viernes, 22 de junio de 2018

Poemas de Carlos Andrés Amaya C.








DESLIZ NOCTURNO.

En realidad solo fuimos una imagen consumada                                                                         al final del tiempo en donde se fue borrando                                                                            la espera al segundo enamoramiento                                                                                   después de la caída,                                                                                                                               el fuego que se regala para encender un cigarro,                                                                              las miradas inconclusas en un bar de pobres                                                                                 con dinamita en sus bolsillos.                                                                                                                      En realidad nos abandonamos antes de confesarnos                                                              cualquier error de fábrica,                                                                                                            cualquier mentira absurda, letal, sin intereses                                                                                  para seguir con el juego de besos agonizantes                                                                          con alcohol en nuestros labios                                                                                                  solo escritos A la deshonra de no dormir en las noches,                                                                 de solo soñarnos dentro de las cobijas y el olor                                                                          a felicidad contagie a prometernos                                                                                            más de lo debido.                                                                                                                    Amaneció y no creímos, no dudamos,                                                                                      teníamos la verdad en la punta de los dedos                                                                                         Y ya era tarde para pedirnos una tregua,                                                                                      así que sin más amor al compromiso                                                                                                          nos abandonamos.







LA CARRETERA ES UN LOGRO DE CIVIVILIZACIÓN / Darío Ruiz Gómez

Paul Kuczynski




LA CARRETERA ES UN LOGRO DE CIVIVILIZACIÓN

Darío Ruiz Gómez

Comunicados de prensa, noticias  ambigüas, declaraciones escuetas de escuetos funcionarios: lógicamente todas estas piruetas tienen una sola finalidad, negarnos la verdad de los hechos sobre un grave percance que los habitantes de una región  han comenzado a vivir. La realidad, diría Baudrillard,  es  tratada de anular  hasta de los mismos imaginarios de las gentes con fines eminentemente políticos para que  la opinión pública carezca de los elementos de juicio indispensables  a la hora de señalar responsabilidades. ¿En qué lugar del mapa queda situado finalmente Ituango?  Cobro  conciencia del problema cuando propongo hacer un viaje por carretera hasta Tolú para revivir recuerdos ya que esta carretera ha sido el escenario de mi vida y de la de millones de antioqueños desde hace sesenta años  pero me indican  que no ha pasado  el peligro de que se rompa la presa y se desaten sus aguas cubriendo a cerca de 150.000 personas con sus viviendas, sus negocios y la carretera a la Costa ha sido cerrada e incluso ya se habla por parte de las autoridades  de construir una nueva carretera. Y esto se dice sin medir lo que sentimentalmente significaría borrar  lo que suponen miles  de imágenes  atesoradas  a lo largo de los años como un patrimonio personal y colectivo   tan intangible como  la sombra que los muertos arrojan sobre los aleros de las modestas casas a lo largo de los distintos tramos entre el vaho poderoso del agua que por  todas partes nos rodea. Imágenes  de adioses en silencio, imágenes de encuentros inesperados con familiares que un día debieron  abandonar su hogar huyendo de la pobreza y la violencia  para buscar nuevas fronteras  y  recordarnos que la patria no es un territorio acotado por los intereses políticos sino el encuentro con lo que nos acoge y que finalmente se convierte en un crisol de experiencias comunes. ¿No fueron los chilapos cordobeses los primeros colonos  del territorio de Urabá? Bajar de las tierras dominadas sempiternamente por la neblina, por el barbecho  y la intolerancia para buscar después de Puerto Valdivia las sabanas luminosas de Córdoba y Sucre, el mar sublime o sea la libertad, un hábitat  espiritual.

Traspasar esa frontera nos  ayudó a dejar atrás las lacras de un dañino  regionalismo  pues también la Costa invadió nuestra endogamia con sus gestualidades, con su música y hoy hace parte decisiva de lo que somos y anhelamos ser. Una carretera no solo reduce distancias sino que nos enfrenta a las preguntas que aparecen al encuentro de una diversidad social que nos era desconocida;  pero ¿Quién traza el programa de carreteras, los contratistas o la lógica de los habitantes de las regiones que desean salir del aislamiento y hacer reconocer su territorio? Ventiseis  billones de dólares recuerda Mumford se despilfarraron en Estados Unidos  en  programas mal concebidos de carreteras, destrucción del medio ambiente. ¿Cuántos miles y miles de millones despilfarraron los contratistas corruptos en el  proyecto de nuestras grandes vías nacionales en el gobierno de Santos?  Recuperar el país consiste en replantear el  concepto de Obras Públicas  fuente de corrupción en manos de la burocracia. El gobierno necesita a partir de  esta nueva Presidencia  hacer un close up sobre cualquier lugar de nuestro territorio para descubrir lo que significan el esfuerzo y la creatividad de  ese ciudadano desconocido a partir del cual debe nacer hoy  la Colombia real.

sábado, 16 de junio de 2018

Luis Ospina (1), Cine en Medellín


Babel, 2018



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Cine en Medellín....... 
Luis Ospina en Medellín (1)


Víctor Bustamante

La Cinemateca de Medellín está realizando diferentes eventos con directores y personas de cine, que se deberían haber cumplido hace muchos años. Entonces, en esos días, parecía imposible que estas personas vivieran acá y así nos debíamos compadecer al ver solo cine, y no poder preguntar sobre diversas experiencias de esos cineastas. En este caso, una de esas visitas ha sido la de Luis Ospina. Él es el sobreviviente del grupo de Cali con el cual nos  llevó a pensar que allí renacía el cine en Colombia, en ese eterno renacer que llevaba a que después de un corto brillo despareciera de nuevo, pero no,  el Grupo de Cali donde persistiría de una manera noble y cuidada al infectarnos de cine. Hay una fotografía mítica vista en su revista Ojo al cine, donde van caminando por una calle de Cali, Jaime Acosta que carga un trípode, Luis Ospina lleva una grabadora, Carlos Mayolo lleva una cámara, Ute Broll y Eduardo Carvajal otros implementos de filmación. Cuando digo que es mítica, es por el poder que ella misma genera:  la alegría de saber que en esos momentos viven la época esplendorosa de los cineclubes, con lo sagrado que fueron esos encuentros, y así mismo expresaran lo que es la continuidad y la perseverancia del cine, ya que, con sus eso equipos ellos mismos y ese tono callejero que aun causa al mirarla, van en pos de esas imágenes que aún perduran en su cine, por una razón, ya veíamos y definían por fin nuestro paisaje.

Ellos, se atrevieron a filmar, y aquí en el Ukamau, como premio de consolación, llegamos a ver, nada menos que Asunción, y en los teatros, Carne de tu carne, Sangre de tu sangre, La mansión de Araucaíma, pero sobre todo un corto que con el tiempo se ha vuelto representativo, Agarrando pueblo, lo cual era, es una postura ética ante aquellos cineastas que aun prendados al sobreprecio o sin él, se dedicaron a filmar la porno miseria en la calles. Ese corto aun es un toque de alerta y toda una propuesta a ese cine que se regodeó con la miseria en Colombia como una posible promesa de cine.
Luego Luis se fue por el documental filmó Tigre de papel, uno triste Nuestra película, otro sobre Fernando Vallejo, La desazón suprema, y una obra maestra, la cual hay que valorarla sobre el grupo de Cali, Todo comenzó por el fin.

 Pero hoy, en este encuentro, en esta conferencia Luis Ospina, hace una referencia sobre archivo cinematográfico. Hay una indagación  un trabajo  previo de archivo impresionante, ya que nos refiere como se hace el uso de material de archivo. Uno de esos ejemplos es el de  Esfir Shub aprovechando material ya filmado por otros y esos materiales los utilizó en La caída de la dinastía Romano 1927. También refiere Ospina como como Luis Buñuel también ha utilizado materiales ajenos para sus películas. Así como el norteamericano Josep Cornell utilizó una película, Al este de Borneo, 1931, para crear la suya.

En Colombia se han dado casos similares en nuestro cine, lo cual es notorio en El drama del 15 de octubre (1915) de Vincenzo Di Domenico, en Garras de oro (1926), incluso el mismo Ospina incluye en su documental ejemplo más evidente de esto en su más reciente película Todo comenzó por el fin (2015). En esos trabajos se han utilizado materiales externos que sirven como soporte para la narración de estas peliculares o documentales.

Surge una frontera, en estos casos, ya que el director de cine, debería contar con sus materiales, ya que al trabajar con materiales ajenos le queda muy fácil, y bordea el camino de la apropiación y del plagio al sustraer materiales que no ha filmado él directamente. Ospina llama a este nuevo oficio, esa costumbre, filme de metraje encontrado. En algunos casos ese uso sirve para completar en el tiempo un documental que no se posee y se justifica en otros es la facilidad de usar esos materiales, lo cual crea una discusión que no llega poner de acuerdo a nadie, y a lo mejor, un purismo mal entendido. Él lo explica muy bien en su preciso documental, Antes del fin.

Nota Bene: Hay una versión de esta conferencia magistral, Un viaje personal por el metraje encontrado de  Luis Ospina, pero ha sido imposible acceder al permiso para poder publicarla.

                          


jueves, 14 de junio de 2018

COLOMBIA REAL CONFUSIONES SEMÁNTICAS / Darío Ruiz Gómez


Pawel Kuczynski


COLOMBIA REAL CONFUSIONES SEMÁNTICAS

Darío Ruiz Gómez

“¿Quién sos vos?” El señalado respondió: “Yo soy el Director del Conservatorio de Música” El bandolero le disparó diciendo. “No más  conservadores” Esta cruel y real historia de lo que supone una confusión semántica cuando imperan la ignorancia y el odio fanático es desconsoladora al extremo e imperó  durante décadas  de violencia fraticida en Colombia. La política busca racionalizar las diferencias de ideas, civilizar el diálogo para que la convivencia social se legitime y perdure.  La confusión semántica ha servido en la política  para que una nación entera se precipite en la barbarie a nombre de abstracciones  monstruosas donde se llega  a confundir el regreso al llamado  mito  ancestral  con el poder político  de los  “ brujos”: se hizo en la Alemania nazi con el poder de lo mágico, lo hizo la Triple  A con el brujo López Rega, para que la tribu y la masa anulen la noción y presencia del individuo pensante. A través de la consigna se impone entonces la tarea de señalar herejes, opositores que puedan cuestionar la brutalidad  establecida. Para las ideologías totalitarias, hoy camufladas en la manipulación de las tecnologías de la comunicación, desaparece el ciudadano y aparece el súbdito que obedece  la consigna, que se doblega sin reato alguno ante aquello que le impone la propaganda.  Es aquí donde el recurso político de  la confusión semántica se empieza a hacer a través de la manipulación  del eufemismo o sea de la sustitución de la palabra verdadera por una  no ofensiva para un público de bien pensantes: ya no se dice negro sino “perteneciente al afrodescendiente”” El  demagogo revierte mediante esta triquiñuela  la acusación que se le hace de ser  un revolucionario que quiere si llega al poder negar la propiedad privada, la pluralidad religiosa, su populismo y entonces a medida que se desarrolla la confrontación ideológica y sabe con anterioridad que va perdiendo en las encuestas, cambia de lenguaje e intempestivamente se declara “defensor acérrimo de la propiedad privada, cristiano confeso, enemigo de la colectivización”. Chávez como Perón fueron maestros consumados para mentir creando una confusión semántica necesaria a sus intereses.

Decir que la política ha conducido a la polarización de la ciudadanía es una confusión semántica utilizada  para  señalar  como “enemigos  de la patria” a quienes se oponen a la violencia de los violentos, a justificar y por lo tanto perdonar los crímenes de lesa humanidad, el atropello de los derechos de los ciudadanos  a  defender  el futuro de la democracia. En negar estos derechos consagrados  se pone de presente el deterioro de la opinión pública  y la llamada dictadura de los medios de comunicación, el deterioro moral de la justicia. En su “Discurso sobre la desigualdad” dice Rousseau. “Allí donde  disminuye  el vigor de las leyes…no puede haber ni seguridad ni libertad para nadie”  Precisamente porque, como lo aclara Sartorius, la ley al ser para todos no permite excepciones. Y aquí  en la actualidad a nombre de  los “exceptos” se está continuamente  vulnerando la ley mediante  el uso de la confusión semántica persiguiendo a quienes se califica  en la actividad intelectual,  política de “paracos”, “guerreristas”  y el peor de los estigmas “uribistas”  y  no pues de opositores. P.D. Identificar a un partido democrático como el  PSOE con  el  populacherismo de Petro es una vulgaridad.

miércoles, 6 de junio de 2018

61 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Uribe Navarro



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61 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Uribe Navarro

Edificio Uribe Navarro

Para José Raúl Jaramillo


Víctor Bustamante

Cuando pasamos al frente del edificio, o mejor a lo que fue el edificio Uribe Navarro en Junín con La Playa, no vemos el inmueble, tampoco lo han tumbado, pero sí lo han mimetizado. Para ello lo han camuflado con espejos, en una labor de persuasión tal, que pasamos por esa esquina, sin percatarnos apenas de su existencia. Al cubrirlo con espejos se ha efectuado el insulto más grande a una de las oficinas de arquitectos más relevantes de la ciudad, me refiero a la firma H.M. Rodríguez e Hijos que lo construyó en 1925. Camuflar un edificio con espejos es la manera más solapada de relegar una construcción, es anteponer un elemento para lo banal, como son los espejos, para que se refleje lo virtual, en este caso el cielo y los otros edificios, nunca los transeúntes, dando la apariencia de amplitud en el espacio y no de la ñoñería de sus actuales ocupantes, Ragged. Una cubierta de espejos es la ocultación que refleja la nada, es la escasez de signos, lejos de la semántica de la calle. En la actual cultura ligth en Medellín ese revestimiento con espejos es significado de la nulidad total, es la solución más a la mano, barata y simple que no coteja la historia sino que la anula. No sé si aquellos que realizaron tal adecuación con este elemento tan inexpresivo se habrán dado cuenta de la aniquilación que realizaron con su maquillaje: una desorientación total a un referente de la ciudad.

La noche del 6 de febrero de 1859 se recuerda por un baile de disfraces en la casa del gobernador del departamento, Dr. Jorge Gutiérrez de Lara, situada cerca al Parque de Berrío, en el centro del costado occidental, segunda casa de norte a sur. Ese acontecimiento social fue opacado,  ya que el 10 de junio, apareció en el río, frente a Bermejal, el cadáver de Domingo Jaramillo, talabartero mulato proveniente de Salamina que trabajaba con Bernardino Giraldo en un local donde está hoy el edificio Uribe Navarro. Giraldo le había dado muerte a Domingo durante la noche y lo arrastró cerca, arrojándolo a la quebrada Santa Elena.

Aquí, en esta esquina, también vivió José Giraldo, que laboraba en su cerrajería. El  establecimiento era un cobertizo cubierto con ramas en el techo; quienes pasaban por la calle lo veían golpeando metales en el yunque. A pesar de ser buen trabajador, y devotísimo de la virgen, José Giraldo, hermano de Bernardino, era único en sus desplantes, eso sí muy amigo de festines y bebidas espirituosas. Cuando se le inició una pesquisa por inmoralidad, decidió elaborar con dos cañabravas una cruz, a la cual dispuso una ruana, así como formalizarle una procesión y, además, le acomodó un letrero: “En la ruana está el delito”. Alquiló una banda de música, como compañía, lo cual llamó la atención al provocador y panfletista  Camilo A. Echeverri, quien decía, y se lamentaba por qué no se le había ocurrido esta idea, una certera performance. Enrique Echavarría, a quien le debemos también otra versión, anota que a José Giraldo, le encantaba mezclar las fiestas religiosas con la pólvora. Para ese motivo y su deleite, patrocinó de su cuenta, en una noche, una larga recámara a todo lo largo del Parque de Berrío donde se escucharon tacos de pólvora de todos los calibres hasta que sonó uno con el poder de la bravura. Se dice, con ese desparpajo paisa, que esas dos arrobas hicieron vibrar las arañas de la iglesia y quebró vidrios alrededor, pero esto era imposible, ya que hubiera destruido todo el entorno. José, que no se sentía muy solo, era un picarísimo redomado. Entonces cuando sospechaba que sería enviado a la colonia penitenciaria de Patiburrú por Puerto Berrío, debido a un abuso de leso erotismo,  se dispuso a realizar su propia despedida montándose en un caballo con su mascota, una mica atada con una cadena de plata. Se puso su mejor vestido y un letrero: “El delito está en la ruana”. Detrás seguía un carro halado por un caballo, dispuesto con dos ataúdes y, sobre ellos, varios cirios nerviosos y encendidos. Detrás de él, en esa performance congelada en el tiempo, los seguía una banda musical, en su jolgorio, y, por supuesto, el griterío de los niños que los acompañaban a dar la vuelta por las calles del  tranquilo pero, ahora, sorprendido poblado. Otra vez Camilo Antonio Echeverri se volvió a lamentar. No podía creer que alguien se le hubiera adelantado con un evento tan procaz, provocador y anárquico.


Melitón Rodríguez, 1900


Hay una fotografía de Melitón Rodríguez,  1900, en Junín con La Playa, junto al puente en arco y de ladrillo. En la esquina, hay un edificio de tres pisos con tejado y enseguida un aviso, Portales de Junín, también hay allí una berlina halada por un cabello blanco que se asoma a la puerta, y no es para menos, en ese lugar existía una sede para los llamados coches de punta, que eran tirados por caballos. Esta fotografía posee el poder evocador pero aún más provocador, debido a que parece una postal con esa malignidad que subyaga: nada de lo que vemos en ella consta hoy.

En ese lugar, un inmueble de tres pisos, al lado del Puente de Junín mientras la Santa Elena, bordeada por muros de piedra, pasa lenta y mítica, fresca y perezosa, tatuada en su formato que araña el tiempo, en algunas fotografías en blanco y negro, debidas a Melitón Rodríguez y a Pastor Restrepo. Allí, ya existía una  cantina, el Caballo de Bronce, regentada por Natalio Platín.  Platín era hijo del inmigrante alemán Luis Platín, platero y acreditado grabador radicado en Medellín en búsqueda de ese Eldorado fantasioso que no significaba más que conseguir plata. Luis era laborioso: se le veía dándole al martillo y a la lima, o con el buril en la mano; y, por supuesto, muy aficionado a la cerveza. En años anteriores, 1886, Natalio, aún más quimérico, se vio envuelto en problemas judiciales por la denuncia de propiedad de las minas Santa Ana en Guarne.

En este edificio de tres pisos, el más relevante de Junín, con sus cuatro balcones en el segundo piso, y con la mansarda de otra fisionomía, y ya  rematado el techo con tejas y coronado por lo que puede ser un lucernario, se llamaba el edificio Lalinde. En su tercer piso, Francisco Antonio Cano poseía su taller, que es posible analizarlo en uno de sus cuadros, ya que  Cano ha pintado una de sus escenas más personales, el Estudio del pintor (1985). En esta escena, porque lo es, Cano sentado y elegante bocetea a la modelo, una campesina con un niño entre los brazos; otro adolescente mira una pintura; otro, Melitón Rodríguez, de unos doce años, mira a un aprendiz que también dibuja a la modelo. En la pared una pintura de Mariano Ospina Rodríguez con su barba blanca y su gorrito, quien vivía cerca, por la calle Boyacá, y vigila desde la pared, mientras en un anaquel los objetos dispersos del pintor lo expresan.

Este crucero, de Junín con La Playa, se convertiría con el tiempo en escenario y punto de referencia. Iniciaría su esplendor en 1919 cuando fue comprado y rebautizado el Café la Bastilla por Hipólito Londoño, y que serviría como punto de reunión y conversación para una tertulia memorable. Carrasquilla, Efe Gómez, Alfonso Castro, Ciro Mendía, Ernesto González, Pepe Mexía, Pachito Cárdenas, Carlos Mazo y Emilio Jaramillo. Algunas veces el maestro Gonzalo Vidal dirigía allí su orquesta. Ellos, estos artistas, estos poetas, estos músicos, siempre poblarán esta esquina, ya que entrarán de nuevo en esta memorabilia, ya que la amistad y la literatura abren esa veta para el diálogo y un encuentro.  Luego, al frente, sería construido el Teatro Junín en 1924, como el culmen de los teatros, obra maestra de Agustín Goovaerts.  Allí en su interior, en la esquina, un salón, el Majestic, le daría un toque de elegancia durante un breve periodo.

Luego sería construido, en la otra esquina, Cardesco. Una salsamentaría elegante donde se expendían licores extranjeros y enlatados. También era sitio de una tertulia, La Cigarra. Al frente, al sur, había sido edificado, el Edificio Uribe Navarro, que posee una historia atrayente, inusitada y de mucho valor.

Los hermanos Uribe Navarro, que ambicionaban ostentar su brillo, eran los promotores y dueños de este edificio; ellos eran Eduardo, Salvador y Vicente, acreditados comerciantes que cimentaron en Yalí un apreciable negocio de abarrotes, administrado por uno de sus socios, Germán Uribe N. Además eran propietarios de una empresa de transporte de carga que movilizaban en carretillas y mulas, entre las estaciones de Botero y Cisneros, pasajeros y mercancía. Por esos lados poseían la finca El Humo para descanso y reposición de sus quinientas mulas.

En la revista Progreso se saluda la construcción de este edificio, en 1925, como parte del Medellín nuevo, y, en efecto, estamos ante el despegue de una ciudad con arquitectura más racional. Eso sí con un sello peculiar, como es todo lo que construyeron los Rodríguez. No es el gran edificio de alto vuelo como el del Palacio Municipal -hoy Museo de Antioquia-, no es el Castillo elaborado con filigranas, no es el edificio Víctor, o el Palacio Egipcio, no es el Edificio Constaín, ni el edificio Tobón Uribe y el edificio Central con líneas y ángulos rectos para citar algunos. No, este edificio podría considerarse una obra menor, pero dejando ese punto de vista, posee el sello de HM Rodríguez e Hijos, y eso basta como carta de presentación, ya que este edificio tan diferente, en este formato, a los demás diseñados y construidos por ellos, advertía sobre una diversa posibilidad creativa. No es republicano en su estilo, no es racional en su configuración; tal vez sea un híbrido. En sus líneas sencillas da la impresión de poseer otro énfasis, otro camino a la creatividad. No hay arabescos, ni ménsulas como volutas que sostienen algún elemento decorativo, aquí las ménsulas, en pares son sencillas, sostienen el alero del piso segundo. Sus líneas son simples. En el primer piso sus cuatro ventanales son prácticos con sus vidrieras cuadradas, así como sus cinco entradas determinadas en el umbral por el sello de molduras  octogonales. En el segundo piso, en las dos esquinas, hay dos balcones con sus columnas, y cinco ventanas con sus rejas elaboradas en hierro y en el tercer piso su remate ondulado, con la superficie terminada en cuadriculas,  que casi se disuelve en las siete aberturas de varias ventanas que van surgir de la línea curva que culmina en el techo.

En una fotografía de 1930, observamos que en esta esquina del Uribe Navarro, en el primer piso, existe un Salón de Billares y siguiendo por la acera hacia Boyacá funciona la Botica y Droguería Junín de Ramón, Juan B. Peláez, además se ve un anuncio donde se ofrecen para la venta vejigas para balón, lo cual delata la presencia del futbol como maneras de situar el inicio y fervor por ese deporte.

Luego, cuando la Botica Junín se traslada al edificio vecino, al comprar sus socios una parte, que va desde Boyacá a la Avenida Primero de Mayo. En el primer piso, ya vacante, para 1936, se establece la Salsamentaría Respin, propiedad de los hermanos Restrepo Mesa que administraba su primo Gabriel Escobar, considerado el mejor vendedor del mundo; los productos Respin se distribuían allí. Desde 1920 se había creado la firma de productos alimenticios Respin por Luis Restrepo Mesa, propietario de la Droguería Nacional. Don Luis era un prominente hombre de negocios: lo avalan ser socio de Cervecerías Antioqueña y La Libertad, había participado en 1916 en la fundación de Noel.  También, en la Salsamentaria Respin, ofrecían enlatados y confituras importadas. Don Gabriel, como todo vendedor, elogiaba sobremanera los productos que ofrecía para animar a sus clientes a consumir. Incluso muy devoto, entre comillas, madrugaba para acompañar a su novia a misa, a la Candelaria, en una cita furtiva como excusa. En este breve interregno llegaba un profesor de inglés, míster Jammes, a reclamarle por su ausencia, ya que el paquete de Pielroja solo se lo quería comprar a él, para provechar lo dicharachero que era quien regentaba el lugar. A  don Gabriel no le quedó más remedio, para no desacreditar el negocio, que postergar la cita con su novia,  para poder vender el paquete de Pielroja a su cliente.

A las cinco de la tarde, en la Salsamentaría Respin, se formaba otra de las célebres tertulias de Medellín. La presidía Marco A. Peláez, a quien le debo parte de esta memoria. Allí asistían: Luis Carlos Henao, Antonio Valencia y Carlos Pérez Escobar; luego fueron entrando y pasaron por ella, Carlos Posada Amador -que luego sería un afamado compositor musical-,Ignacio Isaza Martínez, Eduardo Toro  Escobar, Hernán Toro Agudelo, Carlos Ariel Gutiérrez, Alfonso Arboleda, Cristian Botero Mejía, Jorge White Gutiérrez, Jaime Bustamante Ferrer, Guillermo Escobar, Antonio Duque Gaviria y Eduardo Mejía Vélez. Luego se incorporó el librero Rafael Vega Bustamante, y más tarde, de una manera esporádica, Bernardino Hoyos, abogado, intelectual y periodista de la UPB. Luego Hoyos trabajaría en la BBC de Londres y sería asesor cultural de Caracol, ya con otro nombre Bernardo Hoyos. Jaime Barrera Parra estuvo en allí y, en una crónica sobre Medellín, Del Edén al Respin, señala sobre su interior: “El Respin es un salón deslumbrante. Baldosines, espejos, música, todo brilla”. Al otro año regresó a Medellín, el primero de enero del 35, y durante un incendio en el Teatro María Victoria al caerle el cielo raso mató a algunos espectadores. Entre ellos a Jaime Barrera Parra.

Para 1936, en pleno apogeo de la radio en Medellín, se registra el surgimiento la Emisora Philco, propiedad de Hernando Duque R. y Alberto Estrada, -padre de Leonel Estrada que luego sería crítico de arte-. Don Alberto, había liquidado sus negocios en Manizales y se instaló en Medellín, incluso montó la Óptica Central, ya que él había estudiado optometría en Nueva York, además fabricaba telescopios. Hernando Duque, su socio, hombre de temple, imprimió a la emisora una política agresiva con la perspectiva de desplazar a La Voz de Antioquia. Técnicamente contaba con un transmisor de onda corta, inicialmente en 49 metros y onda larga. Esta emisora funcionaba en el tercer piso del  Edificio Uribe Navarro y en la propia oficina del gerente estaba el transmisor, ya que aún no era tan estricta la normatividad sobre su funcionamiento. Pero en 1938 los socios disolvieron sus lazos comerciales y la emisora cambió su nombre por el de "Claridad". De esta forma, la radio comercial en Medellín consolidó en sus primeros años: La Voz de Antioquia, Ecos de la Montaña y la Emisora Philco o Claridad. Mario Jaramillo Duque, tío de Leonel Estrada, también trabajó en la Emisora Philco. Este era un gran humorista, que tenía un show de hora y media, en el que imitaba personajes: Mussolini, Hitler y algunos dirigentes locales. Leonel lo veía ensayar y disfrutaba el privilegio de ver sus presentaciones tras bambalinas, en el Teatro Junín.


1940


Desde su fundación, la emisora Philco se caracterizó por un programa: La Hora Católica. En esta Medellín ultramontana con coqueteos falangistas; porque lo fue. También se dictaron conferencias, seminarios, charlas, en días de fiesta o fines de semana, a través de los renombrados medios de comunicación, como El Colombiano, El Obrero Católico, El Pueblo, La Defensa, y diversos programas de radio.

La fundación de la Hora Católica fue debido a monseñor Tiberio de J. Salazar, que coincidía con la celebración del Congreso Eucarístico. Este programa sería dirigido por monseñor Félix Henao Botero, luego rector de la UPB. Era un programa  semanal sobre asuntos de la situación mundial y la vigencia del pensamiento cristiano como una réplica al ascenso del comunismo que descreía de Dios, pero que terminó involucrado con dictadores sangrientos como Stalin, Mao y Castro. En una de sus primeras emisiones, el 3 de mayo de 1936, disertaron personalidades como el orador y político conservador Gonzalo Restrepo Jaramillo, sobrino del expresidente Carlos E. Restrepo y del sacerdote jesuita Juan María, quien pronunció su oración "Por qué creemos", y también llegó  a asistir el empresario José María Bernal, que refirió un tema sobre la moral. En los años sucesivos se notó la presencia de José López Henao, el domingo 14 de mayo de 1937, disertó sobre Comunismo y fascismo. Emilio Robledo argumentó en la "Hora Católica", el domingo 28 de febrero del 37, en donde deja traslucir sus principios morales y su excelente formación académica, sobre todo en el campo de la pedagogía y de la ciencia.

Poco hemos indagado sobre la Violencia en Medellín, todas esas pésimas noticias, y ese momento, las oscurece el Bogotazo. Pero Medellín tuvo su Medellinazo. El nueve de Abril  de 1948 fue quemada la sede del periódico sectario La Defensa al ser rociado con gasolina por la muchedumbre, ubicado en Boyacá donde están hoy Almacenes El Mar, antes edificio Villanueva y la agencia donde funcionaban las oficinas de El Siglo. También incendiaron el edificio Álvarez Santamaría, -el Portacomidas-.  Enseguida se prendió fuego a los edificios de la emisora la Voz del Triunfo con su radio periódico Mundo al Día. La biblioteca de la Universidad Bolivariana situada en Caracas con Palacé ardió junto a miles de libros tirados a la calle. Editorial Difusión también fue incendiada, siguió el café Danubio, y en turno fue incendiado el Almacén Respin que también fue saqueado. Siguieron las bodegas y los almacenes en el barrio Coltejer. El cuerpo de bomberos recibió, en la tarde del 9 de abril, 346 notificaciones de incendios. En el Centro también fueron saqueadas totalmente tres grandes joyerías. De igual forma la turba destruyó el Café la Bastilla y a Cardesco.

Luego de esos incendios, con sus destrozos, se estableció en el lugar donde quedaba el Respin, el almacén Parisina, -cuyo dueño era Jesús Posada-, que duró en esa esquina muchísimos años, unos cincuenta. Era un almacén de telas que marcaba el hito de la novedad en plena síntesis de la esquina de más prestigio en la ciudad. Parisina evocaba a Paris, pero más precisamente a las parisinas, damas, chicas, mujeres con alto sentido de la elegancia que querían verse acicaladas de lo principal de la moda cuando caminan por las calles, cuando entran a los espaciosos salones para provocar una mirada, ante el desparpajo de los habitúes que se llenan de la armonía, de la ilusión y del deseo ante una chica que deja una estela de perfume y el taconeo digno que las sigue; es más, las persigue, eco de la transitoriedad. También en Parisina se vendían los adornos y telas con que fueron ambientadas varias casas elegantes y prestigiosas. En el sótano se guardaban los grandes rollos de tela. Además había un localcito son un lugar afamado el Salón de Jugos. Esta esquina, de la cual poco se habla, se convirtió en una verdadera pauta comercial, ya que en la diversa sucesión de fotografías que hacen posible rastrearla, se suceden los anuncios que rasguñaban su estructura: American Gentleman, Indulana, Pepalfa, Chicles Clark, Lucky Strike, Cometa. Cada uno de estos anuncios reitera una etapa y un momento de la circularidad de empresas, incluso hasta la pobreza actual.


Gabriel Carvajal, 1940

El Club Medellín, fundado en 1946, ocupaba un local situado en  Colombia entre Junín y Sucre, pero se consolidó cuando sus fundadores trasladaron su sede a las oficinas de Radio Nutibara, que funcionaba ya en el tercer piso del edificio Uribe Navarro cuyo gerente era Jaime García Lobo y Hernando Téllez Blanco, fundadores también del Club Medellín, junto a Luis Gómez T., Pablo Restrepo U., Ángel Renix, Luis Ramos, Santiago Vargas Lorenzana,  Hernando Téllez B., Alberto Gómez, Apolinar Ramírez y Alberto López. Radio Nutibara había comenzado sus emisiones el 1 de mayo de 1938, como la Voz del Amo, y en sus instalaciones se ubicó la primera máquina portátil para grabar discos fonográficos en Medellín. En 1940 inició las transmisiones a control remoto e implantó el sistema de música continua con su lema: «más programas con menos anuncios». En esta emisora se inició uno de los grandes de la radio, Joaquín Marino López.

Para 1961 "El Rosario" era diariamente transmitido a las 6 p. m. por Radio Sinfonía, quien iría a creerlo con el tiempo, y Radio Nutibara; a las 6 a. m. por Radio Nutibara y la Voz de las Américas; Radio Sinfonía transmitía igualmente la Misa Vespertina Dialogada, desde la parroquia San José todos los días a las 5 de la tarde.

En una  fotografía de Digar de 1955 se lee un aviso en el segundo piso del edificio Uribe Navarro sobre el de Parisina, Escuela de Comercio Práctico, que fue dirigida por su rector y dueño don Emilio Torres durante 52 años. En ese centro educativo se podía estudiar bachillerato, mecanografía, taquigrafía y contabilidad. También había en su interior otros negocios cómo relojerías, y la oficina de Arrendamientos y comisiones de Raquel Tobón.

Un hecho acaeció en Parisina, cuando la machaca estuvo de moda, a mediados de los años 70. Allí, detrás de su vitrina, encerrado en una urna de cristal y clavado con una aguja de oro, fue exhibido el insecto que medía unos 8 centímetros,  que, de picar a una persona esta debía hacer el amor en 24 horas o de lo contrario moriría. Este mito llegado desde el Meta y avivado por la revista Vea encontró eco en la población, y, sobre todo, en Medellín, ya que las filas de curiosos para apreciar al animal del amor, también miraban hacia el interior de Parisina el lujoso surtido de telas. La nota del paisa cazurro y tumbador la impuso la llegada de un curandero, un indígena que venía del Amazonas, pero falso, de las entrañas de Loreto, por las plumas de gallina que lucía en su cincha, por su paruma de dril y sus sandalias costeñas, que vendía una crema antimachaca, que causó furor en los incautos, frente a la vitrina, que le escucharon y le compraron su surtido. Miedosos y lejanos no sabían que la historia de la machaca nunca trajo como realidad un muerto debido a su picadura.

Ya, a mediados de los 80, a Parisina la reemplaza Creaciones Vans de Betty Restrepo e hijos. Allí vendían camisas, ropas y telas. Ella era novia del conocido ex jugador de Nacional, Gabriel Mejía, y había que verlos en Versalles, él un gran portero, luego cantante de tangos con sus zapatos blancos y su pinta de argentino.

Babel, 2018

Ahora, hoy 11 de mayo y de lluvias del 2018, los paneles con espejos podrán tapar la arquitectura del Uribe Navarro, camuflaje realizado sobre los vestigios de una obra de HM Rodríguez e Hijos, para darle cierta apariencia mafiosa y de lo ligth, pero nunca podrán ocultar la historia que ha destilado este lugar que, como la carta robada en el relato de Poe, nadie ve. Ragged ha ocupado su perfil de esquina a esquina. En el mismo lugar por Boyacá hay un hotelito, Acuarela Hot, para parejas ocasionales donde se lee, habitaciones temáticas. Incluso entré, entramos con mi asesora al hotelito, y al cerrar la puerta del cuarto egipcio, casi a media luz, había de pie un sarcófago del tamaño de una persona. Como Medellín se ha vuelto muy turística, le habían colocado al sarcófago de plástico, en la parte que corresponde al rostro del faraón, unas gafas oscuras, en el colmo de la lobería paisa. Pensé en el cuento, otra vez de Poe, El ajedrecista de Maelzel , donde opera la trampa: un jugador oculto dentro del gabinete, bajo la mesa del tablero milenario, y resolvimos hacerle bromas al sarcófago. A lo mejor, adentro, había un mirón, con cámara para espiar a los amantes, lo cual dañó la celebración.

Es cierto, en seguida, de la evolución del Medellín elegante, construido con tanta donosura hasta 1968, al Medellín lumpen y de cachivaches, esta fisura, esta degradación, continúa con una cacharrería, El Manicomio, que ofrece todo a 5000, en lo que fue la Botica Junín, para expresar, lo inexcusable: la caída proverbial del Centro, después de un largo periplo en que se construyeron algunos de los edificios de más renombre, hasta el empobrecimiento actual que regresó a la tenebrosa Chichería de los Conejos en mitad de la calle Boyacá, a fines de 1800.

Los transeúntes pasan de largo, los vendedores de cacharros, en su supervivencia, siguen ahí todo el día. Algunos urbanistas, pendientes de sus proyectos de risa y de sus  negocios, aun despistados no saben cómo solucionar este embrollo, los historiadores andan despabilados y pendientes de qué ha dicho el dúo dinámico de Guatari y Deleuze para embadurnarse de sus capos teóricos, -solo embadurnarse-, mientras la ciudad histórica bosteza, desaparece, y nosotros la caminamos, la buscamos.







lunes, 4 de junio de 2018

OTRAS PALABRAS EN OTRO PAÍS / Darío Ruiz Gómez



Pawel Kuczynski

OTRAS PALABRAS EN OTRO PAÍS

Darío Ruiz Gómez

Recordemos  aquella distinción  de  Jorge Eliécer Gaitán entre país nacional  y “país nacional bogotano” y  que  en el  gobierno  de Santos  centralista  y  “bogotano”  se convirtió en una afrenta  al establecer una discriminación   entre una minoría  bogotana supuestamente aristocrática, refiné  y el resto del país mirado como un mundo provinciano, como una masa exótica de mestizos incapaces de vivir los protocolos de la vida “de alta sociedad”.  Hernando Téllez no dejó de burlarse de lo que consideraba  un complejo propio de los criollos santafereños quienes  carentes  de un verdadero linaje convirtieron las viejas y rústicas haciendas sabaneras en  caricaturas  de castillos para dar paso a un más melancólico simulacro de vida cortesana. La vida política y parlamentaria,  centrada en Bogotá acabó convirtiendo a los políticos y representantes  no en voceros de  las regiones  sino en arribistas sociales a la búsqueda de ser aceptados en estos “altos círculos cosmopolitas” y dando paso como “bogoteños” a otra forma del acomplejado social.  De esta manera el país nacional desapareció por completo de los medios de comunicación, del lenguaje político y por supuesto de las distintas formas de expresión de la cultura tal como radicalmente ha sucedido en estos ocho años donde  a la raíz necesaria  para la vida de un país  tal como lo es la provincia se la convirtió en una periferia invisible donde se libraba una  desconocida lucha  entre las  fuerzas del orden y grupos de presuntos insurrectos.  ¿Ha conocido  alguna vez el Ministro Cárdenas cuál es el país campesino, rural, regional  sobre el cual ha derramado unas normas económicas abstractas? ¿Cuál es la diferencia entre la cultura de los pobres y la derrota humana de los lanzados a la miseria? ¿Ha recorrido alguna vez la compleja y extraordinaria geografía del país el Ministro de Obras públicas  al conceder a  firmas nacidas para la ocasión  las grandes vías que supuestamente nos iban a sacar del atraso y el terror comunicando entre sí a los  aislados territorios? Por otro lado el proyecto político  totalitarista tuvo  como propósito – por eso comenzó por prohibir la enseñanza de la Historia de Colombia-  destruir la herencia de las conquistas  civiles, la educación para la libertad, una agricultura tecnificada, el desarrollo de las ciudades, someter el lenguaje, ideologizar las diferencias, negar la pluralidad con el populismo. Desplazamientos  forzados, el sufrimiento del exilio  a nombre de un proyecto totalitario  no constituyen  experiencias  históricas de otros pueblos, son nuestras  propias  experiencias  y sobre las cuales ha llegado el momento de la reflexión, de la recuperación  necesaria de la justicia y de la verdad, el rostro negado de las víctimas.

¿De cuál país hablamos si carecemos de un proyecto nacional? ¿Hacia dónde se proyecta entonces lo que llamamos política si no la referimos a un país real?  ¿No rehuyen  el juicio de la Historia quienes ahora  pretenden desconocer  la condena  por parte de los Tribunales Internacionales  de  estos  totalitarismo  que llenaron de dolor y sufrimiento nuestros campos  y ciudades y ahora se disfrazan de demócratas para sus fines electoreros ? ¿Puede  un representante de este totalitarismo  convertirse en ícono  de una juventud que supuestamente anhela la liberación del explotado, la libertad de la cultura? Que se lo pregunten a la juventud nicaragüense que pone muertos para que caiga la dictadura “socialista” de Ortega y su conyugue, que se lo pregunten a los estudiantes venezolanos masacrados por Maduro.