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| Horts Martin |
--- --- Víctor Bustamante
--- Horst
Martin nació en 1902. Se capacitó durante siete años en la escuela de formación
de maestros en Zschopau. Trabajó entre 1923 a 1928 en escuelas de
Mittweida-Markersbach, Steinheidel y Breitenbrunn en el Erzgebirge sajón. En
1928 realizó un viaje para perfeccionar idioma en España antes de comenzar su
servicio en Chile, donde enseñó en gimnasia, música, dibujo, artesanía y danza,
hasta 1931 en la Escuela de alemán en la ciudad de Temuco. Después de su
regreso a Alemania, trabajó desde 1931 hasta 1934 en la escuela primaria de
Oelsnitz en Vogtland. En 1934, Martin volvió a inscribirse en el servicio
escolar extranjero y fue a la escuela secundaria alemana en Bogotá durante tres
años, donde enseñó gimnasia y música. En 1937 enseñó durante tres meses en la
escuela secundaria alemana en la Ciudad de México y, luego, otra vez en la
escuela primaria en Oelsnitz. A solicitud de la junta escolar de la escuela
secundaria en Bogotá, regresó a Colombia en enero de 1938 por otros cuatro años
y enseñó allí hasta que la escuela fue cerrada en 1942.
--- Horst
Martin estuvo en Medellín durante varios años donde, a lo mejor, dio clases en
el Colegio alemán. Lo cierto del caso es que entre 1935-36 caminó Medellín,
junto a otras dos personas: una mujer y un hombre, seguro de ascendencia
alemana; personas que aparecen en diversas fotografías. Me llama la atención
que Martin haya centrado su tema fotográfico en los alrededores de la ciudad.
--- Por
Niquitao, seguimos su caminada, vemos las callecitas en tierra, las casas
humildes y algunas personas que bajan de la montaña a la ciudad. Él comienza a atisbar
a Medellín. Seguro que ellos, los visitantes, van hacia el Morro de El Salvador, que se convertiría en su
mirador, obtendríamos desde allí panorámicas
de Medellín que evocan no solo por la mirada tan peculiar de Horts, sino por esa
pregunta que resurge, por qué razón el fotógrafo se dedicó a mirar los
alrededores de la ciudad, en realidad cuál era su objetivo, cuáles eran sus
motivos para mirar la ciudad como un objeto de estudio, desde la lejanía, desde
los cerros, ya que la mayoría de sus fotografías en Medellín se dirigen desde lo
alto o desde las afueras, como si a él no le interesara la ciudad en su interior.
Qué ha motivado a que Horst solo diera este tipo de rodeos. Esa es la
peculiaridad de sus fotografías, inclinarse ante el paisaje. Pero al realizarlas
completaría ese álbum fotográfico de Medellín, realizado por fotógrafos
extranjeros que dan su definición peculiar sobre la ciudad, ya que Folke Winqwist, Robert Platt, Dmitri Kessel, Sorencen
y Harris, indagaron más la ciudad en su interior, lo cual, a pesar, de los años
cada fotógrafo no solo da una visualización sobre la
ciudad, sino que nos sobrecogen debido a esa Medellín oculta durante tantos
años. De ahí que Martin al buscar los paisajes y alrededores de la ciudad sería
quien completa esa mirada con sus imágenes.
--- En
las estribaciones de las callecitas de los suburbios de Medellín, cerca al cementerio
de San Lorenzo, vemos como caminó y, además, fotografió varias casas de fachadas
coloniales con pocas personas y muchas veces en una soledad casi suprema, o con
habitantes ocasionales en las aceras.
--- Es
posible observarlo desde el Morro de El Salvador, donde incluso aparece con la
pareja referida de acompañantes, es como si disfrutara el solaz de esas
caminadas a los lugares altos de los alrededores para mirar la ciudad anclada
en el valle, serena, con su arquitectura de casas coloniales con paredes blancas
y techos bermejos. En ese instante era posible detectar desde allí, en su magnificencia,
la Estación de ferrocarril, las iglesias de La Candelaria y La Metropolitana,
el Palacio Nacional, así como el Claustro de San Ignacio; edificios que comenzaban
a romper no solo la topografía de la ciudad, sino la arquitectura uniforme heredada,
ahora resquebrajada por otros estilos que comenzaban a imponerse en esa
dialéctica que mantendría la ciudad. Desde uno de sus sitios preferidos, el Morro
de El Salvador, Martin no solo tomaba varias panorámicas, sino que se relajaba,
sentado en lo alto, para divisar el paisaje no solo con sus compañeros de viaje,
sino junto a algunas vacas que pastaban. Lo cual le da motivo para imprimir
algunas placas, así como a las escasas personas que se perciben. Es como si
Horts Martin buscara ciertos atisbos de soledades, como si quisiera reflexionar,
mirar esa ciudad allí en su transcurso lento, pero posible, donde se define a
lo lejos las líneas inmutables de esas montañas lejanas, verdes y soleadas;
paisajes que son silenciosos, paisajes caros que poco a poco desaparecerían.
Ningún fotógrafo en su momento reflejó ni mucho más tarde esos paisajes rurales
que lo cautivaron; es más, los suburbios de la ciudad misma.
--- Otra
caminada de Horst Martín fue hacia las estribaciones de Robledo donde retrató
la iglesia, así como ese accidente, la Iguaná desbordaba como tantas veces
ocurrió por estos parajes. Además, desde allí también observó la ciudad, con
esa mirada furtiva, desde otro ángulo, como si la espiara a lo lejos. Eso sí,
en estas fotografías no hay la mirada curiosa sobre campesinos, sobre cultivos,
sobre huertas o sobre personas a caballo. Si a Horst lo cautivaron los paisajes,
para el observador de ahora es detectar, como en algunos lugares, las casitas y
las calles van abriéndose paso por los suburbios; señal de la ciudad que devora
a su paso, lento y seguro, las montañas.
--- Del
interior de la ciudad solo aparecen visibles en, dos ocasiones la Candelaria, y
dos fotografías de la calle Bolivia. No sabemos cuál era su referente de esa
calle para que la prefiriera dejar para la posteridad. Y eso sí, hay una
fotografía de la calle San Félix que es única ya que recupera un pedacito del
Medellín destruido.
--- No
sé qué le ocurrió a Horst Martin para no haber profundizado más en el interior
de la ciudad, ya que, en este archivo inestimable, por supuesto, existe la
mirada acuciosa del turista con los paisajes; es más, paisajes con poca
historia. Una explicación posible podría ser que sospechaba que era espiado y
por esa razón se cuidaba de dejar sus huellas impresas en fotografías. En 1942
su nombre apareció en La lista Negra elaborada por los Estados Unidos donde se
sospechaba de su participación en diversas ceremonias nazis en el país. No olvidemos
que la cantidad de agentes dobles que llegaban por estas tierras era relevante,
es decir, poseían dos oficios, el de ser personas con inclusión social y
trabajo normal y eso sí, a las sombras, mantenían su armadura de espías bien reluciente.
--- Horst
Martin mantuvo su ideología nazi, incluso, en una foto realizada en Bogotá
aparece la bandera con la esvástica del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán
y un saludo a Hitler. El Colegio Alemán, donde enseñaba, fue clausurado por
orden del presidente Eduardo Santos tras el inicio de la Segunda Guerra
Mundial. El Comité Kilgore añadía de una manera perentoria, pero precisa que
Horst era miembro del partido nazi. Martin fue deportado a los Estados Unidos
en abril de 1942, junto a ciento cincuenta y un alemanes, tres italianos; todos
residentes en Colombia, fueron llevados a Buenaventura para ser embarcados en
el vapor Etolin hacia Estados Unidos, y serían encarcelados en el centro de
detención de la ciudad de Kenedy, Texas. El vapor navegaba desde El Callao y
traía otros ciudadanos alemanes y japoneses, que tenían su residencia
permanente en Perú, Ecuador y Colombia. Horst Martin, ya liberado, regresó a
Alemania en 1944, para asumir la dirección de la escuela primaria en Landwüst y
nuevamente en la escuela primaria de Oelsnitz. Horst Martin murió en 1962.
--- Martin Horst dejó
como legado un archivo de unas 16 mil fotografías tomadas en diversos países
latinoamericanos. Es celebrado en Pasto, en Villavicencio, en Bucaramanga, en
Bogotá; ciudades donde dio una mirada muy precisa sobre diversos aspectos de su
vida cotidiana y eso sí de los paisajes calmados; agrestes, otras veces, de sus
montañas.
Martin
utilizaba una cámara Rolleiflex, sus fotografías fueron tomadas en blanco y
negro, y se imprimieron en papel de gelatina de plata, en tamaños de 9x12 cm,
13x18 cm y 18x24 cm. En el Museo de
Etnología, sus dueños, fueron digitalizadas para consultas de investigación.

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