lunes, 6 de abril de 2015

29. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico. La cárcel del Buen Pastor.







29. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico.

La cárcel del Buen Pastor.

Víctor Bustamante
Para José Fernando Saldarriaga

Cuando inauguraron la Biblioteca de San Javier, Presbítero José Luis Arroyave, asistí como escritor invitado. El nuevo edificio, pero sobre todo la nueva actitud de la Administración municipal, era  impresionante por algo de peso, se descentralizaban las bibliotecas, y parecía que la periferia de Medellín podría acceder a otra manera de integrarse a la ciudad. Se traía la cultura, los parques biblioteca, como una nueva opción de urbanismo, y sobre todo, de ilustración. Pero fuera de los festejos, del torrente de personas curiosas de conocer el nuevo ámbito con la presencia del libro, del festín de la prensa por demostrar la inauguración, me llamó la atención, al frente, una fachada elaborada, diferente a la arquitectura circundante, monótona y cercana, pero con las puertas cerradas. Pensé que se trataba de algo así como una iglesia, o un convento pero era casi lo mismo, y hasta peor, se trataba de la Cárcel del Buen Pastor. No podía creer que quedaba fuera de base en esa ciudad, Medellín, que cada día no solo amplía sus tentáculos a las montañas, arrasa lo que encuentre a su paso, sino que ahí tenía enfrente un bello edificio, y supe, así mismo, que existen edificios de patrimonio, no declarado, dispersos en la ciudad, que no cuentan con ningún aval que los vuelva perdurables. Y no era para menos, las cárceles y los manicomios,  debían ser construidos en los extramuros: el delito sufría el escarnio de ser alejado del entorno al cual le causaba daño, pero además era una suerte de castigo ese alejamiento, ese estigma de la maldad al ocupar terrenos lejanos del Centro. Lo evidencia algo de peso, en los libros de celebración de la ciudad, en los textos con una endeble guía turística nunca fueron explícitos estos lugares. De ahí que el manicomio y las cárceles serían sacadas del Centro, de ahí que en este alejamiento sus reclusas sufrían el  manto de olvido que cubría su existencia y el rechazo a sus delitos, lo mismo ocurría con su instalaciones: se les endilga ese estigma de ser sitios de reclusión y por lo tanto se confinan con esa misma saña con que se refieren a un preso. Las cárceles se convertían en una suerte de exterminio de los llamados vicios. Cada que se construían sus sedes lejos del centro de la ciudad, la irrupción de nuevos barrios obligaban a su desplazamiento a otras zonas más alejadas. Es cierto. Nadie quiere convivir con el delito, nadie quiere ver  a los enajenados. Estorban.
Esta cárcel del Buen Pastor fue construida con auxilios de la caridad y servicios públicos concedidos por el Concejo de Medellín en los suburbios de la América, fracción, le dirían. La América eran unas pocas casas, un núcleo social alrededor de la iglesia Nuestra Señora de los Dolores y al frente, la Placita con un teatro parroquial y un busto de Bolívar, que en la ampliación de San Juan se llevaría. Sus veredas eran San Javier, -donde se situaría la cárcel-, La Puerta, La Loma y El Corazón. Su comunicación con Medellín era por el puente San Juan y en 1920 el tranvía llegaría, y luego, cuando este cesó, regresaría un destartalado bus de dos pisos, el único en la ciudad, y una camioneta como medio de trasporte.
Esta costumbre de alejar las cárceles del centro urbano venía desde Berrío al apartar de la ciudad las cárceles y crear penales en las colonias cerca a Maceo, Patiburrú y Alicante, donde serían llevadas entre otros presos, las meretrices y parejas concubinarias.
En Medellín, uno de los motivos para abrir un correccional para reclusas fue la necesidad de mejorar sus condiciones, ya que en una institución anterior eran recluidas personas de ambos sexos. La cárcel había sido abierta el 24 de julio de 1889 con la comunidad del Buen Pastor. Su primera Directora fue la Hermana María del Sagrado Corazón. El panóptico empezó a funcionar cerca al antiguo puente de las Pizas, hoy Carabobo con la Avenida De Greiff, con 60 internas y algunas religiosas extranjeras. Este puente era llamado así porque había una panadería de unas señoras de apellido Piza a un costado. La cárcel del Buen Pastor funcionó en las instalaciones de lo que sería la Normal Antioqueña, incluso aún existen celdas en el sótano. A veces las mujeres encarceladas allí se evadían, saltándose los muros, razón por la cual debían ser buscadas por la policía
En enero en 1903 la cárcel fue trasladada a una casa por Pichincha. Allí se hizo la clasificación de condenadas y sindicadas, más tarde funcionó la Universidad de Antioquia, -allí hoy se levantan las torres de Bomboná, las primeras habitacionales de Medellín y un centro cultural: el Ateneo Porfirio Barba Jacob-. El 24 de septiembre de 1912 se abrió la sección gran clase de voluntarias de niñas, de jóvenes y que necesitaban ayuda en San Javier la América. Este edificio fue construido con lo último en materiales de la época, ladrillo y concreto, y es contemporáneo del edificio de Bellas Artes. 
La Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor fue fundada en 1829 en Francia, por santa Eufrasia Pelletier, para regenerar presidiarias e integrarlas a la sociedad. Y, por supuesto, para aprovechar su experiencia así como ocurrió con la idea de crear la policía, sus ideas para conformarlas fueron traídas de afuera, así como ahora la ciudad continua buscando ideas afuera: una de ellas en planear la ciudad, lo que merece un análisis luego. ¿Pereza mental de crear o hay mucho dinero?
Pero sigamos con las monjas, estas llegaron a Colombia en 1890, durante el gobierno de Carlos Holguín, ya que algunas damas bogotanas hicieron los contactos con las religiosas en New York, con el propósito de remediar en parte el mal que ocasionaba la corrupción de la mujer. Esta congregación tenía una aprobada tradición en la custodia y tratamiento de niñas y mujeres en situación de conflicto con la justicia, razón por la que eran las indicadas para administrar, vigilar y controlar la nueva cárcel de mujeres. Inicialmente llegaron al país seis monjas de esta comunidad.
En la Guía Ilustrada de Medellín de German de Hoyos Misas, a esta institución se le llama con un nombre peculiar: Casa de Mujeres Arrepentidas, 1912, lo cual es un eufemismo, para esconder algo de peso las mujeres que tanto reclaman sus derechos también se habían subscrito al territorio vedado de la maldad, bajo un criterio estrictamente moral en la tierra de las matronas, pero también lejos del ocultamiento en el recinto amplio de sus casas, la calle y la prostitución. Además existía el llamado negocio del bajo vientre. Allí eran llevadas las prostitutas arrepentidas imitación de lo que se realizaba en España desde el siglo XIV. El promedio de reclusas era de 38. Se buscaba rehabilitar  las mujeres presas con diversos: oficios domésticos, corte, bordado, costura, entre otros.
La madre Laura, en su Autobiografía, refiere de una mujer ya convencida, pianista que pensaba también cantar canciones a los indios, que por un descuido suyo no llegó a ser hermanita del Buen Pastor y terminó trabajando en la cárcel para ayudar a otras mujeres, por esa razón no fue llevada a una expedición a evangelizar indígenas a Dabeiba. También, luego de un regreso de sus misiones, añade: “Al día siguiente, domingo, la Madre San José, se vino a Medellín a entregar en el Buen Pastor, dos ovejitas descarriadas que había logrado coger en Antioquia y que habíamos llevado”.
En este exordio a una Medellín que se deslíe en el tiempo  María Tila Uribe nos cuenta: “El golpe con el que les madrugó la Hegemonía dejó en Consejos de Guerra por Rebelión a más de cuarenta personas en Bogotá, veinte en Medellín, otras tantas en Cali, Girardot, Cúcuta y Tunja.  En 1929, María Cano resultó sindicada de culpabilidad en la rebelión; sus hermanas, los niños y las mujeres que vivían de paso en su casa y hasta los amigos que estaban de visita quedaron allí mismo retenidos”.
María Cano, estuvo detenida en varias ocasiones allí, su última prisión fue decretada por el gobernador Julián Uribe Gaviria de Antioquia, a causa de la huelga de ferroviarios, 1934. Dos días estuvo en la cárcel del Buen Pastor sindicada de haber llevado una bandera. A María Cano se le sitió en diversos órdenes de su vida social y política, incluso por sus mismos compañeros. Se le llegó a confinar en el Manicomio. La continua difamación sobre ella difundía sandeces: que envenenaba el agua del acueducto. Las madres reprendían a sus hijas rebeldes y las alertaban de no convertirse en una imagen de “maríacano”.
Durante la crisis de Fabricato, liderada por Bebsabé Espinal, uno de los hechos que hizo estallar la llamada huelga de señoritas en 1920, consistió en solicitar el cese del acoso sexual. El supervisor Manuel Velásquez, flaco, de baja estatura y libido desmesurada, padre de cinco hijos, se había convertido en el terror de las obreras. Cinco de ellas lo acusaron de un posible despido por no acceder a sus chantajes sexuales, y señalaban que por su mediación una de sus compañeras fue recluida en la “Casa de las arrepentidas”, también llamada de “recogidas”, de “perdidas”, o de las “magdalenas”, donde purificaban a las mujeres violadas y mancilladas.
Este señalamiento y reclusión contrasta con la actitud de Helena Restrepo la heroína de Una mujer de cuatro en conducta. Montañera deseada, olorosa a alhucema, llega a Medellín desde la vereda de Santa Elena. Al poco tiempo trabaja en la casa de Roque Alfaro. No le valió ser una sirvienta de postín, fue despedida, al darse cuenta la cuidadosa Susana que Helena, enamorada casera, guardaba, un retrato de su hijo Rodrigo. Helena trata de conseguir trabajo en otras casas. Graciela Alfaro, quien se convierte con el tiempo en la Madre San Ildefonso, trata de auxiliarla con las hermanas Del Buen Pastor, pero a esa muchacha no le interesaba ser monja ni ser esclava y se escapó. Más tarde Helena, nuestra bella de día, soportó la degradación de que cambiaran su nombre. Fue María cuando trabajó en una casa de familia; Carmen Bedoya en el Café del Mediodía; el confianzudo la “Nena” y el afrancesado Doris de La Fontaine, ya una puta elegante y soñada, y, ya arrepentida, sor María Magdalena cuando ingresó a la comunidad de las Magdalenas, como eran conocidas las hermanas del Buen Pastor en Medellín. Otro de sus nombres: la 13 cuando en la Escuela Tutelar y 418 ya obrera de Coltejer.
Pero también a este lugar manchado con el nombre de ser un centro de reclusión llegó una tarde de verano, un domingo, Tartarín Moreira. Este iba en la patrulla celular a conducir unas mujeres apresadas por escándalo público y púbico en Guayaquil. Una de ellas afirmaba que un tipo se le había ido sin pagar su importe efectivo, pero qué el, antes hombre amado, le entregó una plancha inservible como forma de pago en especie, y ella, desnuda y ofendida, lo acorraló en el zaguán y le propinó algunos tijeretazos y mordiscos, “quiero es plata, oíste bien, mi plata, billetes”. Lo que le molestaba era la risa del borracho. Imperturbable la escuchaba Tartarín que ahora se había fijado en una monja, conventual objeto de su deseo. Le había causado curiosidad, como en una epifanía, una monja, que luego se llamaría sor Eumelia del Niño Jesús. No le importaba el nombre menos el hábito; quería habitarla. Desde ahí Tartarín vendría los domingos a soñar con la piel blanca de la monja, que nunca había visitado el sol. Atrevido, no supo que a ella la trasladarían dos meses después para evitar al detective y grafólogo con sus pesquisas y una serenata atrevida. Las monjas, que tenían espías en toda parte, le salieron adelante. Era, es el caso de un detective de personas y una monja de almas. Nunca más la vio. Por supuesto Tartarín no se hundiría en la bohemia alegre debido a este fracaso amoroso, él ya estaba hundido en ella desde hacía años.
A mediados de los años cincuenta en estos terrenos aledaños a la Cárcel del Buen Pastor, llamado paradójicamente, Campo Alegre, sería construido el Cementerio de La América. El paisaje era campestre y arborizado que se conoció como Los Pomos.
Entre los capellanes de la cárcel del Buen Pastor, 1952, menciono a Isidoro López Londoño, que había sido Capellán  del Ateneo Colombia, de las Siervas del Santísimo, de las Carmelitas de El Poblado, y, un entusiasta de la Cruzada Eucarística.
Otro sería Bernardo Merino Botero. Las reclusas idealizaban con su presencia los pecados eróticos que le confesaban, muchos de ellos inventados para alborotarle la libido y ser crucificadas sin desdén, y acercarlo a la ofrenda de su celibato. Monseñor Valencia Cano, su jefe, lo trasladó a Buenaventura. Mucho más tarde el bello Bernardo abandonó su comunidad, casándose, y continuó con su devoción en una comunidad más abierta, se enganchó en las filas de la Iglesia Anglicana de  la que fue su pontífice hasta jubilarse. Es autor de Yo, pecador, me confieso, donde aborda el pesado clima sin clímax de la vida religiosa. Cierto, el misticismo es la bohemia de la religión.
Otro director también diligente fue, Abad Cesáreo Figueras Palá, español nacionalizado en 1976. Entre la labor de este monje y apóstol, cabe destacar que fue Capellán de la Cárcel de Envigado, de los Eremitas Camaldulenses y de las Hermanas Teresianas también en Envigado.
Corre la historia de uno de sus subdirectores, Henry, que fue llamado por Pablo Escobar, recomendado por los Ochoa, como subdirector de la Catedral. Henry decía que en lugar de cuidar a los presos ellos lo cuidaban a él. Por supuesto, Henry miedoso de perder su jubilación la adquirió allí, y no solo eso, le conseguiría un diploma de bachiller a Pablo Escobar por su buen comportamiento en su cárcel de bolsillo, además el Capo pensaba estudiar periodismo a distancia.
En Mujeres de Fuego de Alonso Salazar, ya la visión y la experiencia de la ciudad corresponden a una época violenta y de narcotráfico, Sandra y Érika, dos grandes amigas de los bajos mundos, donde su espejismo es la droga, los traquetos de alta y baja estofa, las discotecas,  los atracos, ha sido violada, y los excesos definen los rumbos de una vida. Aquí en estos años perdidos, así las series de la tele insistan, nunca interesó en absoluto el perfil humano sino el disfrute y la altanería. Erika ha vivido en apartamentos de la ciudad, uno en la América otro en el barrio Colombia, no le gustan sino los hombres de carro. Le ha tocado vagar por las calles sin rumbo fijo cuando es echada de los apartamentos por no pagar arriendo, tiene un hijo al que no ama, ha sido violada, y no solo, eso conoció la cárcel del Buen Pastor. Eran los tiempos del oasis de la droga, la muerte y su producto más refinado: los sicarios y las prepago:
“—Érika, dígale a ese teniente que no me lleve, que yo no tengo nada qué ver.
Lo agarró el miedo más teso porque ya tenía reseña en la policía.  Al fin le ofreció cien mil pesos al teniente y lo soltaron con casi todo el combo.  Sólo quedamos Boleta, Catío y yo.  Estuve cuatro días en el F2 de Belén, metida en un calabozo con unas viejas muy banderas, que se les veía la cara de malas.  De ahí me llevaron para la cárcel del Buen Pastor.  En la entrada me hicieron empelotar y me revisaron hasta la vagina.  Eso es horrible.  Me reseñaron por hurto calificado. 
Gracias a Dios me tocó en el mejor patio.
Conocí mucho; viendo las mujeres de la cárcel no me considero tan mala.  Conocí una mujer del campo que picó al marido y lo enterró.  Cuando la familia le preguntaba por él decía que se había ido, pero un día descubrieron el cadáver en la finca y se embaló.  Quién sabe qué ofensa le hizo ese man para que ella lo descuartizara, es que los hombres son unos hijueputas ¿sí o qué? Había tres lesbianas implicadas en un homicidio pasional; mataron a una pelada en un lote del barrio Manrique porque traicionó a una de ellas.  Estaban pagando trece años.  Otra loca tremenda le clavó un cuchillo con una piedra en el corazón a la mamá cuando dormía.  Alma, la que fue más amiga mía, mató a un tipo porque quería abusar de ella.
El lesbianismo se ve mucho pero es prohibido.  A la que pillen se va de calabozo tres días.  En "Superación", las lesbianas no comen de puta mierda.  "Venga para acá mamita" y le chantan un beso.  Vos las ves y son unos machos.
—¿Qué se siente con otra mujer? —le pregunté a una de ellas.
—Más comprensión, los hombres son unos traidores.
En la cárcel aprendí lo de las amistades.  En los tres meses solo fueron unos amigos así como a chismosiar pero nunca volvieron.  La única que no falló fue mi mamá; a pesar de la situación económica siempre me dejaba algo de plata.  Empecé a valorarla, a darme cuenta que era lo único que tenía.  Yo a ella la trataba de malparida para arriba.  La cárcel me enseñó a quererla.  Ese fue un semáforo que me puso mi Dios.  A veces me paraba en la ventana a ver las estrellas y a pensar muchas cosas.  En la navidad me dio mucha nostalgia.  El 31 insulté a toda mi familia, los mandé a comer mierda a todos y me quedé llorando.
Pensaba que íbamos a pasar varios años encerrados, no teníamos salvación, pero el papá de Catío le dio un millón de pesos al juez y salimos.
También, en Mujeres de Fuego, Salazar narra la fatal experiencia de doña Fabiola Lalinde madre de un desparecido, que ella con su tesón, logró develar todo ese misterio, ahora escarnio:
“El Buen Pastor es como un internado, simplemente iba a recordar la primaria con las monjas, pero Bellavista era en ese momento la cárcel más violenta del país.
El teniente me llevó hasta el Buen Pastor y permitió que me acompañaran Adriana y Amanda que no me perdían la huella.  Yo les había dicho que los soldados me trataban cortésmente, que se limitaron a allanar con un libreto prefabricado.
—No les digan vainas, ellos no son responsables, la cosa viene de muy arriba —le dije a Amanda.
Entré a la cárcel a la una de la tarde del martes.
—Está detenida por el 180, estatuto antiterrorista —me dijeron.
Me metieron sin almorzar en un calabozo hasta las cinco de la tarde.  Preferí instalarme en las celdas colectivas, unos salones grandes con una fila de catres, donde se podía conversar y ver televisión.  Me robé un colchón para cuadrar mi cama y la organicé bien para que no se notara.  En la noche me pasaron por un noticiero de televisión como narcoguerrillera con banderas del EPL, con drogas, armas...  Todo lo que recogieron en esos días me lo pusieron a mí.  En el periódico también apareció la noticia con tremendo despliegue: "Una operación de las unidades del ejército permitió capturar a Jorge Iván Lalinde y Fabiola Lalinde, quienes fueron hallados en poder de propaganda, brazaletes y dos kilos de pasta de coca".
Prosigue:
“En la cárcel me encontré todo tipo de gente.  Había una niña ingenua que compró una moto robada; otra que estafaba con tarjetas de crédito; una señora muy humilde de Lovaina que vendía basuco; una niña empleada de servicio acusada de habérsele robado unos dólares a la patrona; una maestra que se llevaron los del ejército porque no encontraron al hermano...  Aquí se viola el principio universal de que todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, a la gente le toca demostrar que es inocente.  En la cárcel están los ingenuos o los delincuentes menores, los peces gordos se saben todas las marrullas para evadir la ley.
Nos levantaban como a las cuatro de la mañana a coger turnos de baño y arreglar el dormitorio.  A las seis y media el desayuno y el conteo.  La dieta del Buen Pastor la puse la "dieta Barco".  El desayuno, chocolate aguado con pan.  A las diez de la mañana, aguapanela.  De vez en cuando un almuerzo titino, con ensalada y todo, pero generalmente es regularcito.  Como a las cuatro dan Moresco y por la noche arroz con papa y salchichas.  Esa semana me tocó servir en la cocina, hice unos pequeños hurtos para mejorar mi dieta.
El juez me interrogó en la cárcel y me ahorré la montada en "la jaula de las gallinas", el temido furgón donde bajan a las detenidas a los juzgados.  Le exigí al juez que investigara hasta el final”.

Pero ya dejemos lo literario, que escribe y describe la vida, y lleguemos a este 2003. Este año el Tribunal de Antioquia ordenó desalojar al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) las instalaciones del "Buen Pastor", Carrera 95 # 42 C 02 (San Javier -La América) por tres años de atraso en el pago de los cánones de arrendamiento que se adeudaban a las religiosas de la comunidad, 363 millones de pesos.
En el año 2010 el nivel de reclusión en el Buen Pastor, según datos suministrados por la página del Inpec, refería 480 internas mujeres bajo la dirección de Orfa Nelly Henao Giraldo. En julio de ese mismo año el establecimiento cierra sus puertas e inician los traslados de las internas al nuevo establecimiento, El Pedregal, ubicado en el corregimiento de San Cristóbal.

Así lo reseñó el 13 de julio de 2010, El Mundo: “Desde el pasado lunes se inició el traslado de las 600 reclusas de la cárcel El Buen Pastor a las nuevas y modernas instalaciones del centro carcelario de San Cristóbal, lo que ha agitado el diario vivir de los habitantes de sus alrededores, especialmente de la vereda Pedregal Alto”.

Paralelamente se da la noticia: “La Alcaldía de Medellín construirá centro universitario en antigua cárcel.
El proyecto abarcará cerca 55.000 metros cuadrados de las instalaciones donde hasta 2010 funcionó la cárcel del Buen Pastor, perteneciente a una comunidad religiosa.
Con una inversión cercana a los $120.000 millones y una capacidad para atender a más de 10.000 estudiantes, la Alcaldía de Medellín en asociación con el Colegio Mayor, la institución educativa Pascual Bravo y el Fondo Medellín Ciudad para la Vida, pondrá en funcionamiento la Ciudadela Universitaria Occidente.
Se trata de un proyecto de educación superior para formar a los jóvenes de la ciudad en programas de humanidades y artes, haciendo énfasis en poblaciones vulnerables como los habitantes de la comuna 13”.

El Mundo, 29 de enero de 2012  daba esta noticia:
Desafectado. “Con los reclamos, protestas, acusaciones, soponcios, impedimentos y gritos al cielo el pasado sábado en el Concejo de Medellín, ahora sí quedó desafectado el proyecto que desafecta el uso de los terrenos de la hoy desocupada cárcel del Buen Pastor. Y la poca conocida iniciativa, aprobada en su primer debate en diciembre pasado en sesiones extras, desde ese sábado ya sí alcanzó la publicidad que merece, mejor dicho ya no está afectada de desconocimiento entre los habitantes de la Comuna 12, concretamente de los barrios Santa Mónica, Campo Alegre y hasta San Javier”.

Continuamos con la noticia:
Un adiós a la antigua cárcel Buen Pastor, Evelin Negrete Tejada
15 de Mayo de 2014, El Mundo.

En el primer semestre del 2015 se iniciará, por medio de Sapiencia, a prestar los servicios educativos de la Ciudadela Universitaria Occidente, que quedará ubicada en los predios de la antigua cárcel Buen Pastor.
De 54 a 60 religiosas residían en el complejo ubicado al lado de la antigua cárcel Buen Pastor.
De internado para niñas con problemas de comportamiento, a centro penitenciario para mujeres y pronto complejo educativo  para los jóvenes de Medellín, pasó a ser el predio de la antigua Cárcel del Buen Pastor, de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor.
La Ciudadela estará ubicada en los predios de la Congregación de Nuestra  Señora de la Caridad  del Buen Pastor, con una extensión de 55.000 metros cuadrados, proporcionando una cobertura de 5.000 estudiantes, inicialmente. Este proyecto tendrá una inversión de 120.000 millones de pesos, del Fondo de Medellín para la Vida, nutrido con recursos de la alianza UNE-Millicom.
“Esta va a ser una Ciudadela para la paz y la no violencia, y esperamos que tenga cabida para 10.000  estudiantes al finalizar las obras en su totalidad. Estamos dando un paso trascendental al adquirir el terreno pero no podemos asegurar que en el primer semestre del 2015 se iniciarán clases a través de Sapiencia, por parte de las tres instituciones de educación superior adscritas a la ciudad de Medellín”, aseguró Gaviria Correa.

La entrega
Por su parte, la hermana Superiora Provincial del Buen Pastor, Cecilia Patiño, resaltó la tranquilidad que siente tanto la congregación como la comunidad, pues el terreno será parte de un proyecto que prestará servicio directo a la comunidad de la zona y toda el área metropolitana.
“Nos vamos tranquilas y satisfechas con lo que hicimos, pues será la comunidad del entorno, a donde se ha dirigido nuestro trabajo, la que será más beneficiada. Pero a pesar de que no estaremos más aquí, continuaremos nuestra labor y aunque estemos en otro sitio, seguiremos acompañando a la misma comunidad con la que hemos trabajado y a otra”, aseveró Patiño.

Los encargados:
Sergio Roldán Gutiérrez, director de Sapiencia, Agencia de Educación Superior de Medellín,  -esta sigla no me cuadra- aseguró que a partir de la próxima semana se analizarán las estrategias arquitectónicas y estudios de suelo para definir  los futuros procedimientos.
“Cuando esté en funcionamiento la Ciudadela Universitaria, está definido que se trabajarán las áreas de Ciencias Humanas y Artes, temas que se impartirán con más fuerza. Inicialmente empezaremos a  dictar las clases, en las infraestructuras donde vivían las hermanas”, dijo Roldán Gutiérrez.

Una pregunta, nadie dijo desde la Administración municipal, menos la hermana Superiora Provincial del Buen Pastor, Cecilia Patiño, en la “entrega”, ¿cuánto pagó el municipio por ese lote para un proyecto de 120.000 millones de pesos? ¿O desprendido, lo cedió el Vaticano? De ser cierto, sería un detallazo.

….

Por supuesto en estas noticias, en estos planes, en estos proyectos, en estos debates, en esta desafectación, nunca se habló de patrimonio; la palabra patrimonio es una palabra que espanta en los negocios, en los planes, en los proyectos, en la vitrina. Los agalludos, y sin control, urbanizadores, la odian. El sector público la menoscaba. Nadie parece que pronunció esa palabra ni las monjitas ávidas de pobreza, las magdalenas, en apariencia pero que valoran sus terrenos, menos los administradores de la Alcaldía y menos los que resguardan la fe pública: los concejales. ¿Y los periodistas? Ilusos y callados, mudos, lelos, con tamaña ciudadela piensan que la noticia no tiene origen ni sentido sino que es la actualidad. Todos estos estamentos, públicos y privados, olvidaron una pregunta, ¿se puede tumbar un edificio de cien años impunemente?


Una visita

Hoy 30 de marzo, en la tarde, he ido con algunos amigos de la Mesa de Patrimonio: Faduil, María Carolina y Gilberto, acompañados por  la historiadora Yezenia Vásquez y Luis Restrepo. Al comienzo se presentaron algunas dificultades: los vigilantes de Dogman no permitieron entrar. Lo cual debimos  sortear con lo más acucioso: tomar fotografías de la fachada, pero para sorpresa llegó el director de Sapiencia, Sergio Roldán, y nos permitió el acceso al interior de la cárcel.
El edificio por fuera ha sido refaccionado muchas veces, con esa actitud de lo burdo característica en los antioqueños, y sobre todo, en el talante de la improvisación, en maltratar los edificios. Y no es para menos, una cárcel sufre ese estigma de ser un lugar desolado y se cree que no vale la pena mirar su edificación a nivel de herencia arquitectónica. La parte, su símbolo, de ser un lugar de castigo no permite que ese lugar sea apreciado de otra manera. ¿Por qué lo digo?, porque al diseño inicial aunque es palpable percibir la parte valiosa de la estructura inicial bien definida, se le notan los bloques apresurados que le fueron agregando, construidos por los diversos contratistas irresponsables que poco sabían de lo valiosa de esa edificación, a lo mejor aceptado por una directora de la cárcel aburrida, y con ganas de irse pronto, perdiendo, en la frontera de su desvarío, la perspectiva de saber que aunque fuera una cárcel este edificio poseía su estructura inicial construida en adobe y con pabellones con techo de tejas, un amplio espacio para el solaz, su lavandería y su capilla. Luego llegarían las diversas agresiones con los diversos bloques de mal gusto que dejaron la construcción como un batiburrillo desolado: el hacinamiento no solo de las mujeres sino que le hicieron perder a esta construcción su diseño inicial.
En la entrada, por la subida a la calle que la separa con la biblioteca, hay una imagen del Buen Pastor de color blanco, sobre un pedestal con retiro de cemento. A la estatua se le nota desnarigada y le falta su mano derecha. Así, con este inicio de la representatividad, ahora en su abandono, porque a esta imagen del Buen Pastor, que fue su nombre y el símbolo de una concepción y poder religioso en 1912, le sigue más tarde la ruina. La estatua descansa sobre el césped de una rotonda que en sus comienzos seguro fue muy visitada, cuando la comunidad del Buen Pastor pensaba corregir, a su manera, a sus magdalenas disolutas. Esa imagen y su decadencia nos da la medida de lo que vendrá después. Y no está lejos este presagio, ya que detrás del Buen Pastor, nunca restaurado y sin dolientes, hay una puerta, perdón lo que fue la puerta principal en forma de arcada, reducida a la mitad con esa continua y tosca reconstrucción que la dejó en otro oficio, como una ventana de color blanco. 
Desde este inicio, su símbolo desueto, que antes, en su esplendor, daba la bienvenida y el alivio a las mujeres a su prisión y las nunca consoladoras visitas, y luego a la entrada gris, con su puerta  cancelada en otro oficio, siguen las diversas pinturas de los grafiteros ocasionales con la configuración de sus letras mofletudas, donde solo interesa el diseño y no su significado. En el frontis es notorio el adorno de cemento granuloso para su entrada que le dio el arquitecto, diseñador. Además se distingue, así como se distinguirá en la construcción inicial, el revoque en su primera lechada en cemento, con la textura áspera de los muros, como si esta primera capa dada con el palustre se superpusiera en los muros originales que también se dispusieron al lado derecho. Luego, las paredes cariadas nos siguen hablando, un aviso de una Institución Educativa que funcionó allí. Entre dos muros de un mismo edificio, la capilla en ladrillo desnudo, separada por otro muro con una puerta de aluminio, donde funcionó el establecimiento mencionado, creo, y un aviso donde se añade: Prohibido arrojar basuras. Ahí comienza el desbarajuste: fue agregada una sección con una muralla alta que termina en la esquina con una garita en lo más alto como sinónimo de vigilancia y poder.
Luego estos muros agregados han sido pintados ya por un grafitero, o a lo mejor, un pintor cercano que le ha dibujado tigres imaginarios, osos y serpientes voraces. Luego, al doblar la esquina, subimos y encontramos una entrada cancelada. Hasta aquí hay una suerte de fraccionamiento con la anterior entrada, con cambio abrupto de arquitectura, más burda aun y, la última entrada real, donde un cartel indica las prohibiciones: no entrar dinero, equipos de comunicación, bebidas y drogas, elementos corto punzantes, tarjetas para teléfonos, medias veladas, gorras, tinturas para el cabello, alimentos crudos, líquidos y frutas, por supuesto que estaban vedados pero en realidad era, es lo que más entraba a este recinto de la corrección y el delirio de pensar que en este correccional saldrían las mujeres más educadas.
Siguen las altas paredes blancas, también cariadas, otra garita y una calle angosta, pero me interesa la otra fachada de la misma arquitectura, que remata la calle: la puerta inicial, casi intacta aunque una losa parece desprenderse. Ahí en la parte alta sobre un nicho la imagen de su fundadora, santa Eufrasia Pelletier portando su enseña, y nada menos que dos ovejas en la base. En la parte del umbral de la puerta un aviso: Hogar San Juan Eudes, con letras amarillas y fondo negro, y una puerta metálica color crema que altera el conjunto.
Pero ahora no voy a referirme a este anexo porque Yezenia nos ha llamado y añade, que ha llegado el director de Sapiencia, Sergio Roldan, que no solo nos permite la entrada sino que nos acompaña y cuenta los proyectos educativos a esa comunidad tan marginal y con la chapa de delictiva que sería redimida por esta ciudadela universitaria. Eso sí nada de patrimonio porque este edificio se va caer según dictamen de los bomberos. Extraño papel de esta institución en un oficio arduo de calculistas, eso sí lejos de aquel que por bajar costos causó un desplome famoso.
A este estilo abigarrado y sinónimo de la representatividad de una cárcel en agregarle y agregarle partes corresponde el tema de los delitos que con el tiempo invadieron el terreno de la mujer, si al comienzo se trataba de evangelizar a las prostitutas y a las mujeres que salían de la norma, poco a poco estas se igualaron al hombre; no solo serían excluidas de muchos temas, sino que también ellas mismas se incluirían en el territorio de la maldad y del desenfreno y de la vida definida desde esta óptica.
Subimos por la puerta que se abre mágicamente luego del desvarío y negativas de Jonathan y seguimos a Sergio por escalas y salones abandonados, derruidos, donde la pátina del tiempo y lo desolado de esa soledad nos conduce a una terraza donde nos explica, al aire libre, los proyectos con esta edificación y el sueño de cambiar la sociedad a través del estudio y de sus oportunidades.
Cuando se marcha el director de Sapiencia, Jonathan el hombre de Dogman, sin su perro, aunque siempre armado se convierte en guía al interior de la cárcel, y poco a poco nos revela algunos secretos: cada lugar y su función.
El paisaje se revela lúgubre, es la poesía del abandono que aparece por cada salón derruido, por cada pasillo lleno de escombros, por las celdas que habitaron tantas mujeres en estado de indefensión social y jurídica, como si las dadoras de amor debieran imitar la maldad para encontrar a la fuerza, aquí, un espacio propicio para su reeducación. Algo sé, somos intrusos en un espacio sagrado para el abandono como sigla principal. Muchas de sus ventanas han sido desencajadas de su espacio, las puertas se notan desvencijadas, los muros derruidos, amenazan. Tanta inversión después y durante tanto tiempo para caer luego bajo la desidia, bajo el abandono, esto solo lo permite el abuso de la riqueza, que denomina de vetusto este edificio, porque lo es en parte, debido a los arreglos y a las ampliaciones, desordenadas que terminaron dejando el espacio en algo indefinible, destartalado: sinónimo de cierto Medellín.
Pero algo es cierto, aún existe la parte antigua, los zaguanes y cuartos, y los muros de 1912 cuando se inauguró con todo el boato, las misas, los ejercicios espirituales y la reconciliación y la perenne idea de sacar adelante a las mujeres disolutas.
Sobra advertir que en esta lógica del abandono, la maleza reclama sus terrenos, las humedades trazan su geografía de la destrucción por las paredes, y los colores de los techos calibran el deterioro y las ruinas, el polvo baña la penumbra y los espacios interiores: salones, celdas y cuartos. En las deterioradas canchas para baloncesto y solaz para broncearse las reclusas ya no perdura el deseo de ser sex symbol, aun fuera en la imaginación o en las visitas arduas y sentidas de sus hombres. El orín corroe las rejas y en las cañerías establece su densidad. La lama invade las paredes persiguiendo con sed las humedades que si filtran y que poco a poco llevan al desastre final. No hay peor deicidio que el abandono, con esto se justifica destruir lo que se hizo un lejano día de hace cien años.
Aquí, en este recinto, aún es notorio el misterio de los rezos de quienes le pidieron a Dios una ayuda, y por supuesto, no la dio, porque pedir es hablar a solas. No sabrían que más tarde, después de algunos años, este mismo lugar no sería salvado de la destrucción, menos sus auditorios o capillas, por ninguna ficción de una mano divina, lo terrenal con su pedantería todo lo redefine.
Y es que recordamos que aquí vivieron desde hace tanto tiempo tantas mujeres, aquí vegetaron y padecieron el encierro desde la beatifica opción desde el comienzo del siglo pasado hasta la penuria y la diversidad de delitos cuando fue cerrada. Ya la mujer no solo salía de su casa donde era expulsada con la letra escarlata a flor de piel sino hasta asumir el papel del asesino, de los drogos, del chantaje de la perversidad política y del juego de la corrupción.
Camino, caminamos por estos pasillos donde el deterioro es el signo, cae a pedazos e inunda el ámbito. Jonathan, que conoce los secretos del interior, nos señala los cuartos donde las reclusas esperaron a sus amantes, y para ello, se arreglaron, se vistieron las mejores prendas, -tocados de la pobreza-, así como dibujaron con el rouge infernal sus labios para ser saqueadas por sus galanes de paso. No hay nada más certero en la cárcel que esperar los perfumes baratos de las visitas extrañas, anheladas: placer y congoja se resumen en las frases escritas por ellas en las paredes del doble encierro: “Gorda no importa que hoy sea un día especial, pues a tu lado todos lo son”. TQM 4-11-09.
Seguí, seguimos como espías e intrusos en este recinto de la desolación: hay un cuarto pintado de color verde en la semi penumbra, y no es para menos, el verde es el color de la esperanza; esa otra ficción que nos arredra. Hace un tiempo estuvo de moda pintar las paredes con algunos colores, ya que supuestamente estos daban regocijo a quienes los habitaran. Claro que en ese sitio, el verde en lugar de ser el color de la esperanza es el matiz de la desesperanza. Sí, este cuarto verde, de un verde casi oscuro, era el recinto para las presas con problemas psiquiátricos, tal vez la depresión, la soledad, el fracaso, fueron la llaga precisa que las llevó al desvarío.
Pero en la cárcel también hay la posibilidad de algún júbilo: el salón donde las presas que fueron madres, pintaran este lugar con dibujos como si las paredes dieran esa posibilidad de alegría, este soborno cruel a la cotidianidad. “Un hijo es como un jardín florecido que necesita agua y abono, esa agua y abono es mi cariño y ternura”, escribe una de ellas.
Todos estos salones, todos estos pasillos, todo este espacio vacío al aire de la tarde, encerró y ha guardado en definitiva sus secretos durante unos cien años. A nadie le interesó una novela sobre esta cárcel, a nadie le interesó la arquitectura de la depravación de este lugar, que va camino a la destrucción.
Riqueza y abandono, proyectos y deseos de cambio, aquí muere una historia de una ciudad que devora sus espacios, que los abandona con su lógica del silencio, con ese sabor agrio de la destrucción y ese bajío de una nueva esperanza de la continuidad de la construcción, en una ciudad que se construye y reconstruye y acaba con sus lugares sin importar su posibilidad histórica.
A un lado, en la lejanía, es posible observar la arquitectura del hacinamiento: las casas construidas sin control, los nuevos edificios, colmenas habitacionales similares, diseñadas parece por un mismo arquitecto. Estos edificios son notorios en El Poblado, en el Centro de Medellín, en Bello, en las comunas. La idea de la ciudad dormitorio se impone sobre su riqueza patrimonial.
Hay otra edificación contigua separada solo por una callecita, entre la parte superior, y una entrada al convento de clausura las Contemplativas del Buen Pastor. En su libro, Medellín Secreto, Patricia Nieto nos da una versión de una visita: allí encuentra la madre Nohemí Amaya, amañada junto a un Corazón de Jesús en llamas, no ve a las 29 monjas de clausura pero sabe que hay 10 mujeres que aspiran a entrar al convento, pero si en realidad tienen convicción y son trasparentes y las asedia la fe. Eso sí deben de pasar rigurosos test psiquiátricos y psicológicos,  que realizan los celosos hermanos cristianos lasallistas.
Paradójicamente las monjas de clausura son similares a las presas, extraña paradoja de quien educa cuidando a mujeres del encierro viviendo en el encierro. ¿Masoquismo vivir en clausura o contemplación? Y así criticamos a las mujeres musulmanas que se deben esconder bajo la burka. Las edificaciones de este convento, es notorio que fueron añadidas. Detrás del guía, Jonathan, conocemos no solo sus celdas de clausura, los patios y los cuartos donde albergaban niños, sino la vida interior de una gran casa misional, así como el amplio sentido de una gran huerta, y de la vida entregada a salvar al otro, a las almas y su desasosiego.
Cierto, quedan las primorosas fotos de Carlos Rodríguez en el interior de la cárcel del Buen Pastor pero desaparece un mundo, un Medellín lleno de fervor religioso, catalogado muchas veces como un dispositivo de coerción y reeducación a la mujer. Carlos Rodríguez, con sus fotografías, fue testigo, en 1946, de ese lugar lejano al Centro, un suburbio, donde se vivía una vida apacible y los delitos eran otros.
Con este lugar, nunca valorado, desaparece otro Medellín, el de la exclusión, el de las cárceles y el de los psiquiátricos para dar la apariencia en la ciudad de las apariencias de que aquí nunca existieron ese tipo de edificaciones y menos esta subcultura de la reclusión. Cierto, se le agregaron desordenadamente tantos pisos, que terminaron convirtiéndolo en un bloque de diversos estilos chapuceros; estilos, no, sino la pobreza del afán. Así fuera la construcción para una cárcel, este edificio corrió el mismo destino de la cárcel la Ladera, el Manicomio: el ostracismo primero, el abandono luego, y ya las ruinas con la maleza apoderada del lugar, como justificación para tumbarlo. Clásico ademan de olvidar que una cosa es su función, como arquitectura, y otra su misión.
Este recinto, en las historias e investigaciones sobre Medellín, aparece con algunas líneas, donde puede más el pesado, y sin gloria, rechazo a esas personas y sus delitos, que la remendada construcción, aniquilada que ahora visitamos. Pero no es para menos, así apareciera en la lista de patrimonio de todas maneras sería destruido. 
Un dato: La cárcel del Buen Pastor fue el primer gran proyecto penitenciario en su clase construido en Medellín hace cien años, después vendría la Ladera en 1921. No es una casa simple, es todo un complejo. Definitivamente no conocemos a Medellín.
En realidad el proyecto que se avizora es un gran proyecto universitario. Lo que si queda en la superficie, nunca en el fondo, es lo siguiente, ¿se exploró alguna vez la posibilidad de averiguar si este complejo carcelario y religioso, conventual y de redención, porque lo es, mereció un análisis desde el punto de vista histórico?





lunes, 23 de marzo de 2015

28. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: El Camino del Virrey

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28. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: El Camino del Virrey


La pavimentación del Camino del Virrey


Víctor Bustamante

Lo bueno de Colombia, es que hay leyes para todo, como en botica, mejor como las pócimas de los culebreros que venden una suerte de panacea que solo le funciona a ellos. Después de la rueda que le hacen los curiosos en los parques de cada pueblo visitado, el culebrero se marcha con la ganancia de sus pócimas, y así los compradores embelesados, se dan cuenta por enésima vez que han sido timados. Lo malo en Colombia es que así son sus leyes, se publican en el Diario Oficial para que se promulguen y se cumplan, y en realidad pasan a ser letra muerta.

Todo lo anterior para proseguir con el incumplimiento de parte de los ciudadanos y de los administradores de la cosa pública que se pasan por encima todo tipo de normatividad sobre el tema de Patrimonio.

Dice la Constitución Colombiana: “Son deberes de la persona y del ciudadano: 8. Proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación de un ambiente sano.

Corresponde a los concejos: 9. Dictar las normas necesarias para el control, la preservación y defensa del patrimonio ecológico y cultural del municipio”.
Y el Concejo de Medellín en  el Acuerdo municipal N. 23 del 2009 reglamenta este tema.

La pomposa y demoledora ciudad de Medellín, de la cual San Sebastián de Palmitas es uno de sus corregimientos, que ha sido relegado en este tema de patrimonio, ya sabemos que anda muy enfebrecida adecuándose con la galanura, los afeites, las cirugías plásticas, sus costosos vestidos elaborados por extranjeros para exhibirse internacionalmente a sus exóticos preferidos: quiere ser igual a ellos en finura y apariencia, es decir, para mostrarse al  mundo, para invitar a congresos, para mantener activa su agenda cultural. Es la Medellín de la frivolidad, la del jet set.

Pero es obvio, la destrucción del Camino del Virrey en Palmitas, no da publicidad, no es un tema que convoque, que permita una rueda de negocios. En este sentido se pueden dilapidar altas sumas de dinero en mostrar la ciudad, porque si hay funcionarios que no aman su centro histórico ni lo conocen, menos van a saber que existe Palmitas, su corregimiento más rural, por donde pasa el antes vital Camino del Virrey, ahora poco a poco convertido en una ruina de nuestra indiferencia y perversidad. Y eso que existen disposiciones del Concejo de la ciudad para resguardar este patrimonio cultural. También, como cosa rara, Colombia participó hace poco en un encuentro internacional sobre el tema. Obvio los funcionarios fueron a pasear. Ahí sí la legislación colombiana sobre el tema prosigue en ser letra muerta.

El Camino del Virrey era la antigua vía de comunicación hacia el occidente , y ha tenido diversos nombres: Camino Viejo, Camino del Gobierno. Camino Real. Por esta vía transitaban los comerciantes, viajeros y arrieros  rumbo a Medellín desde Santa Fe de Antioquia. Toda la historia que posee este camino es algo inenarrable en unas pocas líneas, podríamos decir que sin este camino hubiera ido imposible la comunicación de Medellín con esta zona. Por este camino transitó la Madre Laura rumbo a Dabeiba para trabajar con los indígenas Emberá-Katios, y además Jorge Isaacs furioso lo recorrió en 1861, y además escribió:

 De Antioquia a Medellín

"Al fin te diviso,/ hermosa ciudad,/ respiro tus aires/ que vida me dan,/ la vega contemplo/ que moja al pasar,/ la onda revuelta/ del manso Aburrá./ Morir es dejarte/ no vuelvo a viajar".

"Penoso recuerdo/ me sigue tenaz. / ¡Qué sol! ¡Qué camino!/ ¡Qué mula! ¡Qué afán!/ ¡Calor del infierno!/ Me voy a asfixiar; / el brandy envenena/ y el agua hace mal./ Me muero, me ahogo:/ ¡qué insano es viajar!

"Jerónimo horrible/ (te niego hasta el san)/ tus llanos son crueles/ tu pueblo infernal. / De ti fatigado/ llegué a Sopetrán, / al Cauca, jadeante,/ a Antioquia, mortal:/ ¡y vi tantos? vaya!/ ¡qué malo es viajar!"

"Critiquen palurdos/ la vida oriental; / me place, tendido/ sobre ancho sofá/ dormir una siesta/ después de fumar; / me placen las flores,/ la mesa, la paz;/ todo lo que brinda/ voluptuosidad./ Con tales instintos,/ ¿se puede viajar?"

"No dejes, bagaje,/ tu suave compás:/ galopa, galopa?/Llegamos a Aná./ Las cuestas cesaron,/ cesó el pedregal./ ¡Bendita alameda!/ Juro por San Blas/ que en mula y por lomas/ no vuelvo a viajar".

En la fracción que nos corresponde, en Palmitas, a este camino se le conoce con el nombre de Camino Viejo, Camino del Matadero, prolongación del Camino del Virrey, Camino de la Aldea. Añade Carlos Valle: “La Aldea es un pequeño poblado de importancia hacia el año 1800, desde allí la gente subía hacia el Alto de Boquerón, es incluso el camino por donde transitaban desde Ebéjico hacia Medellín. Este tramo de camino viene siendo intervenido desde hace unos seis años, habilitándolo para paso de motos, su intervención ha sido de tal manera que se puede incluso andar en bestia, pero en un nuevo contrato esta modalidad se pierde, el camino posee una alta inclinación que ni para las motos sirve. En el corregimiento de San Sebastián de Palmitas existen muchos arrieros, además, es el corregimiento más rural de la ciudad. Estos arrieros transitaban por este camino para salir de La Aldea hacia el Corregimiento, pero desde hace seis años con lo duro que quedó intervenido un tramo de piedra y cemento en un recorrido de veinticinco minutos por la calle como se le conoce; este recorrido se realiza en cuarenta y cinco minutos por los rieles y cuando la carga es muy pesada dos horas y media por la carretera; cabe destacar que en otra intervención de hace unos quince años cuando empalmaron la vía con la nueva carretera al mar la salida quedó con piedra pero las piedras son inclinadas, por lo tanto la salida es peligrosa”.

Desde el año 2000 el camino lo han estado destruyendo. El Tiempo (2002 de agosto del 20) dice: “Los tramos empedrados están localizados entre los kilómetros 17 y 18 de la conexión vial proyectada, en las veredas la Aldea y la Volcana. Tienen una extensión aproximada de 1.234 metros, de los cuales 374 metros desaparecerán”.

Además, para entretener y desmovilizar a los pobladores, realizaron talleres de sensibilidad de lo que ya saben: cuidar el bosque, y han inventariado la fauna y la flora una miríada de etnólogos, antropólogos,  que después del contrato nunca volverán, porque irán otro lugar a seguir “sensibilizando” a las personas para que acepten la destrucción de su entorno.

En este mar de contradicciones, que son los proyectos que se escriben,  en la página web: WWW antioquia.gov.co., una nota añade: “Rutas camineras del departamento de Antioquia, entre ellas se encuentra El Camino del Virrey", y prosigue “Este proyecto busca generar apropiación del territorio entregando las rutas debidamente mapificadas y señaladas, y se articula al plan de acción de la mesa de turismo de Naturaleza Medellín- Antioquia y al Sistema Departamental de áreas protegidas”.

Y en otro lugar añade: Tabla N. 4. “Diseño de rutas camineras articuladas a las áreas protegidas públicas y los ecosistemas estratégicos, con la producción y publicación de una guía ilustrada de las mismas”.

“Camino con más de 300 años de historia y por el cual transitaron indígenas, colonizadores y arrieros dada su importancia geográfica, pues comunicaba la ciudad madre Santa Fe de Antioquia antes capital del departamento de Antioquia con lo que hoy es Medellín y el sur del país. Luego que el Congreso el 17 de abril de 1826 decreta el traslado de la capital de Antioquia a Medellín, el Camino del Virrey pasó a de ser un camino de tránsito de impuestos a un camino de arrieros y viajeros”.

En la actualidad la JAL de Palmitas, -no sé si habrá corregidora-, continúa la pavimentación del Camino del Virrey, dentro de ese absurdo de los gobernantes y la estolidez de los organismos de control, de los interventores.

Pretendemos ser modernos pero olvidamos nuestro origen. Sin ese camino la riqueza, el comercio y progreso de Medellín llegado del occidente no hubiera sido posible.

Medellín es avara en este sentido, y contradictoria, celebra los Mitos y las Leyendas, celebra la Fiesta de las Flores con silletas a bordo traídas de Santa Elena, celebra El Día de la Antioqueñidad, para dar un sinónimo de falsa presencia, porque en verdad, en los otros hechos, fuera de las celebraciones, no solo destruye la ciudad en su interior sino que sus recursos arqueológicos, su riqueza histórica, cada día la vuelven una ciudad común y corriente sin su herencia cultural. Medellín posee cuatrocientos años, y no puede seguir esquilmando su tesoro: su historia, así poco a poco la degraden.

la destrucción del Camino del Virrey es otro golpe bajo a nuestra historia.



viernes, 13 de marzo de 2015

27. Medellin: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico Debate en el Concejo Municipal


  27. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico Debate en el Concejo Municipal


Medellín la más demoledora

Víctor Bustamante


El pasado sábado siete de marzo el concejal John Jaime Carmona, ponente y el de la iniciativa del debate, tuvo la gentileza de invitar a un grupo de personas de la Mesa de Patrimonio, para consignar sus puntos de vista en una sección del Concejo de la ciudad.

De parte de la Alcaldía asistieron la Secretaria de Cultura María del Rosario Escobar, el Director del Departamento de Planeación, la Secretaria del Medio Ambiente, que nunca mencionó ningún plan sobre la recuperación del río para el proyecto bandera de la administración actual, y, por supuesto, varios vicealcaldes. No sé si asistiría el Gerente del Centro, o si no asistió porque le daba pena no mostrar resultados. María del Rosario refirió un hecho notable: la declaratoria de la UNESCO sobre el Archivo Histórico de Medellín.

Por parte de la Mesa de patrimonio asistieron Fadduil Alzate, María Cristina Álzate, Mauricio Benavides, Gilberto Rojas y el suscrito. Además participaron Felipe Vásquez exponiendo sobre Prado y Pablo Aristizábal, anotando la necesidad de conservar la arqueología. Todos coincidiendo en algo común: esa continúa voz de alerta sobre cómo conservar Medellín, que nunca es escuchada por los funcionarios públicos. La ciudad poco a poco es desmantelada para dejarla sin alma, es decir, sin sus lugares caros a la memoria, y rediseñada bajo la condición de desdénpatológica del carrielón antioqueño, que solo le interesa la rentabilidad, de la cual hablaba Fernando González, pero ya no desde el Parque de Berrío, sino desde un helado piso de la Alpujarra: donde reside la desmesura total, la frivolidad total. Allí en esas oficinas de especialistas, el Centro Histórico de Medellín no existe. O sí existe, para destruirlo.

Los miembros de la Mesa de Patrimonio, en este caso el profesor Fadduil Alzate, refirió la necesidad de fortalecer el concepto de patrimonio como una posibilidad de que Medellín tenga una sensibilidad diferente. Cristina refirió el concepto de los grandes nombres de la ciudad, de los nombres suplantados, lo cual da motivo para pensar en los actuales, que le quitan personalidad a los barrios, a los lugares queridos por  sus dueños, donde los poderosos y soberbios urbanizadores, en su departamento de efectos especiales, idean nombres como Urbanización Ellen Ville, El Tesoro, Bosques de Viena,  Ciudadela San Michel, Jerez de la Frontera, Calazanía, Space, Hollywood, y un etcétera de risa, igual como hacen las familias pobres con sus hijos, colocarles estos nombres: Smith, Brayan, Maicol Jakson Agudelo. Mauricio refirió el eterno caso de Prado sin propuestas serias de las sucesivas administraciones. En esos escasos seis minutos referí mas o menos las ideas de este artículo. 

Por supuesto que, como el Patrimonio, es un tema que no causa interés los heroicos medios no estuvieron presentes. Recordemos, estos están ya lejos de Medellín: uno en Envigado; el otro en Los Colores; Tele Medellín en una sede de bolsillo a la salida, por la autopista norte. O sea, divorcio total con lo que ocurre en la ciudad, y a más de eso, algunos de los concejales, con su visible desprecio al debate y a Medellín, se marcharon para otras actividades. Es raro, siempre algunos políticos no están fijos en un lugar, siempre tienen compromisos. El afán los conturba. Que poseyeran el don de la ubicuidad, no les bastaría. Pero bueno, no sé cómo, de los concejales que se marcharon, algunos pretenden ser alcaldes y otros repetir curul sino les interesa la historia, el derrumbamiento de la ciudad, su desmantelamiento, como el proceso perverso de maquillaje y destrucción. Y como, de esa manera, el resultado es una Medellín pobre, sin puntos de referencia, donde según los nuevos planificadores: aquí no ha pasado nada. Adulados y aduladores, piensan que con ellos se inicia la historia de Medellín.

Solo quedaron para el debate, el ponente John Jairo Carmona, y los concejales: Carlos Bayer, Santi Martínez, Nicolás Duque, Ramón Acevedo, Fabio Rivera y Luis Bernardo Vélez. Tres de ellos con sus incisivas intervenciones: Carmona, Acevedo y Vélez. Y un caso extraño: el concejal Oscar Hoyos, y su continua movilidad en el recinto del concejo, y su absoluta falta de seriedad para escuchar. No sé si es un caso de hiperactividad como en los salones de clase, pero el concejal no se hallaba, es muy inquieto, no se concentra, no sé si será así con sus ideas y con sus aportes al buen manejo y decoro de la ciudad.

La propuesta de la Secretaría de Cultura, ya está matizada de una vez en los pliegues de las convocatorias sobre patrimonio: “Entendiendo que el nuevo POT propone estructurar una ciudad más equitativa, sostenible y compacta hacia su centro, es vital pensar en el registro y en la recuperación de la memoria cultural de esos lugares que pronto entrarán en un fuerte proceso de transformación física, para lo cual los proponentes tendrían que aprovechar las diferentes fuentes que existan tanto físicas como vivenciales sobre el Territorio objeto de estudio”. Nada más cierto la frialdad para esta convocaría asevera: “pronto entrarán en un fuerte proceso de transformación física”. Para decirlo no entre líneas ni en el lenguaje técnico: continúa la destrucción de la ciudad. Medellín para muchos funcionarios no merece tener sus puntos de referencia. No sé si será por la influencia de los acuerdos con Barcelona. Aquí una duda, a los planificadores extranjeros poco les importa la ciudad, no la sienten, no la viven, no la conocen, no saben su historia; solo les interesa los contratos, la ciudad en sí, nunca.

Y eso ha servido de excusa para modernizar entre comillas la ciudad, esa Medellín, que poco a poco se queda sin sus edificios, sin patrimonio histórico por el complejo de inferioridad de sus administradores: poco a poco se le crea a la ciudad otra fachada, la fachada del arribismo social: si miramos hacia El Poblado nada tiene que envidiarle a Miami, y en efecto ese concepto de una ciudad sin historia, la miamizacion de Medellín, se da a cuenta gotas, una ciudad que no es amable con sus hombres que la crearon, que la convirtieron en una obra de arte, pero que cada alcaldía con su arrogancia la desmantela con la fantasía de decir que crean otra metropli, la de los eslóganes.

Dentro de ese concepto de arquitectura funcional y del endoso a la rentabilidad: cajones con ventanas y parqueaderos, no existe en estos últimos cuarenta años un edificio que sea amado por los medellinenses, un edificio representativo, un icono como ciudad que se respete, debido a la estolidez de sus nuevos arquitectos y a la necesidad de construir lo más rápido posible para de inmediato no pensar,  sino diseñar y construir otro aún más rápido, más funcional y más simple: síntesis de la voracidad inmobiliaria. Así la ciudad cae en ese despropósito de verla como la Miami paisa, una ciudad sin corazón, que quiere parecerse a otras no a ella misma. El símbolo de ese desparpajo es el Space.

Y no es para menos, ese carácter depredador del paisa, se manifiesta de diversas maneras, algunos loan la colonización antioqueña y niegan los negociados y la quema y tala de bosques. Así ocurre en la ciudad actual, es la colonización de Medellín dada por la presión de los urbanizadores, y los funcionarios públicos sin conciencia y sin formación que la destruyen como sea, no existe un concepto de respeto. Medellín no es un objeto inerme sino una capital que tiene su pasado, su memoria, su presencia, su importancia, su gran legado, y que, como dice la convocatoria, poco a poco destruirán, es decir, los llamados “fuertes cambios físicos”.

El funcionario que más me causó sorpresa y desánimo fue el Director de Planeación, el doctor Pérez, ya que en su informe dirigido al concejal Carmona sobre el manejo dado al patrimonio cultural en las tres últimas administraciones, añade en la parte que hemos mencionado como logros: Edificios Vásquez y Carré, la casa Barrientos, la sede del Archivo Histórico de Medellín, la Casa Patrimonio de Prado, las iglesias: la Veracruz, la Metropolitana y la Candelaria. Además olvidó que la casa de Zea fue restaurada por el ministerio, y que aún se realizan trabajos en El Jordán para recuperarlo, eso sí, lo iluminó el Arcángel San Gabriel, y recordó la casa de Pastor Restrepo, que creo que no conoce, así como no conoce el Centro de la ciudad, sino  a través de los planos que enseñó en el Power Point.

No sé si el doctor Pérez es muy católico y aun piensa que el patrimonio solo son las iglesias, y este concepto de la eternidad y de la fantasía religiosa lo zahiere. Y olvida algo, las iglesias son patrimonio religioso y están cuidadas con celo por sus curas, que entierran bajo el altar sus joyas coloniales, -también de miedo a monseñor López Trujillo-, y lo inexplicable ¿por qué razón revocaron la fachada de la Veracruz?, lo cual es un atentado, es como si los cartageneros pavimentaran sus murallas bajo el prurito de su conservación.

Le recordamos al señor Pérez, que la sociedad civil posee sus iconos que la hacen perdurar, porque han sido y son motivo de celebración de la civilidad. Le recuerdo, para anexarle a su informe y a su olvido, lo que han hecho en materia de patrimonio las últimas administraciones:

1.     Destruir el edificio de la cárcel de La Ladera obra de Agustín Goovaerts.
2.    Destruir parte del barrio la Toma para construir el Edificio de la Memoria.
Destruir el cementerio más antiguo de Medellín para construir un intercambio vial.
4.     Destrucción de la casa de Carrasquilla para construir un motel.
5.    Destrucción de la calle Ayacucho, destrucción del Hotel Bristol. Debido a la soberbia del Metro, que, a pesar de sus consejos, de sus ceremoniosos consejos, para cuando regresemos a casa en la noche, para solicitar, una voz meliflua, dar los puestos a niños, a los inválidos, a las mujeres en embarazo, y a estar alerta, y presente, con los bolsos debido a las manos enemigas, y que luego prosigue con toda esa beatífica ponderación carreñiana, pero olvidó como no respeta la ciudad desde sus inicios la ha arrasado sin dolor.
6.     Destrucción de la vieja casona del Das.
7.   Destrucción del Pasaje Sucre que mereció un premio internacional a Don Luis Pérez, el burgomaestre gastón y frívolo: el premio Atila.
8.     El cambio de fisonomía a la Plaza de Toros.
9.     Las justificaciones para que el Éxito se apoderara de la mitad del proyecto inicial del Parque de San Antonio.
10.   El deterioro de la esencia del Parque Arvi.
11.  El deterioro de la Biblioteca España con apenas ocho años de construida, y ahora se desembolsan más de 11.000 millones de pesos para recobrarla. ¿En qué administración sería que la inauguraron con monarca a bordo? ¿Hay pliego de cargos para los responsables?

Otra de las perlas disimuladas en el documento críptico enviado por el doctor Pérez, como todo informe que esconde realidades, escudado en su lenguaje técnico, son las farragosas citaciones de normas y leyes, donde el país santanderiano alcanza aquí un pico altísimo, y, que además, refiere el Macro proyecto de Río Centro, el cual es un adefesio por una razón de peso, el río Medellín, ya no existe, es una alcantarilla. ¿En qué río irán a pasearse las personas, cuando desde años atrás las administraciones le dieron la espalda? Es lo macondiano, lo inadmisible que se realiza en Medellín: un gran proyecto sin recuperar primero el río. Ya veremos los turistas mirando las aguas sucias y acompañados por los olores fétidos y la basura que maltrata sus aguas desde décadas.

Hace unos treinta años se dijo por parte de administración municipal correspondiente que en el 2011 se pescaría en el río Medellín. Debido a los planes para su recuperación, -estaba de moda la ecología-: apareció un diseño para los vertederos, las torres se empezaron a erigir en diversos tramos para tratar su caudal, se construyeron recolectores de aguas negras, aun sin uso, y se insistió de cómo, en el río de Medellín, se podría pescar para ese año milagroso. Esa era la promesa de los estólidos funcionarios: vendedores de ilusiones, culebreros: los peces de todos los colores regresarían, y me vi con una caña y sus aparejos pescando sabaletas, pero creo que leí mal, tal vez sería pecar. Cada diciembre, los funcionarios del municipio y EPM, celebran su Navidad en medio de una cloaca iluminada. Ahí mismo recordé esa obra maestra de Berlanga: Bienvenido, Míster Marshall. Y además aprendí algo nuevo: los culebreros ya no salen al Parque de Berrío sino que los tenemos de cuello blanco en la Alpujarra.

Pero ya lo sabemos Planeación Municipal es el delirio, la fantasía. Las pastillitas, como dice el concejal Moncada. Recuerdo cuando construyeron la Alpujarra. Los nuevos yupies, como odiaban la Plaza de Cisneros, la destruyeron sucesivamente en cada alcaldía.

Cantinas, casa de lenocinios, vendedores ambulantes, almacenes tradicionales, los teatros, la calle San Juan, putillas de baja estofa, bares de tango, fueron barridos por la quimérica ilusión de los funcionarios especializados. Así se quitaban ese paisaje que miraban desde la torrecilla de marfil, donde se planea la ciudad: les molestaba el lumpen: los residuos humanos de la ciudad industrial, ahí al frente, porque algo es cierto como muchos empleados municipales no conocen la ciudad, se les olvidó el factor humano. Total: a los cuarenta años el lumpen de Guayaquil se diseminó por todo Medellín. Eso no lo previó Planeación ni ninguno de los eximios alcaldes, ni quienes les hablan al oído, desde su ciudadela gris-cemento. Luego, ante la improvisación, las calles se guayaquilizaron: putillas de alta y baja estofa, y toda la fauna sexual, habitan cerca de las iglesias, bajo el viaducto, por Juan del Corral, y casi llegan al Parque de Berrio, y al Parque de Bolívar, así como llegaron vendedores de todo tipo de droga, jíbaros, vagos, mendigos transeúntes sin oficio, vendedores de ilusiones, de cachivaches, casas de putillas por todos los barrios, casas de vicios. El pequeño y poderoso Guayaquil, nuestro Barrio Chino, se creció en las narices de los administradores de Medellín y nunca se dieron cuenta, nunca les interesó, y a los cuarenta años, ese mismo Guayaquil, o El Hueco, y los Sanandrecitos, impulsado por el contrabando, que nadie ve, cambia su imagen. Lo demás es el deterioro humano visible en la ciudad, y la vacuidad de sus administradores que viven en la fantasía de otra metrópoli.

Total. Estamos condenados a mirar la ciudad en las fotografías de nuestros fotógrafos mayores, y este es el mayor fracaso. No podemos decir que fue debido a la presión social como la excusa más a la mano y sin imaginación. Fue peor, debido a la desidia de los funcionarios públicos que construyeron su castillo de cemento en la Alpujarra y crearon otros sitios con más seguridad e inversión, dejando la ciudad inicial huérfana. Por eso hay varios Medellín: la de los funcionarios que llegan a su oficina en carros blindados y con escoltas que imaginan que viven en Miami y los que la caminamos y la buscamos, y aun no conocemos sus secretos, sus historias, sus momentos de esplendor, y aun el del deterioro mayor, como el de ahora.

De ahí que se invierta en internacionalizar a Medellín, pero dejando la ciudad en su interior totalmente abandonada. Síntesis de un pensamiento municipal donde solo interesa el boato y la apariencia. Urbanizadores y administradores, un cóctel destructivo para la ciudad. Y el espejismo del progreso mal encausado como secuela, siempre miramos hacia los lados nunca al interior de Medellín, o sí al interior, arriba, a las comunas donde se manipulan los votos; los que eligen viven allá.

Cierto, todo ese esfuerzo por construir una ciudad en tantos años, con tanto amor, con tanta donosura, pero según cada alcaldía, aquí no vivieron Girardot, Epifanio, Carrasquilla, la Madre Laura, Abel Farina, Ricardo Rendón, Efe Gómez, Débora Arango, León de Greiff, Los Panidas, Fernando González, Melitón Rodríguez, Benjamín de la Calle, Alba del Castillo, Francisco Antonio Cano, Luis Tejada, María Cano, Fernando Botero, José María Villa, Carlos Vieco, Estanislao Zuleta, Juan Zuleta Ferrer, Lucho Bermúdez, los nadaístas, Luis Alberto Álvarez, Mejía Vallejo, solo para citar algunos creadores. Ah, y por supuesto, sus grandes arquitectos que la matizaron con finura, con su filigrana y detalle. Emilio Carré, Francisco Navech, Agustín Goovaerts, Félix Mejía A., Horacio M. Rodríguez, Juan Lalinde, Enrique Olarte, Nel Rodríguez. Ellos parece que nunca existieron: sus huellas, sus obras, fueron destruidas. Esa es la Medellín actual, la de la desmemoria, la del réquiem continuo: 

LA MÁS DEMOLEDORA.