro y siempre estaba explicándome alguna cosa de la mitología griega, o de la romana, o de la historia universal. Mi vida con él fue un continuo aprendizaje.

 

–     Las obras monumentales del maestro son suficientemente conocidas, como el Prometeo de la Universidad UNAM de México; el de la Universidad de Antioquia; el Monumento a la vida en Suramericana de Seguros de Medellín; el Monumento a la raza en La Alpujarra de Medellín; La Gaitana en Neiva; Los Lanceros en Boyacá; Bolívar Desnudo en Pereira; el Córdova de Rionegro; el Cristo de la Catedral de Barranquilla; La revolución en marcha de Valledupar; y tantas obras de gran tamaño regadas por la geografía nacional. Están las obras privadas, y las de pequeño formato. Están las pinturas. Está la temática indígena mexicana. Están los estudios sobre Bolívar. están los Cristos. Un amplio inventario es el que trae el libro de la Dra. María Cristina Laverde en sus últimas páginas. ¿Cuáles son tus preferidas?

 

–     Su obra es un todo, y es monumental; pero, en lo personal, me siento atraída por las esculturas de la serie Los Amantes, y por la serie de Los Flautistas. En las primeras, el amor está apenas insinuado, y en las segundas la flauta física no aparece sino que está también insinuada por la posición de las manos, de la boca, y de los dedos que parecen estar tocando unas teclas. Pero hay otra faceta de la producción de Arenas que no es tan conocida, y es su faceta de escritor. Él fue un gran escritor, y yo soy admiradora de sus libros y de sus escritos.

 

–     Hay unas que yo llamo “las esculturas misteriosas” de Rodrigo Arenas. Se sabe que son de él, pero no han corrido con la mejor de las suertes. Una es, por ejemplo, la que no sé si es del grupo denominado “Los amantes”, que vi en un quiosco frente al atrio de la iglesia catedral del municipio de Caldas. Me dicen que alguna vez tuvo placa identificándola e identificando el nombre del escultor, pero esa placa desapareció y hasta el momento ninguna otra placa ha venido a reemplazarla. Los que pasan por su lado la ven sin saber de qué se trata.

 

–     Estuve hablando con los funcionarios de la Casa de la Cultura, y me dijeron que la están buscando en las bodegas para regresarla a su lugar.

 

–     Hay otra titulada “La familia”, que consiste en un hombre desnudo que sostiene a una mujer desnuda que sostiene a un niño desnudo. Iba a ser instalada en el municipio de Fredonia, pero por razones que ignoro no se pudo. Fue adquirida por Pablo Escobar Gaviria para el frontis del edificio Mónaco, pero el edificio fue impactado por una bomba y luego fue demolido. Para saber el paradero de la estatua hay que preguntar al Mono de la Pila o enviar para que “Lo averigüe Vargas”, en Bogotá. La última vez la vieron en los sótanos del Museo de Antioquia en calidad de préstamo o custodia por parte de la Policía, pero esta institución la retiró de allí y no se sabe adónde fue a parar.

 

–     De esa no sé. Espero que la encuentren y le den un tratamiento por su valor artístico y no por los antecedentes de su propietario.

 

–     Hay un desnudo de John Lennon, que fue adquirido por Carlos Lehder Rivas para su hotel La Posada Alemana en el Eje Cafetero, pero tras la deportación de Lehder a Estados Unidos, y la venida a menos de sus propiedades en los departamentos del Viejo Caldas, la escultura desapareció y fue a dar al paraíso de las cosas perdidas. ¿Has vuelto a saber sobre ellas?

 

–     Sí. La familia de Lehder se enteró de que pensaban convertir la escultura en chatarra, y la escondió para preservarla. Ahora, que Lehder ha regresado, entiendo que la han devuelto a la entrada de ese establecimiento en la ciudad de Armenia.

 

–     ¿Por qué Arenas resolvió volver a Colombia y radicarse acá, si en México tenía una carrera apreciada, una nacionalidad, un hogar con hijos?

 

–     Había tenido un disgusto fuerte con su mujer de allá, y las relaciones entre ellos andaban muy mal, mientras que en Colombia las perspectivas de trabajo se habían ampliado con lo del Bolívar Desnudo de Pereira, seguido por el Córdova de Rionegro y Los Lanceros de Boyacá. Colombia se volvió un lugar de muchos contratos y eso ameritó que se instalara de nuevo por estos lados.

 

–     Naturalmente. Eso es entendible para la década de los sesenta. Luego llegaron los años setenta y apareciste tú. Eso tuvo que cambiar totalmente el proyecto de vida del maestro.

 

–     Sí, lo cambió. Enamorarnos y tener una vida juntos marcó unas nuevas prioridades para él.

 

–     Él no trabajó como asalariado, y por lo tanto no cotizó para pensión de vejez. ¿Cómo llevas tu vida en ese sentido?

 

–     En lo económico lo que nos descompensó fue el secuestro por parte de las Farc. Ellos pensaban que él tenía guardados debajo del colchón los dineros recibidos por las obras instaladas en los distintos lugares, pero la realidad es que a medida que se iban recibiendo los anticipos se iban gastando. Una obra de esas demanda muchos gastos desde la preparación hasta la entrega. Dinero no había, y hubo que hacer maromas para recabar lo que a ellos se les entregó para que lo devolvieran vivo. Lo devolvieron, pero él no volvió a ser el mismo. Yo dependo de las obras patrimoniales que dejó, y ocasionalmente logra venderse alguna copia de formato pequeño para colecciones particulares. No es mucho, pero unido al trabajo de mis hijos hemos podido sobrellevarla hasta el momento.

 

–     ¿Por qué dices que él no volvió a ser el mismo?

 

–     Porque emocionalmente ese secuestro lo derrumbó. Hasta ese día él era simpatizante de izquierda, y recibir el ataque de parte de ellos removió sus cimientos políticos. Porque sentirse atado, literalmente, de brazos y piernas, con los ojos vendados, maltratado sicológicamente, lo hizo sentir impotente, y saber lo que le estaban haciendo a su familia, a nosotros, lo hizo sentir ira. Llegó deprimido, y no se recuperó de la depresión. Se refugió en el licor, y el licor le alteró el genio. La convivencia con él se volvió difícil, y la armonía de pareja se vino al piso. Las cosas para mí tampoco eran fáciles, y para mí la vida tampoco volvió a ser lo mismo. Luego descubrieron lo de su cáncer, y el declive se aceleró. Es posible que el cáncer se hubiera despertado, o por lo menos se hubiera agravado, como consecuencia de ese secuestro. El libro “Los pasos del condenado” es una bitácora de lo que sufrió.

 

–     Hace mucho tuviste la idea de conformar en Villa Ney o en otra ciudad una casa museo para preservar el legado artístico del maestro, y estableciste una fundación con ese propósito, ¿Qué ha pasado para que tal cosa no haya ocurrido hasta el momento? ¿Hay posibilidad de concretar ese sueño que ha pasado a ser tu proyecto de vida?

 

–     Un proyecto de esos es de mucha envergadura que demanda ingentes cantidades de dinero no solo para montarlo sino para sostenerlo. Bien dices que una cosa así se convierte en un proyecto de vida. Hemos tenido algunos contactos con alcaldes y gobernadores de Antioquia y Risaralda, pero hasta el momento no han prosperado. Se requiere de presupuesto, y se requiere de voluntad política. Cada cuatro años cambian las personas que están al frente y eso significa que hay que empezar de nuevo con las gestiones. Además está de por medio lo de los litigios jurídicos que requieren una solución que no depende de nosotros sino de la Justicia. Reunir el patrimonio artístico del maestro es un rompecabezas de innumerables piezas. Todavía no parece haber lo que llaman “la luz al final del túnel”.

 

–     Bueno, y está también lo que hay en México y lo de la familia mexicana. Eso también cuenta.

 

–     Aunque lo que hay allá es más que todo pinturas, sí hay que tener en cuenta los derechos de los tres hijos mexicanos que también son herederos. Una vez solucionado lo de los litigios jurídicos, hay que entrar a levantar una sucesión en la que la Justicia determine qué corresponde a cada quién, y los herederos nos pongamos de acuerdo en lo de la preservación del legado artístico. En esto tenemos que acordar, porque de lo contrario el juez daría a unos unas cosas y a otros otras, vendría lo de la valoración, y vendría lo de tener que rematar cosas para repartir dineros. Son varias etapas, y falta un trecho por recorrer en ese sentido.

 

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

Abril 15 de 2026

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Bibliografía

 

1 “Arenas Betancourt, un realista más allá del tiempo” (MAT), Benjamín Villegas Editores, 1986. Cuatro textos de Rodrigo Arenas Betancourt con fotografías de sus obras y prólogo del Dr. Otto Morales Benítez.

 

https://villegaseditores.com/arenas-betancourt-cronologia-del-artista-y-su-obra

 

2 “Los pasos del Condenado” (PDC), Rodrigo Arenas Betancourt, Arango Editores, 1988.

 

3 “Crónicas de la errancia, del amor, y de la muerte” (CEAM), Rodrigo Arenas Betancourt, OP Gráficas Ltda., 1990, con prólogo de Harold Alvarado Tenorio.

 

4 “Rodrigo Arenas Betancourt, el sueño de la libertad, pasos de una vida en la muerte” (PVM), María Cristina Laverde Toscano, Fundación Universidad Central de Bogotá, 2ª edición 1989, prólogo del Dr. Jorge Enrique Molina Mariño.

 

 





sábado, 11 de abril de 2026

Sede de Adpostal en La Playa / Víctor Bustamante

 

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Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Adpostal (117)
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… Sede de Adpostal en La Playa

… Víctor Bustamante

… No se puede caminar Medellín sin sentir algo así como una saudade que desemboca en malestar y luego en una melancolía teñida de cierta exasperación; en este caso, por La Playa, que ya ha dejado de ser respetada para convertirse en la continuación de la desidia y símil del deterioro del resto del Centro, que avanza lento sin que a nadie le interese; es decir, verlo convertido en una suerte de territorio de nadie, de relegamiento que, a pesar de las buenas pero magras intenciones de quienes lo administran, pasan de largo, mirando y elaborando catálogos de una ciudad que nunca han vivido ni les ha interesado.

… Nunca como hoy ha ocurrido en Medellín tanta adversidad, tanto desalojo y tanta falta de cuidado con su historia, que es el fundamento que la enriquece. Este lugar llamado, como una falacia de archivo, “Centro histórico”, administrado como fachada desvaída, al ser denominado así muestra su verdadera significación: el abandono y la desprotección, a pesar de que en los legajos de patrimonio se afirme lo contrario.

… Por ese motivo, cada que caminamos Medellín nos da la impresión de que habitamos una ciudad dudosa e indescifrable, inasequible y menesterosa, que huye de nosotros —digo, de los transeúntes, no de la rapacería burocrática—, lo cual contrasta con cierta tonalidad oscura. A pesar de estos desalojos, de este descuido y de estos abandonos, perduran en Medellín espacios nunca temporales que están tatuados, que ennoblecen su historia; espacios que no se interrogan, que poco a poco se desvanecen hasta llegar al deterioro total. Y es entonces cuando llegan los bárbaros, disfrazados de progreso, con sus piquetas; entonces ocurre lo que sabemos: desaparecen las personas, la topografía, los nombres, las circunstancias, y la historia cotidiana es despojada de ellos.

… De modo que es una sorpresa —y casi una revelación— cuando hallamos este lugar: la oficina de Adpostal, ahí en La Playa, calle 51 # 43-75, con la circunstancia de estar incluida en la lista de patrimonio, cuando su caída ha sido lenta, tácita, irreversible y oscura. Esta caída alude a lo que ahora es el relegado e inusitado servicio de correo que se ofreció en Medellín, notorio en las postales de principios del siglo XX, hasta la pérdida de la correspondencia en toda su febrilidad en estos tiempos, con la irrupción de WhatsApp, con sus emoticones y su lenguaje vanidoso, fatuo, superfluo y ocasional, y sin huellas.

… Aquí estoy frente a la realidad, hoy, 6 de abril de 2026, lejos de la ficción de los catálogos de patrimonio, frente a la fachada de lo que fueron las oficinas de Adpostal. En el segundo piso, el anuncio con letras azules de la Corporación Universitaria Americana; y en ese mismo nivel, un par de cafeterías: Cosechas y Del Pastel. Enseguida, a la derecha, la reja que conduce hacia el pasadizo por donde entraron tantas tulas cargadas con paquetes y cartas, y por donde salían los carteros a repartir la correspondencia.

… En la década del 70, La Playa era calmada, casi sin tráfico, con una serenidad que alentaba a respirar, caminar y sentir Medellín. Ya La Playa ha perdido todo ese hálito fresco y se ha convertido en una calle cualquiera, donde el barullo es el signo que la define; sus fachadas, visualmente gratas, han terminado pareciéndose a las de cualquier calle.

… Casi en el cruce con Girardot, unos músicos callejeros ejercen su derecho a la música; desde acá, al frente de lo que fue Adpostal, escucho esa canción que Joe Arroyo no fue capaz de cantar en Expo-Sevilla: No le pegue a la negra. Al frente, en unas sillas metálicas con mesa a bordo, tomo un tinto con Orlando Ramírez, otras veces con Nicolás Monsalve, mientras filmo esta fachada por donde pasan transeúntes y transeúntes hacia cualquier lugar, sin sospechar que ahí se desvanece una historia que poco se ha contado.

… Desde esta oficina, entre 1963 y 2006, entraron y salieron de la ciudad diversas cantidades de impresos, revistas y cartas para que la ciudad no se mantuviera aislada, no solo en los negocios sino en la parte intelectual, para que mantuviera su pulso con el resto del país y del mundo, evitando el aislamiento. Ese contacto lejano y continuo permitía la llegada de cierta frescura de ideas, las críticas en ambas direcciones, así como una relación que mantenía un tráfico vital, único, perseverante.

… Este inmueble aparece catalogado en el Plan de Ordenamiento Territorial de 1999, en el Acuerdo 48 de 2014 (Gaceta Oficial, año XXI, n.º 4267, 17 de diciembre de 2014) y, en 2021, en el Registro de Bienes de Interés Cultural (BIC) – Inmuebles del Municipio de Medellín.

… En el Inventario del Patrimonio Urbanístico y Arquitectónico del Valle de Aburrá (Área Metropolitana, Medellín, 1999), se añaden estas observaciones, que dan idea de la pobreza conceptual, íngrima y deleznable sobre este rubro:

… Descripción general:

… Ubicada en lote medianero en el costado sur de la Avenida La Playa, vía de gran representatividad en el centro de Medellín. Esta casa es una buena muestra de la arquitectura moderna doméstica, siendo ejemplo de una época en la ciudad. El volumen cerrado de la edificación se evidencia en el manejo del material y la dimensión de los vanos sobre fachada. Está conformada por tres niveles, incluyendo el sótano, y tiene dos patios internos. Su fachada principal, ubicada sobre la Avenida La Playa, presenta en el segundo nivel un balcón continuo, cubierto por una gran losa que hace las veces de cubierta y terraza interior. El acabado es en ladrillo. El acceso a la vivienda se presenta a través de un callejón interior privado, protegido por una reja, hacia el cual abre la puerta principal.

… La distribución interior se desarrolla en “E” alrededor de dos patios. Su uso actual es de oficinas.

… Factores físicos de deterioro:

… La edificación presenta deterioro debido a las intervenciones que se le han realizado y que han afectado la estructura original de la casa.

… Pautas:

… Este inmueble se rige por los criterios del Decreto Municipal 721 de 1991 (Res. 123/1991), por el cual se adopta el inventario de las edificaciones de valor patrimonial pertenecientes a la Comuna 10 del municipio de Medellín y se reglamenta el artículo 5 del acuerdo de 1991. Los niveles de conservación determinan el rango de intervención que en ellos podrá hacerse en relación con los valores históricos, urbanísticos, arquitectónicos y culturales que posean. Según el Decreto, se considera este inmueble como de Conservación Externa (nivel 3): respeto y conservación de la fachada externa original y su volumetría, que determinan un perfil urbano y poseen calidad arquitectónica para la ciudad.

… Esta síntesis, elaborada sin ninguna sensatez, da idea del poco cuidado con la riqueza histórica de la ciudad, dando la sensación de que fue realizada sin rigor: sin planos, sin el nombre del arquitecto, sin una nota ampliada del uso, sin fotografías interiores y exteriores que den una idea exacta de la edificación. Y, como es notorio, una cosa es la letra y otra la realidad en lo que respecta a la Conservación Externa (nivel 3).

… La importancia máxima de este lugar se debe a que allí funcionó, desde 1967, la Administración Postal Nacional, un instituto descentralizado creado en 1963, dedicado básicamente a la prestación del servicio postal en todo el país. La parte del correo aéreo la prestaba en asocio con Avianca. De acuerdo con datos estadísticos, Colombia tenía 4.800 municipios e inspecciones de policía; Adpostal solo cubría 1.600 de estos sitios. Además, era deficiente la red de transporte, lo que constituía un obstáculo para la entrega postal.

… En esos años se entregaban pocas cartas, pero se alentaba a que las personas escribieran más para que el correo se activara. Así, las administraciones promocionaban la utilización más continua del correo por parte del público. Otro de los problemas que padecía el correo era la competencia ilegal del “correo fantasma”, de contrabando, ejercido por determinadas empresas particulares. El Decreto 1418 de 1945 establecía el monopolio del Estado en el caso de los correos, y a quien violara esta normativa se le aplicaba una multa de 500 pesos; sin embargo, esto se pasaba por alto por esas empresas que empezarían a crear sus servicios de correo, como Courrier Internacional, DHL Internacional, Mex Sander y Paquetes Viajeros.

… También existía un problema con la prestación de servicios, y es lo que se citaba como el uso desbordado de la lengua para sellar el correo, por lo cual era imperiosa la modernización; asimismo, utilizar una máquina porteadora para mejorar el proceso y no “industrializar” tanto la lengua para pegar estampillas.

… En 1967, la situación del correo nacional parecía un círculo vicioso. Existía una sola máquina en el servicio de la Administración Postal, la llamada canceladora de sellos, es decir, la que ubica la certificación de recibo (fecha, hora y lugar de llegada a Bogotá). La correspondencia era en promedio de sesenta mil piezas, y salían de Bogotá hacia otras ciudades o regiones unas trescientas mil. En ocasiones, estas cartas eran selladas a mano por empleados de las oficinas postales.

… La utilización del correo era muy precaria: por persona, apenas ocho cartas por año, cuando en países de mayor desarrollo las cifras podían ser de cuatrocientas cartas por persona. Además, era necesaria la construcción y dotación de obras fundamentales para el mejoramiento del servicio; una de ellas, la construcción de centrales de clasificación en Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga.

… Para mecanizar el sistema y agilizarlo, se implementarían bandas transportadoras que reemplazarían el sistema manual de clasificación, que consistía en tirar a pulso las piezas en bandejas. Posteriormente, el equipo de bandas complementaría los sistemas electrónicos mediante los cuales la correspondencia se clasificaría por características magnéticas; también se tecnificaría el reparto. Las ciudades se dividieron en zonas y estas en sectores, con base en la necesidad de agilizar la distribución. Las dependencias se fueron estableciendo para el expendio de estampillas. Así, se buscaba llegar a los rincones más apartados del país. Adpostal crecía: su planta era de dos mil empleados en el país.

… Desde 1973, el emprendimiento paisa para internacionalizar a Medellín fue notorio para estar a tono con la época, ya que fueron detectados en las oficinas de Adpostal diversos sobres de manila utilizados para enviar hasta 200 gramos de cocaína a distintas partes del mundo. La droga se empacaba herméticamente en sobres de polietileno y se pagaba el envío con una estampilla de 36 pesos; estos sobres eran llevados al correo por damas elegantes, modelos contratadas para la ocasión.

… En 1978, Adpostal puso en circulación una emisión filatélica conmemorativa de los Octavos Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Medellín el 7 de julio; la emisión constaba de estampillas para el correo nacional en las que figuraba el considerado único icono, el arriero paisa.

… Además de estas incidencias desde la fundación del servicio, la vida e historia del correo no ha sido contada. Existía un cartero curioso que llegó a ser muy valorado en la ciudad: no llamaba dos veces, sino que, cuando detectaba cartas de contenido amargo —cobros o lanzamientos judiciales—, demoraba varios días en entregarlas; eso sí, pasaba por la casa de los destinatarios, les avisaba de las malas noticias y los aconsejaba que resolvieran esos problemas lo más pronto posible. Luego de unos días, les entregaba las cartas. En cambio, las cartas de amor, aromatizadas o con sobres de colores llamativos o dibujos, las entregaba de inmediato, porque decía que el corazón merece las mejores noticias.

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¿ACCIDENTE O SABOTAJE? / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

¿ACCIDENTE O SABOTAJE?

 Darío Ruiz Gómez

 

Perder la vida en un accidente vial, en un accidente casero, al pisar un cable de alta tensión no es lo mismo que morir en un atentado terrorista. La práctica del terrorismo por parte del ELN y las FARC es ya en una práctica del horror que no me cansaré de repetirlo en lugar de ser severamente castigada  ha sido banalizada por nuestra justicia. Desde el comienzo del Gobierno Petro el objetivo “revolucionario” de desmantelar las Fuerzas Armadas se inició ante la mirada indiferente de los distintos medios de comunicación. Nadie protestó cuando se dio de alta a más de sesenta altos oficiales en especial a los llamados troperos, esa oficialidad que en lugar de permanecer en las oficinas acompaña a sus soldados en cada misión. Y esta estrategia se hizo evidente en el momento en que por falta de mantenimiento, helicópteros y aviones destinados a combatir las bandas de narcotraficantes debieron quedarse en tierra como consecuencia de un radical recorte del presupuesto de las Fuerzas Armadas. Es cuando las plataformas rusas desde Venezuela intensificaron la tarea de imponer su relato, confundiendo a la opinión pública. Recordemos al “Homo Sacer” de Agamben o sea el ser humano excluido y por lo tanto objeto de un crimen que no tendrá sanción alguna. ¿No ha sido ésta la misión de la JEP? ¿Cuál fue el ministro que detuvo la operación de rescate del Cañón del Micay?

El hecho histórico con el cual no llegaron a contar fue el del derrumbe del madurismo y con este derrumbe el de sus los objetivos de “planificación del territorio común de la Patria Bolivariana”. Pero también nadie contó con el deterioro mental cada vez más pronunciado de Petro, mezcla de balbuceo incoherente y de inaudita vulgaridad. La pregunta es lógica: ¿Quién sino Cepeda y el PCC gobiernan a Colombia? Ante la tragedia del Hércules y la muerte de setenta soldados su trino fue una infamia: “Claro, el Imperio nos dio una chatarra” ya que en su postración moral lo que habla en él es su ideología y no un sentimiento humano. El sabotaje hacia las Fuerza Aérea está demostrado con la muerte de ochenta militares en los dos últimos años en catorce accidentes aéreos que nunca han sido investigados y cuyo encadenamiento ningún observador se ha detenido a considerar. Sincrónicamente a la caída del Hércules, Mordisco con un atentado y el asesinato semanal de un policía le recordó a la oronda Vicepresidenta de Cepeda que sigue siendo dueño de  la Panamericana. No hablemos entonces de un accidente casual si no de una calculada bomba de tiempo en esta horrible tragedia. Decir chatarra es un sofisma de distracción para impedir que otras conjeturas sean planteadas: ¿Quién es el dueño de este territorio? Como lo señaló el Alcalde de Puerto Leguizamo hablamos de una pista en tierra de apenas doscientos metros, de un aeropuerto dotado con lo básico, de un hospital con un escaso servicio médico, de la inexistencia de montañas y de un avión sin la vigilancia debida ya que el aeropuerto no tiene cerramiento. Las técnicas de sabotaje por parte de una organización criminal están apuntaladas por sus especialistas más consumados en hacer que un atentado no parezca un atentado. Es claro entonces que se está tratando de encubrir a los verdaderos responsables de ella cuyos nombres sabemos de antemano.


OLVIDOS INTERESADOS / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

OLVIDOS INTERESADOS

Darío Ruiz Gómez

 

Lo que de modo lamentable han olvidado los asesores de Iván Cepeda es que para lanzarse a la Presidencia necesita de un lenguaje democrático, del relato, para él desconocido desde su infancia, de que existen los valores de la democracia, el de la libertad por encima de todo, el del individuo frente al rebaño, el de la condena de toda forma de violencia contra quienes no piensen como los totalitaristas, el de la condena de la llamada lucha armada para hacerse al dominio del poder e instaurar en su caso un turbio socialismo que fue, dentro del PCC el sueño revolucionario de sus padres. Lo que Cepeda lee no es el discurso donde se admiten  los errores de sus padres  que dejan aún hoy una cifra estremecedora de ciudadanos asesinados a nombre de esa caricatura de la revolución soviética que sigue siendo la lucha armada del PCC, del ELN.  Merleau Ponty analiza muy bien lo que internamente ha supuesto dentro del PC las discrepancias contra el dogma sagrado que su estalinismo condena con purgas sangrientas tal como se hizo en los Partidos Comunistas de la Cortina de Hierro y aquí se continúa replicando con mayor fiereza. Leer la historia para no repetir sus errores no ha sido entonces la tarea de Iván Cepeda ya que eludir esta pregunta es pensar que un golpe de gracia de la brujería indígena lo hace pasar como  un demócrata. Y no lo es.

Lo que públicamente tendría que haberlo demostrado con una enfática  condena a estas formas de violencia que su amigo de infancia Márquez, sus camaradas Calarcá o Iván Mordisco, su inseparable camarada Isabel Zuleta continúan practicando a través de tomas de poblaciones, paros armados, torturas. El día que las Autodefensas Campesinas de Carlos Castaño que aparecían públicamente por primera vez, asesinaron a Manuel Cepeda y con el atentado fallido contra Aída Avello,  su desalmada camarada, sacaron a escena lo que el Secretariado del PCC al iniciar a sangre y fuego la toma de Urabá para convertirlo en lo que llamaban “territorio libre” nunca llegó a  imaginar, la irrupción de una bien organizada, dotada de armamento y con una estricta disciplina, Auto Defensas Campesinas destinadas a combatir a las guerrillas comunistas y que terminaron unas y otras degradando la condición humana.

Tanto el ELN como el EPL se incorporaron a este intento de toma territorial desatándose entre ellos lo que es propio del odio entre grupos que de los ideales pasaron a la barbarie. Degollamientos de familias enteras, violaciones de niñas como maneras de exterminar los grupos sociales, los alaridos de los curas revolucionarios llevando a la hoguera a los considerados enemigos, sangre y sangre, insania entre los mismos combatientes. ¿Quién de las FARC ha respondido por más de 20.000 víctimas en Urabá? Tres matanzas de trabajadores del Sindicato de Trabajadores Bananeros, atados de mano, rematados con un tiro de gracia, la matanza de La Chinita, 34 personas, etc. Entró en juego la suprema habilidad del PCC y su maquinaria de propaganda para crear ante la opinión pública un enemigo, colocándole un sobre nombre para descalificarlo públicamente Paraco, Uribista, contando con la ventaja de que este relato no podría tener respuesta por parte de los desgastados Partidos, de los asépticos medios de comunicación y de unas nuevas generaciones universitarias uniformadas como fieles seguidoras de una “la izquierda” idealizada.  Jamás podré olvidar lo que fue este terror político encubierto muchas veces en la depravación de las bandas de narcotraficantes con los cuales las FARC PP se alió en numerosas ocasiones. Así se comprobó en el intento de toma del Magdalena Medio donde las fieras humanas de los Paramilitares los castigaron sin misericordia y sumado a sus propias salvajadas llegaron a un nivel impensado de bestialidad. ¿Quién fue menos criminal Carlos Castaño o Manuel Cepeda? ¿Hitler o Stalin?  La amargura y el rencor de Iván Cepeda es el de quien no puede olvidar que el Ejército los derrotó impidiendo que fuéramos otro territorio de su dictadura.