martes, 18 de abril de 2017

LA PARADOJA DEL TIEMPO ES LA QUIETUD /Juan Mares








LA PARADOJA DEL TIEMPO ES LA QUIETUD

Juan Mares

                                                                
Macías, Luis Fernando. El libro de las paradojas                                                                Sílaba Editores, Medellín – Colombia, 2015.

“Como se sabe, paradoja viene del griego para (contrario a) y doxa, significa opinión. En Platón, se opone a Episteme, ciencia. Un dogma —palabra que viene de doxa— es una opinión que se tiene como verdad indiscutida. Para-doxa quiere decir entonces, contra la opinión establecida, aceptada generalmente”. Una paradoja es develar una verdad oculta o desvestir una verdad real de su contraria pero ambas existentes y coexistentes, aunque una inasible y la otra sujetable.

El Libro de las paradojas de Fernando Macías retoma un principio filosófico que nos viene desde la escuela eleática y atraviesa todo el periplo de los filósofos griegos y pasa por San Agustín, salta a los alemanes y por todo ser pensante que ha empezado a rascarse la mollera.

El texto está subdividido en nueve secuencias cabalísticas, tres epígrafes espejos como anuncio de la que se aviene; una dedicatoria sagrada; un prólogo donde el autor da algunas pistas.

Dentro de esta estructura, por curiosidad, uno cuenta el número de poemas por cada secuencia y este es siete; que si se multiplica por nueve nos da 63, más un epílogo suma 64 tópicos poemáticos y descubrimos que equivalen a los 64 hexagramas del I Ching, el libro cabalístico de las mutaciones. Recordemos que existe una versión con este poema de Borges al referirse a dicho libro

El porvenir es tan irrevocable  
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Cito el poema completo por ser de trascendencia tal el encuentro con las paradojas de Macías, e igual viene a cuento la gran paradoja de El niño y el trompo de Octavio Paz

NIÑO Y TROMPO
 Cada vez que lo lanza
Cae, justo,
En el centro del mundo.

El hallazgo consiste en darse cuenta que el trompo donde se pose estará equidistante a las cuatro esquinas del planeta. Cada estrella es el centro, cada galaxia, cada Laniakea. Cuánto va de Ptolomeo a Einstein. Cuánto del Ramapithecus al Homo abscónditus, de la lasca como herramienta al rayo láser. Es que leer un libro es abrirse al mundo de las percepciones y adentrarse, como paradoja, hacía la periferia de los confines del ser, el tiempo y el espacio.
Es lo que nos dice en un ensayo Angélica López Gándara, una médica mexicana, con el salpullido de la escritura, al analizar aspectos del I Ching, sorprendida por la presentación que le hace Jung y el ya citado poema de Borges:

“Supongo que al pasar de los años, algunos aceptamos que el misterio es parte de la vida y que, nos guste o no, la magia está allí, porque no podemos explicar el universo”.

Por ello es valioso el cosquilleo que Macías nos hace en torno al reflexionar poético de sus paradojas. Un libro para despertarnos de nuevo al asombro. Miremos si no su poema Los imposibles, puesto en escena desde antiguas disyunciones en donde se planteaba qué fue primero, si el rizoma, la semilla o el árbol; qué fue primero, el óvulo o el ser; el huevo o el pájaro. No es apariencia aquello que respira en grande y es trascendente puesto que lo nano minúsculo transpiraba desde antes.

¿De dónde la energía aglutinante en el amplio éter con sus rayos creando y recreando el universo? ¿Pero cómo justificar la nada si en ese espacio fluye energía y por oleadas es traspasada de espadas lumínicas? Miremos:

“Aunque vimos
los huevos en el nido

y constatamos el milagro
del pico del pájaro
rompiendo desde adentro

y se nos dijo
He aquí el acontecimiento

(…)”

El poema no resuelve nada  mientras elucubre entre los opuestos y sin embargo renueva la pregunta y culmina no en las transparencias sino en las apariencias de lo que creemos que es y no es. O que no es y es. Ese algo profundo y misterioso que siempre será.

 Aquí, en esta superficie cósmica, el germen del poema recrea la profundidad de lo abscóndito,  en el costal de lo arcano desde la sociedad del átomo a la velocidad de los neutrinos que todo lo traspasan. ¿A qué remota Laniakea llega el pensamiento y a éste, qué energía le potencia su volumen de conciencia? Desde el universo cerebral a la gran masa cósmica. Un libro pedestal, escala y flecha: el I Ching.  Otro para lijar el borde, El libro de las paradojas.

No recuerdo de qué lugar de alguna página dispersa hallé el razonar que se ajusta en tal medida al comentado Libro de las paradojas y dice: “La estructura del libro pretende ser un recorrido por los diferentes puntos de vista que constituyen el holograma de la paradoja, para confluir en una solución. El título de cada secuencia es un tema de reflexión in extremis, pues la paradoja obliga al pensamiento para hacer posible la dialéctica de la existencia”. Aquí tenemos que el referente es el todo desde el principio de la unidad del ser.

Y es cuando el pensamiento se hace verbo y recrea la paradoja en el poema como cuerpo que flota y nada a brazadas en el mar del pensamiento, evidenciando el movimiento. Mediación, meditante en la palabra que articula el universo creativo, tras la energía que empuja y motiva.

Uno se transcurre por las páginas del texto y percibe que el silencio no es vacío a no ser en el estado de inconsciencia como la quietud serena del lago sin el viento y se hace espejo del universo azul para la nube. Se parte de la materia circundante que al cerrar los ojos es el infinito etéreo, o la abstracción cimera y envolvente tras el todo en lo profundo y abscóndito del pensamiento. Lo oculto develado intuitivamente y ante la percepción de las pompas de jabón: suspiros de universos flotantes donde brillan los colores.

El poema sobre lo abscóndito es juego sacro para redimir la perplejidad donde no alcanzan las palabras y de allí la paradoja ante el silencio para percibir el todo con su ruido de luces y músicas imperceptibles.

Ciencia y poesía son la paradoja de un encuentro de influencias mutuas donde la subjetividad es evidencia desde el pensamiento para con lo intuitivo en mentes lúcidas. Piénsese solo en Pasteur,  Einstein,  Dalí,  Pelé,  Cassius Clay y Walt Whitman o en el discurso de  Saint-John Perse al recibir el premio Nobel, con todo el merecimiento del mundo al decir:

“Cuando consideramos el drama de la ciencia moderna que descubre sus límites racionales hasta en lo absoluto matemático; cuando vemos, en la física, que dos grandes doctrinas fundamentales plantean, una, un principio general de relatividad, otra, un principio “cuántico” de incertidumbre y de indeterminismo que limitaría para siempre la exactitud misma de las medidas físicas; cuando hemos oído que el más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y garante de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocaba la intuición para que socorriese a lo racional y proclamaba que “la imaginación es el verdadero terreno de la germinación científica”, y hasta reclamaba para el científico los beneficios de una verdadera “visión artística”, ¿no tenemos derecho a considerar que el instrumento poético es tan legítimo como el instrumento lógico?”  El poeta se refería, por supuesto, a Einstein.

Observemos: el pensamiento en el cerebro es tiempo abstracto y es donde el cerebro como parte del cuerpo precisa del cuerpo total que entonces navega en el espacio, al moverse, es el tiempo. Ahora: si el reloj se daña, se detiene el tiempo pero exteriormente el tiempo sigue. Esta aporía es un anzuelo, primero un alevino y luego una ballena. El tiempo sigue, aun parándose el instrumento artificial; continúa porque no se ha parado el movimiento de la tierra, el movimiento natural.

En este entendido, el libro de las paradojas no resuelve nada y sin embargo retorna al origen del poema en busca de lo creativo es decir la poiesis. El ápice del asunto está en la bifurcación de los senderos del pensamiento donde se separa del poema y luego son poesía cuando se juntan en la Ye opuesta, luego de entre ambas parabólicas Ovalamiento o huevo cósmico. Física cuántica y poesía humana desde lo terrenal. Por ello volvemos a uno de los aspectos que nos quiere recordar el Libro de las paradojas: “Pensar y sentir en el hombre se hace uno. Lo múltiple se hace uno. Es la sociedad humana no un individuo quien se ha de salvar”.

Un poemario que te revuelca el acto de pensar: por medio de la poesía, retornar al filósofo y desde este a La ciencia,  es lo que nos lleva de la ye que se bifurca a la que se unifica. Que se puede dar perfectamente en el orden inverso.

No sé cuántos habrán escrito o hablado sobre los logros de este texto como producto de la filosofía a partir del estandarte del poema,  para encontrar el grano o veta de oro de la poesía, atrapada en las palabras pensadas y producto de la razón por redescubrir lo intuitivo tras lo abscóndito. No sé cuántos se habrán negado la sola lectura por algún prejuicio sobre el escritor, sin husmear en el laberinto de las posibilidades de lo que dicen las palabras,  desde la compulsión del poema. El texto es abarcante y envolvente. Nos lanza desde una paradoja que tiene que ver con el origen fático del hombre: desde el germen de un óvulo hasta  el origen de las galaxias como polos de una matriz ovárica inconmensurable: ¿la explosión del Big Bang? Desde lo poético hasta la oculta narrativa del verso, para disimular el ritmo del tiempo y el espacio como contraposición a lo que es sol y lanza rayos estelares. Lo semiótico frente a la filosofía como discurso. La paradoja como efecto mutuo del choque de contrarios y sin embargo complementarios. La quietud es aparente y el tiempo rotativo.

LO POÉTICO
El hecho de complementar imagen y discurso son no la presencia descriptiva de la forma y menos de la explicación del concepto; y no el discurso como río de las transfiguraciones del concepto como idea argumentativa de la objetividad razonable de las imágenes. Es la característica poética desde lo científicamente comprobable. Miremos si no, el poema  Percepciones, donde lo poético es elucubración de  realidades aparentemente imperceptibles pero científicamente comprobables y de allí, una verdad transformada en poema con el artilugio del lenguaje:

Aunque no lo veamos
El infrarrojo vuela y pasa

Aunque no lo oigamos
El ultrasonido suena y vuela

No visible o no audible
No significan no existente

Sonidos y colores
Pueblan
El silencio

Y una paradoja es enfrentar “el silencio” ante “la nada”, como sinónimos y antónimos a su vez. Y no es más que mirar el poema anterior:

Dimensiones

Espacio y tiempo
Infinito y eternidad

Se confunden

En la nada

La paradoja consiste en que en lo que se cree que es la nada, allí nada el universo, que digo, los universos, los de afuera y los de dentro.

Se puede elucubrar que el espacio es lo que ocupa la materia y el tiempo, el movimiento de dicha materia en polisémicas esferas, por no decir colores y tamaños. Y remata con el único absoluto contestable: el infinito es la eternidad puesto que paradojalmente cuando hablamos de vida y muerte estamos hablando del cambio de la materia que sigue ocupando el espacio y el tiempo como átomos cambiantes en el infinito eterno. Macías, de manera  paradójica, sintetiza en el poema al decir en el orden estructural del texto: Dimensiones frente a Percepciones. Porque intuimos una energía inmanente de la materia. A esta energía no la vemos, y sin embargo se siente. Interviene en cada giro del planeta y en cada convulsión de nuestro organismo.

La creatividad se manifiesta en la propuesta del inconsciente, expresado desde la semiótica de los dibujos donde se plantea una visión genética del universo, expresado en el elemento femenino y lo opuesto masculino, de ese encuentro la paradoja multiplicante. El universo contiene esas dos esencias contrarias que lo reproducen en sus unidades mínimas y así hasta lo inconmensurable.

LO ONTOLÓGICO
La unidad de dos es la quietud y el movimiento. Donde hay sacudimiento existe el tiempo. El movimiento es la vida cuando lo quieto es la muerte. Así puede haber sido el escudriñar expectante desde lo ontológico para una vigilia de soledades litigantes, ante la pregunta base sobre todo principio de lo existente, puesto que lo que existe es la vida, gravitante como la brisa leve pone en movimiento el huracán. De esta manera empezó quizá Luis Fernando Macías a rascarse y le fue gustando hasta construir un edificio de contrastes para encontrar lo igual frente a lo otro, dónde lo uno, es la constancia de sí mismo ante la otredad. El ser una conciencia de sí ante el universo. Materia pensante, energía espiritual frente al cosmos. Ser ya formado como homo abscónditus: hombre que escruta el universo con conciencia de sí mismo sobre lo inabarcable y solo alcanzado a vislumbrar con el pensamiento a velocidad del mismo. Velocidades que rayan en la locura inconmensurable.
La unidad  de dos a través de la transparencia en el espejo. Lo real y la ilusión. O mejor lo asible frente a lo incorpóreo y sin embargo presente como reflejo de lo tangible. Puede ser el peligro en la transparencia del agua para Narciso como el espejo del temblor ante la sacudida del cuerpo que pesa sobre el agua.

LO SEMIÓTICO
LA PARADOJA va contra la opinión de simple lógica del común, bien claro es lo oscuro  y se tiene el concepto de ello puesto que conocemos lo claro. La paradoja es un juego de opuestos en contradicción aparente, puesto que para que exista lo uno, lo otro se hace presente. Se toma como principio del juego donde se desnudan las apariencias. Ello es uno de los principios de la filosofía para poner todo en cuestión de la existencia eterna. Borges armó laberintos lingüísticos con ese juego insomne donde la memoria es el cimiento de todo el cuento de cuánto cuenta el universo, si es finito o infinito. Sabemos que existe y que su dimensión es total como suma de cantidad no determinada. No sabemos con toda la tecnología presente cuantas grandes burbujas Laniakeas contiene el universo, pero intuimos que son innumerables y esto solo lo concebimos con la memoria de nuestro cerebro cuando se descubre, en el sentido práctico de las investigaciones de los grandes telescopios, cuando estos escudriñan el universo en sus múltiples curvaturas de inmensos domos.

La paradoja se suele determinar como: “Lo que va contra lo dogmático”, es decir, moverle el piso al ser pensante y ponerlo a dudar sobre cualquier principio fijo, anteponiéndonos como una  relatividad frente a los espejos, o cuando las imágenes nos vienen de las palabras para reflejar conceptos como inventando metáforas.

Para Platón  la paradoja era contraria a la ciencia como episteme, como manantial de la investigación, al contrario era caer en lo especulativo, en el sofisma, en lo demagógico para atrapar incautos. Si nos basamos en el primer poema de la primera secuencia,  Macías nos enfrenta, al asunto abstracto del concepto “libertad”. Este sentir no suele ser visto pero se percibe como un elemento constitutivo del ser humano en su “libre albedrío”, pero lo paradojal es que cada planeta está supeditado a una órbita en concordancia con la estrella que lo súbdita. Seamos contundentes: siempre va a haber un orden jerárquico alrededor de lo cual se gira. Es como si el universo tuviese un orden maquinal como lo sostenía Santo Tomás que a su vez es un orden social. El eco del poema llega:

“Libre

es decir
esclavo
de mi albedrío”  

La paradoja consiste en que, por más que vendamos la idea de libertad, siempre vamos a estar sujetos a algo. A un sistema, a un gobierno, a un gobernante, a una ideología, a una familia, a un padre, a un otro, a un concepto. Libres sí, pero a veces encasillados, es decir, ensillados. Sobre la bestia la silla, sobre esta el ser y a vivir la incertidumbre, pues no se sabe cuándo la bestia se asusta y el ser cae polo a tierra.

Un poemario como este no es un simple juego. Da pie a la controversia. A la afirmación.  Poesía abscóndita para el homo abscónditus. Hombre con conciencia de universo. Es un bello hito de la poesía colombiana y quizá de la poética en lengua castellana.

Ahora, lo semiótico es la otra manifestación del autor por decir su lívido y manifestar lo sagrado como un péndulo entre lo táctil y lo intuitivo, entre lo efímero y lo eterno como una visión de lo complementario: si ingerimos, hay que evacuar; todo lo que anhelamos, satisfecho ya nos hostiga, esa ambivalencia dicotómica que a los orientales les dio por llamar el Yin y el yang. Como una cábala  frente al caos.

SOLUTIO
¿Este poema qué resuelve al final del poemario? Vuelve a la paradoja elemental: “En el instante / todo cave”: el instante como fragmento del tiempo donde converge el movimiento de los objetos y del pensamiento como conciencia del ser pensante y de los seres que creemos que no. En cualquier instante todo es, así sea en dimensiones relativamente opuestas, desde cualquier categoría.
“Lo efímero / permanece”: Primero sabemos que si pasa o pasó fue y ha de permanecer en otro tiempo espacial o de circunstancia. Si es cosa u objeto, permanecerá así sea como materia cambiante, y si ese acto del ser se repetirá por efecto de algún ADN en generaciones presentes o futuras. El pensamiento estará en movimiento imperceptible pero ocurriendo como una vorágine del tiempo.
“Lo frágil / resiste”: Nada más frágil que un ser humano resistiendo toda ignominia, ni niega ni aprueba: en silencio, sin ser un gladiador el sabio resiste. Esto desde lo humano. La rama del totumo es frágil por lo versátil pero no se quiebra, resiste. En lo humano es estoicismo, en lo vegetal  ductilidad.
“Lo tierno / es fuerte”: El acto noble y tierno de un niño te quiebra, la fragilidad aparente de una mujer es fortaleza. Cuando cedes al capricho de un testarudo te hace más poderoso; ya sabes su debilidad pero él no de tu conocimiento. El diamante es fuerte y fino; procede de un carbón.
Así podemos ver feuras tiernas y bellezas empalagosas. Ese poema final es la contundencia de lo sencillo mortificante, de lo mortificante como verdad, de lo verdadero como belleza conceptual; de lo pequeño como infinito invisible, de lo enorme como infinito imperceptible.
¿Cuánto va del viejo Zenón hasta pasar por Borges y llegar a esta ínsula de Fernando Macías?
Paradojas como poemas para pensar, seguir el camino y luchar por el alpiste.

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Macías, Luis Fernando. Nació en Medellín en 1957. Magíster en Filosofía y licenciado en Educación, español y literatura de la Universidad de Antioquia. Especialista en Literatura latinoamericana de la Universidad de Medellín. Narrador, poeta, ensayista y editor. Fue director de la Revista Universidad de Antioquia y director de la Editorial de la misma universidad. Fundador de la Editorial El propio bolsillo y, actualmente, director de la Colección Palabras Rodantes de Comfama y el Metro de Medellín.
Ha publicado los libros de poemas Una leve mirada sobre el valle (1994), La línea del tiempo (1997), Vecinas (1998), Los cantos de Isabel (2000), Memoria del pez (La Habana, 2002), Cantar del retorno (2003), El jardín del origen (2009) y Callado canto (2010).




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