miércoles, 19 de abril de 2017

46. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: El Palacio Nacional



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46. Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: El Palacio Nacional

El Palacio Nacional

Víctor Bustamante

Ahogado entre otros edificios, perdido entre la suntuosidad de las construcciones sin corazón que parecen de plástico barato y el brillo de  imitación, como las bagatelas del Hollywood y el Miami, máxima expresión de la subcultura traqueta y de los mercaderes de container, ya es imposible mirar el Palacio Nacional, al menos desde la estación San Antonio del Metro, por una razón de peso, la legislación sobre el tema de polígonos y su área de influencia que es sensible, no se cumple, o se escamotea, y ha permitido que continúen edificando a su alrededor lo que serán más centros comerciales, más bodegas, más cafeterías para vender buñuelos y más parqueaderos, con una salvedad: las prepagos y los jíbaros se extendieron por todo el llamado Centro Histórico, y Guayaquil, bajo el poderío descomunal de los comerciantes ha sido convertida en lo que podríamos llamar zona libre de prepagos y droga, al menos alrededor del Palacio Nacional, debido a que el modus operandi del comercio es en las horas diurnas. Y así, este sector ha perdido su caracterización de haber sido llamado, “Guayaquil, una ciudad dentro de una ciudad”, y ahora fulge como el amasijo de unas grandes bodegas dentro de esa gran bodega.

Algo es cierto, el Palacio Nacional, con su estilo neo románico modernizado, desde hace años, ha sufrido todo tipo de vejámenes y bajezas: desde el comienzo las críticas a su arquitecto Goorvaerts fueron implacables. Además nunca se concluyó su construcción, incluso Pedro Nel Gómez, entre el 1940 y el 1945, aventuró una reforma en la esquina de Carabobo y el costado de Ayacucho que le hizo perder identidad al querer tapar sus arcos y ornamentos, y recubrirlo con piedra traída de Suesca. Esa cicatriz quedó fija durante muchos años. A mediados del 50 el edificio entra en decadencia. El Palacio Nacional  funcionó como sede de algunos juzgados y, además como una suerte de roca Tarpeya  donde se arrojaban los diversos suicidas, y un día cualquiera, en 1988, cuando trasladaron los juzgados, y las oficinas de correos, fue declarado Monumento nacional.  Era el periodo de decadencia del Guayaquil clásico, de cafés tangueros. Como la Administración municipal nunca sabía qué hacer con él decidieron venderlo, en 1992, para convertirlo, sus nuevos dueños, luego de restaurarlo, en centro comercial. 

Debido a este nuevo uso, y abuso, Alberto Aguirre escribiría, “Odio a Medellín”:
“Donde yo administraba justicia en nombre de la República de Colombia y por Autoridad de la Ley, hoy venden condones y calzoncillos. Es esta una ciudad de traficantes: convierten lo sagrado en zoco. En el Palacio Nacional, sede entonces de los jueces de la República, se ha instalado un Sanandresito, que aquí le dicen 'Hueco'. El primer comercio de contrabando y chucherías, en menudos locales, como buhardillas, se llamó 'El Hueco', para señalar su intento de escondite. Aún existe, en extensión centuplicada. Ahí, al borde, el propio Palacio Nacional se volvió 'Hueco': en cubiles como desvanes se vende lo que usted quiera: mercancía de contrabando, mercancía legítima, mercancía chiviada, mercancía de segunda y de primera y aun de cuarta.
Y también es un Hueco el antiguo Seminario Mayor, en todo el centro de la ciudad, al pie de la Catedral Metropolitana y enseguida del Parque de Bolívar. Sus amplios salones de cátedra y sus extensos comedores fueron reducidos a locales. En el viejo despacho del señor arzobispo hoy venden Lotto Lotín, y la antigua capilla es un restaurante de comidas rápidas”.

Con el tiempo, y más construcciones de ese estilo ligero, síntesis de esa puesta en escena de Medellín, como ciudad turística, y expresión máxima del poder de los comerciantes en el arruinado Centro Histórico, el Palacio Nacional, yace ahogado entre el abandono de las curadurías que no tienen sensibilidad, para hacer cumplir la normatividad de los polígonos culturales. Poco a poco, a su alrededor, serán construidos más edificios que ocultarán su visibilidad y, por lo tanto, también dejarán de lado su significación y legado, ante la avidez de quienes solo ven comercio en cada metro cuadrado. La viveza paisa desde el cuento “El aserrador” perdura y desemboca en la mirada actual y en su estatus de mafiosa y narcotraficante que ha permeado casi todo el cuerpo social.

El día, 16 de abril, El Colombiano ha publicado la noticia sobre un próximo debate donde  46 alcaldías del país, deben de conservar sus centros históricos. Por supuesto, Medellín con las últimas vallas que dispusieron en las diversas entradas hablan de un Centro Histórico, lo cual sabemos es pura distracción, o mejor, decirlo de una vez, es la simulación paisa, ya que un Centro Histórico es otra cosa de un peso específico más serio, no la improvisación. No olvidemos que no hay manera de que se cumpla la normatividad, ya que esta es interpretada, reinterpretada a su amaño para cambiar las disposiciones ante el empuje de los sectores comerciales o inmobiliarios.

No sé cuál es el concepto de Centro Histórico al que se refieren, porque el Centro Histórico que es la ciudad inicial, en la actualidad se haya abandonado. Si miramos la movilidad de los peatones hay calles donde esta es difícil debido a la invasión de las aceras por parte de vendedores ambulantes. Si miramos el tema de la inseguridad hay personas que nunca van al Centro debido a su desprestigio. Si miramos el concepto de Centro Histórico de la administración actual, sabemos que es un Centro Histórico de ficción, ya que si avalamos cuáles son los personajes relevantes no es difícil concluir que son los jibaros, las prepago, los travesties, los llamados habitantes de la calle, los carteristas, hasta quienes vacunan los diversos negocios, y una larga gama de personas atípicos, que reemplazan a los personajes típicos Si nos referimos al tema sensible de patrimonio, observamos el ambiente desolado y ruin que se vive en los diversos parques, plazuelas y plazas del Centro y sus calles aledañas, así como el avance de los casinos, y los hotelitos de ocasión para los amantes díscolos.

En este texto se añade que el Alcalde Gutiérrez refiere la intervención de 79 edificios declarados BIC, Bienes de interés Cultural, pero no sabemos si él ya ha tenido noticias sobre la posible intervención a que será sometido el Edificio Víctor de la calle Boyacá, cuyo interior, en el primer piso, está prácticamente destruido, al igual que el edificio contiguo, el Martínez o Edificio Corona. Tampoco sabemos qué centro comercial se instalará en lo que fue La Estancia, junto a la casa de Pastor Restrepo. No olvidemos que la Administración anterior con sus planes al aire, había decidido comprar la casa del fotógrafo para disponer allí lo que llamarían la Agencia de Patrimonio lo cual fue solo fue un bluff. Tampoco sabemos qué pasará con la casa de Zea restaurada hace unos tres años y que aún se mantiene cerrada.

También, el artículo refiere acerca de los Planes Especiales de Manejo y Protección (Pemp), instrumentos de planeación que sirven, entre otras cosas, para proteger a los edificios que son Bienes de Interés Cultural de la Nación (BIC). Pero como refiere la arquitecta, María Eugenia Martínez, algunos de los problemas que enfrentan los centros de las ciudades, es el abandono, la pérdida de edificios patrimoniales y el auge de actividades y de construcción acelerada de inmuebles.

A nivel nacional, el país tiene 46 centros históricos declarados. El reto, según Alberto Escovar, Director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, consiste en elaborar planes teniendo en cuenta las problemáticas que tiene cada municipio. Por esta razón el Ministerio no ha entrado en las disputas internas entre los arquitectos de las ciudades. Sin embargo, sí debe vigilar la afectación de los BIC.

Medellín, en lo referente a su Centro Histórico, sufre una mimesis, pero no una mimesis donde se conversa el poder de su historia, que se ha tratado de negar, por el henodismo publerino de las ultimas adminstraciones, sino el fatal ilusionismo del progreso debido al imperio del comercio, al adecuar una ciudad para turistas, que vienen y luego, a los pocos días se van. O sea que al ser convertida en una ciudad de paso, es necesario adecuarla para este tipo de certámenes, que no es más que la nueva ficción de situarla como un icono de ciudad de los eventos a nivel internacional.

Si el Palacio Nacional, en su momento, fue el sitio para oficinas donde el municipio mostraba su presencia, ahora el Hollywood y el Miami son el símbolo de la nueva alianza de la ciudad al poderoso sector comercial de los dueños del Hueco y de las bodegas que lo circundan, que afirman que, con sus proyectos, Medellín, se convertirá en la Singapur de Latinoamérica. En los 13 centros comerciales se venderán puntos de venta, parqueaderos oficinas, y así mismo, en ellos, mercaderías chinas de imitación, así como el contrabando; todo se venderá como pan caliente, lo cual es cierto, así como se vendió al sector privado el Palacio Nacional, ante la irresponsabilidad de muchos funcionarios públicos.



martes, 18 de abril de 2017

LA PARADOJA DEL TIEMPO ES LA QUIETUD /Juan Mares








LA PARADOJA DEL TIEMPO ES LA QUIETUD

Juan Mares

                                                                
Macías, Luis Fernando. El libro de las paradojas                                                                Sílaba Editores, Medellín – Colombia, 2015.

“Como se sabe, paradoja viene del griego para (contrario a) y doxa, significa opinión. En Platón, se opone a Episteme, ciencia. Un dogma —palabra que viene de doxa— es una opinión que se tiene como verdad indiscutida. Para-doxa quiere decir entonces, contra la opinión establecida, aceptada generalmente”. Una paradoja es develar una verdad oculta o desvestir una verdad real de su contraria pero ambas existentes y coexistentes, aunque una inasible y la otra sujetable.

El Libro de las paradojas de Fernando Macías retoma un principio filosófico que nos viene desde la escuela eleática y atraviesa todo el periplo de los filósofos griegos y pasa por San Agustín, salta a los alemanes y por todo ser pensante que ha empezado a rascarse la mollera.

El texto está subdividido en nueve secuencias cabalísticas, tres epígrafes espejos como anuncio de la que se aviene; una dedicatoria sagrada; un prólogo donde el autor da algunas pistas.

Dentro de esta estructura, por curiosidad, uno cuenta el número de poemas por cada secuencia y este es siete; que si se multiplica por nueve nos da 63, más un epílogo suma 64 tópicos poemáticos y descubrimos que equivalen a los 64 hexagramas del I Ching, el libro cabalístico de las mutaciones. Recordemos que existe una versión con este poema de Borges al referirse a dicho libro

El porvenir es tan irrevocable  
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Cito el poema completo por ser de trascendencia tal el encuentro con las paradojas de Macías, e igual viene a cuento la gran paradoja de El niño y el trompo de Octavio Paz

NIÑO Y TROMPO
 Cada vez que lo lanza
Cae, justo,
En el centro del mundo.

El hallazgo consiste en darse cuenta que el trompo donde se pose estará equidistante a las cuatro esquinas del planeta. Cada estrella es el centro, cada galaxia, cada Laniakea. Cuánto va de Ptolomeo a Einstein. Cuánto del Ramapithecus al Homo abscónditus, de la lasca como herramienta al rayo láser. Es que leer un libro es abrirse al mundo de las percepciones y adentrarse, como paradoja, hacía la periferia de los confines del ser, el tiempo y el espacio.
Es lo que nos dice en un ensayo Angélica López Gándara, una médica mexicana, con el salpullido de la escritura, al analizar aspectos del I Ching, sorprendida por la presentación que le hace Jung y el ya citado poema de Borges:

“Supongo que al pasar de los años, algunos aceptamos que el misterio es parte de la vida y que, nos guste o no, la magia está allí, porque no podemos explicar el universo”.

Por ello es valioso el cosquilleo que Macías nos hace en torno al reflexionar poético de sus paradojas. Un libro para despertarnos de nuevo al asombro. Miremos si no su poema Los imposibles, puesto en escena desde antiguas disyunciones en donde se planteaba qué fue primero, si el rizoma, la semilla o el árbol; qué fue primero, el óvulo o el ser; el huevo o el pájaro. No es apariencia aquello que respira en grande y es trascendente puesto que lo nano minúsculo transpiraba desde antes.

¿De dónde la energía aglutinante en el amplio éter con sus rayos creando y recreando el universo? ¿Pero cómo justificar la nada si en ese espacio fluye energía y por oleadas es traspasada de espadas lumínicas? Miremos:

“Aunque vimos
los huevos en el nido

y constatamos el milagro
del pico del pájaro
rompiendo desde adentro

y se nos dijo
He aquí el acontecimiento

(…)”

El poema no resuelve nada  mientras elucubre entre los opuestos y sin embargo renueva la pregunta y culmina no en las transparencias sino en las apariencias de lo que creemos que es y no es. O que no es y es. Ese algo profundo y misterioso que siempre será.

 Aquí, en esta superficie cósmica, el germen del poema recrea la profundidad de lo abscóndito,  en el costal de lo arcano desde la sociedad del átomo a la velocidad de los neutrinos que todo lo traspasan. ¿A qué remota Laniakea llega el pensamiento y a éste, qué energía le potencia su volumen de conciencia? Desde el universo cerebral a la gran masa cósmica. Un libro pedestal, escala y flecha: el I Ching.  Otro para lijar el borde, El libro de las paradojas.

No recuerdo de qué lugar de alguna página dispersa hallé el razonar que se ajusta en tal medida al comentado Libro de las paradojas y dice: “La estructura del libro pretende ser un recorrido por los diferentes puntos de vista que constituyen el holograma de la paradoja, para confluir en una solución. El título de cada secuencia es un tema de reflexión in extremis, pues la paradoja obliga al pensamiento para hacer posible la dialéctica de la existencia”. Aquí tenemos que el referente es el todo desde el principio de la unidad del ser.

Y es cuando el pensamiento se hace verbo y recrea la paradoja en el poema como cuerpo que flota y nada a brazadas en el mar del pensamiento, evidenciando el movimiento. Mediación, meditante en la palabra que articula el universo creativo, tras la energía que empuja y motiva.

Uno se transcurre por las páginas del texto y percibe que el silencio no es vacío a no ser en el estado de inconsciencia como la quietud serena del lago sin el viento y se hace espejo del universo azul para la nube. Se parte de la materia circundante que al cerrar los ojos es el infinito etéreo, o la abstracción cimera y envolvente tras el todo en lo profundo y abscóndito del pensamiento. Lo oculto develado intuitivamente y ante la percepción de las pompas de jabón: suspiros de universos flotantes donde brillan los colores.

El poema sobre lo abscóndito es juego sacro para redimir la perplejidad donde no alcanzan las palabras y de allí la paradoja ante el silencio para percibir el todo con su ruido de luces y músicas imperceptibles.

Ciencia y poesía son la paradoja de un encuentro de influencias mutuas donde la subjetividad es evidencia desde el pensamiento para con lo intuitivo en mentes lúcidas. Piénsese solo en Pasteur,  Einstein,  Dalí,  Pelé,  Cassius Clay y Walt Whitman o en el discurso de  Saint-John Perse al recibir el premio Nobel, con todo el merecimiento del mundo al decir:

“Cuando consideramos el drama de la ciencia moderna que descubre sus límites racionales hasta en lo absoluto matemático; cuando vemos, en la física, que dos grandes doctrinas fundamentales plantean, una, un principio general de relatividad, otra, un principio “cuántico” de incertidumbre y de indeterminismo que limitaría para siempre la exactitud misma de las medidas físicas; cuando hemos oído que el más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y garante de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocaba la intuición para que socorriese a lo racional y proclamaba que “la imaginación es el verdadero terreno de la germinación científica”, y hasta reclamaba para el científico los beneficios de una verdadera “visión artística”, ¿no tenemos derecho a considerar que el instrumento poético es tan legítimo como el instrumento lógico?”  El poeta se refería, por supuesto, a Einstein.

Observemos: el pensamiento en el cerebro es tiempo abstracto y es donde el cerebro como parte del cuerpo precisa del cuerpo total que entonces navega en el espacio, al moverse, es el tiempo. Ahora: si el reloj se daña, se detiene el tiempo pero exteriormente el tiempo sigue. Esta aporía es un anzuelo, primero un alevino y luego una ballena. El tiempo sigue, aun parándose el instrumento artificial; continúa porque no se ha parado el movimiento de la tierra, el movimiento natural.

En este entendido, el libro de las paradojas no resuelve nada y sin embargo retorna al origen del poema en busca de lo creativo es decir la poiesis. El ápice del asunto está en la bifurcación de los senderos del pensamiento donde se separa del poema y luego son poesía cuando se juntan en la Ye opuesta, luego de entre ambas parabólicas Ovalamiento o huevo cósmico. Física cuántica y poesía humana desde lo terrenal. Por ello volvemos a uno de los aspectos que nos quiere recordar el Libro de las paradojas: “Pensar y sentir en el hombre se hace uno. Lo múltiple se hace uno. Es la sociedad humana no un individuo quien se ha de salvar”.

Un poemario que te revuelca el acto de pensar: por medio de la poesía, retornar al filósofo y desde este a La ciencia,  es lo que nos lleva de la ye que se bifurca a la que se unifica. Que se puede dar perfectamente en el orden inverso.

No sé cuántos habrán escrito o hablado sobre los logros de este texto como producto de la filosofía a partir del estandarte del poema,  para encontrar el grano o veta de oro de la poesía, atrapada en las palabras pensadas y producto de la razón por redescubrir lo intuitivo tras lo abscóndito. No sé cuántos se habrán negado la sola lectura por algún prejuicio sobre el escritor, sin husmear en el laberinto de las posibilidades de lo que dicen las palabras,  desde la compulsión del poema. El texto es abarcante y envolvente. Nos lanza desde una paradoja que tiene que ver con el origen fático del hombre: desde el germen de un óvulo hasta  el origen de las galaxias como polos de una matriz ovárica inconmensurable: ¿la explosión del Big Bang? Desde lo poético hasta la oculta narrativa del verso, para disimular el ritmo del tiempo y el espacio como contraposición a lo que es sol y lanza rayos estelares. Lo semiótico frente a la filosofía como discurso. La paradoja como efecto mutuo del choque de contrarios y sin embargo complementarios. La quietud es aparente y el tiempo rotativo.

LO POÉTICO
El hecho de complementar imagen y discurso son no la presencia descriptiva de la forma y menos de la explicación del concepto; y no el discurso como río de las transfiguraciones del concepto como idea argumentativa de la objetividad razonable de las imágenes. Es la característica poética desde lo científicamente comprobable. Miremos si no, el poema  Percepciones, donde lo poético es elucubración de  realidades aparentemente imperceptibles pero científicamente comprobables y de allí, una verdad transformada en poema con el artilugio del lenguaje:

Aunque no lo veamos
El infrarrojo vuela y pasa

Aunque no lo oigamos
El ultrasonido suena y vuela

No visible o no audible
No significan no existente

Sonidos y colores
Pueblan
El silencio

Y una paradoja es enfrentar “el silencio” ante “la nada”, como sinónimos y antónimos a su vez. Y no es más que mirar el poema anterior:

Dimensiones

Espacio y tiempo
Infinito y eternidad

Se confunden

En la nada

La paradoja consiste en que en lo que se cree que es la nada, allí nada el universo, que digo, los universos, los de afuera y los de dentro.

Se puede elucubrar que el espacio es lo que ocupa la materia y el tiempo, el movimiento de dicha materia en polisémicas esferas, por no decir colores y tamaños. Y remata con el único absoluto contestable: el infinito es la eternidad puesto que paradojalmente cuando hablamos de vida y muerte estamos hablando del cambio de la materia que sigue ocupando el espacio y el tiempo como átomos cambiantes en el infinito eterno. Macías, de manera  paradójica, sintetiza en el poema al decir en el orden estructural del texto: Dimensiones frente a Percepciones. Porque intuimos una energía inmanente de la materia. A esta energía no la vemos, y sin embargo se siente. Interviene en cada giro del planeta y en cada convulsión de nuestro organismo.

La creatividad se manifiesta en la propuesta del inconsciente, expresado desde la semiótica de los dibujos donde se plantea una visión genética del universo, expresado en el elemento femenino y lo opuesto masculino, de ese encuentro la paradoja multiplicante. El universo contiene esas dos esencias contrarias que lo reproducen en sus unidades mínimas y así hasta lo inconmensurable.

LO ONTOLÓGICO
La unidad de dos es la quietud y el movimiento. Donde hay sacudimiento existe el tiempo. El movimiento es la vida cuando lo quieto es la muerte. Así puede haber sido el escudriñar expectante desde lo ontológico para una vigilia de soledades litigantes, ante la pregunta base sobre todo principio de lo existente, puesto que lo que existe es la vida, gravitante como la brisa leve pone en movimiento el huracán. De esta manera empezó quizá Luis Fernando Macías a rascarse y le fue gustando hasta construir un edificio de contrastes para encontrar lo igual frente a lo otro, dónde lo uno, es la constancia de sí mismo ante la otredad. El ser una conciencia de sí ante el universo. Materia pensante, energía espiritual frente al cosmos. Ser ya formado como homo abscónditus: hombre que escruta el universo con conciencia de sí mismo sobre lo inabarcable y solo alcanzado a vislumbrar con el pensamiento a velocidad del mismo. Velocidades que rayan en la locura inconmensurable.
La unidad  de dos a través de la transparencia en el espejo. Lo real y la ilusión. O mejor lo asible frente a lo incorpóreo y sin embargo presente como reflejo de lo tangible. Puede ser el peligro en la transparencia del agua para Narciso como el espejo del temblor ante la sacudida del cuerpo que pesa sobre el agua.

LO SEMIÓTICO
LA PARADOJA va contra la opinión de simple lógica del común, bien claro es lo oscuro  y se tiene el concepto de ello puesto que conocemos lo claro. La paradoja es un juego de opuestos en contradicción aparente, puesto que para que exista lo uno, lo otro se hace presente. Se toma como principio del juego donde se desnudan las apariencias. Ello es uno de los principios de la filosofía para poner todo en cuestión de la existencia eterna. Borges armó laberintos lingüísticos con ese juego insomne donde la memoria es el cimiento de todo el cuento de cuánto cuenta el universo, si es finito o infinito. Sabemos que existe y que su dimensión es total como suma de cantidad no determinada. No sabemos con toda la tecnología presente cuantas grandes burbujas Laniakeas contiene el universo, pero intuimos que son innumerables y esto solo lo concebimos con la memoria de nuestro cerebro cuando se descubre, en el sentido práctico de las investigaciones de los grandes telescopios, cuando estos escudriñan el universo en sus múltiples curvaturas de inmensos domos.

La paradoja se suele determinar como: “Lo que va contra lo dogmático”, es decir, moverle el piso al ser pensante y ponerlo a dudar sobre cualquier principio fijo, anteponiéndonos como una  relatividad frente a los espejos, o cuando las imágenes nos vienen de las palabras para reflejar conceptos como inventando metáforas.

Para Platón  la paradoja era contraria a la ciencia como episteme, como manantial de la investigación, al contrario era caer en lo especulativo, en el sofisma, en lo demagógico para atrapar incautos. Si nos basamos en el primer poema de la primera secuencia,  Macías nos enfrenta, al asunto abstracto del concepto “libertad”. Este sentir no suele ser visto pero se percibe como un elemento constitutivo del ser humano en su “libre albedrío”, pero lo paradojal es que cada planeta está supeditado a una órbita en concordancia con la estrella que lo súbdita. Seamos contundentes: siempre va a haber un orden jerárquico alrededor de lo cual se gira. Es como si el universo tuviese un orden maquinal como lo sostenía Santo Tomás que a su vez es un orden social. El eco del poema llega:

“Libre

es decir
esclavo
de mi albedrío”  

La paradoja consiste en que, por más que vendamos la idea de libertad, siempre vamos a estar sujetos a algo. A un sistema, a un gobierno, a un gobernante, a una ideología, a una familia, a un padre, a un otro, a un concepto. Libres sí, pero a veces encasillados, es decir, ensillados. Sobre la bestia la silla, sobre esta el ser y a vivir la incertidumbre, pues no se sabe cuándo la bestia se asusta y el ser cae polo a tierra.

Un poemario como este no es un simple juego. Da pie a la controversia. A la afirmación.  Poesía abscóndita para el homo abscónditus. Hombre con conciencia de universo. Es un bello hito de la poesía colombiana y quizá de la poética en lengua castellana.

Ahora, lo semiótico es la otra manifestación del autor por decir su lívido y manifestar lo sagrado como un péndulo entre lo táctil y lo intuitivo, entre lo efímero y lo eterno como una visión de lo complementario: si ingerimos, hay que evacuar; todo lo que anhelamos, satisfecho ya nos hostiga, esa ambivalencia dicotómica que a los orientales les dio por llamar el Yin y el yang. Como una cábala  frente al caos.

SOLUTIO
¿Este poema qué resuelve al final del poemario? Vuelve a la paradoja elemental: “En el instante / todo cave”: el instante como fragmento del tiempo donde converge el movimiento de los objetos y del pensamiento como conciencia del ser pensante y de los seres que creemos que no. En cualquier instante todo es, así sea en dimensiones relativamente opuestas, desde cualquier categoría.
“Lo efímero / permanece”: Primero sabemos que si pasa o pasó fue y ha de permanecer en otro tiempo espacial o de circunstancia. Si es cosa u objeto, permanecerá así sea como materia cambiante, y si ese acto del ser se repetirá por efecto de algún ADN en generaciones presentes o futuras. El pensamiento estará en movimiento imperceptible pero ocurriendo como una vorágine del tiempo.
“Lo frágil / resiste”: Nada más frágil que un ser humano resistiendo toda ignominia, ni niega ni aprueba: en silencio, sin ser un gladiador el sabio resiste. Esto desde lo humano. La rama del totumo es frágil por lo versátil pero no se quiebra, resiste. En lo humano es estoicismo, en lo vegetal  ductilidad.
“Lo tierno / es fuerte”: El acto noble y tierno de un niño te quiebra, la fragilidad aparente de una mujer es fortaleza. Cuando cedes al capricho de un testarudo te hace más poderoso; ya sabes su debilidad pero él no de tu conocimiento. El diamante es fuerte y fino; procede de un carbón.
Así podemos ver feuras tiernas y bellezas empalagosas. Ese poema final es la contundencia de lo sencillo mortificante, de lo mortificante como verdad, de lo verdadero como belleza conceptual; de lo pequeño como infinito invisible, de lo enorme como infinito imperceptible.
¿Cuánto va del viejo Zenón hasta pasar por Borges y llegar a esta ínsula de Fernando Macías?
Paradojas como poemas para pensar, seguir el camino y luchar por el alpiste.

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Macías, Luis Fernando. Nació en Medellín en 1957. Magíster en Filosofía y licenciado en Educación, español y literatura de la Universidad de Antioquia. Especialista en Literatura latinoamericana de la Universidad de Medellín. Narrador, poeta, ensayista y editor. Fue director de la Revista Universidad de Antioquia y director de la Editorial de la misma universidad. Fundador de la Editorial El propio bolsillo y, actualmente, director de la Colección Palabras Rodantes de Comfama y el Metro de Medellín.
Ha publicado los libros de poemas Una leve mirada sobre el valle (1994), La línea del tiempo (1997), Vecinas (1998), Los cantos de Isabel (2000), Memoria del pez (La Habana, 2002), Cantar del retorno (2003), El jardín del origen (2009) y Callado canto (2010).




domingo, 16 de abril de 2017

Guillermo Molina: Medellín de piedra y barro




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Guillermo Molina: 

Medellín de piedra y barro

Víctor Bustamante

Hace algunas noches deambulaba, desvelado, por el dial de la radio, dejaba de lado los soporíferos programas donde muelen música y dan la hora, proseguía con los programas sobre salud donde un tegua ofrece sus servicios para curar a los incautos. Me cambiaba a uno de los programas religiosos de los nuevos predicadores que infestan con sus mismos discursos, y los dejaba e lado. Por fortuna escapaba a las declaraciones de políticos, encantadores de serpientes, con su palabrería barata, o a esa trascendencia inútil en que se sumen los seguidores de fútbol. O sea, que esa compañía buscada no aparecía por ninguna parte, hasta que la noche dejó de ser una noche  no plagada de murmullos ni música de alas, sino  que la aguja del dial recaló en algo diferente, pero ilustrativo, en algo sorpresivo y de carácter: la persona que exponía, situaba la construcción de la antigua Plaza de mercado en Guayaquil, daba nota de la calidad de sus constructores, de los materiales usados, de la categoría de esa edificación, así como de su uso y de la importancia para la ciudad; en síntesis, cómo la arquitectura está presente en el desarrollo de una ciudad, y es así como cada edificio habla desde su mudez de un momento histórico, y como, con los años, se convierte en un punto de referencia para muchas personas, lo cual quiere decir nada menos que le da identidad y sentido de pertenencia a sus habitantes. De una vez quedé prendado y apresado en el programa, ya que hablar de patrimonio en Medellín, es referirse a la letra muerta, al incumplimiento de quienes deben velar porque Medellín mantenga su presencia en los diversos años en que ha sido construido y reconozca esos maestros de obra, esos ingenieros y arquitectos que le han dado lustre, que es la manera más significativa de saber que la ciudad es valiosa. Pero de inmediato pensaba en la falta de ética de los curadores, burlando la normatividad sobre patrimonio, y, de inmediato,  quise dejar de escucharlo por ese sentido de impotencia, ya que no hay manera de que las autoridades en lo cultural, le presten atención al desmantelamiento continuo de la ciudad; pudo más la calidad del expositor, su amor y aprehensión por la ciudad, que luego se revelaría como el profesor y arquitecto de la UPB, Guillermo Molina, y decidí seguir escuchándolo. En realidad aprendía, en realidad  era, es mantener la historia presente de una ciudad negada en sus altas esferas administrativas para que supieran que no es fundada por cada administración sino que la historia es lo que permite el presente de la ciudad. No es pasar de largo por sus calles y barrios, por sus fachadas y por el trasiego de creadores: poetas y escritores, pintores y escultores, arquitectos e historiadores sin ninguna pregunta ni ningún reconocimiento, es valorarla, darle su peso específico.

Luego, en esas continuas noches, supe que la preocupación de Guillermo Molina, es la misma preocupación de muchas personas, la misma necesidad de no dejar pasar de largo la escritura de la ciudad, así como no dejar de lado la especificad de ella, de cómo ha sido construida por diversas generaciones y como cada generación debe ser la garante de ese gran legado. De lo contrario siempre permaneceremos diciendo que hay otras ciudades muy conservadas y bellas, mientras nosotros, es decir los urbanizadores como una plaga con la aquiescencia de curadores díscolos, destruyen Medellín.

Por eso el programa, Medellín de piedra y barro, toca esa herida: la necesidad de que Medellín reconozca su propio valor, que ausculte en las personas que la han hecho valiosa y le dieron lustre y de quienes la construyeron. Y además el programa sirve para sensibilizar a los urbanizadores y constructores para que no sean un Cartel del cemento sino que se pregunten antes de construir un centro comercial, una urbanización, antes de que tumben una casa, qué valor histórico posee. Además el programa sirve para que los curadores dejen de pensar en ganancias y propugnen esa idea de destruirla. También, Medellín de piedra y barro, serviría para que nuestro políticos se sensibilicen, para que accedan a un proceso necesario de Ilustración y no permitan esta gran mentira que es un insulto a quienes interrogamos a Medellín: las vallas color granate con letras y líneas blancas, en las diversas vías de ingreso al Centro, tanto en la calle Colombia, como en la glorieta de la Minorista o en el Palo, donde se lee, con la flecha indicativa, que vamos hacia el Centro Histórico. Y uno se dice, ¿Centro Histórico? Talvez histérico por el descuido, el continuo abandono que el Centro vive, además de su continuo desmantelamiento, la inseguridad y el miedo de muchas personas a visitarlo.


Cuando escuchamos al profesor Guillermo Molina sabemos que hay una persona ilustrada, que interroga la ciudad, que nos devuelve esa memoria que todo medellinense debería poseer, ya que el humanismo es lo que nos hace fieles a una tradición para que la ciudad nos enriquezca con su presencia. De esa manera no nos limitamos a mirarla en fotografías que la rememoran sino que junto a al profesor Molina la interrogamos, le damos lo que es, su lustre.



viernes, 14 de abril de 2017

CINE Y CENIZAS / Saúl Bustamante C.




CINE Y CENIZAS

Saúl Bustamante C.

El domingo trae consigo un homogéneo frío, el paraguas solo es un elemento más que le defiende de la pertinaz lluvia un elemento que con decoro permite un tanto de elegancia... en cartelera alguna película de Woody Allen a un costado las primeras lesbianas aprovechan las tenues luces y esos besos suntuosos y mis ojos incrédulos fijan la mirada como si fuese una toma sublime de algún recuadro de la película

Pero Medellín ha deshecho la cinemateca los nuevos cinéfilos pierden el agrado de caminar por la ciudadela suramericana..

Hoy no se habla del padre Álvarez ni del neorrealismo y esas veraces revelaciones de Visconti...

Para que la Nouvelle Vague francesa si hoy la creación disimula con ayudas la real esencia del actor..

Hoy puedo desearte más en mi silencio pero mi afecto puede traicionarme y convertirme en un personaje al que la ira lo envuelve manifestando de algún modo su malestar por las malas producciones..

No quiero envolverme en los males sociales. En esos temas reales de muertes pagas por antelación de como las barriadas son sinónimos de prostitución esos males importados como exhibición de arte ciudadano y premiado como si toda esa miseria solo existiera como espectáculo.

La rosa aun no pierde su color. El rojo enciende mi corazón y a veces la muerte pierde su misticismo cuando una ojiva se incrusta en tu cuerpo bonito...

Para que las películas de Gaviria ese elemento social de pesar y cruel que se teje a diario un ensayo permisivo del dolor que muestra que los males humanos son un motivo a premiar con aplausos en recintos cuya caracterización puede emular perder el brillo de lo natural escena

La ciudad ha claudicado ante mí ya no están los viejos teatros el silencio complica mi alegría todo suele acontecer y mi amor se pierde entre cine y cenizas...


miércoles, 5 de abril de 2017

El pene de las ánimas del purgatorio / Luis Fernando Gil


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El pene de las ánimas del purgatorio / Luis Fernando Gil

Víctor Bustamante

Luis Fernando Gil se debate entre dos temas: su arraigo por Entrerríos y su experiencia en su llegada a Medellín. Así mismo entre sus deseos de convertirse en escritor, sin haber explorado ese mundo que se despliega a sus ojos, el yo. Esa indecisión lo ha sitiado para no demarcar aun su camino de la prosa y el de la poesía. De ahí que el presente libro se encuentre entre esas dos posibilidades narrativas. Leo este, su primer libro, y considero que a cada uno de sus caros lugares le debería haber dedicado más atención. Me explico los pueblos son narrados pocas veces en la actualidad, de tal manera merece un pulso más presente en cuando el autor nos ubica algunas historias de allá, y luego regresa a la ciudad, dejando la pregunta de que un pueblo como el suyo posee más historias que la tradición mantiene vivas y el escritor no debería dejar se olviden.

De todas maneras, las temática, a manera de collage, nos indica los caminos creativos de Luis Fernando quien a medida que su estro creativo se desenvuelva irá decantado, y centrando sus temáticas para explorar mas su talento.

El pene de las ánimas del purgatorio, es un comienzo que tal vez lo aleje de la historia o lo reencuentre más con la literatura.

En esta conversación el autor nos da la media de sus gustos literarios y demarca esas búsquedas que ha ido cristalizando y de las cuales son su comienzo a un camino arduo para la creatividad en el mundo literario.






domingo, 2 de abril de 2017

Maribel Tabares tras las huellas de Melitón Rodríguez


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Maribel Tabares tras las huellas de Melitón Rodríguez

Víctor Bustamante

Desde años siempre encontramos las fotografías de Melitón Rodríguez, ya sea en los periódicos, en revistas o en alguna fonda donde advertíamos esa ciudad que solo existe precisamente allí  en  esas fotografías, y localizamos el lugar expresado por la nota de pie de página, de lo contrario es la incertidumbre. Esas fotos siempre han poseído un encanto, no de la falsa nostalgia sino lo motivos encontrados de saber cómo esa ciudad no fue preservada. 

Días de fiestas, personajes y, sobre todo, la ciudad aparece y reaparece en diversos años, lo cual da muestra de la sensibilidad de Melitón, de saber cómo él, nos ha dejado su presencia. Por esta razón su legado, ese un gran tesoro, nos  lleva a no a idealizar el pasado sino a saber cómo solo quedaron esas fotografías para tener la presencia de un Medellín que cada año se deshace a nuestros ojos. Memoria e historia aparecen, con diversas preguntas  cada que las miramos como si el tiempo arrasara de una manera fulminante con una presencia y solo la fatal ilusión de la sales de plata y del bromuro nos situaran a mirar la perplejidad de lo que hemos sido. Porque cada una de esas fotografías, de inmediato nos ubica en esa zona de falso equilibro entre la ciudad que hoy habitamos con su trasiego y la armonía de esas calles que permitían que creciera el cuadrivio de calles, que adquiera una identidad en un momento determinado cuando de golpe el crecimiento urbano dio su presencia y así solo nos restara mirar esas fotos con toda la presencia que se lleva el presente no preservado.

Hace unos años quedé fascinado en una exposición en el Instituto de Integración Cultural, ahí en el Centro de la ciudad, sobre Melitón Rodríguez. Su cámara, los vidrios de las placas, las cajitas primorosas que la contenían, así como diversas fotografías, como un homenaje sincero a aquel fotógrafo que cada día nos sorprende al mirar algún detalle de sus fotografías. Luego, buscando las huellas de Luis Tejada, entré  a la Fotografía Rodríguez ahí en el Palo, diagonal al Colombo-Americano donde me asombré aún más por la multitud de placas dispuestas en armarios y, sobre todo, la previsión del fotógrafo al anotar en sus libretas a las personas o el lugar fotografiado.

Pero, ¿cuáles eran sus orígenes, sus motivos para ser fotógrafo, dónde vivía, cómo fotografiaba, qué más hacia?

Todas esas preguntas las ha enriquecido Maribel Tabares con su tesis sobre el fotógrafo, pero a más de eso nos ha mostrado esa labor de Melitón, desde ser marmolero y tallar lápidas, pintor y fotógrafo, así como esa fusión y perseverancia entre su familia tan prestante y de artistas valiosos a quienes Medellín le debe tanto.

Sé que Maribel persistirá en completar Melitón Rodríguez en blanco y en negro, en aumentar su trabajo inicial y devolverá a este incierto presente lo que siempre hemos querido de Melitón, su presencia total.


jueves, 30 de marzo de 2017

45 Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico. Carlos Arturo Longas(I)

                                                               Carlos Arturo Longas




45 Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico. Carlos Arturo Longas(I)


Carlos Arturo Longas Matiz

Víctor Bustamante


¿Cuántas veces he pasado por el frente de esta casa? Y cuántas veces me he detenido a preguntarme, ¿quién vivía ahí, o quién la diseñó y cuándo la construyeron? Su sola fachada de color crema con sus puertas verdes irisadas por el sol de la tarde le da un aspecto de nobleza que la destaca entre las demás casas. En esa esquina, aún perdura ella entre los árboles que la ocultan, pero cuyo motivo principal era airearla, es decir matizarla en medio de la naturaleza,de esa ciudad jardín que había proyectado Félix Mejía. Ahora no un Panida, aunque lo continuará siendo para la historia de la poesía sino un arquitecto de fuste y un gran dibujante.

La casa ostenta un antejardín protegido por un vallado de hierro con una base de ladrillo desnudo que da la sensación de que fue dispuesto más tarde, quitándole al conjunto cierta dignidad. Luego, a la entrada, una reja elaborada en hierro, incrustada en dos columnas con dos faroles anclados, y sobre cada columna de granito lavado que le dan la datura de haber sido construida en 1930. (En una panorámica es notorio ese concepto de ciudad. Al lado izquierdo se erige esa mansión separada de las demás, mientras un auto baja y la carrilera del tranvía aun luce su presencia).


La reja, a la entrada, es una manera de decir al visitante, y, sobre todo, al foráneo que la casa ha sido poseída por sus dueños y que es una manera de buscar la privacidad, ya que solo podremos mirar el antejardín y la fachada desde las rejas de hierro, cuyas varillas recogidas en haz, permiten al transeúnte que se aferre, que las recoja para mirar; así, el transeúnte que se aproxime se convierte en un confidente y en quién disfruta de la vista del interior. En las columnas que la soportan hay dos faroles hexagonales con su linterna de vidrio martillado y en cuadriculas que se suceden, donde la luz no da directo sino que se desplaza desde su interior, como dando cierta opacidad, que se multiplica en las diversas caras que el foco despide, y que alguna vez sirvieron para guiar al dueño a su regreso. De igual manera la luz en la noche describía el exterior y  también se colaba hacia el antejardín, donde podríamos ver la fuente con la mansedumbre y tranquilidad de este espacio donde los árboles, a lo mejor, se mecían por el viento del norte que le daba ese toque que el arquitecto buscaba. Ante todo era su residencia, seguro le dio ese carácter personal para habitarla, para pasar sus horas de tranquilidad, luego del regreso de su oficina, de las diversas oficinas donde laboró, donde los proyectos lo mantenían alejado de su espacio vital.


Antes, había una fuente en mitad del antejardín para que, quien llegara, y aun más, sus habitantes escucharan el rumor del agua que persistía, como si este elemento le diera, nos diera, esa musicalidad que avanzaba sin descanso desde el continun del alba, de la mañana, del mediodía, de la tarde y del anochecer que arrulla. Pero ya la fuente no está al igual que una parte de atrás de la casa que ha sido habilitada como apartamento con la arquitectura de ocasión, como expresión de la tosquedad de otros, sus sucesores y dueños, de sacarle provecho al conjunto, así como la valla, que bordea la acera, una tela metálica, indica la protección a la vivienda y le da cierto tono de seguridad pero altera nuestra mirada y contrasta con la reja elaborada que nos ha recibido.


Al lado izquierdo hay un zaguán donde seguro ingresaron la servidumbre o, a lo mejor, también servía para el acceso de algunos animales, un caballo, a lo mejor que halaba un coche. Pero poco o casi nada sabemos de la vida de su dueño.


Entonces era otro Medellín, era otra ciudad, que se expandía hacia las laderas, con la idea de planificarla, de construir villas apartadas para que sus habitantes disfrutaran del sosiego y hubiera más comunicación con la naturaleza, que aquí perduraba con los árboles, con la fuente y con los espacios de la casa que poco a poco nos revelará sus misterios, sus secretos, porque una casa siempre los posee. Una casa define la historia personal de quién la diseñó, de quien la habitó, de quien la hizo cara a sus deseos de construirla para morar y así convertirla en el solaz y su refugio.


La fachada nos dona un zaguán a la izquierda, pero al frente se destaca nada menos que una base en piedra con las líneas blancas y allí un ventanal de cuatro hojas que debieron abrirse no solo para dar iluminación al interior de la sala sino a la frescura que se colaba al regocijo de la tarde. El ventanal remata en arco de carpanel en el que sobresale la clave. Este ventanal posee veinte postigos con los cuales puede controlar la luz y el viento, según la abertura, dándole al interior el clima deseado, y sobre las hojas otras aberturas para dejar que esa luz entre al natural así como el viento y le den fresco para climatizar la casa. Luego, arriba, en el segundo piso, sigue una ventana con antepecho en madera y sobre este una balaustrada. Un remate en arco adintelado pero suavizado con una leve curvatura hacia el extremo superior define esta ventana, 
para situar un balconcillo como los de las otras tres ventanas de la fachada, tribuna rasante, que sobresalen, y, sobre ella una ventana redonda, una especie de ojo de buey que le da un toque de especificidad a la fachada, ya que se aparta de las líneas rectas. Y arriba la cornisa en ángulo del techo, rematado por un antefijo central, le da ese toque tan particular, ya que ese ojo de buey, al ser en lo alto de la casa, junto al techo, da la impresión de un gran cíclope,que nos espía con su solo ojo, al romper la simetría de los ángulos de ventanas y puertas.

Luego, en el interior, buscamos la entrada donde es necesario subir tres escalas, y al mirar, arriba de ella una de las ventanas gemelas que dan el segundo piso a los dormitorios, y así, por fin entramos a la casa, por la cual pasé por su frente tantas veces, que para mí se constituye en una pregunta cenital, quién la había habitado quién la había diseñado.


Entré, entramos a la sala, y entonces me siento un usurpador del espacio sagrado del arquitecto Longas. A lo mejor, en estas dos salas, protegidas por el ventanal, él tenía no solo un recinto sino al fondo una suerte de estudio para pulir sus bocetos luego de regresar de su oficina. A lo mejor podría ser un recibidor donde las visitas que llegaban, sus amigos, se dedicaban a tocar tiple y guitarra, mientras la noche era apurada, entre algunos vinos y la música que se enseñorea, no solo en el alma sino que servía como emético, dulce alimento de algunos dioses terrestres.


Hay una placa, en el interior, dice, Hogar dulce hogar, donde corroboramos que Longas, al llegar, lo recibía esa frase que le servía de alivio, ya que lo señalaba desde lo alto en la pared antes de subir las escalas.


La cocina y, a la usanza de esos tiempos, da a la casa un toque de extrañeza, no en vano los nuevos habitantes desde hace tiempo la adecuaron a la energía eléctrica y a los otros artificios caseros que han llegado. Diagonal está el baño de inmersión.


El baño de inmersión queda después de la cocina, a la entrada a mano derecha, solo ha quedado un lugar extraño, ya que el baño de inmersión era el mismo sello de esas casas, cuando no existía el acueducto y era necesario bañarse en esa pequeña piscina hogareña, donde era posible relajarse un buen rato y sentir la caricia del agua parcialmente detenida. El agua detenida en el baño, abraza, otorga una nueva sensación de equilibrio, no es la rapidez del baño del agua que cae de la llave, en el afán de la llamada vida moderna. No, el baño de inmersión permite regresar al amnio universal y así saber que el agua forma parte de la vida cada que se va a su disfrute. Luego sigue lo que ahora es una suerte de biblioteca, pero no, nada sabemos para qué servía este espacio, por la cual nos devolvemos para las escalas interiores.


La primera planta es usada para lo híbrido entre lo privado de la casa con respecto al exterior; aun en la sala se reciben visitas, aún es posible el estudio de Longas en el vestíbulo, aun existía la costumbres familiares: la ceremonia de la cena, la ceremonia del baño.


En mitad de la casa hay una escalera para subir al segundo piso, a otra espacialidad, a los dormitorios. En el rellano hay un vitral que seguro es del mismo Longas, que ilumina de una manera preciosa a quien vaya al segundo piso. El vitral es sencillo en sus formas geométricas. Este vitral es el toque de Longas en su otro quehacer, ha dispuesto que la luz se destile al interior a partir del propio filtro de su vitral con sus rombos rojos y azules, ante los cuadrados que le imprimen un colorido a quien lo mire, en este caso, nosotros, sus visitantes. No en vano Longas, que era un experto en este arte, realizaría la decoración de interiores del salón de la asamblea, ahora Palacio de Cultura, con sus múltiples “vidrieras emplomadas” o vitrales.


Arriba, en las escalas aun con tapete, nos lleva al lugar secreto de su dueño. Los dormitorios, lugar privado por excelencia. Allí se disuelve para siempre la vida pública del señor y señora de la casa. Así como en otros cuartos, la vida de sus hijos. Desde ambas ventanas, que dan la apariencia de balcones de los dos cuartos de la fachada del segundo piso, miro afuera. El paisaje debe haber sido diferente al de 1930. Ahora se ven fachadas y la agresión de los muros de otras casas, de los autos en su desordenado ritmo. En ese momento de debió haber visto unas cuantas casas de esa ideada ciudad jardín, donde el verde era una compañía junto a los árboles que le daban solaz y frescura al ámbito.


En esta división de la casa hay un cuarto donde unos escaparates empotrados dejan ver que son de barro estas paredes. Y además, aun veo, vemos los vestigios de una pared forrada con papel de colgadura; ese papel que le daba a su interior ese toque personal, que luce unas flores como si evocara el paisaje, la naturaleza misma, como añade Proust, con deseos de asir esas ramas que replican a la naturaleza misma.


Ya en esta suerte de patio interior, seguro Longas, por la informalidad del lugar, recibió algunas visitas. En dos de sus columnas perdura la presencia de su hermano, el pintor y arquitecto Horacio Longas: son dos dibujos de él, empotrados en ambas columnas, como si estos dos mosaicos. Uno que representa un hombre, un paisa gordo con carriel y machete y en la esquina de abajo, la izquierda,una iglesia donde se enfrascan esos dos símbolos, el carriel y el machete, con la iglesia; improntas del paisa taciturno con sus dos valores el dinero y el Señor. En otro mosaico, dos mujeres en su pilón, pilan el maíz para la delicia del gourmet y una opípara cena, pura mazamorra.


Por supuesto, en la casa habita el espíritu de Longas, pero no encontramos un mueble, un escritorio, donde el arquitecto puso sus manos, guardó un plano, un escrito, el diseño de un vitral, menos hay una mesa donde él elaboró uno de sus proyectos.


He, hemos auscultado con la cámara de fotografía la casa, como si quisiéramos que esta primera mirada quedara intacta. Una casa que se merece todo el recordatorio posible –es la única que aún se encuentra intacta entre los tesoros por escudriñar y preservar de Aranjuez-.


Y es entonces cuando aparece la presencia de su arquitecto y primer habitante, Carlos Arturo Longas Matiz, que había nacido en Medellín en 1886. Él trabajó en la oficina de un arquitecto de prestigio muerto prematuramente en 1902, Antonio de J. Duque.


En 1905 para los Certámenes artísticos e industriales Longas participaría con varios proyectos para remodelación de iglesias, donde fue cuestionado por Francisco Antonio Cano, pero este también recibió las réplicas del dibujante que le daba su matiz personal al pintor consagrado, celoso del autodidacta. También Carlos Arturo Longas participaría en 1905 en la elaboración de un proyecto para el Monumento del Salvador pero su estatua con Jesús abrazado a una cruz y la voluta de una banderola no fue aceptada. En ese año, Longas, vivía en la carrera 33.


Hay un plano de la ciudad, por supuesto, de Medellín en 1906, no el Medell-out, de la exclusión de ahora, completado por Joaquín Pinillos, uno de los primeros arquitectos de la ciudad con el joven Longas. Este mapa, corrección de uno anterior, adecúa y expande el plano de la ciudad. Un mapa significa haber caminado las calles, haber conocido a fondo la ciudad. No en vano sus dos dibujantes, Pinillos y Longas, la debieron haber analizado, la debieron haber recorrido, y así nos entregan la memoria del plano para ubicar el Medellín de 1906. Isidoro Acevedo los había contratado para el primer directorio de la ciudad.


Cierto, este mapa es la primera huella de Longas, impresa y enviada desde esos años al transeúnte que ahora mira el mapa y repara en la ubicación de las trilladoras de café, en las fundiciones, en el museo, en el hipódromo, en un velódromo, -sí un velódromo-, en los parques, en las casas de beneficencia. Ahí en ese mapa se conserva una ciudad que era aún un pueblo, donde los vecinos y las familias se reconocían aun en su distancia y en su diletancia. Un libro, Kundry, de Gabriel Latorre, de 1905, es la expresión literaria de ese momento.


Longas persistiría en su labor, abriría la Agencia de Arquitectura en 1903 con Erasmo Rodríguez, Gonzalo Ángel, y Sergio Gómez. Luego en 1905 tendría otra oficina llamada El Trabajo junto a Joaquín Pinillos. 
Longas fue un creador, no solo elaboraba vitrales para decorar edificios, sino que también, como fotógrafo, tuvo un estudio en Jericó.

Por iniciativa de Tulio Medina, arquitecto recién graduado en Inglaterra, se creó la Sociedad de Arquitectos de Medellín en el año de 1919. Se contaba entre los participantes a Horacio M. Rodríguez, Martín Rodríguez, Enrique Olarte, Dionisio Lalinde, Roberto Flórez, Arturo Longas, Félix Mejía Arango y Francisco Navech. Hasta mediados del veinte su secretario fue el poeta Ciro Mendía, que dejaba de ser un Panida vestido con su chambergo y su capa negra con su toque de distinción que le servía de protección en las noches y dejaba sus poemas para irse a la labor que más detesta un poeta: trabajar. Ciro se turnaba con los otros poetas para publicar en los diarios y así recibir algún dinero por sus colaboraciones.


Luego, en l934, se originó la Sociedad Colombiana de Arquitectos de Antioquia con la participación de: Luis Olarte Restrepo, Juan Restrepo Álvarez, Ignacio Vieira Jaramillo, Roberto Vélez Pérez, Gerardo Posada González, Roberto Vélez Restrepo, Carlos Obregón, Jesús Mejía Montoya, contando también con: Arturo Longas, Martín Rodríguez y Félix Mejía Arango.


Longas persistiría en su necesidad de preparación profesional, ya que desde 1915 había ingresado a estudiar por correspondencia, en la Internacional Correspondence Schools de Scranton, Pensilvania, y recibiría su diploma en 1933. Ya su oficina era en Junín # 120/ 122. Esta institución había sido fundada en 1891 por Thomas J. Foster que respondía preguntas sobre minería y la maquinaria indispensable en su revista Colliery Engineer y Metal Miner, y así nació esa institución por correspondencia ante la necesidad de capacitar a los mineros, ante la sucesión de accidentes y debido a la necesidad de que se prepararan para su propia seguridad. “ICS también ofreció a sus estudiantes la oportunidad de inscribirse para cursos en el plan de cuotas. Los cursos podrían ser pagados por adelantado o en "sesenta-días-mismo-como-efectivo" base. Sin embargo, la mayoría de los estudiantes optó por pagar en cuotas mensuales de tres, cinco o diez dólares. El plan de cuotas era extremadamente importante para la mayoría de los estudiantes, porque algunos de los cursos de ICS eran caros. Por ejemplo, en 1906, el curso de "Arquitectura Completa" costaba $ 110 .Estos planes de pago permitieron a las personas que no ganaban mucho aprovechar una oportunidad educativa increíble con un presupuesto”. (1)


El 12 de febrero de 1939 Longas participó en la colocación de la primera piedra del Club Campestre en el Poblado, del cual sería su constructor, ya que su hermano Horacio, había ganado el concurso.


En 1916, en la Guía Ilustrada de Medellín de Germán Hoyos, Longas aparece junto a Enrique Olarte en Boyacá número 123. Luego, en su trasiego, su oficina ya está en Bolívar 129 en 1938. Carlos Arturo Longas morirá en Medellín en el año de 1959.


Entre sus obras podríamos valorar su presencia: la Barquereña en Sabaneta, el Teatro Municipal de Aguadas, las casas de Ernesto Peláez, Alberto Echavarría, Daniel Peláez, Carlos Latorre, M.K. Rauch, Hernán Pérez, Ana Lucia Echavarría, Bernardo Mora, y la Farmacia Imperial. Él diseñó también la cúpula de la iglesia de San Antonio, luego trabajó en la Cooperativa de Habitaciones y en Colombiana de Construcciones. Es decir, Longas fue uno de los constructores de la ciudad, y aún perduran sus huellas.


Salí, salimos de la casa de Longas, esa casa que estuvo rodeada de pinos, que le daban esa apariencia de ser una mansión encantada donde los chicos del 90 iban a mirar la supuesta persona que aparecía en el ojo de buey del segundo piso. También una vecina recuerda un jardín de orquídeas que bordeaba la calle posterior de su fachada o de “encima” como dice. También allí vivió el cónsul de Holanda. Pero estos son apenas datos, fragmentos, donde intento reconstruir el hábitat de uno de los arquitectos que le dieron lustre a Aranjuez, por haber vivido allí y a la ciudad por la elaboración de algunas obras, escasas, pero valiosas, aun en pie. 


La casa de los pinos, como aun, le dicen está ubicada entre San Cayetano y Aranjuez, perteneció a esa familia de artistas qué trabajaron el vidrio, vitrales, la escultura y pintura. Luego abrieron allí las oficinas de una EPS, también la Cooperativa Multiactiva, y ahora un grupo de teatro, Arlequín y los Juglares dirigido por Adriana María Diosa.

Bibliografía:


-100 años de arquitectura en Medellín 1850-1950, Banco de la Republica, Medellín, 1989.


-González, Luis Fernando. Del alarife al arquitecto, Universidad Nacional de Medellín, 2011.


-(1) http://digitalservices.scranton.edu/cdm/landingpage/collection/ics


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