Gonzalo Arango
Andes 18 de enero 1931-Tocancipá 25 de septiembre
1976
Víctor Bustamante
Esta noche Gonzalo se ha encerrado en el cuarto del
último color
Sobre el escritorio espejea su máquina de escribir
donde sus dedos han cabalgado tantas veces desde la planicie del
anochecer acompañado por el humo de los cigarrillos y de las tazas de café
hasta que sus desiertos se aclaran con las fugas del
alba cuando se deshaga como si fuera un viajero que ha dejado países,
mujeres, poemas, palabras y arroja las maletas a la calle porque ahora avista
entre la niebla que ha llegado al puerto imaginado: sus palabras escritas.
En el tocadiscos se decide a escuchar algo de rock
También sus libros preferidos reposan alineados en
el estante, cerrados y pudorosos, como teenagers de colegio
Lo ha seducido una casetera que le han prestado
Michael Smith
Ya que ha decidido grabar su voz
Se ha alertado porque quiere dejar una huella
No sabe a quién ni para qué
Porque él nunca ha soñado la muerte ni lo ha
señalado en su testamento
Pero sí sabe de los presagios de ella.
Su voz es pausada
De una serenidad y frescura que tallan la noche
Y arramblan a quien lo estuche unos años después
Pero él ahora solo quiere escucharse
como cuando se mira al espejo,
y se ve el mismo cuando se sabe que han pasado tantos veranos y tantas pieles
por sus pasos
Sabrá que ahí
en ese artificio dejará el alma impresa en sus
poemas escritos
porque ahora su voz regresa desde esa noche en que
él sentía decirnos algo de su presencia.
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