GUERRA ANUNCIADA
Darío Ruiz
Gómez
Cuando lo que llamamos guerra y esta
lleva décadas de actividad en una nación la cancioncilla que anuncia que guerra
anunciada no mata soldado ha perdido significado paras los colombianos que
nunca han dejado de ser víctimas de asaltos, de desplazamientos colectivos, de
universidades incendiadas con el fin de que
los nuevos señores de la guerra consumen
y legalicen bajo la anuencia de los llamados Consejeros de Paz , un tipo de inesperadas empresas criminales caracterizadas hoy por la tecnificación de los hatos para carne de
exportación o el monopolio del cacao, el chantaje al comercio, confirmando la
autoridad de los comandantes(as) que solo aparecen para decir que, como el ELN lleva ya sesenta años haciendo terrorismo, cumpliendo
con la cuota de matar semanalmente a jóvenes soldados o policías, secuestrando,
desplazando poblaciones para futuras urbanizaciones campestres, mientras su verdadera
Comandancia vive en Caracas o la Habana
o según el Presidente Petro en los más lujosos hoteles de Dubai o México. Cada día, como lo señala el Papa, frente
dantescas escenas en Gaza de hambre y de
ejecución a tiros de una población abandonada, la protesta del catolicismo
conmovido carece de eco tal como acontece en Colombia con la tragedia de
sesenta mil desplazados a bala del Catatumbo
para que comience la mentira de “una zona de integración económica” bajo
el dominio del ELN, un Partido legalizado en Venezuela. Situación nacional de
los desplazados que se hacinan cada semana en las periferias de las ciudades
colombianas hasta hacernos entender que todo intento de planificar el
territorio urbano no deja de ser una quimera pues lo que el urbanismo busca
conformar la miseria siempre lo está deformando, recordándonos que esas miserables
periferias están y estarán también bajo
el mandato de nuevos poderes. La geopolítica de no obedece ya a desuetas
fronteras regionales establecidas desde el siglo XIX si no a lo que están
estableciendo estos nuevos poderes nacidos del narcotráfico, ante lo cual
tenemos que darnos cuenta que esa
población cautiva votará a quienes prefieran sus amos. Liberar estos
territorios es afirmar la soberanía de la nación y recordar a los terroristas
que existe una ciudadanía libre en una democracia libre.
Por lo tanto todo esto será una desilusión
anunciada cuando debamos aceptar que la tarea de desmantelar las fuerzas militares exponiéndolas
sin zapatos ni cantimploras ante dos fuerzas, la del ELN y la de Iván Mordisco
equipados con la última tecnología utilizada en el conflicto Ucrania-Rusia, será la triste comprobación de una derrota
anunciada. Un desproporcionado enfrentamiento entre armas convencionales y
drones artillados que hoy mismo están afirmando, lo repito, el poder del ELN y
de las Disidencias desde los cielos del Catatumbo y del Cauca y que en una
noche imprevista pueden estar atacando a placer a Cúcuta, Bogotá, Medellín,
Cali cuando con estupor descubramos también que lo que tenemos enfrente no son románticos
guerrilleros si no robots cuyos francotiradores se aburren disparando a
soldados y policías, matándolos por divertimento para recordarnos que esta crueldad es ya el último escalón de
la vileza al servicio de poderes económicos desmesurados.
Desde luego es más cómodo seguir mirando la realidad desde una óptica política
obsoleta, que, aceptar la presencia de este nuevo modelo de economía vigente en
México o Irán y para el cual la cifra de soldados o de población civil asesinada
no constituye, como he venido recordando, problema alguno. No hablemos pues de
una guerra anunciada sino de un nuevo modelo de país proyectado a partir de esta
versión del terrorismo.
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