Abraxas Aguilar |
Abraxas Aguilar
Víctor
Bustamante
La
noticia del libro más grande del mundo me llamó la atención y me fui para la Biblioteca
Publica Piloto a verlo debido a la curiosidad con que su publicitó: El libro
más grande del mundo es de Medellín. ¿El libro más grande?, pensé que era por
el número de las páginas, tal vez similar al Libro de arena de Borges formado de páginas interminables, pero este
no era un libro de más de dos metros por 1,50 de ancho y 350 kilos de peso algo
imposible de llevar de un lugar a otro para leer. Cierto era, es un libro con
paginas enormes, imposible de leer, ya que debía uno casi acostarse sobre sus páginas para poder hacerlo,
aunque si estaba fijo en una pared podría ser mas fácil leerlo de la mitad para
abajo. Pero era un record Guinness, aquella medición sobre diversos logros, a
veces, extraordinarios del ser humano que van desde los más disimiles a los más
estrafalarios.
Ya
en ese tiempo la ciudad y uno de sus personajes que aún no abrazaba pero se
llamaría Abraxas sentía cierta afinidad por los records mundiales, que sería un
presagio mucho después cumplido cuando la ciudad y sus acaldes anodinos
empezaron a comprar títulos, reconocimientos para esa ciudad de la cual querían
limpiar su nombre. El último, La ciudad más innovadora del mundo, título
ridículo que por cosas del destino no aparece en los Récords Guinness.
Pero
Jorge Hernán, luego Abraxas, seguiría coleccionado títulos mundiales hasta
lograr nada menos que tres de ellos, por supuesto en esa casa que lo acoge: la
de los Récords Guinness. También había realizado
el Collage con más imágenes del mundo y con esa doble marca no creía en nadie.
Pero ya sabemos que Medellín, dicen las leyes, ya era la ciudad más innovadora,
como la ciudad del eterno maquillaje y Abraxas Aguilar no se quedaría atrás,
buscaría otro récord, el de La casa collage más grande del mundo.
La
casa queda situada en La Paz, cuyo nombre se revierte en las noches al
convertirse en lugar de fiesta y de sexo. En las esquinas es propicio ver las
vestales, travestis pobres, en plena calle desnudas y hambrientas de dinero,
por supuesto, que este Medellín no aparece en la nombradía de las guías
turísticas de esa ciudad avasallada por estos pagos, sino que Abraxas ha creado
su museo. Una casa enorme de tapias, con sus pareces cubiertas por los collages
elaborados por su propio dueño; collages de diverso calado, collages colgados
en los diversos salones aun en la cocina, aun en el wáter, aun en los pasillos
y zaguanes, la sed insaciable de Abraxas no deja lugar en su casa sin sus
collages. También hay diversos abalorios, hay muñecas, conseguidos al azar que
le sirven para tus propuestas artísticas. Eso sí en la oficina, situada en la
sala principal, la presiden los diplomas de sus logros en los Récords Guinness
que es como la marca que lo sustenta y lo acoge. Por supuesto, que en un salón
se encontraba la presea mayor, el Libro más gran del mundo, aun intacto. Acaricié
su lomo a la medida de Benjamín cuando dice: “Nadie nota en los libros ni en
las prostitutas que los minutos le son preciosos. Solo al intimar un poco más
con ellos, se advierte cuánta prisa tienen. No dejan de calcular mientras
nosotros nos adentramos en ellos”.
La
palabra, collage, está asociada a Abraxas no solo en su obra pictórica, sino en
sí mismo. El mismo, es un collage formado por su trasiego vital: actor,
abogado, político, pintor, escritor. Facetas que cultiva unas más que otras. La
que ha abandonado es la de escritor, ya poco se sabe de sus publicaciones
últimas. De ahí que al hablar del Libro más grande del mundo, este se convierta
en un símbolo, es como una suerte de homenaje a la magnificencia del libro como
portador y transmisor de ideas, de reflexiones, de la memoria, de la novela, de
la poesía; en suma, un libro es ese mensaje enviado por su escritor al mar del
tiempo donde algún curioso lector al leer lo revive, pero este libro es
imposible de leer. Debido a su tamaño, eso sí expresa un síntoma sobre la
lectura en el año 1997 en que fue creado, y donde no se avizoraba lo que los
amantes de la teología tecnológica presagiaban: la muerte del libro como tal,
como Gutenberg lo ideó. Este libro es digno de habitar uno de los lugares descritos
por Gulliver en uno de sus viajes, Brobdingnag. Pero Abraxas, es más conocido
por haberse convertido en transgénero orgulloso/a de su implante que llama los focos
de atención a su cambio de sexo y no a su inteligencia, y a sus inquietudes artistas.
Pero
así Abraxas haya ideado el Libro más grande del mundo con sucesivos recortes de
revistas a manera de collage, también es cierto, que ha escrito un libro en
dieciseisavo, Abraxas, (Figea, s.,
f.) donde en tono mesiánico y paradójico refiere la muerte de la novela,
critica al establecimiento por su mediocridad en todo tipo de políticas, Pero
con cierta cordura refiere su reflexión a la soledad a su devenir, a la
justicia, nunca a la compasión, si al consumismo desaforado como el cielo más
banal de las personas. Se encuentra en una montaña, a la manera de Schopenhauer
buscando la soledad en estos parajes, que parece la más alta del mundo, con el
judío errante y hablan de la diversidad de temas, aunque existe algo inusual,
uno piensa que el judío errante anda sin equipaje de lugar en lugar por los solitarios
caminos y no se detiene ni a pesar porque está condenado a vagar hasta la eternidad
o sea que sus pensamientos y sus reflexiones son tan pasajeras como el mismo
caminante.
En
este texto aún está intacta toda la concepción, la crítica y el devenir
intelectual de Abraxas; es una suerte de manifiesto donde su autor se declara en
contra de todo conformismo, alude a las profecías, al apocalipsis, a la ecología
desde un punto de vista donde muchas cosas han cambiado pero que ante el poder
de la tecnología y la moda y, aún más el consumismo, el hombre se convierte en marioneta.
De ahí que este texto nos presente a su autor como una necesidad de realizar un reclamo para
no perder la individualidad ni el acto creador.
Por esa razón al negar la novela, es decir los relatos de los contemporáneos asume esa voz
cercana al moralista como San Juan, como Nietzsche con lo de los profetas y
cierta cercanía con la filosofía hindú en un intento de cambiar, de criticar,
de redefinir el mundo. Con este libro Abraxas Aguilar ha dado y señalado su presencia,
pero no desde la montaña más alta del mundo sino desde las mismas calles de Medellín
y de sus lampadarios crónicos, también ha matado la novela en un acto de
romanticismo coloquial.
Eso sí pedura un trasfondo religioso no solo evidente en algunos giros como la redención
por la sangre, sino cuando el profeta menor, Cohelet, habla a través del Eclesiastés, aquel libro lleno de sabiduría,
y con el cual coincide en algunos caos este libro de Abraxas que aconseja como afrontar
la existencia a pesar del determinismo de la muerte, ya que lo considerado progreso
con todas futilidades solo conducen a un camino. De ahí que los placeres, las
vanidades solo constituyen artificios, maneras de opacar el paso del tiempo
como parte de una misma frustración donde solo espera la vacuidad es decir la muerte
como pinto final a lo realizado en la vida y que no vale la pena su discurrir.
El
libro de Abraxas Aguilar, a pesar de ese lastre que es la preocupación por el
paso del tiempo, se constituye en una transición de lo que vendrá después, cuando
el nadaísmo claudicó en sus pretensiones visibles, a veces, anacrónicas y
patibularias visibles en el Terrible 13 Manifiesto Nadaísta.
Ya ha pasado mucho tiempo
desde cuando un amigo en común, Carlos Alberto en Versalles va sorprendido a contarme
en mi mesa de como al agacharse Jorge Hernán le ha visto tus tetas de
principiante. Por supuesto que Jorge Hernán, abogado de UNAULA, y profesor prestigio que aún
no era Abraxas, oficiaba su cambio al ir de tacones y de falda a situarse en ese
lugar, punto de encuentro, pero también a establecer sus principios y su nombradía.
El libro, Abraxas, está ilustrado con grabados de Mágnum Astron, Hernán Vélez
Velásquez, escritor, ingeniero electrónico, físico, inventor y líder espiritual;
fundador de la Organización internacional Mundo Unido, “Tutmonda Frateco Unuiĝinta Mondo” . Estas
ilustraciones son una suerte de mándalas que acompañan estos reclamos, estos diagnósticos, estas diatribas, estas reclamaciones.
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