lunes, 27 de mayo de 2019

Pedro Nel Gómez / Luis Fernando González /Comfama de Aranjuez




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Pedro Nel Gómez bajo la mirada de Luis Fernando González

Víctor Bustamante

Luis Fernando González, con sus investigaciones y con sus certezas, en esta conferencia, nos acerca a una redefinición de Pedro Nel Gómez como una de las personas que reflexionaron la ciudad en un momento en que había un crecimiento tenue, podría decir, ordenado, pero que sus aportes realizados con el propósito de una ciudad verde, amable, diferente, fueron dejados de lado. Una de sus ideas, un corredor verde entre el Cerro El Volador hasta el Cerro Nutibara, también la posibilidad de unir la Universidad de Antioquia con la Universidad Nacional, bajo ese mismo concepto como una idea crear una gran ciudadela, proyecto que quedó como una idealización de una ciudad posible, ya que los negociantes espurios del cemento y del ladrillo, uno de los carteles más antiguos y dañinos de Medellín, no podrían aceptar una ciudad donde existieran terrenos con adaptación para una vida más amable y para un mejor vivir sino que la autofagia por esos terrenos con escusas y sinecuras  baladíes no permitieron que esos aporte de Pedro Nel fueran posibles. De ahí que la ciudad construida con esmero fue ampliando sus calles, y cada administración, como si fuera un logro y no una boutade, terminaron dañando el trazado como su mejor logro, logro inútil y ridículo, ya que con estas calles se les abría le espacio solo al nuevo protagonista que tiene ahora en vilo a Medellín: su majestad el auto con su flamante apariencia de progreso y su perversa toxicidad. 

Cuando hablo de redefinición me refiero a que de Pedro Nel, Luis Fernando recobra su aporte arquitectónico sino que también es posible mirar su faceta más conocida la de pintor y escultor que conocemos sus murales, sus pinturas, pero esos aportes como arquitecto y profesor siempre quedan relegados y se diluyen sin tomar en cuenta ese carácter creativo y polifacético de Pedro Nel.

Solo vi de lejos a Pedro Nel cuando pintaba el fresco que bordea la Biblioteca de la Universidad de Antioquia, entonces miraba esa paciencia para ir poco a poco creando su obra. Luego en este trasegar lo encontré ya en otra labor en la Universidad Nacional, encaramado en algunos andamios, vestido con su bata blanca de médico, esculpiendo sus gigantes esculturas en mármol a pesar de los años y de su cabello blanco. Por supuesto, que allí lo veía con paciencia y con su tesón de artista trasegando en su propia obra. Más tarde leyendo sobre él supe que había viajado a Europa, que sus detractores decían que no sabía pintar las manos de los personajes en sus pinturas, y esta perla que siempre me ha llamado la atención, Débora Arango fue a su casa para solicitarle que le enseñara las técnicas para pintar al fresco, pero Pedro Nel, en su piedra, se negó a ser su maestro, pero esta negativa no es óbice para que ambos artistas posean su lugar dentro del campo de la pintura.

En esta noche, aquí en el auditorio Comfama de Aranjuez, es innegable que bajo la égida de Luis Fernando González estuvimos siguiendo los pasos de Pedro Nel, que es la persona de Aranjuez más representativa, ya que allí construyó su vivienda, un palacete, rodeado por la frescura del aire y de las mangas aledañas hasta que el asedio de la apertura de calles y de las construcciones desordenados lo asilaron en su casa. A pesar de ello, Pedro Nel siempre vivió en esa casa que construyó a su imagen y semejanza; esa casa donde fue el creador y el amo, el señor de su poesía interior, esa casa donde murió. Y no es una exageración, ya que podría decir que es una de las pocas casas de artistas de la ciudad más valiosas, ya que aquí no existe la tradición de mantener esta clases de espacios, donde ahora, sin la presencia de sus familiares, ha sido destinada como centro cultural, un museo, donde,  a pesar de que hay pocos objetos del artista, percibimos en sus pinturas, en los patios, en la designación de la casa, en la vehemencia de sus pasos por esos lugares, donde lo imagino en sus corredores y cuartos cuando lo asolaba alguna idea creativa, pero también desde aquí, desde este alto de Aranjuez, Pedro Nel vio crecer la ciudad y como lo amurallaba esa ciudad que él podía ver desde su lugar, y asi nos deja una huella en sus acuarelas como una visión del artista que decidió afincarse en un sitio y lo definió a su manera.

Esta noche Pedro Nel ha estado aquí presente, en esa resistencia continua de la ciudad que sepulta con indiferencia a sus artistas, pero Luis Fernando nos ha dado su ciclo vital, sus certezas, ya que en su libro, Pedro Nel Gómez, el Maestro, arquitecto, urbanista, paisajista, ha situado en toda su dimensión el retrato de él  en su vida intelectual y pública.





LAS FÁBRICAS DE MENTIRAS / Darío Ruiz Gómez





LAS FÁBRICAS DE MENTIRAS
Darío Ruiz Gómez

Aquel que desconozca la fotografía, predijo Walter  Benjamin, será el analfabeto del futuro. Esto podríamos decir hoy respecto de  quienes  desconocen  las implicaciones de la llamada era digital, las redes, facebook, internet, whatsapp,  sustitutos tecnológicos de esa  escritura a través de la cual creamos nuestro derecho a la intimidad, a oponernos a las falsedades  propagadas  por los grandes poderes  o sea a la manipulación de la verdad,  pretendiendo que no existe  la verdad  sino verdades parciales,  tal como lo señala Michiko Kakutani, la hasta hace poco critica de libros del “New York Times”  en  “La muerte de la verdad”,  análisis de lo que supuso  la fábrica de mentiras creada y operada por los equipos de Putin y Trump al rededor de las elecciones presidenciales que  llevaron a Trump a la Presidencia:  la reponteciación de la llamada Verdad Posmoderna, de los Fake News que ya había sido prevista por Baudrillard  en sus agudos análisis sobre la desaparición de la información sustituida por  lo que Orwell llamó neolengua  coincidiendo con   la desaparición del periódico impreso,  la banalización de los  los contenidos de los   medios informativos  con  el llamado “negocio de las noticias”,  donde desaparecieron  el corresponsal, el equipo de investigación, y ganó  la irresponsabilidad  al convertirse la noticia en consumo. De la escritura personal se pasó a lo que se denomina “estilo telegrafiado”

Hace diez años aún  la gruesa  edición dominical del N.Y.T  tenía material de lectura para todo el día, hoy la publicidad  ha ganado  espacio a las páginas  de opinión  ya que el periódico  al transformarse  en un proyecto comercial en mano de nuevos propietarios  - Carlos Slim es el mayor accionista-  abandonó  su antigua vocación de  defensor del  derecho  de la sociedad a tener una información veraz  y tal como ha acontecido con otros periódicos conocidos en manos de inversionistas”  - “El País” de España – se  entró  en la era de la digitalización dando un salto al vacío. Precisamente hace unos meses en el N.Y.T. aparecieron unos artículos denigrando de España y tratando de mostrar a los sediciosos que intentaron dar un golpe de Estado en Cataluña como los “héroes” de la resistencia. La protesta de los principales  periódicos de España fue inmediata y  unánime  y la respuesta  de la Dirección del N.Y.T  fue  igual a la que acaban de dar respecto a la desinformación de un aventurero norteamericano sobre el Ejército colombiano insinuando pérfidamente que se han revivido los “falsos positivos”: “la opinión de  los colaboradores  no es la opinión de la Dirección del periódico”.  La farsa de algunos medios  colombianos  sobre el supuesto periodista  se ha cerrado con una  grandilocuente   frase: “el corresponsal debió salir del país por posibles amenazas  contra su vida”  Lo señaló Baudrillard:  ya no interesa la verdad sino el simulacro. Y para llevar a efecto  el simulacro  la inteligencia perversa cuenta con  genios para escenificar  una falsa noticia tal como los hay para la difamación y el señalamiento  de  aquellos a quienes se considere  “enemigos”.  Lo paradójico  es que publicaciones   “progres” recurran a métodos  de “derecha”  de desinformación,  como los que describe  Kakutani  y  sobre todo que periodistas  que se ufanan de  su  supuesto roce internacional,  traten  de  hacerle  creer  a nuestra ciudadanía  que  el actual  NYT  continúa  siendo  la biblia de la  autoridad moral  que alumbra aún la libertad  y la democracia en el mundo.

¿Por qué entonces ante una publicación comercial   debe el Comandante del  Ejército salir a dar aclaraciones  sobre un problema  de debate interno  nacional? ¿Por qué a esta malévola    información se le ha dado un sesgo de escándalo  precisamente en el momento de la detención de Santrich? Es lo que digo: el analfabeto de hoy es quien desconoce estas artimañas,  los simulacros de este  falso periodismo.     

LA CIUDAD MACHACADA 7 Darío Ruiz Gómez



CIUDAD MACHACADA
Darío Ruiz Gómez

¿Quién ha sido señalado culpable del desastre tecnológico  que supone la destrucción de la Biblioteca España? Recuerdo un reportaje con unos ancianos en un parquecito, contaban cómo veían matar  diariamente gentes en ese  espacio antes de que se inaugurara la Biblioteca que naturalmente había sido una redención para un barrio convertido en un borde olvidado.  Niños, ancianos, se beneficiaban de sus instalaciones  pues habían salido del confinamiento a que los había sometido el terror y ahora recibían clases de diversas disciplinas, contaban con  un lugar de encuentro o sea de socialización, un logro demasiado importante que se vino abajo con la desaparición de la Biblioteca. ¿Se ha detenido a  algún responsable por este caso? ¿Algún sicólogo  social  ha calculado  lo que este desastre  culturalmente  supuso para esta comunidad? ¿Ha calculado algún  especialista   el alcance moral de esta decepción  en lo que  esta supone como justificado rencor de una comunidad  ofendida  ante  la corrupción oficial?  No voy a negar las buenas  intenciones que fundamentaron el plan de los Parques Bibliotecas pero sí critico, como lo hice en su día,  el hecho de construir edificios a veces de nulo valor arquitectónico, que  la mayoría de las veces no cumplían con  la espacialidad  específica esperada,  donde se lucraron los constructores  pero  una vez más la comunidad  quedó como perdedora  ya que no se renovó  el contexto  urbano  que debió comenzar  por establecer una inmediata relación con el Centro para que se iniciara  el esperado intercambio social que el aislamiento de las diversas comunas,  en manos de los violentos,  negaba. Esto era crear ciudad  y crear ciudadanos, posibilitar la integración de cada parque biblioteca, de cada nueva escuela para hacer desaparecer el aislamiento y el estigma, establecer la ergonomía de los espacios públicos a través de sus distintos actores, los niños, las mujeres y los hombres trabajadores, los ancianos, el caminante desprevenido, la relación sagrada de la casa con unos  territorios  reconquistados.  Hace décadas ya lo había señalado Jordi Borja. “Derecho a la conversión de la ciudad marginal o ilegal en ciudad de ciudadanías” un principio planteado por el urbanismo moderno al rescatar las periferias, al humanizar los bordes incorporándolos mediante  vías y sistemas de transporte al Centro y al resto de la ciudad para reconocer en el excluido el rostro de un ciudadano y no el de un desechable y al instaurar  la gobernabilidad de la democracia impidiendo que cayeran estos territorios de la no ciudad en manos del crimen organizado. Durante la Alcaldía de  Salazar y su consideración chavista del delincuente como una víctima social, me pregunté si por ese camino no nos estábamos  acercando al modelo Ciudad Juárez tal como hoy estamos viendo que efectivamente ha sucedido. ¿Hasta dónde llegó la idea del Jardín Circunvalar  y cuánto dinero público se despilfarró en una obra imposible de llevar a cabo sin haber recuperado antes para la vida  ciudadana  estos  bordes del terror? ¿Cómo se puede ofender a una comunidad construyendo a un elevadísimo coste un jardín de mascotas cuando se debió construir el auditorio, una zona de encuentro ya proyectados y anhelados por la Comunidad? ¿Quiénes se benefician, entonces, de un proyecto incrustado como un cuerpo extraño en medio de un tejido social que lo rechazará? ¿No es este equívoco lo que la Contraloría debe investigar? Y como lo ha señalado Juan Fernando Jaramillo  ¿Es más importante una mascota que la necesidad lúdica de los niños y adultos? Los caprichos de los llamados ambientalistas, animalistas son un verdadero peligro para el medio ambiente y para los animales. ¿Entre tanto cuántos espacios se han recuperado para la vida libre de los ciudadanos, para ejercer el derecho a la libre circulación, para erradicar la violencia sobre las familias expulsadas por los violentos con fines inmobiliarios? 

P.D. El método estalinista de Enrique Santiago consistió en humillar la justicia colombiana poniendo al descubierto  la ignorancia de la clase política. El ícono de la nueva Justicia es entonces Bobadilla.

¿EL FIN HISTÓRICO DE LA CIUDAD? / Darío Ruiz Gómez


¿EL FIN HISTÓRICO DE LA CIUDAD?
Darío Ruiz Gómez

Siempre desde la primera memoria de la humanidad el vaticinio del fin de las ciudades se ha dado por  castigos anunciados que se cumplen fatalmente, a causa de  terribles pecados  de sus gobernantes, tal como sucedió con Sodoma  y Gomorra, con Pompeya devorada por los ríos de lava del Vesubio. Marco Polo encontró a su paso  en tétricas montañas o en agobiantes desiertos las ruinas de ciudades donde hasta los muertos las habían abandonado. Angkor la ciudad milenaria perdida  de Camboya  que llegó a tener un millón de habitantes  y una compleja trama urbana de canales de agua, palacios  desapareció en el misterio. De las ciudades que creó y dio esplendor la riqueza de la zona bananera con hoteles de lujo y prostitutas caras venidas de todos los mejores burdeles del mundo, las ciudades donde no eran velas las que se encendían para las cumbiambas sino puñados de dólares, nada quedó y García Márquez apenas en sus descripciones  logra detenerse en aquella fatalidad terrible que se cerró con el castigo de la más amarga miseria. Y si me detengo a releer las crónicas de Joseph Roth sobre el Berlín donde obscenamente irrumpe el capitalismo con su despliegue de altos edificios, de brillantes centros comerciales, hoteles de ensueño y ricos chochos que se duermen sobre los pronunciados pechos de sus queridas, jovencillos  tristes ofrecidos a los nuevos clientes en esta nueva parafernalia del relajo moral, aquel  shock en la transformación urbana donde desaparece rápidamente la espacialidad de la vieja aldea y se da paso a la estructura de las funciones de la ciudad moderna lanzada al proceso de separar las familias, los amigos, de crear huérfanos y desamparados  tal como se describe en “Berlín Alexarderplatz”. ¿No es igual de desolado el Nueva York que describe John Dos Passos, el Chicago que describe Saúl Bellow, el Hollywood que fustiga Nathanael West? El hombre del subsuelo de Dostoievski es la primera víctima de esta discriminación social de los espacios de la ciudad donde ante la ostentosidad de la arquitectura y de los altos personajes de la gran ciudad siente y comprueba no solo que no es nadie sino que no existe, por eso debe refugiarse, al igual que aquellos ofendidos miserables de Hugo o de Zola, en las cloacas del progreso. Es la mugre y los chancros de la miseria en el Madrid de Galdós y de Baroja, es la mugre y el coto en la Bogotá de Osorio Lizarazo : esa lacra que se arrastra desde un fondo tembloroso de ofensas,  el aullido desalmado del tugurio que avanza incontenible en Medellín después de que vivimos  el vértigo alucinante de la fiesta monstruosa de los días del narcotráfico. ¿Cuántos años más necesitará Detroit para levantarse de las penosas ruinas de la inmensa industria del automóvil que al venirse abajo sólo ha dejado criminalidad, miseria, terror como lo describe el inolvidable film de Kate Bigelow que parece filmado en cualquiera de las Comunas de Medellín? ¿Cuáles han sido los fatales pecados que cometió Medellín para dejar en el olvido la ciudad que había sido construida bajo un proyecto riguroso de planificación urbana que daba paso con naturalidad al desarrollo de una ciudad moderna? ¿Cómo podemos aspirar a vivir en una ciudad cercada por los violentos y en la cual cada palmo de espacio conquistado por la racionalidad del urbanismo para dar paso a un hábitat se hunde día a día mientras se hace notorio el hecho de la gran cantidad de habitantes que la abandonan o lo peor, que son sometidos al horror?  Que no vengan ahora con más promesas de un nuevo tranvía, de otras escaleras eléctricas, de otros puentes elevados, ignorando los contratistas,  la verdadera ciudad que ha sido capaz de resistir  tantos  engaños,   la ciudad de los vecinos, de las calles, del caminante. Un proyecto común de ciudad que niegue la fealdad y la corrupción.        

lunes, 13 de mayo de 2019

MARCHA CARNAVAL Medellín.





MARCHA CARNAVAL Medellín. 
Somos Naturaleza. Cuidando todas las formas de vida !!!

NOS ENCONTRAREMOS todas las personas EN MEDELLÍN ESTE 8 DE JUNIO DE 2019  en la 2° MARCHA CARNAVAL ¡SOMOS NATURALEZA, CUIDANDO TODAS LAS FORMAS DE VIDA!  

Nos unimos a sentir / defender la red de vida planetaria, las memorias, el agua, la defensa de Ríos Libres (Samaná Norte, Dormilón, Cauca), los territorios, la desmilitarización, la Noviolencia, las libertades, el cuidado a los liderazgos socioambientales. 
Nos manifestamos ante la crisis climática, el fracking, el extractivismo, la Megaminería, las hidroeléctricas, la extinción, la deforestación, el rechazo al puerto de Tribugá.
Llenemos de los colores de la alegría, la reXistencia necesaria a esta crisis climática y de civilización.                   
 ¡Recuerda compartir esta invitación con todas las personas que desees!

Lugar: COMUNA 13. (punto de encuentro por confirmar) 
Hora: 2:00 pm
Fin de la conversación
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lunes, 29 de abril de 2019

La Curva del Bosque y 100 años de Antioqueñita / 74 Patrimonio Medellín

Miguel Agudelo, letrista de Antioqueñita

Pelón Santamarta, compuso la música de Antioqueñita.






La Curva del Bosque y 100 años de Antioqueñita
 / 74 Patrimonio Medellín

Víctor Bustamante

El Jardín Botánico, Joaquín Antonio Uribe, luce esa arquitectura que le ha sido impuesta desde los años de Fajardo que, con su discurso pretencioso de refundación de la ciudad, escamoteó el paisajismo de Narciso Groos para cambiar y llenar de edificios el interior del jardín, además le mordió algunas partes de su territorio interior. Pero no vamos a hablar del interior, ya habrá más tiempo de referirme a ese maquillaje cultural, sino de las afueras, es decir, de lo que ha quedado de las afueras donde la vida de la ciudad ha bullido y ha pasado de una manera, además, de afectiva, hundida en la vox populi de esos secretos: haber sido la zona erótica que celebra esa permanencia de la vida pero que se le excluye. Mientras monseñor Caicedo, y, luego, su sucesor monseñor Salazar y Herrera dictaban pastorales con prohibiciones, mientras se trataba de reglamentar la vida de los burdeles en esta zona por parte de las autoridades del municipio, este suburbio vivía su esplendor; o sea, los diversos comerciantes e industriales, los diversos políticos y sus estafetas, así como los poetas y escritores, los intelectuales y los estudiantes con utopías en sazón no olvidaban que el placer era uno de los objetivos del hombre, y por aquí al caer la noche ya se encontraban, díscolos y ávidos, en la búsqueda no del santo grial sino de lo más secreto y presente, un cuerpo femenino en su esplendor. Por eso el pesimismo del pecado y de la mentira, la simbiosis entre el placer y la prohibición, coinciden y conducen de una manera formal sin repelerse, siempre juntos, siempre confundidos unos a otros hacia esos lugares vedados, discriminados y vejados desde diversas esferas.

Aquí, en las escalas que suben hacia el metro por Carabobo con la calle Daniel Botero, quedaba un lugar mítico, el Bar Chapinero, donde León Franco (Pelón Santamarta) administraba en 1919 este sitio destinado para escuchar para cantar, tocar guitarra, tiple y bandola; allí se apareció una noche de ese año Miguel Agudelo Zuluaga con la letra de Antioqueñita para que Pelón le pusiera música. Al Chapinero también asistían el Negro Jesús María Agudelo, sastre y cantante, más tarde padre de Alba del Castillo, junto a músicos de trayectoria como Antonio Ríos la Silga, Manuel Ruiz, Blumen, y el Chino Trespalacios.


Partitura de Antioqueñita

Aquí en esta esquina Hugo Bustillo comienza su relato, debido a que sale a la memoria uno de los músicos más míticos de Medellín, Pelón Santamarta, que después de su periplo por Centroamérica, México y Estados Unidos con el Dueto Pelón y Marín; de haber recogido unos pesos y haberlos perdido en la quiebra del Banco Nacional de El Salvador y, además, sabiendo que Adolfo Marín, su compañero de viaje, había decidido quedarse en México no le quedó sino la posibilidad de regresar. Pelón, más que pelado, volvió a Medellín, pobre y decepcionado, pero con rumbo como consolación y gracias al mecenazgo de sus paisanos Raúl y Luciano Restrepo que le obsequiaron el pasaje; ya establecido aquí, otro amigo, José María “El Chato” Velásquez, le dio trabajo como administrador del tertuliadero Chapinero, frente a lo que hoy es El Jardín Botánico (antes Curva del Bosque de la Independencia), sobre la carrera Carabobo. El Chato, en realidad era un hombre de mundo, derrochador y aguardientero, que le daba altas propinas a los músicos, así fuera conservador y fiestero. El Chato en los suburbios era otro, lujurioso y procaz, mujeriego y rezandero, se había enamorado de una de las putillas de más presencia en la casa de Pola Vanegas, Marcia Uribe, pero como esta no soportaba sus groserías, que le besara en público la hernia en su ombligo, lo abofeteó, y a la dueña del burdel no le quedó más remedio que echar a Marcía por infringir las normas: no ser tierna con ese cliente admirado y adinerado. El Chato en sus rumbas ataviaba su auto lujoso, y salía acompañado de sus damas en la banca de atrás, mientras en la banca de adelante, junto al chófer, todo ojos y oídos, disfrutaba a Pelón, al Chino Trespalacios, a Blumen y a Tartarín que cantaban bambucos y pasillos, y se lo bebían. 

Precisamente desde la iglesia de Jesús Nazareno comenzaba por esa calle, por Carabobo al norte o el Carretero que era el nombre popular, lo que llamaban el Putarral, pero, para otros, poseía una definición de un tono más acorde, el Trocadero, por la misma calle hacia el Bosque de la Independencia, que eran prácticamente los suburbios de Medellín.

Pero ahora en este 2019, en esta esquina por donde pasa el metro, da su sombra y su paso raudo que se ha llevado el lugar donde era el Chapinero, es entonces que caemos en cuenta que aquí llegó el poeta y bohemio Miguel Ángel Agudelo Zuluaga, y le entregó los versos de Antioqueñita a Pelón para que este les pusiera música. Agudelo participaba en las tertulias de la Bastilla con Carrasquilla, Efe Gómez su cuñado, con Luis Tejada pero en algunas noches se iba a conjurar contra el sistema a la casa de María Cano, donde esperaba Ignacio Gómez Giraldo.

A la noche siguiente Pelón mandó a llamar al poeta Agudelo para que escuchara la música que le compuso y su sorpresa: un agraciado bambuco donde confluyen dos talentos, que luego sería considerado como el segundo himno paisa y una de las composiciones antológicas del pentagrama colombiano: Antioqueñita. Este bambuco lo estrenarían en una casa de la Alhambra que era residencial; lo cantaría Pelón con Enrique Gutiérrez, Cabecitas, por vez primera el día 1 de mayo de 1919, o sea hace cien años.

Estas dos personas perdurarían en las noches de la ciudad, al otorgarle ese nombre a un bambuco que sitúa la admiración hacia una mujer. Miguel Agudelo Zuluaga, poseía un seudónimo: David Guerrero. Había nacido en Medellín, en 1883 y fallecería en la misma ciudad en 1954.  Otra de sus composiciones es el pasillo Invierno, así como un libro titulado Momentos de mi vida, en 1911, con prólogo de Carlos E. Restrepo, y de un folleto, Los Tigres.

Pedro león Franco, era el nombre de Pelón Santamarta, había nacido en Medellín, en 1867. Moriría en 1952. Compositor y cantante. Formó parte de varios duetos, entre ellos el de Pelón y Marín, a quienes se les atribuye haber grabado en disco, el primer bambuco, El enterrador, con la firma Discos Colombia, en 1910.

Pero también a estos nombres tan significativos, en la conjunción poesía y música, es necesario agregar y hacer una referencia y una deferencia a Daniel Botero Echeverri,  connotado líder cívico, que debido a su interés y remordimiento, ya qeu no sabía qué hacer con tanto dinero, arborizó el Parque de Bolívar bajo su cuidado y cuenta, así como varias calles de la ciudad, además perteneció a la Academia Antioqueña de Historia. Su nombre, hoy olvidado, cuando el civismo ha dejado de ser un valor en los actuales anales políticos, paradójicamente, con los años se asoció a los lupanares festivos de esta calle, la 73. Daniel Botero Echeverri vivía en Maracaibo con El Palo, era banquero y accionista del Banco de Medellín, terrateniente; junto a Enrique Echavarría y a Udislao Vásquez iniciarían la construcción del Circo teatro España cuyo arquitecto fue Horacio Marino Rodríguez.

En la esquina del flamante centro comercial Bosque Plaza, al frente de lo que fue el Chapinero, quedaba la casa, como se le llamaba a los prostíbulos, debido a su enternecedor encanto de acoger, como en casa, Hogar Dulce hogar, es decir en la perenne luna de miel del libertino paisa, a sus clientes serios, pero, en realidad era un burdel de renombre, la casa de Eva Arango, llamada el Colegio, debido a que sus clientes solicitaban nada menos que la presencia de lolitas vestidas con uniformes de los centros educativos más afamados, y como al paisa cazurro hay que darle gusto, Eva Arango, matrona y celestina cordial, salida de su paraíso del mundo más fascinante de entonces, el de la putería, de inmediato les daba el mayor de los gustos a estos señores que dejaban su seriedad de comerciantes. Si andaban muy depresivos los alegraba con una pupila vestida con el uniforme de la Presentación. Si se las daba de sediento los aligeraba con una chica usando el uniforme del Cefa. Si estaba peleado con su mujer, una lolita vestida con el uniforme del Marymount, les acallaba su pena. Otros abandonaban las promesas de ser políticos, es decir, la representación de sí mismos para hojear y ojear el diverso catálogo de pupilas. Eva, sin serpientes, reclutaba las jovencitas llegadas de los pueblos, a quienes, luego de un curso acelerado de glamour, les entregaba vestidos para estrenar, les indicaba cómo debían maquilarse, y una consigna de hierro, no enamorarse de sus clientes, ya que estos debían regresar a sus casas muy cansados luego de “arduas reuniones de negocios”. Asimismo les indicaba como debían comportarse con los diversos señores de alto coturno y las cejas alzadas que llegaban desde las 7 de la noche hasta las 2 de la mañana. Entre sus pupilas destacadas podemos citar tres: María Misas, Zoila Montoya y Gabriela Soto, ya perdidas, y solo en la memoria de sus amantes o en algunas fotografías desvaídas durante algún paseo, ya que el dios Eros ha claudicado ante el apaciguamiento y la muerte. Luego, el Colegio, cambiaría su nombre por el de Noches de París, también cambió la arquitectura, pero no de objeto social ni sexual. Había a la entrada un hombre alto y musculoso, el portero con kepis de color morado, pantalón rojo con la infaltable cinta blanca al costado como si fuera un director de orquesta de circo, eso sí con un aditamento nuevo: sombrilla en tiempos de invierno, imitación del portero del Hotel Nutibara, hasta en sus guantes blancos. Pero por cosas de la magia del buen servicio, el portero, como buen anfitrión, en cualquier circunstancia de la noche, en pleno verano, recibía a sus clientes, les abría la portezuela, y al bajarse de sus autos lujosos, los saludaba en inglés; solo sabía unas diez palabras. Era tan solícito con los clientes enfundados en la seriedad de quien asiste a una cita financiera, porque sabía que le darían una buena propina, además de guiñarles el ojo derecho en señal de complicidad, y decirles a todos esos montañeros elegantes unas palabras mágicas, ¿cómo está doctor?, hasta luego doctor, eso sí exornados sus saludos son este abrebocas: hay personal nuevo. Muchos años más tarde, por ahí en la década de los 70, la inagotable fuerza amorosa del antioqueño, solapado y fiestero, que iba a visitar a su “tía”, proseguía matizados en otra generación más liberada para buscar las damas de la noche, pero ya había otro nombre: Modas Francia, y, por supuesto,, otras pupilas y otros hábitos eróticos que rebasan esta crónica. Además la palabra moda ya se asociaba a este oficio de lo plural y de lo pasajero.




Por esta calle, en plena noche, las casas de citas exhibían su invitación con un bombillo rojo, indicando que ahí era el sitio buscado por los libertinos ávidos de carne extraña; solo bastaba esa luz encendida del color del sexo como señal luminosa, semáforo para el placer. Una de esas casas pertenecía a Jacinto Benavidez que, pretencioso, la había llamado, para ganarles a todos, publicista de momento, Estrella roja. Pero en esta tarde de mayo florido, guiados por Hugo Bustillo, nuestro cicerone por ese bulevar del amor al decir del mismo Bustillo, que nos indica que sigue otra de esas casas nada menos que El Acoso de otra matrona perdida en la anécdota del tiempo, Ana María Ortiz, donde el acoso se realizaba con dinero y licor. Nunca, ninguna de estas mujeres, se quejó de ningún hombre debido a sus requiebros ya que el dinero sella los labios de una manera dulce. Luego sigue la casa de Queta, no la de Montecristo, sino la casa de Enriqueta Mejía, y ya llegando al crucero de Bolívar con la Daniel Botero, la Mansión de Honoria Osorio. En esta calle aun dedicada al negocio del sexo, lo que eran esas casas de citas administradas por matronas, ha virado a los amoblados que han reemplazado estas casas, donde no esperan mujeres para conversar, bailar, escuchar música y, por supuesto, follar, sino que el cliente lleva su pareja. Los Colores, la Gruta de Hierro, los Coches, y Jardín, demarcan y definen dentro de esa nueva perspectiva y discreción, esta calle donde aún el erotismo continúa su marcha con otras fachadas pero con las mismas costumbres.

Por esa misma calle, Daniel Botero, en la mitad de dos cuadras, del Fundungo no ha quedado nada, ni la nostalgia, ni las promesas ardorosas del deseo sino dos esquinas vacuas donde algunas bodegas escriben el otro uso del suelo en estos años, lejos de la casa que Cefa Cadavid o Josefina, por su verdadero nombre, que había abierto con un nombre idílico: Noches eternas.

Ya en la esquina de Bolívar que languidece por la calle Daniel Botero, mientras Lovaina extendía sus brazos amorosos, ramifica sus aceras, y esta zona se volvía en la primera Zona Rosa de la ciudad, cuando ese nombre se instalaba y era copiado de otras ciudades. Medellín, Medeyín, Metrallín, Mede-hollín, ya vivía el espasmo de ser una ciudad de mundo donde las casas de citas, los burdeles, los lupanares, las casa de lenocinio, abrían sus puertas para esa clientela que venía del Centro, de los barrios, del exterior para encontrar el solaz de las muchachas en flor.

Ya en el cruce de Bolívar con la Daniel Botero, ahí en la circunstancia de un nuevo nombre dentro de la topografía citadina se rinde un homenaje. Este nuevo sitio, la Esquina de las mujeres, donde se solicita públicamente la reivindicación por el papel relegado de la mujer.

Por supuesto, que antes de este homenaje a las mujeres, en su esquina, hay en una vitrina la imagen de María Auxiliadora con su mirada serena que escudriña a los moteles y en la cual, en su base, hay diversas placas donde el deudo agradece el favor recibido. A lo mejor también la presencia de esa imagen religiosa es como una manera de exorcizar este lugar dedicado a la putería y al erotismo.

La imagen principal para el homenaje a las mujeres, a su papel en el discurrir de esta historia de la ciudad, comienza con una escultura de Olga Inés Arango donde tres mujeres coloreadas, parece por muchachos de preescolar, con su rostro vociferante se levantan no en armas sino en almas para reclamar el injusto relegamiento, y además miran hacia los moteles, pero hay algo en esa escultura, esas mujeres sin dignidad se parecen más, debido a sus vinilos baratos, a las mujeres que oficiaban de putas en su momento por estas calles. También han sido dispuestos varios bustos, me refiero a la representación artística de ellas, de catorce mujeres. Las escogidas por esa junta en tiempos de Fajardo, fueron la Cacica Dabeiba, la Cacica Agrazaba y María Centeno, de las cuales se inventaron los rostros, o sea, falsificaron la vilipendiada iconografía histórica. ¿Será verdad tanto valor? ¿Tanto arrojó? ¿Será una falsificación histórica? Luego sigue Simona Duque que tuvo su nicho en lo que más tarde sería el Parque del Periodista. Allí la reemplazó y luce su indecencia y su mediocridad el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Como la alcaldía de Medellín, en su momento, no le interesaban los homenajes a este tipo de periodistas, ideó algo fuera de tono, al busto que perduraba ahí de Simona Duque, tras unos arreglos, maquillaje en bronce, lo adecuaron, le dispusieron gafas redondas y quedó convertido por arte de las manos del escultor disoluto en Manuel del Socorro Rodríguez que no era periodista sino un soba chaquetas de la Colonia.


Esquina de las mujeres, crucero Bolívar con Daniel Botero

Luego siguen las otras damas, es decir sus bustos en bronce. Inicialmente fueron situadas en un terraplén, seguro para que hubiera interacción con ellas por parte del público, para que las vieran a ellas cercanas en este presente que las había olvidado, pero luego los bustos de estas mujeres, a lo mejor para evitar jerarquías fueron dispuestos y erigidos sobre bases cada una dejando el terraplén, igualándolas a las otras para evitar maledicencias con las autoridades de algunas ONGs y con el feminismo radical. Siguen en esa esquina, nunca del movimiento, María Martínez de Nisser, María Cano, la Madre Laura, Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Jesusita Vallejo de Mora Vásquez, Débora Arango Pérez, Luz Castro de Gutiérrez, Benedikta Zur Nieden de Echevarría, Rosita Turizo de Trujillo y Luzmila Acosta de Ochoa.

Por supuesto, no se menciona por ninguna parte a Sofía Ospina de Navarro, más representativa que muchas de las anteriores, a lo mejor por ser conservadora o a Pilar Moreno de Ángel una historiadora relevante. Además, con este criterio selectivo, y poco democrático se dejó de lado un verdadero icono de las noches y del placer en Medellín, y que precisamente en los últimos años de su vida, ya mayor, ya gastada por los abusos de la putería, por ser la amante provisional de tantos hombres que la visitaron y entraron a su casa y a su cuerpo. Ya que en esta misma esquina de Bolívar con la calle 73 (Daniel Botero) N.51d-14, donde se homenajea a otras mujeres, algunas talentosas, otras haciendo bulto, otras llenas de civismo y entusiasmo, tratando de configurar un relato apresurado, se olvidó a las damas de las noches, aquellas que vivían, y ejercían aquí mismo. Y ella, María Duque, que vivió en esta esquina,  desde su casa pobre, enferma y masacrada por sus amantes y sus abusos, aquella que era morena y troza. María Duque que, desde aquí, le solicitó a Fernando Botero, que le ayudara, ya que andaba muy mal mientras le bailaban ambas cajas de dientes en su boca. Pero Botero ya transitaba en otros países y lamía las mieles de la gloria en vida, mientras los marchantes ubicaban su talento y su obra en las ciudades más reconocidas del mundo, desde Oriente hasta Occidente, pasando por Europa y los Estados Unidos. No podía creer que su amante, ya una anciana, lo recordara y le dijera una tarde de 1993, en un programa de RCN, que era aún mi pipiolo. Solo en un cuento Danilo Kiss, en otros países y otras latitudes, les hace un homenaje a esas amadas mujeres de muchos y de nadie.

Ella, por la moralidad de nuevo cuño, no podía estar inscrita en la lista de esas mujeres; sería el colmo. Ella nunca tuvo el prestigio de las Ibáñez, y menos, alguien que le escribiera un reconocimiento sobre su misión en la vida, porque ser puta no solo es degradante sino un oficio de mucho valor, al ser abordadas por ese personal masculino, esa caterva, esa fila de caballeros que solo tienen dinero para acostarse con estas damas menospreciadas ahora y siempre. Nadie la recordó. Ella tampoco era Manuelita Sáenz que tuvo a su Libertador.


Casa de Mariana Gómez

Ya desde esta esquina Bolívar más hacia el norte aparece La Curva del Bosque propiamente dicha. En la actualidad el pasaje, la calle que languidece, no ofrece ninguna circunstancia que llame la atención, ya que se trata de casas comunes, de negocios y de arreglos de carros. Pero aquí en Bolívar con la 77 había dos negocios, el Caribe y el Rayito de sol que eran dos cantinas para los bebedores nocturnos; ahora uno es un restaurante y en la otra esquina, otro negocio, Son Diésel, para reparar autos. Ya frente a la casa de Mariana Gómez, en Bolívar con la 78, Bustillo, nuestro guía, olvida que Simón Bolívar hubiera pasado muy bien por esos pagos. En el primer piso quedaba el restaurante y en el segundo los aposentos de las mujeres. Se dispuso rejas a las ventanas del segundo piso, ya que no hay nadie más renuente que un tipo satisfecho, no quiere pagar su importe a la dama, y era frecuente que los clientes, sí, ellos que antes eran el colmo de la amabilidad, les halaran las orejas a estas chicas, es decir, en lenguaje popular las conejiaran, y se volaran sin pagar, brincando desde el segundo piso a la calle. Mariana Gómez, además, ideó una fina atención al disponer dos autos para llevar a sus buenos clientes bien cómodos y satisfechos a sus casas. De ahí, y con los días nació, una empresa de trasporte, Tax Milancito. Mucho más tarde la vendió a un médico que la convirtió en Tax San Pedro. La casa de Mariana Gómez no la resquebrajó ningún terremoto ni el temblor de las parejas; luce aun sus paredes en cemento y sus puertas y ventanas de color café y en plena esquina hay un grafiti ponzoñoso sobre la esquina cariada.

Por aquí pasaba la quebrada el Molino y por aquí mismo Paulina Castaño poseía un lugar donde había abierto los baños. Por supuesto que ya las quebradas como la Bermejala, antes el Zancudo, la Cimitarra, la San Francisco, la del Ahorcado, han sido tapadas ante el avance de las urbanizaciones.

Ya por la calle 78 quedaban situados el Berna y La Cueva, conocidos lugares de diversión masculina, prostíbulos de renombre; ahora lucen, casi inocentes, otro oficio como el Centro infantil, Explorador de sueños y en seguida, el Banco de prueba para chasis y camber y caster. El tiempo y el desalojo ocupan su lugar.

Luego de estos baños, a la subida para Bermejal; o sea para, Aranjuez quedaban los baños de Amito, Cipriano Álvarez, que era más pequeño que el Edén pero tenía buena clientela debido a que allí vendían tamales, longanizas y empanadas. Una de las costumbres en ese Medellín era ir a caballo los domingos en la mañana a bañarse donde Cipriano y a tomarse unos buenos tragos de anisado en las tardes como fachada.

Contrastaba con los baños de Tano, situado cerca de la estación del tren, más abajo, que les daba el baño gratis solo para de esa manera vender comestibles. Según Ricardo Olano, el municipio compró varias casas, entre ellas la de Baños el Edén, que tenía billares, cantina, restaurante, baños de agua limpia debido a que aún no se habían poblado las cercanías. Además, dos casas que había en los límites del Bosque se destruyeron porque estaban dedicadas a la prostitución. Los Baños del Edén, perdurarían hasta 1913, cuando serían absorbidos por un nuevo lugar, el Bosque de la Independencia de Antioquia como  sería nombrado en 1921. Luego en, 1961, sería conocido como el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe.

Ya en el Carretero, la calle de las Pizas, la calle del Prado, la carrera 7; o sea, Carabobo, estaba el Café Palermo que también era hotel en el segundo piso donde oficiaba María Duque, la amante de Botero, y además amante municipal de muchos medellinenses que venían a su casa ensordecidos por su belleza y amabilidad. Ella decía que su cama en madera de comino crespo era para aguantar los más duros embates de esos guerreros paisas. Pero algo es cierto, no sé si por pudor, hacia el llamado, El oficio más viejo del mundo, o por dejar de lado la sexualidad en el momento en que mayor ha sido agredida; se dejó de lado a esta mujer valerosa que le dio a tantos hombres la calma necesaria y la felicidad de unos minutos al escapar de casa con alguna soltura o más simple como Fernando Botero, aun un aprendiz, que se debatía entre ser torero o pintor, que sin un centavo venía por estos pagos a buscarla.


Casa de María Duque

Aquí en el Bar Palermo, donde había cantina y burdel en el segundo piso, oficiaba María Duque. María Duque era la auxiliadora de estudiantes, era alta, morena, bohemia y troza. Solía salir a caminar y a bailar con Botero. A ella le gustaban los estudiantes. Desvirgarlos era su destino, su pasión. María Duque había llegado de Yarumal ya viuda a los 22 años y se fue a Guayaquil a la pensión Patria, pero ella, que era apátrida, recaló en Lovaina en la casa de Lola, la Polla, y, debido a su condición de agraciada mujer, fue considerada y codiciada por los libertinos paisas y fue considerada por un tiempo la reina de Lovaina. Botero la buscaba en la casa de Ana Molina, y luego en su propia casa por Carabobo, frente al Bosque, aquí en el segundo piso del Bar Palermo. El pintor iba con algún libro, ya que leía románticos franceses y a Vargas Vila. Ana Molina lo recordaría como un muchacho tímido y muy sencillo con un libro como compañía. A María Duque le gustaban los estudiante que le recitaban Las dádivas de Porfirio Barba Jacob; y ella, conmovida, suspiraba y se enternecía hasta el punto de llevarlos a su cama, a esa cama maciza, grande, que ninguno de sus amantes logró hacer tambalear. El poema es largo pero lujurioso y conmovedor, he aquí un fragmento;  “¡Mujeres de un tiempo florido y lejano! / ¡Mujeres de un tiempo duro, tempestuoso! Las que ofrendan cándidas, el beso temprano, / las que dan, malignas, vino peligroso... / las que piden bellos madrigales/ y dardos ocultos en las breves glosas/ que van a adularlas... / ¡Mujeres que ponen su soplo en las rosas/ para deshojarlas! /.

Allí Fernando Botero, con un libro debajo del brazo, iba a visitarla, muy circunspecto el hombre, muy serio, no a buscar el ambiente de estos lugares para bocetearlos sino halado por las peripecias amorosas de María Duque. Hay un antecedente lejano en el tiempo. Nada menos que Tolouse Lautrec que en las noches pernoctaba en los diversos burdeles de París para aprovisionarse de detalles y pintar esos paisajes nocturnos de Montmartre, en el Moulin Rouge, sobre todo, y en el Mirlinton. Tolouse Lautrec buscó esos temas en las zonas oscuras donde los faroles callejeros se apagan porque ahuyentan la perseverancia de la moral como manera de hurgar la vida. Pintó en su etapa madura carteles de esos cabarets, a los bebedores de absenta, a las prostitutas, Jane Avril, su musa, los circos y, sobre todo, saber cómo las luces del Moulin Rouge, lo abarcaban en su dimensión creativa.

Fernando Botero lo haría más tarde, no al instante como lo hizo Tolouse Lautrec, sino que aguardaría muchos años, unos treinta más o menos, para hurgar en su memoria y para pensar que debía contar lo que él mismo había vivido y disfrutado. A lo mejor sabía el destino y el silencio sobre Débora Arango que había pintado a las putas de Guayaquil, en Maturín, cuando iba a cobrar el arrendamiento de los locales de su padre, y, por supuesto, en Medellín, las putas no eran dignas de aparecer en obras de arte. Entonces, Botero, sacó a relucir cuando ya tenía una forma de contar, es decir, de pintar ese momento placentero, ya convertido en oasis, en reminiscencia, y es por esa razón que realiza esa referencia a su continua ida hasta la Curva del Bosque donde las sílfides paisas, mujeres de la noche, que estuvieron a su lado, que le abrieron no solo más tarde su estro creativo sino que le abrieron las puertas para que entrara a jugar con ellas. Noches lascivas y de contenidos llenos de placer para el joven pintor que nunca sabremos si les decía poemas de algún romántico francés o le leía algún texto escabroso de Vargas Vila, a cambio de sexo, o entraba serio, imparcial e impoluto, alelado y alegrado por los cuerpos de esas mujeres que lo cuidaron para que no saliera de su ensoñación sino para tratarlo como un joven príncipe de la pintura. De ahí que Botero desde los años 70 les realiza un homenaje idílico y amoroso a esas mujeres que lo acogieron cuando a las once de la noche muchos medellinenses abandonaban el Centro y se iban para la Curva del Bosque a seguir la bohemia con el condimento del placer y a no leer las pastorales de los curas. De ahí sus pinturas como homenaje: La casa de María Duque, La casa de Ana Molina (1972), La casa de las mellizas Arias, (1973), La casa de Raquel Vega (1975). Amanda (1982), La casa de Amanda Ramírez (1988), Amparo (1979), Teresita (1970), Maruja (1979), Adela (1971), Delfina (1972), Aurora (1972), Rosita (1970), Pequeña prostituta (1982), Rosaura (1986).



Casa de María Duque, Fernando Botero, 1970

Aquí, al frente de esa casa de color amarillo apagado, santuario de la putería de los años 40, de dos pisos con arcos en sus puertas de color caoba, que salen al balcón y con dos visillos al extremo, da la impresión de que allí no vive nadie como si lo vivido en épocas anteriores hubiera bastado. En el primer piso se lee un aviso, Materiales para construcción. Carabobo se adecuó al cambio y nadie sabe que esa casa posee una historia lubrica y lujosa.

Para algunas personas que visitaban el Bosque de la Independencia, siempre existirá la presencia del lago con sus barquitas los domingos. Iban elegantísimos, los hombres de traje y corbata y las mujeres parecía que iban para un cóctel y los niños divinos, como decían, con pinta dominguera, a montar en burrito y a comer delicioso. El bosque hasta los 60 era abierto y sin muros. Los domingos en la mañana había Retreta, luego la rueda de Chicago, como atracción y los burritos, para los jinetes como consolación. Todo un entretenimiento familiar y muy casero. Muchos adolescentes iban de pesca a sacar pececitos de colores y buchonas, pero detrás de esa diversión idílica en familia, los domingos por la tarde el Bosque se convertía en un parrandiadero donde, los policías y soldados, buscaban las chicas del servicio, y, por supuesto en la noche persistía, rodeado de casas de prostitución donde se divertían las personas mayores con su juguete placentero. 

El sexo y el licor, la conversación y el baile, a partir de la caída de la tarde, emergía con el otro rostro de la ciudad junto a los animales nocturnos y, por supuesto, junto a esa cáfila DE matronas, pupilas, amantes ocasionales, jíbaros, porteros que abrían las puertas de la ciudad al placer como manera de expoliación y de presencia.

Esta tarde Hugo Bustillo, junto  A Luis Fernando Cuartas y A Carlos Vásquez, nos ha revelado uno de los rostros perdidos de Medellín.

Bibliografía.
-Orozco Guarín Carlos Andrés. Inicio, esplendor y ocaso de la prostitución en Lovaina (Medellín), 1925-1955.
-Londoño Vélez, Santiago. Botero, La invención de una estética. Villegas Editores, Bogotá, 2003.






Populismo y vulgaridad / Darío Ruiz Gómez




Populismo y vulgaridad / 

Darío Ruiz  Gómez


El tema del populismo reclama la atención del  pensamiento  político  desde hace unas décadas  en que éste  se ha ido camaleonizando  bajo diferentes retóricas,  aprovechándose del vacío ético creado por la debilidad de los llamados Partidos tradicionales, del descrédito  de los políticos, un vacío de contenidos  democráticos  llenado ruidosamente   con muchas de las consignas y las estrategias de movilización  arrebatadas  a la  izquierda histórica,  la cual, burocratizada, terminó por  olvidarse  de la defensa de ese pueblo al cual  invocaron  para enarbolar las banderas de la “revolución”, esa clase obrera que  terminó  por  ser convertida   en un slógan publicitario  para esconder  su traición,  y  continúan  siendo, sin embargo,  el pueblo, las etnias olvidadas,  manipuladas hoy por otros intereses.  Cabe entonces preguntarse ¿A quién representa  el populismo de los Sindicatos,  un grupo de privilegiados personajes que como en el caso de Colombia fueron incapaces de defender los contenidos históricos de la clase obrera y solamente se han valido del populismo  para chantajear  en beneficio propio a los gobiernos de turno? Fue  Marx quien advirtió de los peligros que entrañaba  para los intereses  del proletariado estas dirigencias  sindicalistas. Estos mismos peligros los señaló respecto a la trampa mortal que para su imagen del  revolucionario supone  el aburguesamiento    que  conlleva  la llamada vida parlamentaria. Sigo con mi indagatoria  ¿Cómo  auto autocalificarse  entonces como representantes  del pueblo  si nunca han sido capaces de definir unos  nuevos  contenidos   que “ya no serán revolucionarios”? “Es característico en nuestra época: no que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, recuerda Ortega y Gasset, sino que el vulgar reclame e imponga el derecho de la vulgaridad, o la vulgaridad como un derecho” El relajamiento de las prácticas políticas  viene siempre acompañada  del imperio  de quienes  se han apoderado de la noble  tarea de propiciar  el intercambio social, para  imponer    a cambio  la vulgaridad que supone  “dirigir la sociedad sin capacidad para ello” El prístino concepto de pueblo se transforma en manos de los demagogos  en la agresión de la turbamulta, en la histeria  populachera, la razón  termina por sucumbir  ante los más bajos instintos desatados por estos adalides  del resentimiento social . ¿Por qué si tanto  detestan  a la alta sociedad  caen  en la caricatura de remedar las etiquetas de ésta,  es decir caen en la ordinariez que supone la corrupción, los dineros mal habidos  del terrorismo?  Al ver la mansión de Raúl Castro y conocer de la hambruna que comienza a vivir el pueblo cubano, resalta la vulgaridad de este personaje  equiparándose   a cualquier vulgar mafioso. ¿No es la vulgaridad de Maduro y de sus compinches lo que   horroriza al mundo civilizado?

 Ortega y Gasset, Karl Krauss, Finkelkraut, Canetti,  Kakutani, entre otros pensadores han analizado esta perversión política  mostrando los daños que logra  hacer  en una sociedad este aventurerismo  que ahora en Colombia y de la mano de Petro y sus secuaces, con la colaboración de importantes medios de comunicación busca   corroer la democracia,  respondiendo al  ciego rencor de unos malos perdedores. ¿No fue  negando el diálogo e imponiendo la llamada “acción directa” como se impuso el fascismo? “Esto quiere decir, argumenta Ortega, que se renuncia a la convivencia de la cultura, que  es una convivencia bajo normas, y se retrocede a una convivencia bárbara. Se suprimen todos los trámites normales y se va directamente a la imposición de lo que se desea” La libertad de expresión, el derecho a la huelga, a la protesta pública se convierten en  asonada, en conspiración permanente  contra las instituciones, en un calculado descontrol de la vida pública donde la opinión es sofocada por  el improperio y la injuria, donde al ser humano se le rebaja a la condición de fiera.