viernes, 13 de marzo de 2015

27. Medellin: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico Debate en el Concejo Municipal


  27. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico Debate en el Concejo Municipal


Medellín la más demoledora

Víctor Bustamante


El pasado sábado siete de marzo el concejal John Jaime Carmona, ponente y el de la iniciativa del debate, tuvo la gentileza de invitar a un grupo de personas de la Mesa de Patrimonio, para consignar sus puntos de vista en una sección del Concejo de la ciudad.

De parte de la Alcaldía asistieron la Secretaria de Cultura María del Rosario Escobar, el Director del Departamento de Planeación, la Secretaria del Medio Ambiente, que nunca mencionó ningún plan sobre la recuperación del río para el proyecto bandera de la administración actual, y, por supuesto, varios vicealcaldes. No sé si asistiría el Gerente del Centro, o si no asistió porque le daba pena no mostrar resultados. María del Rosario refirió un hecho notable: la declaratoria de la UNESCO sobre el Archivo Histórico de Medellín.

Por parte de la Mesa de patrimonio asistieron Fadduil Alzate, María Cristina Álzate, Mauricio Benavides, Gilberto Rojas y el suscrito. Además participaron Felipe Vásquez exponiendo sobre Prado y Pablo Aristizábal, anotando la necesidad de conservar la arqueología. Todos coincidiendo en algo común: esa continúa voz de alerta sobre cómo conservar Medellín, que nunca es escuchada por los funcionarios públicos. La ciudad poco a poco es desmantelada para dejarla sin alma, es decir, sin sus lugares caros a la memoria, y rediseñada bajo la condición de desdénpatológica del carrielón antioqueño, que solo le interesa la rentabilidad, de la cual hablaba Fernando González, pero ya no desde el Parque de Berrío, sino desde un helado piso de la Alpujarra: donde reside la desmesura total, la frivolidad total. Allí en esas oficinas de especialistas, el Centro Histórico de Medellín no existe. O sí existe, para destruirlo.

Los miembros de la Mesa de Patrimonio, en este caso el profesor Fadduil Alzate, refirió la necesidad de fortalecer el concepto de patrimonio como una posibilidad de que Medellín tenga una sensibilidad diferente. Cristina refirió el concepto de los grandes nombres de la ciudad, de los nombres suplantados, lo cual da motivo para pensar en los actuales, que le quitan personalidad a los barrios, a los lugares queridos por  sus dueños, donde los poderosos y soberbios urbanizadores, en su departamento de efectos especiales, idean nombres como Urbanización Ellen Ville, El Tesoro, Bosques de Viena,  Ciudadela San Michel, Jerez de la Frontera, Calazanía, Space, Hollywood, y un etcétera de risa, igual como hacen las familias pobres con sus hijos, colocarles estos nombres: Smith, Brayan, Maicol Jakson Agudelo. Mauricio refirió el eterno caso de Prado sin propuestas serias de las sucesivas administraciones. En esos escasos seis minutos referí mas o menos las ideas de este artículo. 

Por supuesto que, como el Patrimonio, es un tema que no causa interés los heroicos medios no estuvieron presentes. Recordemos, estos están ya lejos de Medellín: uno en Envigado; el otro en Los Colores; Tele Medellín en una sede de bolsillo a la salida, por la autopista norte. O sea, divorcio total con lo que ocurre en la ciudad, y a más de eso, algunos de los concejales, con su visible desprecio al debate y a Medellín, se marcharon para otras actividades. Es raro, siempre algunos políticos no están fijos en un lugar, siempre tienen compromisos. El afán los conturba. Que poseyeran el don de la ubicuidad, no les bastaría. Pero bueno, no sé cómo, de los concejales que se marcharon, algunos pretenden ser alcaldes y otros repetir curul sino les interesa la historia, el derrumbamiento de la ciudad, su desmantelamiento, como el proceso perverso de maquillaje y destrucción. Y como, de esa manera, el resultado es una Medellín pobre, sin puntos de referencia, donde según los nuevos planificadores: aquí no ha pasado nada. Adulados y aduladores, piensan que con ellos se inicia la historia de Medellín.

Solo quedaron para el debate, el ponente John Jairo Carmona, y los concejales: Carlos Bayer, Santi Martínez, Nicolás Duque, Ramón Acevedo, Fabio Rivera y Luis Bernardo Vélez. Tres de ellos con sus incisivas intervenciones: Carmona, Acevedo y Vélez. Y un caso extraño: el concejal Oscar Hoyos, y su continua movilidad en el recinto del concejo, y su absoluta falta de seriedad para escuchar. No sé si es un caso de hiperactividad como en los salones de clase, pero el concejal no se hallaba, es muy inquieto, no se concentra, no sé si será así con sus ideas y con sus aportes al buen manejo y decoro de la ciudad.

La propuesta de la Secretaría de Cultura, ya está matizada de una vez en los pliegues de las convocatorias sobre patrimonio: “Entendiendo que el nuevo POT propone estructurar una ciudad más equitativa, sostenible y compacta hacia su centro, es vital pensar en el registro y en la recuperación de la memoria cultural de esos lugares que pronto entrarán en un fuerte proceso de transformación física, para lo cual los proponentes tendrían que aprovechar las diferentes fuentes que existan tanto físicas como vivenciales sobre el Territorio objeto de estudio”. Nada más cierto la frialdad para esta convocaría asevera: “pronto entrarán en un fuerte proceso de transformación física”. Para decirlo no entre líneas ni en el lenguaje técnico: continúa la destrucción de la ciudad. Medellín para muchos funcionarios no merece tener sus puntos de referencia. No sé si será por la influencia de los acuerdos con Barcelona. Aquí una duda, a los planificadores extranjeros poco les importa la ciudad, no la sienten, no la viven, no la conocen, no saben su historia; solo les interesa los contratos, la ciudad en sí, nunca.

Y eso ha servido de excusa para modernizar entre comillas la ciudad, esa Medellín, que poco a poco se queda sin sus edificios, sin patrimonio histórico por el complejo de inferioridad de sus administradores: poco a poco se le crea a la ciudad otra fachada, la fachada del arribismo social: si miramos hacia El Poblado nada tiene que envidiarle a Miami, y en efecto ese concepto de una ciudad sin historia, la miamizacion de Medellín, se da a cuenta gotas, una ciudad que no es amable con sus hombres que la crearon, que la convirtieron en una obra de arte, pero que cada alcaldía con su arrogancia la desmantela con la fantasía de decir que crean otra metropli, la de los eslóganes.

Dentro de ese concepto de arquitectura funcional y del endoso a la rentabilidad: cajones con ventanas y parqueaderos, no existe en estos últimos cuarenta años un edificio que sea amado por los medellinenses, un edificio representativo, un icono como ciudad que se respete, debido a la estolidez de sus nuevos arquitectos y a la necesidad de construir lo más rápido posible para de inmediato no pensar,  sino diseñar y construir otro aún más rápido, más funcional y más simple: síntesis de la voracidad inmobiliaria. Así la ciudad cae en ese despropósito de verla como la Miami paisa, una ciudad sin corazón, que quiere parecerse a otras no a ella misma. El símbolo de ese desparpajo es el Space.

Y no es para menos, ese carácter depredador del paisa, se manifiesta de diversas maneras, algunos loan la colonización antioqueña y niegan los negociados y la quema y tala de bosques. Así ocurre en la ciudad actual, es la colonización de Medellín dada por la presión de los urbanizadores, y los funcionarios públicos sin conciencia y sin formación que la destruyen como sea, no existe un concepto de respeto. Medellín no es un objeto inerme sino una capital que tiene su pasado, su memoria, su presencia, su importancia, su gran legado, y que, como dice la convocatoria, poco a poco destruirán, es decir, los llamados “fuertes cambios físicos”.

El funcionario que más me causó sorpresa y desánimo fue el Director de Planeación, el doctor Pérez, ya que en su informe dirigido al concejal Carmona sobre el manejo dado al patrimonio cultural en las tres últimas administraciones, añade en la parte que hemos mencionado como logros: Edificios Vásquez y Carré, la casa Barrientos, la sede del Archivo Histórico de Medellín, la Casa Patrimonio de Prado, las iglesias: la Veracruz, la Metropolitana y la Candelaria. Además olvidó que la casa de Zea fue restaurada por el ministerio, y que aún se realizan trabajos en El Jordán para recuperarlo, eso sí, lo iluminó el Arcángel San Gabriel, y recordó la casa de Pastor Restrepo, que creo que no conoce, así como no conoce el Centro de la ciudad, sino  a través de los planos que enseñó en el Power Point.

No sé si el doctor Pérez es muy católico y aun piensa que el patrimonio solo son las iglesias, y este concepto de la eternidad y de la fantasía religiosa lo zahiere. Y olvida algo, las iglesias son patrimonio religioso y están cuidadas con celo por sus curas, que entierran bajo el altar sus joyas coloniales, -también de miedo a monseñor López Trujillo-, y lo inexplicable ¿por qué razón revocaron la fachada de la Veracruz?, lo cual es un atentado, es como si los cartageneros pavimentaran sus murallas bajo el prurito de su conservación.

Le recordamos al señor Pérez, que la sociedad civil posee sus iconos que la hacen perdurar, porque han sido y son motivo de celebración de la civilidad. Le recuerdo, para anexarle a su informe y a su olvido, lo que han hecho en materia de patrimonio las últimas administraciones:

1.     Destruir el edificio de la cárcel de La Ladera obra de Agustín Goovaerts.
2.    Destruir parte del barrio la Toma para construir el Edificio de la Memoria.
Destruir el cementerio más antiguo de Medellín para construir un intercambio vial.
4.     Destrucción de la casa de Carrasquilla para construir un motel.
5.    Destrucción de la calle Ayacucho, destrucción del Hotel Bristol. Debido a la soberbia del Metro, que, a pesar de sus consejos, de sus ceremoniosos consejos, para cuando regresemos a casa en la noche, para solicitar, una voz meliflua, dar los puestos a niños, a los inválidos, a las mujeres en embarazo, y a estar alerta, y presente, con los bolsos debido a las manos enemigas, y que luego prosigue con toda esa beatífica ponderación carreñiana, pero olvidó como no respeta la ciudad desde sus inicios la ha arrasado sin dolor.
6.     Destrucción de la vieja casona del Das.
7.   Destrucción del Pasaje Sucre que mereció un premio internacional a Don Luis Pérez, el burgomaestre gastón y frívolo: el premio Atila.
8.     El cambio de fisonomía a la Plaza de Toros.
9.     Las justificaciones para que el Éxito se apoderara de la mitad del proyecto inicial del Parque de San Antonio.
10.   El deterioro de la esencia del Parque Arvi.
11.  El deterioro de la Biblioteca España con apenas ocho años de construida, y ahora se desembolsan más de 11.000 millones de pesos para recobrarla. ¿En qué administración sería que la inauguraron con monarca a bordo? ¿Hay pliego de cargos para los responsables?

Otra de las perlas disimuladas en el documento críptico enviado por el doctor Pérez, como todo informe que esconde realidades, escudado en su lenguaje técnico, son las farragosas citaciones de normas y leyes, donde el país santanderiano alcanza aquí un pico altísimo, y, que además, refiere el Macro proyecto de Río Centro, el cual es un adefesio por una razón de peso, el río Medellín, ya no existe, es una alcantarilla. ¿En qué río irán a pasearse las personas, cuando desde años atrás las administraciones le dieron la espalda? Es lo macondiano, lo inadmisible que se realiza en Medellín: un gran proyecto sin recuperar primero el río. Ya veremos los turistas mirando las aguas sucias y acompañados por los olores fétidos y la basura que maltrata sus aguas desde décadas.

Hace unos treinta años se dijo por parte de administración municipal correspondiente que en el 2011 se pescaría en el río Medellín. Debido a los planes para su recuperación, -estaba de moda la ecología-: apareció un diseño para los vertederos, las torres se empezaron a erigir en diversos tramos para tratar su caudal, se construyeron recolectores de aguas negras, aun sin uso, y se insistió de cómo, en el río de Medellín, se podría pescar para ese año milagroso. Esa era la promesa de los estólidos funcionarios: vendedores de ilusiones, culebreros: los peces de todos los colores regresarían, y me vi con una caña y sus aparejos pescando sabaletas, pero creo que leí mal, tal vez sería pecar. Cada diciembre, los funcionarios del municipio y EPM, celebran su Navidad en medio de una cloaca iluminada. Ahí mismo recordé esa obra maestra de Berlanga: Bienvenido, Míster Marshall. Y además aprendí algo nuevo: los culebreros ya no salen al Parque de Berrío sino que los tenemos de cuello blanco en la Alpujarra.

Pero ya lo sabemos Planeación Municipal es el delirio, la fantasía. Las pastillitas, como dice el concejal Moncada. Recuerdo cuando construyeron la Alpujarra. Los nuevos yupies, como odiaban la Plaza de Cisneros, la destruyeron sucesivamente en cada alcaldía.

Cantinas, casa de lenocinios, vendedores ambulantes, almacenes tradicionales, los teatros, la calle San Juan, putillas de baja estofa, bares de tango, fueron barridos por la quimérica ilusión de los funcionarios especializados. Así se quitaban ese paisaje que miraban desde la torrecilla de marfil, donde se planea la ciudad: les molestaba el lumpen: los residuos humanos de la ciudad industrial, ahí al frente, porque algo es cierto como muchos empleados municipales no conocen la ciudad, se les olvidó el factor humano. Total: a los cuarenta años el lumpen de Guayaquil se diseminó por todo Medellín. Eso no lo previó Planeación ni ninguno de los eximios alcaldes, ni quienes les hablan al oído, desde su ciudadela gris-cemento. Luego, ante la improvisación, las calles se guayaquilizaron: putillas de alta y baja estofa, y toda la fauna sexual, habitan cerca de las iglesias, bajo el viaducto, por Juan del Corral, y casi llegan al Parque de Berrio, y al Parque de Bolívar, así como llegaron vendedores de todo tipo de droga, jíbaros, vagos, mendigos transeúntes sin oficio, vendedores de ilusiones, de cachivaches, casas de putillas por todos los barrios, casas de vicios. El pequeño y poderoso Guayaquil, nuestro Barrio Chino, se creció en las narices de los administradores de Medellín y nunca se dieron cuenta, nunca les interesó, y a los cuarenta años, ese mismo Guayaquil, o El Hueco, y los Sanandrecitos, impulsado por el contrabando, que nadie ve, cambia su imagen. Lo demás es el deterioro humano visible en la ciudad, y la vacuidad de sus administradores que viven en la fantasía de otra metrópoli.

Total. Estamos condenados a mirar la ciudad en las fotografías de nuestros fotógrafos mayores, y este es el mayor fracaso. No podemos decir que fue debido a la presión social como la excusa más a la mano y sin imaginación. Fue peor, debido a la desidia de los funcionarios públicos que construyeron su castillo de cemento en la Alpujarra y crearon otros sitios con más seguridad e inversión, dejando la ciudad inicial huérfana. Por eso hay varios Medellín: la de los funcionarios que llegan a su oficina en carros blindados y con escoltas que imaginan que viven en Miami y los que la caminamos y la buscamos, y aun no conocemos sus secretos, sus historias, sus momentos de esplendor, y aun el del deterioro mayor, como el de ahora.

De ahí que se invierta en internacionalizar a Medellín, pero dejando la ciudad en su interior totalmente abandonada. Síntesis de un pensamiento municipal donde solo interesa el boato y la apariencia. Urbanizadores y administradores, un cóctel destructivo para la ciudad. Y el espejismo del progreso mal encausado como secuela, siempre miramos hacia los lados nunca al interior de Medellín, o sí al interior, arriba, a las comunas donde se manipulan los votos; los que eligen viven allá.

Cierto, todo ese esfuerzo por construir una ciudad en tantos años, con tanto amor, con tanta donosura, pero según cada alcaldía, aquí no vivieron Girardot, Epifanio, Carrasquilla, la Madre Laura, Abel Farina, Ricardo Rendón, Efe Gómez, Débora Arango, León de Greiff, Los Panidas, Fernando González, Melitón Rodríguez, Benjamín de la Calle, Alba del Castillo, Francisco Antonio Cano, Luis Tejada, María Cano, Fernando Botero, José María Villa, Carlos Vieco, Estanislao Zuleta, Juan Zuleta Ferrer, Lucho Bermúdez, los nadaístas, Luis Alberto Álvarez, Mejía Vallejo, solo para citar algunos creadores. Ah, y por supuesto, sus grandes arquitectos que la matizaron con finura, con su filigrana y detalle. Emilio Carré, Francisco Navech, Agustín Goovaerts, Félix Mejía A., Horacio M. Rodríguez, Juan Lalinde, Enrique Olarte, Nel Rodríguez. Ellos parece que nunca existieron: sus huellas, sus obras, fueron destruidas. Esa es la Medellín actual, la de la desmemoria, la del réquiem continuo: 

LA MÁS DEMOLEDORA.


lunes, 2 de marzo de 2015

La viuda de René Char en Medellín / Víctor Bustamante


No he leído a René Char. Sin él puedo vivir. ¿Qué tiene Char que yo no tenga?


La viuda de René Char en Medellín.
Víctor Bustamante

Poeta triste: Otra vez estoy más desconsolado que nunca me volvieron a negriar, a ningunear, no me tuvieron en cuenta. Mi nombre no existe en ninguna antología, ni en ningún premio, ni en ningún nombre de concurso.
Viuda de René Char: Solo bailo con excelsos poetas, y sin son franceses mejor. No olvido a Rimbaud. Me siento muy cansada de bailar con poetas pobretones y muertos de hambre.

Poeta triste: Soy joven y bello como Rimbaud.
Viuda de René Char: Tonto, tontico. Te falta mundo, no sales de La Playa con El Palo y de estar comiendo pandequesos y tomando tinto todo el día, y de beber pegado en La Buerta. Ese tipo de poetas los detesto. ¿Sabes por qué? Amo el poder, me seducen las relaciones internacionales. Además el dinerillo de cuenta de los poetas no cae mal. No puedes invitarme a viajes a Praga, a Estocolmo, al mar, a congresos a nivel mundial, ni darme más condecoraciones. Las necesito para poder brillar como una galaxia en mis 25. Es medio siglo y mi prestigio no lo puedo echar por el suelo. ¡Quiero la Legión de Honor! La necesito para sobrevivir. Ya superé a Jorge Barón: “Aguita pa'mi gente”

Poeta triste: (Se ajusta las gafas, y la mira de arriba abajo) J'aime ton intrépidité, ton orgueil. Porte-moi avec toi.
Viuda de René Char: Tonto, granuja, háblame en español, soy muy montañera todavía. Te haría caso si fueras Rimbaud.

Poeta triste: ¿Rimbaud? Rimbaud murió hace muchísimos años.
Viuda de René Char: (Realiza una llamada a Bogotá, a Fanny Mickey. Otra a la Oficina Central del Surrealismo en París. El mismísimo Breton le susurra un nombre. Castro no le respondió, está disvariando y chocho).  Ya lo tengo: ¡René Char! , si, si, si  ¡René Char! Ese es el escogido. Me han dicho que me internacionalizaría más y más. 

Poeta triste: René Char también se murió.
Viuda de René Char: ¿Y qué? Ese es el escogido para este año, solo bailaré con René Char, solo beberé con René Char, solo me le entregaré en cuerpo alma y entretelas a René Char.  Es más, si me invita a Francia y me dan la Legión de Honor solo se le recibiré a él. René Char es René Char. Además es un poeta neutro sin compromisos con la izquierda ni la derecha o sea simularé fraternidad y fraternidad y más poesía. Odio a los disidentes debo mantenerme neutral. 

Poeta triste: Lo sé. Faltona, bailaste con Uribe como diez y seis años seguidos, además bailaste con Belisario, con Pastrana, con Santos. Ah, y hasta con Fidel, y con su hermano: ese par de joyitas. ¿Cómo haces para mantenerte tan atractiva? ¿Te has operado alguna vez?
Viuda de René Char: Es cierto, soy muy gustadora. No puedo negarlo. Todos quieren bailar conmigo. Uribe, es muy delicado y aprieta muy bueno. De él si me dejo amacizar pero si vuelve al solio.

Poeta triste: En el país, en Colombia, hay poetas de primer orden.
Viuda de René Char: Aquí no hay poetas sino esbirros. Sé por qué lo digo.

Poeta triste: Me hubiera gustado que tuvieras en cuenta a Alvarado Tenorio para los 25 años.
Viuda de René Char: De ninguna manera, crítica mucho y mantiene un ego impotable. Un poeta que le escribe a sus gatos me aburre. Además indica que Guillermo Valencia es el poeta más grande de Colombia. Está reloco. Últimamente tiene muchos nexos con Vicente Fernández, ya le publicó una ranchera en Arquitrave. Y además me tira muy duro. Cada rato me trata de prepago de la poesía. 

Poeta triste: Y al gran nadaísta Jaime Jaramillo Escobar.
Viuda de René Char: Es muy orgulloso. No me pasa al teléfono ni accede a mis invitaciones ni a mis fiestas.

Poeta triste: ¿Y Jotamario, tu gran amigo?
Viuda de René Char: No, no creo es muy interesado. Aún le falta rogarme más. Debo mantenerlo apartado, es muy mujeriego, y muy político, aunque nos entendemos mucho, hasta comemos en el mismo plato.

Poeta triste: Eduardito merece una celebración en estos 25 años, porque ticinco son ticinco.
Viuda de René Char: No, no cómo se te ocurre. ¿Más nadaístas?  No, de ninguna manera, se apoderan de mi chanfaina.

Poeta triste: ¿Raúl Henao?
Viuda de René Char: Menos. Es muy surrealista y ya no me gustan sus haikus. Además le tiene miedo a Drácula. Que lo vieras temblando en el castillo de Rumania. 

Poeta triste: ¿Y Darío Jaramillo Agudelo?
Viuda de René Char: Está muy caído conmigo. Cuando viene a Medellín no saluda. Además últimamente anda muy callado. Le perdió peso a la poesía. No me publica mi poesía en Pre-textos .

Poeta triste: ¿Y el poeta costeño que vive en Popayán?
Viuda de René Char: ¿Giovanni Quessep? No, no ese es muy borgiano. No, no, aún no, le falta más mundo.

Poeta triste: ¿Y Roquita?
Viuda de René Char: Es muy modesto, no aceptará por nada del mundo. Además de pronto me da botella. 
No lograrás convencerme pedazo de alcachofa. No trates de convencerme. No bajo de René Char. Es más, anoche soñé con él. ¡Qué tipazo! ¡Qué gran honestidad intelectual! Sé que no lloraría ni haría cerrar programas de radio porque critiquen mi vestido blanco de satín, ni mi boca de un rojo patrimonio poético. Allá soportan las sátiras de Charlie Hedbo, pero aquí no, quien me moleste o critique le echo la ley.

Poeta triste: Es cierto, René nunca lloró porque lo criticaran ni amenazó y lloró para cerrar programas de radio. Es un tipo de una madurez y de pudor intelectual a prueba de babas. Cariño, tienes razón. Además trataba muy bien a sus amigos y a sus contradictores. Era un libre pensador pero no me distraigas. ¿Por qué no tienes en cuenta a poetas colombianos ahora que te veo en tus 25 años con botox en los labios y silicona en el pechito, y has barnizado de verde y paz tus ideas stalinistas? ¿Cuál es la razón específica, y la otra, la que siempre escondes? Solapada.
Viuda de René Char: No me gusta mirarle el ombligo a escritores colombianos.

Poeta triste: ¿Y Rubén Vélez?
Viuda de René Char: No, no de ninguna manera. No me aguanto su voltaje, es muy irónico. Su presencia me hace temblar de miedo, me hace ver mi cara de la simulación.

Poeta triste: ¿Y una mujer?
Viuda de René Char: ¿A quién? No, no, de ninguna manera aún les falta. Además son muy peligrosas y hacen perder el tiempo. 

Poeta triste: Mmmmm. ¿Y William Ospina?
Viuda de René Char: Me duermo leyendo su poesía. Se ha hundido en la novela histórica para evadir compromisos actuales. No es un contemporáneo necesario. Además, cuando votó por Zuluaga se cayó conmigo. No olvides que me mantengo firme con mis tesis de criticar con la izquierda y cobrar con la derecha. Además me uno a la paz. Es un negocio que da dividendos y dinerillo a la gran bolsa de la poesía. Todo por la poesía. ¿Si o no?
Entiende cabeza de chorlito, en mis 25 añitos necesito poetas que suenen. Oíste bien, que suenen. No estamos para darle coba a nadie. No olvides que somos súper internacionales y fraternales a morir, pero con los extranjeros. Me gusta como hablan, como huelen, sus contactos así sean malos poetas.

Poeta triste: Podría ser uno de los tuyos. Aquel que finge en las fotos de ser un César Vallejo de peluche.
Viuda de René Char: Explícame bien cabeza de chorlito. En mi gabinete no existen poetas trágicos. No me gustan los poetas trágicos ni malditos. Ah, ja, ja, ja, ja, ja.  Ya sé a quién te refieres. Ja, ja, ja, ja. (Se limpia el rímel que le cae de sus bellos ojos claros, y el labial se lo organiza en un espejo de mano).

Poeta triste: Iba a enviar mi anti poesía al concurso pero de ninguna manera lo haré. Seguiré solitario y sin rumbo fijo pero hacía La Buerta. Siempre incomprendido, siempre poeta, hasta más triste y maldito que el mismísimo Rimbaud.
Viuda de René Char: Si la tristeza toca hoy a tu puerta...dile que lo sientes que no puedes abrirle, porque tienes una cita con la alegría. Lo puedes publicar es mío.

Poeta triste: No te burles de mí. Solo te hacía propuestas sobre nuestros poetas mayores, pero vivos. Es más, en Francia nunca harían un concurso con el nombre de un poeta colombiano como contraprestación. Eres una acomplejada.
Viuda de René Char: Y qué te importa a ti. Mi vida es mi vida. Mi problema es mi problema, como dirían Ana y Jaime. Además le aprendí a Santos, hizo cambiar de entrenador de la selección y ubicaron a Pékerman.

Poeta triste: Eso no tiene nada que ver con la poesía. Te ves bella con tu cabello nórdico, muy a lo sueco con ganas del Nobel grande, hasta lograrás el Oscar por esa gran puesta en escena poética cada año con efectos especiales de cuenta del erario público.
Viuda de René Char: Ese es mi gran secreto. Tonto, ¿cómo que no? No intentes seducirme, este año seré la única mujer de René Char. 

Poeta triste: Exaltas poetas extranjeros con dineros nacionales. Me conduelo, me pone súper mega triste.
Viuda de René Char: (Se delinea su boca roja con labial comprado en el Hueco y hace carrizo). Así es la postmodernidad, tonto de tontos.
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sábado, 21 de febrero de 2015

Guillermo Cabrera Infante, Forever / Víctor Bustamante




Guillermo Cabrera Infante, Forever

                                                                   Para Miriam Gómez

Víctor Bustamante

Cuando el boom literario vivía su apogeo, también existía otra connotación: ser de izquierda para posar de consecuente con ese despelote monumental que es y ha sido Latinoamérica. Era le época de los dictadores de derechas o militares con sus golpes de estado. Solo brillaban, como respuesta, quienes eran amigos de Fidel, sí, el tirano. En un comienzo estuvo Vargas Llosa hasta que sucedió lo del premio en Venezuela y el denunció a Haydee Santamaría por invitarlo a que le dieran el premio al partido comunista venezolano que así mismo ellos luego reembolsarían el dinero del premio. Luego Cortázar, a pesar de su lucidez, se convirtió en un viejito verde de la política al escribirle a Castro pidiéndole casi excusas y diciéndole, caimancito, solo por haberlo criticado. 

La ruptura del boom fue en el caso Padilla cuando Goytisolo le pidió solidaridad a García Márquez. Este se excusó, todo en él era así, eterno enamorado del poder, genuflexo siempre convivió allí. Por eso en el Otoño del Patriarca escribía sin darse cuenta de la tragedia y pantomima de su amado Castro. Cínico le diría Sontag. Nunca le perdonaron a Borges haber hablado sobre Pinochet, mientras todos los que apoyaron a Castro ocultaron y no se dieron cuenta de la clase de tirano que se incubaba desde otra dirección. Terminaron criticando a Borges que fue marginado por los llamados intelectuales de la perversa izquierda que ya dominaban los medios. El otro grande, Cabrera Infante, casi se le considera un apestado.

¿Y qué ocurrió luego con Cabrera infante? Fue marginado por sus propios amigos del boom. Y a más de eso cuando se iba a exilar en España los tentáculos del castrismo lo impidieron y debió irse a vivir a Londres. Solo una persona lo acompañó en su resistencia de disidente que era la única posición política clara: Miriam Gómez su mujer. Y un gran escritor que fue capaz de criticar los abusos y mentiras de Castro, Mario Vargas Llosa.

Y por supuesto, que con sus ensayos nos abrió los ojos con respecto al trato que muchos personajes de izquierda latinoaméricana le daban al tirano caribeño. La situación en La Habana no era como habíamos pensando. ¿Libertad?, pura palabrería, y lo peor, a pesar de ese libro de denuncia, de la situación cubana, Mea Cuba, muchos intelectuales  aun piensan que al vanguardia es el régimen desueto de un emperador del odio como es Castro.

Hasta aquí una forma sucinta de su claridad política, y de su valor civil al denunciar el ambiente político y social en declive de la isla.

Ahora hablemos de literatura.  

En la década de los años 70 se leía con denuedo Tres Triste Tigres de Cabrera Infante en Medellín. Aun andaba embelesado con Cortázar y con Onetti de quien no he perdido mi amor. Incluso hubo un lugar, que prefigurará luego: los bares de salsa de la ciudad, en su homenaje: Los Tres Tristes Tigres donde nunca fui. Pero en ese tiempo no quería leer a TTT porque lo asimilaba a novelas pesadas y aburridas como las de Carpentier, como las de Jorge Icaza y Ciro Alegría que eran las enseñadas en los colegios como referencia. O la de algunos autores de Centroamérica, como Asturias,  que sus libros se me caían de las manos.

Nunca quería leer a Cabrera Infante. Hasta que un amigo, un hombre llamado Jesús, me llamó y me dijo, léete ese libro: La Habana para un infante difunto. Confieso, lo leí de un tirón, y aun lo sigo leyendo como todos los libros de Caín. Me gustaba esa manera de Cabrera Infante de acercarse a lo popular, a lo erótico, al habla, y a un campo donde pocos escritores incursionaban como es el cine y la vida en los teatros. Y a más de eso a caminar de su mano por las calles de La Habana. y así, sentir esa ciudad como si la transpirara y transitara cada que lo leo. Luego sus libros me abrieron esa buena dosis del mundo que me hubiera gustado escribir, y de él lo aprendí, y por eso su presencia en mi escritura, es la presencia de mi maestro. Sé el plano de sus calles, de los lugares donde vivió, de sus paseos en su auto por el malecón, de las noches habaneras, de sus mujeres.

Poseía el mito de los escritores que viven y traspiran la ciudad. Uno de ellos, Joyce y Dublín, pero sospecho que es por la traducción que hacer perder el color local, que es lo que da peso a la literatura y no me llega. Uno lo lee pero algo falta en las traducciones. No sé qué es; pude ser el significado de  las palabras. En la traducción eso, su tono, se pierde.  No encontraba en Cabrera Infante, el tono intelectual de algunos escritores de su generación, que matizaban, pensaban sus escritos con cierto apartamiento que hacen perder lo valioso en la literatura, la pasión.

Cabrera situaba La Habana en toda su dimensión y con su transgresión. Me sentí  mirándome en sus libros, y en él vi lo que pocos escritores, por su incuria en no conocer las ciudades, sí hizo Cabrera: uno siente La Habana descrita y escrita en sus calles, sus cines, en sus plazuelas, en sus personajes. Cabrera en ese sentido da dimensión a la ciudad, la vive, la ausculta. Y no solo eso, capta de oído lo que se hablaba y la música, por supuesto, no escapa a su peregrinaje. En él está la cubanidad en su grado máximo.

En La Habana para un infante difunto se aparta de su amado Joyce que tanto lo influenció en TTT. Lo cual no es ningún dato sospechoso. Uno viene de algún escritor. La originalidad no existe sino en los escritores que se leen, que te antecedieron. La originalidad de la escritura está la tradición literaria. Uno viene de alguien. Con La Habana para un infante difunto, escrito en el exilio de verdad, no el exilio rosa de algunos escritores latinoamericano que lo fingieron en Europa, Cabrera nos abre las puertas a la lectura de El Satiricón y al poder de la nostalgia descrito por Proust. Él da otra dimensión a La Habana, La Habana del recuerdo, tan nítida, que uno la siente. No La Habana destruida por la utopía de la revolución, convertida en el negocio particular de una familia que masacró la economía de una isla. Una Cuba que era reconocida y estimada en el mundo por sus intelectuales por su carácter, siendo rebajada a una simple provincia del marxismo tropical y a la pobreza.

Hace 10 años se murió en Londres Guillermo Cabrera Infante, mi maestro, uno de mis grandes y amados maestros de la literatura. Él nunca calló ante los crímenes del castrismo y su lucidez aún se mantiene intacta. Así haya muerto en el exilio, perdura su honestidad intelectual, su compromiso con la literatura. Siempre escribió sobre lo que él quiso, nunca novelas por encargo, lo cual lo sitúan en el país amado de los grandes amigos con los cuales se busca una buena conversación y el continuo aprendizaje que es la vida, el proceso de creación de un escritor.

Hoy le podría contar al escritor, a Cabrera Infante, como sus detractores continúan embozados en el mundo sucio del silencio, del interés y ambición personal, ah, y de la indolencia con el otro, con los disidentes. Le contaría que su país se cae a pedazos. Pero que su literatura, su férrea honestidad intelectual, sus libros, aun nos dan la vivencia, la calidez de La Habana. Pero sobre todo su presencia allá en su casa de Gloucester Road donde su exilio nunca fue dorado.



lunes, 16 de febrero de 2015

26. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico. Pedro Justo Berrío




26. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico. Pedro Justo Berrío


No seamos injustos con Pedro Justo

Víctor Bustamante

Alguna vez decía Carlyle sobre la importancia del papel de los grandes hombres como referente para la formación de una mentalidad. Claro que eso ocurrió hace algunos años. A él, a Berrío, le podríamos aplicar estas mismas palabas del inglés: "La democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan". Eso fue Berrío, un político destacado, casi con la veneración de sus ciudadanos. En Medellín Pedro Justo Berrío se ganó ese apelativo de un grande hombre debido a sus ejecutorias, y probidad, no en vano en su monumento en el Parque de Berrío fueron escritas estas palabras: “Al incorruptible y modesto ciudadano Doctor Don Pedro Justo Berrío?”

A los pocos años de muerto la ciudadanía quería tributarle un homenaje, y lo hizo, dándole nombre al parque principal de la ciudad, y además eternizando su memoria con una estatua. Fue el primer gobernante antioqueño de una probidad  absoluta y de una  ascendencia total. No creo que en la actualidad existiera unanimidad para que un político contemporáneo mereciera un homenaje de estas calidades. Son tantas las veleidades que uno se pregunta qué ha pasado en estos cien años para que ese ejercicio sea tan discutido. Para muestra un botón sucio: un diputado copió de El Rincón del Vago, en Internet, parte de su tesis y ahí sigue campante. No hablaré de otros casos, más deleznables, por una razón de peso, más de un rostro, iba a decir, de muchos de  nuestros dirigentes se caería como una máscara en el Festival del Diablo. Maquiavelo es su cartilla predilecta.

Carrasquilla recibió clases con Pedro Justo y narra cómo era Berrío, un hombre con sentido común y deber civil que caminaba por las calles para dirigirse a la Universidad de Antioquia, en la Plazuela de San Ignacio.

Luego de abandonar el cargo Berrío se va a vivir a Santa Rosa pero debe volver a Medellín debido al daño que le hacía a su salud el intenso frío de su ciudad natal. Se instala a vivir en la casa 102 entre Carúpano y San Félix, que la construcción de la Oriental destruiría.

Hasta aquí las huellas del ámbito vital de Berrío se han borrado por sus mismos herederos políticos. Es cierto un político aclamado y probo parece no existir y señala sus ejecutorias.

La ordenanza número 26 del 4 de agosto de 1890, mandó a erigir una estatua en homenaje a Berrío. Los contactos se realizaron en París donde se envió la propuesta a Juan C. Ordoñez, y este al señor Emiliano Isaza, secretario de la legación colombiana ante la Santa Sede que contacta a Giovanni Anderlini, discípulo de Tenerani, quien había ideado la estatua ecuestre de Simón Bolívar en Bogotá. El gobernador le envió a Ordoñez, intermediario, tres pequeños retratos de Berrío, uno de ellos de cuerpo entero, un boceto con la acostumbrada postura de Berrío con los brazos cruzados y en traje civil. El dibujo modelo lo realizaría Fráncico A. Cano, el contrato y copia de la ordenanza también se enviaron a Italia.

El día 29 de junio 1895, onomástico de Berrío, se realizaría la ceremonia de descubrir la estatua. Los planos del parque los realizaría el arquitecto Antonio J. Duque.

Este texto se extiende un poco, solo quería referirme a algo inaudito: la situación actual del monumento a Berrío en el parque, lo han cubierto con una base redonda y han encapsulado la estatua de Berrío en una caja blanca, donde se lee “Paisa compra paisa”, y en la base, “Orgullo paisa. Desde diciembre ese armatoste ridículo cubre a Berrío de toda la magnificencia de su obra, de lo que proyectó para la grandeza de un departamento.

He averiguado en la red y en ningún lugar del mundo he visto cubierto el nicho de  las estatuas que hacen homenaje a sus héroes para vender sanduches, perros calientes, chicharrones, pescado o jugo, o la yerba del diablo. La de Lincoln en Washington la veo intacta en tiempo real con el líder aferrado a su silla. La estatua de la Libertad en New York todavía saluda a los viajeros con su antorcha en la mano derecha. En Londres el almirante Nelson en Trafalgar Square sigue ahí sin ningún problema. En Paris la estatua de Napoleón aún sigue de pie sin ser cubierta por nada que oculte su memoria y su presencia, síntesis de su legado.  En Madrid el monumento a Miguel de Cervantes luce primoroso bajo el sol. Julio César en la Plaza Santa María Nova en Roma está intacto y pendiente de la ciudad que ayudó a forjar. En Roma hay unas 2500 estatuas que imprimen su sello y el peso de su historia a la ciudad. En Medellín unas se las han robado, otras las han despedazado y así.

Qué dirán los turistas de la ciudad más innovadora, de la ciudad más educada, que hasta sus grandes hombres son desplazados y tapados con un cubículo y publicidad demagógica, es decir olvidados por una generación de tecnócratas que no sienten el pulso de la ciudad, del Centro digo, y anoto, del Centro abandonado a su suerte. 

No sé si las estatuas sean consideradas adorno  o patrimonio en ese maremágnum de legislaciones que nadie responde. Somos kafkianos a morir. Seguro no aparecerá el funcionario que dio la orden menos el gerente del Centro. ¿Hay gerente del Centro? Iba a referirme a los concejales pero estos deben estar en campaña desde el primer día de su legislatura. 

Teníamos noticias del carácter mercachifle de los paisas al destruir casas patrimoniales para abrir negocios, pero si miramos las diversas fotografías de Berrío en su monumento es la primera vez que en Medellín ocurre un disparate de esta índole.

La Antioquia vocinglera, la que se extasía con los juegos de chance que ocupan los antes poderosos edificios de los bancos de la calle Colombia con Bolívar, la ciudad de los casinos que remplazaron los teatros, de los estriptis, de los jibaros, los brujos de tarjeta, de las prepagos, la de los vendedores de mercancías chinas del Hueco, la de contrabandistas; se ha apoderado del Centro. Esto para referirme a una parte; la otra, la de las vacunas y la de los atracos perdura con baja intensidad, y ahora, la barbarie, corona su obra con la armadura que le han dispuesto a uno de los antioqueños ejemplares.

¿Hay un encargado del espacio público en la ciudad? ¿Hay dolientes del patrimonio, en este caso los monumentos que poco a poco se abandonan?  La incuria a Berrío hoy es equiparable a la desidia con el monumento a Cisneros en la época de El Pedrero.

Inicialmente pensé que se trataba de una instalación a la manera de Christo que tapaba con mantas de tela edificios, incluso el Pont Neuf, para tomarles fotografías. También llegué a pensar que algún imitador de las bagatelas de Jeff Koons había decidido crear una instalación, pero este cachivache que ofende y esconde al héroe lleva más de tres meses cambiando la historia, degradandola al folclor del más bajo calado: situar un cacharro que servirá para el escenario de los cantantes varados de diciembre y luego para la venta de chicharrones y jugos, tinto, cerveza, tapetusa y whiskey Old Parr 100 años destilado en Manrique, y música guasca para poder ocultar el monumento a uno de los antioqueños ilustres, que en realidad sí lo fueron.

Es cierto, Medellín se precia de realizar eventos internacionales de gran vuelo, pero en el fondo la mentalidad de montañeros con corazón municipal aún perdura. La ignominia a Berrío es apenas un escudeto del descuido.




sábado, 14 de febrero de 2015

Medellín / Manel Dalmau Etxalar





Medellín / 


Manel Dalmau Etxalar

"Se apaga el sol al sur de Medellín. Se respira una furia que escupe frenazos, estafas, balazos y navajazos. Los peatones atraviesan con un miedo desatado a ser atropellados en los pasos de cebra, o a ser atracados en la esquina sin nombre, o asesinados en los callejones sin apellidos. Es el pánico diario de una ciudad con leyes invisibles, donde los turistas buscan polvos mágicos y los hambrientos devoran las partículas de la miseria.

Medellín es una villa vestida de novia decepcionada, que se le corrió el maquillaje de la eterna primavera con el sudor de los aguaceros y el temblor de un sol impertinente. El amor es un caso sin resolver, la capital del departamento de Antioquia tiene la etiqueta de antro peligroso, donde la amabilidad es un truco y la cortesía una trampa. Así es retratada por cronistas extranjeros atrapados a sus clichés, periodistas de lenguaje amarillo o visitantes perezosos.

Y Valentín se pasea por Medellín del mismo modo que se dejó llevar por la Barcelona yonqui, el París racista, una Nápoles de camorra, un Buenos Aires traidor o una Nueva York sin ideas.

Y Valentín, amante eterno, encontró la cortesía del amor a los pies del desconsuelo de mármol barcelonés, en el cementerio parisino de Père Lachaise, en el horizonte marítimo del puerto napolitano, en la boca gritona bonaerense, o en la pequeña Italia neoyorquina.

Y en una noche cualquiera, en esta furiosa Medellín, Valentín encuentra confesionarios con sosiego en algunos parques sin cagadas de perro, en algunas orillas de aceras sin peatones, en grotescos rincones pintados con luz de gas, en esta ciudad colombiana fascinante, con su rostro sin muecas, con su amor derramado por todas partes, es otra Medellín, la de gente trabajadora, la de la creatividad que se mueve con más ganas que buena estrella, la de amores y amistades que sobreviven a las etiquetas, a la violencia, a la soberbia.

En la esquina de la casa museo Otraparte, esa que sobrevive frente a una gasolinera con recelos y restaurantes de mordiscos chatarra, hay una puerta de hierro fundido con una frase en latín:

“Cave canem seu domus dominum”.

Esa puerta abierta como una boca de quijada rota, te lleva al universo eterno de Fernando González, un brujo antioqueño, colombiano, latinoamericano, de mundo redondo y completo.

Por allí vivió con su esposa, sus brisas, sus hijos, sus lluvias, sus hermanos, sus espíritus, sus amigos, sus pensamientos.

Hay un jardín, saqueado con orgullo por las manos de los desheredados de esta ciudad, caminado en silencio por los lectores de la vida, descubierto por la curiosidad de los viajeros, coloreado por las paletas de los artistas, fotografiado por las pupilas de las princesas, grabado por las avenidas de las televisiones, añorado por nadaístas, anarquistas y locos de la nada.

En ese jardín alumbrado por la sombra de los mangos y las raíces de plantas que hablan solas, donde las ardillas se sienten reinas y las abejas son dueñas del sabor de su miel, se plantaron tres bancas que son como las gradas de un estadio de fútbol, o butacas de un teatro, o asientos de un bus de largo recorrido o de una estación de tren o de un apeadero para el sofoco.

Es de noche honda, con un azabache descarado que amaga la sonrisa de la luna tras esas ramas robustas de los árboles que protegen el jardín de Otraparte y que someten en forma de cruz la transparencia de un cielo desenfocado.

Y en esas bancas se sientan los solitarios, que alumbran sus lecturas con la llama de las candelas, de los cigarrillos o de sus demonios. Unos leyeron a Poe, en busca de Annabel Lee, otros a Bécquer, a Cortázar, a Machado, a Borges, al Rivas o a los negroides de Fernando.

Otros se acercan a las columnas de Universocentro, a los ruidosos artículos del Colombiano o a las calladas arengas de la izquierda nacional.

Algunos de ellos escriben versos, otros relatan viejas historias de malas horas, y tal vez escapan las culebras de la borrachera, las mariposas de amores traviesos o la luz de una condena.

Este jardín de Otraparte es una estación de paso, con amantes que se esconden del ruido, que descubren la humedad del sexo tal vez virgen, o la rigidez de una erección suprema, o los recuerdos de un amor escrito por entregas, o el final de una pasión firmado con un beso de limón.

Son noches que van y vienen, en un refugio que ve pasar las sombras del tráfico a golpe de calma. Cerca del jardín, a pocos metros del rostro de un sátiro garabateado de piedra, con un gesto de ironía por sonrisa, está la greca sobrada de tinto, iluminada con la bombilla que parpadea dudas y que recibe los galantes revoloteos de polillas y mosquitos. Los pasajeros de Otraparte van y vienen, buscando descanso en las bancas del jardín, encontrando sabor con el tinto de esta mansa greca, donde hubo un tiempo donde tomaba Fernando González tragos de palique con los viajeros, y que ahora se la apropian los nuevos locos de esta nave mundana de palabras y nómada de sentimientos.
Valentín agoniza en una noche de Febrero en la ciudad de Medellín, esa ciudad sin primaveras, ni otoños, capital de centros comerciales, cuando el 14 de Febrero es fecha de regalos con disculpas para unos novios torpes, o caricias atrevidas de esposas que comprenden, o versos en los labios de los adolescentes que se besan por primera vez, o amores eternos en los temblores de los más ancianos que han sobrevivido a mil batallas injustas, o ese perdón que llega con paciencia, o ese anillo de compromiso que se pierde en el bolsillo de la mentira, o esos revolcones que llegan sin avisar en los asientos traseros de un coche, o esa botella de vino tinto que se bebe sin prisa y que prende la luz de las miradas.
Cada vez que se muere el sol sobre la ciudad de Medellín, los amantes encuentran rincones como este jardín en Otraparte, donde Valentín, descubre un nuevo lugar donde poder volver. Volver al delirio del caminante, del que busca su destino paso a paso". 
……


Manel Dalmau Etxalar. Nacido en un pequeño pueblo del pirineo catalán cuyo nombre es La Pobla de Segur. Adoptado en la ciudad de Medellín en 1998, paisa chivado desde Enero del 2010. Periodista, documentalista, historiador, dinamizador cultural y onanista compulsivo. Forma parte del equipo de la casa Museo Otraparte desde el año 2010. El “NO” de su gorra es un adverbio positivo y un morfema ácrata. Es un “NO” a la intolerancia, al desajuste social, al abuso, es una invitación para que todo aquel que lo lea, se invente su propio NO. Es un yonqui de la tertulia y un borracho de silencios. Intenta soñar.



4. Festival Alternativo de Poesía de Medellín. Bienvenida a Gabriel Jaime Caro






4. Festival Alternativo de Poesía de Medellín. Bienvenida a Gabriel Jaime Caro


Gabriel Jaime Caro

Víctor Bustamante

Gajaka ha regresado de Nueva York, donde reside a veces la mitad del año, o donde pasa temporadas desiguales. Allí es posible saber cómo participa en velas poéticas, en programas de radio por Internet. O sea la poesía lo mantiene ocupadísimo rodeado de sus grandes amigos de diversos países donde confluyen la escritura y la amistad. Pero hay algo que lo define: siempre permanece atento a Medellín.

Ahora en esta noche de enero unos amigos le hemos dedicado una reunión para celebrar su llegada desde la ciudad del norte de donde llega con esa vitalidad tan suya, con esa poesía, con su sello personal, a borbotones, para decirnos que por supuesto él está presente, que reinicia así, sus labores poéticas, con ese sello tan personal que le hace falta a la poesía del país, enmarañada en falsas solemnidades o en la fantasía de papel de la solidaridad de los negociantes y salvadores de la poesía entre comillas del universo como ellos se autodenominan.

No, Gajaka es un ser autentico, y de ahí que su poesía pronuncie su personalidad su carácter alegre, la majestad de su palabra como nadie lo ha expresado en el país de los ocultamientos.

Para él nuestra bienvenida, nuestra solidaridad sin cortapisas, nuestra admiración, así a veces cruce la frontera del neonadaísmo que es su verdadero ser, y se oscurezca en el neobarroco como su apetito poético.


 Para él nuestra bienvenida, nuestra solidaridad sin cortapisas, nuestra admiración, así a veces cruce la frontera del neonadaísmo que es su verdadero ser, y se oscurezca en el neobarroco como su apetito poético.

Últimamente lo vemos visto muy chic en las redes sociales. Sus amigos Gustavo Zuluaga,  Carlos Alberto Álvarez, Helena Restrepo, Rubén Vivas, Fernando Rivillas, Carlos Enrique Ortiz, y Carlos Alfonso Rodríguez, entre otros, le damos una cordial bienvenida a la Ciudad más Demoledora.