viernes, 13 de junio de 2025

JOSÉ MARÍA VARGAS VILA Y LA PARRESÍA: ESCRITURA, VERDAD Y SUBVERSIÓN EN EL CONTEXTO COLOMBIANO / Fredy Fernández Márquez

 

José María Vargas Vila


 Fredy Fernández Márquez

JOSÉ MARÍA VARGAS VILA Y LA PARRESÍA: ESCRITURA, VERDAD Y SUBVERSIÓN EN EL CONTEXTO COLOMBIANO

 

A Rosa Márquez Echaves, mi madre, me enseñó la importancia de los libros y de la lectura, mi cómplice. A Mis hermanos Carlos y Emma Fernández Márquez, lectores silenciosos, enamorados —como mi madre— de Vargas Vila. Los amo, aunque estén en otra dimensión. 

     A Jorge Janissi Bedoya, en su insoportable existencialismo vargasvileano, sólo entre el café y su soledad se soporta, lector incansable de Vargas Vila.          

 

                                              Fredy Fernández Márquez.[1]

Fue un adelantado para su época (1860-1933), en medio de la guerra de los mil días. Lector de la sociedad colombiana, específicamente de la bogotana. Aquella que aún guardaba grandes rasgos de las influencias morales conservadoras españolas de la época. Moralismo sujetado a las creencias religiosas que permeaban las familias, con un sentido bastante bastardo prolijo desde la fe, la cual emanaba desde lo más homilético, todo era llevado al Timorem Dei (temor de Dios). Vargas Vila (el divino), entre sus obras hace una especie de salmodia nada odorífera (odorĭfer -ĕri) poco agradable para las narices de los tradicionalistas caducos de la capital colombiana. El escritor bogotano, de alguna manera, revolucionó la literatura colombiana. Así como lo hicieron en su momento: Miguel de Cervantes, el Marqués de Sade, Goethe, Jane Austen, Mary Shelley, Víctor Hugo, Charles Dickens, Herman Melville, y otros más adelante, como lo hizo Gabriel García Márquez. Vargas Vila fue todo un contradictor punzante severo de la sociedad del momento, que poseía principios comórbidos aún vigentes en la actualidad.  

     Escritor introspectivo y vanguardista de su época. En sus obras deja el grabado licencioso del amor-desamor, vida-muerte y belleza-crueldad, así lo deja plasmado en: Aura o las violetas (2019), Lo irreparable (2019), Flor del Fango (2019), Emma (2019), La Demencia de Job (1961), Las rosas de la tarde (2020), Laureles rojos (2018), El cisne blanco (2023), En las zarzas del Horeb (2018). María Magdalena (2021). Sus narraciones literarias como lo son, Aura o las violetas, Emma, Flor del Fango y La Demencia de Job, novelas trágicas (tragedias) Del lat. tragoedĭa, del gr τραγδα tragōidía, donde el amor y la felicidad traspasan todo encanto de manera sublime, para luego emerger a través de los señalamientos pecadores como le sucede a Luisa García, a Emma, Aura y al mismo Lucas. La moralidad se convierte en moralina desde la misma fe. Ahí lo feérico, como parcas, asalta de manera excelsa o eminente la elevación del pecado como lo es en lo sexual. Las atracciones físicas se convierten en aberraciones cristianas extraordinarias. Con un estilo literario desgarrador, deja sin piel a sus personajes, así como al mismo lector, con suspensos psicológicos, como ocurre en su obra El Cisne blanco (2023) novela psicológica. El autor, deja que los lectores se asomen a la sociedad insania envuelta en sus propias identidades extraviadas, cuyas estructuras siegan lo comunitario.  

     Vargas Vila, con un estilo muy cerca al post-estructuralismo, de acuerdo a Roland Barthes en: Crítica y verdad (1994), manifestó, que la génesis de este estilo de escritura, lo consideraba una literatura que reflexionaba sobre ella misma. Es decir, que divulga la crítica sobre sí misma y los lectores la ponen en consideración. Un acto de deconstrucción que trasciende más allá de las fronteras literarias comunes. La mirada Vargasvileana literaria está anclada a la postura que menciona Barthes. Acusa y denuncia el autor Bogotano, a esa sociedad mojigata que exagera sin escrúpulos moralista o religioso, la certidumbre de la cual estaba hecha la sociedad de esa época. Un subversivo y adelantado para su tiempo. Con una métrica lingüística refinada que posee un tinte de buen sabor al paladar de sus lectores, y ese amargor imaginal como el café, de conceptos inacabables, como el remo de la boga pasional, entre pasa más agua, se rema más, más agua hay. Poco admitido en la sociedad por la amplitud de su pluma, señala a la iglesia como una probóscide que succiona todo intento de amor para convertirlo en vergüenza. Por ello, no se le reconocieron por sus méritos literarios. Como literato, su obra se hace inmanente, va unido a su quehacer de una manera rigurosa, a su esencia como sujeto pensante Esa era su naturaleza observar la sociedad y sus prácticas teológicas intolerantes, la cual era y es permanente e invariable en ella, por ejemplo, en el deicidio. Su forma de escribir es toda una éctasis llevada a lo más profundo de la eugenesia. Su obra en el habla hispana fue toda una baraúnda. Vargas Vila, sentado en la barra de su escritura sabía lo que se le venía, por eso: si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra):

Pasarán cien años muchos más quizás y mis palabras renacerán para poner el dedo en la llaga y evidenciar las mentiras de la historia. Intelectuales presuntuosos escudriñarán entorno a mi leyenda solo para lucrarse con artículos sensacionalistas, pero otros volverán a mí buscando la palabra salvadora y no pocos con la intención de desenmascarar a la sociedad que me condenó (Triviño, 2008).

Contienda que sostuvo con argumentos, con una prosa lírica florida como si fuera el pincel de Van Gogh. Lo demostró con todos sus personajes creados en su obra literaria, principalmente a través de las mujeres, perseguidas, señaladas, violentadas, abusadas sexualmente, excomulgadas por aquellos representantes del poder eclesial y político. Deja evidencia el escritor bogotano de la axiología inversa de la libertad. La verdad convertida en posverdad, la parcialidad de la justicia, el desconocimiento de la equidad, la desigualdad. La justicia pasa al plano de lo libertario. Dejó claro la canonjía entre la iglesia, la sociedad y la política. Sus ejercicios escriturales denotan un compromiso con los hechos, las acciones y las problemáticas de la historia colombiana, prácticas convertidas en toda una etopeya. La lucha interna de los personajes creados por Vargas Vila, dejan voces que reclaman la vida, el amor y la libertad, desfallecen, pero no bajan la cabeza ante el verdugo, como ocurre en Flor del Fango (2019), Luisa García, fallece virginal en su orgullo, ante el repudio de la sociedad que la condena junto a la autoridad teológica quien es la encargada de dirimir los problemas del alma, las pasiones y las emociones sentimentales. Como lo escribe él mismo autor: caggioni diletta d’infiniti affanni «(Principio amado de infinitas penas (2019. P. 205)». Personajes atrapados en el drama de la desventura, el desamor, la deshonra, la guerra pasional y la maldad de la naturaleza humana, que terminan con el enfrentamiento intrínseco, creado por la furia de aquellos que se creen la voz superior de las conciencias de lo más divino en la faz de la tierra. El pundonor y la soberbia de los sujetos se confrontan a las disyuntivas de la duda ante lo ético-moral.

     Aura o las violetas (2019), Flor del Fango (2019), Emma (2019), La Demencia de Job (1961), María Magdalena (2021), son obras que cultivan una lírica única, llena de metáforas representativas que desafían nuestro pensamiento, frente a la naturaleza humana como lo manifestaron Thomas Hobbes en el Leviatán (2011) y Juan Jacobo Rousseau en el Contrato Social (2022). Así lo demostró el sacerdote en Flor del Fango (2019), su furia comparable con la de Aquiles. El representante de Dios envuelto en una sotana, se siente violentado en su orgullo personal como todo un semental viril, pero toma venganza bajo la égida del rey de los divinos como lo es la deidad máxima. Allí se oculta el cordero en: acta non verba (hechos no palabras), su valía lo revestía de la bondad mística teológica. Luisa, al despreciarlo perturba sus sueños varoniles, lo cual lo designa con una muerte simbólica, muy cerca a la de la pasión de cristo crucificado. Se convierte a sí mismo, en todo un semidios homérico. Nunca sintió respeto, ni dignidad por Luisa, sólo vio lo carnal, su filautía o amor propio, dejando de lado toda su humanidad. Se escuda en la fe para protegerse a si mismo y convertirse en su enemigo personal, la ataca con todos los andamiajes posibles. Luisa García, se convierte, de esta manera en una representación simbólica de la tristeza, la pena, el dolor, el desencanto, la traición, la amargura, la condena. Un dolor inexplicable que socava hasta los más hondo de su alma, el alcorque de su muerte. Vargas Vila, evidencia la incertidumbre de sus personajes que compulsan lo indeleble de la humanidad, cuando un sujeto es señalado, en este caso por un representante de la iglesia. Dejando, tan solo, un destino titubeante como el de Luisa. El talón de Aquiles se revierte hacia el sacerdote. Es la flecha que se devuelve, dejando una herida profunda a través de la desaparición de la institutriz García:

Fuiste casi un símbolo: ¡la mujer del Porvenir, ioh Virgen trágica! iSalve! No te venció el amor, no te envileció el placer, no te deformó la maternidad; el polvo de las alas de psiquis te cegó, y florecieron las rosas blancas bajo tu planta sangrienta, y en tu corona de muerta. Y, apta, caíste para el beso, para el himno y para el cincel; el mundo te mató; no te manchó; ¡Salve Virgen! (2019. P. 374). 

     De esa manera, fallece la protagonista de Flor del Fango (2019), impoluta, limpia, sin mancha alguna.  

     Emma (2019), es una novela corta, sustanciosa y biliosa en su trama. Narra una desdicha de dos zagalescos que comparten la misma casa o techo. Es el encuentro de la pérdida de lo incomponible. Sus miradas se encontraban y en ella la pasión y la timidez es la elocuencia de la emoción compartida por el temor al amor prohibido. Virginales los dos aún. Un querer ardiente, provocador, sus miradas conversaban, se amaban, los besos y las caricias vedadas sólo eran posibles en sus respiraciones, miradas encendidas, eran complementos entre ellos, nada sobraba, uno sólo en dos almas para la rueda de la vida. Ellos mismos se enredaban en sus angustias asaltadas por la testosterona, se aman. Emma y Armando:

Casi niños, tiernos y sensible, se amaban con ese amor de la primera edad, amor que tiene todo el fuego del sol en el oriente, toda la belleza de una mañana estival, todo el encanto del primer día de primavera en una floresta americana, y todo el esplendor exuberante de la vegetación en una selva virgen (Vargas Vila, 2019. P 68).     

     Eran sus mitades, sus soles en sus ventanas, sus lunas al atardecer, el bastón que acompaña la mano y en ella deposita el peso del dolor. Sombras sin dueños. Innatos de la misma casa, de dos hermanas, de grados consanguíneos cercanos, negados para el amor, los dos carentes de la figura paterna. Almas cándidas, pero necesitadas el uno para el otro. Desesperadamente locos enamorados, ladrones de sus corazones. Atrapados en el órgano de la naturaleza muscular, vertebrados motriz situados en el nicho torácico, abertura inacabable. ¿Quién por amor no ha llorado? Emma lloró, por la partida de Armando al seminario, lejanía amarga, triste sin ternura y llena de castigo por quien se ama, se niega el amor, la ternura se extravía. ¿Qué desea la vida para ellos? Aun así, mantienen presente su casto pero ardiente amor entre sí. Ella desamparada por la duda del regreso de Armando, comprometida en su orgullo arrobo sólo para Armando su acullá. La lejanía acusa las alegrías efímeras, vahído: “iquien se haya separado una vez sola del ser que más se adora en el mundo, podrá comprender esa tristeza! (2019, P. 69), ¿cómo borrar la imagen del Armando? ¿cómo volver a vivir la vida sin el ser que se ama? Emma, solo Emma, vida sin romance, nada volverá a ser como antes. ¿Dónde está el amor? ¿Cómo soportar la vida sin Armando, y Armando sin Emma? O sólo será un romance que pasará a la historia novelesca que agudiza los sentimientos de los dos seres virginales. Desafinación de la nota musical que anima el amor, cuerdas desafinadas del arco que no encuentra la nota adecuada para una sonata del olvido. Pareciera que el amor no fuera para los humanos, solo le resta a Emma pensar en: per aspera ad astra(a través de las dificultades, hacia las estrellas). El amor no tiene precio por lejos que esté.

     La argucia se hace presente por parte del padre Andrés, quien hacía de preceptor religioso, actuaba como si fuera una casuarina de tono bajo, sólo se alcanza escuchar entre los mosenes, el interés era Armando, dejarlo para que se convirtiera en un tonsurado más. Emma, era el problema. La naturaleza divina fue cómplice, no tuvo compasión con ella, cae enferma. Pareciera que escuchó los ruegos del padre Andrés para que Armando se quedara, y fuera uno más de ellos. La amada joven sufre una baja del pulso, como si fuera una muerte súbita, sin respiración, ni el más avanzado medicastro del pueblo logró recuperarla para que volviera en sí. Armando el estudiante del seminario conciliar en Roma, recibe la misiva del fallecimiento de su zagal virginal. Como duele llorar, es caer al fondo de la nostalgia, del precipicio de Challenger, fosa de la mariana, oscuridad total y única. Eso sintió Armando: “¡Oh! sí, la vida me es odiosa(2019. P. 76). Desespero extraviado, como algo que no sirve, mirada que se esconde en la muerte fría. Su aquitalación fue determinante:

Bien padre mío, muerta ella, el mundo es un desierto para mí; quiero huir de sus halagos y consagrarme a Dios, quiero postrarme al pie de sus altares y si no puedo olvidarla, con una vida ejemplar santificaré su memoria, y después la encontraré en el cielo (2019. P. 77).

     Los toques de la suerte emergen en la obra poética de Vargas Vila. Dos seres de sotanas negras departen desde su complicidad: el Padre Andrés y su superior:

¿Qué hacemos con esta nueva carta? – le decía.

-      Guardadla. Ha llegado demasiado tarde. ¿A qué perturbar su espíritu con esta nueva noticia? Él está ya pronto a volver a América; dejad que lo sepa todo en el seno de su familia; allí encontrará mayores consuelos (2019. P. 78).   

     Emma, el ave Fénix, se levantó de nuevo, resucitó. Armando se dirigía a su sepelio. La creía fallecida. Vargas Vila, juega con la prosa, con la desesperación del lector en un vaivén entre las páginas de su novela. Desespero de saber qué pasa con la infortunada, al fin podrá verla, piensa el lector taciturno. Háptico en la estructura de su escritura, pone en juego el encuentro y el desencanto del enamorado, en referencia, al advenir del ir y el volver con las manos vacías. El escritor colombiano, traspasa las fronteras de la imaginación con la intención de demostrar, una vez más, como el amor de mozos no es más que una posibilidad de vida, sin la promesa de amarse.  Ser el uno para el otro, sin serlo, sólo para pensarlo. El amor como juego, como desencanto, de la no-posibilidad de ser feliz, de la rostridad del no-ser. La alteridad que demanda la presencia de quien se ama. Soledad que envuelve el desconsuelo de quien lo lee.    

     La fortuna o el infortunio continúa en la corta novela, vuelve en clave de oportunidad: Todo ha pasado, Emma vive(2019. P. 79). Para extender la angustia del lector, la noticia no llega en los momentos más oportunos, es tarde ya, Armando venía en camino. La creía fallecida. Que historia narra Vargas Vila, llena de amor-pasión, felicidad-tribulación, melancolía-romanticismo y tristeza, para finalizar en tragedia. Los representantes de la iglesia hacen presencia para la amargura de la pareja, evitan su unión. Una vez más el escritor colombiano hace apología de lo indómito, al deseado pecado, alejado de la exomológesis en su totalidad.

     Emerge la presencia del galeno, para quien la vuelve luego a su débil vida: Emma aún vive. Escribe el autor de la novela, como si fuera una sentencia gnómica la llegada de Armando. El último encuentro de la pareja, fue una reunión fatal: felicidad-fatalidad, juega la pluma de Vargas Vila, para mostrar el comportamiento humano, un sueño profundo, pero despiertos los dos. La muerte asoma de manera definitiva, como si fuera un perfume volátil, el cuerpo se queda sin alma y calor, desierto en el manantial del amor, llueve otra vez y ya no está ella. Armando es prisionero de la ansiedad, porque todo ha llegado a su final. No hay ternura, jamás entenderá Armando su ausencia, ya no está, aunque muera en sus brazos. No habrá mañana, la puerta del corazón se ha cerrado, las mirandas sospechosas se fueron, dolor que volverá una y otra vez. Ella, Emma la virginal, ha pasado a otra dimensión sin su amado.

Todos han caído en su alrededor, y él, como árbol que desafía la tormenta, espera que el hacha de la muerte venga a derribarlo, y sueña con vivir en la otra vida al lado de Emma, en perdurable amor (2029. P. 83). 

     Ha cruzado la puerta de la dimensión desconocida, un gran pedazo de Armando ha fallecido, castillo de arena que muere con la bruma, que triste amargura Nadie como Emma fue su anhelo, su fortuna. Mucho de ella se quedará en él. El bastidor Vargasvileano ha caído, como cayó Héctor bajo la espada de Aquiles. Sólo la naturaleza filosófica escrita por Spinoza, sabrá al atravesar la noche como testimonio de un amor imposible donde sólo se entrega el alma virginal al óbito, la inclemencia de la muerte es implacable, aunque sobró corazón entre dos, no fue suficiente para vencerla. En su pensamiento él la perseguirá en las sombras como en los sueños, aunque se interrumpan a través de la noche. El redondel girará de nuevo para caer en el vacío del silencio, para no detener el tiempo implacable del dolor

Aura o las violetas (2019). Novela considerada dentro de los inicios del modernismo, cuya declaración se acoge al romanticismo precoz de sus personajes. Publicada en 1887. Narración desaforada vivida entre el amor de dos bellos mozos, que se juran eternamente su afecto-pasión y lo rubrican a través de un ramillete de flores violetas. Para vivir sus sueños en sus pensamientos más terrenales, amantes a escondidas, cuerpos prohibidos, para desnudar sus corazones. Hablarse en silencio, en su caminar nocturnal, descubrirse los secretos más ocultos. Eso eran ellos. Momentos que se inventaron como las violetas. Los únicos testigos de su desamparado amor. Como pedirle al amor: ¿amor? El romance pasa por momentos tristes, porque el infiel hado así lo decide. Hasta el destino fue incapaz de reparar lo más irreparable entre los dos. Sólo la sabia muerte es la más capacitada para dirimir esta tortuosa ligazón. Aura, pasa de una condición irreal a la real como cualidad, en la cual condiciona su propio ser. Mientras que Armando va en sentido contrario real- irreal, padece de una pasión fuerte dolorosa de su propio cuerpo, el cual se refleja interior-exterior.

     Ante el poder financiero han caído grandes imperios, naciones, familias poderosas y hasta guerras como la de Troya; también tragedias íntimas como la de Romeo y Julieta. La historia de Aura y Armando es una más en esta larga cadena, narrada esta vez a través de la literatura de Vargas Vila. En la novela, emerge la figura del señor adinerado, símbolo de un poder que trasciende lo sentimental. La ilusión amorosa entre Adán (Armando) y Eva (Aura) deja de ser ese paraíso prometido para convertirse en un cielo asimétrico, sin esferas concéntricas, donde ya no hay astros que giren alrededor del amor de los dos mininos. El anciano magnánimo obtiene el amor juvenil de Aura a cambio de una mejora económica para su familia, una estabilidad que Armando nunca pudo ofrecer. Es una tragedia sin coros, ni verso, sin novelas interpoladas, pero cargada de sufrimiento, dolor y fatalidad. Lo funesto se hace presente, despertando compasión, pena y aprensión.

     Aura se compromete, se somete y se sacrifica por el bienestar de su familia. ¿Qué tan válida es la decisión que toma? Es un valor que Armando jamás supo comprender. Su reacción no fue de empatía, sino de orgullo herido, dolor; un esteticismo viril profundamente arraigado, que se sintió agredido ante la renuncia de Aura a un amor que no podía sostenerse solo con palabras.

Era la sonrisa de la desesperación que cree burlarse del dolor, esa sonrisa que lo hace a uno exclamar con el poeta: «Me duele el corazón, pero me río». Lágrima que escapada del corazón no alcanza a llegar a los ojos y se derrama por los labios. El dolor también tiene sus sonrisas. ¡Qué horribles son las sonrisas del dolor! (2019. P. 41).

     El dolor que narra el autor de la novela es incomprensible, sólo lo siente quien lo padece. En esta narrativa, la alteridad no hace falta. El otro fallece con la determinación que toma Aura. El otro (Armando) es excluido, su trato fue desigual. Motivo: aparece un alcista entre los dos enamorados. Para la familia de Aura es una condición sine que non, y ella lo hace porque: audentes fortuna invat (la fortuna favorece a los atrevidos), ella se emprende. Ignición humana voluntaria, noúmeno como aquello existente en sí misma, emancipación de cómo lo percibe el otro o como trata de interpretarlo como se conoce el acto. Toda una combustión, evento que sólo siente y conoce quien lo vive, por ejemplo, el suicidio. Todo un Ad hoc, (literalmente 'para esto', para referirse a lo que se dice o hace solo para un fin determinado). Eso fue el acto que hizo Aura, pero que Armando jamás interpretó. Su comportamiento fue como todo un varón enamorado, en su gallardía fue lastimado. Dolor viril. El acto realizado por ella, él nunca lo entenderá a través de sus juveniles sentidos, disimilitud al fenómeno, es la exteriorización de la realidad que le tocó vivir a Aura, ella si la percibió y la sintió en su desconsuelo como mujer que se expuso al poder del parné. El amor de Armando por Aura, no dejará de ser el cortisol postmoderno.

     La muerte aparece en la obra, como siempre, como es ella, fatal, fría, calculadora, hasta inocente en su fallecimiento, virginal para Armando. El hombre que muere en vida y vive por ella. Convertirse en una sola persona, aún en el féretro. Se encadena a un fantasma, a su dolor, en cuerpo y alma, en su mente. El personaje demuestra ser todo un rebelde, anarquista, como lo fue Vargas Vila. Universo negro, como el entierro de Atala, en la pintura de Anne-Louis Girodet De Rouccy-Trioon (1808). Sólo lo entiende quien lo padece. Armando, sólo Armando convertido en un triste final. Alma que tiembla, recordarla es todo un placer en su dolor, en su vida.

    Vargas Vila, La Demencia de Job (1961). Job, es toda una celebridad de las entrañas bíblicas. Estro de narrativas literarias en su inspiración a través del tiempo. Poemas, obras teatrales, novelas, artículos y otros. Allí se anidan el sufrimiento, la ansiedad, angustia, desencanto, el desamor, la fe, lo divino, la injusticia, lo oculto como dolor, lo carnal, la adoración a Dios y vida en el ser humano, La Demencia de Job (1961), no es ajena a ello. Tampoco lo son: Joseph Roth con su obra: Job Historia De Un Hombre Sencillo (2020). Massimo Recalcati: El Grito De Job (2024). Carl Gustav Jung: Respuesta a Job (2014). Fernando Savater: El Diario De Job (1997). Trebolle: Job (2011). Luis De León: Libro De Job (2019), entre otras obras literarias.  

     El existencialismo brota en La Demencia de Job (Lucas Poveda) a través del desconsuelo, la aflicción, fatiga que causa náusea sartriana en un cuerpo que se agita violentamente, padece de elefantiasis o filariasis linfática, es un estado elaborado en un ser con vida, el cual altera la función de uno de sus órganos, algunas veces todo el organismo. Produciendo infección inveterada o crónica en la parte linfática, causa hinchazón exagerada ya sea en los brazos o piernas, deforma en su totalidad la piel. Su prosopografía era fina:

Alto y rubicundo, fuerte y bello, como un Apolo pintado por Rubens, Lucas ostentaba el esplendor de sus veinte años, y entretenía sus ocios, en el ejercicio de sus dos grandes pasiones: la lectura y la pintura (1961. P. 7).  

     Este cuerpo afectado por elefantiasis o filariasis linfática, representa un estado límite en un ser vivo cuya existencia se ve trastocada por la disfunción de uno o varios órganos. La enfermedad, al invadir el sistema linfático, genera una infección crónica que produce una hinchazón desmesurada —ya sea en los brazos o en las piernas— deformando por completo la piel. En ese cuerpo habita Lucas, y con él debe enfrentar la dura realidad, cargado de ansiedad. Lo rodean enemigos encubiertos: el cura del pueblo y las creencias católicas de sus vecinos, quienes, movidos por una ignorancia profunda creen que la enfermedad es contagiosa. Lucas es un ser hermoso, garboso. Se dice que en todo hombre habita un Job. Él es expuesto a la justicia divina y a la prueba de su lealtad hacia Dios. Una de esas lealtades es precisamente el sufrimiento: el desprecio, el señalamiento, la exclusión, la lástima. Pero debe estar dispuesto a la paciencia, sin importar la magnitud del padecimiento o castigo.

     Todo un estoico, aunque la lepra lo devore en vida. La marginación social es implacable no se apiada de él, la desolación se hace presente en la vida de Lucas. Se atraganta su propio grito, nada que ver con el clamor de Edvard Munch. En el texto bíblico el sufrir nace con la humanidad, es un castigo moral. La pregunta es: ¿Por qué razón las almas buenas sufren? Para el personaje principal, su gran prueba es la enfermedad, sufrir es todo un ocio fecundo. Se hace presente la desgracia a través del amor. Los abrazos fueron negados porque se deshacen como la espuma. ¿cómo vivir la vida de otra forma? El peso cada día más agacha la espalda. ¿cómo expresar amor cuando se cree que tiene sentido? Mendigar un abrazo, una caricia, comprensión, negar tocar el cielo, las estrellas se deshacen, la luna se desprende, se rompe a pedazos. Su alma es su propio ropero. Al abrirlo encuentra la soledad, el frío, no hay un vestido adecuado para la fiesta que se llama amor. Afecto fuerte del ser humano que, inicia en su particular necesidad de buscar el encuentro y vínculo con ese otro ser. Sólo el amor incondicional de la madre, para él lo más puro. En la carta apostólica Salvifici Doloris (Salvar del dolor) de Juan Pablo II, sostiene: La Sagrada Escritura es un gran libro sobre el sufrimiento(2019. P. 3). Lucas había nacido en el Salvifici Doloris, o sea, en la correspondencia pecado-castigo. Desde antes de nacer su destino estaba comprometido en la falta, en la culpa. ¿qué delito cometió Lucas para recibir tal pena sagrada? Ni Eliú ante el Dios castigador defiende a Lucas, porque este está lejos de la Spe Salvi (esperanza salvada). ¿Luchar contra sí mismo, la religión y la sociedad es estar demente? De esa manera, es como excluyen a Lucas. Lo trataron como si padeciera de una enfermedad neurodegenerativa, como si Lucas presentara una conducta de trastornos, apatía y desinhibición. Del Job bíblico al Job de Vargas Vila, ambos padecen del sufrimiento y de la desdicha del Dios cristiano, que no tiene compasión con Lucas.  

     El personaje bíblico es manoseado por la palma de Satanás; el de la novela, en cambio, es acariciado por el amor, la soledad, la sociedad y la daga teológica, encarnada en el cura del pueblo (Ciriaco). Este se encarga de separar a Lucas de Catalina Ritter, su primer amor: un fracaso total y doloroso. Lucas sintió entonces la estaca de Drácula de Bram Stoker: gritó en silencio, un dolor fecundo, el exordio de desgracias discontinuas. --¡Ah, madre, qué cosa tan cruel es el Dolor!... (1961. P. 42). El estrago que deja el dolor no es la cadencia del mal: es su substancia, el sufrimiento mismo que lo consumió. Ni la fe lo consuela, porque es perversa, ni siquiera el ósculo más suave asiente en su depresiva alma, nada sedeño como lo era él. Poco símil entre ambos Job. Lucas vivía en el laberinto de Creta, sus alas desde que nació siempre estuvieron cerca del fuego. Su noche nunca esclareció, el beso que jamás dio, jamás su conciencia tuvo paz, el pan nunca fue partido en dos, menos en partes iguales.

     Un segundo golpe del destino brota para Lucas Poveda. Se llamaba Marta, pariente lejana. ¿Será un nuevo dolor? Un nuevo capullo perfuma el jardín: Cuando ella llegó allí, el silencio de tumba; un silencio intolerable, hecho de crueldad y de abandono, y ella lo interrumpió con la aparición de su gracia, cuasi infantil, que se diría alada (1961. P. 106). Pura, incólume, inmaculada, virgínea toda ella. Un nuevo himno a la alegría, composición que sólo suena al corazón, con movimientos de acordes, un amor en forma de sonata. Sin embargo, la crueldad del representante de la fe católica asoma con la espada de David para blandirla contra Goliat (Lucas), dispuesto a la guardia con pasos delanteros trémulos. Esperando la estocada final para el desenganche del alma pecadora del Job Vargasvileano.                         

     Marta, belleza única, Artemisa exasperante al verla, prohibida inicialmente: pedían a gritos la violación de las caricias(P. 108) entre ella y Lucas, un nuevo pero bello y provocador dolor asalta a lo más profundo de Lázaro, llanto que se deja escuchar en lo más profundo de su ser, como la luz de una vela. Un nuevo despertar sin rencor y miedos. La hiel es dulce como la miel, un nuevo dolor delicado, sutil, frágil, delgado, pero toda una semilla llamada amor. Almas gemelas que al contacto se convidan con un sentido corporal con el que se perciben dentro de sus cuerpos sensaciones de intimidad, presión de sus pechos agitados llenos de calor y sudor, con presión de temperatura traspasaron el umbral de la doncellería, ya era historia de un amor mucho más que carnal, todo un vórtice. Tolvanera insensata.             

     El tiempo fue culpable de la ruptura del repliegue membranoso que lo convirtió en un nuevo ser que se gestaba en el vientre de Marta. Un miembro más de los Poveda, pero que llega a destiempo. Al comunicárselo Marta a su amado, entra en pánico escénico. No admite que otro ser porte la mortal enfermedad, sufriría los mismos tormentos, desgracia, persecuciones y la maldición de Dios a través de sus representantes, otro leproso, otro negado, otro que muere en vida. Su mirada extraviada, demencial, funde su mirada en Marta. Sus almas se juntas por la fuerza brutal de Lucas. Un idilio de amor que sólo la muerte comprende:

 ̶ ̶ Ve y muere ̶ ̶ dijo él inexorable ̶ Moriré, pero en tus brazos y, diciendo así se abrazó fuertemente a él ̶ ̶ Sí, muere, muere ̶ ̶ rugió el leproso cogiéndola por la garganta, tumbándola a tierra; poniéndole una rodilla sobre el pecho, le apretaba el cuello con ferocidad gritando: ̶ ̶ muere, muere (1961. P. 204).

     La muerte de Sócrates (399), una muerte ética, fallecimiento cálido, reposado entre palabras con los más allegados. Según el filósofo griego, inició por los pies, la cual subía lentamente hasta su parálisis total. Epicuro sostuvo: El peor de los males, la muerte, no significa nada porque cuando somos, la muerte no es; si la muerte es, no somos. La muerte de Marta es por amor. Nunca lo impidió, dejó que sus manos se posaran en su dulce y delicado cuello, el cual ahogaba lentamente. En su muerte sólo vio a su amado Lucas, no le quitaba la vida, le daba el sentimiento intenso de su único y comprendido amor que, partiendo de su emoción trascendió a lo pasional. Como un acto irracional diría Spinoza.

     Fallecida Marta se encuentra en unión con otro ser llamado Lucas el leproso. Sepultada por sus propias manos, resguardada entre rosas, el viento se convirtió en una sonata, un canto de la alegría. Sobre rosas rojas, blancas, amarillas yacía un bello cuerpo lozano, el cariño de su vida. Se fue, marchita la tarde, fría la noche, oscuro al amanecer, abandonó cuando más se necesitaban, se borraron los sueños al amanecer. Ahora sabe él lo que es el amor, la soledad se apoderó de la vida. Libre de toda culpa, la única culpa fue amarla, poseerla, tomarla para arrancarle su vida, las vidas. El amor de Lucas a Marta, fue todo un estado de furia, dolor, sufrimiento, excomunión, persecución. Castigo de no estar más con ella. Se fracturó la luna, oscura, fría, sin estrellas: “--Chit…madre, no la despiertes; ella duerme bajo las rosas; ¿no ves, cuán bella duerme bajo las rosas?” (1961. P. 204).

     Hay que decir, finalmente, que estas obras, están atravesadas por una lírica tanática, por unos sometimientos amorosos acompañados por la sombra de la fatalidad, por un erotismo atrapado en el prejuicio social y enmarcados en unos pasajes que se convierten en la proyección de los afectos, como lo refrenda una descripción de Aura o las violetas: El huerto de la paterna estancia, estaba lleno de perfumes; las brisas murmuraban tristemente, como los acordes de un arpa desconocida” … (2019). Y este paisaje bucólico, la muerte parece ser el hada perversa que troncha la existencia. Así lo dice en Emma: como la hoja desgajada de una azucena que arrojara el viento sobre el mármol negro de una tumba (2019). La muerte es lo más sublime entre los enamorados en cuatro de las obras literarias de Vargas Vila. Para él, amar es morir en lo más profundo de la existencia humana, aunque demuestre exagerados escrúpulos morales o religiosos       

 

Referencias Bibliográficas

 

Barthes, R. (1994). Crítica y verdad. España. Siglo veintiuno Ediciones.

De León, L. (2019). Libro De Job. España. Guillermo Escolar Editor. 

Epicuro. (2005). Carta a Meneceo. Madrid. Tecnos.   

Homero. (2022). La odisea. España. Editorial Gredos.

Hobbes, T. (2011). Leviatán. Argentina. Fondo Cultura Económica.

Jung, C. (2014). Respuesta a Job. Madrid. Editorial Trotta.

Juan Pablo II. Salvifici Doloris 6.

Recalcati, M. (2024). El Grito De Job. Barcelona. Herder Editorial. 

Rousseau, J. (2022). El Contrato Social. España. Editorial Gredos.

Roth, J. (2020). Job: Historia De Un Hombre Sencillo. Madrid. Alianza editorial.

Savater, F. (1997). El Diario De Job. Madrid. Alfaguara.

Trebolle, J. (2011).  Job. Madrid. Madrid. Editorial Trotta. 

Triviño, C. (2008). La Semilla de la ira: Máscaras de Vargas Vila. Madrid. Editorial Verbum.               

Vargas V. J. (2019). Aura o las violetas. Colombia. Panamericana.

__________ (2019). Flor del Fango. Colombia. Panamericana.

__________ (2019). Lo irreparable. Colombia. Panamericana.

__________ (2019). Emma. Colombia. Panamericana.

__________ (1961). La Demencia de Job. México. Colección obras completas.

__________ (2020). Las rosas de la tarde. España. Editorial Verbum.    

__________ (2018). Laureles Rojos. España. Editorial Wentworth Press. 

__________ (2018). En las zarzas del Horeb. España. Editorial Wentworth Press.

__________ (2021). María Magdalena. Dinamarca. Editor Lindhardt og Ringhof. 

__________ (2023). El cisne blanco. España. Editorial Legares Street Press.

 

 

             

 

                                                         

 

 



[1] Filósofo. Historiador. Especialista en Cultura Política. Mg en filosofía Moral. Ph. D. Doctor. Filosofía contemporánea. Docente universitario-secundaria. Investigador. Orcid: 0000-0001-8230-8831. Minciencias: CvLAC-GrupLAC  frecho13@hotmail.com   

 

 

sábado, 7 de junio de 2025

LA MUERTE DE UN RELATO / Darío Ruiz Gómez

 

LA MUERTE DE UN RELATO

Darío Ruiz Gómez

En la última intervención del Presidente Petro ante la televisión su enrevesado discurso me descubrió que aquella incoherencia que se le critica, su falta de dominio de la escena donde a ratos tenemos la impresión de que es el gran sombrero el que habla, es sencilla y deliberadamente el recurso deliberado a la incoherencia, la negación del histrionismo tradicional para hablar como a él le da la gana, sin seguir las pautas que le imponga un discurso escrito por sus asesores y en cambio hablando según vaya recordando, alguna teoría revolucionaria, por ejemplo, que en su voz nos nuestra  lo ridícula que era esa teoría y la violencia que se ha hecho siguiéndola como a un catecismo dogmático. Petro habla casi siempre con los fantasmas de su pasado donde solamente fue un guerrillero del montón. Pero en esta ocasión dijo algo de  incalculables consecuencias políticas: “La guerrilla no existe, a lo que se llamó guerrilla es hoy  un  grupos de narcotraficantes. No existen ya Capos colombianos sino el poder establecido de mafias internacionales ” Úsuga reconoció que en Urabá se celebraban encuentros con narcotraficantes servios, kozobares, italianos, polacos, encuentros que se siguen celebrando corroborando lo dicho por Petro  acerca de la presencia de fuerzas del narcotráfico internacional en distintas regiones del país. Y Petro fue más allá al reconocer  que el ELN, Las Disidencias no son ahora grupos de rebeldes tratando de derribar un Estado sino mercenarios que a través de una incalificable violencia se han enriquecido personalmente. ¿Quién les concedió entonces estatus político a estos asesinos y bajo qué intereses? A la caída del régimen nazi y cuando el mundo civilizado descubre espantado el horror del Holocausto , vuelvo con más insistencia a este ejemplo, y la inevitable complicidad de buena parte de la sociedad alemana que con su indiferencias permitió semejante acto de barbarie, la preguntas fue lógica. ¿Se puede seguir escribiendo en el lenguaje de los verdugos? ¿Se puede seguir hablando y escribiendo en esta lengua del horror? Pregunta que he repetido a escritores e intelectuales en Colombia.

El lenguaje que justifica la matanza ya ha preparado previamente a sus ejecutores vaciando a las palabras de su responsabilidad ante la agresión de una ideología, Un personaje como Ramón Gonzáles solamente puede darse dentro de un grupo de farsantes revolucionarios y desde de una retórica política  envilecida. Antes de posesionarse esta banda de oportunistas ya había creado desde dentro del gobierno Petro una organización para enriquecerse rápidamente, para burlarse de la sed de los niños de la Goajira mientras subían los impuestos, el precio de la gasolina y acababan con el régimen de salud. Todo esto bajo el oportunista calificativo de “nuevo relato del cambio”; Petro iba a gobernar un mes desde la comunidad Wayú, promesa que desde luego incumplió. Un relato, recordemos,  se configura a través de la gesta  de una comunidad que marcha hacia su liberación del despotismo  lo cual es imposible cuando se trata de un proyecto dictatorial que impone su relato por la fuerza. El relato que intentó crear el petrismo  antes de nacer ya estaba muerto en manos también del folclorismo de un Partido Franquestein sin bases populares como el llamado Pacto Histórico. Lo señalado  por el Presidente Petro corresponde a su conocimiento directo de las FARc y el ELN  y es a la vez la autoconfesión de quien se ha atrevido a saltar todas las líneas P.D. Incalificable la actitud de INFOBAE de convertir a Calarcá en protagonista de nuestra vida política.

DISPARANDO A LA PARED / Darío Ruiz Gómez

 

DISPARANDO A LA PARED

Darío Ruiz Gómez

¿A quiénes podremos llamar en Colombia salvaguardas de la verdad? La carta del excanciller Leyva denunciando la adición al alcohol y a las drogas  del Presidente Petro no deja duda al respecto. Leyva  ha sido siempre en política un genio del mal que consuma astucia le ha sabido sacar provecho a su pertenencia al alto mundo social bogotano tal como debutó exprimiendo todo lo que pudo a las FARC de Tiro Fijo y de Sandra Ramírez. La negociación de los secuestrados en el extranjero fue un negocio redondo, por ejemplo.  Si lo convirtió en Canciller es porque Petro, siguiendo el arribismo de todo líder populista aspiraba a contar en su Gabinete ministerial con un representante de la  oligarquía blanca sin darse cuenta de que con este nombramiento se estaba dando un tiro en el pie pues Leyva ante el caso de los pasaportes no admitía ser despedido por las malas y al escribir su carta por más que algunos jueces o magistratos traten de impedirlo, Petro ha quedado para la historia como un Presidente drogadicto y alcohólico. Egregios bebedores fueron algunos  presidentes que incluso recurrieron ocasionalment a la cocaína para curar las grandes resacas, mantener los modales y responder a las apretadas agendas de trabajo. Quién llegaba a la o a la Presidencia contaba  primero con el conocimiento de las normas de la diplomacia, la preparación debida para las distintas ceremonias oficiales, etc. La carta del excanciller Leyva es pues la de un diplomático de clase, la de un político  educado en las formalidades que se requieren para desempeñar a nivel internacional un alto cargo. Es aquí donde los profesionales de la desinformación, recuerden a Vendrell, a Chamorro, a Guanumen quien aconsejaba que era necesario correr la línea de la ética, han empezado su tarea de  imponer la verdad posmoderna, ablandando los hechos cuando alguna periodista asevera que es posible que Petro se saltara durante dos días su agenda  por ternura hacia su familia y amor a los parques de Paris. Tiernas falacias que desde luego no pueden ser tomadas en serio por quienes, en este caso el Comité de acusaciones de la Cámara, deben castigar ejemplarmente esta ofensa al país. Las bodegas han comenzado a actuar desenfrenadamente.

Encuestas de opinión infladas, informes falsos sobre la realidad de nuestras carreteras tomadas por bandas de asaltantes, y ahora el expresidente Santos, clave en su nombramiento como Presidente denuncia públicamente el hecho de suma gravedad de que con los helicópteros oficiales Danilo Ruedo, alias “El Lamelabios” , íntimo de Monseñor Darío Monsalve, había sacado uno por uno de sus escondites a Calarcá e Iván Mordisco y su séquito de desalmados, los reunió en el Yarí para que el Gobierno popular, científico y de masas lo reconociera como “Las Disidencias de las FARC” quienes junto al ELN conformarían el supuesto enemigo a combatir. Había que crear un escenario bélico y el Ministro de Defensa convirtió a El Plateado en ese escenario para impedir la toma del cañón del Micay y permitir que la violencia contra la población no cese desmantelando ejército y policía.. La denuncia del expresidente es una verdad incontrovertible que ya comienza a ser deformada por las versiones falsas de las bodegas. Calarcá cuya trayectoria delicuencial es clara fue el autor de la masacre de los nueve muchachitos en el Guaviare pero ahora esta oficina de desinformación se inventa a un tal Miller para que sobre éste recaiga roda la culpa con el objetivo de que el dueto Calarcá.Noboa, Mordisco-Gonzalez Cifuentes siga  hablando de paz eternamente mientras afirman sus territorios y chantajean a sus gentes. Matar a la verdad es concederle licencia de corso a estos grupos de bandoleros en un momento de nuestra historia en que para fortuna de la democracia que defendemos esta triste farsa  oficial ya no convence a nadie.  

 

viernes, 30 de mayo de 2025

El silencio de mi padre de Tarsicio Valencia // Víctor Bustamante

 

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El silencio de mi padre de Tarsicio Valencia

Víctor Bustamante

El carácter de Tarsicio Valencia para mantener un equilibrio entre su oficio de escritor, por supuesto me refiero a su poesía, y su trasiego personal, es decir a su concepto de vida y ese valor que es producto de esta, su palabra, entrega una relación fundamental para entender su escritura, esa escritura que ya no es suya cuando se publica, cuando el libro salta a las manos del lector que decide proseguir en esa aventura de trasegar en sus páginas, ahondando en lo que el autor entrega, ese mundo que es la experiencia con sus pasos inconclusos, con sus vertederos como un oasis para conceder un poema o para recordar una salida lejos de sí mismo, es decir para soñar, o cuando la realidad que lo abarca, que lo sostiene, y por eso uno sopesa que es la necesidad de escribir que lo lleva por caminos insospechados o quizá por esos lugares y personas que están cerca. Es más, que él ha vivido en todo su esplendor y de ahí que las palabra, me refiero a su palabra, acuda a ser parte de él, dentro de esa actitud que considero el ser poeta, no desde el brillo que dan los viajes como escenario para vivir una experiencia sino desde el recogimiento, desde el interiorizar  esas prácticas vividas; muchas veces pensadas, repensadas, y por esa razón escritas con esa precisión de quien sabe que la palabra en el silencio, poblado de tanto ruido que ensordece, no lo hace especular, sino que en su poesía está la palabra única que enuncia su inspiración y por lo tanto lo expresa a él, en esos momento de placidez o de acedia, que son refugio para que la palabra vuele alto y pronuncie esa aventura sin tosquedades, pero también con brillo que es esa palabra que con el tiempo se convertirá en una huella personal, muy íntegra, dentro de esa poesía escrita son precisión y sosiego como si el poeta al terminar un poema, que es su representación, caminara por un sendero que él ya conoce; senderos seguros a veces un poco titubeantes, pero que con el paso de los poemas le dan esa unidad que pertenecen ya a un libro, su libro de poesía, es decir una escala dentro de su trasiego, ese trasiego que como un abanico se abre en la noche oscura del alma para brillar con el esplendor de la palabra única, esa palabra que lo expresa en la contemplación y más seguro en su propia reflexión como un momento en que uno denota como cada poema mantiene una cercanía como parte de la unidad en todo el libro, y esa unidad dentro de esa circunstancia es nada menos que la palabra que prosigue, la palabra que recaba el ruido, que no quiere ser mutilada; lejos de aquella que refleja el ambiente de los poetas alucinados nada menos que en ensañarse a sí mismo y en no darles a la palabra el peso específico de su don, ese don de ser poeta; ya que escribir poesía es nada menos que saber que cada palabra se convierte no solo en augurio, en ventana o camino, en noche o en horas que corren rápidos en la multitud del día, sino en esa poesía que el poeta sabe que lo delata y al mismo tiempo es escala dentro de esa larga gradería de escalones inconclusos que a cada instante cuando es escrito o se sube contemplar desde la montaña o se ahonda en sí mismo, en esas oscuridades, en esos socavones transitorios del alma no se divaga por laberintos nunca idealizados, sino en la realidad que presente desaloja al ser escrito un poema. Así Tarsicio Valencia, el poeta de la circunspección, diría más bien del recogimiento y también de esa esencia por las personas y circunstancias que lo rodean. Tarsicio no provoca malestar para nadie, reta, pero no es lejano, ya que su libro en la austeridad de su creación nos señala nada menos que la poesía es significación, síntesis y donosura. Tarsicio escribe en su retiro, pocas veces se de él, con tranquilidad para decirnos como la poesía llega a su ser y él la trasformad en aquellos momentos que lo embargan. Y es entonces cuando se establece ese diálogo siempre abierto entre el escritor y su lector que sigue las huellas del libro impresas en cada poema cuando las páginas se abren, suceden, para buscarlo a él, en su trasiego vital, aquel que lo ha llevado a ser escritor.

De ahí que, El silencio de mi padre, (Editorial Grámmata, 2024) configura y denota lo que podríamos llamar la premonición de su poesía, que es en realidad la certeza del poema escrito, es decir las huellas de ese camino que Tarsicio ha ido desbrozando. Muchas veces por pretender ser modernos con toda la impaciencia que produce esa poesía en apariencia futurista o de vanguardia, olvidamos nada menos que el mundo cercano con sus certezas y abandonos. De ahí que la presencia del padre, al darle el título a ese libro, su libro, es desde ahí un homenaje y eso sí dentro de ese silencio, respeto, y admiración, a un hombre que ha vivido y que es iluminado desde el recuerdo de su hijo que lo evoca, y al evocarlo y escribirle en ese momento pletórico de sencillez, es mantenerlo presente en toda su dimensión.

El poeta lo señala en su totalidad:

 

EL SILENCIO DE MI PADRE

El silencio de mi padre

Era un sí misterioso

Decidido siempre en las leyes

Del azar

Escuchó mucho a los árboles que amaba

Su tacto era firme y delicado

Un color tierno rubí en sus ojos

Horas y horas en silencio

Imbuido su espíritu

En olores de cafetos naranjos

Velando por sus hijos

Y una mujer que le regaló el amor entre amapolas

Un sí orquídea de sus labios.

 

Presencia y respeto, rigor y admiración canalizan esa cara persona, el padre, lleno de austeridad y de firmeza.


MARÍA NUBE

Sí María

Aún existe

Es azul como el amor

Florecen los siete cueros.

 

Aquí el azul expresa la inmensidad que no cesa, pero también manifiesta el sosiego, solo el poeta sabe en ese verso, la profundidad de su afecto y a quien le habla, Es azul como el amor.

 

COLIBRÍ

Para Susana

Colibrí atento al aroma del jardín

Todas las esencias de la Arabia

Me recuerdas

Un jazminero en la huerta de la Alhambra.

 

Aquí, en este corto poema, se han suprimido otros paisajes como es lo místico, la herencia y una diáspora, pero ese par de palabras al ser pronunciadas, Arabia y la Alhambra, con toda esa connotación que carga y eso sí pesan para saber cómo ese lugar que estuvo en España poblado por árabes y judíos ochocientos años 800 años, se juntan en la memoria para que un colibrí, frágil y asustadizo,  busque esas esencias que perviven en un lugar de una significación y de una inmensidad notorias.

Pero hay un tema que predomina, un tema que es el paisaje mismo, y es debido a que sus poemas lo circundan árboles y agua, montañas y frutos maduros que no lo arredran, sino que son presente y refugio, deuda y afecto, escarmiento y oasis. Es decir, paisaje como presencia de lo usual, pero que el poeta le da su destino al particularizarlo.

En este libro fluctúan diversos temas que redimen y así mismo atraen al poeta al indagarlos, lo cual supone una tentativa quizá atrevida, quizá íntegra, pero eso sí muy personal, ya que a lo quiero referirme no es un tema, pero sí constituye cierta manera de indagar un libro y a su autor, el cual al nombrar ciertos autores entrega una huella capital, necesaria para su discusión personal, eso sí sin dejar de ser un lector para pasar a otra fase, ser escritor.

Desde el mero punto de vista es notable que después de leer, releer tantos libros consagrados, el poeta asuma ese diálogo personal con escritores diversos que algo le han aportado o a lo mejor lo han convocado y por alguna razón secreta que solo sabe él, al mencionarlos, y el lector curioso se pregunta cuál es la razón secreta para traerlos a su poesía. Son tan disimiles, desde Von Kleist a Julio Flórez, desde Bécquer a Pessoa, desde Lautréamont a Josefa del Castillo. Po supuesto los autores mencionados son más y eso sí diversos, lo cual denota algo, cada uno de los escritores poseen esos textos que con el paso de las lecturas y el abrupto tiempo que se sucede, establece esos diálogos y así regresa a ellos, y al mencionarlos en su poesía, los agasaja y celebra, y eso sí le señala al lector, aquí están mis guías, mis maestros en ese camino a veces oprobioso de la escritura. Es decir, ellos son sus clásicos personales. Ya que en esa diversidad se haya ese diálogo constante en que un escritor reconoce a quienes lo anteceden como si la lectura fuera esa conversación necesaria, adyacente para llegar a expresarse, después, en ese después que los convierte en cercanía.

Pero también el escritor nos persuade con sus diversos temas, la música el paisaje, la mística, la reflexión, y es, sobre todo, cuando nos sorprende con su definición de poesía, lo cual admite un efecto inesperado, que va a exteriorizar su autenticidad, la que nos interesa. Ya que a través de estos textos que se van dejando reluce una frase que indicará la oclusión o el verdadero ritmo de un poeta que a veces duda o a veces va de frente con la palabra para que su escritura exprese lo que él determina, pero que muchas veces entre líneas queda como he dihco alguna frase, en este caso un verso, que recupera y retrotrae a su definición de poesía.

¿Cómo no intentar buscarla en ese palimpsesto donde quien escribe imprime y describe su circunstancia?

 

LA POESÍA

La poesía se muestra

Dibujada

En el grito

Porque hay cosas que no pueden decirse.

 

¿Qué es lo que no puede decirse? ¿Cuál es el silencio o el cilicio del escritor? ¿Por qué razón no nos dice lo impronunciable y asume una renuncia?, pero a medida que leemos su libro nos damos cuenta que sí lo dirá, que a veces duda pero que esa respuesta la encontraremos en otro poema casi semi escondida a la luz de las páginas.

 

EL SOL DE LOS MUERTOS

Si lo dice

La poesía te enseña la pureza

Pantera entre barrotes

Sabes que afuera está lo extenso.

Un sol y sus pájaros.

Un cielo y sus pájaros.

LA CONVERSIÓN

Manchas sobre el muro

La hiedra poema que asciende

El agua

EL DECIR POETIZANTE

Guarda tu cálamo

Y tus palabras

Derrama tu tintero

Guarda la santa imagen de la poesía

Busca la voz habla en el poema.

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LA HOJA Y LA LLAMA

Escritura que crepita

Ceniza que arde

Flamea el poema

Poco a poco el poeta se responde, va hallando su verdad a medida que la escritura inicia su marcha. De esa manera aclara, pero no calla, define, y al definir encuentra nuevas respuestas. Esas respuestas se van sucediendo debido a la intención y al rigor con que refleja una intensa sacudida, eso sí obstinada, perturbadora, férrea, intuitiva e iluminada que persevera con decisión para instaurar y corregir un rumbo dado por el poema que antecede estableciendo esa relación a veces cautelosa pero certera de darle un sentido de verdad a su poesía diáfana, transparente que corre como cuando irrumpe el agua clara.

Por ese motivo sus poemas no dejan de inquietarnos. Poesía, visión y destino, palabras pulidas por las horas, sosiego y reato, caminos y recovecos para llegar a dar una perspectiva justa del poema, y del poeta luchando contra las sombras que se atraviesan y retan, pero encontrando en ella no solo sus soledades sino sus iluminaciones. Así la poesía de Tarsicio Valencia.