miércoles, 6 de agosto de 2025

PASANDO LA PAGINA /Darío Ruiz Gómez

 

PASANDO LA PAGINA

Darío Ruiz Gómez

El folletín de mil páginas que durante nueve horas con apenas descansos de cinco minutos por parte de la Jueza encargada de condenar al  Dr Uribe, mostró desde el comienzo que se daba en el estilo literario y no jurídico de condena, el deseo más que manifiesto de sus autores de pretender inmortalizarse a través de lo que consideraban unas páginas  antológicas en la literatura mundial con inolvidables metáforas de la retórica del nuevo populismo, “El silencio dialéctico”, “la emboscada de Neiva” para poner un solo dos ejemplos de la escritura de este folletín que se debate entre el determinismo y el pasquín, ya cuando en la última consideración se hace más obvio el tono de radionovela que quisieron imprimirle los autores y que responde plenamente a la ideología propia de este lenguaje. El autor bajo este arrebato creativo se inventa diálogos entre personajes mientras entran en la cabina de un avión o conjeturan si van o no a “llamar al Viejo, o, al Jefe”. Recurso narrativo y no propio de un documento jurídico que me recuerda la novela de un escritor muy pobre de Medellín cuando al finalizar un capítulo le confía al lector: “Hay que ver como reía Raúl sin sospechar que va a morir en el capítulo 32 de esta novela” Lo más importante en la novela moderna es la libertad de cada personaje mostrado en sus decisiones con total objetividad para que sea el lector el encargado de pronunciarse sobre su conducta, sobre sus comportamientos. Lo que quiere decir que en un intento de narración como la de este mamotreto condenar de antemano al imputado- como en el Ministerio de Justicia del Poder Popular de Venezuela-  acomodando cada uno de los hechos inventados por el narrador impidiendo que el lector pueda tomar  la debida distancias  es ya una demostración de lo que constituye un juicio amañado. Para  la justicia absolutista el juzgado está ya  condenado de antemano cuando la gran conquista de la democracia moderna es el derecho a exigir la presunción de inocencia,  premisa que precisamente es la que la justicia madurista, adoptada por los autores de este folletín para este caso.  niega radicalmente.

 En los simulacros de juicios maduristas lo importante es la condena de  “enemigos de la patria”. Como una autómata la Juez fue capaz de leer  durante nueve horas  en un tono de voz desprovista de la convicción  moral que solamente se da cuando lo que leo es mi escritura personal reflejo de mis convicciones  y de mi conocimiento del orden jurídico en este caso. Por eso conocer de antemano la militancia política de los jueces es desde hoy algo a exigir pues no es lo mismo la sentencia de un juez populista que la de un demócrata.  La caída de Cristina Kirchner  cuando  estaba convencida de haber comprado a los jueces negando  así la separación de poderes y instaurando el Poder Popular.  Este enfoque  propio del mejor “ sentimentalismo populachero” se desenmascara en sus propósitos políticos cuando de salida se nos presenta a Iván Cepeda como un candoroso  héroe nimbado de carisma, el nuevo Mesías materialista sin mácula en su pasado. No es inusitado entonces que el “tímido” Monsalve un criminal  y su compañera de las FARC fueran exonerado de cualquier inculpación y  transformados mediante las técnicas de la nueva justicia,  en los escuderos del nuevo Mesías que hará frente al representante del mal, al malo de la historia, Uribe. Han muerto la razón y el derecho se ha acomodado al mito telúrico con su justicia del cepo, el corte de cabezas.

 

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