viernes, 3 de enero de 2020

El Muñeco Colombiano (José Daniel Duarte Peña) / Víctor Bustamante


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El Muñeco Colombiano (José Daniel Duarte Peña)

Víctor Bustamante

Hay dos conocidos relatos de Kafka, “El artista del hambre” y “El artista del trapecio”, donde refiere la vida dura de aquellas personas que deciden consagrarse al arte como forma y norma de vida. Por supuesto que, en este caso, la vida de estas personas no dejan de asomarse al abismo de la desesperanza ya que se corre el riesgo de no triunfar sino de mantenerse a flote por la pasión y por el deseo de permanecer fiel a ese arte que cada uno ha logrado perfeccionar debido a su persistencia, es decir a la enajenación, ya que un artista se aparta de la reglas y de la normalidad de lo cotidiano por dedicarse a su arte, es decir a la representación de sí mismo. Algo es cierto el abismo atisba desde todo punto de vista a aquellos artistas que persigue el triunfo y no lo logran, pero han olvidado que su camino está lleno de momentos inverosímiles.

Este es el caso de José Daniel Duarte Peña. Lo encontré un domingo en pleno centro del Parque de Bolívar donde trataba de entretener a las personas qué, sentadas en las gradas, lo observaban bailar, lo escuchaban cantar parodias de canciones de Piero, siempre con humor a flor de piel, también sus chistes y chascarrillos, además del elogio de la cotidianidad como algo que es decisorio romper ante su seriedad, así las eventualidades de la vida le traigan cada día la necesidad de actuar para conseguir algo de dinero.

En realidad su maquillaje lo hace asemejar a un muñeco debido a que queda sin movimiento facial, se parece a Ken el amigo de Barbie y además sabe moverse a ritmo mecánico al ritmo de la música. A veces uno cree que posee los pasos de Michael Jackson, otras veces parece que imitara los movimientos de una marioneta que al despertar quiere asemejarse su movimiento al humano sin lograrlo.

Duarte no está teorizando sobre la condición del artista, sobre las diversas maneras de abordar una obra de arte, sobre el público y sus circunstancias y aceptación. No, él se ha hecho así mismo porque por su sangre fluye el torrente de representarse, de ser artista a su manera.

Para su presentación, Duarte, ya convertido en Ken, pierde su expresividad y quiere ser un muñeco de caucho, y es en esta inexpresividad de su rostro donde conmueve al público. Un público callejero que no ha salido a ver ningún espectáculo sino a caminar y vivir las calles, y de repente en el parque se ha encontrado con él, en ese momento fortuito entre el que actuar y quien se dispone a abrevar un momento de su tiempo para mirarlo y entretener. De ahí que él no posea un escenario especifico, detenido en una sede de teatro fija sino que la calle, los parques le sirven de escenario disponible para instalar su equipo de sonido y disponerse a saludar a sus espectadores, todos habituales de la calle, encontrados al azar.

Tal vez el público que lo acompaña le tenga cariño, ya que todos tuvimos alguna vez la compañía de algunos muñecos, que fueron quedando en casa luego de que la adolescencia borrara la niñez atiborrada de muñequitos de las más disímil catadura como una creación cercana a lo que sea una persona que nos ha acompañado en diversas formas. Eso sí Duarte encarna la realidad de un nuevo tipo de muñeco impuesto por la creadora de la Barbie, que en 1961 lanza al mercado a Ken Carson para que la Barbie no esté sola en el mundo de las niñas. Pero Duarte, ya convertido en el Muñeco colombiano, es un juguete que se mueve, es un humano convertido en muñeco un caso de involución.  En su esencia es un artista sin los flashes de la tele y los andamios personales que lo encumbren. Él, siente su arte, y lejos de los medios, se hace a sí mismo y nos representa.

El público que lo acompaña siempre anónimo llega sin invitación y sin publicidad, pero al actor no le molesta; él sabe que va tras sus quimeras y en nada lo diferencian de los actores llamados consagrados y los actores callejeros, ya que en la calle es espontáneo, seguro y, además, una suerte de vagabundo que va de ciudad en ciudad.

También en escena lo acompaña el Hombre Noticias que, vestido de periódicos, baile música electrónica y le dan el realce a esos artistas callejeros, a los cuales el rebusque no los anonada; la incertidumbre es su norma de vida.







GRACIAS... / Álvaro Restrepo Gaviria



Beksinski

GRACIAS...
Álvaro Restrepo Gaviria
A la doble espiral de la existencia
Que nos encontró y nos separó
Como las gotas que penden en las hojas
De un mismo árbol y luego toman caminos diversos
Con la confianza de encontrarse
Tarde o temprano
En un charco, en un lago o una tormenta
Gracias…
Por las calles transitadas
En medio de cantos y banderas con los colores
Con que se visten las dignas acciones
En defensa de la Vida, de todas las vidas.
Gracias…
Por las contradicciones y las diferencias
Que nos permiten avanzar
En el arduo camino de reconocernos
Incompletos, imperfectos
Alegre y simplemente… Humanos.



                             (31 de diciembre de 2019)

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Porfirio Barba Jacob- Babel


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LA MÚSICA Y LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN ECONÓMICOS / Darío Ruiz Gómez


Beksisnki

LA MÚSICA Y LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN ECONÓMICOS
Darío Ruiz Gómez

Cuando  me enteré de que había una disputa ntre Petro y Robledo, me imaginé que por fin  Robledo,  antiguo militante del Movimiento Obrero Revolucionario(MOIR), se  había enfrentado al populismo de Petro y luego  intervendrían  en la discusión  Jaime Caycedo  y Timochenco militantes de la más caduca línea del estalinismo soviético de manera que la Izquierda habría salido a enfrentar su verdadero problema, el de su identidad política  y con ese acto de sinceridad la vida colombiana habría ganado mucho con la salida política del clóset de quienes aún se mueven bajo ese  gaseoso calificativo de  “oposición”.  La irrupción sorpresiva de Enrique Santiago  ahora que se lo ve  en las fotos oficiales  de PODEMOS al lado de Pablo Iglesias supondría el golpe final a estas diferencias ideológicas largamente  disimuladas  por motivos electoreros. ¿Cuál será la música de esta izquierda que se niega a la industrialización del campo, que prefiere las reservas agrícolas, que,  nunca participó en un baile popular? Porque   resulta que  la disputa entre Petro y Robledo  se limitaba a un problema de gustos musicales sobre el vallenato y que  Petro remató con una frase-cliché que creí que ya estaba enterrada: ”La cultura está determinada en última instancia por las formas productivas de la sociedad” Lo cual me retrotrajo a las épocas de enconadas y fieros  enfrentamientos ideológicos  de la izquierda  en las aulas universitarias.  En todo caso esta infantiloide  versión del marxismo de militantes   que nunca tuvieron la paciencia de leerse las miles de  páginas  que el autor de “El Capital” escribió;  sólo por el hecho de autodeclararse  marxistas,  se sintieron autorizados  a pontificar   de arte y literatura, de economía y de música: “Esta exposición de pintura es muy mala porque no pone de presente la lucha de clases”   ”Estos poemas desconocen la lucha objetiva de la clase obrera y se mantienen en el subjetivismo burgués”  Memeces que los  duros Comisarios  en pié de lucha  esgrimían para condenar  al arte que se saliera de sus  pautas “revolucionarias”. “Todo arte que se llame político hoy es estalinista” ha dicho José Luis Pardo y es verdad sin aclarar que este arte que nace de consignas políticas y no de experiencias necesariamente personales -¿De dónde más podría venir el arte? - es inevitablemente un adefesio tal como lo demostraron en la historia reciente esos pintores, esos poetas  ilustradores  de consignas  y tal como lo vemos hoy en las trifulcas del “Paro” donde esa poesía, esa pintura y esa  música “ social” son el fiel reflejo  de una farsa  carente de lo importante:  un logro estético que dote de contenido formal a esta supuesta indignación, a esta supuesta furia contra la “opresión” neocapitalista. ¿Se imaginan ustedes a Alejo Durán, a Juancho Polo,  componiendo sus bellísimas canciones de amor, de ausencia bajo las normativas del Foro de Yenán el mayor desafuero que ha existido contra el arte y la tarea del creador? La Sonora Matancera y sus cantantes fueron prohibidos por Castro  y su remplazó fue “la nueva música del pueblo”, ese dolor de estómago que se llama “La nueva trova cubana” Luego llegó la cultura del identatarismo  y ahí fue Troya ya que han puesto  a los  estudiantes  a disfrazarse   no de chalchaleros  sino  de indios, a renegar de los instrumentos de música “burgueses” y recuperar el pífano, la quena, las diademas de plumas, los collares de achiras:  fue este regresismo el que vimos en el monumental concierto de Bogotá con el desfile de conjuntos  musicales  de falsos indios, destemplados intentos de unir el desgarro de un caricaturesco  punk con la tristeza  del yaraví  ecuatoriano,   expresión de los gomelos bogotanos, de Ninis y Millenials  manipulados  en este proceso acelerado de una izquierda cavernícola que ha  venido  a mostrarnos  lo ajena que ha sido a  la complejidad  de las culturas étnicas o campesinas, afrodescendientes,  a las culturas  populares de las ciudades, poniendo en claro  con este divorcio  el hecho de que jamás se untó de pueblo  y ahora  para las  verdaderas  formas musicales urbanas donde se manifiesta  el desgarro existencial  de desplazados, olvidados, segregados,  estas  imposiciones  caricaturescas  de un discurso  político  muerto, no cuentan  para nada.      

viernes, 27 de diciembre de 2019

El Mono Rivillas, un bandolero muy reconocido /Orlando Ramírez-casas (Orcasas)





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El Mono Rivillas, un bandolero muy reconocido 

Orlando Ramírez-casas (Orcasas)

En Medellín la palabra teatro se aplica no sólo para las salas donde se hacen representaciones teatrales, sino para los cinematógrafos donde se proyectan películas sobre un telón. Frecuentemente los auditorios dotados de silletería y escenario se usaron indistintamente para uno u otro fin.
Tengo la idea”, me dijo Víctor Bustamante, “de hacer algo sobre los viejos teatros de Medellín: el Circo España, el Teatro Bolívar, el Teatro Junín”. Conozco el estilo de Bustamante de registrar con su cámara las fachadas y entrevistar a testigos de los acontecimientos, por lo que le dejé ver mi escepticismo porque las fachadas de esos lugares ya no existen y de los testigos debe quedar muy poco, si hablamos por ejemplo del Circo España. No caí en la cuenta en ese momento de que tenía a dos testigos detrás de la oreja, como se dice.
Contraviniendo las técnicas de la entrevista, empezaré por transgredirlas hablando de mí vida.

Nací en octubre de 1945. Cuando se casó con Delio Ramírez, mi padre, mi madre Elena Casas era una joven de 19 años que vivía con su madre Valentina Restrepo y con su hermana Gabriela. Huérfana de padre, era Elena la menor de la familia, y mi abuela y mi tía los convencieron de que se quedaran a vivir con ellas. Nueve meses después nací yo.
Gabriela, nacida en 1918, trabajaba como obrera en la fábrica de textiles Coltejer donde Jesús Amador “El Mono” Rivillas Muñoz, de su misma edad, era mecánico de telares. Se hicieron novios, y en 1950 se casaron. Llevan 66 años de casados y este año están cumpliendo 98 años de vida. Según parece, van a llegar a los 100.
El Mono Rivillas es músico. Todavía se reúne con amigos para tocar la lira o bandola él, acompañado de un tiple y una guitarra. Por los días de mi niñez él pertenecía a la Estudiantina de Coltejer, y hacían presentaciones en veladas o audiciones que el Sindicato de Trabajadores celebraba en un salón contiguo al Comisariato o almacén del barrio Buenos Aires donde la fábrica propiciaba la venta de mercado a bajo precio para sus trabajadores, y donde la Cooperativa y el Sindicato programaban eventos para mejorar su calidad de vida. En ese salón se presentó mi primer contacto con el teatro, cuando me llevaban a las presentaciones de sainetes en que actuaban algunos de los trabajadores. Hablo de los comienzos de la década de los años cincuenta.
Puedo decir que mi contacto con la música ocurrió nueve meses antes de nacer, por la circunstancia de que la nueva pareja compuesta por mis padres dormía en la primera alcoba de la casa, y mi abuela y mi tía dormían en la segunda. Cuando se sentían guitarras templar en la acera de la entrada, y toses, y cuchicheos, el incipiente feto que yo era ya sabía que venía una serenata. Era un hecho de común ocurrencia en casa. El Mono Rivillas tenía una canción preferida que era como el himno de la pareja de novios. Las serenatas siempre empezaban con “Brisas del Pamplonita”, el bambuco con el que el palmisalazareño Elías Mauricio Soto rendía homenaje a su río del departamento de Norte de Santander, con la letra de Roberto Irwin: “Ay, ay, ay. Si las ondas del río /remediaran las penas del corazón; /te contarían, luz de mi vida, /los amargos pesares de mi pasión…”. Escuchémoslo en la versión del ensamble vocal A Tempo, del Quindío:


Aunque me gusta la música y tengo lo que llaman apreciación musical, no soy músico intérprete ni tengo buena voz para cantar. Dice mi tía Gabriela que la primera canción que me oyó cantar cuando apenas empezaba a balbucear fue “Ay, ay, ay, quío. Ay, ay, ay, quío”. No hay que hacer un esfuerzo de la imaginación para saber lo que ese balbuceo representa. A la influencia del Mono Rivillas debo, pues, mi amor por la música de cuerdas.
Años después, cuando ya estaban casados y yo era un niño que hacía la primera comunión, el Mono Rivillas me llevó a presenciar la primera zarzuela en el Teatro Junín. Fue la zarzuela Los Gavilanes, del maestro Jacinto Guerrero. También me llevó a ver a Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba. Desde entonces me viene el amor por la zarzuela. ¿Cómo olvidar los pesebres que para navidad fabricaba y armaba El Mono Rivillas, y cómo olvidar los ensayos y presentaciones de las tandas de villancicos con sus compañeros de estudiantina durante mis años de niñez y adolescencia?
Los dos entrevistados vienen a ser entonces no sólo dos testigos de los teatros de Medellín de mediados de siglo y anteriores, sino dos personas muy de mis afectos que a sus casi cien años siguen viendo a este hombre de setenta y uno como si fuera el niño que acompañó sus amores midiseculares. ¡Ah, me olvidaba! Fue también el Mono Rivillas el que compró la revista de Selecciones del Readers Digest en español desde su primer número en diciembre de 1940, y quien aprendió a encuadernar para empastarla en tomos cada seis meses con el lomo marcado cronológicamente. Tan pronto aprendí a leer, en sus páginas viví paso a paso los entretelones de la segunda guerra mundial desde el punto de vista de los Aliados. Y después compró el Mono Rivillas la colección, uno a uno, de los libros de algo así como la Biblioteca Básica Salvat de Autores Colombianos que patrocinaba el Ministerio de Cultura de la época. Cada mes esperaba con ansiedad la publicación del nuevo libro y creo que aunque el Mono los disfrutaba, más disfrutaba de ver mi propio disfrute. Tal vez fuera consciente de que estaba moldeando la cultura de un nuevo ser. La lectura es, por lo tanto, otra de las cosas de mi vida que tienen mucho que agradecer al Mono Rivillas.
Tal vez se hiciera demasiado largo transcribir la entrevista que le hicimos, y que ustedes podrán ver en el video donde el Mono Rivillas y mi tía Gabriela rememoran sus recuerdos de lo que fueron el Circo España, el Teatro Bolívar, y el Teatro Junín. De cómo se lamenta el Mono de que su hermano Rafael no esté ya vivo “porque él sí que se acordaría de muchas cosas y tendría mucho que contar”. De cuando me llevó al Teatro Junín a ver la película “El último cuplé”, con Sarita Montiel, que fue patrocinada por Coltejer con un bien editado cancionero con las letras de las interpretaciones en esa película. De cuando estuvo viendo vitrinas al lado de una dama entrada en años que resultó ser ¡Libertad Lamarque! De cuando fue al Teatro Granada a ver una película protagonizada por Pedro Vargas, con programa de variedades en el intermedio que incluía al propio cantante interpretando alguno de sus temas, y para la segunda parte de la película el cantante descendió del escenario y se sentó a su lado para verla “porque trabajé en ella, pero no la he visto”. Para lo que ha vivido en estos casi cien años, son muchas las cosas que el Mono Rivillas guarda en el corazón y en la cabeza, a pesar de las limitaciones de tratar de recordar “aquella compañía antioqueña de óperas, zarzuelas, y operetas que dirigía un italiano que no me he podido acordar del nombre, pero no era ni Mascheroni ni Matza sino otro. Es que ya la memoria no me ayuda”.

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LA DESTRUCCIÓN DE LA EJEMPLARIDAD / Darío Ruiz Gómez


LA DESTRUCCIÓN DE LA EJEMPLARIDAD
Darío Ruiz Gómez
La construcción de una vida en común basada en el pluralismo  debió ser la  tarea  inmediata que  las FARC  debió  empezar  una vez iniciado el Postconflicto, igualmente  la tarea  a cumplir  por la llamada clase política , considerando a ésta  como  representativa de la pluralidad de etnias, de regiones y de subregiones  que componen el país real, tal como históricamente  lo hizo la llamada renovación  en marcha del año 39  incorporando  las culturas regionales, al derecho a la educación pública y al nacimiento de unas formas democráticas necesarias basadas  en la noción de libertad  con el fin de combatir  los caciquismos, la lacra del contratismo;  pero  en lugar  de esta descentralización   lo que se ha dado a cambio es el regreso a  un nuevo  centralismo – tanto en las actividades de la Cámara y el Congreso-  del “país nacional bogotano” como lo llamó Gaitán al cual  nunca llegan las voces y exigencias de las regiones, ni se plantea  precisamente aquello que concierne  a las problemáticas  específicas  del postconflicto, recuérdese  el divorcio total entre los satisfechos excomandantes  y sus fabulosos sueldos de congresistas con los exguerrilleros abandonados  a su suerte.  La llamada violencia revolucionaria,  parodia de modernidad política, constituye el ejemplo más terrible de lo que puede significar  la depravación de una falsa utopía  pero  es más escandalosa  la amnesia que sobre algo que nunca  puede repetirse se ha apoderado  de una sociedad dominada por la frivolidad informativa y por el imbecilismo   de quiénes  al negarse a asumir  las responsabilidades que conlleva  la vida en común de una sociedad libre – ¿En qué momento ha dejado de conspirar Iván Cepeda?-  han permitido que  la vida nacional permanezca bajo una continua zozobra. Para salir de una sin salida moral   una sociedad que aspira a la madurez  debe  re-capacitar   sobre los  errores cometidos, sobre los estragos causados por la corrupción  de las costumbres políticas ,  para ello  se hace  necesario  recuperar  lo que Javier Gomá llama ejemplaridad  en la vida pública pues  “no puede haber integración social sin una concepción del bien común,  un conjunto de verdades” ,  premisa moral de la  ejemplaridad  que  quienes pretenden  hablar  a nombre de la paz  y la reconciliación deben radicalmente respetar.   Ejemplaridad para vencer la vulgaridad  y la marrulla de quienes   continúan  utilizando la política  pregonando la paz  sin dejar de alentar  soterradamente  sus propios  objetivos. Es  condenable moralmente   entonces  la tarea que  bajo  una abierta   conspiración  iniciaron  el PCC, y la “Oposición”  - donde se camuflan  extremistas de todas las pelambres -  y el santismo  apoyados  en  las falsedades  manipuladas por  los grandes medios de comunicación bogotanos   a través de fake news  en  una verdadera conjura para desestabilizar  el gobierno Duque,  mientras  reinsertados, habitantes de las remotas regiones, mineros, campesinos, empresarios, la gran clase media  – el 90% del país-  se han quedado esperando lo más importante de ellos: un gran pacto social que permita la reconciliación y  le dé  a la clase política la oportunidad de  recuperar  su desprestigiada imagen. Políticamente el concepto de  Paro Nacional para derribar un gobierno  supone  estrictamente en la estrategia  revolucionaria  la adhesión  inmediata  de las distintas fuerzas laborales, trabajadores, campesinos, asociaciones   femeninas, profesionales, pensionados,  para  paralizar , mediante el Terror, la  vida de un país  e iniciar  la toma revolucionaria del poder. ¿Puede llamarse  un Paro Nacional el desfile de estudiantes que no saben explicar porqué protestan, el de indígenas traídos de su Reservas por demagogos, el de sindicalistas sin crédito político alguno? El desastre en las pruebas Pisa de conocimiento pone de presente el grave daño a la educación pública  causado por FECODE. Alguien tiene  entonces  que explicar la aparición de un grupo terrorista como el “Jaime Báteman  Cayón” y si éste nuevo terrorismo es parte  del proyecto populista  bolivariano  cuyas cabezas visibles  son Iván Cepeda y el inefable Petro.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

2 Encuentro Narrativas de Barrio / IV Versión del Festival de Cine Comuna 6


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2 Encuentro Narrativas de Barrio / 
IV Versión del Festival de Cine Comuna 6

Víctor Bustamante

Aquí en plena noche del 20 de diciembre, en las estribaciones del Picacho, por fin encontramos el punto de llegada, luego de dar vueltas y vueltas alrededor del cerro, algo inusitado para el taxista locuaz, pero amable, que no encontraba la dirección, y además con el mareo de Luisa y de Andrea, que no sabían adonde nos dirigíamos, y eso que ese par de chicas eran las guías, pero nada que en el celular Andrea obtenía las coordenadas, a pesar del punto rojo que indicaba en su GPS el destino que ahora era un desatino. Es más el taxista, Richard, señaló no como una conjetura sino como con ganas de deshacerse de nosotros que el evento era ahí en los billares. ¿En un billar?, no podía ser, exclamó alguien, creo que era mi doble. Pero dimos más vueltas, con el chófer apenado, (No hay algo más terrible para un taxista que no dar con una dirección), hasta que Luisa, muy segura, vio al poeta Daniel Segura precisamente ahí en los Billares La última escala, que podría ser la primera escala del libro del profeta.

Al fondo veo, vemos, las luces de Medellín, y es que hay una novena de Navidad y sigo mirado muchas luces, y abajo, allá enfrente las cuadriculas de las calles iluminadas de los otros barrios altos de la Ciudad, de Medellín. Calles en toda la extensión de su cuadrivio a lado y lado de las montañas donde parece que se reflejaran a la distancia, y que perfilaron una ciudad, donde se olvidó la vida cotidiana de personas que también buscaron el cine y la poesía, la fotografía y la memoria para no dejar que la existencia de sus barrios, en este caso del Picacho, pasara desapercibida y mostrara otra faz cercana y amable, además llena de cine, de poesía y de vida.

Aquí en los billares, lugar desusado pero ya dispuesto para un evento de cine y de poesía donde un puñado de creadores liderados por Daniel Segura y Daniela Aguirre, Johnny Gallego, Jahn Penagos, William Quintero, Harrison Otálvaro, Daniel Ortiz le otorgan un matiz de reclamo con sus poemas, su acedia y mordacidad que indagan sobre vidas destrozadas, momentos impensables en la Medellín que cada generación marca como del futuro y ante ese futuro no llega, de ahí la reciedumbre de su poesía y de sus canciones.

En cuanto a lo de los cortometrajes, hay uno de factura ecuatoriana donde se ve la vida amorosa de las parejas de ancianos, de origen indígena, al ella hacerla la trenza a su pareja y además el signo y símbolo entre las comunidades ya en peligro de ser absorbidas por la vida cotidiana de las ciudades en otro cortometraje venezolano el de más elaboración de la muestra, trata sobre la vida de un hombre de calle, narrada con tanta frescura, lejos del carácter de pornomiseria que tanto gusta a los europeos. No, aquí el hombre es buscado en su sensibilidad y en sus orígenes que llevan al espectador a su origen europeo y su huida del nacionalsocialismo, hasta llegar a las calles de un país desconocido que no lo acogió.

Hace tantos años caminé, caminamos por el puente colgante de Robledo, pasando por todas estas casas fincas en terrenos yermos, ya casi abandonadas, donde me preguntaba qué ha pasado aquí en esa diáspora, constante de los medellinenses que desbocados abandonan sus fincas, sus barrios. Una de esas fincas pertenecía a Mariano Opina Pérez. Luego en una noche de farra en los 70 subimos con uno de los Tres tristes tigres, Juan Manuel, en un taxi destartalado en plena noche de verano para buscar un amigo suyo, salsómano él en tiempos de Fruko y sus Tesos, cerca al Picacho y a la farra. El lugar en la noche era por una calle destapada hasta llegar a una casita solitaria, estilo colonial, donde amanecimos con vino barato, Tres patadas, y la yerba sagrada con sus efluvios libertarios.

Pero aun recordamos a Efe Gómez que salía de su casa en la calle Córdoba con la Playa, los viernes en la noche en su caballo de color negro en los años de 1920, hasta su casita a la finca de sus hermanas en El Picacho. Le decía a su esposa que venía de solaz, pero solo él mismo estaba al corriente de que venía nada menos que a encontrarse con su amate, una campesina, Carolina Quintero, con la cual tuvieron siete hijos. Luego Efe tendría otros doce hijos con su bella esposa Inés, por esa razón sus amigos le decían que tenía una escopeta de dos cañones para sus amores paralelos.

Efe, era cierto, nunca dejaba su caballo afuera en esas noches de fiesta personal, lo encerraba en el cuarto donde dormía junto a él. También aquí en su finca de El Picacho le escribió a Abel Farina el prólogo para su libro, Páginas locas (1901). Efe Gómez plantea en su prólogo la necesidad de una poesía que exprese las voces y el sentir de los poetas de estas latitudes, y de alguna manera, sin perder la noción de las búsquedas del poeta Abel Farina para no hablar de los mismos tópicos del ser antioqueño. Eso sí con contundencia crítica a los políticos ambiciosos que arruinan el país con sus discursos denodados pero falsos que aún continúan y que los une, después de tantos años, con los poemas leídos por los poetas esta noche, donde el país, la ciudad innominada fluye hacia el abismo de la ruindad de esos políticos, con sus mismos discursos teñidos de mentira y farsa, donde solo existe la poesía para expresar este estado de cosas con su tragedia y su persistencia.

Otra vez, en Versalles, con Guillermo Villegas varias veces me invitó a Tallerarte, donde creo una suerte de cofradía alrededor del hacer escultura en barro, pero en esos aplazamientos que siempre se dan con disculpas baladíes de mi parte nunca vine por estos pagos. Ahora veo algunos videos y me admiro de esa capacidad de reconciliación de Guillermo con el arte, y con el respeto a la vida como camino; por ese motivo su espíritu aun flota no solo por el barrio Doce de Octubre, sino por estas páginas como una manera de que la vil memoria lo exalte en su finura como persona y como maestro.


Esta noche no he sido invitado a este evento: 2 Encuentro Narrativas de Barrio y al Festival de Cine Comuna 6, pero aquí estuve de testigo. Esta noche supe como florece la poesía que expresa el realismo sucio, por estas calles y barrios alejados del Centro que muchas veces se apodera del quehacer poético. Esta noche. Con las luces de fondo de la ciudad, sentí a Medellín.