sábado, 18 de junio de 2011

Juan Diego Velásquez

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Juan Diego Velásquez
Víctor Bustamante

En estos tiempos de baja intensidad en la amistad, Juan Diego da la impresión de ser alguien distinto, sin ningún aspaviento intelectual, más bien toma su amor a la poesía con cierto desden y eso sí con mucha responsabilidad y algo de ironía.
Él ha sido una persona también de cine. Bástenos recordar su presencia en el amado cineclub Ukamau. También ha sido testigo y partícipe de muchas actividades culturales.
Juan Diego mantiene en proceso, desde hace muchos años, un libro que se llama Límites del día, donde apela a cierta asepsia para criticar personajes históricos que ocuparon una idealización casi cristiana, en algunos que pensaban cambiar el mundo con babas y sangre, y ahora han quedado como personas desangeladas y desarmadas de ideologías que asumieron con un dogmatismo insensato.
En este texto Juan Diego los pensó, los bajó de ese cenit, y esos poemas son un testimonio de alguien que desconfió de las ideologías y de las frases reiterativas que se convirtieron en la bazofia y en los epitafios de una generación hoy escudada en la poesía como entretenimiento con una cara hasta rara de falsos misioneros y sí muy costosa para el fisco.
Marx, aquel que odiaba a Longfellow y le decía “negro” por ser un poeta que cortejaba a su hija. El variable Lenin que se acomoda a cada situación y que tiene una frase memorable, puro Maquiavelo, tomada y retomada: “Los amigos sirven mientras se puedan aprovechar”. Frase que sirve a todo tipo de traidores aun aquí en el trópico.
Juan Diego debería publicar pronto ese libro o pasársela corrigiéndolo, como diría alguna vez Alfonso Reyes.
Aquí en esta conversación en dos partes, Juan Diego nos expone sus preocupaciones poéticas y su extraña afición a Julio Flores-Negras.
Poemas
de
Juan Diego Velásquez

TRANSCRIPCIONES 2 DE MAYO



1. 
      El doctor Marx
después de regresar de la biblioteca
con numerosa hojas de anotaciones
saboreó un pedazo de pan con queso
y sé dispuso a la luz de una vela
a redactar la correspondencia al Licenciado Engels:

“Las ideas que se apoderan de nuestra
inteligencia, de nuestra alma, de nuestra
conciencia, son cadenas de las que no es
posible desprenderse sin desgarrarse el
corazón, demonios que sólo pueden vencerse
sometiéndose a ellos.”

Tales palabras han sido tema de polémicas
y algunos llegaron a hacer de ellas
una piedra que quiebra los cristales.
Tan sólo Jenny comprendía y su pezón
recordaba los leves mordiscos que Karl
le brindaba en aquellos momentos cuando los
 sentidos adquirían el valor de sus Teorías.



2.
Se podría decir que el Licenciado Friedrich Engels
era extraño en sus estilos literarios.
En uno de sus escritos abordó la poesía
en tono profético:

              “ Un moreno muchachote de Tréveris,
                 un auténtico monstruo, avanza
                 lleno de ira, como si quisiera
                 asir la vasta Luz del cielo
                 y a puño traerla a Tierra. “


Sin embargo los ensayos condensan las fronteras de sus
pupilas:
“Los tejedores que trabajan en sus casas están doblados
 desde la mañana hasta muy tarde la noche, en tanto que
 el calor de la caldera les seca la médula.”

El Doctor Karl Marx
participaba de las opiniones de su entrañable amigo,
quien puntualmente le enviaba el correo
adjuntando una rosa fresca para su amada esposa
Jenny.

En una de las cartas del Doctor  Karl Marx
se lee la siguiente posdata:

“Mi querido Fred: He cogido tu rosa en la oscuridad
y la he esparcido por el cuerpo desnudo de Jenny;
después me he inclinado para identificar con mis labios
su piel entre los pétalos, a la espera de un cálido
gemido que aprueba mi acierto.”

3.
¿De quién heredó el maestro
Vladimir Ilich Lenin
la emoción del verso y qué lo llevó a escribir
el extenso poema,  “Desde el destierro” ?

La Historia señala que muchos de sus lectores
luchaban entre la nieve por un pedazo de pan
y las tropas zaristas con sus sables manchaban
de púrpura carmín, púrpura escarlata y púrpura violeta
el blanco paisaje ruso.

De donde se deduce que cuando
Vladimir Ilich Lenin
-maestro del pueblo-
escribía:
            “ La flor de la libertad quebrada y deshonrada
               ha sido pisoteada y muerta está por siempre.
                    Los oscuros se fascinan con el Mundo en Tinieblas,                   
               pero en la tierra natal el fruto de esta flor
               ya espera en el subsuelo.”

Lo hacía inspirado en sus lecturas de los grandes guías

proletarios.
Por tanto recurre a la metáfora e incita al pueblo
a tomar las armas y exterminar al Emperador con sus
verdugos.

Es de suponer además que Vladimir Ilich Lenin
líder del Movimiento Bolchevique
tenía en esos momentos poco tiempo para dedicarse
a la intimidad:
por eso su poesía encierra el testimonio
de su acción.

¿ De quién heredó
Vladimir Ilich Lenin
la emoción del Verso ?

Los soldados apoyados en las tesis del Camarada
Lenin
escribían desde sus trincheras:

 “ Amada: La nieve se siente en los huesos, por eso me
    aferro más al fusil. Para derretir este frío y volver
    a tu vientre a recoger otro olor que no sea el de la
    pólvora.”


4.
Nadezha Krúpskaya
llevaba tres días consecutivos
bajo la mirada oficial del Camarada Lenin
Vladimir Ilich Lenin
llevaba tres días consecutivos
bajo la mirara oficial de la camarada Krúpskaya.

Los soldados del Ejército Rojo
llevaban más de tres días consecutivos
aniquilando al Ejército Blanco
bajo las órdenes del Comité Central.

Finalizada la reunión
Nadia en implecable dulzura
guiñó el ojo a Volodia.

Muchos soldados cedieron al cansancio y quedaron
para siempre soñando en futuras estatuas.

Volodia abrió con impaciencia la puerta
y Nadia preparó temblorosa la cama
los soldados Rojos hacían retroceder a los Blancos
las madres hermanas esposas los colmaron de besos
y cuando Nadia explotó en febril imploración
Volodia deseaba rescatar el aire
la ciudad toda parecía estremecer
en un coro coléctivo entonando La Internacional.


5.
“Bien estimada camarada y amiga:

Sé lo doloroso que es la cárcel para un corazón tan
libre como tu piel. Supe que antes del arresto, tu joven amado alcanzó a huir. Aquí ha sido noticia el romance de la Duncan y Esénin. No sabes cuánto me ha conmovido.
De todas maneras ten esperanzas para tu causa y tu amor.

( La carta continúa con un análisis acerca de la crisis en el Partido. Aquí se omite en su totalidad.)
...
algunas inquietudes deseo compartir contigo, así la nostalgia recorra las húmedas paredes de tu vagina; Volodia y yo nos entendemos al respecto, pero su intensa actividad nos impide tenerlo en cuenta. Querida mía, además él es un hombre. He hecho varios razonamientos y el asunto adquiere un valor cultural. Tu simpatía por las masas como pilar fundamental en la lucha política me hace confiar en tus opiniones; porque en los círculos de obreras me es difícil hablar de ello, máxime cuando ellas no buscan traspasar los confines de la producción y procreación.
( La carta en los últimos tres párrafos es intraducible. Lo cual resulta obvio. Rosa Luxemburg, inevitablemente lloraba, una tarde de enero de 1919, cuando el carcelero abrió la puerta. La carta de Krúpskaya sirvió para secarse las lágrimas y volver a tener esos ojos de águila que no teme a las alturas. Ese mismo día fue asesinada. Fue el carcelero quien dio la carta a un joven anónimo que reclamó sus pertenencias. )
                   Siempre tuya,
                                         Nadia. “
6.
A esta evocación
le sumo la camisa azul
que aquí acaricio, al saber que cubría
tu delicada espalda y la cicatriz en ella
ardorosamente dejada por mis uñas.

De los libros ninguno dedicado a mí
-sino al pueblo-rescato la fotografía
que te servía para subrayar las líneas
 que te llevaron a la locura pagando con la vida.

Siempre será para mí un enigma la carta enviada
 por la esposa de Lenin. Nadie más que  tu testimoniaría
mi desgano por el ruso.
Los intentos fueron vanos al tratar de enseñármelo
así me tradujeras en voz alta a Pushkin.
-Esa forma de mover los labios y enroscar la lengua,
alucinaban mis pasiones ya ebrias por el vodka-.


Creo no tener tus fuerzas,
Rosa, amada mía,
no mereciste a un hombre que en estos momentos
piensa más en la herida que han dejado tus piernas,
que en  la causa libertaria.

¿Rosa, quién cercenó tu vida?

Empiezo a empacar de primero tu camisa en mis maletas.
Viajaré por el Mediterráneo
camino a la tierra de Confucio.
Espero me comprendas.
entretén por favor a los Dragones
mientras el opio me invade.
Aquí, amor mío, sin tu presencia,
me es insoportable.

martes, 14 de junio de 2011

Borges

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Borges

Víctor Bustamante

En el tiempo de Borges que fluye al río de una noche y
a su laberinto, están todas las noches,
están los senderos,
las bibliotecas milenarias,
los desamparados jardines,
los espejos, 
las calles de Buenos Aires
que son una sola calle;
la que él ha acabado de cruzar, y a la cual mañana volverá cuando lea sus líneas.
Al interior de una confitería aún esperan los guapos añejos de coraje atizados por el Tango apache, Flor de fango o
Mi noche triste,
Borges acaba de leer un poema de Wordsworth
O se ha anclado en la noche oscura del alma junto
a
San Juan de la Cruz.
Ha renunciado a Quevedo y a Góngora y ha reiniciado otra perspectiva con El Quijote,
también acaba de llegar a la playa de una fosca noche a buscar por los círculos del infierno y del tiempo a Beatrice Portinari para verla sonreír antes de perderse con el veneno de sus labios.
Ha añorado ser Martini Fierro
Una cosa sabemos: con él he visitado las sagas islandesas, 
las nuevas metáforas de los kenningar
y el variable color y fragancia de la rosa y un alquimista rescatado desde su casa de Maipú
luego de un verano de olvidos y certezas.
En su peregrinar por Ginebra, Buenos Aires, Texas, Bogotá, Londres, París esas ciudades merecen su alabanza.
Ahora ha visitado a Robert Graves en Deyá para decirle que ama su poema “Alejandro”
y ha pedido estar sólo rozando las paredes de una capilla antigua en una verde campiña de Inglaterra donde Hamlet adivinó el centelleo de su espada y las traiciones
que se merece.
Pero esta noche no visitará a Bioy para hablar de todas las literaturas y escribir alguno de sus cuentos
Esta noche tampoco conversará con Macedonio
Tampoco le escribirá poemas a Estela Canto,
a Margarita Guerrero, a Hayde Lange.
a Emma Risso Platero, a Elsa Astete,
a Alicia Jurado. a María Esher Vásquez, a Elvira de Alvear
que aun llama a los sirvientes vestidos con librea roja
que ya se han marchado porque el amor se ha convertido
en otra de sus ficciones.
Sólo le quedaran los gestos de abandono y de huida ante la certeza de esas cenizas de labios forajidos y ajenos, saqueados por otros.
Borges nos visita cada que leemos sus poemas o sus cuentos,
él nos acompaña con la misericordia de una mañana.
Borges regresa en su voz cuando lo buscamos sn Youtube y nos cuenta cómo ha ido perdiendo los colores
Ahora lo veo pasar a mi lado desde una mañana
del setenta y seis, en Medellín, cuando
María Kodama lo lleva de su brazo y
él tactea el piso con su bastón laqueado por sus manos.
Sí, las banderas desflecadas de las patrias muertas ondean al aire de este verano de junio
y también Brahms deja fluir su música:
Borges se ha ido a morir a Ginebra.
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14 de junio del 2011. A los veinticinco años de su muerte

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sábado, 11 de junio de 2011

Carlos César Arbeláez






Carlos César Arbeláez
Víctor Bustamante

A Laura Santamaría

Lo que molesta viendo Los colores de la montaña, es que el país sigue lo mismo o peor, porque cuando se termina el film y comienza el desalojo de su finca de la familia de Manuel, ya sabemos que sus otros amigos se han ido. Así es que uno se da cuenta de cómo no es saludable mantenerse alejado de este país violento y dulce como es Colombia,
En Los colores e la montaña de Carlos César Arbeláez, todo esto es fatal: saber de ese país que a cada momento histórico se desgrana en apariencia de otra manera, cuando es el la misma violencia que persiste.
He mencionado la palabra violencia, pero nada más alejado de esta película que ese tópico que, como consolación marca mucho cine colombiano. Aquí no hay nada de eso, la violencia está sublimada, subyace ahí. No es necesario hacerla evidente para que, con muchos muertos. conmover al espectador y a los jurados europeos. Nada de eso, Carlos César a la violencia  no le da ninguna concesión, le importa más la vida que ocurre ahí; esa vida de unos personajes que sólo tienen como opción convivir con ella y no sólo ser contemporáneos de ella, sino espectadores y testigos de ese otro rostro del país, no de ese país llamado por los Chicago boys: “este país”, sino de esa tierra propia, de ese paisaje pintado con amor por los niños de la escuela; un paisaje de lo suyo, un deseo de mantener una memoria ante la pared, de la escuela mancillada por los violentos de ambos extremos. A esa escena de amor al paisaje y a los colores, la historia responde con el desalojo, y las familias a tenerse que ir a otras tierras, a otras calles donde comienza otro tipo de violencia, la de supervivir en paisajes desconocidos.
Cuántos colombianos, al final de esta bella película, comienzan otro periplo, desde cuántos años se repite este tenerse que ir ante nuestros ojos impávidos que piensan como este suceso ocurre en un país lejano.
Pero la película también es la grata presencia de una familia campesina, de varias familias campesinas, donde aparece el entorno vital, sus raíces, aquellas que uno presiente que en algún momento los van a desalojar. Aquí la familia no está signada por el afán del folclor sino por una mirada llena de ternura hacia la familia de Manuel, de una familia cualquiera que es nuestra expresión, y la cercanía de las otras familias: la  de Julián y de Poca luz, tal vez el personaje conque uno más se encariña. Cierto, uno repara en Poca luz, tan frágil, que piensa que en lugar de cuidarlo sus amigos, ellos están a punto de hacerlo desaparecer.
Pero si he dejado la violencia de lado, los muertos que bajan por los ríos, aparecen aquellos de uniforme verde olivo que cambian un país a balazos, aquellos que, enruanados recuerdan los turbios Pájaros de la Violencia de los años Cuarenta, entonces uno dice que no queda nada más por decir, Los colores de la montaña es la expresión de ese país que no cambia de manos sino parcialmente, y es el mismo rompecabezas que no se ha podido armar hace años.
Sutileza y símbolo, cine y resistencia al silencio  definen este film, Tampoco podemos olvidar como los niños ensalzados hace tiempos como ángeles sucios y heraldos de la muerte, aquí son mirados con toda exactitud no solo con cierta ingenuidad sino con la pesadez de saberlos llenos de malicia y nada de bonhomía, porque cuando Julián y Manuel llevan a Poca luz a coger el balón en un campo minado, uno sabe que los niños no son aquellos angelitos brillantes sino empantanados: aquellos que desde el comienzo son la presencia del ser que no tiene historia ni principios sino que sólo les importa el momento y ellos mismos, como la mas acabada e inicial expresión de los hombres que luego serán personas maduras. Ellos no razonan ante la muerte que muestra su presencia en la escuela, en su amenaza cuando la maestra anterior se ha marchado. Ahí están ellos despedazados con otro tipo de circunstancias.
Nada hay mas triste que cuando los niños comienzan a alejarse de la escuela, que es su segunda casa, como un paso, un escalón para luego tener que irse de ahí las familias completas. Nada hay mas ilusorio que una maestra nueva que llega con todos los brios a enseñar y a intentar de construir otro nuevo mundo y no le queda otra opción que proseguir la misma historia, irse como lo mismo que hizo su predecesora.
Carlos César ha sublimado la violencia, ha preferido mirar al interior de esas montañas y de esa familia. Se ha alejado de la magra imagen campesina y del folclor y nos ha dado una bofetada: esa es Colombia y esos somos nosotros, lo demás será nunca regresar al idilio porque cuando la película termina, recordamos de nuevo que ser un desplazado no es un simple acto violento sino un cambio de lugar, que es la presencia cuando el campo cambia de manos y cuando las comunas y los suburbios de las ciudades reciben este tipo de personas donde la indolencia es nuestro símbolo. En síntesis ser desplazado es la metafísica del colombiano.
Pero también en este film está el miedo que subyace desde un comienzo: el miedo del padre y de la madre de Manuel a ser desalojados. El miedo que merodea con sus presagios. El miedo de sus amigos cuando rechazan ir a un “taller” a la escuela, un domingo, dictado por los violentos. Eso, Los colores de la montaña también es una parábola sobre el miedo.
Los colores de la montaña nos tocan, nos abofetean de nuevo.
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Nota Bene: Esta conversación con Carlos César Arbeláez, ocurrió en el mes de mayo y está fraccionada en cuatro partes donde Carlos César amablemente nos responde unas preguntas sobre su ópera prima.
Se puede ver completa en Youtube.



viernes, 3 de junio de 2011

Yenny Correa






Yenny Correa

Víctor Bustamante

El camino de la poesía, cuando se es un verdadero poeta, es un camino sin regreso, se va hasta el final con todas las consecuencias posibles, donde sólo está un horizonte opaco, o si se quiere de una vez el abismo. Claro que me refiero a poetas verdaderos: los festivales, los concursos son pura petulancia mantenida y administrada por algunos simuladores.
Pocos poetas han logrado este preciado cenit. Hoy vemos como palidece la poesía de Byron, como los epígonos de Mallarmé han defraudado o quienes posan de poetas herméticos no dejan de ser poetas que aún se chupan el dedo con su infantilismo poético.
Cuando un poeta se cree administrador de la poesía, no hay nada más contradictorio: se vuelve, conservador y atrabiliario para mantener in situ lo que él cree que es la poesía, mejor decirlo, su envilecimiento.
Veo a Jenny Corea como una persona pura que inicia ese arduo camino de las letras, bajo esa ruptura entre la utopia y la ciencia. De ahí que sea una mujer sensible con toda su hondura posible. Sus poemas poseen ese matiz de quien, en una mañana fresca y esplendorosa, mira el inicio y la poesía le sirve como una revelación, es decir esa sensación que nos embarga cuando de una salen las palabras para buscar su lugar propicio en el poema y expresar el mundo que vendrá.
Vastedad de preguntas, fuerza y verosimilitud son las constantes en estos poemas. Si ella lo decide será una poeta en el sentido estricto de la palabra, si deja de indagar será proclive a caer en ese pozo sin fondo de los festivales, de los concursos que dan un nombre momentáneo para después apagarse.
Por su inteligencia deseamos que Yenny sea de las escritoras que perduren.
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Poemas
De
Yenny Correa


HIJO NO NACIDO





La inercia sostiene el umbral
de la vida
hasta que estalla un sol falso
y te devela que en algún punto de la gota
luz y oscuridad deben unirse.


El hombre es un cúmulo
de construcciones y destrucciones
que caen y se vuelven a levantar
reinventándose,
volviendo a surgir desde el piso que removieron en su caída.


Siempre caminas sobre
una delgada línea de hielo;
te hundes en la luz
de una linterna sorda
que te descubre;
nadas en el interior de
un ojo ciego,
"valva de nieve y soledad", (1)
anhelando brillar como un hijo no nacido.

....(1)..Verso de Blanca Varela......



 


LA PIEL DEL ESPEJO





Escucha, no miento.
Cuando mis manos respiran
al son de una danza primigenia
que nadie ha interpretado,
cuando mis mejillas
marcan la medianoche,
me enrosco en la piel del espejo.

En esa lámina pesada
que me hunde, me aspira,
me muere.
Largo sincamino
de imágenes perdidas.
Cuántas huellas, desiertos,
cejas, lagos, aullidos,
cuántas edades
impresas todas como
transeúntes enlutados.


Los ecos de esta pupila invertida
renuevan su acento
cada noche
para poder seguir cantando
el reflejo
de lo que sólo a ti
te hiere.




 


PLAYÓN DE SAL





Tengo un cansancio de hueso
acumulado.


Ya no se me desangran los ojos
en un llanto bajo y salino;
con palabras como picos
me han horadado las órbitas.


Busco derrotar
el origen de mis manos,
partir desde la primera heridade mi cuerpo
y entrar en la lluvia
para abrirme
como ruega el día.



TRÍPTICO
A Bill Viola




I
Llueve tu rostro
al salir de la cueva bajo el limo.
Canto de ciego,
todo es un destello
de blanca oscuridad.
Bienvenido al día
aún no nacido.
¿Podrás vencer la muralla
invisible de tus otros?


II
Dilatada línea,
te sumerges en la profundidad
del labio.
Tanto azul que se derrama,
tanta agua que no falta el aire.
Por un momento la corriente
se detiene…
Eres la delgada oscuridad
de la mañana.
¡Qué claro se hace el rayo
antes de extinguirse!


III
El nudo al final de la cuerda.
La noche cosida
en las arrugas de tu ceño
se eleva como
humareda errante,
así tú ya eres ancestro.




 

CLARIDAD SUBTERRÁNEA



Allí estás otra vez
claridad subterránea.
Hay tanto miedo regado
en el aire
que apenas puedo encontrar
mi madriguera,
mi vigilia antigua.

Allí estoy,
como pantera narcotizada
a los pies de mil abejas.
Tambaleo,
eso es,
necesito un exorcismo de vidas pasadas
para mitigar esta lluvia
que no pesa,
sólo arde.

Allí están los ecos salados
que hurtan al orgullo de tu ombligo
vientos, resacas,
al igual que un pueblo de palomas
que arrasa el barro de los
hombres.

Vieran sus alas
el liquen de sol
perforado como un muro.








 

FÁBULA





A veces los pájaros
nacemos en la herida
de una fruta.

En un ritual
nos tiramos al abismo
para atravesar las luces
que arriba hormiguean.


Toda fábula es
nuestra historia,
Todo lo dicho
nuestra mentira,
Todo  lo falso
nuestra verdad.


El sabor del pan
no es siempre el mismo,
a veces rancio,
a veces miel.

Los bocados pueden perderse,
pero la masa
siempre pan
la hace la tinta,
los trazos que resbalan
la palabra sin horizonte.




....
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Yenny Carolina Correa (Medellín 1987). Poeta y estudiante de los últimos semestres del pregrado en Letras: Filología Hispánica en la Universidad de Antioquia. Ha participado en varios festivales departamentales de poesía y en el III Encuentro Internacional de Escritores realizado en Tarija, Bolivia, el mes de noviembre de 2010. Hace parte del taller literario de RENATA de la Universidad de Antioquia. Poemas suyos han sido incluidos en la antología Trabajos del taller II (UdeA). Ganadora del I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín con su poemario Tríptico.