miércoles, 6 de junio de 2018

61 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Uribe Navarro



.. .. ..


61 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Uribe Navarro

Edificio Uribe Navarro

Para José Raúl Jaramillo


Víctor Bustamante

Cuando pasamos al frente del edificio, o mejor a lo que fue el edificio Uribe Navarro en Junín con La Playa, no vemos el inmueble, tampoco lo han tumbado, pero sí lo han mimetizado. Para ello lo han camuflado con espejos, en una labor de persuasión tal, que pasamos por esa esquina, sin percatarnos apenas de su existencia. Al cubrirlo con espejos se ha efectuado el insulto más grande a una de las oficinas de arquitectos más relevantes de la ciudad, me refiero a la firma H.M. Rodríguez e Hijos que lo construyó en 1925. Camuflar un edificio con espejos es la manera más solapada de relegar una construcción, es anteponer un elemento para lo banal, como son los espejos, para que se refleje lo virtual, en este caso el cielo y los otros edificios, nunca los transeúntes, dando la apariencia de amplitud en el espacio y no de la ñoñería de sus actuales ocupantes, Ragged. Una cubierta de espejos es la ocultación que refleja la nada, es la escasez de signos, lejos de la semántica de la calle. En la actual cultura ligth en Medellín ese revestimiento con espejos es significado de la nulidad total, es la solución más a la mano, barata y simple que no coteja la historia sino que la anula. No sé si aquellos que realizaron tal adecuación con este elemento tan inexpresivo se habrán dado cuenta de la aniquilación que realizaron con su maquillaje: una desorientación total a un referente de la ciudad.

La noche del 6 de febrero de 1859 se recuerda por un baile de disfraces en la casa del gobernador del departamento, Dr. Jorge Gutiérrez de Lara, situada cerca al Parque de Berrío, en el centro del costado occidental, segunda casa de norte a sur. Ese acontecimiento social fue opacado,  ya que el 10 de junio, apareció en el río, frente a Bermejal, el cadáver de Domingo Jaramillo, talabartero mulato proveniente de Salamina que trabajaba con Bernardino Giraldo en un local donde está hoy el edificio Uribe Navarro. Giraldo le había dado muerte a Domingo durante la noche y lo arrastró cerca, arrojándolo a la quebrada Santa Elena.

Aquí, en esta esquina, también vivió José Giraldo, que laboraba en su cerrajería. El  establecimiento era un cobertizo cubierto con ramas en el techo; quienes pasaban por la calle lo veían golpeando metales en el yunque. A pesar de ser buen trabajador, y devotísimo de la virgen, José Giraldo, hermano de Bernardino, era único en sus desplantes, eso sí muy amigo de festines y bebidas espirituosas. Cuando se le inició una pesquisa por inmoralidad, decidió elaborar con dos cañabravas una cruz, a la cual dispuso una ruana, así como formalizarle una procesión y, además, le acomodó un letrero: “En la ruana está el delito”. Alquiló una banda de música, como compañía, lo cual llamó la atención al provocador y panfletista  Camilo A. Echeverri, quien decía, y se lamentaba por qué no se le había ocurrido esta idea, una certera performance. Enrique Echavarría, a quien le debemos también otra versión, anota que a José Giraldo, le encantaba mezclar las fiestas religiosas con la pólvora. Para ese motivo y su deleite, patrocinó de su cuenta, en una noche, una larga recámara a todo lo largo del Parque de Berrío donde se escucharon tacos de pólvora de todos los calibres hasta que sonó uno con el poder de la bravura. Se dice, con ese desparpajo paisa, que esas dos arrobas hicieron vibrar las arañas de la iglesia y quebró vidrios alrededor, pero esto era imposible, ya que hubiera destruido todo el entorno. José, que no se sentía muy solo, era un picarísimo redomado. Entonces cuando sospechaba que sería enviado a la colonia penitenciaria de Patiburrú por Puerto Berrío, debido a un abuso de leso erotismo,  se dispuso a realizar su propia despedida montándose en un caballo con su mascota, una mica atada con una cadena de plata. Se puso su mejor vestido y un letrero: “El delito está en la ruana”. Detrás seguía un carro halado por un caballo, dispuesto con dos ataúdes y, sobre ellos, varios cirios nerviosos y encendidos. Detrás de él, en esa performance congelada en el tiempo, los seguía una banda musical, en su jolgorio, y, por supuesto, el griterío de los niños que los acompañaban a dar la vuelta por las calles del  tranquilo pero, ahora, sorprendido poblado. Otra vez Camilo Antonio Echeverri se volvió a lamentar. No podía creer que alguien se le hubiera adelantado con un evento tan procaz, provocador y anárquico.


Melitón Rodríguez, 1900


Hay una fotografía de Melitón Rodríguez,  1900, en Junín con La Playa, junto al puente en arco y de ladrillo. En la esquina, hay un edificio de tres pisos con tejado y enseguida un aviso, Portales de Junín, también hay allí una berlina halada por un cabello blanco que se asoma a la puerta, y no es para menos, en ese lugar existía una sede para los llamados coches de punta, que eran tirados por caballos. Esta fotografía posee el poder evocador pero aún más provocador, debido a que parece una postal con esa malignidad que subyaga: nada de lo que vemos en ella consta hoy.

En ese lugar, un inmueble de tres pisos, al lado del Puente de Junín mientras la Santa Elena, bordeada por muros de piedra, pasa lenta y mítica, fresca y perezosa, tatuada en su formato que araña el tiempo, en algunas fotografías en blanco y negro, debidas a Melitón Rodríguez y a Pastor Restrepo. Allí, ya existía una  cantina, el Caballo de Bronce, regentada por Natalio Platín.  Platín era hijo del inmigrante alemán Luis Platín, platero y acreditado grabador radicado en Medellín en búsqueda de ese Eldorado fantasioso que no significaba más que conseguir plata. Luis era laborioso: se le veía dándole al martillo y a la lima, o con el buril en la mano; y, por supuesto, muy aficionado a la cerveza. En años anteriores, 1886, Natalio, aún más quimérico, se vio envuelto en problemas judiciales por la denuncia de propiedad de las minas Santa Ana en Guarne.

En este edificio de tres pisos, el más relevante de Junín, con sus cuatro balcones en el segundo piso, y con la mansarda de otra fisionomía, y ya  rematado el techo con tejas y coronado por lo que puede ser un lucernario, se llamaba el edificio Lalinde. En su tercer piso, Francisco Antonio Cano poseía su taller, que es posible analizarlo en uno de sus cuadros, ya que  Cano ha pintado una de sus escenas más personales, el Estudio del pintor (1985). En esta escena, porque lo es, Cano sentado y elegante bocetea a la modelo, una campesina con un niño entre los brazos; otro adolescente mira una pintura; otro, Melitón Rodríguez, de unos doce años, mira a un aprendiz que también dibuja a la modelo. En la pared una pintura de Mariano Ospina Rodríguez con su barba blanca y su gorrito, quien vivía cerca, por la calle Boyacá, y vigila desde la pared, mientras en un anaquel los objetos dispersos del pintor lo expresan.

Este crucero, de Junín con La Playa, se convertiría con el tiempo en escenario y punto de referencia. Iniciaría su esplendor en 1919 cuando fue comprado y rebautizado el Café la Bastilla por Hipólito Londoño, y que serviría como punto de reunión y conversación para una tertulia memorable. Carrasquilla, Efe Gómez, Alfonso Castro, Ciro Mendía, Ernesto González, Pepe Mexía, Pachito Cárdenas, Carlos Mazo y Emilio Jaramillo. Algunas veces el maestro Gonzalo Vidal dirigía allí su orquesta. Ellos, estos artistas, estos poetas, estos músicos, siempre poblarán esta esquina, ya que entrarán de nuevo en esta memorabilia, ya que la amistad y la literatura abren esa veta para el diálogo y un encuentro.  Luego, al frente, sería construido el Teatro Junín en 1924, como el culmen de los teatros, obra maestra de Agustín Goovaerts.  Allí en su interior, en la esquina, un salón, el Majestic, le daría un toque de elegancia durante un breve periodo.

Luego sería construido, en la otra esquina, Cardesco. Una salsamentaría elegante donde se expendían licores extranjeros y enlatados. También era sitio de una tertulia, La Cigarra. Al frente, al sur, había sido edificado, el Edificio Uribe Navarro, que posee una historia atrayente, inusitada y de mucho valor.

Los hermanos Uribe Navarro, que ambicionaban ostentar su brillo, eran los promotores y dueños de este edificio; ellos eran Eduardo, Salvador y Vicente, acreditados comerciantes que cimentaron en Yalí un apreciable negocio de abarrotes, administrado por uno de sus socios, Germán Uribe N. Además eran propietarios de una empresa de transporte de carga que movilizaban en carretillas y mulas, entre las estaciones de Botero y Cisneros, pasajeros y mercancía. Por esos lados poseían la finca El Humo para descanso y reposición de sus quinientas mulas.

En la revista Progreso se saluda la construcción de este edificio, en 1925, como parte del Medellín nuevo, y, en efecto, estamos ante el despegue de una ciudad con arquitectura más racional. Eso sí con un sello peculiar, como es todo lo que construyeron los Rodríguez. No es el gran edificio de alto vuelo como el del Palacio Municipal -hoy Museo de Antioquia-, no es el Castillo elaborado con filigranas, no es el edificio Víctor, o el Palacio Egipcio, no es el Edificio Constaín, ni el edificio Tobón Uribe y el edificio Central con líneas y ángulos rectos para citar algunos. No, este edificio podría considerarse una obra menor, pero dejando ese punto de vista, posee el sello de HM Rodríguez e Hijos, y eso basta como carta de presentación, ya que este edificio tan diferente, en este formato, a los demás diseñados y construidos por ellos, advertía sobre una diversa posibilidad creativa. No es republicano en su estilo, no es racional en su configuración; tal vez sea un híbrido. En sus líneas sencillas da la impresión de poseer otro énfasis, otro camino a la creatividad. No hay arabescos, ni ménsulas como volutas que sostienen algún elemento decorativo, aquí las ménsulas, en pares son sencillas, sostienen el alero del piso segundo. Sus líneas son simples. En el primer piso sus cuatro ventanales son prácticos con sus vidrieras cuadradas, así como sus cinco entradas determinadas en el umbral por el sello de molduras  octogonales. En el segundo piso, en las dos esquinas, hay dos balcones con sus columnas, y cinco ventanas con sus rejas elaboradas en hierro y en el tercer piso su remate ondulado, con la superficie terminada en cuadriculas,  que casi se disuelve en las siete aberturas de varias ventanas que van surgir de la línea curva que culmina en el techo.

En una fotografía de 1930, observamos que en esta esquina del Uribe Navarro, en el primer piso, existe un Salón de Billares y siguiendo por la acera hacia Boyacá funciona la Botica y Droguería Junín de Ramón, Juan B. Peláez, además se ve un anuncio donde se ofrecen para la venta vejigas para balón, lo cual delata la presencia del futbol como maneras de situar el inicio y fervor por ese deporte.

Luego, cuando la Botica Junín se traslada al edificio vecino, al comprar sus socios una parte, que va desde Boyacá a la Avenida Primero de Mayo. En el primer piso, ya vacante, para 1936, se establece la Salsamentaría Respin, propiedad de los hermanos Restrepo Mesa que administraba su primo Gabriel Escobar, considerado el mejor vendedor del mundo; los productos Respin se distribuían allí. Desde 1920 se había creado la firma de productos alimenticios Respin por Luis Restrepo Mesa, propietario de la Droguería Nacional. Don Luis era un prominente hombre de negocios: lo avalan ser socio de Cervecerías Antioqueña y La Libertad, había participado en 1916 en la fundación de Noel.  También, en la Salsamentaria Respin, ofrecían enlatados y confituras importadas. Don Gabriel, como todo vendedor, elogiaba sobremanera los productos que ofrecía para animar a sus clientes a consumir. Incluso muy devoto, entre comillas, madrugaba para acompañar a su novia a misa, a la Candelaria, en una cita furtiva como excusa. En este breve interregno llegaba un profesor de inglés, míster Jammes, a reclamarle por su ausencia, ya que el paquete de Pielroja solo se lo quería comprar a él, para provechar lo dicharachero que era quien regentaba el lugar. A  don Gabriel no le quedó más remedio, para no desacreditar el negocio, que postergar la cita con su novia,  para poder vender el paquete de Pielroja a su cliente.

A las cinco de la tarde, en la Salsamentaría Respin, se formaba otra de las célebres tertulias de Medellín. La presidía Marco A. Peláez, a quien le debo parte de esta memoria. Allí asistían: Luis Carlos Henao, Antonio Valencia y Carlos Pérez Escobar; luego fueron entrando y pasaron por ella, Carlos Posada Amador -que luego sería un afamado compositor musical-,Ignacio Isaza Martínez, Eduardo Toro  Escobar, Hernán Toro Agudelo, Carlos Ariel Gutiérrez, Alfonso Arboleda, Cristian Botero Mejía, Jorge White Gutiérrez, Jaime Bustamante Ferrer, Guillermo Escobar, Antonio Duque Gaviria y Eduardo Mejía Vélez. Luego se incorporó el librero Rafael Vega Bustamante, y más tarde, de una manera esporádica, Bernardino Hoyos, abogado, intelectual y periodista de la UPB. Luego Hoyos trabajaría en la BBC de Londres y sería asesor cultural de Caracol, ya con otro nombre Bernardo Hoyos. Jaime Barrera Parra estuvo en allí y, en una crónica sobre Medellín, Del Edén al Respin, señala sobre su interior: “El Respin es un salón deslumbrante. Baldosines, espejos, música, todo brilla”. Al otro año regresó a Medellín, el primero de enero del 35, y durante un incendio en el Teatro María Victoria al caerle el cielo raso mató a algunos espectadores. Entre ellos a Jaime Barrera Parra.

Para 1936, en pleno apogeo de la radio en Medellín, se registra el surgimiento la Emisora Philco, propiedad de Hernando Duque R. y Alberto Estrada, -padre de Leonel Estrada que luego sería crítico de arte-. Don Alberto, había liquidado sus negocios en Manizales y se instaló en Medellín, incluso montó la Óptica Central, ya que él había estudiado optometría en Nueva York, además fabricaba telescopios. Hernando Duque, su socio, hombre de temple, imprimió a la emisora una política agresiva con la perspectiva de desplazar a La Voz de Antioquia. Técnicamente contaba con un transmisor de onda corta, inicialmente en 49 metros y onda larga. Esta emisora funcionaba en el tercer piso del  Edificio Uribe Navarro y en la propia oficina del gerente estaba el transmisor, ya que aún no era tan estricta la normatividad sobre su funcionamiento. Pero en 1938 los socios disolvieron sus lazos comerciales y la emisora cambió su nombre por el de "Claridad". De esta forma, la radio comercial en Medellín consolidó en sus primeros años: La Voz de Antioquia, Ecos de la Montaña y la Emisora Philco o Claridad. Mario Jaramillo Duque, tío de Leonel Estrada, también trabajó en la Emisora Philco. Este era un gran humorista, que tenía un show de hora y media, en el que imitaba personajes: Mussolini, Hitler y algunos dirigentes locales. Leonel lo veía ensayar y disfrutaba el privilegio de ver sus presentaciones tras bambalinas, en el Teatro Junín.


1940


Desde su fundación, la emisora Philco se caracterizó por un programa: La Hora Católica. En esta Medellín ultramontana con coqueteos falangistas; porque lo fue. También se dictaron conferencias, seminarios, charlas, en días de fiesta o fines de semana, a través de los renombrados medios de comunicación, como El Colombiano, El Obrero Católico, El Pueblo, La Defensa, y diversos programas de radio.

La fundación de la Hora Católica fue debido a monseñor Tiberio de J. Salazar, que coincidía con la celebración del Congreso Eucarístico. Este programa sería dirigido por monseñor Félix Henao Botero, luego rector de la UPB. Era un programa  semanal sobre asuntos de la situación mundial y la vigencia del pensamiento cristiano como una réplica al ascenso del comunismo que descreía de Dios, pero que terminó involucrado con dictadores sangrientos como Stalin, Mao y Castro. En una de sus primeras emisiones, el 3 de mayo de 1936, disertaron personalidades como el orador y político conservador Gonzalo Restrepo Jaramillo, sobrino del expresidente Carlos E. Restrepo y del sacerdote jesuita Juan María, quien pronunció su oración "Por qué creemos", y también llegó  a asistir el empresario José María Bernal, que refirió un tema sobre la moral. En los años sucesivos se notó la presencia de José López Henao, el domingo 14 de mayo de 1937, disertó sobre Comunismo y fascismo. Emilio Robledo argumentó en la "Hora Católica", el domingo 28 de febrero del 37, en donde deja traslucir sus principios morales y su excelente formación académica, sobre todo en el campo de la pedagogía y de la ciencia.

Poco hemos indagado sobre la Violencia en Medellín, todas esas pésimas noticias, y ese momento, las oscurece el Bogotazo. Pero Medellín tuvo su Medellinazo. El nueve de Abril  de 1948 fue quemada la sede del periódico sectario La Defensa al ser rociado con gasolina por la muchedumbre, ubicado en Boyacá donde están hoy Almacenes El Mar, antes edificio Villanueva y la agencia donde funcionaban las oficinas de El Siglo. También incendiaron el edificio Álvarez Santamaría, -el Portacomidas-.  Enseguida se prendió fuego a los edificios de la emisora la Voz del Triunfo con su radio periódico Mundo al Día. La biblioteca de la Universidad Bolivariana situada en Caracas con Palacé ardió junto a miles de libros tirados a la calle. Editorial Difusión también fue incendiada, siguió el café Danubio, y en turno fue incendiado el Almacén Respin que también fue saqueado. Siguieron las bodegas y los almacenes en el barrio Coltejer. El cuerpo de bomberos recibió, en la tarde del 9 de abril, 346 notificaciones de incendios. En el Centro también fueron saqueadas totalmente tres grandes joyerías. De igual forma la turba destruyó el Café la Bastilla y a Cardesco.

Luego de esos incendios, con sus destrozos, se estableció en el lugar donde quedaba el Respin, el almacén Parisina, -cuyo dueño era Jesús Posada-, que duró en esa esquina muchísimos años, unos cincuenta. Era un almacén de telas que marcaba el hito de la novedad en plena síntesis de la esquina de más prestigio en la ciudad. Parisina evocaba a Paris, pero más precisamente a las parisinas, damas, chicas, mujeres con alto sentido de la elegancia que querían verse acicaladas de lo principal de la moda cuando caminan por las calles, cuando entran a los espaciosos salones para provocar una mirada, ante el desparpajo de los habitúes que se llenan de la armonía, de la ilusión y del deseo ante una chica que deja una estela de perfume y el taconeo digno que las sigue; es más, las persigue, eco de la transitoriedad. También en Parisina se vendían los adornos y telas con que fueron ambientadas varias casas elegantes y prestigiosas. En el sótano se guardaban los grandes rollos de tela. Además había un localcito son un lugar afamado el Salón de Jugos. Esta esquina, de la cual poco se habla, se convirtió en una verdadera pauta comercial, ya que en la diversa sucesión de fotografías que hacen posible rastrearla, se suceden los anuncios que rasguñaban su estructura: American Gentleman, Indulana, Pepalfa, Chicles Clark, Lucky Strike, Cometa. Cada uno de estos anuncios reitera una etapa y un momento de la circularidad de empresas, incluso hasta la pobreza actual.


Gabriel Carvajal, 1940

El Club Medellín, fundado en 1946, ocupaba un local situado en  Colombia entre Junín y Sucre, pero se consolidó cuando sus fundadores trasladaron su sede a las oficinas de Radio Nutibara, que funcionaba ya en el tercer piso del edificio Uribe Navarro cuyo gerente era Jaime García Lobo y Hernando Téllez Blanco, fundadores también del Club Medellín, junto a Luis Gómez T., Pablo Restrepo U., Ángel Renix, Luis Ramos, Santiago Vargas Lorenzana,  Hernando Téllez B., Alberto Gómez, Apolinar Ramírez y Alberto López. Radio Nutibara había comenzado sus emisiones el 1 de mayo de 1938, como la Voz del Amo, y en sus instalaciones se ubicó la primera máquina portátil para grabar discos fonográficos en Medellín. En 1940 inició las transmisiones a control remoto e implantó el sistema de música continua con su lema: «más programas con menos anuncios». En esta emisora se inició uno de los grandes de la radio, Joaquín Marino López.

Para 1961 "El Rosario" era diariamente transmitido a las 6 p. m. por Radio Sinfonía, quien iría a creerlo con el tiempo, y Radio Nutibara; a las 6 a. m. por Radio Nutibara y la Voz de las Américas; Radio Sinfonía transmitía igualmente la Misa Vespertina Dialogada, desde la parroquia San José todos los días a las 5 de la tarde.

En una  fotografía de Digar de 1955 se lee un aviso en el segundo piso del edificio Uribe Navarro sobre el de Parisina, Escuela de Comercio Práctico, que fue dirigida por su rector y dueño don Emilio Torres durante 52 años. En ese centro educativo se podía estudiar bachillerato, mecanografía, taquigrafía y contabilidad. También había en su interior otros negocios cómo relojerías, y la oficina de Arrendamientos y comisiones de Raquel Tobón.

Un hecho acaeció en Parisina, cuando la machaca estuvo de moda, a mediados de los años 70. Allí, detrás de su vitrina, encerrado en una urna de cristal y clavado con una aguja de oro, fue exhibido el insecto que medía unos 8 centímetros,  que, de picar a una persona esta debía hacer el amor en 24 horas o de lo contrario moriría. Este mito llegado desde el Meta y avivado por la revista Vea encontró eco en la población, y, sobre todo, en Medellín, ya que las filas de curiosos para apreciar al animal del amor, también miraban hacia el interior de Parisina el lujoso surtido de telas. La nota del paisa cazurro y tumbador la impuso la llegada de un curandero, un indígena que venía del Amazonas, pero falso, de las entrañas de Loreto, por las plumas de gallina que lucía en su cincha, por su paruma de dril y sus sandalias costeñas, que vendía una crema antimachaca, que causó furor en los incautos, frente a la vitrina, que le escucharon y le compraron su surtido. Miedosos y lejanos no sabían que la historia de la machaca nunca trajo como realidad un muerto debido a su picadura.

Ya, a mediados de los 80, a Parisina la reemplaza Creaciones Vans de Betty Restrepo e hijos. Allí vendían camisas, ropas y telas. Ella era novia del conocido ex jugador de Nacional, Gabriel Mejía, y había que verlos en Versalles, él un gran portero, luego cantante de tangos con sus zapatos blancos y su pinta de argentino.

Babel, 2018

Ahora, hoy 11 de mayo y de lluvias del 2018, los paneles con espejos podrán tapar la arquitectura del Uribe Navarro, camuflaje realizado sobre los vestigios de una obra de HM Rodríguez e Hijos, para darle cierta apariencia mafiosa y de lo ligth, pero nunca podrán ocultar la historia que ha destilado este lugar que, como la carta robada en el relato de Poe, nadie ve. Ragged ha ocupado su perfil de esquina a esquina. En el mismo lugar por Boyacá hay un hotelito, Acuarela Hot, para parejas ocasionales donde se lee, habitaciones temáticas. Incluso entré, entramos con mi asesora al hotelito, y al cerrar la puerta del cuarto egipcio, casi a media luz, había de pie un sarcófago del tamaño de una persona. Como Medellín se ha vuelto muy turística, le habían colocado al sarcófago de plástico, en la parte que corresponde al rostro del faraón, unas gafas oscuras, en el colmo de la lobería paisa. Pensé en el cuento, otra vez de Poe, El ajedrecista de Maelzel , donde opera la trampa: un jugador oculto dentro del gabinete, bajo la mesa del tablero milenario, y resolvimos hacerle bromas al sarcófago. A lo mejor, adentro, había un mirón, con cámara para espiar a los amantes, lo cual dañó la celebración.

Es cierto, en seguida, de la evolución del Medellín elegante, construido con tanta donosura hasta 1968, al Medellín lumpen y de cachivaches, esta fisura, esta degradación, continúa con una cacharrería, El Manicomio, que ofrece todo a 5000, en lo que fue la Botica Junín, para expresar, lo inexcusable: la caída proverbial del Centro, después de un largo periplo en que se construyeron algunos de los edificios de más renombre, hasta el empobrecimiento actual que regresó a la tenebrosa Chichería de los Conejos en mitad de la calle Boyacá, a fines de 1800.

Los transeúntes pasan de largo, los vendedores de cacharros, en su supervivencia, siguen ahí todo el día. Algunos urbanistas, pendientes de sus proyectos de risa y de sus  negocios, aun despistados no saben cómo solucionar este embrollo, los historiadores andan despabilados y pendientes de qué ha dicho el dúo dinámico de Guatari y Deleuze para embadurnarse de sus capos teóricos, -solo embadurnarse-, mientras la ciudad histórica bosteza, desaparece, y nosotros la caminamos, la buscamos.







10 comentarios:

JoseM dijo...

Buen día. Acuso recibo y lectura juiciosa. El anecdotario estuvo genial.
Gracias por los buenos recuerdos. Evoco mis primeros pasos por esa esquina y me ubico en 1968, yendo desde Amador x Junín, hasta la avenida De Greiff x Cundinamarca, haciendo la ruta por Junín hasta la 1° de Mayo, bajando por ésta hasta la plazuela Nutibara y bajando por la De Greiff hasta Cundinamarca para tomar el bus rumbo al SENA de Pedregal. Después del festival de Ancón, Medellín pasó de ser un pueblo grande a ser una ciudad cosmopolita y ubicada en el mapa.
José M.

Epicentro dijo...


Muy buen investigación sobre esa esquina emblemática de Medellín que constituye Junín con la Playa. Desfilan personajes y hechos que nos llevan a una época gloriosa del antiguo Medellín.

Rodri dijo...

Mil gracias lindos recuerdos y muy buen video. Saludos

RJ dijo...

Recibe mi saludo, Víctor, y el agradecimiento por tus envíos relacionados con el deterioro arquitectónico del Centro de Medellín, la otrora Bella Villa que cantaron poetas, ensayistas, novelistas, cuentistas y, naturalmente, músicos de cuerda y trombón, de instrumentos de marfil, cobre y ébano.

Es una interesante labor la que adelantas y compartes por este útil medio técnico, y que te muestra como una voz que alerta y anuncia y cuenta el desastre, con miras, entre otros motivos, a evitar que la hecatombe continúe su marcha arrasadora como las hormigas en las páginas finales de *Cien años de soledad*.

Va mi abrazo de reconocimiento.

Carpe diem.

Oc dijo...

Gracias, Víctor, por tu rescate virtual de la ciudad real perdida. ¿Quién nos salvará?

G. Alvarez Gardeazabal dijo...

o jodaaaa!!!
si supieras cuantas veces, de 1962 a 1965 me pasé mirando para el edificio mientras me embolaban los zapatos en el andén de la otra orilla de Junín...excelente nota para los desmemoriados paisas que por andar siempre ganando algo mas en cada vuelta de la vida son capaces de construir el edificio Coltejer...destruyendo el Teatro Junín y atreverse con Hidroituango...para destruir EPM.
cordial saludo

Luzmila López dijo...

Nada mas emocionante que conocer las historias de nuestra ciudad y ver pasar los tiempos y epocas que van vistiendo los distintos lugares de personajes y cubriendo sus fachadas con la moda. Hay sitios que deberian mantenerse tal cual .

Hugo Bustillo Naranjo dijo...

Víctor:

En tu referencia a la Hora Católica bueno es añorar que en la acera opuesta al encopetado Club Unión se situaba la Emisora Radio Córdoba de don Próspero Aguirre. Allí el popular locutor y radio-actor Luis Pareja Ruíz presentaba, en los años cuarentas, sus programas en vivo. Los asistentes, algunos copa en mano, celebraban y brindaban por sus ocurrencias. En esa cuna de humor, risas y carcajadas ve la luz, en la década siguiente, Cine al Día. El Teatro presentaba toda clase de filmes. Le endosaron que en sus oscuridades se proyectaba el secreto, prohibido y anhelado Cine Rojo; pero a medio día y para una selecta clientela. Desde la dominical Hora Católica en su catilinaria regañona, recalcitrante e inquisidora; le dieron más varilla que a edificio (de esa época) en construcción. Las inquietantes Milicias Católicas se encargaron del resto y lo acabaron. Cine al Día continuó presentando sus buenas películas en las memorias y en el recuerdo juninero del tiempo.
Con un abrazo

Luis A{lberto dijo...

Victor nos dejas perplejo, casi todos los dias paso por ese lugar, esa esquina, y nunca habia visto lo qeu nos has enseñado. un abrazo

Anónimo dijo...

La historia desconocida de la Medellín añeja,los inicios de la radio,datos y relato que nos llevan a imaginar como era esa Medellín bonita.
Gracias.