martes, 1 de mayo de 2018

60, Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Junín




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60, Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Junín

Medellín, la Ciudad del Eterno Maquillaje

Víctor Bustamante

El aviso de color azul con letras blancas añade en Junín con la Playa,  “El Centro, nuestro orgullo”, por supuesto que, como nos acostumbramos a los clichés, o sea a los avisos vacuos y llenos de buenas intenciones  con el espejismo del lenguaje, lo leemos con algo de esa risa que aparece por las sospechas que genera; esas con  las que está empedrado el infierno donde caemos con tanta persuasión. Porque sabemos, que es precisamente allí, en esas palabras del aviso, que son pura decoración. En apariencia es la intención de rescatar el paraíso perdido, porque el Centro lo es. Al menos en una equilibrada cultura del patrimonio debería ser así, pero, y este pero es una duda metafísica, la otra significación debería leerse así, la simulación del patrimonio. Lo cual prosigue con los carteles dispuestos en la carrera o mejor, como le dicen ahora, cuando el lenguaje comercial impone sus códigos, Pasaje Junín: La Alcaldía de Medellín empieza la transformación  de las fachadas del Pasaje Junín. Entre La Playa y Caracas, 27 fachadas van a mejorar su aspecto recuperando los elementos arquitectónicos e históricos del lugar”. Releo de nuevo, y no puedo creerlo. A lo mejor, en un acto de prestidigitación cumplirán este designio digno de David Copperfield, o sea pura simulación de la realidad, ya que no sé de qué manera van a realizar este acto de magia por una razón de peso, en esta parte de Junín, dos cuadras, solo existen dos fachadas históricas que han quedado como una pobre alusión, ya que las fachadas con su huella, y los interiores de estos lugares han sido destruidos. O sea, digámoslo de una manera clara, dejaron de lado los efectos colaterales, y nos entretienen con "su adecuación de Junín": Pintar fachadas como la idea más luminosa de la actual Administración para rescatar lo que ellos consideran patrimonio, cuando en verdad la calle ha sido avasallada por el comercio. Me refiero a ese comercio a ultranza, al desgaire, donde no se combina con la identidad perdida de la ciudad sino como un tenue velo de lo cultural, aún más sinuoso, que solo ve fachadas, ante una destrucción que viene pausada y sucia, violenta y sin disimulo desde la destrucción del icono de la ciudad: El Teatro Junín.

Por esa razón, después de un largo y pautado periplo, fueron llegando otro tipo de comerciantes, no los cultos comerciantes a quienes preocupaban la disposición de las vitrinas, la halagadora entrada a sus negocios con la peculiaridad de unas puertas elaboradas y diferentes, en contraste con los comerciantes actuales sin patria y sin ley, mercachifles vándalos, con sus cortinas de hierro de igual factura, vendedores de abalorios, de baratijas, de mercancía de contrabando, de artículos pirateados que se apropiaron de la ciudad. Primero con el contrabando destruyeron la industria nacional; la textil es un ejemplo, luego compraron los edificios, luego los adecuaron y asaltaron y saltaron las normas, las escasas normas sobre patrimonio en la ciudad cicatera. Es cierto, el modus vivendi de los comerciantes es fácil y predecible, no les interesa habitualmente nada del entorno sino un local, exprimir varios localcitos. Un comerciante solo aprovecha un tiempo, un lugar, luego se marcha en pos de las ganancias y la especulación; es la única mentalidad que posee. Si a nivel internacional se habla de los capitales golondrinas que se requieren en los países con bajo desarrollo, que llegan y luego expeditos salen para otro país, lo mismo ocurre a nivel de las ciudades. Esos capitales van de sector en sector, se inician con muy buenas intenciones, luego se apoderan de  los lugares: edificios patrimoniales, fachadas de estilos elaborados, aceras y calles, para adecuarlos y los amasan a su manera. Uno de los ejemplos últimos, y más notorio, es el del Hueco, con la oleada de baratijas chinas, que adecuó Guayaquil a su manera con sus edificios de risa, de pobre arquitectura y con nombres, que el conspicuo montañero de duro cerebro y cero cultura cree que da brillo: el Miami y el Hollywood, y además atiborró ese lugar de parqueaderos creando la zona muerta correspondiente. Lo cual se ha replicado en todo el Centro: y no solo eso, también se apropió de una de sus calles, de todas las calles nobles, y ha abusado de ese entorno de tal manera que hacen creer que no hay ninguna autoridad.


Pero ahora ya llegaron a Junín, lo cual era previsible, pero no para crear ornato y hacer atrayente Junín sino que la corroyeron, la destruyeron. Antes habían acabado con Bolívar, con la ayuda del Metro y sus frasecitas edulcoradas: "El  Centro sos vos". Se saltaron el hábitat del comercio y ya se apoderaron de Boyacá, se apoderaron de la Avenida Juan del Corral, del Parque de Bolívar, por citar los casos más fraudulentos y despreciables.

Junín, la calle mayor, la calle emblemática, es ahora una calle depravada, una calle que poco a poco pierde su sabor, su historia, su carácter de ser símbolo, y que, en el transcurso del tiempo, definió un verbo para ella, para sus caminantes, Juniniar. Hoy sábado 28 de abril, el carácter y peso específico de Junín se ha perdido. No le quedó ningún cine: el Aladino pequeño y sustancioso con sus malas películas de karate o de pistoleros convertido en tiendas de juguetes sexuales, el María Victoria convertido en un galpón para un almacén de vestidos, el Dux en una tienda de artesanías, o el Cinelandia perdido en su segundo piso, y el crimen mayor,la destrucción del teatro Junín, con este último crimen era previsible el modelo de ciudad que querían edificar los mediocres alcaldes y pésimos consejos municipales  que vendrían después. También pasó de ser la calle de los nadaístas, y antes de la tertulia de la Bastilla con Carrasquilla, como símbolo, a ser la calle de las cafeterías y de almacenes, lo cual acentuó aún más su destrucción, al proseguir el destino del edificio de la Librería Nueva corroído interiormente, así como el Club Unión entregado al comercio, como ejemplo de los capitales que se van cuando ya no les interesa la ciudad. Si pasamos la Playa ya los comerciantes como ratas se comieron el primer piso del edificio Fabricato y si miramos al Bemogú igual le ocurre, así con los otros edificios. Las perversas rejas de hierro redefinieron, es decir, le dan ese pasaje lúgubre a la calle misma. Antes habían engullido el edificio Uribe Navarro y nadie se dio cuenta. En Medellín la palabra patrimonio es el responso continuo, sin dolientes, son las caminadas con grupos de personas que no conocen el Centro para ver sus ruinas cubiertas con avisos; es la inercia sin remordimiento ni reclamo.

Por supuesto que detrás del mercado organizado, entre comillas, con sus locales arrebatados a lo que fueron edificios simbólicos, llegaron los otros comerciantes, los informales, aún más devastadores que los anteriores; estos se apoderan de las calles, de las aceras y las hacen intransitables, luego siguieron con las redes eléctricas. ¿Dónde estaban las últimas cinco Alcaldías de la ciudad convertidas en alcancías?; todas ayudaron al deterioro del Centro. Por supuesto que las ventas callejeras, aún siguen con sus salas de masajes, con sus esquinas atestadas de jibaros y, por supuesto, con los parqueaderos que deterioran el interior de estos edificios.

De Junín solo ha quedado la mugre, así como un desierto social en la noche, síntesis del descuartizamiento del Centro, y por fin, luego de muchos robos y asesinatos, debido a las banditas y las vacunas que estremecen a los comerciantes serios, llegaron los policías al Centro cuando este ya se había perdido. Ese es el cuadro deshonroso de cómo una ciudad se abandona, se mancilla. Por supuesto que lo de las vacunas es sinónimo de la pérdida de autoridad y constancia de que hay otro orden que manda en el Centro: las bandas que cobran su impuesto y la falta de presencia del Estado. Por ahí dicen que hay algunos empleados encargados del Espacio Público, pero no sabemos de cuál espacio público, porque el rebusque y las carretas pululan por Junín a ciertas horas. Iba a hablar de un puesto inocuo, pérfido y mediocre, como el de la actual gerente del Centro y en verdad no sabemos, si aún existe. 
 
Lo cultural, entre comillas, de Junín, se redefine desde la más baja escala de la pobreza de lo popular, del rebusque, del engaño, con la llegada de los brujos y los adivinos desde el viejo Guayaquil para darle a sus clientes ese toque de risa para quienes se aseguran mediante la lectura del porvenir, también en los vendedores con sus  equipos de sonido a todo volumen. En esa realidad se convirtió Junin, en la ciudad fantasma que solo vemos, ya muy lejos de ese pasado de iluminación, en las fotografías y en las crónicas de sus escritores; solo de algunos, que la conocen, no de aquellos  que viven refugiados en otras cosillas como definir a Medellín como única expresión de la violencia de las comunas.

Hay una relación de dependencia en planeación que viene desde hace años, en este caso Paul Lester Wiener y José Luis Sert en 1948, planes que no se cumplieron. Luego, desde hace pocos años regresaron los barceloneses a la ciudad a implicarse de nuevo en la planeación. Pero algo es cierto, no sé en qué sentido ellos han coayudado porque el deterioro de Junín la llevan a colapsar; cada día se empobrece. Ahora estos expertos, pretenden  dar su veredicto para cambiar su apariencia, personas que no han vivido la ciudad, que no saben nada de su idiosincrasia, de la historia de su territorio, que no la han caminado durante mucho tiempo: de su razón de ser. Ellos vienen a implementar un modelo extraño. Y luego se saldrán corriendo para contar los dólares de sus contratos.




Por eso Medellín es la ciudad del eterno maquillaje, esa que le dan ciertos estériles premios internacionales, ya que también vienen a  maquillarla como una putilla, como una prepago que se vende a los turistas estólidos que llegan no se sabe a ver qué, pero si sabemos a vivir qué, y a experimentar qué.  Medellín es la capital mundial de la coca y de las prepagos.

Pasan los krishnas diciendo sus mantras, creyendo que serán felices, bostezando con sus campanitas y sus tambores de Siva, dejando la estela de su incienso. Pasan los indígenas desolados con sus aspavientos de vivir en Medellín desalojados de sus tierras. Pasan otra vez los estólidos turistas, casi de la mano, caminando en fila india con el guía que habla inglés con acento de montañero diciéndoles mentiras, que la catedral Metropolitana es la más grande en el mundo construida con ladrillos y esas cositas, mientras el comercio de putillas y de travestis; sexo a la carta prosigue junto a los evangélicos mediocres y a los alcohólicos extraviados para conseguir más licor. Toda esa gente son los habitantes del Centro. En esos pequeños raids de los turistas, el guía les cuenta más tonterías y ellos aún más absortos ni se las creen porque lo que ven son almacenes,  mendigos, vagos, vendedores piratas y más pordioseros. Saben que a la noche buscarán el Medellín letal que no aparece en los planes de viaje.

Pasan los alcaldes y pasan los concejales, en estos tiempos líquidos, sin saber qué hacer con la Calle Mayor. Pasan los académicos callados porque Junín se llena de moho ante sus ojos. Pasan los historiadores aun llenos de lagañas psicoanalíticas. Y pasa el Poeta triste lamentando que no sepan nada de la ciudad, pero llegan también los alcabaleros a cobrar impuestos a los comerciantes legales y a los vendedores ilegales. Pasa el Clan de los encargados de Patrimonio con sus proyectos y sus gafas ahumadas, despistados y sin saber qué hacer, ni cómo amar la ciudad. Pasa un "artista punk", de vanguardia como él mismo asegura, que ha regresado de Paris, creyendo que provoca con sus tonterías, que se ha ganado quince becas por este chalaneo y otros veinte premios por arrastrar en plena calle un tarro de pintura con una cabuya como síntesis del arte conceptual, y, además, ha dado conferencias sobre su acto creativo.  

Se van los residentes de Junín, del Centro, expulsados por las pésimas condiciones y abrumados por el deterioro. Junín en la noche es un desierto social.

Les iba a contar unas bellas historias de Junín pero eso ya son cuentos de fantasmas.





11 comentarios:

Ana Clarisa Ruiz Quintero dijo...

Que tristeza, lo llaman en el POT de Medellín RENOVACIÓN URBANA.¿Donde estamos los dolientes de nuestro Patrimonio Arquitectónico y Natural ?

Anónimo dijo...

Víctor. La verdad es que los nativos de vieja data nos quedamos sin ciudad, sin nada a cambio de comercio de mercachifles, llámese chaza o centro comercial Oviedo… Jodido y arrinconados por la codicia de la plebe de arriba y la plebe de abajo… Nada que hacer. La cosa es de un dolor y una rabia que hay días que no deja respirar… Siga insistiendo en lo que dice, no descanse, porque quizás lo que usted dice es lo único que quedará de Medellín… El futuro no pinta mejor… Ya arrasaron el Oriente… Después de salir corriendo, como ratas de este valle de las infamias.
Un saludo cordial.
Federico G.

Orlando Ramírez Casas dijo...

De Orlando Ramírez-Casas (Orcasas):

“…iban coligiendo que su tío y señor quería desgarrarse la vez tercera y volver al ejercicio de su, para ellas, mal andante caballería; procuraban por todas las vías posibles apartarle de tan mal pensamiento, pero todo era predicar en el desierto y majar en hierro frío” (Quijote, II 6).

Víctor Bustamante Cañas sigue en la línea de su quijotada consistente en denunciar el abandono y deterioro del patrimonio arquitectónico de la ciudad, un hecho que se presenta ante sus ojos y él nos devela pero que –¡Ay, dolor!– no tiene reversa porque el daño ya está hecho y tras edificios demolidos nada hay qué hacer.

El turno es ahora para la emblemática carrera Junín que él y Luisa Vergara con sus cámaras recorren en la compañía del arquitecto Luis Fernando González que paso a paso les va mostrando el camino de un Junín que antes era y ya no es.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

Jairo Osorio dijo...

Víctor, quise comentar mi irá con este tema, en tu blog, pero no me abrió. Así que puedes publicar estas breves palabras tú mismo, allí.
De acuerdo con todo. Desde que recuerdo, desde que tengo memoria, cada alcaldito se entretiene, para robar, seguramente, con la "remodelación" del pasaje Junín... Hasta el simpático de Alonso lo renovó. Ahora, este peludito que llaman "alcalde", también le dio por "renovarlo". El problema es que queda la misma callecita inocua, infeliz, que vemos ahora. No tienen imaginación, estos administradorcitos locuaces, para intervenir otros parajes. Prado, por ejemplo. Lo sueño como un gran distrito turístico, a la altura de las grandes ciudades del mundo. Pero, no. Estos bobos de aquí no son capaces de construir nada memorable... Ay, Víctorcito, querido, que vamos a hacer con tanta ave rapaz en esos cargos, con tanto "urbanista" chimbo, con tanto montañero alelado... con tanto ladrón incapaz.

Abrazo, que circule mucho tu queja. Saludos al arquitecto González. No sé qué dice en el vídeo, todavía, pero lo aplaudo...

Anónimo dijo...

"Distingo" a dos Señores con el nombre Jairo Osorio. Estoy casi seguro que ese comentario no pertenece a ninguno de los dos conocidos o que "distingo".
Algo desagradable su comentario y más cuando aplaude algo que no conoce, no ha leído. begow.

Gonzalo Medina Perez dijo...

Víctor: En nombre de muchos dolientes de nuestra ciudad, muchas gracias por la noble tarea que adelantas. Sigue adelante. Un gran abrazo.

Ajara dijo...

Conmueve, pero a muy pocos; que fueran ruinas, como lo hizo el romanticismo, la celebraríamos, pero no; el abandono y la omisión, lo que producen es repugnancia; las pobres administraciones han sido expertas en cosmética, y en repetir consignas en esa misma línea, pero eso de la memoria, no cabe aquí, en esta ciudad "local, y chata y roma" como lo anticipó De Greiff.


Cordial saludo,

Lassie dijo...

Entre más conozco los humanos, mi papá no deja tener perros

JcB dijo...

Hola Víctor,


Cordial saludo, excelente trabajo, muy buena edición y el profesor Luis Fernando González estupendo como siempre. Es un extraordinario trabajo sobre un bello lugar como Junín.


Un abrazo y déjese ver.


GG dijo...

Para quienes tuvimos la suerte de vivir el Medellín de los sesenta y setenta, esta reseña suya duele. Porque no solo es Junín, Víctor, sino todo el Centro, que no se debió tocar nunca. Cuando veo la casa Barrientos, así restaurada y conservada como está, pienso que la decisión de conservarla fue el resultado de algún remordimiento por haber permitido que toda La Playa (cien o más construcciones incluso más bellas que la Barrientos) terminara como ha terminado. Los centros de las ciudades son en todo el mundo la síntesis de un pasado, el resumen de un recorrido histórico plasmado en manifestaciones arquitectónicas que cuentan cosas, costumbres, grandezas y miserias vividas por la colectividad, pero aquí se resolvió, por aquellos que en mala hora investimos de autoridad, acallar esas voces de las cosas (de las calles, de los edificios, de sus puertas, ventanas, balcones y aleros), todo en aras de ese mercantilismo destructor que ha sido dueño y señor de esta sociedad nuestra.
Me tomo el atrevimiento de transcribirle un poemita que hace ya años le escribí a la calle de Junín, por allá cuando empezaba su franco deterioro.

Calle de Junín

Es la calle distinta que nos lleva
a todas partes y a ninguna parte;
la calle siempre vieja y siempre nueva
donde suelo en mis sueños esperarte
y olvidar que te espero, distraído,
frente a la escasa luz de una vitrina,
pensando en estrenarme aquel vestido
demodé, que ya nadie determina.
Calle que nos resulta un laberinto
de entradas y salidas bienhechoras,
de ritmo irregular, siempre distinto,
según sean los días y las horas.
Calle donde te olvido y te recuerdo
y te vuelvo a olvidar entre el gentío
que pasa, en el que yo también me pierdo.
Calle de luz y sol, de lluvia y frío,
que lleva en su torrente la osadía
de vivir, de luchar y de otras cosas
sin importancia o de mayor cuantía.
Lleva, a la par que gentes bondadosas,
caballeros de industria, vividores,
el petardo, el parlache y el venablo,
que todos de Junín son moradores.
Calle que olvidó Dios y cuida el diablo.

Nota.- Víctor, lo de "entradas y salidas bienhechoras" lo digo, porque cuando estudiaba y me atrasaba en los
clubes del Almacén Derby, torcía por el pasaje Junín-Maracaibo (tal vez el primer pasaje que tuvo Medellín), para poder demorar un tanto el pago.

En todo caso, Víctor, le renuevo mis felicitaciones-

El griego Peri dijo...

Hay que nombrarlo a usted don Víctor para la alcaldía de Medellín, para que sin maquillaje la transforme en seis meses y haga de nuestra ciudad un PARAÍSO TERRENAL, es tan facilito y sencillo como criticar canibalmente. Pienso que ese señor Jairo Osorio, podría ser Secretario de Gobierno y en general, sacar de los comentarios de tanto ingrato que destruye y nada hace, el resto de su gabinete.