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Este blog, en permanente construcción, hace parte de una revisión de los textos iniciáticos nadaístas con el propósito de mantener nuestra fe intacta en algunos de ellos. Podríamos decir que es una versión remasterizada, con inyecciones letales de cinismo y humor negro, de esta doctrina creada, simultáneamente, en Medellín y Cali. Mantenemos la fe intacta en la creación libre. Somos icoñoclastas por naturaleza. neonadaismo@gmail.com
EL REGRESO DE VIOLETA LA TERRORISTA
Darío Ruiz Gómez
Creo que seguimos sin darnos
cuenta de la importancia decisiva que para que cualquier proyecto de Paz por parte
de Rodolfo Hernández debe tener de salida la condena del terrorismo del ELN ya
que éste se ha convertido, ante la incapacidad de nuestra justicia para enfrentarlo,
en un cáncer que seguirá destruyendo vertiginosamente nuestra identidad de país
civilizado, sobre todo por su gran poder económico. Ya el ELN es en Venezuela un
Estado dentro del Estado madurista y por lo tanto eludir la responsabilidad de
condenarlo seguirá siendo una demostración de debilidad por parte de la clase
política y de la justicia colombiana. El ELN está asesinando cada semana dos o
tres de nuestros soldados o policías, tiene retenidas bajo violencia extrema a
varias comunidades indígenas en el Chocó, el silencio sobre sus iniquidades en
el Cauca y Arauca es un triunfo de su poder mediático. La Comunidad Europea continúa
enfrentando este flagelo para salvaguardar la vida ciudadana ante los ataques
del terrorismo internacional en su propósito de imponer sus leyes despiadadas.
Violeta Arango Ramírez, alias “Violeta” fue detenida a raíz del atentado contra
el centro Andino en Bogotá donde una bomba estalló en un baño y mató a tres
mujeres entre ellas una joven francesa sobre la cual de inmediato se lanzaron
infames sospechas para distraer la atención de la Fiscalía y de la ciudadanía.
Se detuvo a nueve sospechosos quienes finalmente fueron dejados en libertad. Violeta
Arango Ramírez fue detenida bajo firmes cargos de haber participado en el acto
terrorista, se le sindicaron cinco cargos más. ¿Por qué entonces no la condenó
la Fiscalía?
Aquí debemos recordar que
para esta fecha las FARC estaban a punto de culminar la “entrega de armas” – lo
cual, lo sabemos hoy, ha sido otra de sus farsas- El ELN había colocado semanas
antes en el Centro de Bogotá una bomba de gran poder que mató a un ciudadano y
dejó numerosos heridos. Sin embargo, un Comando del ELN a raíz del atentado y
la muerte de las tres ciudadanas publicó un Comunicado donde cínicamente “repudiaba
el atentado, se solidarizaba con las víctimas”. Este atentado fue
posteriormente olvidado por la Fiscalía y por las directivas del Centro Andino
quiénes permanecieron sordos a los justos reclamos de las víctimas a pesar de que
tal como lo detallaron las cámaras de vigilancia minuciosamente quedó
registrada(o) cada uno de los responsables. El atentado fue el 7 de junio del 2017. En acción del Ejército
en el Departamento de Bolívar fue detenida Violeta Arango Ramírez junto con una
compañera muy majas en su estilo de guerrilla “posmoderna” y el montaje de falsedades
y manipulaciones que entonces fueron puestas en circulación por algunos
dirigentes del hoy llamado Pacto Histórico para demostrar “la inocencia de Violeta”,
el “terrorismo de Estado” contra tan inocente criatura, se han venido abajo.
Los crímenes del ELN son y han sido de verdaderos enfermos mentales y
verdaderos enfermos mentales son sus fanáticos seguidores en Colombia. A
Argelino Durán Quintero exministro lo secuestraron en 1991 en su casa en Bucaramanga,
el anciano resistió largas marchas, declinó comer hasta caer muerto. Por
instrucciones de un “médico” que aún vive le sacaron el hígado, los intestinos
y rellenaron de hojas su estómago antes de enterrarlo. Este indignante
asesinato cayó en el olvido naturalmente durante la justicia santista. Hoy vuelve a mí ese luminoso ejemplo cuando
veo la procacidad con que “El Pacto histórico” se mofa de Rodolfo Hernández
quien llora al recordar a su hija asesinada por el ELN sin que fueran
entregadas las señales del sitio donde supuestamente la enterraron. Rodolfo
Hernández fue secuestrado por las FARC y ¿ahora debe callar esa infamia para
“no perturbar el proceso de paz” y no quitarle el sueño a “Los Comunes”? Libertades
y no extorsiones. En este caso el país que calla es el país que otorga.
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| Piedad Bonnett (El Español) |
Lo que no tiene nombre de
Piedad Bonnett
Víctor Bustamante
Si una calamidad personal golpea de una manera despiadada, significa, sin atenuantes, que lleva a bordear esa zona oscura del dolor de la cual es inminente apartarse y se llega a sentirla, padecerla, vivirla, saber que de ahí no se tiene escapatoria mientras se vive esa zozobra que llega así de golpe, como del odio de Dios, al decir de César Vallejo. Cierto, ese ultraje a la paz personal, a la paciencia diaria que, de repente, se ve herida por ese rayo que cesa una vida, donde las fibras personales socaban cualquier intento de paz, cualquier llegada a la casa donde los despojos, diría mejor la presencia de Daniel Segura, su ser íntegro, se ha ido de una manera inexpresable. Y es ahí mismo cuando se expresa lo expresable, su arte, ya que, de la mano de su madre, la autora de sus días y del libro que lo recobra, iremos por ese camino que él mismo ha roto, esa continuidad en sí y de sí y que ha dejado huellas a lo mejor imperceptibles, a lo mejor en un diario, en alguna palabra recordaba al azar por alguien cercano, pero sobre todo en los trazos de sus cuadros que, de repente, se convierten en las huellas que son sus trazos, sus grafías, sus pinceladas, sus pasos que ha dado a través de sus pinturas como el pálpito en sus dibujos, en su mesa, en ese oasis que es su cuarto donde tantas batallas personales dio mientras la angustia lo desgarraba de un golpe certero para llevarse su vida, así como ese ananké de los griegos cuando manifiesta ese destino que nos deja perplejos desde la otra orilla, desde nuestro puesto de observadores en la lectura de un libro. En este caso una suerte de hoguera personal, donde la escritora ha sido capaz de mantener la cordura y el equilibrio al escribirlo, pero también la presencia de una vida tan valiosa, que la deja en su perplejidad tan llena de preguntas que en este libro ella tratará de resolverlas, apartándose de la fragilidad que entrega este hecho para así ella escribir e indagar, para sumirse en la hondura y a veces en el desasosiego.
Me refiero a esta novela,
mejor una memoria, nunca una forma de catarsis, sino una presencia, ya que, al
nombrarlo, a Daniel perdura en esta novela que es una reminiscencia y una
manera de compartir desde la otra orilla ese dolor, podría ser una confesión,
mejor lo digo de una vez, me refiero a Lo
que no tiene nombre de Piedad Bonnet (Alfaguara, 2013). Desde el título, al
decir, lo que no tiene nombre, su autora
sabe que se atreve a expresar lo que subyace en la distancia que ofrece su
misterio y en su falta de definición, al escribirlo, es decir nombrarlo, lo
hace inminente en su misma lejanía, lo que le causa el asombro de ese estado
que es impronunciable y que al no querer llamarlo por su nombre, se devuelve
hacia ella al reclamarle su definición, pero esta correrá a través de las páginas
de ese desafío con que se escribe esta novela, y que ella escribe para decir,
yo estoy aquí no en la orilla, sino en el centro mismo de ese caos, porque una
muerte asumida de esa manera deja lo terrible de una huida.
Separarse de Daniel, su
hijo, saber que ha claudicado de esa manera inesperada, abrupta e ilegible, aunque
se percibe desde un comienzo su fin en Nueva York, en otra frontera, en otro
espacio, en la ciudad donde fue a buscar pulir su arte, a dudar de sí mismo, de
su talento, y que lo acorrala aún con esa duda, ya la pintura no se vende, no le
interesa a las personas. A veces pienso que ese viaje es como una huida, una catarsis silenciosa, una manera de estar tranquilo, una manera de
escudarse de su misma fuerza, de su creatividad, nunca haber escogido ese lugar
como su lugar último morada.
Perviven desde un comienzo, en
su transcurso, sus huellas, las de Daniel, ya que paso a paso la autora nos
lleva de la mano, merodeando en su cuarto, en sus actitudes, en sus dibujos, en
las visitas a los diversos psiquiatras, en sus viajes por
Europa, donde poco a poco escala en su vida personal, al mismo tiempo que esa
enfermedad interior lo sacude por momentos, sobre todo, cuando no toma los
medicamentos, lo cual permite que ese mal rastrero prosiga devorándolo,
cambiándolo en otra persona llena de furor y no en el chico amable y dulce.
Desde su juventud, cuando
fue diagnosticado, estuvo cerca a ese fatum despiadado que lo llevará paulatinamente
hasta el ocaso que estampa el extravío cuando se ha interrumpido la normalidad,
la cadencia de una vida en el sopor de la cotidianidad, y surge así ese otro
ser que sufre con la ingestión de las pastillas que doman y domina su interior.
La relación con la contingencia que se desata de una manera insospechada, indica la caída que, a pesar de los medicamentos y de la actitud parsimoniosa de los siquiatras y la mirada atenta de su madre precede a la llegada de un desastre. Es decir, ese camino sin retorno, lo no codificable, lo incierto porque en el fondo uno quiere que todo se solucione de la mejor manera posible y que esa ley extrema, ese fatum que merodea, que parece infalible no se cumpla, que ese momento al cual está destinado Daniel, vivir su rabiosa juventud, su creatividad, se alargue, no se olvide, que no sea codificable en materia de su mismo destino. Pero ese desastre sí nos mira cuando al leerlo nos toca, aún más, nos incumbe en la medida que es lo ilimitado, y así esta mirada, se convierte en aquello que no puede medirse en términos de fracaso, sí como una pérdida pura y lejos de la simpleza de una noticia.
Nada alcanza para paliar una
calamidad; lo cual quiere decir que, la autodestrucción en su pureza más
contingente, avanza cada día en su inmediatez, aunque ha debido ser un largo
proceso pensado que se convierte en una idea de totalidad, en la medida que
abraza el fin que aún no llega. Así, define sus límites: todo lo logrado, los
momentos escalados, las pinturas que lo obseden nunca destruida, los viajes,
los dioses mutilados y las chicas, los amigos, el atisbo de las soledades, las
luchas interiores, sí, sobre todo, esas luchas interiores, inmanejables, la ira
que llega y no cesa de nuevo, y que conducirá a la ausencia, y al sinónimo de
la muerte y de la nada que ocupará un solito lugar, a veces la desgracia del
olvido, lo cual es demasiado en su cota más alta, ya que cuando alguien se
marcha de esa manera y más aún cuando es su hijo, da lugar a esa inexistencia
matizada por la pregunta, qué siente una persona en su interior, qué fuerza
brutal y despiadada lo cercena para irse así tan pronto, de qué manera
silenciosa en su interior luchan fuerzas contrarias, intensas que dislocan la
extrema desesperanza como el reto de una vida llena de lo promisorio de su arte
ahora inconcluso.
En este libro, en su fuego que nos quema, la
escritora no claudica, aunque el dolor es evidente, aunque la parvedad es
necesaria, nos acerca a su experiencia, a la intransigencia
del dolor que la ha tocado mientras nosotros, espectadores tibios, la seguimos
en las líneas de su escritura, en esas líneas que nos arrastran hacia su centro
donde el tránsito del suplicio es más sublime.
Sabemos que es demasiado, y al escribirlo, al expresarlo ya es demasiado,
ya que las palabras no expresan esa inserción, esas profundidades, lo
insondable, lo que llega como una ráfaga y se empoza para siempre. Es el
desastre porque lo es, ya que copa y enfría la existencia y, a más de eso es
una privación, una experiencia mayúscula, con la llegada de la inútil muerte y
todos sus accesorios, la lacra de los funerales, las lágrimas ajenas, el constante
merodeo de los medios, el no perdón a quien lo haga de primera mano. Quizá la
muerte así se convierte en esa esfera que creemos lejana, ese límite opaco, de
alguna manera, que nos llena de inquietudes y de preguntas. No en vano, la
autora busca en los archivos de Daniel los rastros de su hijo como si quisiera
saber cómo es uno de sus otros rostros, acaso uno de los autorretratos guardados
en sus objetos, en sus pertenencias que permitan una respuesta. Ella dice:
“Reviso uno a uno los libros y los cuadernos. En el fondo de mi corazón suplico
por que aparezca un diario, una nota de carácter personal. Pero sólo hay
trabajos críticos o notas de clase, escritas con letra pequeña, apretada,
minuciosa. En su morral encuentro la pequeña tarjeta que le envié hace dos
días, acompañada de un billete, y que dice para que te des un gusto. Te quiere,
tu ma”. Una huella, perceptible, una pintura de Jenny Saville le llama la
atención Reverse, ese autorretrato con cierta belleza, la otra belleza de la
sangre de la carne herida, así como en su edad de confrontación y desespero, a
veces da la impresión de un rostro caído en desgracia sobre el piso, donde el
rictus de la muerte exhala su suspiro más inmediato. Signos, símbolos, huellas
gustos de Daniel que a lo mejor crearon ese camino, le coadyuvaron a seguir por
el otro camino de la vida, Van Goth también lo viviría.
Cada duda, cada pregunta,
cada inflexión de su voz nunca se superpone a la extrañeza, a la vez que ella
no puede suplirlo ya que, al espaciamiento del morir, en la medida que pasan
los días y huye una presencia muy cara hacia el sofisma del recuerdo, la lleva
indagar acerca de escritores que han tenido presente lo que algunos llaman
experiencia, pero que para ella es una fatalidad, la muerte de alguien muy
cercano. Como descree de los ritos religiosos, se asila, nunca se aísla en los
libros, e intenta encontrar consuelo en ellos, ya sea como notas reflexivas,
como experiencias de vida, libros terapéuticos o en meditaciones o en poemas.
Desde diversos ángulos acuden a ella para hacerle una gran compañía: Wislawa
Szymborska, Carol Anderson, Douglas Reiss y Gerard Hogarty, con Esquizofrenia y familia, Michael
Greenberg, Mary Jo Bang, Vesna, El dios
salvaje de Alfred Álvarez, y ha buscado luz en libros de ciencia, en
tratados médicos, en Norbert Elias, en Barnes, en Gottfried Benn, en Sylvia
Plath, en Lowell, en Javier Marías, en Borges, en Joan Didion. Y, sobre todo,
en Nabokov, Esther Seligson, Salman Rushdie, Sandor Marai. Después de la muerte
de Daniel, ella lo dice el escritor Antonio García le regala El acontecimiento de Annie Ernaux,
también Jean Améry la acompaña. Cierto, la poesía con su descarnado camino de
abismos y, a veces, de puentes, de oscuridades y viajes a la nada, la acompañan
en esa noche oscura del alma, así como los escritores que reflexionan y cuentan,
un caso cercano como Nabokov, Esther Seligson, que vivió una experiencia
cercana, A. Álvarez y, sobre todo, Jean Améry, acuden a su llamado, la custodian
y tratan de explicar lo inexplicable, lo que no tiene nombre.
La muerte de Daniel le ha
proporcionado, sin equivocaciones y sin estigmas, el sentimiento de que, al
suicidarse, se cumpliría ese fatum que era la incertidumbre de no saber hasta
qué momento debía cuidarlo, estar pendiente de su presencia, de que él no la
abandonara de una manera abrupta. Podríamos decir que el suicidio redime y
libera del sufrimiento interior, de la enfermedad, de la cárcel de la derrota
de las drogas recetadas, junto a la inigualable certeza de los psiquiatras y su
mundo de batas blancas y de lejanía, y de esa convicción de ser fríos e
indolentes, que contrasta con ese símbolo, el color negro de la oscuridad de
quien se marcha voluntariamente y sin dar explicaciones. Pero la escritora, Piedad Bonnett, asume este evento con la conciencia
plena, nunca lo deja de lado, al contrario, lo enfrenta con sus preguntas, sus
dilemas, con cierta acedia, pero no lo disipa, y eso sí, no deja que nos
apartemos de ella. El desastre como una aurora sangrienta y fatídica reclama su
estadía, pero hay que atenuarla. Ella, la escritora la refuerza al indagar y
exponer esos pasos que llegan y luego se irán sin una despedida, sin la
ceremonia de un hasta la vista. Ella ha indagado este desastre, no lo ha paliado
ni olvidado, de ahí que la literatura, su escritura, haga perdurar una tragedia
que, con el tiempo y el paso de los días, se convierte en pasado, pero, ella,
Piedad Bonnet se ha resistido a quedarse pasiva, de ahí que ella continúa y asevera:
“«Los muertos sólo tienen la
fuerza que los vivos les dan, y si se la retiran…», dice Javier Marías.
Tratando de preservar a Daniel de una muerte definitiva, me doy a examinar su
obra, a clasificarla. Encuentro, organizado de manera impecable, un fólder que
dice: «Dibujos de chiquito». Están ahí los trabajos infantiles que yo guardé
alguna vez, y de los cuales no me acordaba. También obras de la primera
adolescencia. Hay óleos, dibujos, grabados, no menos de doscientas piezas.
Selecciono unos cuantos, los
mejores, y le pido a mi amigo Óscar Monsalve, fotógrafo de obras de arte, que
me haga un archivo, adelantándome a lo que será inevitable: la repartición de
su pequeño legado. Con Camila hacemos un blog que muestra una veintena de lo
mejor de su obra [*]. Y escribo, escribo, escribo este libro, tratando de
cambiar mi relación con el Daniel que ha muerto, por otro, un Daniel
reencontrado en paz.
«Los muertos sólo tienen la
fuerza que los vivos les dan…»”
SAGA A LA FUNDACION
Oscar Peláez Peña
San Luis, 3 de mayo de 1903-
Sevilla Valle 3 de mayo de 1993
A mis amigos y compañeros de mesa.
La acción de la corriente
civilizadora establecida por arrieros y trajineros a lo largo de senderos
desconocidos de la cordillera, nos donó una geografía en función política que
sirvió para estabilizar las poblaciones errantes.
El fundador de ciudades aprende
de la tierra las formas y expresiones del dominio para realizar las grandes
penetraciones históricas en la ceñuda y selvática majestad de nuestros montes.
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| Horizontes sevillanos |
Así surgen los nuevos
municipios de entre las montañas como de un mundo mágico: Democracia bucólica
donde los hombres aprenden a vivir “cara a cara” en medio de una espléndida
camaradería social, con sus ganados que pacen en los verdes campos y rosaledas;
entre hileras de casas y sementeras que disfrutan de la propiedad en común de
unas mismas tierras. Feliz combinación demográfica que tiene como fundamento la
alegría del gran espacio, el radiante estío en la plenitud de las frutas, como
apego a la libertad física del ir y venir en la inmensa simpatía cósmica que interpreta
nuestro formidable destino con todas sus consecuencias humanas. Este fenómeno
no puede ser una simple coincidencia histórica; una identidad de origen tiene
que ser su significación social.
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| Caracolí. Finca El Arco. Quindío. 1892 |
La fundación encomendada a la familia es tan importante que se puede observar una transición directa del grupo familiar al Estado. En efecto, la familia fue no sólo nuestra unidad fundadora, sino también el más escondido secreto genésico de nuestro ordenamiento. Con la familia, el individuo se clasifica socialmente; gracias a ella puede realizarse la fundación. Las familias se relacionan entre sí mediante la antigüedad, la economía, la práctica de un sistema de vida profundamente democrático en el que predomina el policultivo, como la pequeña propiedad, el campo común para cría de ganado, el espíritu de cooperación en los asuntos de interés público, en fin, todas las formas de solidaridad social indispensables para el individuo que sabe que la familia como la vecindad y la cooperación serán los puntos de apoyo frente a la adversidad de las montañas, fijando así el colono en aquel paisaje que él ha de dominar a través de su penetración histórica.
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| Oscar Peláez Peña 1974 |
Para los grandes hechos
pasados no hay como la historia, la fábula sirve sólo para oscurecer su
grandeza. El único medio de celebrar con dignidad es la efusión literaria.
Nuestros abuelos, atraídos por el misterio, estaban dotados para hablar el
lenguaje de los grandes horizontes. Contaban historias a media voz, parte
reales, partes soñadas en el subsuelo histórico de las hondas raíces de aquel
árbol de rudas cortezas en que adivina el espíritu escudriñador los perdurables
litigios que se guardan en los archivos de familias, en los papeles de pleitos
y linajes, en los pergaminos yertos y los textos escuetos, familias, en los
papeles de pleitos y linajes, en los pergaminos yertos y los textos escuetos.
Únicos archivos que se salvan del olvido y del sarcasmo de nuestra edad tibia e
iconoclasta.
Inspira en todas partes el respeto local de nuestro pueblo, de sus ríos, climas y colinas, del olor mañanero de sus panaderías y del pilón que nadie puede derribar, el arpegio del pájaro que nadie puede corromper, mientras que los recuerdos de los días bonancibles y de las personas queridas hacen de cada esquina un momento con su evocación espiritual. Nunca parecen monótonos los horizontes de la tierra nativa; nunca fatigan la mirada; el alma siempre halla en ellos algo que responde a sus sentimientos. Esta es la primera manera de amar y conocer nuestro paisaje, poseyéndolo simbólicamente. A través de su imagen física, por el contacto y compresión de las razones vitales que nos atan a su suelo, donde el hombre y la tierra se modelan recíprocamente.
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“Horizontes” de Francisco Antonio Cano 1913. |
Esta pintura forma parte de la colección Museo de Antioquia. Los modelos de la obra son el ingeniero civil y escritor fredonita Francisco de Paula Nacianceno María Gómez Escobar “Efe Gómez” y su esposa Inés Agudelo Zuluaga. Efe Gómez es paisano de don Heraclio Melitón Uribe Uribe y de los escultores fredonitas Ramón Elía Betancur y Angel Rodrigo Arenas Betancur.
Sensibilidad candorosa y
compasiva que sabe provocar el interés por la existencia humilde y laboriosa,
por la pobreza despierta desde la aurora. Sin más estímulo que el santo amor al
suelo nativo.
Atentos a la voz recia de la
sangre, a la voz cordial de la amistad, al eco persuasivo y perenne de la
raizalidad, así te saludamos los hijos de tu fiel montaña.
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Una preciosa captura de un atardecer sevillano. Fotografía realizada por Sara Zapata |
Hoy jueves 24 de mayo del año 2001, cuando Bob Dylan cumple sesenta (60) años de existencia, entro en la realidad de que los tiempos están cambiando y recibo la infausta noticia del asesinato (decapitado por paramilitares) de mi amigo de infancia y poeta el maestro Oscar Peláez Peña (1947-2001). Un crímen violatorio de los derechos humanos y que aún sigue impune, en esta repúbliqueta, donde la justicia sigue siendo ciega y la palabra se campea en silencios de hierro.
La gran coincidencia, casualidad y paradoja de la vida, el
siguiente texto fue escrito por Álvaro Noreña Jiménez: En mayo 3 de 1993, en el
aniversario de fundación de su pueblo, tierra donde germinó su paisano don Alberto Cardona, experto en
lucha greco romana: «Hoy en este día brumoso, de flor de mayo, de abuelo
aniversario / recordando el tiempo en que el hacha habitó en las manos de los
colonizadores antioqueños, hiriendo el árbol y el bosque / abuelo pueblo, corto
en años de existencia y largo en merecimientos. / Damos gracias a cada uno de
los fundadores que dieron principio a tu memoria, en justo monumento y
celebración a sus hazañas /Acá volveremos convencidos del milagro / así
traigamos lo padecido, / lo equivalente al cansancio, / al envejecimiento o la
desgracia. / Rindo tributo a todos los mayores de nuestra historia y de nuestra
infancia, / a las madres y a los padres, / a Mercedes y Antonio, / bellas
alegorías del peregrinaje terrestre».
P.S: E presente texto de Oscar Peláez Peña (1947-2001) fue
digitalizado e ilustrado por el
arqueólogo de las palabras Álvaro Noreña Jiménez, con fines educativos, rescate
de memoria histórica y de difusión cultural hoy 23 de mayo de 2022, un día
antes .de conmemorar 21 años de su asesinato.
Poema de Oscar Peláez Peña tomado de su libro Sarcófagos de
una ciudad amarilla, publicado 27 de abril de 2021, en el Blog Neonadaísmo 2011
de Víctor Bustamante:
Tomaré el rumbo
De los amargos laberintos
Que cruzan los senderos
Entonces no habrá más que la
soledad
Y un infinito silencio
De pisadas
Blandas
Que sueñan con la muerte.
Alvaro Noreña Jiménez
Celular 311 793 98 02
cierraojos@gmail.com
VÌCTOR BUSTAMANTE ENTRE
MÙSICAS Y PLAYAS
RAÙL HENAO.
“(…) si eres un solitario de
la Otra Orilla Tarde o temprano las olas te arrojaran a esta Playa. ¿Què tienes
para ofrecer? ¿una conversación interesante? Deja el papagayo en casa, que aquí
andamos perdidamente enamorados de la perdición. Deja los tesoros de la vejez
en la gaveta”. * “Que hablen mal de Medellìn los malos poetas” Rubèn Vèlez.
Vìctor Bustamante, prosista y poeta multifacético, retorna a la poesía después
de una pausa o silencio de doce años, porque, de su libro inicial titulado
Mùsica a Plena Playa* su último poemario, hay continuidad, en el sentido de que
vuelve o regresa a los temas de su predilección: la Medellìn de sus amores y
desamores con sus “calles trazadas a la diabla” (Tomàs Carrasquilla), la música
popular, el rock y los tangos; los cines suburbanos y los hoteles o pensiones
baratas: refugio del amor mercenario, los bares y cafès del pasado, como La
Arteria o Faromar y aquellos que todavía perduran: El Viejo Vapor -en el Parque
del Periodista- y Billares Universo sobre la avenida la Playa… transito
obligado y cotidiano de su bohemia y nomadismo intelectual, Y es que Bustamante
resulta una versiòn, a escala colombiana, del flaneur baudeleriano, un
solitario por el estilo del “hombre de las multitudes” de Edgar Poe. Sus poetas
preferidos son los “Malditos” franceses que tienen como precursor a Francoise
Villon -poeta goliardo, asaltante y asesino en defensa propia- en cuya
biografía incurren con anterioridad varios escritores importantes del país como
Andrès Holguìn o Uriel Ospina… O ya en el plano local y nacional, los poetas
del nadaísmo antioqueño: Amilkar Osorio, Alberto Escobar Àngel, Darìo Lemos…y,
quizás, Mario Rivero, el autor de los Poemas Urbanos, que de cierta manera
inaugura la poesía coloquial y narrativa en Colombia. A pesar de que Vìctor
Bustamante, en su libro reciente de poesía, destaca la importancia de la Obra
Negra de Gonzalo Arango, nos parece en definitiva que su poesía neonadaìsta,
pesimista y nostálgica, poco o nada tiene que ver con el profeta de Andes,
seguidor del maestro Fernando González en su última, mistica etapa de vida;
porque en ella predomina, a modo de impronta, la EVASIÒN, tendencia que si bien
suele estar ligada a la LIBERACIÒN (palabra que Henry Miller, el novelista
norteamericano, preferìa a REVOLUCIÒN porque -según èl- entraña un sentido
espiritual olvidado en la época presente) el poeta antioqueño la interpreta
como la FUGA o INSPIRACIÒN que nos proporciona el arte y la literatura
hedonistas, el alcohol y las drogas, sin que en ella se avisore un horizonte
distinto al vacìo o la nàusea existencial a la que siempre se mostraron proclives
los poetas nadaistas y que, con la tendencia política contestataria, constituye
la temàtica vigente en la actualidad, a la que vuelven de manera reiterada la
generalidad de los poetas mediáticos que publican en las redes sociales. Vale,
en resumen, destacar y elogiar en la obra poética de Vìctor Bustamante, el
hecho de que su autor en ningún momento la desligue de la vivencia o
experiencia de la vida cotidiana, lo que lo emparenta, además del nadaísmo, con
varios poetas posteriores y cercanos a la Generación Desencantada… cantores de
la ciudad y enemigos del campo: “ese lugar donde los pollos se pasean crudos”
como reza la frase célebre de Max Jacob. *Mùsica. Ediciones Babel. Copimpresos.
Medellìn. 2010.
Plena Playa. Babel, Medellìn. 2022. Medellìn.
12 de marzo de 2022.
LA PRECARIEDAD DEL LENGUAJE POLÍTICO
Darío Ruiz Gómez
En estos días de alborotada
vida electoral lo que ya es más que evidente por parte de las jaurías de
opinadores(as) inventados (as) a última
hora o desgastados(as) en decir lo mismo
durante años de “periodismo político” lo
que ha quedado en claro es, no dejo de recalcarlo, la inmoderada
manipulación del lenguaje tal
como lo hace Petro a cada instante negando lo que acaba de afirmar y apoderándose y repitiendo
con toda desfachatez y cinismo, como si fueran suyos,
los argumentos y las propuestas de sus contrarios. Estrategias del chavismo. De ahí la tarea del verdadero pensamiento democrático
en lo que debe ser desde estos mismos momentos su objetivo de preservar la
capacidad comunicativa del lenguaje, que consiste precisamente, en su negativa
a ser instrumentado, en este caso, por las pautas publicitarias. Las Ciencias Políticas, la Historia de las
Ideas Políticas sustituidas por profesionales del chisme, del embuste y la
difamación condicionan desconociéndolas las verdades de la historia llevando
a una confusión de la cual saca provecho este populismo. La instauración del
absolutismo informativo mediante el cual “lo que he visto no lo he visto y
solamente puedo creer lo que la noticia me “informa” le abre espacio igualmente
a estas peligrosas falsedades. Tarea permanente de respuesta crítica por parte de la verdadera oposición
política, la reaccionaria, la que reconoce una herencia en lugar de eliminar y que
responde a esta batalla cultural debidamente.