| Zdzisław Beksiński |
LO PEOR DE HOY, LO TERRIBLE DE MAÑANA
Darío Ruiz Gómez
Prácticamente
desde que tuve uso de razón lo que me ha rodeado a través de mi ya larga vida
es un panorama de violencia política, de riñas en las calles, de asaltos
sangrientos en carreteras y caminos. Tengo la certeza de que la desconsiderada
cifra de muertos desde las llamadas guerras civiles con sus cerros de calaveras
hasta la llamada violencia de los años 48 donde ya la barbarie se impuso sobre
la civilización y nada pareció quedar como referencia de las conquistas de
justicia de la Cultura Occidental, tenemos entonces, como una herida escondida,
la certidumbre de que a pesar del desarrollo económico, de grandes edificios,
grandes centros comerciales, el asesino que está dentro de nosotros continúa
ahí, agazapado tal como el libre accionar de los Calarcá y los Mordisco
lo certifican. ¿Cómo pudo un pueblo civilizado como Alemania justificar
en un momento dada la brutalidad del nazismo? ¿No ha llegado la sociedad
colombiana a banalizar el mal haciéndose la de la vista gorda ante tanta
brutalidad como la que diariamente nos refriegan en los ojos los
eufemísticamente llamado “Alzados en armas”? La espantosa cifra acaba de ser
revelada y ya se trata de banalizarla
considerándola como algo ajeno a
la campaña electoral: en el el gobierno
de Petro han sido asesinadas en Colombia por los “alzados en armas”, 40.000
personas, la penúltima, una policía de 21 años en presencia de su hijo de tres
años. Recuerdo que durante el reciente gobierno de López Obrador fueron
asesinadas en México 220.000 personas, aclarando que lo preocupante respecto al modelo de gobierno mexicano es el
hecho de que en algunos Estados la Presidenta Sheinbaum ha aceptado el
cogobierno con algunos Carteles. Si esto no es un peligro para nuestra democracia, entonces ¿no
debe ser rechazado tajantemente? Recordemos que un Congresista quinterista – y
hay infinidad de ejemplos - se pasó
los cuatro años “ de su período,”
estudiando” nuevas formas de masculinidad para la policía” y que ubicándolos en
puestos claves de la administración – corrupción galopante - se ha dado paso - siguiendo el ejemplo del madurismo - a un
proceso calculado de degradación del funcionamiento del Estado y de erosión de
la justicia y sobre todo, repito, del significado de la política. Si hoy
nuestro populismo considera que para ocupar un alto cargo en la Diplomacia
internacional ya no se necesita ni del cartón de bachillerato, el silente
objetivo no es otro que el de eliminar la meritocracia o sea de borrar la
concepción de la política como la tarea de buscar mejores horizontes para el
país a través de sus mejores dirigentes.
Recordemos.
De nuevo, la “ingenuidad” de la clase
política de la cual se valió Chávez
hasta dar el zarpazo, mostrando su verdadero rostro de tirano,
estrategia que su compadre Fidel Castro había utilizado para engañar a una clase
política que fue incapaz de hacer frente con verdadera energía al golpe de
Estado que instauró una dictadura tan trágica y dolorosa como la que vemos hoy
con apagones continuos de la luz, donde las gentes solo tienen una comida al
día y sin Salud Pública no pueden enfrentar una pandemia de chicunguña y
dengue, gentes que gritan de dolor y se
mueren en un escenario dantesco sin que puedan recibir ayuda. ¿No es este
espectáculo denigrante el que por anticipado estamos viviendo gracias al odio
de la Doctora Corcho hacia la “Salud capitalista”? Cepeda Iván no es un
adversario político respetuoso de las libertades democráticas ya que representa
el intento de continuidad del totalitarismo que hasta la firma del mal llamado
Acuerdo de Paz había eliminado la vida de 220.000 colombianos. Recordemos lo
que en plena guerra contra la barbarie dijo Camus: “Las civilizaciones se hacen
con la confrontación de ideas, con la sangre del espíritu, con dolor y coraje”.
Con lo cual le doy las gracias al ejemplo sublime de María Corina Machado al
grito de ¡libertad! ¡libertad para Colombia!.
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