viernes, 7 de diciembre de 2018

Poemas de Oscar Peláez Peña





Poemas de Oscar Peláez Peña



NAVIDAD

En la soledad de aquella Navidad,
tras los pórticos ligeros y altos de la iglesia
entre un arco y otro, me contemplaba de pie y mal vestido,
como un intruso infructífero.
Sólo vi a un viejo consumido, pobre búho
de mi raza, y a una mujer de mediana
edad que parecía  fuera de lugar
y superflua: pobre huérfana de los siglos
grises, como una viuda eterna separada para siempre dé la alegría.
Yo sentía el peso de mis vestidos, de la soledad,
de todo mi ocio sudoroso, de toda la vergüenza del universo.”

CANCIONES

Letras en papel siempre blanco
y fugitivo ¿Qué fue de aquel poema
que volvió de este campo el paraíso?
Tú escribes sobre ondas y arenas y yo sobre los árboles y riscos;  
mis letras crecen como  
mis penas cuanto más vivo
..

SILVA DE LA SELVA

-Palabras-
Yo os canto aquí a vosotros, mis amigos,
hombres de mi linaje.  
Yo tan solo en el largo silencio de las calles,  
avanzando entre muertos en el fondo de cal de las alcobas.  
La luz pasa de incógnito por las ventanas.  
En el espejo de las aguas un pez vuela por mis sueños.  
Mis palabras de menta cuelgan como estalactitas  
al frío de la noche.
A esta hora un borracho sale del bar hacia el horizonte y lleva en
la mano una estrella en su fosforescencia.
Un mendigo harapiento recoge las hierbas desdeñadas y llora  vacío y lleno de pobreza .
Los hombres hablan en los cafés, así como el río corre o la lluvia
cae.  
A esta hora voy hacia ti para amarte, sin nombrar tu cuerpo, el  
polvo inútil que será tu carne ardiente.


SE FUERON LOS PÁJAROS

Hoy luce el sol limpio tras los días sombríos.  
La mente discierne el paisaje en el aleteo de los pájaros.
 Hay cantos escapados de los guayacanes, de las ramas, de las  
zarzas y entre las briznas de hierba.
Yo interrogo la eclosión del verano en el prolongado  
brillo de los granados trigos sintiendo sobre mi carne  
las ramas tropicales, los abrazos, las hiedras.
Mientras tu canto, ¡Oh pájaro!, traspasa el hondo azul  
con tus alas, tu canto flota y navega igual que una  
alegría; eres como un poeta escondido en la  
luz del pensamiento, penetras por los bosques  
atravesando los follajes, las hojas, los torrentes de risa.
¿Qué son los campos comparados con tu canto?
Cuando llega el buen tiempo la trucha está bajo  
la orilla de sus ríos. Bajo la luna de nácares  todo suena con el rumor del bosque: el canto  del insecto que se eleva sobre litros de bronce, el árbol
que mastica la luz el aire que trae el silbido  lejano de los trenes, la misma extensión desierta del campo.

..

PROMENADE

Donde terminan las calles el campo empieza.  
Afluye el cielo, el olor de los árboles y el fuerte  
aroma de la tierra.  Este lenguaje de hojas y atardeceres se encierra en mi corazón, en esta efusión canto mi verso  
que cruza la tarde señalando el encendido azul  
y regreso a los días de la infancia hundido  
entre inmensas montañas.  Me dieran los pájaros su lengua y su música  
sonora pero sólo ofrecer quiero la lección de mis
alas:  
La ventana de mi cuarto escucha su soledad  en la mañana perdida entre el ramaje de la luz  inmadura, el alba perenne claridad de mis 
alas:
de los mármoles.
Quizás bajo estas lunas rememores mares,  áureos manantiales en secretos bosques.  
Ahora de nuevo a mi siembra de semillas;  cansada ya la suerte de mis cantos tan solo  crecen en mi garganta espumas y gritos  
pues nada puede la canción donde huye el día  
en sus rojos ríos de sangre.
..

ELEGÍA

En tu rostro desierto, en la arena, leí
que ya nada esperaría.  
Luego quedé tirado en la noche  
con ese sentimiento trágico de la vida  
que tienen  
los perros callejeros.  
Mi inocencia había huido por un camino  
blanco abierto en el cielo.  
Ahora solo me queda tu sonrisa que yo  
sabía  
pronunciar en los alcores de mi recuerdo.


MADRIGAL

Nací en las colinas junto a una escopeta.
Aprendí el idioma de los lobos al caminar por la noche;
también aprendí el idioma del amor, pero no estuve el día de tu creación.
Hoy me hundo al buscarte, al final la distancia gritara mi huida y al mirarme en tus ojos me veré alejarme.
Nunca supe quien eras, ni que estabas sonando, aunque yo me destrozaba por saberlo.
En las noches escalábamos esa música que se quedaba encendida hasta el alba en los barrios, cuando un claror de luna anunciaba tus caderas.
Ahora solo sé que quisiera gritar desde tu boca:
"No me olvides"

..
Sarcófagos de una Ciudad Amarilla
de Oscar Peláez Peña 
Endymión-2004-



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Jair por publicar estos poemas del inolvidable Óscar Peláez, gran cultor de las letras, que dejó su huella en la cultura sevillana.

Anónimo dijo...

Recuerdo con mucho cariño y gratitud al nunca bien lamentado Oscar Pelaez. Una mente brillante, un amigo incondicional y un ser humano a carta cabal. Aún lo extraño.

Anónimo dijo...

Gran señor, gran poeta, gran pensador…

Anónimo dijo...

Es un grato recuerdo.Fué un gran líder estudiantil. Gracias por traerlo a colación.

Anónimo dijo...

camine con tus pasos nuestras calles reimos y fueron ecos embriagados ,la madrugada ,la neblina fue alma lisonjera de caricias , donde hasta el alba nos despedimos,, cantando un tango,,viejo amigo de los tiempos del fulgor