POLITICA Y MASCARADA
Darío Ruiz Gómez
La imputación de la valiente Fiscal contra Bonilla y Velasco,
exministros de economía y consejero directo de Petro respectivamente, completa
ya la estructura de la Organización criminal que desde la UNGRD desde el inicio de la Presidencia de Petro
inició su plan no de rescatar al país del atraso de las regiones, de cortar la
violencia de los narcotraficantes sino de enriquecerse de inmediato actuando
como lo que son, una pandilla de vulgares delincuentes. Esta Fiscal ha señalado
que por orden directa del Presidente Petro cerca de 600.000 millones de pesos
fueron destinados para corromper al Congreso con el objetivo de sacar adelante
y por mayoría las llamadas Reformas propuestas por el gobierno. Y aquí es
necesario entonces establecer una distinción entre quienes corrompen y quienes
fueron corrompidos gracias al otorgamiento de contratos, puestos de trabajo
para familiares o protegidos, coimas. Recuerden entonces que el primer lobista
de Petro y quien de inmediato le ofreció sus servicios personales y los de su
Partido fue César Gaviria en su transformación de un defensor de la democracia
a un vulgar intrigante dejando atrás su responsabilidad frente a los principios
históricos del Partido Liberal en momentos tan oscuros como los desde la
Presidencia de Petro ha venido padeciendo el país. En este caso los corrompidos
por el gobierno tiene el nombre y apellido de quien a una colectividad
histórica como el Partido Liberal lo convirtió
en un coto cerrado de abyectos militantes al servicio de un Presidente
que recurrió a esta treta con el fin
de que nadie pudiera protestar ante la
corrupción oficial en marcha. El triunfo de los llamados culiprontos. Nada
digamos de los corruptos del Partido Conservador cuando ya el Congreso como la
Cámara y el Senado fueron tomados por camarillas de analfabetos, de
personajillos pueblerinos convertidos mediante esta corruptela en nuevos ricos.
Con ironía Alberto Velásquez Martínez al señalar la persistencia en la historia
política de Colombia de estas heredadas
inmoralidades ha mostrado como ya César Gaviria tal como lo haría un
grosero dictadorzuelo tropical acaba de imponer a su hija para el próximo
Senado. ¿A quién hay que condenar entonces, al que corrompe para degradar a sus
contrarios o a quien se corrompe por unos contratos y unos supuestos
privilegios económicos? Es donde la
razón política se doblega y se imponen las bajas pasiones, donde desaparece el
concepto de representatividad.
Como lo recuerda el diccionario de la RAE: “Una persona
corrompida es aquella que ha sido pervertida o ha sucumbido a la inmoralidad
para obtener beneficios personales” ¿ No es este precisamente el objetivo del
populismo, lo recuerdo de nuevo, en su
tarea de destruir el Estado de Derecho?
¿No recuerdan cómo las voces democráticas en el Congreso venezolano
fueron reprimidas y silenciadas por la llamada justicia revolucionaria de
Maduro? Otro procedimiento como lo
acabamos de ver consiste en engavetar una información fundamenta como la de
Calarcá y su capacidad de corromper ciertos sectores de la Fuerza Pública y de
las universidades, recurriendo a lo que se denomina mecanismos de
inacción. La mascarada perfecta en el
momento en que la operación Trump contra Maduro se extiende como es lógico al
territorio colombiano, algo que no llegaron a esperar que sucediera ni el ELN ni las Disidencias ni Márquez ni
sus cómplices enmascarados en el Congreso, infiltrados en algunos medios de
comunicación. La máscara del Petrismo utilizada
por el Partido Comunista e Iván Cepeda como idiotas útiles para su perpetuación en el poder, como nadie
podía esperarlo, se corrompió en la raya
de salida y tal como lo ha venido a
demostrar Trump esta “ideología” ha quedado ante el mundo como lo que es,
delincuencia rasa que debe ser sometida
a la justicia universal.