| Zdzisław Beksiński |
POR UN NUEVO
HUMANISMO
Darío Ruiz Gómez
Lo que quedó de la
sociedad de la Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín fue una
sociedad ultratraumatizada por la sospecha de seguir espiada, lo cual era
cierto, y lo cual causó la más desoladora de las tristezas humanas, no tener
amigos o sea no contar con confidentes sino estar rodeados de espías del
Partido. Tal como lo explicaba un analista venezolano el chavismo se ha
infiltrado de tal manera en ciertos sectores populares que les ha dado armas y
los ha convertido en gendarmes capaces de denunciar incluso a un adolescente de
diecisiete años, vecino de barrio, condenándolo
como “enemigo de la revolución” a catorce años de cárcel. Este caso ya
lo habíamos visto en sociedades totalitarias como la nazi o la comunista donde
los hijos denunciaban a sus padres acusándolos de contrarrevolucionarios.
Hablamos del régimen madurista y nos atenemos a esos grotescos funcionarios y
militarotes que ilustran la destrucción de una nación, la presencia de un
autocratismo sin darnos cuenta hoy de
porqué en esta sociedad pauperizada que apenas logra sobrevivir con un
dólar al mes se aplicaron y siguen aplicando las técnicas de espionaje, de
represión a través de tecnologías de
punta, introduciéndose en los celulares, cortando el internet, y esto, paradójicamente
aplicado no solo en las esferas de los grupos de represión si no armando a
los vecinos de barrio para convertirlos en ciegos guardianes de la
dictadura. ¿De dónde provienen estas tecnologías sino de Xing Pin y Putin?
¿Contraste o burla por parte de los representantes de un totalitarismo que por
fortuna ha sido detenido en su intento
de convertir a Venezuela en un
territorio estratégico para sus políticas de expansión? La denodada tarea de
los intelectuales maduristas asesorados por españoles de izquierda,
kirchnerianos, colombianos para destruir la “universidad burguesa” contó por
suerte con una imbatible resistencia y hoy podemos comprobar que el pensamiento
libre no logró ser sofocado, que el cordón umbilical que nos une con el legado
del Humanismo Occidental tampoco
lograron eliminarlo en su intento de instaurar un colectivo de filósofos con
metralleta. Andrés Bello está más presente que nunca ya que la única identidad
como seres humanos la dan la justicia y la lengua donde se aloja la memoria
responsable.
El Helicoide que fue la muestra del desarrollo de una urbe moderna convertido en el más horripilante centro de tortura. Solamente las mazmorras de Bashar al Asad pueden igualarse a esta ignominia donde las bestias se dedicaron a toda clase de desmanes. Andrés Bello, hijo preclaro de la Ilustración – al igual que Simón Rodríguez- para la construcción de la República colocó en primer lugar la educación para salir de la esclavitud de la ignorancia llevando a pensar, a discernir para lograr el entendimiento entre los seres humanos y superar la condición del primate tal como el mismo Bolívar lo profetizó. Delcy y su hermano, Diosdado, Padrino son no el primate sino la perversión de la especie humana y su extensión en Colombia con toda la cúpula del ELN, de las Disidencias, íncubos, súcubos, lascivos, muertos escapados de sus ataúdes en una noche de Walpurgis que al menos en Venezuela, ha terminado. Pero la captura de Maduro ha dejado al descubierto lo que la internacional del madurismo había ocultado al mundo: una trama de adictos al espectáculo de la tortura de seres humanos, una fétida distopía cuya versión colombiana apenas empieza a ser conocida en todas estas dimensiones de lo que supone el degüello, el descuartizamiento, las ejecuciones en masa por parte de criminales del narcotráfico, los niños abusados, las nuevas tecnologías de la represión. Acabar con todo esto fue lo que Trump en la conversación telefónica le exigió a Petro. Nada más.
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