miércoles, 6 de agosto de 2025

GUERRA ANUNCIADA / Darío Ruiz Gómez

 

GUERRA ANUNCIADA

Darío Ruiz Gómez

Cuando lo que  llamamos guerra y esta lleva décadas de actividad en una nación la cancioncilla que anuncia que guerra anunciada no mata soldado ha perdido significado paras los colombianos que nunca han dejado de ser víctimas de asaltos, de desplazamientos colectivos, de universidades incendiadas con el fin  de que los nuevos señores de la guerra  consumen y legalicen bajo la anuencia de los llamados Consejeros de Paz , un tipo de  inesperadas empresas criminales  caracterizadas hoy por  la tecnificación de los hatos para carne de exportación o el monopolio del cacao, el chantaje al comercio, confirmando la autoridad de los comandantes(as) que solo aparecen para  decir que, como el ELN  lleva ya sesenta años haciendo terrorismo, cumpliendo con la cuota de matar semanalmente a jóvenes soldados o policías, secuestrando, desplazando poblaciones para futuras urbanizaciones campestres, mientras su verdadera Comandancia vive  en Caracas o la Habana o según el Presidente Petro en los más lujosos hoteles de Dubai o México.  Cada día, como lo señala el Papa, frente dantescas escenas en Gaza  de hambre y de ejecución a tiros de una población abandonada, la protesta del catolicismo conmovido carece de eco tal como acontece en Colombia con la tragedia de sesenta mil desplazados a bala del Catatumbo  para que comience la mentira de “una zona de integración económica” bajo el dominio del ELN, un Partido legalizado en Venezuela. Situación nacional de los desplazados que se hacinan cada semana en las periferias de las ciudades colombianas hasta hacernos entender que todo intento de planificar el territorio urbano no deja de ser una quimera pues lo que el urbanismo busca conformar la miseria siempre lo está deformando, recordándonos que esas miserables periferias están y estarán  también bajo el mandato de nuevos poderes. La geopolítica de no obedece ya a desuetas fronteras  regionales establecidas  desde el siglo XIX si no a lo que están estableciendo estos nuevos poderes nacidos del narcotráfico, ante lo cual tenemos que darnos cuenta  que esa población cautiva votará a quienes prefieran sus amos. Liberar estos territorios es afirmar la soberanía de la nación y recordar a los terroristas que existe una ciudadanía libre en una democracia libre.

Por lo tanto todo esto será una  desilusión  anunciada cuando debamos aceptar que la tarea  de desmantelar las fuerzas militares exponiéndolas sin zapatos ni cantimploras ante dos fuerzas, la del ELN y la de Iván Mordisco equipados con  la última tecnología  utilizada en el conflicto Ucrania-Rusia, será  la triste comprobación de una derrota anunciada. Un desproporcionado enfrentamiento entre armas convencionales y drones artillados que hoy mismo están afirmando, lo repito, el poder del ELN y de las Disidencias desde los cielos del Catatumbo y del Cauca y que en una noche imprevista pueden estar atacando a placer a Cúcuta, Bogotá, Medellín, Cali cuando con estupor descubramos también que lo que tenemos enfrente no son románticos guerrilleros si no robots cuyos francotiradores se aburren disparando a soldados y policías, matándolos por divertimento para recordarnos  que esta crueldad es ya el último escalón de la vileza   al servicio de poderes económicos desmesurados. Desde luego es más cómodo seguir mirando la realidad desde una óptica política obsoleta, que, aceptar la presencia de este nuevo modelo de economía vigente en México o Irán y para el cual la cifra de soldados o de población civil asesinada no constituye, como he venido recordando, problema alguno. No hablemos pues de una guerra anunciada sino de un nuevo modelo de país proyectado a partir de esta versión del terrorismo.      

 

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