miércoles, 6 de agosto de 2025

ENTRE LO CLARO Y LO OBSCURO: LAS SOMBRAS / Fredy Fernández Márquez

 

Fredy Fernández  Márquez

ENTRE LO CLARO Y LO OBSCURO: LAS SOMBRAS

 

Aun no sé qué hacer con mi puta vida, ayer le escuche decir a mí propia sombra.

                                                                              

   Fredy Fernández Márquez[1]



  Todas las épocas a través del tiempo han sido dinámicas, por sus cambios, movimientos, inventos, las creaciones, las generaciones sociales, los avances tecnológicos, las ciencias naturales, aun en la lentitud de las ciencias sociales para avanzar, el antagonismo entre el capitalismo-comunismo-socialismo, las vertientes políticas, el feminismo con su hastial. Cada una de ellas en su respectivo momento han producido el binomio filosofía-literatura o filo-literatura, con cierto influjo psicológico. Es decir, muchas obras literarias contienen un sentido con carácter filosófico. Verbigratia, Albert Camus, entre otros autores, o el mismo Jean Paul Sastre en la filosofía. Lo cual han lucrado constantemente la historia de la humanidad, dejando a la deriva los dogmatismos que aun braman por mantener las génesis florecientes marchitas que impugnan por mantener la ortodoxia marginal de los avances antes señalados.

     La filo-literatura posee muchas veces una fecundación psicológica, gestando mucha más la complejidad teórica, la fe no cuenta, porque emerge lo sobrenatural lo cual lo impensado hace parte de la realidad de forma emocional, ficticia y alegórica. La psicología debe de tener en cuenta lo siguiente: El psicólogo tiene que apartar la vista de sí mismo para llegar a ver algo (Dorr. 2019. P. 128). Cada obra filo-literaria posee su propio objeto de narratividad, hospitalidad y acogimientos en las cuales los protagonistas exponen lo más oculto de la sociedad humana a través de los sujetos o los individuos. Plantean problemáticas que sólo se pueden descifrar cuando se ausculta en lo más profundo de la vida de los humanos. El temor, el miedo y lo irreal asaltan en los momentos menos oportunos. Convirtiéndose en entramados o hilos supuestamente sueltos pero que en el asiento cardinal pululan los secretos que hacen temblar al ser más sólido, que se amarran como si fueran las raíces de palmeras que se mesen en el vaivén de la brisa del mar.

     Detrás de todo esto se esconde la sombra. Cada uno posee o tiene la suya. Así lo narran: Federico Nietzsche en: El Caminante y su sombra (2017). El Mito de la Caverna Platón (2011). Oscar Wilde: El retrato de Dorian Grey (2015). Mary Shelley: Frankenstein o el Moderno Prometeo (2024). Johann Wolfgang von Goethe: Fausto (2020). Robert Louis Stevenson: El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde (2024). Hans Christian Andersen: La sombra y otros cuentos (2018). De Benito Pérez Galdós: La Sombra (2023). Adelbert von Chamisso: La maravillosa historia de Peter Schlemihl (2009). La puntualidad de Nuccio Ordine con el análisis: El Umbral de la Sobra: Literatura, filosofía y pintura en Giordano Bruno (2008), o el trabajo compilatorio de: C. Zweig y J. Abrams (2024) titulado: Encuentro con la sombra: El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. Y muchas obras más le han dedicado espacio y tiempo a la sombra como si fuera la piel externa de cada uno de los humanos. Hasta la Luna tiene su lado oscuro. Por ello, las preguntas: ¿Qué encierra la sombra? ¿Qué tan fiel es a su progenitor? ¿Qué tan confiable es?   

     Estas obras filosóficas, literarias y psicológicas dejan en el hológrafo en el cual concuerdan en su mayoría que todo ser humano al poseer su propia sombra le acompaña la incertidumbre, o sea inseguridad, inquietud, desasosiego, indecisión, vacilación, duda, recelo, sospecha o incerteza. Aunque para otros puede producir lo contrario, difícilmente. Al existir a nuestro lado, se hace parte de una doble identidad. La sombra se convierte también en larga, corta, delgada, obesa de acuerdo a su propio reflejo. Es la negrura del clinamen de Epicuro, o sea la desviación como lo contempló Lucrecio. Como queda demostrado en: El Mito de la Caverna de Platón (2011), allí se traza la esencia de la substantividad y la consciencia (Del lat. conscientia), del conocimiento próximo o inmediato que posee el individuo de sí mismo, de sus hechos, actos y de sus propias reflexiones. En ese foso o caverna, habitan unos sujetos que constantemente se engañan con las sombras externas que al pasar cerca se reflectan al devolverse la luz con la realidad, son incompetentes de debatir lo que sus propios ojos logran ver. Constantemente pasan todo el tiempo allí encerrado y el primer obstáculo es el resplandor o la luz externa. Se sienten imposibilitados habituarse a esa luminosidad, al salir de allí o liberarse uno de ellos, sus ojos logran ver otra realidad descubre que las sombras hacen parte de su propio ser, su yo. Al regresar de nuevo a la caverna, encuentra oposición por los que están dentro al narrarles lo que vio y descubrió fuera.

     Para Platón, la caverna representa el mundo sensible, las apariencias que se perciben desde los sentidos, que nos pueden o nos engañan. ¿acaso las sombras de cada uno nos timan? Al seguir constantemente al ser humano de acuerdo al reflejo falsifica la realidad distorsionada en el suelo. Entonces, la sombra pudiera considerarse como la realidad de la moral que se esconde a través de los distorsionado, la otra la verdad no contada es que cada uno posee su lado oscuro.

     En el filme Star Wars (1977), la parte oscura hace referencia a una exposición negativa de la energía o la fuerza, que propulsa las emociones y las pasiones señaladas por Spinoza que generan temor, miedo, ira, odio, bronca, violencia, egoísmo. Allí reside un personaje con todo el poder de lo oscuro conocido como Sith, sabe que el lado oscuro de la sombra habita el poder de estas emociones y pasiones que son fuentes que pueden generar dolor, caos y sufrimientos para dominar su entorno y fuera de él. Es la idea que deja esta saga. Asalta un interrogante: ¿La sombra de lo humano es la otra fuerza que domina el mal? El pánico y el miedo son el pórtico a la entrada del averno (Del lat. Avernus, -i) del lado oscuro de la sombra como el espacio para el sufrimiento y el castigo imperecedero. La sombra también puede presentarse como una máscara que esconde y disfraza la dolorosa realidad, por ejemplo, la depresión. Por ello:

Encontrar a la sombra nos obliga a ralentizar el paso de nuestras vidas, escuchar las evidencias que nos proporciona el cuerpo y concedernos el tiempo necesario para poder estar solos y digerir los crípticos mensajes procedentes del mundo subterráneo (Zweig y Abrams, 2024. P. 20).

     No se puede prescindir (Del lat. praescindĕre) de la propia sombra, separarse o desgarrarse de ella. En El viajero y su sombra (Schatten), Nietzsche (1985), se acopia en la alegoría de la identidad del caminante (Wanderer). Caminarse a sí mismo es un parto. Es parir más allá del dolor de la existencia subjetiva. Hace referencia Nietzsche a la desidentificación del individuo, o sea a su propio procesamiento de suprimir o el devenir de su identificación como persona, el cual agrupa en su identidad una serie de variantes que lo hacen diferente de los demás. En su entorno de intimidad, la desidentificación se responsabiliza de esconder sus propios datos de manera subyacentes comprometedores, tales como su ubicación personal como un elemento directo, como también los indirectos como lo son lo de transformase para que no ser identificado en su propio devenir, la sombra nietzscheana. Es el caminar para viajar hacia dentro, para conocer sus intimidades para luego alejar sus propios miedos.

     No se puede olvidar que uno de los pocos viajeros que regresó fue Ulises de Homero (2010), convirtiéndose en todo un paradigma por su retorno. En Nietzsche es la representación del no-retorno, sin límites y sin un posible regreso, travesías llenas de riesgos, amenazas, peligros que se compromete quien realiza el uliséico (derivado de Odysseus) viaje (Homo Viator). Para Nietzsche, quien se atreve a viajar implica poseer todo un espíritu libre. Todo individuo que se niega caminar es amarrarse a sus miedos, congoja, ansiedad de deteriorarse, quien no posee un espíritu libre, le cuesta desasirse. Así, lo confirma el nacido en Röcken (Alemania) en: Humano, Demasiado Humano, Un libro para espíritus libres (2017). Caminar en Nietzsche, no es viajar, porque éste tiene un destino definido, mientras quien camina no tiene un propósito determinado, como lo tiene el que viaja. Una clara diferencia es que el que camina posee identidad, se piensa, se habla a sí mismo, busca conocerse, no se teme, no se ajusta al sentir o parecer de los demás, disiente del viajero. Porque el: viajero por placer. Suben la montaña como animales, estúpidamente y sudando; se han olvidado de decirles que por el camino hay bonitas vistas (Nietzsche, 2017. P. 430). La sombra nietzscheana se convierte en la armonía del caminante, es la condición de ser otro que acompaña, no es su repetido, es su otro, su heterogéneo que hace asistencia desde la otredad como aquello que se es uno mismo, es la metamorfosis del viaje que transforma al caminante. Es decir:

Creer en sí mismo. En nuestra época se desconfía de cualquiera que crea en sí mismo, antaño bastaba para hacer que los demás creyesen en uno mismo. La receta para hallar hoy credibilidad es: «iNo te respetes! iSi quieres poner tus opiniones bajo una luz creíble, entonces empieza por incendiar tu propia cabaña» (Nietzsche, 2017. P. 459).

     Zaratustra, es él propio caminante nietzscheano, es el verdadero alpinista, porque todo lo que le acaece es natural en él, nada le es accidental, aunque suene absurdo, todo viene desde el destino, no de su destino, desde el azar, valga decir, de lo inadmisible. Porque carece de un espacio, tiempo y lugar permanente, un no-lugar donde habitar, porque sus pasos uno tras otro lo convierten en un caminante interminable, más no en una fantomaquia, pero su sombra se convierte en una anamorfosis (Del gr. ναμρφωσις anamórphōsis) transformación. Transformarse es posible porque su sombra le habla. En la conversación entre el caminante y la sombra, no se presenta el mutuo elogio, al contrario, es un diálogo sarcástico, punzante, irónico y a la vez renegrido. Porque: los buenos amigos intercambian de vez en cuando una palabra oscura como signo de entendimiento, que debe ser un enigma para un tercero (Nietzsche. 2017). Es decir, los pensamientos son las sombras de nuestras percepciones sensibles-siempre más oscuras, vacías, sencillas que estás (Nietzsche. 2017). Entonces, ¿se debería de derrotar nuestra sombra? Para Nietzsche sí, porque las aborrece, por ejemplo, Dios es una sombra inagotable que pesa tras las espaldas de toda la humanidad, que se transforma en miedo. Porque:       

Pareciera que si algo detesta Nietzsche son los fantasmas. «Híbridos de planta y fantasma» llamaba a los trasmundanos en el Zarathustra. Las sombras de Dios: ¿qué son, sino fantasmas de un muerto que no termina de morir, que nos asedia en las noches, y nos lleva a llorar ante su tumba? Porque es cierto, mucho hemos amado a ese Dios, y logramos hacer duelo cuando transferimos a otro Dios (en sus más diversas formas secularizadas) todo ese amor. Ese otro objeto de amor es una sombra del Dios muerto, casi una presencia fantasmal que no acaba nunca de morirse, y que indica la debilidad de las fuerzas que necesitan someterse a una instancia superior y trascendente, ordenadora de la realidad (Mónica B. Cragnolini. 2001. P. 45).

     La sombra del filósofo alemán, es la superación del hombre (sombra) al superhombre (caminante), aquel que posee las fuerzas necesarias para hacer rupturas con las tradiciones conservadoras que han logrado permear todos los cimientos de la humanidad llevado al miedo como campo de concentración. Aquel que se atreve a caminar podrá lograr una vida completada (vita peracta). La sombra no puede ser el Nosferatu del sujeto o del individuo, porque lo convertiría en toda una anamorfosis humana, como si fuera la luz negra (1990. P. 111) del filósofo francés Jacques Derrida. Compartir con la sombra no dejará de ser un descendimiento a lo más oculto que posee lo humano, porque lo erosiona en el alma o la mente, dejando fuertes cicatrices que no tendrá tiempo para superarlas. El acmé lapidario contra la sombra que acosa a la humanidad lo grita Nietzsche hasta caer en lo más profundo de la hipoxia: Dios ha muerto, fallece la sombra.

     Para Oscar Wilde en su novela: El retrato de Dorian Grey (2015), su sombra hace referencia a la belleza-vejez, por ello, es una obra bastante faustiana por la belleza hedonista de Dorian. Aunque la sensibilidad nos engañe: lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos(Wilde, 2015). La sombra acá pesa, la belleza pasa por su apariencia y todo lo que se mueve cambia. La belleza no es la excepción (Del lat. exceptio, -ōnis), es un hedonismo frugal, pero breve, su cuerpo tiembla al saber que no tendrá la misma edad lozana (Del lat. Vulgar. Lautianus, lautia, lautus-suntuoso), él se hace pintar del artista Basilio Hallward, su anhelo es que sus rasgos físicos se conserven para siempre. Es decir, entre el cuadro y él se preserve los mismos rasgos físicos juveniles, hermoso, atractivo y elegante. Pero Dorian en el cuadro es quien envejece. Emerge la sombra desde el cuadro Hallward, su propia pintura envejece. Irónico Grey en su narración literaria porque la sombra es la figura eterna de la juventud, para pasar al otro lado de la orilla, la vejez que nunca se equivoca, por muy odiada que ésta sea.  La corrupción del cuerpo y su belleza por muy dandi que sea, allá llegará su sombra, por muy añoso que sea o sabio. La sombra de Grey es tan especial que se debe de amar porque con el tiempo todo se desgasta y se envejece. La egolatría para permanecer bello trae sus consecuencias. La eterna juventud es el castigo de quedar sólo entre tanta gente, porque aquellos que hacían parte de su círculo fallecen y las nuevas generaciones van y pasan, y él no logra amoldarse a estos nuevos sujetos, con nuevas ideas y forma de vida, su acompañante es su sombra. Cae en su propio envanecimiento se deprava a sí mismo, su alma se corroe en el cuadro junto a su cuerpo, la vanidad está en el físico que lo conserva en su propia belleza, envilece para sí. El cuadro representa la corrupción de los excesos de Dorian. En su cuerpo no hay rasgos de su vida en demasía, y es allí (pintura) donde su sombra deja las huellas más crueles de la irracionalidad por buscar la eternidad de la vida. Sin embargo, hoy se logra con otro tipo de sombra las llamadas cirugías estéticas y el bótox, se reta a la naturaleza humana al alterar el cuerpo con las altas ingenierías médicas, valoración de los cuerpos como estética de su propia obra, valga decir, su propio performance, la axiología del sin valor. La eternidad de hoy es la concupiscencia del arte y la belleza y el cuerpo como el lienzo. Entre la obra de Wilde y la actualidad, es que ambas partes retan a la naturaleza humana.

     Al contrario de Wilde, Mary Shelley en su novela: Frankenstein o el moderno Prometeo (2024), la sombra que acompaña al Doctor Víctor Frankenstein es la búsqueda de la felicidad. Es la ficción de un hombre apasionado por la ciencia, crea a un personaje llamado Frankensteins Monster (engendro humano), procreado por diferentes partes humanas (restos de cadáveres humanos de diferentes cuerpos) de manera insuflar, con sentimientos e ideas propias, allí se le salen de las manos su propia creación. Pareciera que fuera el retorno de la creación de la mitología griega. El engendro humano, aunque es corpulento y alto, la naturaleza que le dio su creador, no lo trato nada bien, porque lo acompaño la fealdad, la cual producía miedo y rechazo. Pero es un ser cándido, inocente, ingenuo, noble, precoz. La obra apuesta por superar la naturaleza, o sea el Dios de Spinoza.

     La celotipia se hace presente como si fuera todo un halo. Los esposos Víctor  Frankenstein y Elizabeth, la felicidad brotaba en su relación. Frankensteins también desea ser feliz, exige una compañera, la soledad se hace insoportable para él, ya que su padre tenía quien lo amara. Se llena de rencor hacia al Doctor Frankenstein, al saber que su solicitud fue rechazada, explota en furia, ve en la revancha la posibilidad que su progenitor sienta lo que él padece ya que no conoció la felicidad. Devasta todo lo que ama el médico. La reacción del científico fue toda una vindicta. La criatura se convierte así en la sombra de Víctor. La anatomía creada huye, el médico persigue su propia sombra: su infelicidad. La amorfia humana oculta que la felicidad es pasajera, no se encuentra, se busca. La sombra del científico se convierte en su destino aciago lleno de delirio por dar muerte a su propia sombra: Tú mi creador, quisieras destruirme, y lo llamarías triunfar. Recuérdalo y dime, pues, ¿por qué debo tener yo para con el hombre más piedad de la que él tiene conmigo?(Shelley, 2024). Su sombra lo condena. La umbría se convierte así en la desesperanza, la tristeza, crueldad, la bronca. He ahí otra especie de sombra y lo sentencia con estas palabras:

Si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo; y especialmente a ti, mi supremo enemigo, por ser mi creador, te juro odio eterno. Ten cuidado: me dedicaré por entero a la labor de destruirte, y no cejaré hasta que te seque el corazón, y maldigas la hora en que naciste (Shelley, 2024. Cap. XVII).

     Como dicen en las esquinas, con amigos así para que sombras, si las opacidades o entoldamiento son los propios monstruos sin resolver que le dan vida a las mismas convirtiéndose en los noúmenos (Del. Griego noúmenon) materiales, sin olvidar que existen también los fenómenos espirituales creados por el miedo y los vacíos que dejan las sombras mal creadas o pensadas convirtiéndose en verdaderas pesadillas humanas. 

     Al girar la mirada hacia la otra esquina, se encuentra el Fausto, otra sombra en particular de la humanidad, a cargo de Johann Wolfgang von Goethe (2020). La sombra de Goethe tiene nombre propio: Heinrich Fausto, con opacidad inherente: Mefistófeles. El deseo, las ganas, el poder y la avaricia han hecho de los sujetos un ser anhelante por el querer de saber mucho más, para ampliar su conocimiento. Sólo ve en el diablo (Mefistófeles) la posibilidad de pasar más allá de sus fronteras la búsqueda de los placeres, del saber y el discernimiento, realiza un trato con el personaje de las tinieblas, le entrega su alma a cambio de realizar sus propósitos. Mefistófeles se convierte así en la sombra de Fausto. Esta relación demuestra la ambición del ser humano fundamentalmente por la supremacía, la riqueza, la insatisfacción, el honor, los vicios del alma, el problema filosófico entre el bien y el mal. Todo Pacto con un ser del más allá de las profundidades del averno tienden a las tentaciones.

     Para no creer, es una obra que se ajusta a los tiempos actuales. La codicia, la apetencia, los deseos tórridos y la fama asaltan a los individuos, la cantidad desmesurada de los nuevos Faustos acompañados por su sombra como lo son las nuevas enciclopedias humanas conocidos como influencer que tienen la aptitud de influir en las opiniones de otras personas desde las redes sociales, junto a estos tipos (as) los youtuber haciendo casi la misma tarea. Los Faustos de hoy poseen dos prismas, una de ellas es el protagonismo de adquirir fama para procurarse poder adquisitivo, la otra es como muestran que es el mundo de hoy lleno de insatisfacciones, uno de ellos es retar a la alteración del cuerpo. Estos sujetos supuestamente buscan el equilibrio y la felicidad del sujeto postmoderno. Recurren a dar respuestas a las frustraciones de los otros. En la obra se presenta la dualidad entre Dios y Mefistófeles, los de hoy también, siendo los influencer y los youtuber el puente para lograr pasar a la felicidad, siendo ellos los Dioses.  

     Muchas veces, superficial y fugaz.  Se podría pensar que estos fenómenos también pueden comprenderse desde las manifestaciones del inconsciente colectivo, principalmente desde la presencia del arquetipo de la sombra, propuesto por Carl Jung, que encarna todos aquellos aspectos que tanto el individuo como la sociedad prefieren ignorar o reprimir: la inseguridad, el deseo excesivo, el vacío interior, la ambición, entre otros. En muchos casos esto es lo que proyectan estas figuras públicas, quienes funcionan como pantallas simbólicas sobre las cuales se depositan las tensiones internas del sujeto moderno. Al hacerlo, la sociedad se permite contemplar lo reprimido sin asumirlo directamente. Así, los nuevos Faustos representan el conflicto colectivo de una humanidad que busca sentido en el lugar equivocado o verdad esencial viendo en Mefistófeles la forma de alcanzar la felicidad, aunque sea vendiendo el alma y el cuerpo al mejor postor.

     Sin alejarse mucho de las sombras que cubren y acompañan a todo ser humano, asoma la novela intitulada: El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde (2024) del escocés Robert Louis Stevenson, sombra que se presenta bajo la dualidad o doble identidad humana (Bien-mal), coacción de las emociones, deseos y las pasiones más sombrías. El Doctor Jekyll, es un médico con todos los pergaminos en referencia a su profesión. En sus búsquedas de extender su vida descubre una poción la cual al beberla lo transforma en el señor Hyde. Personaje violento, sin corazón, mucho menos sin moralidad, remordimientos o sentimientos hacia los demás. Sombra que se desprende de lo más despiadado de su más profundo ser, pasa de la virtuosidad a la malignidad, lado obscuro de la perniciosidad humana. Esta obra que subraya a la sociedad victoriana. Donde la insustancialidad la moralina y la apariencia era más importante por encima de la esencia humana. El autor señala las fronteras existentes entre la ciencia, la ética y la moral. Cuando se traspasan esos límites los resultados pueden ser o son astrosos. El alma del Doctor Jekyll está tatuada en la piel de la sombra del señor Hyde. Es tan alta la influencia de la sombra sobre el Doctor Jekyll, que este decide dejarle tota la herencia al señor Hyde.

     La sombra se adueña del médico y lo utiliza a su antojo. En medio de las tinieblas ocurre un asesinato atroz; según la investigación, el responsable es la oscura faceta del prestigioso doctor. Míster Utterson, abogado, amigo y confidente del galeno británico, lo busca con preocupación. Desea confrontarlo sobre su inquietante relación con el misterioso señor Hyde. Henry Jekyll es un hombre apacible, sereno incluso al caminar; reflexivo y contenido. Sin embargo, su metamorfosis lo transforma en un ser que habita en su propia densidad sombría: una atmósfera pesada pero adecuada para lo arcano y lo criminal. El poeta sufí Jalal al-Din Rumi escribió: Si todavía no has visto al diablo, mira tu propio yo. He ahí la clave: Jekyll es Hyde, su propio reflejo oscuro. Quienes rodean al doctor caen en la confusión, incapaces de distinguir entre lo real y lo impostado. Pero Jekyll, a través de Hyde, encuentra la vía para liberar sus deseos reprimidos. La monstruosidad no viene de fuera: nace desde lo más íntimo del alma humana.

     Entre las sombras resurge el ineludible Hans Christian Andersen con su obra La sombra y otros cuentos (2018). Una vez más, se revela la soberbia y la egolatría humana, encarnadas esta vez en un ilustrado: el sabio, el erudito, el que todo lo sabe. El protagonista extravía su identidad a través de su sombra, que poco a poco adquiere personalidad y conciencia propias. Esta se separa de él, se emancipa y, al regresar, ya completamente transformada, domina al sabio que la engendró. Andersen sugiere que cualquier ser humano puede confundirse con su propia sombra, diluirse en la niebla de su humanidad, hasta convertirse en aquello que más teme: su reflejo oscuro. En su narrativa, la sombra traspasa el umbral de la fantasía para instalarse en la cruda individualidad. Las sombras humanas, así, se vuelven la parte más tensa, nervuda y esencial del yo. Son, tal vez, lo más real de nosotros mismos.

     Al doblar la esquina, se deja ver Benito Pérez Galdós con su obra La Sombra (2023). En ella da vida a un personaje de singular profundidad: Don Anselmo, un sujeto obsesivo y peculiar, cuya fijación se centra en crear un cuadro que, con el tiempo, se convierte en la sombra. Esta representación, sin embargo, cobra vida y personalidad, convirtiéndose en su tortura, su dolor y su condena. Para el autor español, la sombra humana no es más que una ficción que carcome la mente: una manifestación del subconsciente que, al materializarse en la realidad, arrastra al individuo hacia la obsesión. Esta transformación ocurre al conjugar elementos irreales e imaginarios, fruto de una meditación literaria, psicológica y filosófica, que busca dar sentido al poder que algunos sujetos ejercen sobre otros. La obra galdosiana presenta al trastornado Anselmo como una voz que se narra a sí misma, transformándose en la omnisciencia (del latín omnis, todo, y scientia, conocimiento’) de su propio misterio, en una especie de doble falsedad.

     Cuando la sombra se apodera de Anselmo, cualquiera puede preguntarse: ¿quién es quién? ¿Es la sombra Anselmo o Anselmo es la sombra? Es entonces cuando esta breve novela galdosiana se convierte en una fantasía intrínseca (del latín intrinsĕcus, interiormente). La sombra, en manos de Pérez Galdós, representa una metamorfosis ficticia con una intencionalidad atroz, trasladando todo el peso hacia el mundo interior del personaje. Una vez más, los miedos y temores emergen como si fueran la extensión de la maldad humana, encarnada en el Doctor Anselmo, convertido en una mímesis (del griego mímēsis, imitación) camuflada en una dicotomía (del griego dichotomía, división en dos partes). En suma, se trata de una auténtica metadiégesis literaria, al estilo del Quijote de la Mancha: una novela interpolada que se cuestiona a sí misma mientras cuenta su historia.

     Una novela clásica que aborda el motivo simbólico de la sombra es: La Maravillosa Historia de Peter Schlemihl, escrita por Adelbert von Chamisso, cuya pluma resulta infaltable en este tipo de literatura. Aunque fue publicada originalmente en 1814, ha conocido múltiples ediciones modernas, como la del año 2009. Una narración barraganesca y fabulosa, protagonizada por un chavea desentendido y abatido por su mala suerte, quien vive sumido en la estrechez económica. En un momento de ligereza, decide escuchar la voz más profunda de su ser: su lado obscuro. Impulsado por la desesperación, toma una decisión radical: subastar su sombra al mismísimo Satanás. A cambio de ese trato, recibe la legendaria bolsa de Fortunato. Al introducir la mano en ella, extrae riquezas sin fin: monedas de oro y todo cuanto desea. Cumplido el pacto, satisfecho por las riquezas causadas, Peter Schlemihl, vive en carne propia como es el vivir sin sombras. Señalado por la sociedad por carecer de ella, en medio de una sociedad sin principios, pero que gira en torno a lo monetario, lujos y de las apariencias de falsas riquezas en valía de matrimonios negociados, donde el amor es tan sólo la apuesta al dinero. Las sombras no dejan de ser esa figura en el suelo distorsionado que emula el juego del no-ser para el ser: -- ¿Dónde ha dejado su sombra el señor? Y poco después de unas mujeres: -- iJesús María! ¡Este pobre hombre no tiene sombra! (Chamisso. 2009. 39-40). Por la falta de su sombra su desdicha se convierte en amargura, la mujer que ama lo rechaza por no tener su propio entoldamiento. Su misantropía se hace inevitable.

     Chamisso expone la fragilidad de la condición humana a través de elementos como la avaricia, la riqueza, la fama y el orgullo. El ser humano, cegado por estos deseos, pierde de vista su propia humanidad, dejando de lado la sensibilidad con tal de obtener beneficios, sin importar su procedencia. Esta degradación lo transforma en un individuo sombrío, sometido a la peor creación de la teología dominante. Así, se convierte en una nueva forma de tentación: la creencia en un ser de otra dimensión, asociada al Dios cristiano desde una mirada nietzscheana cargada del filosofar a martillazos. La obra, aunque breve, está impregnada de una extraña magia. Peter, su protagonista, emprende una travesía absurda y desesperada en busca de su sombra, símbolo de su identidad y humanidad perdidas. Los sueños siguen siendo sueños, pero él se lanza tras ellos como un loco. Una metáfora fascinante de la alienación moderna y el precio de los deseos desmedidos. No podemos vivir sin las sombras, aunque sean vendidas al mismo Satanás. 

     Ordine, de manera magistral, recoge la idealidad de Giordano Bruno en la relación entre filosofía y pintura. Indaga en el insondable ente (Del latín. ens, entis: ‘ser) presente en sus obras teatrales y en los diálogos, donde afirma que tanto el filosofar como el acto de pintar buscan ir más allá de la propia sombra. Esta superación le permitía a Bruno alcanzar una erudición más profunda sobre el vasto campo del conocimiento. A su vez, Ordine compara las representaciones teatrales de París y Londres, destacando cómo ambas, según Bruno, intentan interpretar los vínculos entre lo humano, la naturaleza, el conocimiento y el saber. Para Bruno, siempre según Ordine, la sombra adquiere un valor especial porque representa algo que ha sido superado: se rebasa el miedo y se observa más allá de los ordenamientos impuestos por la jerarquía eclesiástica de su tiempo. Esto habilita un conocimiento que trasciende lo cotidiano y rutinario. Bruno se vale de la deconstrucción de la relación filosofía-pintura para mostrar que ambas disciplinas le permiten acercarse a la verdad. El genio italiano encuentra en lo cómico no solo un medio de conocimiento, sino también una forma eficaz de divulgar ese saber, especialmente entre las clases emergentes y las más desfavorecidas. En otras palabras, el teatro forma parte de su gnoseología (filosofía), al igual que la comedia y el diálogo: superan las sombras, transformándolas no en miedos, males o fantasmas, sino en un punto de apoyo para trascender y ver el mundo con los ojos del alma. De lo contrario:

Las metáforas del «simulacro», el «espejo», el «vestigio» y «la sombra» expresan la imposibilidad para el hombre de alcanzar un acceso directo a las «ideas», al conocimiento supremo y absoluto, que se puede obtener tan sólo en el reflejo de la naturaleza, en la imagen de Diana, en el universo infinito (2008. P. 175).  

     Para Giordano Bruno, las sombras son obstáculos para la mente humana; por ello, deben dejarse atrás, restarles importancia y verlas como un puente hacia el otro lado, en la búsqueda incansable de la verdad.

     La compilación de C. Zweig y J. Abrams, titulada Encuentro con la sombra: El poder del lado oscuro de la naturaleza humana (2024), reúne diversas voces que, desde perspectivas individuales, intentan explorar —o al menos responder— qué es eso que llamamos lo sombrío, entre los exponentes se ubica a Carl G. Jung.  

     A Cristo se le ha admirado por cargar el peso de su propia cruz, entre otras tantas cargas, la cual soportaba sobre sus espaldas. Una cruz descomunal para un hombre de aspecto desmejorado lábaro (Del lat. tardío labărum), desgalichado y vejado (Del lat. Vexāre) por los castigos infringido por los supuestos romanos, que padecía la furia ficticia creada para que desde la lástima, la humanidad se arrodillase. Una cruz impuesta por el miedo y la fe como instrumentos de control, en boca de otros, para someter a sus más cobardes feligreses. Cristo se convierte así en una de las creaciones más sombrías del propio ser humano: una excusa divina utilizada para justificar crímenes atroces, como la lenta desaparición del pueblo palestino. Pero, ¿qué carga puede ser más pesada que la propia sombra del ser humano? Ese costal invisible que arrastra, lleno de lujuria, lascivia, impudicia, miedo, vacío, rencor, envidia y otras miserias que se almacenan en el alma llamada costal.

     Arrastrar esa fatiga propia, ese peso íntimo, es un acto farragoso que a menudo se confunde con lo ininteligible (Del lat. inintelligibĭlis). Todo lo que contiene la sombra personal es más denso que cualquier cruz. Nada es más pesado que eso. Por encima de la cruz cristiana, está el peso de la conciencia. Incluso muchos no logran escapar de su propio plúmbeo: entre más caminan, más pesa. La conciencia (Del lat. conscientĭa, y este a su vez del griego συνεδησιςsyneídēsis) se corroe lentamente. En ella conviven el bien y el mal. Allí, la persona, al esquivar o enfrentarse a sí misma, se somete a un juicio moral, confrontando la realidad de sus propios actos. Sin embargo, todo se oculta en el costal de la sombra: allí yacen todos los secretos posibles. Incluso las sombras poseen facultades mentales capaces de engañar a quien las alberga en su alma, convirtiéndose en arquetipos, es decir, modelos universales, precursores congénitos que habitan el inconsciente cultural o colectivo. Estos influyen en los sujetos que actúan en sociedad, manifestándose en imágenes, conductas y símbolos que se difunden a través de las comunidades. Ya sea colectiva o individual, lo opaco, confunde al que está confundido, y el que no lo está, lo trata de confundir. La sombra es una fiel copia arquetípica. Acémila que se lleva dentro de lo más intrínseco (Del lat. intrinsĕcus interiormente) la cual se bosqueja como sombra.

     El mal, según Jung, es esa sombra que se proyecta fuera de la figura que se refleja como una parte humana lóbrega, fuera y no constituida de la psiquis, al no reconocerse se puede incorporar a la conciencia. Si esto sucede se expresa o reacciona de manera violenta agravada tanto individual como colectiva. Convirtiéndose la sombra como el mal. Jung, manifestó en referencia al inconsciente individual, cada sujeto detenta el suyo, allí acumula su mundología (De mundo y -logía) se cohíbe o reprime sus apetitos o emociones pasionales como lo son los deseos, que se refleja en la sombra, el cual no se reconoce como suyos. Lo sombrío personal es posible que se exprese desde lo más adverso, perjudicial o negativo, conductas peligrosas con alcances destructivas acompañados de actos o acciones poco recomendables para la salud mental y física.

     Todos los seres humanos llevan en su interior una especie de caja de Pandora. Tarde o temprano, cada individuo libera la suya, dejando brotar de ella aquello más oscuro y destructivo. Según el mito, los males, una vez liberados, se dispersan sin control por el mundo. Mientras que Pandora abrió la caja por mera curiosidad, los humanos lo hacen impulsados por la inmoralidad inherente a su condición natural. Solo queda entonces el recurso de la esperanza, ese último elemento que no logró escapar. Pero esta esperanza no es alivio inmediato, sino más bien una larga y penosa espera. En ella se refugia la humanidad, buscando consuelo frente a sus propios dolores y fracasos. Sigmund Freud, planteó esta tensión interna entre pulsiones de vida y muerte en su binomio ErosThanatos, mostrando que la autodestrucción es parte de nuestra esencia. Por su parte, Carl Jung, recurre al concepto de la sombra, inspirado en Nietzsche, para explicar la perversidad como un elemento profundo y compartido del inconsciente colectivo. Así, el mal deja de ser solo individual: se convierte en parte de lo cultural y colectivo.

     Para que las cosas se den o generen vida o reacciones como la energía, movimientos y principios se necesita de la teoría de los contrarios o los opuestos. Heráclito, uno de sus creadores de este concepto consideró que a través de la presión y la interacción entre los átomos o elementos de forma opuestas se generan cambios para los procesos que generan nuevas cosas, ya sean contrarias, produciendo fuerzas, caos y conflictos como lo son la existencia y la coexistencia. Lo contrario de la luz es la sombra, de la noche el día, de la vida la muerte, del bien el mal. En este juego constante de elementos giratorios se mueve la humanidad. Jung, advierte: A partir de ahora debemos aprender a controlarlo porque va a permanecer junto a nosotros, aunque, de momento, resulte difícil concebir cómo podremos convivir con él sin experimentar sus terribles consecuencias (2024. P. 242). Sólo queda decir ante el acoso de las propias angustias: Vini, vidi, vici, es decir, Vine, vi, vencí. Atentamente: LA SOMBRA.                                              

 

Referencias Bibliográficas

 

Andersen, H. (2018). La sombra y otros cuentos. Madrid. Alianza Editorial.

Cragnolini, M. B. (2001). Para una ‘melancología’ de la alteridad: diseminaciones derridianas en el pensamiento nietzscheano. Recuperado de https://www.google.com/search?q=la+melancolog%C3%ADa+de+la+alteridad+Cragnolini&oq=la+melancolog%C3%ADa+de+la+alteridad+Cragnolini&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIKCAEQABiABBiiBDIHCAIQABjvBTIKCAMQABiABBiiBDIHCAQQABjvBTIKCAUQABiABBiiBNIBCTMwNTAxajBqNKgCALACAA&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Chamisso, A. (2009). La maravillosa historia de Peter Schlemihl. Madrid. Nórdica Libros.

Derrida, J. (1990): La luz negra. En P. A. Rovatti, Como la luz tenue. Metáfora y saber. Barcelona. Editorial Gedisa.

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Goethe Von, J. W. (2020). Fausto. Madrid. Abada Editores.

Homero. (2010). La Odisea. Barcelona. Editorial Almadraba.

Nietzsche, F. (2017). Humano, Demasiado Humano: Un libro para espíritus libres. Vol. III. Madrid. Editorial Tecnos. 

Nietzsche, F. (2017). El Caminante y su sombra. Vol. III. Madrid. Editorial Tecnos.

Ordine, N. (2008). El Umbral de la Sobra: Literatura, filosofía y pintura en Giordano Bruno. España. Biblioteca de Ensayo Siruela.    

Pérez Galdós, B. (2023). La Sombra. Barcelona. Ediciones Cátedra.

Platón. (2011). Diálogos. España. Editorial Gredos.

Shelley, M. (2024). Frankenstein o el moderno Prometeo. Las Palmas de Gran Canaria. Beginbook Editorial.

Stevenson, R. L. (2024). El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde. España. Penguin Clásicos.

Wilde, O. (2015). El retrato de Dorian Grey. España. Mesta Ediciones. S. L.

Zweig y Abrams (2024). Encuentro con la sombra: El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. Barcelona. Editorial Kairós.

  



[1] Filósofo. Historiador. Especialista en Cultura Política. Mg en filosofía Moral. Ph. D. Doctor. Filosofía contemporánea. Docente universitario-secundaria. Investigador. Orcid: 0000-0001-8230-8831. Minciencias: CvLAC-GrupLAC  frecho13@hotmail.com  

 

 


BLOW UP Y LA MIRADA: REALIDAD, RECORTE Y CREACIÓN DEL MUNDO / Carlos Molina Gómez

Carlos Molina Gómez

 

BLOW UP Y LA MIRADA: REALIDAD, RECORTE Y CREACIÓN DEL MUNDO


[…] día a día debiste hacer tu jornada de lento viajero para llegar a este minuto en que la radical extrañeza de todo te hiere José Manuel Arango Unidad visual: Blow Up (1966) de Michelangelo Antonioni Unidad literaturante: El Cibermundo, la política de lo peor (1997).

                                                          Paul Virilio.

                  

  Carlos Molina Gómez[1]


Un asunto se me antoja particularmente interesante en el diálogo extendido entre Michelangelo Antonioni y Paul Virilio. Y cuando digo se me antoja, no lo hago con un tufillo despectivo o sobrador, sino desde una postura realista: no siempre leemos lo que el escritor —o cineasta, en este caso— quiso decir. Leer, según Borges en Pierre Menard, autor del Quijote, es reescribir el texto en el contexto del lector, un contexto que no siempre coincide con el del autor. Si cambia el contexto, cambia el texto. Si cambia el punto de vista, cambia el objeto.

     En el juego inquietante entre ver y creer, Blow-Up (1966), la icónica película de Michelangelo Antonioni, propone una escena en apariencia banal: un fotógrafo en un parque, una cámara, una serie de imágenes ampliadas, un crimen que tal vez nunca existió. Detrás de ese argumento mínimo se despliega un campo de tensiones filosóficas fundamentales: ¿vemos lo que es, o vemos lo que queremos —o podemos— ver? Este artículo se sumerge en esa pregunta desde la mirada de Paul Virilio y Michel Foucault, quienes permiten comprender que el punto de vista no es solo una forma de observar el mundo, sino una fuerza que lo constituye. No existe objeto sin marco, ni realidad sin recorte.

     La tesis que guía esta reflexión es clara: no hay una realidad anterior a la conciencia, sino que mirada con un marco previo (creencias, verdades, monumentos, patrones limitantes, ídolos) recorta, fija y valida una versión del mundo que será asumida como verdad (ídolo, monumento). A través de otra lectura de Blow Up, se analiza cómo la fotografía más que una simple captura actúa como un operador epistémico que construye realidades a partir de lo visible, lo ampliable, lo interpretable. En este sentido, la imagen no es evidencia de lo real, sino productora de lo real dentro de un régimen de saber-poder que legitima ciertos recortes y excluye otros. La fotografía es una metáfora de los regímenes de exclusión empleados por los centros de encierro como las universidades.

     El objetivo central del presente texto es explorar cómo la mirada —determinada por una episteme, un campo/topos de visión/pensamiento no se limita a representar el mundo, sino que lo fabrica. Este gesto creador se manifiesta no solo en el cine o la fotografía, sino también en los discursos científicos, en la investigación académica, en las metodologías que definimos para probar lo que ya se intuye. Lo que se ve es lo que se cree, y lo que se cree se convierte en lo único que se puede ver. Esto se hace más evidente con las evaluaciones/juicios de los pares lectores o jurados de informes de investigación o de tesis doctorales: juzgan desde sus experiencias y campos de visión y muchas veces pretenden que el investigador, doctorando o estudiante diga lo que ellos quieren leer o que lean lo que ellos en su eterno bucle ya han leído.

     Se sostiene, que el observador no descubre el mundo: lo construye. Con la fotografía (como pre/texto) vista como la teoría se afirma que la verdad se selecciona, encuadra y reconfigura. No hay imagen sin ideología, ni realidad sin mirada. Las ciencias, en su pretendida neutralidad, replican esta lógica al definir previamente su objeto de estudio y al autovalidar sus hallazgos dentro del marco que ellas mismas diseñaron. Así, Blow Up, no solo habla de un crimen ambiguo, sino del gesto fundador de toda verdad: el acto de mirar desde un lugar. El modelo de los modelos.

     Este artículo invita a sospechar de las imágenes (ídolos), de las teorías, de nuestras certezas. A detenernos, como Thomas frente a sus fotos, y preguntarnos si lo que creemos ver es lo que realmente está ahí o solo lo que nuestra mirada y su campo de posibilidad permite construir.

     La teoría (campo/topos de visión/pensamiento) define lo que somos capaces de observar o el punto de vista (campo/topos de visión/pensamiento) crea el objeto.

     El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero, ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo. (En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada, pálida, nórdica, königsberguense) (Nietzsche, 2003).

Henos aquí en un mundo dentro del mundo(McCarthy, 2008).

El mundo está todo aquí dentro (Saramago, 1995).

El modelo es por definición aquel en el que no hay nada que cambiar, aquel que funciona a la perfección, en cambio vemos perfectamente la realidad que no funciona y se desintegra por todas partes; por lo tanto, no queda sino obligarla a tomar la forma del modelo, por las buenas o por las malas (Calvino, 1997).

     Resulta que ya no son nueve los planetas de nuestro sistema solar. Lo que antes era un planeta ya no lo es. Los reinos de la naturaleza ya no son tres. ¿A caso por dejar de nombrar un cuerpo extraterrestre deja de ser lo que es? ¿O acaso por empezar a nombrar un cuerpo extraterrestre, que antes no nombrábamos, cambia su esencia? ¿O acaso el mundo cambia su estructura micro o macroscópica porque descubramos que existe algo más de lo que hoy creía existía? En fin ¿vale la pena seguir creyendo en lo que creemos? ¿Vale la pena creer que lo que nos han dicho y lo que nos han enseñado es la realidad? ¿Existe entonces la realidad? ¿No será acaso que el mundo es lo que es y que no podemos proyectar en el mundo más orden o desorden del que hay? Que… ¿no podemos transformarlo más de lo que se trasforma a sí mismo? (Baudrillard, 2000: 22).

     Baudrillard, continúa alertando de esta situación:

Ahí está la debilidad de nuestra radicalidad histórica. Todos los pensamientos del cambio, las utopías revolucionarias, nihilistas, futuristas, toda esta poética de la subversión y de la transgresión característica de la modernidad, resultarán ingenuas ante la inestabilidad, la reversibilidad natural del mundo. No solo la transgresión, sino la misma destrucción, están fuera de nuestro alcance. Jamás nos equipararemos con un acto de destrucción a la destrucción accidental del mundo (2000: 22-23).

     Se dice con frecuencia que en la tierra de los ciegos el tuerto es rey; pero… ¿Será cierta esta afirmación?

     No resultaría osado negar esta afirmación. No es posible que el tuerto sea rey en la tierra de los ciegos, no le creerían por la sencilla razón que se están relacionando con el mundo de manera distinta a la forma como el tuerto se relaciona con el mismo mundo. El tuerto se relaciona con el mundo de una manera y lo ciegos de otra. Cada uno se relaciona con el mundo desde su visión o no visión o visión parcial. Hay tensión y por eso no puede ser rey. Seguramente por las virtudes de la democracia el tuerto termine siendo rey, pero también los ciegos terminen, seguramente, haciendo lo que ellos creen. (No sabemos si en un acto de ceguera o de lucidez).

     La forma de relacionarnos con el mundo es lo que llamo caverna como campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento. Este es el mensaje que deja Platón en su mito de la caverna y también esta idea se encuentra ejemplificada en la historia del rey juicioso que narra k. Gibran en su libro El loco (Gibran, 1987).

     Desde nuestra caverna -campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento- nos relacionamos con el mundo. Quien no esté dentro de la caverna es tildado de loco, anormal, inadaptado o desadaptado. La caverna es un campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento aceptado y validado por una civilización. Para nuestro caso es el régimen raciocentral de las sociedades capitalistas de occidente. Ese es nuestro campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento instalado por Kant en la modernidad y en el cual bebe la tradición científica moderna pretendidamente universal.

     Campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento con el que no estuvieron de acuerdo pensadores como Foucault, Delueze, Guattari o Bateson, quienes subvierten la lógica, la ciencia y la filosofía occidentales llevando el pensamiento llamado postmoderno hacia los bordes de su racionalidad desde lo que se puede denominar relativismo epistémico, el que constituye una interfaz epistémica hacia la muerte de la Filosofía Occidental como filosofía Universal. Esto todavía dentro de la tradición de la Ilustración Europea, pero en sus límites. De ahí en adelante está todo por hacer (Buitrago, 2011: 1).

     La caverna como campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento hace ver siluetas o sombras del mundo y hace creer que los universales o categorías abstractas de la conciencia son la realidad objetiva o que es el mundo. Esa caverna es la que crea una realidad y que denominamos la realidad. La realidad no precede nuestro campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento o nuestra caverna según la episteme moderna.

     Virilio alerta de este imperio del campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento cuando afirma: El mundo está antes dentro de nosotros que fuera. Pero si realmente está fuera, en la geografía y en el espacio-mundo, también existe a través de mi conciencia del mundo. Es decir, que mi campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento es el punto de mirada, es desde donde creo y miro lo que denomino mundo o realidad.

El señor Palomar de pie en la orilla mira una ola. No está absorto en la contemplación de las olas. No está absorto porque sabe lo que hace: quiere mirar una ola y la mira. No está contemplando, porque la contemplación necesita un temperamento adecuado, un estado de ánimo adecuado y un concurso adecuado de circunstancias exteriores; y aunque el señor Palomar no tiene nada en principio contra la contemplación, ninguna de las tres condiciones se le da. En fin, no son «las olas» lo que pretende mirar, sino una ola singular, nada más; como quiere evitar las sensaciones vagas, se asigna para cada uno de sus actos un objeto limitado y preciso. (…) El señor Palomar trata ahora de limitar su campo de observación; si se fija en un cuadrado, digamos, de diez metros de orilla por diez metros de mar, puede completar un inventario de todos los movimientos de olas que se repiten con diversa frecuencia dentro de un determinado lapso de tiempo. La dificultad está en fijar los límites de ese cuadrado, porque si, por ejemplo, considera como lado más alejado de su persona la línea en realce de una ola que avanza, esta línea al acercársele y alzarse esconde a sus ojos todo lo que queda atrás, y entonces el espacio que se está examinando se vuelca y al mismo tiempo se aplasta. (Calvino, 1997: 15-17).

     No existe más realidad que la que yo creo. Nuestra conciencia son marcos teóricos que crean los objetos o desde los que observamos. En occidente llamamos a la conciencia, marcos teóricos (Kant). Es desde estos marcos teóricos o puñados de argumentos que creamos realidades como planetas, reinos de la naturaleza, razas, sistemas políticos, instituciones o asesinatos. La Película y el ojo están en la conciencia, no están en el rollo o en la lente la cámara. Está en la conciencia del observador o fotógrafo (en Blow up).

     En Blow Up, el protagonista Thomas, fotógrafo de moda, se obsesiona con una serie de imágenes capturadas en un parque. Al ampliar las fotografías —literalmente Blow up— comienza a descubrir en los detalles lo que parece ser un crimen. Pero el crimen no está en el mundo: está en su mirada. El mundo no le ofreció un asesinato; él lo construyó a partir de una secuencia de encuadres, ampliaciones y supuestos. La fotografía, entonces, no revela la realidad, la crea.

     Esta escena es una materialización cinematográfica del pensamiento de Paul Virilio cuando denuncia que el campo visual —el Cibermundo, la pantalla, el ojo tecnificado ya no representa, sino que impone realidades. De ahí su política de lo peor: cuanto más vemos, menos comprendemos, nuestra capacidad de recorte sustituye la complejidad por una apariencia de verdad.

     Thomas insiste en la imagen. Vuelve a ella, la recorta, la amplía, la interpreta. Como el investigador académico que formula hipótesis, busca datos y termina confirmando lo que ya suponía. En palabras de Foucault, actúa desde una episteme, un régimen de saber-poder que no observa al mundo, sino que lo produce. Así, el recorte fotográfico es el equivalente metodológico del marco teórico: ambos seleccionan, encuadran y eliminan.

Para construir un modelo -Palomar lo sabía- es preciso partir de algo, es decir, tener principios de los cuales pueda salir por deducción el propio razonamiento. Estos principios -llamados también axiomas o postulados- uno no los elige, sino que ya los tiene, porque si no los tuviera no podría siquiera ponerse a pensar. Por lo tanto, Palomar también los tenía, pero -no siendo ni un matemático ni un lógico- no se preocupaba de definirlos. Deducir era, sin embargo, una de sus actividades preferidas, porque podía dedicarse a ella solo y en silencio, sin instrumentos especiales, en cualquier lugar y momento, sentado en un sillón o paseando. Por la inducción, en cambio, sentía cierta desconfianza, tal vez porque sus experiencias le parecían aproximativas y parciales. La construcción de un modelo era, pues, para él un milagro de equilibrio entre los principios (que permanecían en la sombra) y la experiencia (inasible), pero el resultado debía tener una consistencia mucho más sólida que los unos y la otra. (Calvino, 1997: 95).

     Por el mismo Virilio deja abierta la puerta al señalar que no todo es conciencia o teorías a la manera de la episteme de la modernidad, sino que fundamentalmente [] está fuera, en la geografía y en el espacio-mundo.

     En ese estar fuera de Virilio existe una circulación e interconexión permanente de múltiples referencias o singularidades irreductibles que no se ajustan al campo/topos de visión/pensamiento.

Llegado a ese punto a Palomar no le quedaba sino borrar de su mente los modelos y los modelos de modelos. Cumplido también este paso, se encuentra cara a cara con la realidad mal dominable y no homogeneizable, formulando sus «», sus «no», sus «pero». Para eso, es mejor que la mente esté libre, limpia, amueblada sólo por la memoria de fragmentos de experiencia y de principios sobrentendidos y no demostrables. No es una línea de conducta que pueda darle satisfacciones especiales, pero es la única que le resulta practicable. (Calvino, 1997: 97).

     Eso es lo que hace Antonioni en su film Blow up, alerta de esta tensión entre el ojo del observador que crea una realidad/ficción la soberanía y autonomía demencial del mundo. La realidad está en el ojo del observador sumida incondicionalmente a todas las hipótesis que puedan hacerse sobre ella (Baudrillard, 2000: 14).

     Pero este observador no cuenta con que: El exceso está en el mundo, no en nosotros. El mundo es lo excesivo, el mundo es lo soberano (Baudrillard, 2000: 23), por eso no hay crimen más allá del crimen del propio mundo. ¿Thomas, el fotógrafo (protagonizado por David Hemmings) es testigo de un crimen? O ¿es él el criminal? O… ¿es el mundo el criminal? Por eso al desaparecer el crimen desaparece Thomas. Porque: En último término, el objeto y el sujeto son lo mismo. Sólo podemos entender la esencia del mundo si podemos entender, en toda su ironía, la verdad de esta equivalencia radical (Baudrillard, 2000: 10). ¿Qué nos queda hoy del mundo después del imperio de la razón ilustrada? La muerte del mundo, de la realidad es la muerte del humano. La desaparición del crimen es la desaparición del observador. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente! (Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos). No hay cuchara (The Matrix, 1999)[2]:

Niño: No intentes doblar la cuchara. Eso es imposible. En vez de eso, sólo procura comprender la verdad.

Neo: ¿Qué verdad?

Niño: Que no hay cuchara.

Neo: ¿No hay cuchara?

Niño: Si lo haces, verás que no es la cuchara la que se dobla. Sino tú mismo.

     Las huellas del mundo son las huellas del observador. No en vano Blow up alienta desde su primera escena con las huellas sobre la hierba.

     ¿cuál es el campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento que históricamente ha privilegiado la escuela? ¿Y la investigación? Lo que sucede cotidianamente en investigación y en el mundo académico, se está hablando de nuestra caverna, de nuestro Campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento. En investigación formulamos problemas, preconfiguramos soluciones, se hacen propósitos, se diseña la metodología y los instrumentos para finalmente llegar a la autoverifiación de lo que nosotros mismos propusimos inicialmente.

     Es un acto permanente de autoafirmación y autovalidación de Campo/topos/coordenadas de visión/pensamiento bajo la creencia que estamos afectando el mundo. De hecho, exteriorizamos esta caverna en un compartimento estanco llamado marco de referencia o marco teórico. Y es desde ese marco referencial o teórico que preconfiguramos una realidad para, con rigurosos métodos e instrumentos, configurarla definitivamente y elevarla a la condición de nueva realidad frente a la cual asumimos una postura de fe absoluta por ser nuestra realidad. Es uno de nuestros más profundos actos de fe. Es otra forma de espiritualidad la de la ciencia.

Cierro recordando a Derrida:

Comenzamos aquí un segundo trayecto. Al igual que el primero, éste tampoco nos conducirá hacia ninguna línea dominante más allá de la cual podamos dominar la totalidad de una época o de un territorio histórico. Se tratará de situar algunos puntos de referencia significativos para medir un desplazamiento o la transformación de una problemática. Esto supone, por nuestra parte, elecciones y riesgos estratégicos (Derrida. 1995).

     La fotografía, más que un simple testimonio de lo real, opera como un dispositivo epistemológico: no capta una realidad externa e intacta, sino que actúa como un instrumento de creación simbólica. Cada encuadre, cada decisión de foco, cada gesto de ampliación es ya una interpretación; una forma de imponer una narrativa y de cancelar todo lo que queda fuera del marco. Lo que no entra en el visor, simplemente, no existe. En Blow Up, este gesto queda en evidencia: lo que el fotógrafo captura no es un hecho, sino una posibilidad que se transforma en verdad a medida que la imagen es mirada, ampliada, analizada y creída.

     La mirada, deja de ser una herramienta pasiva de observación para convertirse en una construcción ontológica. La verdad, en la película, no reposa en el supuesto crimen, sino en la obsesión de Thomas por encontrarlo. Él no descubre algo oculto en el parque; lo fabrica a partir de su deseo de ver, de su necesidad de sentido. Así, encarna al observador moderno que confunde su perspectiva con la realidad misma, sin advertir que todo lo que cree encontrar ya estaba prefigurado por su campo visual, por sus marcos mentales y culturales.

     Virilio, en este contexto, advierte sobre los peligros de una visualidad saturada. La mirada contemporánea, dice, ya no es una ventana hacia el mundo, sino una trampa: cuanto más vemos, más perdemos el referente. Las imágenes ya no remiten a algo exterior, sino que sustituyen al mundo. El ojo se vuelve prisionero de sus propias proyecciones. Lo visible devora lo real. Y en ese abismo entre imagen y presencia, entre evidencia y ficción, se pierde la posibilidad de un mundo compartido.

     Foucault, desmantela la ilusión de neutralidad. No hay observación inocente, ni marco teórico que no esté cargado de poder. Lo que llamamos realidad es una producción: un efecto de régimen de saber-poder que decide qué es visible, qué es decible, qué es creíble. Toda teoría es una toma de partido. Todo discurso, incluso el científico, construye su objeto desde una posición. La pretendida objetividad no es más que el enmascaramiento de una voluntad de verdad que, paradójicamente, impide ver más allá de sus propias premisas.

     En este sentido, la escuela — con ella la academia y la investigación científica— se convierten en grandes cavernas epistémicas. Lejos de interrogar radicalmente el mundo, muchas veces lo confirman. Desde sus metodologías y marcos teóricos, producen verdades que solo validan aquello que ya estaba prefigurado en su interior. El problema, los objetivos, la hipótesis, los instrumentos y las conclusiones forman parte de un circuito cerrado que actúa como un sistema de autoverificación. Así, el saber no se abre al acontecimiento, sino que se repliega sobre sus certezas, reafirmando el campo —topos— de visión y pensamiento que le da origen.

     En resumen, Blow-Up no es solo una película sobre un fotógrafo y una posible muerte: es una meditación profunda sobre el lugar desde donde miramos, sobre aquello que dejamos fuera del encuadre y sobre la forma en que construimos la realidad a fuerza de mirar creyendo que descubrimos. Invita a sospechar de nuestras imágenes, de nuestras teorías, de nuestras verdades. A preguntarnos si, al final, no seremos nosotros mismos —como Thomas— quienes desaparecemos cuando ya no queda nada por ver.

 

 Referencias Bibliográficas

Antonioni, M. (director). (1966). Blow Up [Película]. Metro-Goldwyn-Mayer.

Baudrillard, J. (2000). El crimen perfecto. Anagrama.

Calvino, I. (1997). Palomar. Siruela.

Derrida, J. (1995). El lenguaje y las instituciones filosóficas. (Grupo Decontra, Trad.). Paidós.

Foucault, M. (1979). Microfísica del poder. La Piqueta.

Gibran, K. (1987). El loco. Ediciones Obelisco.

Kant, I. (2007). Crítica de la razón pura. (P. Ribas, Trad.). Alfaguara. (Original publicado en 1781)

McCarthy, C. (2008). Suttree. Vintage Español. (Original publicado en 1979)

Nietzsche, F. (2003). El crepúsculo de los ídolos. Alianza Editorial.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. Alfaguara.

Virilio, P. (1997). El Cibermundo, la política de lo peor. Cátedra.

Wachowski, L., & Wachowski, L. (directoras). (1999). The Matrix [Película]. Warner Bros.

 

 

 



[1] Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali (Colombia). Especialista en Gerencia de Servicios Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín (Colombia). Ph. D. Doctor Filosofía en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia) con tesis doctoral distinguida. Investigador en el campo temático: filosofía como educar/se y espiritualidad. Minciencias: Investigador Junior (IJ). CvLAC. GrupLAC. Orcid: 0000-0002-6153 -7675. camolina@uniquindio.edu.co molinagomezcarlosalberto@gmail.com

[2] Wachowski, L., & Wachowski, L. (directoras). (1999). The Matrix [Película]. Warner Bros.


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PASANDO LA PAGINA

Darío Ruiz Gómez

El folletín de mil páginas que durante nueve horas con apenas descansos de cinco minutos por parte de la Jueza encargada de condenar al  Dr Uribe, mostró desde el comienzo que se daba en el estilo literario y no jurídico de condena, el deseo más que manifiesto de sus autores de pretender inmortalizarse a través de lo que consideraban unas páginas  antológicas en la literatura mundial con inolvidables metáforas de la retórica del nuevo populismo, “El silencio dialéctico”, “la emboscada de Neiva” para poner un solo dos ejemplos de la escritura de este folletín que se debate entre el determinismo y el pasquín, ya cuando en la última consideración se hace más obvio el tono de radionovela que quisieron imprimirle los autores y que responde plenamente a la ideología propia de este lenguaje. El autor bajo este arrebato creativo se inventa diálogos entre personajes mientras entran en la cabina de un avión o conjeturan si van o no a “llamar al Viejo, o, al Jefe”. Recurso narrativo y no propio de un documento jurídico que me recuerda la novela de un escritor muy pobre de Medellín cuando al finalizar un capítulo le confía al lector: “Hay que ver como reía Raúl sin sospechar que va a morir en el capítulo 32 de esta novela” Lo más importante en la novela moderna es la libertad de cada personaje mostrado en sus decisiones con total objetividad para que sea el lector el encargado de pronunciarse sobre su conducta, sobre sus comportamientos. Lo que quiere decir que en un intento de narración como la de este mamotreto condenar de antemano al imputado- como en el Ministerio de Justicia del Poder Popular de Venezuela-  acomodando cada uno de los hechos inventados por el narrador impidiendo que el lector pueda tomar  la debida distancias  es ya una demostración de lo que constituye un juicio amañado. Para  la justicia absolutista el juzgado está ya  condenado de antemano cuando la gran conquista de la democracia moderna es el derecho a exigir la presunción de inocencia,  premisa que precisamente es la que la justicia madurista, adoptada por los autores de este folletín para este caso.  niega radicalmente.

 En los simulacros de juicios maduristas lo importante es la condena de  “enemigos de la patria”. Como una autómata la Juez fue capaz de leer  durante nueve horas  en un tono de voz desprovista de la convicción  moral que solamente se da cuando lo que leo es mi escritura personal reflejo de mis convicciones  y de mi conocimiento del orden jurídico en este caso. Por eso conocer de antemano la militancia política de los jueces es desde hoy algo a exigir pues no es lo mismo la sentencia de un juez populista que la de un demócrata.  La caída de Cristina Kirchner  cuando  estaba convencida de haber comprado a los jueces negando  así la separación de poderes y instaurando el Poder Popular.  Este enfoque  propio del mejor “ sentimentalismo populachero” se desenmascara en sus propósitos políticos cuando de salida se nos presenta a Iván Cepeda como un candoroso  héroe nimbado de carisma, el nuevo Mesías materialista sin mácula en su pasado. No es inusitado entonces que el “tímido” Monsalve un criminal  y su compañera de las FARC fueran exonerado de cualquier inculpación y  transformados mediante las técnicas de la nueva justicia,  en los escuderos del nuevo Mesías que hará frente al representante del mal, al malo de la historia, Uribe. Han muerto la razón y el derecho se ha acomodado al mito telúrico con su justicia del cepo, el corte de cabezas.

 

GUERRA ANUNCIADA / Darío Ruiz Gómez

 

GUERRA ANUNCIADA

Darío Ruiz Gómez

Cuando lo que  llamamos guerra y esta lleva décadas de actividad en una nación la cancioncilla que anuncia que guerra anunciada no mata soldado ha perdido significado paras los colombianos que nunca han dejado de ser víctimas de asaltos, de desplazamientos colectivos, de universidades incendiadas con el fin  de que los nuevos señores de la guerra  consumen y legalicen bajo la anuencia de los llamados Consejeros de Paz , un tipo de  inesperadas empresas criminales  caracterizadas hoy por  la tecnificación de los hatos para carne de exportación o el monopolio del cacao, el chantaje al comercio, confirmando la autoridad de los comandantes(as) que solo aparecen para  decir que, como el ELN  lleva ya sesenta años haciendo terrorismo, cumpliendo con la cuota de matar semanalmente a jóvenes soldados o policías, secuestrando, desplazando poblaciones para futuras urbanizaciones campestres, mientras su verdadera Comandancia vive  en Caracas o la Habana o según el Presidente Petro en los más lujosos hoteles de Dubai o México.  Cada día, como lo señala el Papa, frente dantescas escenas en Gaza  de hambre y de ejecución a tiros de una población abandonada, la protesta del catolicismo conmovido carece de eco tal como acontece en Colombia con la tragedia de sesenta mil desplazados a bala del Catatumbo  para que comience la mentira de “una zona de integración económica” bajo el dominio del ELN, un Partido legalizado en Venezuela. Situación nacional de los desplazados que se hacinan cada semana en las periferias de las ciudades colombianas hasta hacernos entender que todo intento de planificar el territorio urbano no deja de ser una quimera pues lo que el urbanismo busca conformar la miseria siempre lo está deformando, recordándonos que esas miserables periferias están y estarán  también bajo el mandato de nuevos poderes. La geopolítica de no obedece ya a desuetas fronteras  regionales establecidas  desde el siglo XIX si no a lo que están estableciendo estos nuevos poderes nacidos del narcotráfico, ante lo cual tenemos que darnos cuenta  que esa población cautiva votará a quienes prefieran sus amos. Liberar estos territorios es afirmar la soberanía de la nación y recordar a los terroristas que existe una ciudadanía libre en una democracia libre.

Por lo tanto todo esto será una  desilusión  anunciada cuando debamos aceptar que la tarea  de desmantelar las fuerzas militares exponiéndolas sin zapatos ni cantimploras ante dos fuerzas, la del ELN y la de Iván Mordisco equipados con  la última tecnología  utilizada en el conflicto Ucrania-Rusia, será  la triste comprobación de una derrota anunciada. Un desproporcionado enfrentamiento entre armas convencionales y drones artillados que hoy mismo están afirmando, lo repito, el poder del ELN y de las Disidencias desde los cielos del Catatumbo y del Cauca y que en una noche imprevista pueden estar atacando a placer a Cúcuta, Bogotá, Medellín, Cali cuando con estupor descubramos también que lo que tenemos enfrente no son románticos guerrilleros si no robots cuyos francotiradores se aburren disparando a soldados y policías, matándolos por divertimento para recordarnos  que esta crueldad es ya el último escalón de la vileza   al servicio de poderes económicos desmesurados. Desde luego es más cómodo seguir mirando la realidad desde una óptica política obsoleta, que, aceptar la presencia de este nuevo modelo de economía vigente en México o Irán y para el cual la cifra de soldados o de población civil asesinada no constituye, como he venido recordando, problema alguno. No hablemos pues de una guerra anunciada sino de un nuevo modelo de país proyectado a partir de esta versión del terrorismo.      

 

SOBRE ALVARO URIBE / Darío Ruiz Gómez

 

SOBRE  ALVARO URIBE

Darío Ruiz Gómez

¿Saben nuestros políticos o nuestros universitarios o nuestras clases ilustradas lo qué representa la OTAN y porqué es tan decisiva la defensa de Ucrania frente a las fuerzas invasoras de Putin apoyado por 10. 000 soldados norcoreanos? La izquierda comunista colombiana y algunos intelectuales públicamente continúan apoyando a Putin. Recordemos que lo primero que hizo Petro fue sacar a Colombia de la OTAN y alinearnos con el llamado Eje del Mal, Rusia, China, Irán, Cuba, Nicaragua, en el cual continuamos al lado de Hamás. Es decir abandonamos a Occidente para inscribirnos en el terrorismo islámico, en la violencia de la Yihad, nada menos. No se nos olvi8de que bajo la estrategia del Eje del Mal en Venezuela se cuenta con la presencia de 20.000 rusos, 15.000 iraníes y el ELN adoptado como parte del gobierno de Maduro. Ya se han apoderado de las fronteras con Venezuela imponiendo su dominio en el Catatumbo, Arauca, el Caquetá, Guaviare, el Cauca, Chocó -hay que repetirlo-  y llenando Bogotá o Medellín de espías a su servicio.  El cliché de  la revolución no es necesario ya para embaucar mentes infantiles como lo demuestra la violencia leninista para la cual reclutar 30.000 niños, secuestrar a 400.00 personas, violar niños y niñas, matar 200. 000 colombianos  tal como lo ha reconocido el Secretariado de las Farc sin espabilar siquiera  sabiendo, eso sí, que la justicia en manos de la burocracia de la JEP ha sido despojada de todo contenido moral y por lo tanto de la sanción que solamente  la verdadera  justicia  podría darles a estos asesinos. El espectáculo que se  ha montado para condenar al expresidente Álvaro Uribe está en la línea de los juicios de Praga o de Moscú, de las purgas que han ejecutado contra quienes han pretendido manifestar su descontento con este siniestro Secretariado. Si uno ve la compostura de la Fiscal “del pueblo”, desencajada mostrando de salida su animadversión hacia el Dr Uribe, nos damos cuenta de que quien ha montado  esta maquinaria de castigo es Iván Cepeda, Comandante Supremo del Secretariado, un juicio-Paredón como los de Castro y hoy los de Maduro y sin ir muy lejos los de la justicia de los Ayatolás para gobernar con el terror.

Queda en claro que  aclarar esta monumental farsa no quiere decir que yo sea un uribista si no que estoy objetivamente describiendo desde el modelo de los juicios estalinistas que tanto he estudiado, lo que supone  en primer lugar  un trabajo previo de difamación del enjuiciado- recuérdese al respecto la tarea de difamación de Monseños Cansino Duarte llevado por un grupo de comunicadores para justificar su asesinato- La manipulación de documentos ha sido obvia, la tergiversación de testimonios también. Cuando la Unión de Abogados europeos condena la criminalización que se ha hecho de Diego Cadena, las Academias de Derecho han callado. Se señala al Dr Uribe como el más monstruoso criminal de Colombia pero se callan los crímenes de las Farc de ayer y de ahora bajo uno de los montajes de difamación más eficaces que haya conocido el mundo. ¿Dónde y porqué están escondidas Deyanira y Mercedes Arroyave la primera de las Farc y la segunda acompañante de Iván Cepeda durante su visita a las cárceles norteamericanas? El Abogado que le hace mil preguntas por minuto al Dr Uribe, insinúa esta barbaridad:” Dr en sus audios  se escucha al fondo mucho ruido ¿No será que el abogado Cadena está delinquiendo” Sorprendente muestra de estupidez que se ha mantenido durante un farsesco juicio inventado no para castigar al más odiado por esas fuerzas del mal sino para desacreditar a magistrados, altos funcionarios mostrando su silencio y legalizando ellos el triunfo del Eje del Mal. Chesterton tenía razón cuando dijo que “El negocio de los progresistas es seguir cometiendo errores. El negocio de los conservadores es evitar que esos errores se corrijan”

 

lunes, 4 de agosto de 2025

Cumpleaños del padre / Víctor Bustamante

 

José Bustamante

Mi padre

Víctor Bustamante

 

Mi padre nunca se ha ido

Regresa en la lectura de los periódicos en las mañanas

Y en la casa del tercer piso donde descubrí que en la memoria de su biblioteca podría viajar, soñar,

explorar y saber de otros territorios y mares

así me poblé de Balzac, de Dostoievski, de Carrasquilla, de Tejada, de Gautier y de Dickens para iniciar el lento proceso de la escritura

Mi padre está en sus poemas

En las notas de su periódico

Y en el sueño inconcluso de la emisora Ondas del Porce

Mi padre está en sus conversaciones de política liberal y en los anales del concejo que habitan muchas de sus noches

A veces sé que anda escuchando las noticias de la radio para saber los vaivenes del precio del café

Mi padre nos lleva de paseo en el jeep Willis verde por las carreteras polvorientas a bañarnos en los termales de Guadalupe, y por los recodos de las caminadas sorpresivas a las quebradas

Cuando escucho una canción en sus labios, Despedida, de Daniel Santos

Mi padre está en las fotografías donde, con los años, adquiere la nombradía de una persona sabia

Así como cuando lo visito en esos sueños que tejen las noticias de sus certezas.

Hilo de memoria y de su presencia

 

Agosto 4 de 2025