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… Sede de Adpostal en La
Playa
… Víctor Bustamante
… No se puede caminar Medellín sin sentir algo así
como una saudade que desemboca en malestar y luego en una melancolía teñida de
cierta exasperación; en este caso, por La Playa, que ya ha dejado de ser
respetada para convertirse en la continuación de la desidia y símil del
deterioro del resto del Centro, que avanza lento sin que a nadie le interese;
es decir, verlo convertido en una suerte de territorio de nadie, de
relegamiento que, a pesar de las buenas pero magras intenciones de quienes lo
administran, pasan de largo, mirando y elaborando catálogos de una ciudad que
nunca han vivido ni les ha interesado.
… Nunca como
hoy ha ocurrido en Medellín tanta adversidad, tanto desalojo y tanta falta de
cuidado con su historia, que es el fundamento que la enriquece. Este lugar
llamado, como una falacia de archivo, “Centro histórico”, administrado como
fachada desvaída, al ser denominado así muestra su verdadera significación: el
abandono y la desprotección, a pesar de que en los legajos de patrimonio se
afirme lo contrario.
… Por ese
motivo, cada que caminamos Medellín nos da la impresión de que habitamos una
ciudad dudosa e indescifrable, inasequible y menesterosa, que huye de nosotros
—digo, de los transeúntes, no de la rapacería burocrática—, lo cual contrasta
con cierta tonalidad oscura. A pesar de estos desalojos, de este descuido y de
estos abandonos, perduran en Medellín espacios nunca temporales que están
tatuados, que ennoblecen su historia; espacios que no se interrogan, que poco a
poco se desvanecen hasta llegar al deterioro total. Y es entonces cuando llegan
los bárbaros, disfrazados de progreso, con sus piquetas; entonces ocurre lo que
sabemos: desaparecen las personas, la topografía, los nombres, las
circunstancias, y la historia cotidiana es despojada de ellos.
… De modo
que es una sorpresa —y casi una revelación— cuando hallamos este lugar: la
oficina de Adpostal, ahí en La Playa, calle 51 # 43-75, con la circunstancia de
estar incluida en la lista de patrimonio, cuando su caída ha sido lenta,
tácita, irreversible y oscura. Esta caída alude a lo que ahora es el relegado e
inusitado servicio de correo que se ofreció en Medellín, notorio en las
postales de principios del siglo XX, hasta la pérdida de la correspondencia en
toda su febrilidad en estos tiempos, con la irrupción de WhatsApp, con sus
emoticones y su lenguaje vanidoso, fatuo, superfluo y ocasional, y sin huellas.
… Aquí estoy
frente a la realidad, hoy, 6 de abril de 2026, lejos de la ficción de los
catálogos de patrimonio, frente a la fachada de lo que fueron las oficinas de
Adpostal. En el segundo piso, el anuncio con letras azules de la Corporación
Universitaria Americana; y en ese mismo nivel, un par de cafeterías: Cosechas y
Del Pastel. Enseguida, a la derecha, la reja que conduce hacia el pasadizo por
donde entraron tantas tulas cargadas con paquetes y cartas, y por donde salían
los carteros a repartir la correspondencia.
… En la
década del 70, La Playa era calmada, casi sin tráfico, con una serenidad que
alentaba a respirar, caminar y sentir Medellín. Ya La Playa ha perdido todo ese
hálito fresco y se ha convertido en una calle cualquiera, donde el barullo es
el signo que la define; sus fachadas, visualmente gratas, han terminado
pareciéndose a las de cualquier calle.
… Casi en el
cruce con Girardot, unos músicos callejeros ejercen su derecho a la música;
desde acá, al frente de lo que fue Adpostal, escucho esa canción que Joe Arroyo
no fue capaz de cantar en Expo-Sevilla: No le pegue a la negra. Al
frente, en unas sillas metálicas con mesa a bordo, tomo un tinto con Orlando
Ramírez, otras veces con Nicolás Monsalve, mientras filmo esta fachada por
donde pasan transeúntes y transeúntes hacia cualquier lugar, sin sospechar que
ahí se desvanece una historia que poco se ha contado.
… Desde esta
oficina, entre 1963 y 2006, entraron y salieron de la ciudad diversas
cantidades de impresos, revistas y cartas para que la ciudad no se mantuviera
aislada, no solo en los negocios sino en la parte intelectual, para que
mantuviera su pulso con el resto del país y del mundo, evitando el aislamiento.
Ese contacto lejano y continuo permitía la llegada de cierta frescura de ideas,
las críticas en ambas direcciones, así como una relación que mantenía un
tráfico vital, único, perseverante.
… Este
inmueble aparece catalogado en el Plan de Ordenamiento Territorial de 1999, en
el Acuerdo 48 de 2014 (Gaceta Oficial, año XXI, n.º 4267, 17 de diciembre de
2014) y, en 2021, en el Registro de Bienes de Interés Cultural (BIC) –
Inmuebles del Municipio de Medellín.
… En el Inventario
del Patrimonio Urbanístico y Arquitectónico del Valle de Aburrá (Área
Metropolitana, Medellín, 1999), se añaden estas observaciones, que dan idea de
la pobreza conceptual, íngrima y deleznable sobre este rubro:
… Descripción
general:
… Ubicada en
lote medianero en el costado sur de la Avenida La Playa, vía de gran
representatividad en el centro de Medellín. Esta casa es una buena muestra de
la arquitectura moderna doméstica, siendo ejemplo de una época en la ciudad. El
volumen cerrado de la edificación se evidencia en el manejo del material y la
dimensión de los vanos sobre fachada. Está conformada por tres niveles,
incluyendo el sótano, y tiene dos patios internos. Su fachada principal,
ubicada sobre la Avenida La Playa, presenta en el segundo nivel un balcón
continuo, cubierto por una gran losa que hace las veces de cubierta y terraza
interior. El acabado es en ladrillo. El acceso a la vivienda se presenta a
través de un callejón interior privado, protegido por una reja, hacia el cual
abre la puerta principal.
… La
distribución interior se desarrolla en “E” alrededor de dos patios. Su uso
actual es de oficinas.
… Factores
físicos de deterioro:
… La
edificación presenta deterioro debido a las intervenciones que se le han
realizado y que han afectado la estructura original de la casa.
… Pautas:
… Este
inmueble se rige por los criterios del Decreto Municipal 721 de 1991 (Res.
123/1991), por el cual se adopta el inventario de las edificaciones de valor
patrimonial pertenecientes a la Comuna 10 del municipio de Medellín y se
reglamenta el artículo 5 del acuerdo de 1991. Los niveles de conservación
determinan el rango de intervención que en ellos podrá hacerse en relación con
los valores históricos, urbanísticos, arquitectónicos y culturales que posean.
Según el Decreto, se considera este inmueble como de Conservación Externa
(nivel 3): respeto y conservación de la fachada externa original y su
volumetría, que determinan un perfil urbano y poseen calidad arquitectónica
para la ciudad.
… Esta
síntesis, elaborada sin ninguna sensatez, da idea del poco cuidado con la
riqueza histórica de la ciudad, dando la sensación de que fue realizada sin
rigor: sin planos, sin el nombre del arquitecto, sin una nota ampliada del uso,
sin fotografías interiores y exteriores que den una idea exacta de la
edificación. Y, como es notorio, una cosa es la letra y otra la realidad en lo
que respecta a la Conservación Externa (nivel 3).
… La
importancia máxima de este lugar se debe a que allí funcionó, desde 1967, la
Administración Postal Nacional, un instituto descentralizado creado en 1963,
dedicado básicamente a la prestación del servicio postal en todo el país. La
parte del correo aéreo la prestaba en asocio con Avianca. De acuerdo con datos
estadísticos, Colombia tenía 4.800 municipios e inspecciones de policía;
Adpostal solo cubría 1.600 de estos sitios. Además, era deficiente la red de
transporte, lo que constituía un obstáculo para la entrega postal.
… En esos
años se entregaban pocas cartas, pero se alentaba a que las personas
escribieran más para que el correo se activara. Así, las administraciones
promocionaban la utilización más continua del correo por parte del público.
Otro de los problemas que padecía el correo era la competencia ilegal del
“correo fantasma”, de contrabando, ejercido por determinadas empresas
particulares. El Decreto 1418 de 1945 establecía el monopolio del Estado en el
caso de los correos, y a quien violara esta normativa se le aplicaba una multa
de 500 pesos; sin embargo, esto se pasaba por alto por esas empresas que
empezarían a crear sus servicios de correo, como Courrier Internacional, DHL
Internacional, Mex Sander y Paquetes Viajeros.
… También
existía un problema con la prestación de servicios, y es lo que se citaba como
el uso desbordado de la lengua para sellar el correo, por lo cual era imperiosa
la modernización; asimismo, utilizar una máquina porteadora para mejorar el
proceso y no “industrializar” tanto la lengua para pegar estampillas.
… En 1967,
la situación del correo nacional parecía un círculo vicioso. Existía una sola
máquina en el servicio de la Administración Postal, la llamada canceladora de
sellos, es decir, la que ubica la certificación de recibo (fecha, hora y lugar
de llegada a Bogotá). La correspondencia era en promedio de sesenta mil piezas,
y salían de Bogotá hacia otras ciudades o regiones unas trescientas mil. En
ocasiones, estas cartas eran selladas a mano por empleados de las oficinas
postales.
… La utilización
del correo era muy precaria: por persona, apenas ocho cartas por año, cuando en
países de mayor desarrollo las cifras podían ser de cuatrocientas cartas por
persona. Además, era necesaria la construcción y dotación de obras
fundamentales para el mejoramiento del servicio; una de ellas, la construcción
de centrales de clasificación en Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga.
… Para
mecanizar el sistema y agilizarlo, se implementarían bandas transportadoras que
reemplazarían el sistema manual de clasificación, que consistía en tirar a
pulso las piezas en bandejas. Posteriormente, el equipo de bandas
complementaría los sistemas electrónicos mediante los cuales la correspondencia
se clasificaría por características magnéticas; también se tecnificaría el reparto.
Las ciudades se dividieron en zonas y estas en sectores, con base en la
necesidad de agilizar la distribución. Las dependencias se fueron estableciendo
para el expendio de estampillas. Así, se buscaba llegar a los rincones más
apartados del país. Adpostal crecía: su planta era de dos mil empleados en el
país.
… Desde
1973, el emprendimiento paisa para internacionalizar a Medellín fue notorio
para estar a tono con la época, ya que fueron detectados en las oficinas de
Adpostal diversos sobres de manila utilizados para enviar hasta 200 gramos de
cocaína a distintas partes del mundo. La droga se empacaba herméticamente en
sobres de polietileno y se pagaba el envío con una estampilla de 36 pesos;
estos sobres eran llevados al correo por damas elegantes, modelos contratadas
para la ocasión.
… En 1978,
Adpostal puso en circulación una emisión filatélica conmemorativa de los
Octavos Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Medellín el 7 de
julio; la emisión constaba de estampillas para el correo nacional en las que
figuraba el considerado único icono, el arriero paisa.
… Además de
estas incidencias desde la fundación del servicio, la vida e historia del
correo no ha sido contada. Existía un cartero curioso que llegó a ser muy
valorado en la ciudad: no llamaba dos veces, sino que, cuando detectaba cartas
de contenido amargo —cobros o lanzamientos judiciales—, demoraba varios días en
entregarlas; eso sí, pasaba por la casa de los destinatarios, les avisaba de
las malas noticias y los aconsejaba que resolvieran esos problemas lo más
pronto posible. Luego de unos días, les entregaba las cartas. En cambio, las
cartas de amor, aromatizadas o con sobres de colores llamativos o dibujos, las
entregaba de inmediato, porque decía que el corazón merece las mejores
noticias.



