CAROLINA
DE GÜNDERRODE: EL AMOR, LA POESÍA Y LA MUERTE
Carolina de
Günderrode nació el 11 de febrero de 1780 en Karlsruhe, Alemania, y murió el 26
de julio de 1806, a los veintiséis años, en Winkel, a orillas del Rin. Su breve
existencia transcurrió en una época de profundas transformaciones
intelectuales, cuando el romanticismo alemán buscaba establecer nuevas
relaciones entre la poesía, la filosofía, la naturaleza y el espíritu humano.
Sin embargo, durante mucho tiempo su nombre estuvo asociado principalmente a su
muerte y a sus relaciones sentimentales, mientras su obra literaria permanecía
en un segundo plano.
Hija de una familia
aristocrática, perdió a su padre cuando todavía era niña. En 1797 ingresó en
una fundación protestante para mujeres de la nobleza en Fráncfort del Meno,
institución que le proporcionaba seguridad material, pero cuya vida
reglamentada resultaba difícil para una joven que aspiraba a una existencia
independiente. Allí cultivó sus lecturas y sus intereses filosóficos y
literarios. Estudió historia, mitología y pensamiento antiguo, y encontró en la
escritura una forma de explorar las preguntas que la acompañaban: el sentido de
la existencia, la relación entre el amor y la muerte, la libertad individual y
la posibilidad de superar los límites de la condición humana.
Su formación estuvo
marcada por Goethe, Herder, Novalis, Schelling y otros representantes del
pensamiento alemán de su tiempo. También se interesó por la filosofía de
Heráclito y Plotino, y por las antiguas tradiciones mitológicas. Estas
influencias contribuyeron a una poesía en la que el amor no aparece solamente
como una experiencia sentimental, sino como una fuerza capaz de unir aquello
que la existencia mantiene separado.
Carolina publicó Poemas
y fantasías (Gedichte und Phantasien, 1804) y Fragmentos poéticos
(Poetische Fragmente, 1805), utilizando el seudónimo de Tian. Escribió
también obras dramáticas y textos en prosa de contenido filosófico. Su proyecto
literario era ambicioso: reunir en una misma expresión la reflexión, la
imaginación mitológica y la emoción poética.
Entre sus amistades
destacó Bettina Brentano, posteriormente conocida como Bettina von Arnim, quien
conservó su recuerdo en el libro Die Günderode, publicado en 1840.
Aquella amistad reunió a dos mujeres de temperamentos diferentes, vinculadas
por su interés por la literatura y por una vida intelectual que desbordaba las
convenciones de su época.
En 1804 Carolina
conoció al filólogo Friedrich Creuzer, con quien mantuvo una relación amorosa e
intelectual. Creuzer estaba casado y, después de un prolongado conflicto
personal, decidió poner fin a aquella relación. Poco después, Carolina se quitó
la vida junto al Rin. Su muerte contribuyó a convertirla en una figura
legendaria del romanticismo, pero también favoreció una lectura de su poesía
excesivamente subordinada a su biografía.
Conviene, por tanto,
regresar a sus versos sin reducirlos a un presagio de su destino. En ellos
encontramos una voz que interroga la naturaleza del amor, la insuficiencia de
las alegrías pasajeras, el poder de los sueños y el deseo de alcanzar una
unidad que la vida cotidiana parece negar. Su poesía no se limita a lamentar
una pérdida: busca comprender por qué el ser humano, aun rodeado de belleza,
continúa deseando algo que se encuentra más allá de su alcance.
Los tres poemas que
presentamos permiten acercarse a distintas manifestaciones de esa búsqueda. En El
beso en sueños, la noche se convierte en refugio de una felicidad
inaccesible durante el día. En Amor por todas partes, ni siquiera el
descenso al reino de los muertos consigue escapar a la fuerza del amor. Y en El
único lamento, la pérdida de un ser amado revela la imposibilidad de
sustituir una experiencia irrepetible.
Más de dos siglos
después de su muerte, Carolina de Günderrode merece ser leída no solamente como
una figura trágica del romanticismo alemán, sino como una escritora que intentó
convertir las contradicciones de la existencia en pensamiento y poesía.
EL BESO EN SUEÑOS
Der Kuß im Traume
Un beso me ha
infundido vida,
ha calmado el más profundo anhelo de mi pecho.
¡Ven, oscuridad! Envuélveme íntimamente en tu noche,
para que mis labios beban una nueva dicha.
En sueños estaba
sumergida semejante vida,
por eso vivo contemplando eternamente los sueños;
puedo despreciar el esplendor de todas las demás alegrías,
porque solo la noche exhala un bálsamo tan dulce.
El día es mezquino en
dulzuras amorosas;
me hiere la vana ostentación de su luz
y me consumen los ardores de su sol.
¡Ocúltate, ojo mío,
del resplandor de los soles terrenales!
Envuélvete en la noche: ella apacigua tu deseo
y cura el dolor, como las frescas aguas del Leteo.
AMOR POR TODAS PARTES
Überall Liebe
¿Puedo llevar
ardientes deseos en el corazón,
contemplar las coronas floridas de la vida
y pasar junto a ellas sin recibir ninguna,
sin desesperarme tristemente en mi interior?
¿Debo renunciar, como
si cometiera un sacrilegio, a mi deseo más querido?
¿Debo descender valientemente al reino de las sombras?
¿Implorar otras alegrías a otros dioses,
preguntar a los muertos por nuevos placeres?
Descendí, pero
también en los dominios de Plutón,
en el seno de las noches, arde el fuego del amor,
y las sombras, anhelantes, se inclinan unas hacia otras.
Perdido está aquel a
quien el amor no hace dichoso;
aunque descendiera hasta las aguas de la Estigia,
ni siquiera el esplendor de los cielos lograría conmoverlo.
EL ÚNICO LAMENTO
Die eine Klage
Quien la más profunda
de todas las heridas
ha sentido en el espíritu y en los sentidos,
el dolor de una amarga separación;
quien ha amado aquello que ha perdido,
quien debe abandonar lo que había elegido,
el corazón amado,
ese comprende las
lágrimas en medio de la dicha
y el eterno anhelo del amor
de ser uno siendo dos,
de encontrarse a sí mismo en el otro,
de que desaparezcan los límites de la dualidad
y el tormento de la existencia.
Quien con todo su
corazón y sus sentidos
ha llegado a amar profundamente a un ser,
¡oh!, no encuentra consuelo
en que, por las alegrías perdidas,
nazcan otras nuevas:
porque no son aquellas.
La vida amada y
dulce,
ese recibir y ese entregar,
la palabra, el sentimiento y la mirada,
ese buscar y ese encontrar,
ese pensar y ese sentir,
ningún dios puede devolverlos.
Fuentes y referencias
- Karoline von Günderrode, Gedichte
und Phantasien (1804) y Poetische Fragmente (1805).
- Karoline von Günderrode, Melete,
colección póstuma.
- Martin Glaubrecht, «Günderrode, Caroline Friederike Louise
Maximiliane», Neue Deutsche Biographie, volumen 7, 1966, pp.
261–262. Consultada
como fuente de investigación biográfica, sin reproducir su texto.
- Frankfurter Personenlexikon, entrada
«Günderrode, Karoline».
- Projekt Gutenberg, colección
digital de poemas de Karoline von Günderrode.
- Universidad de Gotinga, edición
digital de Die eine Klage, a partir de TextGrid.
Nota editorial: Traducciones
originales al español realizadas para esta publicación a partir de los textos
alemanes de dominio público.
……
Tres poemas de una escritora del romanticismo alemán
Nota y selección:
Víctor Bustamante y Clarita de Bustamante
Traducciones del alemán: Clarita de Bustamante
Revisión editorial: Víctor Bustamante

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