sábado, 11 de abril de 2026

Sede de Adpostal en La Playa / Víctor Bustamante

 

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Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Adpostal (117)
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… Sede de Adpostal en La Playa

… Víctor Bustamante

No se puede caminar Medellín sin sentir algo así como una saudade que desemboca en malestar y luego en una melancolía teñida de cierta exasperación; en este caso, por La Playa, que ya ha dejado de ser respetada para convertirse en la continuación de la desidia y símil del deterioro del resto del Centro, que avanza lento sin que a nadie le interese; es decir, verlo convertido en una suerte de territorio de nadie, de relegamiento que, a pesar de las buenas pero magras intenciones de quienes lo administran, pasan de largo, mirando y elaborando catálogos de una ciudad que nunca han vivido ni les ha interesado.

… Nunca como hoy ha ocurrido en Medellín tanta adversidad, tanto desalojo y tanta falta de cuidado con su historia, que es el fundamento que la enriquece. Este lugar llamado, como una falacia de archivo, “Centro histórico”, administrado como fachada desvaída, al ser denominado así muestra su verdadera significación: el abandono y la desprotección, a pesar de que en los legajos de patrimonio se afirme lo contrario.

… Por ese motivo, cada que caminamos Medellín nos da la impresión de que habitamos una ciudad dudosa e indescifrable, inasequible y menesterosa, que huye de nosotros —digo, de los transeúntes, no de la rapacería burocrática—, lo cual contrasta con cierta tonalidad oscura. A pesar de estos desalojos, de este descuido y de estos abandonos, perduran en Medellín espacios nunca temporales que están tatuados, que ennoblecen su historia; espacios que no se interrogan, que poco a poco se desvanecen hasta llegar al deterioro total. Y es entonces cuando llegan los bárbaros, disfrazados de progreso, con sus piquetas; entonces ocurre lo que sabemos: desaparecen las personas, la topografía, los nombres, las circunstancias, y la historia cotidiana es despojada de ellos.

… De modo que es una sorpresa —y casi una revelación— cuando hallamos este lugar: la oficina de Adpostal, ahí en La Playa, calle 51 # 43-75, con la circunstancia de estar incluida en la lista de patrimonio, cuando su caída ha sido lenta, tácita, irreversible y oscura. Esta caída alude a lo que ahora es el relegado e inusitado servicio de correo que se ofreció en Medellín, notorio en las postales de principios del siglo XX, hasta la pérdida de la correspondencia en toda su febrilidad en estos tiempos, con la irrupción de WhatsApp, con sus emoticones y su lenguaje vanidoso, fatuo, superfluo y ocasional, y sin huellas.

… Aquí estoy frente a la realidad, hoy, 6 de abril de 2026, lejos de la ficción de los catálogos de patrimonio, frente a la fachada de lo que fueron las oficinas de Adpostal. En el segundo piso, el anuncio con letras azules de la Corporación Universitaria Americana; y en ese mismo nivel, un par de cafeterías: Cosechas y Del Pastel. Enseguida, a la derecha, la reja que conduce hacia el pasadizo por donde entraron tantas tulas cargadas con paquetes y cartas, y por donde salían los carteros a repartir la correspondencia.

… En la década del 70, La Playa era calmada, casi sin tráfico, con una serenidad que alentaba a respirar, caminar y sentir Medellín. Ya La Playa ha perdido todo ese hálito fresco y se ha convertido en una calle cualquiera, donde el barullo es el signo que la define; sus fachadas, visualmente gratas, han terminado pareciéndose a las de cualquier calle.

… Casi en el cruce con Girardot, unos músicos callejeros ejercen su derecho a la música; desde acá, al frente de lo que fue Adpostal, escucho esa canción que Joe Arroyo no fue capaz de cantar en Expo-Sevilla: No le pegue a la negra. Al frente, en unas sillas metálicas con mesa a bordo, tomo un tinto con Orlando Ramírez, otras veces con Nicolás Monsalve, mientras filmo esta fachada por donde pasan transeúntes y transeúntes hacia cualquier lugar, sin sospechar que ahí se desvanece una historia que poco se ha contado.

… Desde esta oficina, entre 1963 y 2006, entraron y salieron de la ciudad diversas cantidades de impresos, revistas y cartas para que la ciudad no se mantuviera aislada, no solo en los negocios sino en la parte intelectual, para que mantuviera su pulso con el resto del país y del mundo, evitando el aislamiento. Ese contacto lejano y continuo permitía la llegada de cierta frescura de ideas, las críticas en ambas direcciones, así como una relación que mantenía un tráfico vital, único, perseverante.

… Este inmueble aparece catalogado en el Plan de Ordenamiento Territorial de 1999, en el Acuerdo 48 de 2014 (Gaceta Oficial, año XXI, n.º 4267, 17 de diciembre de 2014) y, en 2021, en el Registro de Bienes de Interés Cultural (BIC) – Inmuebles del Municipio de Medellín.

… En el Inventario del Patrimonio Urbanístico y Arquitectónico del Valle de Aburrá (Área Metropolitana, Medellín, 1999), se añaden estas observaciones, que dan idea de la pobreza conceptual, íngrima y deleznable sobre este rubro:

Descripción general:

… Ubicada en lote medianero en el costado sur de la Avenida La Playa, vía de gran representatividad en el centro de Medellín. Esta casa es una buena muestra de la arquitectura moderna doméstica, siendo ejemplo de una época en la ciudad. El volumen cerrado de la edificación se evidencia en el manejo del material y la dimensión de los vanos sobre fachada. Está conformada por tres niveles, incluyendo el sótano, y tiene dos patios internos. Su fachada principal, ubicada sobre la Avenida La Playa, presenta en el segundo nivel un balcón continuo, cubierto por una gran losa que hace las veces de cubierta y terraza interior. El acabado es en ladrillo. El acceso a la vivienda se presenta a través de un callejón interior privado, protegido por una reja, hacia el cual abre la puerta principal.

… La distribución interior se desarrolla en “E” alrededor de dos patios. Su uso actual es de oficinas.

Factores físicos de deterioro:

… La edificación presenta deterioro debido a las intervenciones que se le han realizado y que han afectado la estructura original de la casa.

Pautas:

… Este inmueble se rige por los criterios del Decreto Municipal 721 de 1991 (Res. 123/1991), por el cual se adopta el inventario de las edificaciones de valor patrimonial pertenecientes a la Comuna 10 del municipio de Medellín y se reglamenta el artículo 5 del acuerdo de 1991. Los niveles de conservación determinan el rango de intervención que en ellos podrá hacerse en relación con los valores históricos, urbanísticos, arquitectónicos y culturales que posean. Según el Decreto, se considera este inmueble como de Conservación Externa (nivel 3): respeto y conservación de la fachada externa original y su volumetría, que determinan un perfil urbano y poseen calidad arquitectónica para la ciudad.

… Esta síntesis, elaborada sin ninguna sensatez, da idea del poco cuidado con la riqueza histórica de la ciudad, dando la sensación de que fue realizada sin rigor: sin planos, sin el nombre del arquitecto, sin una nota ampliada del uso, sin fotografías interiores y exteriores que den una idea exacta de la edificación. Y, como es notorio, una cosa es la letra y otra la realidad en lo que respecta a la Conservación Externa (nivel 3).

… La importancia máxima de este lugar se debe a que allí funcionó, desde 1967, la Administración Postal Nacional, un instituto descentralizado creado en 1963, dedicado básicamente a la prestación del servicio postal en todo el país. La parte del correo aéreo la prestaba en asocio con Avianca. De acuerdo con datos estadísticos, Colombia tenía 4.800 municipios e inspecciones de policía; Adpostal solo cubría 1.600 de estos sitios. Además, era deficiente la red de transporte, lo que constituía un obstáculo para la entrega postal.

… En esos años se entregaban pocas cartas, pero se alentaba a que las personas escribieran más para que el correo se activara. Así, las administraciones promocionaban la utilización más continua del correo por parte del público. Otro de los problemas que padecía el correo era la competencia ilegal del “correo fantasma”, de contrabando, ejercido por determinadas empresas particulares. El Decreto 1418 de 1945 establecía el monopolio del Estado en el caso de los correos, y a quien violara esta normativa se le aplicaba una multa de 500 pesos; sin embargo, esto se pasaba por alto por esas empresas que empezarían a crear sus servicios de correo, como Courrier Internacional, DHL Internacional, Mex Sander y Paquetes Viajeros.

… También existía un problema con la prestación de servicios, y es lo que se citaba como el uso desbordado de la lengua para sellar el correo, por lo cual era imperiosa la modernización; asimismo, utilizar una máquina porteadora para mejorar el proceso y no “industrializar” tanto la lengua para pegar estampillas.

… En 1967, la situación del correo nacional parecía un círculo vicioso. Existía una sola máquina en el servicio de la Administración Postal, la llamada canceladora de sellos, es decir, la que ubica la certificación de recibo (fecha, hora y lugar de llegada a Bogotá). La correspondencia era en promedio de sesenta mil piezas, y salían de Bogotá hacia otras ciudades o regiones unas trescientas mil. En ocasiones, estas cartas eran selladas a mano por empleados de las oficinas postales.

… La utilización del correo era muy precaria: por persona, apenas ocho cartas por año, cuando en países de mayor desarrollo las cifras podían ser de cuatrocientas cartas por persona. Además, era necesaria la construcción y dotación de obras fundamentales para el mejoramiento del servicio; una de ellas, la construcción de centrales de clasificación en Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga.

… Para mecanizar el sistema y agilizarlo, se implementarían bandas transportadoras que reemplazarían el sistema manual de clasificación, que consistía en tirar a pulso las piezas en bandejas. Posteriormente, el equipo de bandas complementaría los sistemas electrónicos mediante los cuales la correspondencia se clasificaría por características magnéticas; también se tecnificaría el reparto. Las ciudades se dividieron en zonas y estas en sectores, con base en la necesidad de agilizar la distribución. Las dependencias se fueron estableciendo para el expendio de estampillas. Así, se buscaba llegar a los rincones más apartados del país. Adpostal crecía: su planta era de dos mil empleados en el país.

… Desde 1973, el emprendimiento paisa para internacionalizar a Medellín fue notorio para estar a tono con la época, ya que fueron detectados en las oficinas de Adpostal diversos sobres de manila utilizados para enviar hasta 200 gramos de cocaína a distintas partes del mundo. La droga se empacaba herméticamente en sobres de polietileno y se pagaba el envío con una estampilla de 36 pesos; estos sobres eran llevados al correo por damas elegantes, modelos contratadas para la ocasión.

… En 1978, Adpostal puso en circulación una emisión filatélica conmemorativa de los Octavos Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Medellín el 7 de julio; la emisión constaba de estampillas para el correo nacional en las que figuraba el considerado único icono, el arriero paisa.

… Además de estas incidencias desde la fundación del servicio, la vida e historia del correo no ha sido contada. Existía un cartero curioso que llegó a ser muy valorado en la ciudad: no llamaba dos veces, sino que, cuando detectaba cartas de contenido amargo —cobros o lanzamientos judiciales—, demoraba varios días en entregarlas; eso sí, pasaba por la casa de los destinatarios, les avisaba de las malas noticias y los aconsejaba que resolvieran esos problemas lo más pronto posible. Luego de unos días, les entregaba las cartas. En cambio, las cartas de amor, aromatizadas o con sobres de colores llamativos o dibujos, las entregaba de inmediato, porque decía que el corazón merece las mejores noticias.

Principio del formulario

Final del formulario


¿ACCIDENTE O SABOTAJE? / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

¿ACCIDENTE O SABOTAJE?

 Darío Ruiz Gómez

 

Perder la vida en un accidente vial, en un accidente casero, al pisar un cable de alta tensión no es lo mismo que morir en un atentado terrorista. La práctica del terrorismo por parte del ELN y las FARC es ya en una práctica del horror que no me cansaré de repetirlo en lugar de ser severamente castigada  ha sido banalizada por nuestra justicia. Desde el comienzo del Gobierno Petro el objetivo “revolucionario” de desmantelar las Fuerzas Armadas se inició ante la mirada indiferente de los distintos medios de comunicación. Nadie protestó cuando se dio de alta a más de sesenta altos oficiales en especial a los llamados troperos, esa oficialidad que en lugar de permanecer en las oficinas acompaña a sus soldados en cada misión. Y esta estrategia se hizo evidente en el momento en que por falta de mantenimiento, helicópteros y aviones destinados a combatir las bandas de narcotraficantes debieron quedarse en tierra como consecuencia de un radical recorte del presupuesto de las Fuerzas Armadas. Es cuando las plataformas rusas desde Venezuela intensificaron la tarea de imponer su relato, confundiendo a la opinión pública. Recordemos al “Homo Sacer” de Agamben o sea el ser humano excluido y por lo tanto objeto de un crimen que no tendrá sanción alguna. ¿No ha sido ésta la misión de la JEP? ¿Cuál fue el ministro que detuvo la operación de rescate del Cañón del Micay?

El hecho histórico con el cual no llegaron a contar fue el del derrumbe del madurismo y con este derrumbe el de sus los objetivos de “planificación del territorio común de la Patria Bolivariana”. Pero también nadie contó con el deterioro mental cada vez más pronunciado de Petro, mezcla de balbuceo incoherente y de inaudita vulgaridad. La pregunta es lógica: ¿Quién sino Cepeda y el PCC gobiernan a Colombia? Ante la tragedia del Hércules y la muerte de setenta soldados su trino fue una infamia: “Claro, el Imperio nos dio una chatarra” ya que en su postración moral lo que habla en él es su ideología y no un sentimiento humano. El sabotaje hacia las Fuerza Aérea está demostrado con la muerte de ochenta militares en los dos últimos años en catorce accidentes aéreos que nunca han sido investigados y cuyo encadenamiento ningún observador se ha detenido a considerar. Sincrónicamente a la caída del Hércules, Mordisco con un atentado y el asesinato semanal de un policía le recordó a la oronda Vicepresidenta de Cepeda que sigue siendo dueño de  la Panamericana. No hablemos entonces de un accidente casual si no de una calculada bomba de tiempo en esta horrible tragedia. Decir chatarra es un sofisma de distracción para impedir que otras conjeturas sean planteadas: ¿Quién es el dueño de este territorio? Como lo señaló el Alcalde de Puerto Leguizamo hablamos de una pista en tierra de apenas doscientos metros, de un aeropuerto dotado con lo básico, de un hospital con un escaso servicio médico, de la inexistencia de montañas y de un avión sin la vigilancia debida ya que el aeropuerto no tiene cerramiento. Las técnicas de sabotaje por parte de una organización criminal están apuntaladas por sus especialistas más consumados en hacer que un atentado no parezca un atentado. Es claro entonces que se está tratando de encubrir a los verdaderos responsables de ella cuyos nombres sabemos de antemano.


OLVIDOS INTERESADOS / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński

OLVIDOS INTERESADOS

Darío Ruiz Gómez

 

Lo que de modo lamentable han olvidado los asesores de Iván Cepeda es que para lanzarse a la Presidencia necesita de un lenguaje democrático, del relato, para él desconocido desde su infancia, de que existen los valores de la democracia, el de la libertad por encima de todo, el del individuo frente al rebaño, el de la condena de toda forma de violencia contra quienes no piensen como los totalitaristas, el de la condena de la llamada lucha armada para hacerse al dominio del poder e instaurar en su caso un turbio socialismo que fue, dentro del PCC el sueño revolucionario de sus padres. Lo que Cepeda lee no es el discurso donde se admiten  los errores de sus padres  que dejan aún hoy una cifra estremecedora de ciudadanos asesinados a nombre de esa caricatura de la revolución soviética que sigue siendo la lucha armada del PCC, del ELN.  Merleau Ponty analiza muy bien lo que internamente ha supuesto dentro del PC las discrepancias contra el dogma sagrado que su estalinismo condena con purgas sangrientas tal como se hizo en los Partidos Comunistas de la Cortina de Hierro y aquí se continúa replicando con mayor fiereza. Leer la historia para no repetir sus errores no ha sido entonces la tarea de Iván Cepeda ya que eludir esta pregunta es pensar que un golpe de gracia de la brujería indígena lo hace pasar como  un demócrata. Y no lo es.

Lo que públicamente tendría que haberlo demostrado con una enfática  condena a estas formas de violencia que su amigo de infancia Márquez, sus camaradas Calarcá o Iván Mordisco, su inseparable camarada Isabel Zuleta continúan practicando a través de tomas de poblaciones, paros armados, torturas. El día que las Autodefensas Campesinas de Carlos Castaño que aparecían públicamente por primera vez, asesinaron a Manuel Cepeda y con el atentado fallido contra Aída Avello,  su desalmada camarada, sacaron a escena lo que el Secretariado del PCC al iniciar a sangre y fuego la toma de Urabá para convertirlo en lo que llamaban “territorio libre” nunca llegó a  imaginar, la irrupción de una bien organizada, dotada de armamento y con una estricta disciplina, Auto Defensas Campesinas destinadas a combatir a las guerrillas comunistas y que terminaron unas y otras degradando la condición humana.

Tanto el ELN como el EPL se incorporaron a este intento de toma territorial desatándose entre ellos lo que es propio del odio entre grupos que de los ideales pasaron a la barbarie. Degollamientos de familias enteras, violaciones de niñas como maneras de exterminar los grupos sociales, los alaridos de los curas revolucionarios llevando a la hoguera a los considerados enemigos, sangre y sangre, insania entre los mismos combatientes. ¿Quién de las FARC ha respondido por más de 20.000 víctimas en Urabá? Tres matanzas de trabajadores del Sindicato de Trabajadores Bananeros, atados de mano, rematados con un tiro de gracia, la matanza de La Chinita, 34 personas, etc. Entró en juego la suprema habilidad del PCC y su maquinaria de propaganda para crear ante la opinión pública un enemigo, colocándole un sobre nombre para descalificarlo públicamente Paraco, Uribista, contando con la ventaja de que este relato no podría tener respuesta por parte de los desgastados Partidos, de los asépticos medios de comunicación y de unas nuevas generaciones universitarias uniformadas como fieles seguidoras de una “la izquierda” idealizada.  Jamás podré olvidar lo que fue este terror político encubierto muchas veces en la depravación de las bandas de narcotraficantes con los cuales las FARC PP se alió en numerosas ocasiones. Así se comprobó en el intento de toma del Magdalena Medio donde las fieras humanas de los Paramilitares los castigaron sin misericordia y sumado a sus propias salvajadas llegaron a un nivel impensado de bestialidad. ¿Quién fue menos criminal Carlos Castaño o Manuel Cepeda? ¿Hitler o Stalin?  La amargura y el rencor de Iván Cepeda es el de quien no puede olvidar que el Ejército los derrotó impidiendo que fuéramos otro territorio de su dictadura.  

 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

Julio Cortázar, El escritor y sus cuatro amores de Fernando Rivillas / / Víctor Bustamante

 

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Julio Cortázar, El escritor y sus cuatro amores de Fernando Rivillas /


Víctor Bustamante


Julio Cortázar es uno de nuestros clásicos, ya que cuando leí sus cuentos, de una vez caí atrapado en los brazos de su escritura. Y no solo eso, sino en la forma en que el escritor los resolvía de una manera inesperada, lo cual enriquecía esa prosa tan personal, con ese humor que abre fronteras, con momentos paradójicos que de inmediato nos hicieron decir: somos cortazarianos.

A esa actitud y aptitud le sumamos su traducción precisa de los cuentos de otro escritor amado, Edgar Allan Poe. Por supuesto que ahí no se iba a quedar Cortázar, porque él había decidido convertirse en un escritor de peso, es decir, con mundo propio tanto en su percepción como en su escritura. Entonces caemos en su obra máxima, esa que convocó diversas generaciones: Rayuela.

Esa obra que aún está intacta y que aún guarda el aroma y nuestros afectos por París, por su relación con la Maga, por sus caminatas a través de las calles. Cortázar nos lleva junto a él auscultando esa ciudad mítica, a través de las orillas del Sena, a admirar el Pont des Arts, a perdernos en callejuelas estrechas y desconocidas, pero, sobre todo, a vivir esa relación amorosa con la Maga que a veces lo dejaba casi nocaut, así como a saber que Rocamadour estaba tan presente.

Además, hay un aliciente que alimentaba la curiosidad en su grado más alto, ya que el escritor disponía y proponía al juicioso y cautivo lector nada menos que diversas lecturas de su obra, lo cual permitía buscar otras significaciones, para de esa manera indagar por otros laberintos, no solo de capítulos, sino en ese abanico de disparidades en que Cortázar quería que admiráramos y viviéramos ese libro, su libro, con otras significaciones más profundas y, por supuesto, con algo muy peculiar en Cortázar: lo inesperado, así como el juego que nos otorgaba desde su lejanía.

Si hablo de lo anterior es para algo muy presente: Rayuela es una obra enraizada en la propia experiencia del autor. Es decir, las obras literarias, si bien hacen parte del imaginario de cada autor, este siempre se basa en algo muy presente en cada uno, y es nada menos que la experiencia vivida. Esa experiencia y ese carácter de ver una ciudad desde la perspectiva del visitante que terminó arraigado en la Ciudad Luz.

Por este motivo, Julio Cortázar, El escritor y sus cuatro amores de Fernando Rivillas (Planeta, 2026), no solo pulsa su investigación sobre el origen de la novela, sino que, además, indaga sobre una parte de las mujeres que estuvieron cerca del escritor, es decir, que tuvieron una relación sólida, dejando de lado a las ninfas mendaces, múltiples ninfas que revolotearon a su alrededor, alrededor de esa luz que generaba el talento de Cortázar, pero que se quemaron con el olvido. Muchas de ellas son mencionadas en la obra, pero pronto se dispersan en el olvido y bajo las sombras de la anécdota, de una o varias noches o del intercambio de cartas, donde el modoso Cortázar las dejaba en un silencio cauto, pero delicioso interregno, que es la vacua espera de quien no regresará a cortejarlas.

Fernando Rivillas, después de consultas y análisis, nos deja conocer el aporte que cada una de estas mujeres, valiosas a veces, despiadadas otras, le entregaron a Cortázar, lo cual nos retrotrae a esa sentencia que sale del cajón de la memoria a cada rato: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Por supuesto que, en este caso, existieron cuatro grandes mujeres en apariencia, de las cuales puede inferirse que solo una de ellas puede considerarse su gran mujer: Aurora Bernárdez.

Sin embargo, Edith Arón será quien pase a la posteridad como la Maga de Rayuela. Las incidencias, la vida, su carácter, fueron narrados por Cortázar mientras descubría París junto a ella. Ella le daba la frescura de su ingenuidad galopante; a él, un hombre que se refugiaba en ella y al cual le servía de instructor casi, pero que con ella —o mejor, ambos— caminaron esa ciudad, encontrando sitios, rincones, museos, teatros, lugares donde Cortázar poco a poco va creando la ruta de su ciudad, es decir, sus recorridos con ella, que le servirían de basamento literario en una ciudad que empezaba a recorrer: sus calles, aceras, parques y recovecos que luego saldrían en su novela.

Pero Edith Arón, que no creía —o mejor, no se interesaba— en el talento de un escritor que no triunfaba, nunca tomó esa relación en serio, sino cuando Cortázar brillaba con luz propia. Es entonces cuando ella confiesa, muchos años después, que en realidad lo amaba. Es decir, Edith, que no asumió con rigor y certeza el camino de Cortázar para ser su compañera, se convirtió en la musa para su novela, ella que a la literatura poca atención le prestaba. Solo cuando se identificó en la novela se daría cuenta del error tardío de no haber valorado a este escritor que la había eternizado como modelo para su “otra total”.

En una forma de encadenamiento amoroso: Cortázar, cuando ya estaba con Aurora Bernárdez, le presentó a Edith, que ya salía de su vida. Pero Aurora, celosa —así no lo expresara—, se dio cuenta de que Edith no poseía talla. De tal manera, Aurora, que había llegado de Buenos Aires a París, asume el relevo amoroso, erótico y ético en la vida del escritor, quien asume con ella un serio y dilatado oficio de escritor. Además, los dos trabajan en la Unesco como traductores y viajan a diversos países, entre ellos Italia, con ese italiano de Cortázar que nadie allí le entendía.

Creo que es la relación más presente en Cortázar, más formativa y más notoria, debido a que Aurora es toda una presencia en su vida.

Ella añade sobre Cortázar en El libro de Aurora: “Las ‘virtudes’ personales de Julio, bien conocidas por quienes lo estimaban e ignoradas por los demás, no son lo importante: lo que cuenta es la obra. En lo otro hay más posibilidades de duda. E incluso, ¿quién puede meterse a decir, con certeza, ¿cómo era un hombre? En el caso de Julio, sus actos fueron a veces contradictorios: muchos de ellos te sorprenderían. No es el caso de convertirlo en paradigma. Le hubiera repelido. De lo que hay que hablar es de la obra. Para lo demás: silencio”.

En efecto, Aurora, al guardar silencio, priva a los biógrafos de saber más de Julio, olvidando que las biografías se convierten en otra parte de la literatura y de la investigación que suscita un autor amado por sus lectores. Sin embargo, pese a esa actitud, Aurora, sin rencores, ya exmujer de Cortázar —ese Cortázar enamorado que barría a quien fuera a su paso—, se convirtió en la albacea de su obra y fue quien rescató diversas cartas y manuscritos valiosos que el autor no había publicado.

En ese relevo amoroso, Cortázar, en Gallimard, conoce a Ugné Karvelis, quien lo conduce no solo a esa editorial poderosa para que su obra sea conocida en otros países, sino para que Cortázar asuma un camino impredecible, ya que el esteta, el gran escritor, le da por volverse militante político y así comienza a transitar por los caminos oscuros que lo deslumbran: el de aquellos que se asumen como misioneros de la izquierda, tanto de la izquierda caviar y de tacón alto como los “mamertos”, que se las dan de falsos Mesías con su demagogia.

Cortázar vuelve a sus cauces creativos con Carol Dunlop, aquella escritora canadiense que conoció en su casa cuando se separaba de su esposo, y a quien luego Cortázar, consolador a la distancia, invitó a París para asesorarla en algunos relatos. Terminó siendo su última esposa, con la cual escribieron un libro maravilloso: Los autonautas de la cosmopista.

Sabemos, por supuesto, del interés que experimentó Fernando Rivillas cuando, gracias a su empeño, dedicó tantos viajes, tantas indagaciones en archivos y conversó con tantas personas buscando las huellas de su autor amado, lo cual dio como resultado una obra donde Cortázar respira, camina. Lo sentimos cerca no solo por Buenos Aires, sino por París, así como en tantos lugares que él visitó, junto a tantas personas que hicieron posible que, gracias a su talento —ese que se adquiere con disciplina y tesón—, escribiera de una manera tan llena de frescura y de gozo.

De la misma manera, Fernando siguió los pasos de sus travesuras eróticas, ideológicas, sus discordancias, para situarlo en el plano de un libro memorable, donde es posible leerlo con efusión, así como son de apasionados la mayoría de los libros de Julio Cortázar.

De tal manera, estas cuatro mujeres, tan presentes y valiosas en la vida de Julio Cortázar, cada una desde una perspectiva muy peculiar, han sido también valoradas por Fernando, y así ocupan un sitio primordial en la vida de Cortázar. Cada vez que lo buscamos en este libro, que nos sorprende desde diversos puntos de vista, comprendemos que un autor siempre tiene un basamento en su experiencia para volverla literatura.

Con este libro nos damos cuenta del inmenso aprecio por la literatura, con esa forma tan peculiar de Cortázar concebirla, al crear ese mundo de cronopios y de famas, y en esta manera de buscar un equilibrio. Así, siguiendo con Rivillas los pasos en su libro, conocemos los intríngulis del Cortázar revolucionario, para estar a tono con su época, pero con una condición —como advierte Rivillas—: ya habíamos descubierto antes al escritor prolífico y explorador de otros universos, donde nos demuestra cómo, asimismo, un escritor como él mantiene su pulso y su mirada sobre momentos en las ciudades que pasaron inadvertidos.

Fernando Rivillas nos demuestra que no solo basta escribir bien, sino también darle sentido a la vida y reconocer que en la literatura puede coexistir perfectamente la biografía como una manera de acercarnos al autor, a Cortázar, no como una reminiscencia fatal, sino en todo su esplendor, con sus aspiraciones y alteridades, y asimismo con sus contradicciones, lo cual se logra con un equilibrio donde se posesiona su arte de escribir con su vida misma, hasta donde se puede auscultar, y además saber que de esta eclosión surge, volcánica, la literatura.

Hay un capítulo, el último, dedicado a la circunstancia de la muerte de Cortázar, donde Fernando Rivillas se dedica con paciencia y pudor a esclarecer las diversas versiones sobre el fallecimiento del escritor. Allí es notoria la cantidad de consejas y chismes baratos con que se refieren a él en este suceso, pero que Rivillas sabe capear con sus disquisiciones quirúrgicas y la precisión de diversas fuentes.

Pero prefiero al Cortázar presente, vivo, de los otros capítulos que merece estas palabras, parodiando uno de sus cuentos: “Amamos tanto a Julio”. Además, merece este trasegar sobre sus amores, sus amigos, sus ciudades, donde uno se contagia del maestro, de sus palabras inmersas y dispuestas con un peso específico.

Cortázar no es un rehén para Rivillas, sino un pretexto para rendirle no solo esa admiración que profesamos, sino también la circunstancia de haber sido un compañero de viaje —mejor, de vida— en esos momentos cuando despuntaba la curiosidad del mundo presente, y mejor aún descubrir esa luz brillante que nos enviaba, rutilante y llena de esplendor, desde París, el mismísimo Julio Cortázar.

 


LA LUCHA CONTRA LA CRUELDAD / Darío Ruiz Gómez

 

 

Zdzisław Beksiński

LA LUCHA CONTRA LA CRUELDAD

Darío Ruiz Gómez

El levantamiento del pueblo iraní contra el autoritarismo de Jomeini y los Ayatolás fue la respuesta contra la opresión y las dificultades económicas por las que pasa la población, contra una inflación desorbitada, la crisis hídrica. La represión por parte de la llamada Guardia de la Revolución se hizo y se mantiene sobre todo contra las mujeres que han sido protagonistas de estas protestas exigiendo libertad, derecho a la pluralidad, algo imposible de comprender por una cruel teocracia que justifica el asesinato masivo de sus opositores, la entronización de la tortura como un derecho de su teocracia. Al contrario que en Colombia los estudiantes se lanzaron a las calles, quemaron la imagen de Jamenei pero de inmediato la represión ha alcanzado la cifra estremecedora de 50. 000 víctimas. De estas personas ejecutadas en patíbulos públicos, en matanzas masivas, unas veinte mil son mujeres que desafiantemente  se despojaron del burka, del velo que cubre sus cabezas y niega sus rostros indicando que para estos fundamentalistas la mujer no existe. Ni el Burka ni el velo no responden a una tradición raizal si no que son elementos utilizados por el para someter a la mujer negando su derecho a la individualidad, negando su derecho a ir a colegios y universidades, obligándola a quedarse en casa tal como ha sucedido en Afganistán bajo los Talibanes. Una teocracia basada en la crueldad lleva a interrogarnos sobre lo que otros fundamentalismos como los de Hezbola y  Hamas suponen para este fanatismo que convirtió el terrorismo su estrategia militar no solo para dominar el Oriente Medio  sino para extender sus dominios a otros países, Venezuela, claro ejemplo. ¿Puede alguien imaginar lo que estos clérigos del terror harían a partir de contar con armamento nuclear? ¿No estamos ya sobrecogidos con la amenaza de los drones de Calarcá, Mordisco y el ELN? De esto se trata, de impedir que la crueldad que ya mostró su inhumanidad en Siria bajo  Bashar al - Asad y once millones de asesinados en cárceles que ni Piranesi logró imaginar, desaparezca ¿Hemos reflexionado sobre lo que supone la crueldad en las cárceles de Maduro?  No es casual el parecido de los Comandos de la Frontera de Calarcá e Iván Mordisco, de los Comandos del ELN con el modelo de la Guardia Revolucionaria iraní reconocida como grupo terrorista a nivel internacional.

 

        En la declaración de la Defensa de Derechos Humanos de la ONU está la protección de las poblaciones amenazadas de genocidio, solamente que los abundantes genocidios cometidos por estos Comandos de la Revolución en Colombia nunca han sido ni serán condenados.  Olvidar a las víctimas de Sandra Ramírez y otorgarle protagonismo es lo mismo que imaginar  que Solnzhentsyn  invitara a la universidad a Stalin a una conversación sobre la libertad. Tanto Trump como  Nethanyahu son absolutamente contrarios a mis ideales de Paz y Democracia pero lo que no estoy de acuerdo y a nombre de “la autonomía de los pueblos” es permitir que tanto en Venezuela como en Irán continúe la desaforada matanza de seres humanos, la persecución contra mujeres y homosexuales. Ahora Sánchez desempolva en España el eslogan desacreditado de “Sí a la paz no a la guerra” y en Colombia algunas etnias indígenas y afrodescendientes manipuladas por las FARC EP y el ELN declaran como “guerrerista” - el calificativo que usaron contra Uribe –al Ministro de Defensa mientras el Frente Carolina Ramírez acaba de hacer su ejercicio semanal de matar tres soldados y continúa la crueldad de estos fanáticos defensores de los Ayatolás en Colombia.  A los homosexuales los cuelgan en Irán de una grúa ¿Dónde está la voz de protesta de los colectivos LGBT? ¿Por qué el silencio de los militantes de nuestro “Pensamiento crítico”?    

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Enunciaciones de Gloria Posada / Víctor Bustamante



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Enunciaciones de Gloria Posada

Víctor Bustamante;

Cuando se lee un libro de poemas, por supuesto que hay temas fundamentales que atraviesan sus páginas; pero, encriptados también existen a través de esa escritura precisa que no permite dislocaciones, nada menos que sugerencias, puertas que se abren y se complementan luego, en senderos tras los cuales se escribe un poema que, al juntarlo, indica que estos fragmentos, en apariencia sueltos como un poetizar autónomo, dan la nota casi secreta de su autor. De ahí que ninguno de ellos, así acuda a un hermetismo como un escudo protector o a cualquier ética literaria, escapa a esa posibilidad de ser interpretado; es más, cada lector da su exégesis de esa fractura dentro de la aparente disolución de cada texto cuando se lee.

A través de la escritura se filtran y persisten exhortaciones personales, limaduras de la noche, pensamientos breves, indicios de cierta ambigüedad, pero también huellas firmes que denotan la fuerza con que fueron escritas y, por supuesto, sugerencias leves que el autor no se permite seguir; mejor, traza los senderos de su escritura con la sensatez de su presencia.

De ahí que al leer Enunciaciones de Gloria Posada (Colección Respirando el verano, 2026), es notoria la temática que envuelve a su autora, visible en la piel inicial de sus poemas. Ella alecciona reclamando:


Invocan a los ausentes

tocan puertas

bautizan tierras y cuerpos.

 

Creen 

que pueden nombrar 

el silencio

 

¿Quiénes son aquellos que invocan, tocan, bautizan, creen? Lo digo por el tono de reconvención, ya que uno espera que haya un punto certero donde ella lo descubra. De tal manera que en este primer poema escueto que abre el libro queda esa duda, esa pregunta donde no se dijo quiénes eran ellos, que parecen ser quienes detentan el poder de invocar, tocar, bautizar, creer; eso sí no pueden de ninguna manera abarcar el territorio del silencio, ya que este está vedado solo para otra clase de espíritus de alto vuelo, pero continúa la pregunta, ¿quiénes son ellos?, pregunta que se mantendrá a flote hasta que llegamos a la página 25 donde asevera:

 

Creen en la justicia 

Buscan la verdad 

Dan amor a los oprimidos


Por supuesto, son los verdugos quienes llegan pisando fuerte e imponiendo no solo su malestar, sino su proceder del desalojo y del miedo.

Al ella, Gloria María, no titular cada uno de sus poemas, da la impresión que estos fragmentos, pensamientos, o invocaciones constituyeran el lento movimiento del pulso de un río que va lento en las noches no de su desvelo, sino de la vida; río que se arrastra lento, inmisericorde, y que no merece ser nombrado sino escrito durante varios años en que ella va pulsando su creatividad hasta formar un puñado de poemas que son síntesis, pueden ser de un solo poema, donde hay diversas facetas, otras preocupaciones y poderosos reclamos. De ahí que estos enunciados se convierten en una expresión, no un simple conjunto de palabras que comunican una idea, sino que, por el contrario, son una summa de sus preocupaciones esenciales.

Entonces, surgen ciertas preguntas —debido a la incertidumbre y a su nervio punzante—, ya que la síntesis de esos poemas está no solo patente sino que prosigue en su rigor por la misma identidad casi hierática, notoria nada menos que en sus regresos, en constatar por la palabra como recurso tan personal para decir, para expresar, para esconderse o sobreaguar en la incertidumbre o en los titubeos y parsimonias ineludibles cuando se quiere expresar muchas veces lo inexpresable, que son aquellos caminos donde la poeta, sí, Gloria se inmiscuye por caminos a veces áridos, donde ella poco a poco reaparece en medio de soledades y dudas y en la propia incertidumbre de ese poema que es extraño en este libro, digo extraño por la dubitativa integración de él junto a otros poemas donde la identidad de la palabra y la soledad o quizá el testimonio de situaciones se describe dentro de esta escritura pulida para dejar las asperezas de lado:


Un hombre dice que soy mujer

Un padre dice que soy hija

Un niño que soy madre

Un maestro que soy alumna

Un industrial que soy obrera

Un médico que soy enferma

Un gobernador que soy ciudadana

Un amo que soy esclava

 

Un fantasma me ha dicho que no existo


Digo que este poema es extraño dentro de la escritura de este libro, por algo sórdido, su final, donde luego de distintos niveles de significación, de ver como diversos hombres la definen, la recuperan en sus indecisiones; ella parece fustigarlos por el oficio que le otorgan. Es como si existiera en ella una reconvención. Ya en el último verso un ser etéreo, fantasma de medianoche, le dice a ella que no existe. Es decir, el yo acepta la disolución final en la pasmosa pasividad de la poeta que acepta su destino dentro de su escritura y lo confiesa sin ningún atisbo de recuperar otro estado dentro de esa lasitud, que indica una derrota. Cada uno de esos hombres la rotulan y le definen un lugar, como si cada uno de ellos diera un veredicto, y ella aquí los señalara sin reconvenciones, pero con esa duda que reaparece ante el otro que solo ve y define apenas una parte de su totalidad. 

En esta escritura en marcha, apasionada y sin sosiego, Gloria María persiste en su oficio, al decirnos, desde su lejanía, que está presente en la palabra, su palabra, esa que tanto la embarga y la recobra. Ella insiste:


No es retocar la palabra

ni hablar hermosamente

hasta conmover espíritus y carnes

 

No es pregonar bellos deberes e ideales

No es crear súbditos

 

No es tener adeptos para una verdad

esencial o inútil

 

No es dirigir masas con la lengua

 

No es forzar la embriaguez como inspiración

No es atacar y hacer la guerra con frases

 

No es mimetizarse en medio de la gente

y esconder la soledad

 

No es una división entre el decir y el hacer

Es el ser

un acto indivisible del vivir

 

Este poema, uno de los más reflexivos, ella lo remata de una manera certera: No es una división entre el decir y el hacer / Es el ser /un acto indivisible del vivir. O sea, la decisión de la escritora, es que ambiciona escribir con exactitud, con respeto,  y sobre todo con sinceridad, con ese peso específico al exigir que la poesía sea el acto más puro para expresar al ser, ese ser tan solo cuando escribe desde el fondo, sin vacilaciones pero sí con esa entrega total, con esa pasión y, sobre todo, porque la poesía exige esa definición única, sin exhibiciones, ser uno ante cualquier escollo, para que la palabra inscrita, dentro del ser se pronuncie con todo el peso ya que no se merodea por zaguanes y recintos ajenos sino propios, vividos hasta el desespero, y es cuando la palabra debe pronunciarse para no ahogarse en ella no como decorado, ya que en Gloria la palabra no es servidumbre ni fatiga sino lucidez en el umbral de la memoria.

Eso sí a través del texto hay una herida que traspasa algunos poemas que como unidad son su marca de agua, su huella, su herida, su dolor; es decir la perseverancia que exorciza al mencionarlos.

Después, llega la otra lectura, la de aquel poema que está inscrito, casi secreto, entre los otros, ya que cada libro, quiérase o no, es un palimpsesto donde se guardan varias aristas sueltas que entregan una significación peculiar. Podría ser una insólita ruptura, a la vista del curioso lector, rebelada al releer, delimitando un intervalo donde surge la herida invisible en toda su dimensión. Esta herida es vuelta a encontrar en la diversidad de los poemas, surge con esa fuerza de reclamo, es decir nada más que un dolor cuya alteridad se confunde con la escritura misma en los senderos auscultados. Entonces, de repente, ese otro secreto, oculto dentro de los demás versos van adquiriendo una significación diferente que dan lugar a que brille algo así como un descubrimiento que la denota a ella, a Gloria María.

Te alejas /con el ritmo de la ausencia /presente aún /en tus regresos (pag.12)

En este trópico /la atmósfera es impredecible /como el deseo (pag.13)

En el lecho /a la hora del silencio/ esperará que el viento /en su cuerpo/ le ayude a encontrar /la plenitud (pag.21)

Búsqueda infructuosa / de una voz /del calor de un cuerpo (pag.24)

¿Tú reposas a mi lado / acaso te conozco? (pag.36)

En Enunciaciones Oscar González, Andrés Vergara se destacan en sus entrevistas con la autora. También hay textos valorativos de Álvaro Marín, Adolfo Castañón, Jaime García Mafla y de Juan Manuel Roca.

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