lunes, 17 de junio de 2019

LA NUEVA GUERRA DE RELATOS / Darío Ruiz Gómez


LA NUEVA GUERRA DE RELATOS
Darío Ruiz Gómez
La lié al decir que la información del New York Times sobre “ falsos positivos” encubiertos en una orden dada   a las tropas pidiendo resultados  era el  fake news de un periodista norteamericano.  ¿Son los  actuales   o son los viejos los documentos publicados  por “El País”?  Estar trayendo  de nuevo al presente unos hechos  que ya sucedieron  y sus protagonistas  fueron ya condenados,  constituye  una estrategia de manipulación  a la cual se recurre en la guerra de desinformación. Pero la lió también Felipe López  al negarse a publicar  las denuncias   de su  columnista estrella Daniel  Coronel,  convertido  en un espía inglés dedicado a hurgar en papeles secretos del Estado para “prevenir” lo que “entre  líneas” puede insinuar malévolamente  algún comunicado del Ejército. ¿Quiénes están más interesados en  desacreditar de nuevo al Ejército colombiano? ¿No fueron ya condenados los militares acusados por Montealegre por los verdaderos falsos positivos?  Instrumentalizar  el lenguaje es degradarlo. Hasta hace un año la información periodística sobre la deforestación de nuestras selvas señalaba como responsables  a los narcotraficantes  y a las FARC quienes prácticamente con la minería ilegal destruyeron los grandes ríos y selvas  del Chocó y los Llanos Orientales, de Nariño.  ¿En qué momento y a causa de qué  acuerdo esta información  borró en los medios de comunicación  la responsabilidad de las FARC  en el aumento descomunal de los sembrados de coca? La guerra de relatos que las FARC  ha  proseguido,  semeja bastante a la que en el país vasco  lanzó   ETA para borrar de la memoria de las gentes sus atrocidades. Un cierto periodismo que se limita paranoicamente a hacer únicamente denuncias sensacionalistas buscando el escándalo y no la reflexión que debe caracterizar al verdadero periodismo  no puede ser convertido de la noche a la mañana en ejemplo moral de libertad e independencia intelectual.  Desde  la posesión del Presidente Duque  se ha desatado una  desaforada  campaña de  desprestigio de su nombre acompañada de eso que Lenin denominó el proceso de protestas  escalonadas  hacia la  Huelga General. No habían transcurrido dos meses de su gobierno cuando empezaron a aparecer los “Duque asesino” en las paredes de las universidades, cuando comenzó la campaña de descrédito mostrándolo  como un inepto, como un incapaz de la tarea de reconciliación nacional  y  se desatara la violencia en las calles haciéndose  claro  que el propósito de este grupo de  oposición no era la de construir un espacio para la convivencia  sino que su objetivo es desestabilizar el país, conspirando  contra las instituciones. ¿De dónde está saliendo tanto dinero para ello? 

Y la lié cuando dije que Uribe,  creado por los relatos  de las FARC como el único  “gran asesino”,  capaz  para estas mentes infantiloides  de la hazaña  marveliana  de conspirar  contra Maduro incitando las huelgas estudiantiles,  y simultáneamente como el dios de la maldad, “dirigiendo personalmente” matanzas aquí  y allá mientras  silencian  sus propias  responsabilidades , los crímenes de Pablito, de las llamadas disidencias;  estrategia de guerra  informativa que continúan  utilizando para colocar  a sus contradictores  ideológicos  como  enemigos,  eludiendo  el debate  necesario  pues como en tono airado me dijo un connotado novelista al rechazar mi presencia: “Con un uribista no se puede hablar”. ¿De dónde salí yo uribista? “La memoria del pasado, ha dicho Todorov, será estéril si no nos sirve para conocer las causas del mal” Pero ese terrorífico pasado no podrá ser borrado ni comprando conciencias ni  recurriendo a idiotas útiles, ni creando  enemigos fantasmas.   

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