martes, 25 de marzo de 2025

Las azules tan lejanas de Luis Orlando Valencia / Víctor Bustamante

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Las azules tan lejanas de Luis Orlando Valencia

Víctor Bustamante

 

A decir verdad, la pandemia, esa experiencia irrepetible, sorpresiva y cubierta de todo tipo de dudas en cuanto a sus fórmulas inéditas unas improvisadas otras para solucionarla: trastabillantes, que evocan una experiencia forzada, en nosotros que solo sabíamos de un encierro de esa magnitud por la experiencia en la historia que narra momentos inesperados debido a una guerra, donde no había concesiones, pero en ese momento que vivimos hace unos años acudimos a lo que podría ser una catástrofe en su número de vidas, en la aplicación de las experiencias médicas para encontrar procedimientos de prevención y cura, así como fuera, lejos de una solución a ese apocalipsis que se presentaba ante la impotencia del encierro como fórmula de salvación y de protección.

Surgieron dudas, desconfianzas, certezas, negacionismo, cautelas, desesperanzas, teorías de la conspiración, que añadían como era un virus lanzado al aire desde aviones para dominar el mundo, otros que era para acabar con los jubilados que resultaban muy costosos, que con las vacunas perdíamos identidad y libertad y un largo etcétera.

Este lapsus con trazas de catástrofe, de encierro y de desesperanza ha sido poco reflexionado en el país, hay evasivas, puntos de vista discordantes, mentiras, exploraciones inútiles, así como tergiversaciones que son solo puntos de avanzada de los ultrajadores. Con todas esas dudas, como telón de fondo, con todas esas iniquidades en Las azules tan Lejanas de Luis Orlando Valencia (Octámbulos ediciones, 2024), explora esta experiencia. Casi nada. Donde surgen algunos recuerdos y vivencias, y donde se da un alejamiento en la finca, en Miramar, pero también una cercanía entre la familia, así como una reconciliación con la naturaleza y sobre todo en esa búsqueda del yo, desde sus diversos matices a partir de la parte de la música, de la escritura, de la pintura. Y eso sí del abandono de una carrera liberal, porque la vida sencilla y la vida contemplativa del artista arrastra a su protagonista nada menos que a buscar un alejamiento, dentro de una experiencia inédita, donde los eventos no suceden de soslayo, ni se les puede obviar, simplemente esos eventos que son la cercanía y la libertad de movimiento se hayan constreñidos.

Pero el artista se ha apartado de su cierta vida cotidiana y asume otro rol en otra vida cotidiana paralela para buscarse así mismo, para explorarse en esta suerte de monólogo a veces, o mejor, casi siempre, en esta conversación y compañía de libros y de música y de artes como plena reunión, eso sí apresado en sus recuerdos que constituyen la parte sustancial de su escritura. Ellos emanan, persisten para mantener al protagonista encerrado, apresado en sus diarios como si fuera necesario registrar estas vivencias que lo inoportunan.

De tal manera, el encierro forzado, así sea en pos de salvaguardar la vida se convierte en obstáculo para la llamada libertad personal, lo cual crea salidas, odios, aburrimientos, y sobre todo búsquedas en la paz de esos desiertos interiores como premisa para seguir con un horizonte magro, con un horizonte pleno de dudas.

En este encierro de casa por cárcel, como él repite, precisamente toda clase de evocaciones son de antemano cubiertas por el moho de la memoria, por el paralelismo, y eso sí son demasiado contemporáneas y en momentos extendiendo cercas falsas para no enseñar la catástrofe que se vive.

Esta reclusión posmoderna nada tiene que ver con el encierro de la peste en la Edad Media o con el encierro debido a la lepra, una equivocación suprema, con diversas personas en Agua de Dios, al ser la medicina incapaz de dilucidar un remedio para vacunar muchas personas o todas las personas y así, esquivar este tipo de mortandad que lleva a especular desde muchos puntos de vista y a crear incertidumbre o fanatismo religioso, como el llamado castigo divino.

En esta experiencia se adoptaron algunos temas del encierro vulgarizándolos y reteniendo sus aspectos más comunes. Las elucubraciones de todo tipo sobre el poder, así como la duda con las recomendaciones del encierro, luego obligatorias, por supuesto salto de las bodegas de menjurjes, la llamada medicina alternativa para dar sus recomendaciones contra la vacuna que aún no había salido, y eso sí con señalar que el limón, era la panacea. Mientras tanto cada uno continuaba en el encierro y lavándose las manos periódicamente con alcohol para poder salir con la mascarilla casi mortuoria, los días señalados y solo al mercado. El negacionismo, por el contrario, infectaba a los hombres y mujeres con sus soluciones primarias, así como jactándose de su superioridad ya que ellos parecían tener el acceso al secreto. Mientras tanto en su cuarto, el maestro seguía dubitativo con su monólogo, ya que él buscaba dilucidar su ser desde la perspectiva de un hombre sabio, solitario, enamorado, que persiste en la contemplación y en la pregunta de los sucesos que acaecen, precisamente en ese encierro donde se pulveriza toda clase de experiencias que nunca fueron avizoradas, inéditas desde toda perspectiva. Entonces a él, a su narrador solo le queda la posibilidad augusta de perfeccionarse, de pulir ese yo, de escribir para galopar por las estepas de sus intenciones con la sorpresa de saber que, al asilarse, encontrará otro ser, donde este tipo de experiencias entrega totalmente la soledad para elucubrar, para sortear la amenaza que se cierne sobre todos.

Así, con el encierro, con el temor al virus Z91, llegaron experiencias así de golpe, forzadas, que se convertirían en un viaje a la introspección. Lo evidencian la escritura de sus diarios, que desembocarán con el tiempo en material para sus libros, y luego transmutarse en literatura; es decir, en materia de ficción o en testimonio según como se le mire.

De tal manera el narrador se convierte en su propio guía, en medio de la calamidad, que está por llegar, en responsable de su propia situación y de sus quimeras, así huya de una manera social, y en su introspección que lo aparta del presente, precisamente para escribir de ese presente que pasa con cada línea que escriba. Así se aparte no a su torre de marfil como un santo, sino a su estudio para reflexionar ese evento, esa tragedia porque lo fue donde se indica y expresa la fragilidad del ser humano en toda su extensión, participa de esas experiencias remotas dadas en las noticias y desde las cuales instruye su propia vida en un lenguaje sencillo y diligente, como lo escribe en su novela.

En este caso cuenta más la férrea personalidad del narrador que la peste por su sobreposición a esta guerra, con su paciencia, con su fortaleza, con su singularidad; fuertes, como debe ser para desarticular el encierro que es como la muerte cuando es impuesto, así sea debido a un problema de orden público para salvaguardar la vida de seres humanos. Así, durante estos años de reclusión se imponen y demuestran la autenticidad del narrador, que no solo piensa sobre el camino de la escritura, sino que se fustiga por la situación actual de la salud social. Su desconfianza es en modo alguno comparable al común de las personas avasalladas por la opinión pública y sus comentarios de toda índole, así como la desconfianza progresiva de chismes y falsos profetas del desastre que desconfían del origen del virus y de los métodos de cura, llegando inclusos a observar cómo se trata de un caso de tal complejidad que se habla de conjura y de conspiraciones.

En ese instante en que fue escrita esta novela la ciencia se demarcaba de sus protocolos de seguridad y de experiencia para encontrar al precio que fuera un refugio, una consolación a la desmedida sospecha sobre el origen y vacuna del virus. De una parte, se definía y buscaba una salvaguarda para el género humano y de otro las multinacionales desbocadas competían por las ganancias. Y, mientras tanto, solo y receloso ante el peligro, ante esas dudas de supervivencia se avala en el narrador el don de la gentileza, la fibra bondadosa, el prestigio de su corazón, ya que cuando Elvira es contagiada, el narrador, asume la solidaridad que designa y reune en torno suyo esos años pasados, vividos juntos como la expresión más cara del ser humano, esa fraternidad que no huye ante ese inicio de la derrota ante la enfermedad contraída, sino que se hace fuerte, y actúa como una manera de fraternidad que se torna fuerte más allá ante la circunstancia de la muerte que acecha.

Esta novela, Las azules tan Lejanas, es la primera reflexión sobre el tema de la pandemia que se ha realizado en el país, ya veremos quienes cambian o seguirán esta senda, o a lo mejor hostigarán con el tema de los sicarios, de las catástrofes morales en las comunas, de las prepagos, y ese largo, y tedioso género de una ciudad, Medellín, con un solo tema hace treinta años, la mafia y sus réditos.





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