viernes, 9 de septiembre de 2022

INCERTIDUMBRE Y CAMBIO SOCIAL / Darío Ruiz Gómez

 INCERTIDUMBRE Y CAMBIO SOCIAL

Darío Ruiz Gómez

Los colombianos (as) vivimos hoy en la mayor incertidumbre ante el nuevo gobierno pues si por la historia del petrismo y  lo que ha predicado en su última campaña conocemos  de los alcances a los cuales podría llevarnos su declarado populismo  desde el momento de su posesión como Presidente  esta  incertidumbre se ha apoderado aún más de la ciudadanía  que  históricamente  ha estado con  la democracia y en defensa de las libertades conquistadas a través de nuestra vida republicana.  Revolución o cambio fue una discusión que los marxólogos  universitarios  se hicieron en los años 80. A partir de Marx la idea de revolución supone  la supuesta  coyuntura  para que toda una sociedad cambie,  para que  la historia de un giro de 360 grados  y  luego  de   la violencia  revolucionaria  venga esa armonía social anhelada. Arrasar  el pasado histórico de una nación  para construir a partir del vacío que supone  una sociedad sin memoria  otra sociedad” justa” es pues una gran falacia  tal como lo demostró la crueldad del comunismo, el intento de suprimir al individuo e imponer la colectivización social uniforme.  Por eso cuando Petro nos  anuncia  que en Colombia lo primordial  consiste en hacer de inmediato un cambio  y que “la historia apenas comienza”   no sabemos – dados sus antecedentes- lo que este enunciado supone ya que  “cambiar”  una sociedad significaría ni más ni menos que  hacer tábula rasa de los  valores sociales , religiosos  para imponer de inmediato una dictadura totalitaria.

Lo que llamamos  tradiciones – la huella viva de la cultura de un pueblo- no es algo que se pueda suprimir caprichosamente como lo quiere  nuestro populismo: la llamada cultura  oral,  la de la verdadera transmisión de saberes,  que es propia de las de las sociedades agrícolas, del pueblo artesano, la de las etnias, memoria de palabras, fuente eterna de la riqueza lingüística no puede ser borrada de cuajo por un Comisario(a) de Cultura,  por un grosero “lenguaje inclusivo”. ¿Quién puede borrar la memoria católica que ha sido tanto para el pobre y el trabajador como para el católico de todas las clases una fuente universal de superación en la fe y un aporte de civilización?   Entrar  en la incertidumbre  ante estas amenazas  totalitarias  es la reacción lógica de quien presagia que  los valores  de la civilización están en peligro, que algo extraño flota en el ambiente.  En Cuba, Nicaragua, Venezuela  la corrupción es la definición misma de Dictadura a través de una nueva oligarquía, de una burocracia mediocre que suplanta la estructura jurídica de un Estado de Derecho para  esclaviza a los pobres y  lanzar a la diáspora a millones de  aterrados ciudadanos(as). Es  la crisis de la economía azotando la vida de la familia  la causante  de la desesperación  que la inflación causa en cada ser derrotado que ha vuelto a ver la miseria en las ciudades y los caseríos tal como sucede hoy en Estados Unidos  con  ese intangible paso del terror que surge ante la felicidad perdida. Los millones y millones de argentinos  que fueron confinados en  la miseria por la corrupción de Cristina Fernández Kirchner y  sus gorilas peronistas condujo a  formas inauditas de sometimiento  social  pero también hoy al surgimiento de un vigoroso movimiento democrático que va a restaurar las perdidas libertades.  Recordemos finalmente con Sartoris: “¿Debe permitir  una democracia su  propia destrucción democrática? Es decir ¿Debe permitir que sus ciudadanos  elijan a un dictador?” La verdadera oposición  reside en  la defensa de la libertad  y se fundamenta en la crítica  atenta y vigilante  de este estado de cosas.   

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