sábado, 4 de agosto de 2018

LO QUE CUENTAN LAS CANCIONES DE PABLUS GALLINAZUS / Carlos Alfonso Rodríguez






LO QUE CUENTAN LAS CANCIONES

DE

PABLUS GALLINAZUS

Carlos Alfonso Rodríguez

Pablus Gallinazus, es en la canción popular colombiana la oveja negra, el patito feo, el mosco en la sopa, la piedra en el zapato y el eterno aguafiestas. Cuando en el mundo reinaba la nueva ola, ése género superficial inventado por la industria de la alegría en los Estados Unidos. Un joven adolescente que nació en la provincia y estudiaba Derecho, empezó por aquellos días a pergeñar cantos, poemas y novelas que lo sacarían del anonimato y lo convertirían en el precursor de la canción protesta y social en Colombia, un lugar en el cual nadie lo ha movido y superado en varias décadas. Por lo cual sus canciones escritas hacen 52 años siguen más frescas que una lechuga, más rojas que un tomate, más verdes que un pepino y más humanas que nunca. Supongo que se puso por seudónimo Pablus Gallinazus, porque llamarse Gonzalo Navas, Juan Pérez o Perico de los palotes, era en realidad lo mismo. Sin embargo el sobrenombre de “Gallinazo” ya lo cargaba desde el colegio a causa de lo delgado y desgarbado de su figura.

Antes que Mac Luhan dijera que “el medio es el mensaje”, ya Pablus Gallinazus, era el medio y era el mensaje. Antes que se publicara “Cien años de soledad” ya Pablus Gallinazus había retratado Colombia en muchos paisajes, climas y atmósferas. Antes que el hombre llegara a la luna, sus canciones habían llegado al corazón del pueblo colombiano y latinoamericano. Por lo que bien se puede decir que hablar de Pablus Gallinazus, en Colombia y en el mundo, es hablar de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Chico Buarque, Víctor Jara, Chabuca Granda; o sea, lo mejor del continente y el mundo. Porque hablar sobre Pablus Gallinazus es contar de seres, personajes y lumbreras semejantes a Jaques Brel, Bob Dylan, Leonard Cohen, Serrat, Cortés, que de todos tiene un poco, pero que no les debe nada ninguno, porque tiene su misma edad, su idéntico trasegar, su mismo color, su mismo latido, y una gran e irredimible conciencia.

Pablus Gallinazus, nace en julio de 1943 en Piedecuesta-Santander, cantautor y novelista que destacó en los años sesenta y representó a una memorable generación de artistas, creadores y mediadores en la entonces denominada canción protesta. Junto con Ana y Jaime, Luis Gabriel, Manuel J. Laroche, Nelson Osorio Marín, Elmo Valencia y otros más que se enarbolaron como dignos exponentes de la canción protesta. Pero Pablus Gallinazus estuvo también relacionado directa e indirectamente con lo que fue la nueva ola colombiana en donde aparecen nombres como Oscar Golden, Harold, Vicky, Fausto, Claudia de Colombia, Los Yettis y Billy Pontoni. Entre sus canciones más populares se encuentran Boca de chicle, Una flor para mascar, Mi país, Mi pequeño Larrouse, Mulita revolucionaria, Sol en el andén, Tengo treinta años. Ésta última me recuerda por el título a una maravillosa crónica de Jhon Reed: Casi treinta.

En 1965 Oscar Golden le grabó e hizo popular Boca de chicle una sencilla canción adaptada a su ritmo y entonación. De esta manera, empieza su carrera pública de cantautor; sin embargo prefirió seguir proponiendo, decodificando y asumiendo en verdad una nueva canción con manifestaciones realistas, sociales, transgresoras y rebeldes, muy de acuerdo con una época y una generación que había despertado a la vida con la guerra de Vietnam, con la amenaza de la bomba nuclear, con la Revolución cubana, con el Che Guevara, con la primavera de Praga, Mayo 68, las hierbas sicotrópicas, el rock, el amor libre, al rojo vivo y al puro cuero. Generación que llegó a pensar que todas las condiciones estaban dadas para todos los cambios posibles e imposibles, en el mundo y en el planeta. Cuando la juventud francesa repetía a viva voz: “prohibido prohibir”, “la imaginación al poder”, “seamos realistas pidamos lo imposible”, apoyados por Sartre y Simone de Beauvoir. Ahí nació la izquierda caviar, de cafetín, de ONG y de verso francés.

Pablus Gallinazus en realidad era un narrador de historias que a veces duraban tres minutos, seis, o diez; pero cuando una canción no le bastaba para contar una historia que deseaba narrar, entonces escribía una novela como la historia de La pequeña hermana con la que gana El concurso nadaismo de novela organizado por Gonzalo Arango, que supo integrar para su movimiento todos los talentos que se encontraban dispersos en las diversas regiones, departamentos y ciudades colombianas. Es así como se produce el enlace entre estos grandes creadores y jóvenes artistas que reaccionaban en conjunto contra el monstruo grande que pisaba fuerte y se metía a territorios extraños como un angurriento tiburón en el mar de las Antillas, el Atlántico y el Pacífico.

Que sea mi cuerpo alegre carrilera/por la que corran tus manitas frías/que pasen palmo a palmo por mi tierra/ hasta que se confundan con las mías./Con tu dúo de manos disonantes/ tus manitas aéreas de buitre/tus manitas de chica de los ángeles/ con tu cuerpo sembrado de trigales/las pequeñas mentiras que tú dices con tu boca de chicle/ con tu boca de chicle.
(Boca de chicle, Pablus Gallinazus)

Primer gran éxito musical de Pablus Gallinazus, una canción adolescente en el que un muchacho nacido en el campo en medio de un universo cafetero se encuentra pasmado con la sensualidad de una joven de la ciudad que trae la novedad de las gomas de mascar, el encanto, el hechizo y la coquetería de las pequeñas féminas urbanas. Todo un bello lienzo del autor, de la región, de la época y del país. Esa temática juvenil preñada de alegre fantasía y color se vuelve un pan con manquilla para la industria del disco, o sea cuando existían los discos. Grabada de manera comercial en la voz de Oscar Golden proyecta un swing plástico, alegre y festivo. Pablus Gallinazus era un joven de veintitrés años que degustaba de los primeros almíbares de la fama y el éxito. Boca de chicle en la voz del propio compositor transmite más naturalidad, más sentido, más espontaneidad y se vuelve un clásico de la canción popular desde esos días hasta los presentes.


La novela La pequeña hermana (Tercer Mundo, 1966), lo saca del anonimato literario. Una historia sencilla escrita por un joven de veinticuatro años que había estudiado cuatro años Derecho, es decir leyes y ciencias políticas. La pequeña hermana, es una ficción en la que se cuenta la obsesión del personaje principal en matar a su mujer, hecho que finalmente ejecuta a lo largo de la narración de la manera más fugaz e imperceptible. Es una historia cargada de humorismo, iconoclasta irreverencia, vanguardismo literario con borrones, garabatos, tachaduras y páginas en blanco; en donde el protagonista durante el comienzo de la historia se autodefine: “Soy un católico progresista de oposición” y al final de la historia, como pretendiendo asustar a sus lectores con un amedrantado ideario dice: “Soy comunista. Amo la pobreza. Amé a los desposeídos y dije que era bello no poseer ni desearlo”. Sin embargo, durante todo el relato es un anarquista, burlón y pendenciero. La novela La pequeña hermana es un magnífico ejercicio para un extraordinario cantautor; pero la verdad es una novela sin novela ni novelista. El joven escritor estaba todavía muy cachorro para estos avatares, aventuras y caminos.

“Alguien a aquella misma hora —quizá un poeta— aguardaría la llegada del reino de la metáfora. Son ellos quienes más se acercan a la risa, porque la risa es una protesta, tal vez la más salvaje, la más vieja de todas.

La base de la comedia y la tragedia fue la risa, y para que las grandes resoluciones fueran realidades, ha sido necesario la carcajada del pueblo a sus pequeños dictadores.

Si todos los poetas hubieran sido poetas…
Hace mucho tiempo, secretario, hubiera desaparecido la metáfora por innecesaria.

Tomar lo pestilente en agradable —el oficio de ellos— aguardar un premio, un cielo, un paraíso, es protesta, es risa de los hombres aplastados por el peso de la tragicomedia diaria. Pero han comprendido estas cosas los redentores. Si alguien espera una nueva y bienaventurada vida, es porque la que está viviendo es una mierda. ¿Por qué avanza tanto la religión en Occidente en donde hay hambre, sino por eso?”

La pequeña hermana, págs174, 175 (Tercer Mundo-Bogotá, Colombia)

De todas maneras, la primera novela del autor deja entrever un joven bastante conectado con su tiempo, un joven demasiado adelantado para su época. Era más de la ciudad, un animal de la urbe, del cosmos; aunque sus vertientes campesinas y ancestrales también se manifiestan a través de la música y el canto en donde aflora el folclor que se mezcla con la modernidad del twist, el rocanrol y el pop. Un ser más instintivo, pasional y visceral, que racional y lógico. Era un líder a pesar de él mismo y lo sigue siendo con su esplendente obra al acceso de las nuevas generaciones de cantautores y autores. En un reportaje histórico titulado: “Pablus Gallinazo”, hay un perfil que lo retrata en la época y para siempre en la pluma del ideólogo nadaista:

Hay que tener mucha personalidad para llamarse Pablus Gallinazu. Es un nombre que hay que merecer. Del que hay que defenderse. De él no sabía hasta que una mañana como un relámpago hizo un trueno que resonó por todo el ámbito nacional. Sacudió la rutinaria quietud del mundo cultural. Durante una semana fue el personaje más aparecido y discutido en los periódicos y en los ambientes intelectuales del país. La razón: se había ganado el primer premio del Concurso nadaista de novela 1966 con una obra titulada La pequeña hermana. Antes de eso no había publicado ni un soneto. Era un ilustre anónimo. Se estaba preparando en secreto para una gloria definitiva.

¿Quién era Pablus Gallinazo antes de ser famoso?

Como es escritor, es decir inventor de historias, su verdad es al mismo tiempo su leyenda. Pablus, según parece nació en Bucaramanga hace veinticuatro años. Un marinero en Buenaventura me dijo que había estudiado bachillerato con él en un colegio. Luego supe por un comisario que hizo cuatro años de Derecho en una universidad de Bogotá.

Pablus, bebe cognac, toca a Vivaldi en una dulzaina, adora las flores, frecuenta restaurantes caros, paga con cheques, nadie sabe de dónde sale la plata, no trabaja en profesiones liberales, no es un gigoló. Usa trajes al estilo de la nueva ola, pero también luce muy fresco, muy limpio. Es flaco, moreno, muy alto, con cara triste. Su abandono, su manera de estar vivo, de reírse sin ganas, de estar silencioso casi siempre, de gozar y sufrir al mismo tiempo, esa bella aventura de ser Pablus Gallinazo, todo, todo, lo que evidencia y deja adivinar en su mutismo hacen de él un artista con encanto, con seducción, rodeado de una atmósfera de misterio, de leyenda que atrae poderosamente a las mujeres.

Reportajes, Gonzalo Arango, Volumen 1. Págs.176-177.


Pablus Gallinazus, desde entonces y hasta hoy cobraba regalías, o sea derechos de autor, que es algo que tiene vivos y avivados a los compositores de éxito en el mundo. Gonzalo Arango en la época en que trabajaba como periodista en la revista Cromos lo escuchó por primera vez en un programa de radio y percibe estar ante un gran talento artístico que traía una nueva poética y canción. Sin embargo, creo que Gonzalo Arango, también pensaba como empresario artístico y se va con Gallinazus a Buenaventura a ofrecer unas conferencias con todos sus locos poetas que amaban a la bohemia, a la oscura noche, el ocio, y por supuesto que a la literatura.

—“Está bien —dijo el tipo rasgando las cuerdas con una formidable indiferencia—pero si me tiro en este programa les advertí que no soy cantante…soy mejor.”

Anunció su última canción: “El sol en el andén”. La voz empezó a salir rota, quebrada, sin aliento, con una mágica y desolada soledad, como del fondo de un zapato roto. Tristísima, feliz, salvada de un naufragio. Seducía su calma, sus tormentas. Era una voz pura, torpe, carnal, se tropezaba con el alma antes de existir. ¡Me fascinó!

Tenía razón: no era un cantante de emisoras ni de cabaret. Era nada más, pero maravillosamente, un poeta que cantaba. Su voz hacía el efecto de un cuchillo oxidado abriéndose camino por la sangre hacia las regiones más lejanas y más secretas de la emoción. Embarazada de intimidad y júbilo. La letra se dirigía a la juventud con una enloquecedora poesía. Un deslumbramiento. Ese muchacho, quien fuera, y nadie de los que escuchaban lo sabía, era un gran poeta de mi generación.
(Cromos Nº2549. Bogotá 6 de agosto de 1966, pp.69-71)

Sol en el andén es la canción que escucha por la radio Gonzalo Arango y que se le presentó como una gran novedad, eran los días de gloria y fama de Gonzalo, en los que entrevistaba en la capital colombiana a sus compañeros de generación, a personajes destacados y a algunos de sus discípulos. Pablus Gallinazus fue uno de sus personajes entrevistados.

Sol en el andén es una narración sobre la guerra de Vietnam, pero que también es una historia de cualquier guerra en donde hay muertos y heridos, que como todos los que van a la guerra tienen amores y parientes. El joven Pablus solidario, amistoso y rebelde, como buen cronista cuenta una entre mil historias de la guerra de Vietnam. Tal vez recordando la famosa expresión de Hemingway cuando dijo “Que la muerte de un ser humano me compromete porque estoy involucrado con la humanidad”. Tal vez porque una guerra interna por el hecho de estar tan cerca no es tan fácil de contar, mientras que una guerra lejana se narra con mayor facilidad apoyado o ayudado por los medios de información.

Mi ciudad esta triste, triste está la estación, ahí juega una niña con los rayos del sol. Cuando el tren se detuvo esta mañana en la estación y bajaron Speek ,Piqwel, Caldwel, el sargento, Norman, Jhon y el muchacho que nos recomendaron en el frente mi amor, tú estabas esperando con los rayos del sol. He debido venir yo lo sé. Yo sé que te quedaste mirando al hombre de la banda que debía recibirnos con los rayos del sol. He debido venir, yo lo sé, he debido volver de la guerra en Oriente mi amor, pero yo no llegué. Te había prometido la medalla de honor, el hombre de la banda guardó en su maletita su trombón, y el último de todos el de la caja grande, el tambor. Después quedaste sola con los rayos del sol. Pienso que te arreglaste para verme después cuando tu madre se durmiera frente al televisor. Yo te mostraría las heridas y tú podrás acariciarme con tu boca mi amor, podrías, podrías…Pero ya no es posible… Cuando llegó el correo hasta Saigón la gangrena ya estaba adelantada y supe que nunca te vería mi amor. Cuando el general Wesmóbiland te prometió de pronto dos medallas de honor y te dijo que sin brazos y sin piernas serías feliz conmigo. Ahora en esta tierra debajo de esta mierda sé que te has ido para a la heladería con tu ropa celeste a olvidar mi regreso, el heladero Gin preguntará qué ha pasado conmigo y tú dirás la ciudad está triste, triste está la estación y ahí espera cariño tu medalla de honor.
(Sol en el andén, Pablus Gallinazus)

Sol en el andén es una canción hablada e impregnada de honda melancolía, de tonos, matices, colores, que se van distribuyendo en la historia de un soldado desconocido que le deja a su amorosa amada solo medallas de honor que no le solucionaran nada a ella. Sol en el andén es una narración, es una crónica al soldado desconocido o al soldado que perdió la guerra y el amor. Esta historia tendrá una versión comercial en la voz de Oscar Golden, en la que se suprimirán fragmentos, en la que se le agilizará el ritmo, al final la historia se convierte en una desfiguración de la canción; pero el cantante nuevaolero se sentirá como un gran vanguardista, como un buen innovador de la canción. Y solo es un homenaje adelantado que le hace a un verdadero artista que es capaz de escribir, narrar y contar historias de la vida real. Sol en el andén es otro de los clásicos de Pablus Gallinazus, que se escucha hasta nuestros días como una versión renovadora de la vida cotidiana. Pero el verdadero “Enfant terrible” de la poesía y de la música colombiana en los años sesentas no había manifestado toda su capacidad de rebeldía, coraje y cuestionamiento hasta que graba Una ciudad llamada Pablus Gallinazus una obra musical creada por el autor en donde arremete de manera imaginaria contra las instituciones castrenses, contra sus intocables mitologías históricas, contra casi todas las castas de la vieja política y por supuesto contra los hijos del Tío Sam, que suelen meter sus narices en casi todas partes del mundo por oro, petróleo, café, caña y plata.

Una ciudad llamada Pablus Gallinazus le ganará la admiración de los intelectuales del país, la idolatría de los universitarios y de los jóvenes sin rumbo. También la ojeriza de los medios de comunicación, de los gobernantes de turno y del Ministerio de transportes de la época que lo vetará para el consumo nacional. Una ciudad llamada Pablus Gallinazus es ahora parte de la leyenda del autor, una ópera burlesca, social realista, como un buen pretexto para descargar sus fobias personales, generacionales e históricas; en verdad son solo algunas cuentas que tenía pendiente con el establecimiento cultural, social, político y económico.

El desempleo, la falta de oportunidades laborales que tienen muchos jóvenes artistas desde que el mundo es mundo y que a causa de ello no tienen la facilidad de adaptarse a la sociedad de consumo, por lo menos de inmediato; sobre todo a un medio laboral que sincronice con su vocación de artista, músico y compositor. Toda esta experiencia y vivencia personal del autor le inspiran uno de los más bellos cantos que se le haya escrito al ocio, al camino de la vida, a la vagabundería de los jóvenes y a las ansias laborales. Un magnífico tema en donde realiza una verdadera descripción de los vendedores ambulantes que cantan sus pregones durante todo el día ofreciendo sus productos en las puertas de las casas, desde que amanece el día hasta que se oculta el sol. Aunque es verdad que en estos tiempos actuales algunos lo hacen con megáfonos, altavoces, grabaciones sonoras y bulliciosos parlantes; aunque muchas veces son un tremendo fastidio, también son un verdadero ejemplo de constancia, lucha y tenacidad cotidiana, cuando no usan esas ruidosas herramientas electrónicas.




El reloj se ha dañado/ Pero el hambre despierta/ Son las seis en la puerta/ Oigo un hombre gritar/ Vendo leche sin agua/ Vendo miel vendo pan/ Y dinero no hay/ Por eso salgo siempre a caminar/ En busca de una flor para mascar/ Pensando que a la vuelta de la tarde/ El trabajo con que sueño ya es verdad/ Y recorro el camino/

Reconozco al mendigo/ Siento que vive en mí/ Como el sol sobre el trigo/ El sencillo estribillo/ Que una vez le aprendí/ Y yo camino y no termino/ Seré yo así o es que el camino no tiene fin/ Tengo los pies cansados/ la boca está reseca/ Son las seis en la iglesia /Oigo al cura mandar/ Que tengamos paciencia/

Que templanza, clemencia/ Que Dios proveerá…
(Una flor para mascar: Pabluz Gallinazus)

En los años sesenta los movimientos guerrilleros se habían propagado por toda América Latina y el mundo, tras el bullicioso triunfo del castrismo. Colombia no era ninguna excepción: las FARC, ELN, EPL, penetraban en las montañas del trópico como plagas silvestres, o como Pedro por su casa. La tierra de Pablus Gallinazus, tenía sus grandes paradigmas, uno de ellos José Antonio Galán (1749-1782), líder de la insurrección de los comuneros que fue aplacada por los soldados de la corona española; más sin embargo estas agitaciones devinieron en el germen de la independencia republicana de la que somos beneficiarios. Hay también en su departamento una larga tradición de músicos populares, siendo José A. Morales (1913- 1978) el genio más relevante en la cultura musical del departamento. El folclor, los sones de valses, guabinas y tonadas populares se encuentran filtradas e infiltradas en las nostálgicas canciones de Pablus Gallinazus, de esas grandes vertientes sociales, musicales y culturales emergen las narraciones del gran compositor nacido en Piedecuesta-Santander. 

Baja una mula del monte, viene montando Ramón/ Mula revolucionaria baja la revolución,/ Mula revolucionaria baja la revolución./ Cuando hay luna llena, ellos caminan,/Y se duermen con el sol, que es comunista,/ Y se duermen con el sol, nacionalista./ Baja una mula del monte viene montando Ramón,/ Mula revolucionaria, baja la revolución./ Las rosas que van cortando, son amarillas/

Dejan siempre rosas rojas,/ rosa flor de la guerrilla/ Baja una mula del monte,/ viene montando Ramón,/ Mula revolucionaria, baja la revolución./ Si bajan los guerrilleros, maten al buey/Que ellos salen caminando y entonces el buey pa’ q?/

Baja una mula del monte, viene montando Ramón,/ Mula revolucionaria, baja la revolución.
(Mula revolucionaria, Pablus Gallinazus)

Si en el Sol del andén hay un elogio al soldado desconocido y olvidado, en Mula revolucionaria hay más de un homenaje al equino que durante siglos ha cargado el peso del campesino, el fruto de su trabajo cotidiano y el olvido sistematizado de los gobernantes. Pero no es una mula “independiente”, ni “neutral”, es una mula revolucionaria con el jinete Ramón. Ramón según el imaginario de los años sesenta, podría ser el “Ché” Guevara, pero también podría ser una reencarnación de José Antonio Galán, el viejo líder campesino que fue descuartizado, además podría ser cualquier campesino de los años sesenta. Felizmente Pablus Gallinazus no está todo el tiempo soltando críticas, cuestionamientos al statu quo, porque es todavía joven y aunque sabe azuzar también suele reír Mi país una humorística y graciosa canción que tendrá mucho éxito con todos los públicos y creo que se podría decir con todas las generaciones; porque es un canto que ha traspasado las fronteras de los gustos y apreciaciones para meterse en el corazón del oyente, incluso en aquel que por primera vez la escucha. No es el hombre amargado que alguien supuso. Detrás de Pablus Gallinazus, también hay un comediante que dice verdades con gracejo y rocanrol.

Con un poco de humor, vamos a reír de la situación, de nuestro país. Con un poco de humor y un pañuelo en la mano vamos a reír de la situación de mi país. Ni grande ni chico es mi país se habla el español se come maíz. Así adivina tú adivina tú cual es mi país. Hay diez policías, por cada estudiante y hay un estudiante, por mil ignorantes. Así adivina tú adivina tú cual es mi país. Con un poco de humor… sigue la pista dos… las señoras de aquí se dividen en dos las señoras, "señoras" y las que no lo son. Las señoras señoras, van a mercar y las que no lo son les venden su pan. Así adivina, tú adivina tú cual es mi país. Con un poco de humor… sigue la pista tres… los señores de aquí se dividen en tres: los señores, señores, los apenas señores y usted. Los primeros "are living" en el barrio de moda los segundos habitan, casas de clase dos y los últimos ultimos, los que nunca lo son… los que hacen las casas, canciones y cosas para los otros dos. Así adivina tú adivina, tú cual es mi país. Y si no adivinas porque sos así de seguro somos del mismo país. Pues mi país mi país mi país mi país mi país mi país mi país; es tu es tu país.

(Mi país- Pablus Gallinazus)



Para nadie es ajeno que en Pablus Gallinazus, o Gonzalo Navas, hay un cantautor, un músico popular, pero también hay un intelectual, un ser humano que en años y décadas ha construido y desarrollado unas ideas, unos pensamientos, unos mensajes que expresó en su momento, pero que está en constante ebullición, actividad y adaptación a los cambios y a toda clase de cambios. Pequeñito Larousse es una evocación sentimental a ese compañero que le ha permitido descubrir el lenguaje congelado en un archivo de palabras que comúnmente llamamos diccionario y popularmente le decimos “mataburros”. Pequeñito Larousse es una semblanza de la infancia en la escuela, en el colegio y en la vida, porque el lenguaje amansado se encuentra en el diccionario; pero el lenguaje vivo, fresco, regenerado; se encuentra en la calle en permanente reelaboración que precisamente hacen los niños, los jóvenes y el pueblo en general. También es un pequeño reconocimiento a la industria del libro que tanto ha contribuido a la divulgación del conocimiento, el saber y a las ideas. Sobre todo en un país, como Colombia, en donde el lenguaje es uno de los nexos más importantes entre las regiones; que aunque conservan climas diferentes el idioma es el mismo, la patria se ha construido por medio del idioma y los mensajes de manera generalizada. Es verdad, que subsisten otros dialectos, lenguas e idiomas, pero en grado minoritario. El elogio a la industria del libro no era equivocado ni apresurado, porque es en los años sesenta y setenta, cuando la industria de publicaciones en Colombia se cimienta y fortaleza en tal dimensión que actualmente compite con la industria Argentina, o la industria de México de igual a igual, y sin ninguna exageración.

Pequeñito Larousse, el librito en que yo, aprendí a maldecir y a decir español.

La palabra mamá en la "M" busqué y al final encontré la palabra mujer. Y me fui repasando las palabras tabú de mi nuevo maestro, mi pequeño Laurosse. Y me fui repasando las plumillas Larousse, y mis ojos de niño en la Venus del milo; Y mis ojos de niño en la Maja del libro; y mis ojos de niño masculino plural. Me volvieron un hombre charlatán, singular. Les conté a mis amigos de mi nuevo saber Y se armo mi corrillo de ayer, les hablé: de la "a", de la "b", de la "c" y al llegar a la "h" Confesé que cobarde, confesé que no estaba la mentada me madre. Mi pequeño Larousse, se fue quedando atrás, en la calle aprendía sin tener que buscar. Se formó mi corrillo de palabras corrientes con las que hablan los hombre y maldicen las gentes. Y entre el Larousse y los cocheros, entre el papel y los venteros, de mi barrio nació la agridulce manera de cantar español...

(El pequeño Larrouse, Pablus Gallinazus)

Un concierto musical de Pablus Gallinazus es diferente a cualquier otro artista, que necesita de una superlativa publicidad. Pablus necesita de un ambiente en donde se encuentre lo suficiente cómodo para poder desplegar la tecnología de su canto y arte, es decir no precisa de la presencia de la embajadora de los EEUU ni de la comitiva de la primera dama de la nación ni decir que es el concierto de despedida ni siquiera el último; sino de ese público fiel que lo ha acompañado por décadas y que se ha multiplicado a través de generación en generación, en las universidades, en los tecnológicos, en los colegios, en los sindicatos. Entonces, solo entonces podremos escuchar nuevas versiones de sus viejas canciones para seres de todas las edades que quieran volver a ser niños y jóvenes, entre ellas ésta:
Soldadito de plomo que tienen los niños/ Recuerde que un niño

le puede quitar el fusil, una mano, una pierna, la piel. Recuerde soldado que soy yo quien cuida de usted. Yo que digo siempre a mi niño cuidado cuidame el soldado que te regalé Recuerde soldado que un niño es malvado y que un niño puede crecer más que usted. Recuerde soldado Que un niño es malvado y que un niño puede crecer más que usted.
(Soldadito de plomo-Pablus Gallinazus)

Es grato anotar que un cantautor que inauguró su repertorio con manifiestos, proclamas, arengas y cantos rebeldes. También destaca por la construcción de cantos para niños y jóvenes, que es un territorio verdaderamente libre de impulsar, proyectar y retomar. Un espacio que se creía exclusivo de Marlore Anwandter, María Elena Walsh, Gabilondo Soler Crí Crí, Emilio Aragón “Miliki”, Yola Polastri o Miss Rossi, pero que éste extraordinario cantautor retoma esta temática a través de su condición de padre, de ser humano y artista comprometido con la sociedad, el país y la humanidad. Así aparece la marcha infantil Eneas Gallinazo compuesta en colaboración con Iván Darío López.

Eneas Gallinazo Eneas Gallinazo Eneas Gallinazo es un nené. Todavía hace pipí

Todavía hace popó Molesta a su papá Molesta a su mamá Eneas Gallinazo es un nené Cuando sea grande él será bueno Porque se parece a su papá Él será un niño con muchos dientes Y mucho pelo Porque se parece a su mamá. Eneas Gallinazo Eneas Gallinazo Eneas Gallinazo es un nené.


(Eneas Gallinazo -Pablus Gallinazo/Iván Darío López)




Estas canciones para niños: Un moco más, El trineo de los niños, Hay un niño en la calle y un diamante en un balie, aparecen en el lado B del LP EL COMANDANTE PABLUS GALLINAZUS, “El comandante” es otro de los apodos de Pablus Gallinazus como agitador social en los años sesenta.

En 1971 Una flor para mascar fue la canción ganadora en el Festival de la Canción en Bogotá, interpretada por el cantante chileno Carlos Contreras, cuando existía un gran movimiento a favor de las canciones con mensaje, propuesta y contenido social que se proyectará desde la aparición de grupos como Sudamérica, hasta Los pasajeros, integrado por Roland Higuita, Hernán Rúa y Leonardo Rúa.

En 1972 Hay un niño en la calle y un diamante en un baile composición de Pablus Gallinazus, fue ganadora del Festival de la canción Coco de Oro en la ciudad de Barranquilla. Desde esa fecha la producción de discos, publicaciones, grabaciones y conciertos no ha cesado y entre sus más grandes intérpretes se encuentran: Oscar Golden, La Orquesta Billos Caracas Boy, Rodolfo Aicardi, Alci Acosta, Harold, Liliana, Gustavo Quintero, Carlos Contreras, Ana y Jaime, y muchos otros más.

Pablus, es además autor de la novela La bella Marangola (1998), El libro de los amados (2005), Crónicas de sangre del general Antagónico Bermúdez (2011).

A Gallinazus se le suele ver en la prensa, cuando se le tiene en cuenta, como un común cantante popular e ignorar de manera muy evidente que en él hay una gran inteligencia capaz de generar ideas, mensajes y pensamientos que han permanecido por décadas. Precisamente, el reconocimiento universal que obtuvo Bob Dylan, en gran parte fue al gran escritor de canciones que siempre fue. Por lo mismo Pablus Gallinazus, no debe pasar solo como un simple cantautor, sino también como un escritor precedido de una obra literaria y musical, que es lo que ha sido y será; porque es evidente que escuchar a Pablus Gallinazus, no es lo mismo que escuchar a Leonardo Fabio que a su lado resulta un inacabable vendedor de lágrimas, o a un tal Leo Dan cuyos cantos suenan a viejas cantaletas comerciales, para no hablar de Ricardo Montaner y Arjona que son una patética e interminable letanía de mal gusto.

Cuando en el 2008 llegaron los nadaistas a la Fiesta del Libro con motivo de los 50 años de la irrupción del conocido movimiento sesentista, llegó también a Medellín Pablus Gallinazus con sus definiciones e ideas sobre la importancia de preservar el medio ambiente. También sobre por qué estar prevenidos del consumo de productos agroquímicos y divulgando de esta manera el debate sobre estos temas. No faltó quien le dijera “que era hijo del gobernador de Bucaramanga y un niño bien” y a los nadaistas que contaban anécdotas de las hostias pisadas “que todos juntos eran unos grandes mentirosos”. Entonces todavía estaban vivos: Elmo Valencia, Jaime Espinel, Alberto Ángel, Humberto Navarro “Cachifo”. Este año se cumplen 60 años de la irrupción del movimiento y del primer manifiesto nadaista que es una obra producto del ímpetu de la juventud que se encuentra en permanente combustión y en constante generación de ideas y mensajes. Cuando Medellín era una ciudad hostil a las cambios, cuando se educaba en el temor al infierno y no en el goce del conocimiento. Aparece el primer manifiesto que cuestiona los valores de la antigua sociedad: “No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante en Colombia será examinado y revisado. Se conservará solamente lo que esté orientado hacia la revolución y que fundamente, por su consistencia indestructible, los cimientos de la sociedad nueva”. En otro documento se cuestiona al trabajo: “los nadaistas no trabajamos porque el trabajo es atentatorio contra la poesía y la dignidad humana”. Aunque en estos tiempos la trascendencia de los manifiestos se agotara y se repitiera bastante. También es importante valorar que gracias al nadaísmo apareció una generación de autores, escritores y pensadores que no provenían de la burguesía ni venían de la academia; sino que entusiasmaron e impactaron a la sociedad y la convencieron. Demostrando que para el ejercicio de la escritura no era imprescindible egresar de una universidad pública o privada, a donde recalan solo escritores conservadores, que tarde o temprano terminan defendiendo como únicos e intransferibles hallazgos los de la academia y a sus autores; quienes en la mayoría de los casos son muy valientes en el aula; pero muy tradicionalistas en sus pensamientos y propuestas. Otro sesgo que se abrió durante ese encuentro y debate, es que por aquellos días había nadaistas urbanos y nadaistas rurales.

Muchas veces un buen sistema bibliotecario, una permanente producción editorial, la apertura de nuevos festivales de poesía, la constante publicación de periódicos y revistas, nuevos programas de radio y televisión; también generan el ejercicio de la escritura, el flujo de ideas, la circulación de mensajes, el sano entretenimiento y buenos lectores. Si Bob Dylan mereció un premio Nobel y Leonard Cohen el premio Príncipe de Asturias, ¿no se encuentran en mora las universidades de Colombia, con por lo menos un Honoris Causa para Pablus Gallinazus?






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