martes, 12 de mayo de 2026

SHOW, ESPECTÁCULO, DEBATE / Darío Ruiz Gómez

 

Zdzisław Beksiński 

SHOW, ESPECTÁCULO, DEBATE

Darío Ruiz Gómez

De salida seamos explícitos: no se puede ser tan cándidos de tolerar  a quienes seguirán siendo intolerantes. Ni puedo ofrecer la otra mejilla a quienes lo que buscan es cortarnos la cabeza en nombre de un proyecto totalitarista. La democracia establece un código de conducta en el cual la defensa de sus conquistas históricas reclama de nosotros una absoluta responsabilidad ante lo que los enemigos de la libertad fraguan beneficiándose de la boba idea de” respeto a la opinión ajena”.  Los enemigos de la libertad en Colombia seguirán siendo quienes continúan empeñados en imponer mediante la violencia un sistema totalitario que comenzaría por imponer una verdad única y condenar como disidencias a quienes se oponen a su dogmatismo. Iván Cepeda es el representante de una propuesta totalitaria, con una militancia personal que no puede negar ni mucho menos eludir ya que ha sido pública dando continuidad al estalinismo de su padre Manuel Cepededa a través del Partido Comunista. ¿Puede algún politólogo desmentir lo que estoy diciendo? En nuestro rígido estalinismo nunca se pudo aceptar una crisis como las que los Partidos Comunistas tuvieron en el mundo ya que todo intento de disensión con el Comité Central fue de inmediato reprimida con purgas fulminantes. O sea para no caer en eufemismos con la eliminación física de los disidentes. Ya desde el Gobierno de Eduardo Santos el Partido Comunista fue legalizado y la aparición de las FARC como guerrilla se da en 1964 al mando de un tenebroso personaje, Manuel Marulanda Vélex, Alias “Tiro Fijo”, etc. La abundante bibliografía sobre la historia del terrorismo comunista en Colombia remite a la ideología  de la cual es heredero Iván Cepeda y  por lo tanto a las estratagemas que en la lucha armada  lo han implicado en especial en la violencia que viene asolando al país desde el gobierno de Petro. La campaña del PCC se basa en crear equívocos sobre si Cepeda es o no comunista, en ocultar su incapacidad oratoria. Por esto es pertinente referirse a  la ingenua campaña electoral Abelardo de la Espriella y de Paloma Valencia que a mi parecer están cayendo  en el error de montar  shows  electoreros, espectáculos, olvidando que Cepeda no es solamente un candidato a derrotar en unas elecciones si no el peligro mayor de la democracia y de la civilización.

La habilidad de los estrategas del PCC ha consistido en degradar el Estado de Derecho y la justicia negando  el delito tal como lo han estado haciendo la Fiscalía y la Procuraduría, acostumbrándonos a callar ante el desfalco, la corrupción. Un debate se da entre opiniones contrarias, disensiones enriquecedoras pero no se da con quien de antemano parte de la negación del diálogo, de quien astutamente  se beneficia de un Estado parlamentario para imponer bajo cuerda  la intolerancia de sus minorías. Paloma Valencia pareció en su discusión con Iván Cepeda que le interesaban más los votos que condenar la crueldad a que son sometidos los habitantes de los territorios en manos de los conmilitones de Cepeda, que los 120.000 desplazados del Catatumbo o Briceño. ¿No constituye una demostración de totalitarismo las condiciones establecidas por Cepeda y el PCC para un supuesto debate? Recordemos la trampa en que se convirtieron las Conversaciones de Paz en la Habana, la trampa contra la verdad  y contra las víctimas que han sido los llamados Comisionados   de Paz  para que los victimarios sean convertidos en víctimas. La única respuesta válida frente a la inclemente violencia que estos grupos armados han desatado contra el pueblo colombiano es la denuncia directa de sus tropelías ante las organizaciones de justicia internacionales, por el reclutamiento de niños, el narcotráfico, todo el espanto que vive una sociedad ofendida y mantenida su tragedia en la desinformación mientras el país político se distrae con  la pachanga electorera.  

 

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