PASANDO LA PAGINA
Darío Ruiz
Gómez
El folletín de mil páginas que durante nueve horas con apenas descansos de
cinco minutos por parte de la Jueza encargada de condenar al Dr Uribe, mostró desde el comienzo que se daba
en el estilo literario y no jurídico de condena, el deseo más que manifiesto de
sus autores de pretender inmortalizarse a través de lo que consideraban unas
páginas antológicas en la literatura
mundial con inolvidables metáforas de la retórica del nuevo populismo, “El
silencio dialéctico”, “la emboscada de Neiva” para poner un solo dos ejemplos de
la escritura de este folletín que se debate entre el determinismo y el pasquín,
ya cuando en la última consideración se hace más obvio el tono de radionovela
que quisieron imprimirle los autores y que responde plenamente a la ideología propia
de este lenguaje. El autor bajo este arrebato creativo se inventa diálogos
entre personajes mientras entran en la cabina de un avión o conjeturan si van o
no a “llamar al Viejo, o, al Jefe”. Recurso narrativo y no propio de un
documento jurídico que me recuerda la novela de un escritor muy pobre de
Medellín cuando al finalizar un capítulo le confía al lector: “Hay que ver como
reía Raúl sin sospechar que va a morir en el capítulo 32 de esta novela” Lo más
importante en la novela moderna es la libertad de cada personaje mostrado en
sus decisiones con total objetividad para que sea el lector el encargado de
pronunciarse sobre su conducta, sobre sus comportamientos. Lo que quiere decir
que en un intento de narración como la de este mamotreto condenar de antemano
al imputado- como en el Ministerio de Justicia del Poder Popular de Venezuela- acomodando cada uno de los hechos inventados
por el narrador impidiendo que el lector pueda tomar la debida distancias es ya una demostración de lo que constituye un
juicio amañado. Para la justicia
absolutista el juzgado está ya condenado
de antemano cuando la gran conquista de la democracia moderna es el derecho a exigir
la presunción de inocencia, premisa que
precisamente es la que la justicia madurista, adoptada por los autores de este
folletín para este caso. niega
radicalmente.
En los simulacros de juicios
maduristas lo importante es la condena de “enemigos de la patria”. Como una autómata la
Juez fue capaz de leer durante nueve
horas en un tono de voz desprovista de
la convicción moral que solamente se da
cuando lo que leo es mi escritura personal reflejo de mis convicciones y de mi conocimiento del orden jurídico en
este caso. Por eso conocer de antemano la militancia política de los jueces es
desde hoy algo a exigir pues no es lo mismo la sentencia de un juez populista
que la de un demócrata. La caída de
Cristina Kirchner cuando estaba convencida de haber comprado a los jueces
negando así la separación de poderes y
instaurando el Poder Popular. Este
enfoque propio del mejor “
sentimentalismo populachero” se desenmascara en sus propósitos políticos cuando
de salida se nos presenta a Iván Cepeda como un candoroso héroe nimbado de carisma, el nuevo Mesías
materialista sin mácula en su pasado. No es inusitado entonces que el “tímido” Monsalve
un criminal y su compañera de las FARC fueran
exonerado de cualquier inculpación y transformados
mediante las técnicas de la nueva justicia, en los escuderos del nuevo Mesías que hará
frente al representante del mal, al malo de la historia, Uribe. Han muerto la
razón y el derecho se ha acomodado al mito telúrico con su justicia del cepo,
el corte de cabezas.
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