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Folke Winqwist. |
Fotografías
de Medellín,1927 y 1960, Folke Winqwist.
Víctor Bustamante
Folke Winqwist nació en Escania
(Suecia), estudió ingeniería en el Instituto Federal de Tecnología de Zúrich
(Suiza) y trabajó en Estonia antes de embarcarse en 1927 para su aventura
colombiana a los 25 años, donde vivió durante cuatro meses. Llama la atención
que sea considerada su visita al país como una aventura,
acaso por el poco tiempo, acaso por las fotografías poderosas que han quedado
como la huella de su paso por el país. Pero también es cierto que su rastro
desapareció del radar de quienes hemos buscado algunos rasgos sobre él cómo, dónde
vivió en la ciudad, si existe un diario de viajes escrito por él en Colombia, y
una curiosidad, cuál fue la razón para visitar de nuevo a Medellín en 1960.
Sus
fotografías sobre el país pueden considerarse parte del acervo cultural, ya que
estas tienen clase, curiosidad, brillan e iluminan esos instantes de nuestra
historia cotidiana que no conocemos, por esa razón son reveladoras. También lo
de su aventura en Colombia la podríamos mirar desde un lado significativo de
Folke, ya que entre sus papeles se encuentra un libro de Blasco Ibáñez, La vuelta al mundo de un novelista, que,
a lo mejor, le sirvió de detonante para viajar, así como para practicar el
idioma español.
Folke
Winqwist realizó diversos viajes por Colombia y en Medellín, ejerció un trabajo
en la oficina de C.E. Restrepo & Cía., de la cual ha dejado dos fotografías.
Para 1927 el expresidente Carlos E. Restrepo ya era dueño absoluto de su
compañía para dedicarse a la representación de casas comerciales extranjeras,
negocios con entidades bancarias, cobro de letras, importación de productos de
papelería, maquinaria de imprenta y productos farmacéuticos. Así como a la exportación
de café a Alemania. Debido a su labor política poseía diversas conexiones e
influencias que facilitaban su desempeño comercial.
Folke
también sería profesor de Química General y Química Cuantitativa en la Escuela
Nacional de Minas. La Escuela de Minas fundada en 1887, situada en Echeverri
con El Palo, adquiría un prestigio total en la ciudad, en lo relativo a su
progreso e investigaciones. En 1927 tenía matriculados cincuenta y cinco alumnos,
su rector era José María Escovar y vicerrector Antonio J. Álvarez. El profesor
sueco seguía esa tradición iniciada por Pedro Nel Ospina al contratar
profesores extranjeros como Roberto Wokittel, Agustín Goovaerts, Calixto
Giordanengo, Juan Weber, para darle un horizonte de seriedad y de más presencia
y prestancia a la Escuela de Minas.
La
Escuela de Minas sería durante muchos años la institución primordial que tuvo
Antioquia para darle al país científicos formados en una tradición de estudio,
de consagración, de disciplina, de trabajo. Respondió y mantuvo cabalmente un
prestigio ya que para ser ingeniero en esta institución había que tener
disposiciones intelectuales, espíritu de trabajo, decisión y algo más, pues ser
egresado de la Escuela de Minas era ya un título decoroso que muchas personas
reivindicaban y envidiaban como algo superior a lo común y corriente. La Escuela
de Minas de Medellín ha sido sin lugar a dudas el mejor capítulo y uno de los
más intensos en la vida nacional, ya que de allí surgieron profesionales que
fueron orgullo de todo el país.
Hay algo relevante, Folke Winqwist, no cayó en cuenta, que su afición a la fotografía se convertiría en un legado, ya que hay material gráfico suyo de Cartagena, de Barranquilla, Las Bananeras, Bogotá, Manizales y en Pereira, y en otros pueblos antioqueños. Muchas de sus fotografías son únicas, es decir, al no ser un fotógrafo profesional, dejaba el estilo, el mejor ángulo, y así captaba las imágenes que más le llamaran la atención, sin ningún enfoque estilístico, como si supiera que quedarían como un testimonio, no solo de ese momento donde él estuvo presente, sino como una imagen que revelará algún detalle en el lugar donde fue captada. Además, su humor está presente en su parte creativa, lo cual es notorio en dos fotografías donde se hayan cuatro profesores en una manga cercana con montañas al fondo, todos muy elegantes, pero quien rompe la monotonía de la escena es Folke quien le ajusta el corbatín a su compañero de al lado, Roberto Wokittel, y en otra Folke circunstancia trata de quitarle la fusta a su mismo compañero, lo que indica que entre los dos hay cierta complicidad. Además, no sabemos quién ha fotografiado este instante, eso sí la foto fue tomada con la cámara de Folke, y pertenece a sus archivos. Hay también una fotografía que le ha llamado la atención y es sobre un tambor de cables en una calle perteneciente a una compañía sueca, Sieverts Kaberlver, para las Empresas Públicas de Medellín.
Hay
otras fotografías con una secuencia entre Isabel Restrepo Gaviria y Margarita
Rodríguez acompañadas de otra mujer y un hombre que no sabemos quiénes son, con un techo de fondo, y más allá la fachada
del Edificio Bedout que estaba situado en la carrera Carabobo (52) entre las calles
Colombia (50) y Boyacá (51). Hay otro par de placas al frente del edificio de
Carlos E. Restrepo, así como las otras tres tomadas durante una corrida de
toros en el Circo teatro España. En cuanto a la topografía de sus fotos hay
pocos o nulos datos sobre personajes y lugares, lo cual hubiera enriquecido las
fotografías, al darles la peculiaridad del lugar y de quienes aparecían ahí,
pero también debemos tener en cuenta que Folke al ser un visitante poco sabía
de las personas, al contrario de Melitón Rodríguez, que con mesura anotaba los
datos correspondientes, fechas, nombre de las personas en cada una de sus placas.
Lo
anterior para referirme a las primeras fotografías en blanco y negro sobre Medellín
que Folke tomó en el año 1927. Es notorio cierto tono de familiaridad, ya que
en la mayoría de ellas existe una persona cercana, lo cual le otorga cierta
medida de afecto para que ese lazo perdure, y nada más, solo que él sabe el
valor que le da a cada placa fotográfica. Luego, él regresó en 1960, y no dejó
su costumbre de tomar fotografías, que ya eran a color, y son más evocativas
porque aún existen rasgos de la ciudad actual ya que aún conserva cierta dosis
de sus edificios ecléticos, no hay tanto hacinamiento, aún son visibles los
diversos modelos de autos, así como de buses, ya que, en ninguna de las fotos
de 1927, en blanco y negro, aparece un auto. Estas fotos de la ciudad son lo
más cercano al Medellín que hemos vivido. Muchos de esos lugares fotografiados
por Folke fueron trivializados o desaparecieron, hay varias fotografías sobre
el Parque de Berrío que dan cuenta de una perspectiva distinta que revelan otra
mirada, la mirada de Folke Winqwist, que ahora nos
desafía, y además una calle que fotografió varias veces, la calle Bolivia. Así
como las cuatro fotografías en la calle Perú donde no solo enseña la calle hacia
el Centro, sino que se detiene en una mata de flores rojas, tulipanes, que se les
chupa la miel, para mirarlas.
El conjunto de fotografías de Folke Winqwist, en sus dos momentos de estadía en Medellín, 1927 y 1960, entregan significaciones muy específicas, como en las fotografías en blanco y negro, cuando él imprime esos diversos instantes que le son caros de la ciudad, tanto las de la Escuela de Minas con sus alumnos y los profesores, que revelan la curiosidad de conocer una ciudad remota, así como guardarla para su memoria. Porque quien hace esta labor sabe que lo que realiza es nada menos que llevar para sí esos lugares donde ha trascurrido, y a esas personas que han sido valiosas para formar parte de esa experiencia lejana, ya que las fotografías guardan como un tesoro personal que cada que se mira, abre la pléyade del transcurso del tiempo robado a la realidad.
En
1960, a su regreso, Folke Winqwist, ya posee el acervo del pasado de una ciudad
donde vivió, donde luego localizará la sorpresa de otra ciudad, ya que Medellín
ha cambiado de una manera ostensible. De ahí que sus primeras fotografías en blanco
y negro sean su primera huella y a su regreso ya no encontraría el edificio
original donde funcionaba la Escuela de Minas, ni el Circo Teatro España, ni el
Club Campestre, sino que ya cada lugar que él conoció no existirá más que en su
memoria, y ya le tocará adecuarse en esta visita a la nueva topografía de una ciudad
que bulle, no solo en el comercio, sino con edificios diferentes, y calles
diferentes. Lo cual es notorio en las diversas calles que ha fotografiado, como
Bolivia y Perú, y algunas calles aledañas a la Basílica Metropolitana.
Además,
hay un dato curioso, Folke Winqwist, ha vivido dos etapas de la fotografía una
la del blanco y negro y otra la del color, lo cual le da ese toque de haber
practicado su afición fotográfica desde dos momentos tecnológicos muy
peculiares.
Este
puñado de fotografías de Folke Winqwist revelan una
Medellín inédita, inestimable, una ciudad aun manejable, esplendorosa, serena,
casi monótona, donde perduraba una ética del trabajo, de cierta tranquilidad
citadina. Allí se expresan estos instantes de Medellín, por una persona que, a
su regreso encontró otra ciudad, y eso le ha bastado para luchar con la imagen
de sus fotografías anteriores, y las actuales de ese año de 1960, donde buscó
otros espacios, otros puntos de vista para donarnos con su afición a este arte,
las imágenes que complementan a los otros fotógrafos nuestros.
De
Folke Winqwist sabemos muy poco, que fue profesor en la Escuela de Minas, que
le gustaba viajar, y sobre todo que, a través de sus fotografías ha dejado un
acervo de imágenes que nos da una visión de la ciudad que no está medida ni
mediada por ningún interés, comercial, ni buscando imágenes deslumbrantes, sino
que ahí vemos a Medellín en su cotidianidad, en esas fotografías que roban ese instante
al paso del tiempo y devuelven a través de su generosidad, la de Folke, una Medellín
personal, íntima que a lo mejor nunca pensó que esas placas fueran a ser
publicadas, sino que fueran guardadas durante tantos años para convertirse, con
el tiempo, en documentos de esa ciudad que este visitante plasmó y a lo mejor
amó con la misma tranquilidad que se nota en sus fotografías, que al mirarlas huye, incierta y bella, inaprensible y
discordante, contradictoria y otra vez
amada.
Folke
Winqwist hace parte de la historia cultural de Medellín.