martes, 26 de agosto de 2025

LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO / Darío Ruiz Gómez

LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO

Darío Ruiz Gómez

El asesinato de  Miguel Uribe  Turbay en sospechosas circunstancias  tal como lo demuestra el hecho de que  carecía de la seguridad necesaria lo que  facilitó que los autores del atentado no tuvieran dificultades para hacer el  recorrido de la muerte hasta el pequeño parque sincronizando cada movimiento sin imaginar que las cámaras de seguridad estaban registrando cada uno de sus movimientos.  lLa conocida estrategia de recurrir a un menor de edad para consumar el crimen ya que no puede ser condenado tal como se haría con un sicario adulto fue su error fatal como lo fue que nadie lo recogiera en su huida. Todos ellos detenidos y que ya han declarado sobre los hechos cometidos, seguramente  dominados  por la rabia que deben sentir hacia la Organización que los contrató y que a última hora les falló.  Cuando  repaso ahora los discursos, las intervenciones en el Congreso, en mesas de discusión de Miguel Uribe Turbay caigo en cuenta de lo atrevido que fue Miguel al señalar con nombre propio a los culpables  de este momento de terror que se apoderó del país y que olímpicamente pasaban a su lado por los pasillos del Congreso. Hablar con la verdad es atreverse a ser agredido cuando en una sociedad corrupta la verdad está velada por la ceguera moral, por el oportunismo de quienes para “ser objetivos en la información” le siguen concediendo  la palabra a los victimarios,a sus defensores, negándoles el derecho a ser escuchados  a los  castigados, vuelvo a repetir,por los poderes del narcotráfico  y que en medio del desacomodo moral, filisteamente pregonan que “todavía “se pueden tender puentes de diálogo”. Cuando en el Congreso Miguel Uribe salió al paso desafiante de unas señoras representantes de una brutalidad sin sanción y las increpó diciéndoles “ustedes son las causantes de la violencia, de la muerte” consideré yo mismo que si bien ese señalamiento correspondía a la verdad, era demasiado imprudente. Apreciación en la cual me equivoqué ya que lo que hace falta no es conceder tolerancia al intolerante sino desenmascarar a  quienes  buscan destruir esa democracia que Miguel reclamó para una sociedad en libertad, plural.

Al escucharlo hoy cuando lo han asesinado me doy cuenta de que lo que lo llevó a la muerte fue hablarles con la verdad la verdad a quienes siguen llenando de dolor a la sociedad colombiana, señalas a quienes siguen agrediendo la Paz. Si el llamado lenguaje político ha caído en el eufemismo para  evitar decir la verdad y caer en la cobardía al rehuir señalar a los culpables,  Miguel Uribe Turbay   mostró la falacia que se esconde bajo la consigna de  des-armar las palabras, de des-armar el lenguaje tal como si, repito, las víctimas de esta violencia fueran quienes estuvieran recurriendo al lenguaje del odio. El sofisma de que debemos superar “la violencia de la polarización” fue desmontada con la vida plena de Miguel recordando claramente  que la radical diferencia  entre el lenguaje instrumentado de la delincuencia para manipular libidinalmente a la ciudadanía incauta es lo contrario a la verdad de quien padece los rigores de los nuevos amos de la historia.  Lo que sería aceptar que son las víctimas indefensas quienes  ejercen violencia contra los poderosos de la maldad tal como lo he venido diciendo y lo cual  sí comprueba la deplorable ausencia de igualdad por parte de nuestra justicia, que lo diga la JEP. Santiago Uribe Turbay recordó esta desigualdad haciendo que los traidores a la democracia, los negociantes de la política, los sepulcros blanqueados que cínicamente estuvieron en la ceremonia de su consagración como pregunta iluminadora se vieran tan feos, tan ratoniles como la política que han representado y es la culpable de que el país sufra de una violencia más inhumana en la medida en que del uso del machete, la escopeta, la navajas hoy el exterminio se haga con armamento de ultimas generación como los drones artillados. El sacrificio de Miguel Uribe Turbay no es el de un héroe de ocasión sino tal como lo seguiremos comprobando,  la aurora de una ética y de una estética para derrotar el mal definitivamente.  Como en el verso de Dylan Thomas “la muerte no tendrá dominio


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