viernes, 6 de abril de 2018

Librería América. 59 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico

Don Fernando Navarro - Director de la Librería América ( Babel)
.. .. ..

59 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico:

Librería América

Víctor Bustamante

La nueva y pobre configuración actual del Centro de la ciudad continúa a ritmo categórico, descuidado y torpe, a precios patrimoniales e históricos exorbitantes, donde no se avizora ningún plan serio para salvaguardar lo que aún queda de lo que ha sido el aporte desde diversos campos como la arquitectura, la música y la literatura impresos en el corazón mismo de sus edificios, de sus casas, de sus calles: puntos de referencia. El Medellín donde se podía ir a cine o a buscar un libro, visitar la retreta, marchar a los cafés: era la socialización y el encuentro, la conversación y el humanismo, eran la caminada y la exploración cotidiana con la certeza de vivir otra atmósfera. Ya desaparecidos los teatros sin ningún reclamo, los cafés extinguidos sin reato, ahora continúan en ese ritmo escabroso el ocaso de las librerías. En este caso la extinción y cierre de la Librería América.

La calle Boyacá siempre estuvo marcada por las librerías, ya que en la esquina de Carabobo frente a la casa donde vivió Atanasio Girardot, Carlos A. Molina quien dirigía la revista literaria La miscelánea, regentaba la primera librería que hubo en la ciudad. También en esta calle existiría la librería de Emilio Silva comerciante español, que vendía vinos españoles y cigarrillos importados de La Habana. También estuvo en la misma calle la Librería Chávez y hace unos pocos años, dos, 2016, cerraron la Librería Científica, contigua a la América. En 1914, en el Café El Globo donde se topaban los Panidas para su tertulia, Pachito Latorre dirigía su librería en el mismo lugar, frente a la puerta del Perdón de la Candelaria. Así la promocionaba en los diarios: “Biblioteca El Globo. La mejor de Medellín. Mil ejemplares casi todos nuevos y todos limpios y en buen estado. Obras científicas, viajes, novelas, historia, poesía etc., etc., de los más connotados autores. Tenemos el gusto de ofrecerla al público y muy especialmente a las damas de esta Capital. Boyacá, nros. 208 y 210 (Edificio Central)”.

Boyacá, que fue la calle Real, con toda la significación que daba se ha perdido y, aun con su nombre actual, que rememora un hito histórico, la Independencia, está ahora asediada, absorbida y, aún más que empobrecida por los parasoles multicolores de la economía del rebusque. Sabemos que las personas deben sobrevivir pero, a un costo alto, se apoderan de las calles y aceras, copian el modelo sin estructuras de la prostitución, que es la disculpa más a la mano. Es más, de solo 10 prostitutas que había todas comandadas por Mabel, se pasó en poco tiempo a quince mil mujeres que regentaban su propio cuerpo como su propia registradora en 1930, hasta la proliferación de hoy.  Aún no había escrito Benjamín: “Los libros y las prostitutas se han amado desde siempre con un amor desgraciado.

En esta dirección es necesario mostrar el ámbito de lo que es hoy esa calle perdida, arrebatada al comercio normal, por el comercio informal, con su batiburrillo de música y de cine pirata con pornografía a la carta que amerita para algunos llamarla la Calle del Morbo, gafas baratas; todo copiado y sin licencia, con los parlantes de los vendedores de pomadas de Coca y Marihuana a todo taco. Y eso que no he hablado de los puestos de libros de segunda y las últimas novedades pirateadas para los gustos del transeúnte ocasional.

Este tramo de esta calle es una página llena de historia que debería leerse cada que la caminamos o la doblamos hacia otra esquina. Es cierto, estas calles son las páginas de un libro que se llama Medellín, pero esa historia no la leen ni los apurados vendedores del rebusque que almuerzan clavados a sus puestos. También esta calle, al ser planeada como peatonal, fue engalanada con materas y sus respectivos arbolitos que le daban cierto paisaje con carácter de tranquilidad, lejos de los autos, aunque pronto sufrió el proceso lento de la llegada de vendedores ambulantes que se apoderaron de ella, dejando como muestra su estado actual, hacinado, deplorable y sucio.

Hay una reflexión que, en Memorias de un librero, entrega don Rafael Vega Bustamante, “En los años cuarenta del siglo XX ocurre un cambio generacional en las librerías. Cierra definitivamente la Librería del Negro Cano y abren casi simultáneamente sus puertas dos establecimientos que permiten la continuidad de la tradición librera: la Librería América, fundada en 1943 (sic) por don Jaime Navarro y la Librería Universal, después conocida como Librería Continental, fundada en el mismo año por don Rafael Vega Bustamante”. En esta certeza su autor da a entender que en  ese momento debido a un cambio generacional, la anterior concepción sobre la administración, el manejo y mercadeo de una librería había sufrido un menoscabado donde era necesaria una nueva actitud frente al negocio de los libros.

Al frente de la Librería América existió el Restaurante Panamá, todo un sitio de encuentro luego cerrado, para abrir la callecita interior que conduce detrás de la Candelaria hasta el brazo perdido de la calle Colombia. En la esquina de Boyacá con Junín  perdura  ese signo de la riqueza y de la moda textil: Fabricato, donde su primer piso ha sido convertido en la obcecación de los vendedores callejeros. Esta pequeña historia ahora perdida entrega una calle Boyacá convertida en una de las calles perdidas, emasculadas del Centro, y cuando digo perdidas es por algo incontrovertible, es una calle donde se perdió toda génesis de autoridad y donde es evidente la expresión máxima de lo que somos: la desidia. Allí a plena luz del día sale a flote el Medellín de la economía del rebusque y de la piratería, del cine pornográfico, cd de música y librerías de segunda donde nadie ve la subcultura de la bazofia que ha germinado allí con la aquiescencia de los encargados de preservar un Centro vivo pero de no de vivos. Esta sola calle, en este tramo, es la expresión inexpresable, indigente y maltratada de lo que es hoy.

Pero ahora es el presente, a lo que ha llegado Medellín, al perder un hito significativo con el anunciado cierre de la Librería América, fundada por Jaime Navarro en 1944.  A don Jaime le gustaba la historia y le gustaba leer libros sobre acontecimientos mundiales. Allí, al mismo tiempo, junto a los libros trabajaba un experto en arreglar máquinas de escribir de cualquer marca ya fuera Underwood, Remington o Royal, para dar más rentabilidad al negocio.

Luis Fernando Solórzano autor de Mitologías y creencias populares en Colombia, a quien el escritor, asiduo a la Librería América, Hernando García Mejía, le escribió un ensayo, también trabajó aquí hasta que le dio por abrir una librería pero sin ningún éxito y además murió muy joven. Pero lo recordamos cuando afirma, “que el  mito es universal, su base es la producción de fantasías, a veces poética e inverosímiles, interpreta un sueño o una pesadilla colectiva de misterios miedos o encantos sobrenaturales, sus protagonistas son monstruos o seres fantásticos, ante los cuales el hombre es impotente “.

Y como si fuera poco añade, “El Mohán: Es un mito de las aguas, pero se le encuentra, sino en el río grande de la Magdalena. Su única privacidad consiste en seducir y raptar campesinas que se han entrado a  la pubertad, para lo cual toma figura de joven apuesto y audaz. A veces siempre, la muchacha raptada, aparece cuando menos lo piensa y en su casa ya no la esperan, hecha toda una madre”.

También trabajó en la Librería América, Luis Fernando Estrada, autor de un libro de cuentos, Gatomalo, a quien don Fernando considera aun con alta estima y a quien elogia por su cultura.

La oficina de don Fernando Navarro la presiden varios cuadros, entre ellos una copia en blanco y negro de una pintura, El taller del Maestro  de Francisco Antonio Cano cuyo original su padre había comprado en Bogotá, junto a La mula del mismo pintor. También, como coleccionista, le compró varias obras al maestro Pedro Nel Gómez. En su oficina, además, hay dos fotos de Melitón Rodríguez; una en la Playa con El Palo, con la casa de sus bisabuelos. Hay otra foto donde se nota la esquina de Junín con La Playa y el puente, réplica del estudio donde trabajaba su arte el maestro Cano. También hay un retrato a color de don Fernando pintado por Renier Jaramillo La librería también la visitaba el pintor León Molina. En la pared cuelga una evidencia inesperada, un cuadro con la mención de parte de la Secretaría de Educación Municipal por haber participado en agosto de 1945 en la primera Feria de Libro de Medellín.

Hubo un tiempo, 1970, en que el negocio de las librerías prosperó de tal manera que la Librería América abrió dos sedes alternas una cerca de la esquina de Boyacá con Bolívar, Librería Don Quijote, y otra en la misma calle Boyacá en dirección a Junín, Librería América 2.

Aquí entró Pedro Nel Gómez buscando libros de mariposas porque le encantaba el color de ellas, a esta lugar entraba el maestro Jorge Cárdenas,  era cliente el crítico de literatura Rene Uribe Ferrer, Álvaro Restrepo, Alberto Aguirre, el doctor Joaquín Vallejo, Jorge Franco en sano juicio autor de Hildebrando, también asistía allí don Conrado González. Una vez frente a su vitrina miré los dos tomos de Bedout con pasta de color verde preparados por Benigno Gutiérrez, con la obra de Carrasquilla que nunca he adquirido a pesar de mi devoción por el maestro. Aquí una tarde de 1975 mi padre me ha regalado las obras de Marcel Proust, mi escritor preferido, así como diversos libros de cine e historia que aún guardo.

Los libros más vendidos en la Librería América han sido la Biblia, El Quijote, los clásicos Platón, Aristóteles y libros técnicos que son muy costosos. En un diciembre, recuerda don Fernando, con permiso de  su autor Agustín Jaramillo Londoño, la Librería América imprimió en la Editorial Bedout, El Testamento del Paisa, con el propósito de regalárselo a sus compradores más asiduos.

El negocio de los libros ya no es viable, antes se importaban libros de España y de Argentina, el asedio de internet, los libros piratas, la falta de lectura en el país donde se lee menos de un libro al año quitan rentabilidad. Además los clientes prestan más énfasis a las empresas editoriales que a las librerías. Don Fernando lleva cincuenta y cinco años en la misma actividad todos los días, lo cual le causa monotonía pero le alegra la llegada de los clientes buscando algún libro para leer.

Cuando desaparece una librería ya no es posible asistir a buscar un libro, para viajar, aprender, fantasear. Y saber que los libros contemporáneos ya no llegarán  allí como si se tratara de un puerto ilusorio para que los viajeros inmóviles, soñadores, curiosos y pensadores, para los que viajan a través de sus páginas adquieran cocimiento y se sensibilicen. Pero en el fondo la desaparición de las librerías del Centro son la expresión misma del paso del refinamiento al analfabetismo cultural de los nuevos habitantes y dueños de las calles, a quienes no les va a interesar un libro; así ellos hayan su correlato en las personas que deberían velar por mantener un Centro digno, desde abajo en el rebusque y sin historia se tocan con quienes son los encargados de vigilar y preservar la ciudad y su paisaje, hermosearlo.

No sabemos si Medellín aun es cultural en su vida cotidiana ya que aquí se ha degradodo el acceso al conocimiento, aquí comienza la catástrofe cultural al abandonar el Centro y su historia, y entregárselo en una bandeja sucia a los actuales dueños y habitantes, a lo que es hoy una expresión miserable de comerciantes de segunda, de jibariaderos con su caramelos venenosos, de putillas con labiales chinos de poco precio, de casinos y de parqueaderos y de pensionsitas de ocasión que ya abundan más que las librerías.

Esta destrucción, este abandono, esta baja colonización por goteo a las calles y a sus lugares emblemáticos son una larga historia de descuido y mentira.









10 comentarios:

Fadduil Alzate dijo...

El deterioro del centro de la ciudad,se inició con la destrucción de valiosos patrimonios arquitectónicos localizados en el Parque Berrio, la apertura de la vía Ayacucho-junín hacia el parque anterior; la demolición del Edificio Gonzalo Mejía; la construcción de la avenida Jorge Eliécer Gaitán(Avda. Oriental) por no agregar más demoliciones. Con la derruida de lo patrimonial, al tiempo se comenzó un deterioro social, el cual ha arrasado el sector, no solo en lo arquitectónico, es a la vez en la civilidad. Lo ideal es que este mensaje Víctor, nos alimente la sensibilidad por recuperar ese espacio abandonado, desde la tarea ciudadana y de la administración pública.

Gustavo Alvarez Gardeazabal dijo...

a evolución de los pueblos ha ido de la mano de la información.Ahora vivimos la locura de los nuevos medios y mientras ya no se consiguen radios, y de AM menos,se siguen encontrando libros hasta de segunda,como en Boyacá entre el antiguo Parque Berrío y Junín.Ahora todo se ve en la pantalla, del tv o del smart ,hasta los libros que según los libreros,ya no se leen y según escritores como Gardeazábal,-solo los compra una ilustre minoría-
muy bella tu nota sobre La América.
aspiro acudir a la Fiesta del libro en septiembre a trastear los huesos de Carrasquilla para el mausoleo que le construyen al lado de Isaacs y para presentar LAS GUERRAS DE TULUÁ ,un divertimento menor.De pronto nos vemos.
cordial saludo

Luis Guillermo Alvarez Alvarez dijo...

Es que en Medellín la gobernanza fue sustituída por la negocianza, convertida la ciudad en una ciudad de pasarella, y sus gobernantes en realty vedeths.

Porque no son ciudadanos de la ciudad ni siquiera transeúntes o habitúes. Son pasajeros que se comportan como inmigrantes.

Convertida la ciudad en el territorio del desarraigo, muere el sentido de pertenencia y pertinencia. y comienza a abundar los territorios "no lugares", como la calle Boyacá que magistralmente describes.

A ello agréguele el sentido utilitario del paisa. Don Gonzalo Mejía subastó el predio del demolido Teatro Junín por mero utilitarismo, y ahí comenzó la debacle de la memoria arquitectónica, la demolición del patrimonio.

La puñalada mortal del deterioro del centro, además del taponamiento de la quebrada Santa Elena desde el teatro Pablo Tobón Uribe hasta Palacé, lo catapultó la construcción de la avenida Jorge Eliécer Gaitán (Av. Oriental), para su majestad el auto, que fue como el baculazo a las sucesivas demoliciones no solo arquitectónicas, (Teatro Junín: edificio Coltejer-La Playa con Junin; Palacio Arzobispal: Ed. Vicente Uribe Rendón-La Playa con la oriental,...), también de comportamientos y valores, la ética y estética sustituidas por mero mercantilismo. El gusto por la lectura cambiado por el gusto por el dinero. Casinos a cambio de librerias, es lo que vemos hoy.

Respaldo ese clamor por la defensa de lo que queda de patroimonio, denunciando la desidia de los gobernantes de la ciudad.




Adonais Jaramillo dijo...

Otro desgarramiento que sufre el centro la noticia oficial del cierre de la Librería América, aunque el cierre de hecho, lo había realizado la Administración Municipal al permitir que toda la informalidad se tomara ese espacio

Jaime Rico dijo...

Amigo Victor lei vi el articulo sobre la Li reria America y don Fernando. Excelente me parecio. Da mucha tristeza ver como se exti guen sitios tan importantes como las librerias tradicionales. Ese final yo lo veia venir como situacion logica del deterioro tan tremendo que esta pasando en esa calle y me duele porque don Fer ando asi como su extinta libreria es un verdadero Quijote de los libros. Era la unica libreria en Medellin que le vendia mis libros...Cordial saludo desde San Jose de Costa Rica...

AsdruVal dijo...

Excelente. Se van..se van...
Saludos

Juancb. dijo...

Hola Víctor:


Genial entrevista.


Un abrazo

Omontenegro dijo...

¡Vaya!

¡Qué bueno saber de tí!

Si por Medellín llueve... en Cali no escampa...

Abrazo hermano ¡Adelante!

Orlando EMR

0C dijo...

Buena crónica sobre Boyacá, la Librería cerrada, el pasado del Medallo que se evoca con añoranza en tu Amábamos tanto la revolucha. Pero parece que esta será una inútil lucha, porque la ciudad y su territorio tiene dueños, y estos hacen lo que les dé la gana con su espacio, y el Estado solo espera dinero en sus arcas para repartir entre sus corruptos empleados. El vicio, la piratería, la prostitución, el crimen, la corrupción, el desorden, la anarquía y todos los demás adefesios forman parte ya inalienable del homo colombianensisantioquensismetillinensis.

ACR dijo...

Acuso recibo y lectura. Muy buena crónica, muy amena y rica de leer. Lástima que tengamos que ser testigos del declive de la Librería América, donde no olvido que uno de mis hermanos, que fue mensajero allá tal vez un par de años en su juventud, siempre se gastaba parte de su sueldo en libros. Algunos de ellos aún los conservo, como heredera de la biblioteca familiar. El primero que compró fue El testamento del paisa, de don Agustín Jaramillo Londoño, que desde el día que llegó a la casa se convirtió en el libro más amado, como una especie de biblia ante la que todos caímos redondos, ja, ja, ja. Tengo especial afecto por todas las librerías, un negocio que siempre me hubiera gustado tener, pero al que nunca llegué, y ahora menos.