Este blog, en permanente construcción, hace parte de una revisión de los textos iniciáticos nadaístas con el propósito de mantener nuestra fe intacta en algunos de ellos. Podríamos decir que es una versión remasterizada, con inyecciones letales de cinismo y humor negro, de esta doctrina creada, simultáneamente, en Medellín y Cali.
Mantenemos la fe intacta en la creación libre. Somos icoñoclastas por naturaleza.
neonadaismo@gmail.com
Pedro
Nel Gómez bajo la mirada de Luis Fernando González
Víctor
Bustamante
Luis
Fernando González, con sus investigaciones y con sus certezas, en esta
conferencia, nos acerca a una redefinición de Pedro Nel Gómez como una de las
personas que reflexionaron la ciudad en un momento en que había un crecimiento
tenue, podría decir, ordenado, pero que sus aportes realizados con el propósito
de una ciudad verde, amable, diferente, fueron dejados de lado. Una de sus ideas,
un corredor verde entre el Cerro El Volador hasta el Cerro Nutibara, también la
posibilidad de unir la Universidad de Antioquia con la Universidad Nacional,
bajo ese mismo concepto como una idea crear una gran ciudadela, proyecto que quedó
como una idealización de una ciudad posible, ya que los negociantes espurios
del cemento y del ladrillo, uno de los carteles más antiguos y dañinos de
Medellín, no podrían aceptar una ciudad donde existieran terrenos con
adaptación para una vida más amable y para un mejor vivir sino que la autofagia
por esos terrenos con escusas y sinecuras baladíes no permitieron que esos aporte de
Pedro Nel fueran posibles. De ahí que la ciudad construida con esmero fue ampliando
sus calles, y cada administración, como si fuera un logro y no una boutade, terminaron dañando el trazado como su mejor logro, logro inútil y ridículo, ya que con estas
calles se les abría le espacio solo al nuevo protagonista que tiene ahora en
vilo a Medellín: su majestad el auto con su flamante apariencia de progreso y
su perversa toxicidad.
Cuando
hablo de redefinición me refiero a que de Pedro Nel, Luis Fernando recobra su
aporte arquitectónico sino que también es posible mirar su faceta más conocida
la de pintor y escultor que conocemos sus murales, sus pinturas, pero esos
aportes como arquitecto y profesor siempre quedan relegados y se diluyen sin
tomar en cuenta ese carácter creativo y polifacético de Pedro Nel.
Solo
vi de lejos a Pedro Nel cuando pintaba el fresco que bordea la Biblioteca de la
Universidad de Antioquia, entonces miraba esa paciencia para ir poco a poco
creando su obra. Luego en este trasegar lo encontré ya en otra labor en la
Universidad Nacional, encaramado en algunos andamios, vestido con su bata
blanca de médico, esculpiendo sus gigantes esculturas en mármol a pesar de los
años y de su cabello blanco. Por supuesto, que allí lo veía con paciencia y con su tesón
de artista trasegando en su propia obra. Más tarde leyendo sobre él supe que
había viajado a Europa, que sus detractores decían que no sabía pintar las
manos de los personajes en sus pinturas, y esta perla que siempre me ha llamado
la atención, Débora Arango fue a su casa para solicitarle que le enseñara las
técnicas para pintar al fresco, pero Pedro Nel, en su piedra, se negó a ser su
maestro, pero esta negativa no es óbice para que ambos artistas posean su lugar
dentro del campo de la pintura.
En
esta noche, aquí en el auditorio Comfama de Aranjuez, es innegable que bajo la
égida de Luis Fernando González estuvimos siguiendo los pasos de Pedro Nel, que es
la persona de Aranjuez más representativa, ya que allí construyó su vivienda, un palacete, rodeado por la frescura del aire y de las
mangas aledañas hasta que el asedio de la apertura de calles y de las construcciones
desordenados lo asilaron en su casa. A pesar de ello, Pedro Nel siempre vivió en
esa casa que construyó a su imagen y semejanza; esa casa donde fue el creador y
el amo, el señor de su poesía interior, esa casa donde murió. Y no es una
exageración, ya que podría decir que es una de las pocas casas de artistas de
la ciudad más valiosas, ya que aquí no existe la tradición de mantener esta
clases de espacios, donde ahora, sin la presencia de sus familiares, ha sido destinada
como centro cultural, un museo, donde,
a pesar de que hay pocos objetos del artista, percibimos en sus pinturas, en los patios, en la designación de la casa, en la vehemencia de sus pasos por
esos lugares, donde lo imagino en sus corredores y cuartos cuando lo asolaba alguna
idea creativa, pero también desde aquí, desde este alto de Aranjuez, Pedro Nel
vio crecer la ciudad y como lo amurallaba esa ciudad que él podía ver desde su
lugar, y asi nos deja una huella en sus acuarelas como una visión del artista que decidió
afincarse en un sitio y lo definió a su manera.
Esta
noche Pedro Nel ha estado aquí presente, en esa resistencia continua de la ciudad
que sepulta con indiferencia a sus artistas, pero Luis Fernando nos ha dado su ciclo
vital, sus certezas, ya que en su libro, Pedro
Nel Gómez, el Maestro, arquitecto, urbanista, paisajista, ha situado en toda su dimensión el retrato de él en su vida intelectual y pública.
Aquel
que desconozca la fotografía, predijo Walter Benjamin, será el analfabeto del futuro. Esto
podríamos decir hoy respecto de quienesdesconocen las implicaciones de
la llamada era digital, las redes, facebook, internet, whatsapp,sustitutos tecnológicos de esa escritura a través de la cual creamos nuestro
derecho a la intimidad, a oponernos a las falsedades propagadas por los grandes poderes o sea a la manipulación de la verdad, pretendiendo que no existe la verdad sino verdades parciales, tal como lo señala Michiko Kakutani, la hasta
hace poco critica de libros del “New York Times”en“La
muerte de la verdad”, análisis de lo que
supuso la fábrica de mentiras creada y
operada por los equipos de Putin y Trump al rededor de las elecciones
presidenciales que llevaron a Trump a la
Presidencia: la reponteciación de la llamada
Verdad Posmoderna, de los Fake News que ya había sido prevista por Baudrillard en sus agudos análisis sobre la desaparición
de la información sustituida porlo que
Orwell llamó neolenguacoincidiendo con la
desaparición del periódico impreso, la
banalización de los los contenidos de
losmedios informativos con el
llamado “negocio de las noticias”,donde
desaparecieron el corresponsal, el
equipo de investigación, y ganó la
irresponsabilidad al convertirse la
noticia en consumo. De la escritura personal se pasó a lo que se denomina
“estilo telegrafiado”
Hace
diez años aún la gruesaedición dominical del N.Y.T tenía material de lectura para todo el día,
hoy la publicidad ha ganado espacio a las páginasde opiniónya que el periódicoal
transformarse en un proyecto comercial
en mano de nuevos propietarios - Carlos
Slim es el mayor accionista- abandonó su antigua vocación de defensor delderecho de la sociedad a tener
una información veraz y tal como ha
acontecido con otros periódicos conocidos en manos de inversionistas” - “El País” de España – seentró en la era de la digitalización dando un salto
al vacío. Precisamente hace unos meses en el N.Y.T. aparecieron unos artículos
denigrando de España y tratando de mostrar a los sediciosos que intentaron dar
un golpe de Estado en Cataluña como los “héroes” de la resistencia. La protesta
de los principales periódicos de España
fue inmediata y unánime y la respuesta de la Dirección del N.Y.T fue igual
a la que acaban de dar respecto a la desinformación de un aventurero norteamericano
sobre el Ejército colombiano insinuando pérfidamente que se han revivido los
“falsos positivos”: “la opinión de los
colaboradores no es la opinión de la Dirección
del periódico”. La farsa de algunos
medios colombianossobre el supuesto periodista se ha cerrado con una grandilocuente frase: “el corresponsal debió salir del país
por posibles amenazas contra su vida”Lo señaló Baudrillard: ya no interesa la verdad sino el simulacro. Y
para llevar a efecto el simulacro la inteligencia perversa cuenta con genios para escenificaruna falsa noticia tal como los hay para la
difamación y el señalamiento de aquellos a quienes se considere “enemigos”. Lo paradójico es que publicaciones “progres” recurran a métodosde “derecha” de desinformación, como los que describe Kakutani y sobre
todo que periodistasque se ufanan
desu supuesto roce internacional, traten de hacerle creera
nuestra ciudadaníaque el actualNYTcontinúa siendo la biblia de la autoridad moral que alumbra aún la libertady la democracia en el mundo.
¿Por
qué entonces ante una publicación comercial debe el
Comandante del Ejército salir a dar
aclaraciones sobre un problema de debate interno nacional? ¿Por qué a esta malévola información se le ha dado un sesgo de escándaloprecisamente en el momento de la detención de
Santrich? Es lo que digo: el analfabeto de hoy es quien desconoce estas
artimañas,los simulacros de este falso periodismo.
¿Quién
ha sido señalado culpable del desastre tecnológico que supone la destrucción de la Biblioteca
España? Recuerdo un reportaje con unos ancianos en un parquecito, contaban cómo
veían matardiariamente gentes en eseespacio antes de que se inaugurara la
Biblioteca que naturalmente había sido una redención para un barrio convertido
en un borde olvidado. Niños, ancianos,
se beneficiaban de sus instalaciones pues habían salido del confinamiento a que los
había sometido el terror y ahora recibían clases de diversas disciplinas,
contaban con un lugar de encuentro o sea
de socialización, un logro demasiado importante que se vino abajo con la
desaparición de la Biblioteca. ¿Se ha detenido aalgún responsable por este caso? ¿Algún
sicólogo socialha calculado lo que este desastreculturalmentesupuso para esta comunidad? ¿Ha calculado algúnespecialistael alcance moral de esta
decepciónen lo que esta supone como justificado rencor de una
comunidadofendidaante la corrupción oficial?No voy a negar las buenas intenciones que fundamentaron el plan de los
Parques Bibliotecas pero sí critico, como lo hice en su día, el hecho de construir edificios a veces de
nulo valor arquitectónico, que la mayoría
de las veces no cumplían conla
espacialidad específica esperada,donde se lucraron los constructores pero una vez más la comunidad quedó como perdedoraya que no se renovóel contexto urbano que
debió comenzar por establecer una
inmediata relación con el Centro para que se iniciara el esperado intercambio social que el
aislamiento de las diversas comunas, en
manos de los violentos, negaba. Esto era
crear ciudad y crear ciudadanos,
posibilitar la integración de cada parque biblioteca, de cada nueva escuela
para hacer desaparecer el aislamiento y el estigma, establecer la ergonomía de
los espacios públicos a través de sus distintos actores, los niños, las mujeres
y los hombres trabajadores, los ancianos, el caminante desprevenido, la
relación sagrada de la casa con unos territorios reconquistados. Hace décadas ya lo había señalado Jordi Borja.
“Derecho a la conversión de la ciudad marginal o ilegal en ciudad de
ciudadanías” un principio planteado por el urbanismo moderno al rescatar las periferias,
al humanizar los bordes incorporándolos mediante vías y sistemas de transporte al Centro y al
resto de la ciudad para reconocer en el excluido el rostro de un ciudadano y no
el de un desechable y al instaurar la
gobernabilidad de la democracia impidiendo que cayeran estos territorios de la
no ciudad en manos del crimen organizado. Durante la Alcaldía de Salazary su consideración chavista del
delincuente como una víctima social, me pregunté si por ese camino no nos
estábamos acercando al modelo Ciudad
Juárez tal como hoy estamos viendo que efectivamente ha sucedido. ¿Hasta dónde
llegó la idea del Jardín Circunvalar y
cuánto dinero público se despilfarró en una obra imposible de llevar a cabo sin
haber recuperado antes para la vida ciudadanaestosbordes del terror? ¿Cómo se puede ofender a una comunidad construyendo a
un elevadísimo coste un jardín de mascotas cuando se debió construir el
auditorio, una zona de encuentro ya proyectados y anhelados por la Comunidad?
¿Quiénes se benefician, entonces, de un proyecto incrustado como un cuerpo
extraño en medio de un tejido social que lo rechazará? ¿No es este equívoco lo
que la Contraloría debe investigar? Y como lo ha señalado Juan Fernando
Jaramillo¿Es más importante una mascota
que la necesidad lúdica de los niños y adultos? Los caprichos de los llamados
ambientalistas, animalistas son un verdadero peligro para el medio ambiente y
para los animales. ¿Entre tanto cuántos espacios se han recuperado para la vida
libre de los ciudadanos, para ejercer el derecho a la libre circulación, para
erradicar la violencia sobre las familias expulsadas por los violentos con
fines inmobiliarios? P.D. El método estalinista de Enrique Santiago consistió
en humillar la justicia colombiana poniendo al descubierto la ignorancia de la clase política. El ícono
de la nueva Justicia es entonces Bobadilla.
Siempre
desde la primera memoria de la humanidad el vaticinio del fin de las ciudades
se ha dado porcastigos anunciados que
se cumplen fatalmente, a causa deterribles
pecados de sus gobernantes, tal como
sucedió con Sodoma y Gomorra, con
Pompeya devorada por los ríos de lava del Vesubio. Marco Polo encontró a su
paso en tétricas montañas o en
agobiantes desiertos las ruinas de ciudades donde hasta los muertos las habían
abandonado. Angkor la ciudad milenaria perdidade Camboyaque llegó a tener un
millón de habitantes y una compleja
trama urbana de canales de agua, palaciosdesapareció en el misterio. De las ciudades que creó y dio esplendor la
riqueza de la zona bananera con hoteles de lujo y prostitutas caras venidas de
todos los mejores burdeles del mundo, las ciudades donde no eran velas las que
se encendían para las cumbiambas sino puñados de dólares, nada quedó y García
Márquez apenas en sus descripcioneslogra
detenerse en aquella fatalidad terrible que se cerró con el castigo de la más
amarga miseria. Y si me detengo a releer las crónicas de Joseph Roth sobre el
Berlín donde obscenamente irrumpe el capitalismo con su despliegue de altos
edificios, de brillantes centros comerciales, hoteles de ensueño y ricos
chochos que se duermen sobre los pronunciados pechos de sus queridas,
jovencillos tristes ofrecidos a los
nuevos clientes en esta nueva parafernalia del relajo moral, aquelshock en la transformación urbana donde
desaparece rápidamente la espacialidad de la vieja aldea y se da paso a la
estructura de las funciones de la ciudad moderna lanzada al proceso de separar
las familias, los amigos, de crear huérfanos y desamparados tal como se describe en “Berlín
Alexarderplatz”. ¿No es igual de desolado el Nueva York que describe John Dos
Passos, el Chicago que describe Saúl Bellow, el Hollywood que fustiga Nathanael
West? El hombre del subsuelo de Dostoievski es la primera víctima de esta discriminación
social de los espacios de la ciudad donde ante la ostentosidad de la
arquitectura y de los altos personajes de la gran ciudad siente y comprueba no
solo que no es nadie sino que no existe, por eso debe refugiarse, al igual que
aquellos ofendidos miserables de Hugo o de Zola, en las cloacas del progreso. Es
la mugre y los chancros de la miseria en el Madrid de Galdós y de Baroja, es la
mugre y el coto en la Bogotá de Osorio Lizarazo : esa lacra que se arrastra desde
un fondo tembloroso de ofensas, el
aullido desalmado del tugurio que avanza incontenible en Medellín después de
que vivimos el vértigo alucinante de la
fiesta monstruosa de los días del narcotráfico. ¿Cuántos años más necesitará Detroit
para levantarse de las penosas ruinas de la inmensa industria del automóvil que
al venirse abajo sólo ha dejado criminalidad, miseria, terror como lo describe el
inolvidable film de Kate Bigelow que parece filmado en cualquiera de las
Comunas de Medellín? ¿Cuáles han sido los fatales pecados que cometió Medellín
para dejar en el olvido la ciudad que había sido construida bajo un proyecto
riguroso de planificación urbana que daba paso con naturalidad al desarrollo de
una ciudad moderna? ¿Cómo podemos aspirar a vivir en una ciudad cercada por los
violentos y en la cual cada palmo de espacio conquistado por la racionalidad
del urbanismo para dar paso a un hábitat se hunde día a día mientras se hace
notorio el hecho de la gran cantidad de habitantes que la abandonan o lo peor,
que son sometidos al horror? Que no
vengan ahora con más promesas de un nuevo tranvía, de otras escaleras
eléctricas, de otros puentes elevados, ignorando los contratistas, la verdadera ciudad que ha sido capaz de
resistirtantosengaños, la
ciudad de los vecinos, de las calles, del caminante. Un proyecto común de
ciudad que niegue la fealdad y la corrupción.
Somos Naturaleza. Cuidando todas las formas de vida !!!
NOS ENCONTRAREMOS todas las personas EN MEDELLÍN ESTE 8 DE JUNIO DE 2019 en la 2° MARCHA CARNAVAL ¡SOMOS NATURALEZA, CUIDANDO TODAS LAS FORMAS DE VIDA!
Nos unimos a sentir / defender la red de vida planetaria, las memorias, el agua, la defensa de Ríos Libres (Samaná Norte, Dormilón, Cauca), los territorios, la desmilitarización, la Noviolencia, las libertades, el cuidado a los liderazgos socioambientales.
Nos manifestamos ante la crisis climática, el fracking, el extractivismo, la Megaminería, las hidroeléctricas, la extinción, la deforestación, el rechazo al puerto de Tribugá.
Llenemos de los colores de la alegría, la reXistencia necesaria a esta crisis climática y de civilización.
¡Recuerda compartir esta invitación con todas las personas que desees!
Lugar: COMUNA 13. (punto de encuentro por confirmar)
Pelón Santamarta, compuso la música de Antioqueñita.
La Curva del Bosque y 100
años de Antioqueñita / 74 Patrimonio Medellín
Víctor Bustamante
El Jardín Botánico, Joaquín
Antonio Uribe, luce esa arquitectura que le ha sido impuesta desde los años de
Fajardo que, con su discurso pretencioso de refundación de la ciudad, escamoteó el paisajismo de Narciso Groos para cambiar y llenar de edificios el interior
del jardín, además le mordió algunas partes de su territorio interior. Pero no
vamos a hablar del interior, ya habrá más tiempo de referirme a ese maquillaje
cultural, sino de las afueras, es decir, de lo que ha quedado de las afueras
donde la vida de la ciudad ha bullido y ha pasado de una manera, además, de
afectiva, hundida en la vox populi de esos secretos: haber sido la zona erótica
que celebra esa permanencia de la vida pero que se le excluye. Mientras
monseñor Caicedo, y, luego, su sucesor monseñor Salazar y Herrera dictaban
pastorales con prohibiciones, mientras se trataba de reglamentar la vida de los
burdeles en esta zona por parte de las autoridades del municipio, este suburbio
vivía su esplendor; o sea, los diversos comerciantes e industriales, los
diversos políticos y sus estafetas, así como los poetas y escritores, los
intelectuales y los estudiantes con utopías en sazón no olvidaban que el placer
era uno de los objetivos del hombre, y por aquí al caer la noche ya se
encontraban, díscolos y ávidos, en la búsqueda no del santo grial sino de lo
más secreto y presente, un cuerpo femenino en su esplendor. Por eso el
pesimismo del pecado y de la mentira, la simbiosis entre el placer y la
prohibición, coinciden y conducen de una manera formal sin repelerse, siempre
juntos, siempre confundidos unos a otros hacia esos lugares vedados,
discriminados y vejados desde diversas esferas.
Aquí, en las escalas que
suben hacia el metro por Carabobo con la calle Daniel Botero, quedaba un lugar
mítico, el Bar Chapinero, donde León Franco (Pelón Santamarta) administraba en
1919 este sitio destinado para escuchar para cantar, tocar guitarra, tiple y
bandola; allí se apareció una noche de ese año Miguel Agudelo Zuluaga con la
letra de Antioqueñita para que Pelón le pusiera música. Al Chapinero también
asistían el Negro Jesús María Agudelo, sastre y cantante, más tarde padre de
Alba del Castillo, junto a músicos de trayectoria como Antonio Ríos la Silga,
Manuel Ruiz, Blumen, y el Chino Trespalacios.
Partitura de Antioqueñita
Aquí en esta esquina Hugo
Bustillo comienza su relato, debido a que sale a la memoria uno de los músicos
más míticos de Medellín, Pelón Santamarta, que después de su periplo por
Centroamérica, México y Estados Unidos con el Dueto Pelón y Marín; de haber
recogido unos pesos y haberlos perdido en la quiebra del Banco Nacional de El
Salvador y, además, sabiendo que Adolfo Marín, su compañero de viaje, había
decidido quedarse en México no le quedó sino la posibilidad de regresar. Pelón,
más que pelado, volvió a Medellín, pobre y decepcionado, pero con rumbo como
consolación y gracias al mecenazgo de sus paisanos Raúl y Luciano Restrepo que
le obsequiaron el pasaje; ya establecido aquí, otro amigo, José María “El
Chato” Velásquez, le dio trabajo como administrador del tertuliadero Chapinero,
frente a lo que hoy es El Jardín Botánico (antes Curva del Bosque de la
Independencia), sobre la carrera Carabobo. El Chato, en realidad era un hombre
de mundo, derrochador y aguardientero, que le daba altas propinas a los
músicos, así fuera conservador y fiestero. El Chato en los suburbios era otro,
lujurioso y procaz, mujeriego y rezandero, se había enamorado de una de las
putillas de más presencia en la casa de Pola Vanegas, Marcia Uribe, pero como
esta no soportaba sus groserías, que le besara en público la hernia en su ombligo, lo abofeteó, y a la dueña del burdel no le
quedó más remedio que echar a Marcía por infringir las normas: no ser tierna
con ese cliente admirado y adinerado. El Chato en sus rumbas ataviaba su auto lujoso, y salía acompañado de sus damas en la banca de atrás, mientras en la banca de adelante, junto al chófer, todo ojos y oídos, disfrutaba a Pelón, al Chino Trespalacios, a Blumen y a Tartarín que cantaban bambucos y pasillos, y se lo bebían.
Precisamente desde la
iglesia de Jesús Nazareno comenzaba por esa calle, por Carabobo al norte o el
Carretero que era el nombre popular, lo que llamaban el Putarral, pero, para
otros, poseía una definición de un tono más acorde, el Trocadero, por la misma
calle hacia el Bosque de la Independencia, que eran prácticamente los suburbios
de Medellín.
Pero ahora en este 2019, en
esta esquina por donde pasa el metro, da su sombra y su paso raudo que se ha
llevado el lugar donde era el Chapinero, es entonces que caemos en cuenta que
aquí llegó el poeta y bohemio Miguel Ángel Agudelo Zuluaga, y le entregó los
versos de Antioqueñita a Pelón para que este les pusiera música. Agudelo
participaba en las tertulias de la Bastilla con Carrasquilla, Efe Gómez su
cuñado, con Luis Tejada pero en algunas noches se iba a conjurar contra el
sistema a la casa de María Cano, donde esperaba Ignacio Gómez Giraldo.
A la noche siguiente Pelón
mandó a llamar al poeta Agudelo para que escuchara la música que le compuso y
su sorpresa: un agraciado bambuco donde confluyen dos talentos, que luego sería
considerado como el segundo himno paisa y una de las composiciones antológicas
del pentagrama colombiano: Antioqueñita. Este bambuco lo estrenarían en una
casa de la Alhambra que era residencial; lo cantaría Pelón con Enrique
Gutiérrez, Cabecitas, por vez primera el día 1 de mayo de 1919, o sea hace cien
años.
Estas dos personas
perdurarían en las noches de la ciudad, al otorgarle ese nombre a un bambuco
que sitúa la admiración hacia una mujer. Miguel Agudelo Zuluaga, poseía un
seudónimo: David Guerrero. Había nacido en Medellín, en 1883 y fallecería en la
misma ciudad en 1954.Otra de sus
composiciones es el pasillo Invierno, así como un libro titulado Momentos de mi
vida, en 1911, con prólogo de Carlos E. Restrepo, y de un folleto, Los Tigres.
Pedro león Franco, era el
nombre de Pelón Santamarta, había nacido en Medellín, en 1867. Moriría en 1952.
Compositor y cantante. Formó parte de varios duetos, entre ellos el de Pelón y
Marín, a quienes se les atribuye haber grabado en disco, el primer bambuco, El
enterrador, con la firma Discos Colombia, en 1910.
Pero también a estos nombres
tan significativos, en la conjunción poesía y música, es necesario agregar y
hacer una referencia y una deferencia a Daniel Botero Echeverri,connotado líder cívico, que debido a su interés y remordimiento, ya qeu no sabía qué hacer con tanto dinero, arborizó el Parque de Bolívar bajo su cuidado y cuenta, así como varias calles
de la ciudad, además perteneció a la Academia Antioqueña de Historia. Su nombre, hoy olvidado, cuando el civismo ha dejado de ser un valor en los actuales
anales políticos, paradójicamente, con los años se asoció a los lupanares
festivos de esta calle, la 73. Daniel Botero Echeverri vivía en Maracaibo con
El Palo, era banquero y accionista del Banco de Medellín, terrateniente; junto
a Enrique Echavarría y a Udislao Vásquez iniciarían la construcción del Circo
teatro España cuyo arquitecto fue Horacio Marino Rodríguez.
En la esquina del flamante
centro comercial Bosque Plaza, al frente de lo que fue el Chapinero, quedaba la
casa, como se le llamaba a los prostíbulos, debido a su enternecedor encanto de
acoger, como en casa, Hogar Dulce hogar, es decir en la perenne luna de miel
del libertino paisa, a sus clientes serios, pero, en realidad era un burdel de
renombre, la casa de Eva Arango, llamada el Colegio, debido a que sus clientes
solicitaban nada menos que la presencia de lolitas vestidas con uniformes de
los centros educativos más afamados, y como al paisa cazurro hay que darle
gusto, Eva Arango, matrona y celestina cordial, salida de su paraíso del mundo
más fascinante de entonces, el de la putería, de inmediato les daba el mayor de
los gustos a estos señores que dejaban su seriedad de comerciantes. Si andaban muy depresivos los alegraba con una pupila vestida con el uniforme de la Presentación. Si se las daba de sediento los aligeraba con una chica usando el uniforme del Cefa. Si estaba peleado con su mujer, una lolita vestida con el uniforme del Marymount, les acallaba su pena. Otros
abandonaban las promesas de ser políticos, es decir, la representación de sí
mismos para hojear y ojear el diverso catálogo de pupilas. Eva, sin serpientes,
reclutaba las jovencitas llegadas de los pueblos, a quienes, luego de un curso
acelerado de glamour, les entregaba vestidos para estrenar, les indicaba cómo
debían maquilarse, y una consigna de hierro, no enamorarse de sus clientes, ya
que estos debían regresar a sus casas muy cansados luego de “arduas reuniones
de negocios”. Asimismo les indicaba como debían comportarse con los diversos
señores de alto coturno y las cejas alzadas que llegaban desde las 7 de la
noche hasta las 2 de la mañana. Entre sus pupilas destacadas podemos citar
tres: María Misas, Zoila Montoya y Gabriela Soto, ya perdidas, y solo en la
memoria de sus amantes o en algunas fotografías desvaídas durante algún paseo,
ya que el dios Eros ha claudicado ante el apaciguamiento y la muerte. Luego, el
Colegio, cambiaría su nombre por el de Noches de París, también cambió la
arquitectura, pero no de objeto social ni sexual. Había a la entrada un
hombre alto y musculoso, el portero con kepis de color morado, pantalón rojo con
la infaltable cinta blanca al costado como si fuera un director de orquesta de
circo, eso sí con un aditamento nuevo: sombrilla en tiempos de invierno,
imitación del portero del Hotel Nutibara, hasta en sus guantes blancos. Pero
por cosas de la magia del buen servicio, el portero, como buen anfitrión, en
cualquier circunstancia de la noche, en pleno verano, recibía a sus clientes,
les abría la portezuela, y al bajarse de sus autos lujosos, los saludaba en
inglés; solo sabía unas diez palabras. Era tan solícito con los clientes
enfundados en la seriedad de quien asiste a una cita financiera, porque sabía
que le darían una buena propina, además de guiñarles el ojo derecho en señal de
complicidad, y decirles a todos esos montañeros elegantes unas palabras mágicas,
¿cómo está doctor?, hasta luego doctor, eso sí exornados sus saludos son este
abrebocas: hay personal nuevo. Muchos años más tarde, por ahí en la década de
los 70, la inagotable fuerza amorosa del antioqueño, solapado y fiestero, que
iba a visitar a su “tía”, proseguía matizados en otra generación más liberada
para buscar las damas de la noche, pero ya había otro nombre: Modas Francia, y, por supuesto,, otras pupilas y otros hábitos eróticos que rebasan esta crónica.
Además la palabra moda ya se asociaba a este oficio de lo plural y de lo
pasajero.
Por esta calle, en plena
noche, las casas de citas exhibían su invitación con un bombillo rojo, indicando que ahí
era el sitio buscado por los libertinos ávidos de carne extraña; solo bastaba
esa luz encendida del color del sexo como señal luminosa, semáforo para el
placer. Una de esas casas pertenecía a Jacinto Benavidez que, pretencioso, la
había llamado, para ganarles a todos, publicista de momento, Estrella roja.
Pero en esta tarde de mayo florido, guiados por Hugo Bustillo, nuestro cicerone
por ese bulevar del amor al decir del mismo Bustillo, que nos indica que sigue
otra de esas casas nada menos que El Acoso de otra matrona perdida en la
anécdota del tiempo, Ana María Ortiz, donde el acoso se realizaba con dinero y
licor. Nunca, ninguna de estas mujeres, se quejó de ningún hombre debido a sus
requiebros ya que el dinero sella los labios de una manera dulce. Luego sigue la
casa de Queta, no la de Montecristo, sino la casa de Enriqueta Mejía, y ya
llegando al crucero de Bolívar con la Daniel Botero, la Mansión de Honoria
Osorio. En esta calle aun dedicada al negocio del sexo, lo que eran esas casas
de citas administradas por matronas, ha virado a los amoblados que han
reemplazado estas casas, donde no esperan mujeres para conversar, bailar,
escuchar música y, por supuesto, follar, sino que el cliente lleva su pareja. Los
Colores, la Gruta de Hierro, los Coches, y Jardín, demarcan y definen dentro de
esa nueva perspectiva y discreción, esta calle donde aún el erotismo continúa su
marcha con otras fachadas pero con las mismas costumbres.
Por esa misma calle, Daniel
Botero, en la mitad de dos cuadras, del Fundungo no ha quedado nada, ni la
nostalgia, ni las promesas ardorosas del deseo sino dos esquinas vacuas donde
algunas bodegas escriben el otro uso del suelo en estos años, lejos de la casa
que Cefa Cadavid o Josefina, por su verdadero nombre, que había abierto con un
nombre idílico: Noches eternas.
Ya en la esquina de Bolívar
que languidece por la calle Daniel Botero, mientras Lovaina extendía sus brazos
amorosos, ramifica sus aceras, y esta zona se volvía en la primera Zona Rosa de
la ciudad, cuando ese nombre se instalaba y era copiado de otras ciudades.
Medellín, Medeyín, Metrallín, Mede-hollín, ya vivía el espasmo de ser una ciudad de mundo
donde las casas de citas, los burdeles, los lupanares, las casa de lenocinio, abrían sus puertas para esa clientela que venía del Centro, de los barrios, del
exterior para encontrar el solaz de las muchachas en flor.
Ya en el cruce de Bolívar
con la Daniel Botero, ahí en la circunstancia de un nuevo nombre dentro de la
topografía citadina se rinde un homenaje. Este nuevo sitio, la Esquina de las
mujeres, donde se solicita públicamente la reivindicación por el papel relegado
de la mujer.
Por supuesto, que antes de
este homenaje a las mujeres, en su esquina, hay en una vitrina la imagen de
María Auxiliadora con su mirada serena que escudriña a los moteles y en la
cual, en su base, hay diversas placas donde el deudo agradece el favor
recibido. A lo mejor también la presencia de esa imagen religiosa es como una
manera de exorcizar este lugar dedicado a la putería y al erotismo. La imagen principal para el
homenaje a las mujeres, a su papel en el discurrir de esta historia de la
ciudad, comienza con una escultura de Olga Inés Arango donde tres mujeres
coloreadas, parece por muchachos de preescolar, con su rostro vociferante se
levantan no en armas sino en almas para reclamar el injusto relegamiento, y además miran hacia los moteles, pero
hay algo en esa escultura, esas mujeres sin dignidad se parecen más, debido a
sus vinilos baratos, a las mujeres que oficiaban de putas en su momento por estas
calles. También han sido dispuestos varios bustos, me refiero a la
representación artística de ellas, de catorce mujeres. Las escogidas por esa
junta en tiempos de Fajardo, fueron la Cacica Dabeiba, la Cacica Agrazaba y
María Centeno, de las cuales se inventaron los rostros, o sea, falsificaron la
vilipendiada iconografía histórica. ¿Será verdad tanto valor? ¿Tanto arrojó?
¿Será una falsificación histórica? Luego sigue Simona Duque que tuvo su nicho
en lo que más tarde sería el Parque del Periodista. Allí la reemplazó y luce su
indecencia y su mediocridad el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Como la
alcaldía de Medellín, en su momento, no le interesaban los homenajes a este
tipo de periodistas, ideó algo fuera de tono, al busto que perduraba ahí de
Simona Duque, tras unos arreglos, maquillaje en bronce, lo adecuaron, le
dispusieron gafas redondas y quedó convertido por arte de las manos del
escultor disoluto en Manuel del Socorro Rodríguez que no era periodista sino un
soba chaquetas de la Colonia.
Esquina de las mujeres, crucero Bolívar con Daniel Botero
Luego siguen las otras
damas, es decir sus bustos en bronce. Inicialmente fueron situadas en un
terraplén, seguro para que hubiera interacción con ellas por parte del público,
para que las vieran a ellas cercanas en este presente que las había olvidado,
pero luego los bustos de estas mujeres, a lo mejor para evitar jerarquías
fueron dispuestos y erigidos sobre bases cada una dejando el terraplén,
igualándolas a las otras para evitar maledicencias con las autoridades de
algunas ONGs y con el feminismo radical. Siguen en esa esquina, nunca del
movimiento, María Martínez de Nisser, María Cano, la Madre Laura, Blanca Isaza de
Jaramillo Meza, Jesusita Vallejo de Mora Vásquez, Débora Arango Pérez, Luz
Castro de Gutiérrez, Benedikta Zur Nieden de Echevarría, Rosita Turizo de
Trujillo y Luzmila Acosta de Ochoa.
Por supuesto, no se menciona
por ninguna parte a Sofía Ospina de Navarro, más representativa que muchas de
las anteriores, a lo mejor por ser conservadora o a Pilar Moreno de Ángel una
historiadora relevante. Además, con este criterio selectivo, y poco democrático
se dejó de lado un verdadero icono de las noches y del placer en Medellín, y
que precisamente en los últimos años de su vida, ya mayor, ya gastada por los
abusos de la putería, por ser la amante provisional de tantos hombres que la
visitaron y entraron a su casa y a su cuerpo. Ya que en esta misma esquina de
Bolívar con la calle 73 (Daniel Botero) N.51d-14, donde se homenajea a otras
mujeres, algunas talentosas, otras haciendo bulto, otras llenas de civismo y
entusiasmo, tratando de configurar un relato apresurado, se olvidó a las damas
de las noches, aquellas que vivían, y ejercían aquí mismo. Y ella, María Duque,
que vivió en esta esquina,desde su casa
pobre, enferma y masacrada por sus amantes y sus abusos, aquella que era morena
y troza. María Duque que, desde aquí, le solicitó a Fernando Botero,
que le ayudara, ya que andaba muy mal mientras le bailaban ambas cajas de
dientes en su boca. Pero Botero ya transitaba en otros países y lamía las
mieles de la gloria en vida, mientras los marchantes ubicaban su talento y su
obra en las ciudades más reconocidas del mundo, desde Oriente hasta Occidente,
pasando por Europa y los Estados Unidos. No podía creer que su amante, ya una
anciana, lo recordara y le dijera una tarde de 1993, en un programa de RCN, que
era aún mi pipiolo. Solo en un cuento Danilo Kiss, en otros países y otras
latitudes, les hace un homenaje a esas amadas mujeres de muchos y de nadie.
Ella, por la moralidad de
nuevo cuño, no podía estar inscrita en la lista de esas mujeres; sería el colmo.
Ella nunca tuvo el prestigio de las Ibáñez, y menos, alguien que le escribiera
un reconocimiento sobre su misión en la vida, porque ser puta no solo es
degradante sino un oficio de mucho valor, al ser abordadas por ese personal
masculino, esa caterva, esa fila de caballeros que solo tienen dinero para
acostarse con estas damas menospreciadas ahora y siempre. Nadie la recordó.
Ella tampoco era Manuelita Sáenz que tuvo a su Libertador.
Casa de Mariana Gómez
Ya desde esta esquina
Bolívar más hacia el norte aparece La Curva del Bosque propiamente dicha. En la
actualidad el pasaje, la calle que languidece, no ofrece ninguna circunstancia
que llame la atención, ya que se trata de casas comunes, de negocios y de
arreglos de carros. Pero aquí en Bolívar con la 77 había dos negocios, el
Caribe y el Rayito de sol que eran dos cantinas para los bebedores nocturnos;
ahora uno es un restaurante y en la otra esquina, otro negocio, Son Diésel,
para reparar autos. Ya frente a la casa de Mariana Gómez, en Bolívar con la 78,
Bustillo, nuestro guía, olvida que Simón Bolívar hubiera pasado muy bien por
esos pagos. En el primer piso quedaba el restaurante y en el segundo los
aposentos de las mujeres. Se dispuso rejas a las ventanas del segundo piso, ya
que no hay nadie más renuente que un tipo satisfecho, no quiere pagar su
importe a la dama, y era frecuente que los clientes, sí, ellos que antes eran el
colmo de la amabilidad, les halaran las orejas a estas chicas, es decir, en
lenguaje popular las conejiaran, y se volaran sin pagar, brincando desde el
segundo piso a la calle. Mariana Gómez, además, ideó una fina atención al
disponer dos autos para llevar a sus buenos clientes bien cómodos y satisfechos
a sus casas. De ahí, y con los días nació, una empresa de trasporte, Tax
Milancito. Mucho más tarde la vendió a un médico que la convirtió en Tax San
Pedro. La casa de Mariana Gómez no la resquebrajó ningún terremoto ni el
temblor de las parejas; luce aun sus paredes en cemento y sus puertas y
ventanas de color café y en plena esquina hay un grafiti ponzoñoso sobre la
esquina cariada.
Por aquí pasaba la quebrada
el Molino y por aquí mismo Paulina Castaño poseía un lugar donde había abierto
los baños. Por supuesto que ya las quebradas como la Bermejala, antes el
Zancudo, la Cimitarra, la San Francisco, la del Ahorcado, han sido tapadas ante
el avance de las urbanizaciones.
Ya por la calle 78 quedaban
situados el Berna y La Cueva, conocidos lugares de diversión masculina,
prostíbulos de renombre; ahora lucen, casi inocentes, otro oficio como el Centro infantil, Explorador de sueños y en seguida, el Banco de prueba para chasis y camber y caster. El tiempo y el desalojo ocupan
su lugar.
Luego de estos baños, a la
subida para Bermejal; o sea para, Aranjuez quedaban los baños de Amito, Cipriano
Álvarez, que era más pequeño que el Edén pero tenía buena clientela debido a
que allí vendían tamales, longanizas y empanadas. Una de las costumbres en ese
Medellín era ir a caballo los domingos en la mañana a bañarse donde Cipriano y
a tomarse unos buenos tragos de anisado en las tardes como fachada.
Contrastaba con los baños de
Tano, situado cerca de la estación del tren, más abajo, que les daba el baño
gratis solo para de esa manera vender comestibles. Según Ricardo Olano, el
municipio compró varias casas, entre ellas la de Baños el Edén, que tenía
billares, cantina, restaurante, baños de agua limpia debido a que aún no se
habían poblado las cercanías. Además, dos casas que había en los límites del
Bosque se destruyeron porque estaban dedicadas a la prostitución. Los Baños del
Edén, perdurarían hasta 1913, cuando serían absorbidos por un nuevo lugar, el
Bosque de la Independencia de Antioquia comosería nombrado en 1921. Luego en, 1961, sería conocido como el Jardín Botánico
Joaquín Antonio Uribe.
Ya en el Carretero, la calle
de las Pizas, la calle del Prado, la carrera 7; o sea,
Carabobo, estaba el Café Palermo que también era hotel en el segundo piso donde
oficiaba María Duque, la amante de Botero, y además amante municipal de muchos
medellinenses que venían a su casa ensordecidos por su belleza y amabilidad.
Ella decía que su cama en madera de comino crespo era para aguantar los más
duros embates de esos guerreros paisas. Pero algo es cierto, no sé si por
pudor, hacia el llamado, El oficio más viejo del mundo, o por dejar de lado la
sexualidad en el momento en que mayor ha sido agredida; se
dejó de lado a esta mujer valerosa que le dio a tantos hombres la calma
necesaria y la felicidad de unos minutos al escapar de casa con alguna soltura
o más simple como Fernando Botero, aun un aprendiz, que se debatía entre ser
torero o pintor, que sin un centavo venía por estos pagos a buscarla.
Casa de María Duque
Aquí en el Bar Palermo, donde
había cantina y burdel en el segundo piso, oficiaba María Duque. María Duque era
la auxiliadora de estudiantes, era alta, morena, bohemia y troza. Solía salir a
caminar y a bailar con Botero. A ella le gustaban los estudiantes. Desvirgarlos
era su destino, su pasión. María Duque había llegado de Yarumal ya viuda a los
22 años y se fue a Guayaquil a la pensión Patria, pero ella, que era apátrida,
recaló en Lovaina en la casa de Lola, la Polla, y, debido a su condición de
agraciada mujer, fue considerada y codiciada por los libertinos paisas y fue
considerada por un tiempo la reina de Lovaina. Botero la buscaba en la casa de
Ana Molina, y luego en su propia casa por Carabobo, frente al Bosque, aquí en el
segundo piso del Bar Palermo. El pintor iba con algún libro, ya que leía
románticos franceses y a Vargas Vila. Ana Molina lo recordaría como un muchacho
tímido y muy sencillo con un libro como compañía. A María Duque le gustaban los
estudiante que le recitaban Las dádivas de Porfirio Barba Jacob; y ella,
conmovida, suspiraba y se enternecía hasta el punto de llevarlos a su cama, a
esa cama maciza, grande, que ninguno de sus amantes logró hacer tambalear. El
poema es largo pero lujurioso y conmovedor, he aquí un fragmento;“¡Mujeres de un tiempo florido y lejano! /
¡Mujeres de un tiempo duro, tempestuoso! Las que ofrendan cándidas, el beso
temprano, / las que dan, malignas, vino peligroso... / las que piden bellos
madrigales/ y dardos ocultos en las breves glosas/ que van a adularlas... /
¡Mujeres que ponen su soplo en las rosas/ para deshojarlas! /.
Allí Fernando Botero, con un
libro debajo del brazo, iba a visitarla, muy circunspecto el hombre, muy serio,
no a buscar el ambiente de estos lugares para bocetearlos sino halado por las
peripecias amorosas de María Duque. Hay un antecedente lejano en el tiempo.
Nada menos que Tolouse Lautrec que en las noches pernoctaba en los diversos
burdeles de París para aprovisionarse de detalles y pintar esos paisajes
nocturnos de Montmartre, en el Moulin Rouge, sobre todo, y en el Mirlinton.
Tolouse Lautrec buscó esos temas en las zonas oscuras donde los faroles
callejeros se apagan porque ahuyentan la perseverancia de la moral como manera
de hurgar la vida. Pintó en su etapa madura carteles de esos cabarets, a los
bebedores de absenta, a las prostitutas, Jane Avril, su musa, los circos y,
sobre todo, saber cómo las luces del Moulin Rouge, lo abarcaban en su dimensión
creativa.
Fernando Botero lo haría más
tarde, no al instante como lo hizo Tolouse Lautrec, sino que aguardaría muchos
años, unos treinta más o menos, para hurgar en su memoria y para pensar que
debía contar lo que él mismo había vivido y disfrutado. A lo mejor sabía el
destino y el silencio sobre Débora Arango que había pintado a las putas de
Guayaquil, en Maturín, cuando iba a cobrar el arrendamiento de los locales de su
padre, y, por supuesto, en Medellín, las putas no eran dignas de aparecer en
obras de arte. Entonces, Botero, sacó a relucir cuando ya tenía una forma de
contar, es decir, de pintar ese momento placentero, ya convertido en oasis, en
reminiscencia, y es por esa razón que realiza esa referencia a su continua ida
hasta la Curva del Bosque donde las sílfides paisas, mujeres de la noche, que
estuvieron a su lado, que le abrieron no solo más tarde su estro creativo sino
que le abrieron las puertas para que entrara a jugar con ellas. Noches lascivas
y de contenidos llenos de placer para el joven pintor que nunca sabremos si les
decía poemas de algún romántico francés o le leía algún texto escabroso de
Vargas Vila,a cambio de sexo, o entraba
serio, imparcial e impoluto, alelado y alegrado por los cuerpos de esas mujeres
que lo cuidaron para que no saliera de su ensoñación sino para tratarlo como un
joven príncipe de la pintura. De ahí que Botero desde los años 70 les realiza un
homenaje idílico y amoroso a esas mujeres que lo acogieron cuando a las once de
la noche muchos medellinenses abandonaban el Centro y se iban para la Curva del
Bosque a seguir la bohemia con el condimento del placer y a no leer las
pastorales de los curas. De ahí sus pinturas como homenaje: La casa de María Duque, La casa de Ana Molina (1972), La casa de las mellizas Arias, (1973), La
casa de Raquel Vega (1975). Amanda (1982), La casa de Amanda Ramírez (1988),
Amparo (1979), Teresita (1970), Maruja (1979), Adela (1971), Delfina (1972),
Aurora (1972), Rosita (1970), Pequeña prostituta (1982), Rosaura (1986).
Casa de María Duque, Fernando Botero, 1970
Aquí, al frente de esa casa
de color amarillo apagado, santuario de la putería de los años 40, de dos pisos
con arcos en sus puertas de color caoba, que salen al balcón y con dos visillos al extremo, da la impresión de que allí no vive nadie como si lo vivido en épocas
anteriores hubiera bastado. En el primer piso se lee un aviso, Materiales para
construcción. Carabobo se adecuó al cambio y nadie sabe que esa casa posee una
historia lubrica y lujosa.
Para algunas personas que
visitaban el Bosque de la Independencia, siempre existirá la presencia del lago
con sus barquitas los domingos. Iban elegantísimos, los hombres de traje y
corbata y las mujeres parecía que iban para un cóctel y los niños divinos, como
decían, con pinta dominguera, a montar en burrito y a comer delicioso. El bosque
hasta los 60 era abierto y sin muros. Los domingos en la mañana había Retreta, luego la rueda de Chicago, como atracción y los burritos, para los jinetes como consolación. Todo un entretenimiento familiar y muy
casero. Muchos adolescentes iban de pesca a sacar pececitos de colores y
buchonas, pero detrás de esa diversión idílica en familia, los domingos por la
tarde el Bosque se convertía en un parrandiadero donde, los policías y
soldados, buscaban las chicas del servicio, y, por supuesto en la noche persistía,
rodeado de casas de prostitución donde se divertían las personas mayores con su
juguete placentero. El sexo y el licor, la conversación y el baile, a partir de
la caída de la tarde, emergía con el otro rostro de la ciudad junto a los
animales nocturnos y, por supuesto, junto a esa cáfila DE matronas, pupilas, amantes
ocasionales, jíbaros, porteros que abrían las puertas de la ciudad al placer
como manera de expoliación y de presencia.
Esta tarde Hugo Bustillo,
junto A Luis Fernando Cuartas y A Carlos Vásquez, nos ha revelado uno de los
rostros perdidos de Medellín.
Bibliografía.
-Orozco Guarín Carlos
Andrés. Inicio, esplendor y ocaso de la prostitución en Lovaina (Medellín), 1925-1955.
-Londoño Vélez, Santiago. Botero, La invención de una estética. Villegas Editores, Bogotá, 2003.
El tema del populismo
reclama la atención delpensamientopolítico desde hace unas décadas en que éste se ha ido camaleonizando bajo diferentes retóricas, aprovechándose del vacío ético creado por la
debilidad de los llamados Partidos tradicionales, del descréditode los políticos, un vacío de contenidosdemocráticosllenado ruidosamente con muchas de las consignas y las estrategias
de movilizaciónarrebatadasa la izquierda histórica, la cual, burocratizada, terminó porolvidarse de la defensa de ese pueblo al cualinvocaron para enarbolar las banderas de la “revolución”,
esa clase obrera que terminó por ser
convertida en un slógan publicitario para esconder su traición, ycontinúan
siendo, sin embargo, el pueblo, las etnias olvidadas, manipuladas hoy por otros intereses. Cabe entonces preguntarse ¿A quién representa el populismo de los Sindicatos, un grupo de privilegiados personajes que como
en el caso de Colombia fueron incapaces de defender los contenidos históricos
de la clase obrera y solamente se han valido del populismo para chantajearen beneficio propio a los gobiernos de turno?
Fue Marx quien advirtió de los peligros
que entrañaba para los interesesdel proletariado estas dirigencias sindicalistas. Estos mismos peligros los
señaló respecto a la trampa mortal que para su imagen del revolucionario supone el aburguesamientoqueconlleva la llamada vida
parlamentaria. Sigo con mi indagatoria ¿Cómoauto autocalificarse entonces como representantes del pueblosi nunca han sido capaces de definir unosnuevoscontenidosque “ya no serán revolucionarios”? “Es
característico en nuestra época: no que el vulgar crea que es sobresaliente y
no vulgar, recuerda Ortega y Gasset, sino que el vulgar reclame e imponga el
derecho de la vulgaridad, o la vulgaridad como un derecho” El relajamiento de
las prácticas políticasviene siempre acompañada
del imperio de quienes se han apoderado de la noble tarea de propiciarel intercambio social, paraimponer a cambiola vulgaridad que supone “dirigir
la sociedad sin capacidad para ello” El prístino concepto de pueblo se
transforma en manos de los demagogosen
la agresión de la turbamulta, en la histeriapopulachera, la razón termina por
sucumbir ante los más bajos instintos
desatados por estos adalides del
resentimiento social . ¿Por qué si tantodetestana la alta sociedad caen en
la caricatura de remedar las etiquetas de ésta, es decir caen en la ordinariez que supone la
corrupción, los dineros mal habidos del
terrorismo? Al ver la mansión de Raúl
Castro y conocer de la hambruna que comienza a vivir el pueblo cubano, resalta
la vulgaridad de este personajeequiparándose
a cualquier vulgar mafioso. ¿No es la
vulgaridad de Maduro y de sus compinches lo que horroriza al mundo civilizado?
Ortega y Gasset, Karl Krauss, Finkelkraut, Canetti,
Kakutani, entre otros pensadores han
analizado esta perversión política mostrando los daños que lograhacer en una sociedad este aventurerismo que ahora en Colombia y de la mano de Petro y
sus secuaces, con la colaboración de importantes medios de comunicación
buscacorroer la democracia, respondiendo alciego rencor de unos malos perdedores. ¿No
fuenegando el diálogo e imponiendo la
llamada “acción directa” como se impuso el fascismo? “Esto quiere decir,
argumenta Ortega, que se renuncia a la convivencia de la cultura, quees una convivencia bajo normas, y se
retrocede a una convivencia bárbara. Se suprimen todos los trámites normales y
se va directamente a la imposición de lo que se desea” La libertad de
expresión, el derecho a la huelga, a la protesta pública se convierten en asonada, en conspiración permanentecontra las instituciones, en un calculado
descontrol de la vida pública donde la opinión es sofocada porel improperio y la injuria, donde al ser
humano se le rebaja a la condición de fiera.