![]() |
| Jacques Rhalechi |
LA HISTORIA ES HOY
Darío Ruiz Gómez
Cada día nos sorprenden los medios de comunicación con nuevos escándalos del gobierno Petro presentados desafortunadamente como un folletín donde el suspenso tiene como finalidad mantener en ascuas nuestra atención. ¿Matará Caín a su hermano Abel? ¿Caerá por fin en manos de la justicia el exMinistro Jaramillo uno de los más malos de este relato postergado? Lo que constituye una grave información a analizar sobre la degradación de unos personajes, algunos medios de información la están desvirtuando mediante una romantización de estas infamias, con edulcoradas crónicas donde el político incriminado por un delito de peculado o prevaricato se nos quiere mostrar no como el delincuente que es sino como un equivocado “hombre del pueblo”. La justicia del petrismo ha sabido astutamente explotar esta romantización cuando se trata de enjuiciar a uno de los suyos. ¡Pobre Ramón González que en lugar de estar en su país disfrutando de su jubilación en una hermosa mansión la justicia universal lo tiene corriendo por el mundo como un apátrida! ¿Será la Alcocer una princesa Zenú que baila cumbia y la denunciante española su antigua consejera una colonialista cuya misión es llevarla esposada a una mazmorra de Cádiz? Todavía en algunas universidades, institutos de Cultura esta versión edulcorada de la historia enfocada desde un punto de vista sentimental donde el español es el malo y las princesas indígenas las heroínas, se da como la versión “descolonizada” de la historia de Colombia. Pero lo que la realidad del país nos está descubriendo de este cuatrienio horroroso es que al conocer cada día la verdad sobre lo que supone el mayor atropello que contra la civilización se ha cometido en la historia de América Latina estamos frente a algo sucio, obsceno que aunque quisiéramos eludir ya no podemos hacerlo. Y es aquí donde como solicitaba Ortega y Gasset debemos hacer el esfuerzo de volver a los reclamos críticas de la razón y reflexionar estos hechos como seres razonables. La tortura.
Al llamar a juicio a Maduro y Cilia la justicia Norteamericana lo ha hecho esta vez para recordarles lo que significa una atrocidad como la tortura. Montaigne dedica a la tortura una desgarrada reflexión ante estos sufrimientos elaborados por la maldad humana, los lentos desmembramientos, el potro donde se iba jalando de las cadenas hasta destrozar el cuerpo en medio de los gritos de los torturados en las mazmorras donde los gobiernos tiránicos siguen pretendiendo silenciar las voces contrarias como en la Venezuela de Maduro y la Colombia de Timochenko. Acabo de recordar que la violencia de los años 50 llegó a superar cualquier imaginación posible acerca de la tortura, la desmembración de cuerpos, las mutilaciones en 300. 000 víctimas. Y que por lo tanto ya habíamos superado un horror que nos sigue presentando como la sociedad más cruel cuando la persistencia en la tortura, en el descuartizamiento de niños, los shocks eléctricos se han mantenido como un desafío de la monstruosidad salida del inframundo en el caso de las FARC, del ELN justificadas por pensadores y profetas progresistas y esto es lo terrible, por la corrupción moral del hombre común. ¿Cómo puede un sacerdote o un profesor justificar que durante meses se torture a una comunidad indígena en el Chocó manteniéndola aislada, negándole salud y alimentación mientras vuelan por los aires una madre indígena y su hijo al pisar una mina? Vuelvo entonces a recordar en este lastimoso caso de la ceguera de la justicia en Colombia que en los Juicios de Nuremberg no solo se condenó a muerte y a cadena perpetua a los desalmados jerarcas nazis, sino que igualmente se condenó a jueces, magistrados, funcionarios de justicia por su implícita complicidad en un desastre moral como el que padeció el pueblo alemán y hoy padece la sociedad en Colombia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario