miércoles, 11 de abril de 2018

Angela Penagos, la Juglaresa


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Ángela Penagos, la Juglaresa

Víctor Bustamante

Ser poeta es una de las más arduas tareas del escritor ya, que en sus palabras, se expresa lo más personal de su escritura, así como sus devociones y su desasosiego. En la poesía no hay ninguna mediación sino que, quien escribe, de una vez expresa lo inexpresable, solo así se accede a su mundo y nos lleva a él; al escribir, perdura en su tarea. Escribir bien es su detalle, su asombro y ese asombro y esa perseverancia se comparten al leer uno de sus libros. Ser poeta, es ser honesto y ético en todo el sentido de la palabra. Un poeta no miente, un poeta eleva la palabra a la summa de sus deseos de proceder en una escritura letal que lo posee, y, desde su lejanía, nos habla. Se es poeta, pero de otro lado no se puede mentir. Las palabras fluyen como el agua fresca en una tarde de verano. Las palabras se suceden y, al apropiarse de ellas, quien escribe, se expresa y establece un diálogo con ellas. De ahí que la poesía sea un puente, circunstancia y enajenación de los sentidos, apropiación y cercanía. Así la poesía.

Lo anterior para constituir la circunstancia de que en Medellín hay una verdadera eclosión poética y, en ella, algunas mujeres establecen su escritura. Muchas veces no se escribe sobre ellas, muchas veces accedemos al desalojo y al olvido. Considero que es un merecimiento escribir y, a más de eso, en un medio tan cerrado, al atreverse a apartase de la vida normal, buscar el refugio de las palabras y compartir con los otros contemporáneos es un acto de fe. También es una manera de acceder a las preguntas personales, y, de esa manera, a mostrar su escritura, por esa razón la poesía femenina en la ciudad debe ser reflexionada, es un merecimiento, es un diálogo: poesía y cercanía, palabras y lenguaje. O escribes sobre ellas o las olvidas. Y al olvidarlas no sabes que existen te quedas solo en el comienzo,en la no lectura.

Precisamente el primer libro que he leído de Ángela Penagos ha sido el último publicado, La Flor de Arizá. (2016). En él se encuentra la plenitud de la mujer que habla del deseo, del eros vivido y presente, lejos de la queja de algunas poetas en perderse en  la servidumbre de la victimización del hombre que anda en pos de ellas y las mira con la certidumbre del placer encontrado como refugio y oasis. En cambio Ángela disfruta y lo exige, lo venera y lo salpica en sus poemas. Por esa razón hay totalidad y presencia, hay eso que llamamos confianza en su ser, en vivir y sentir no en padecer y quejarse. Pero también hay nostalgia que es la perseverancia del poeta al recordar a su madre y la bicicleta guardada como sinónimo de que la vida deja de lado ciertos ambientes. Hasta se deja seducir por la clepsidra que tanto ha poblado el mundo fantasioso de algunos poetas.

En ecos de marimba (2012), hay cierto acercamiento a lo social pero sin perder la poesía su vuelo. Hay poemas sobre las comunas, sobre las chicas que entretejen allá su dolor y su representación, así como su legado de crueldades y su trasegar. La poesía los escribe y describe sin pudor pero con cierta cercanía que da al estremecimiento de saber que ese tipo de personas y sus realidades existen. Pero también la poeta regresa a su yo lleno de gozo, así sea a insistir en sus perdidos reclamos, en la lasitud que deja el vacío de quien se va. Ecos de marimba, como su nombre lo señala, es el recuento de algo que en ella pervive como es la figura de una niña negra que le susurra a su oído sus condenas. El poema que más me llaman, la atención es “La casa de Belén”, porque allí en ese espacio vital, y somnoliento a veces, trascurre la vida de ella que aun recibe y posee las nostalgia como uno de los dones de la escritura.

Silencios del mándala (2008) aqui hay una exploración poética por el lado de ese símbolo tan presente en Cortázar que abrió unas nuevas puertas a cierta percepción. Hay un poema dedicado a Óscar Wilde, aquel que fue condenado y dejado de lado por a moral victoriana pero que en su talento aún pervive. También hay epígrafes de diversos escritores. Aquí la poeta se acerca a su familia, a sus asuntos cotidianos y no quiere dejarlos pasar de largo. De ahí que las diversas circunstancias de su discurrir quiere describirlos, reflexionarlos, decir algo sobre su presencia, sobre la inmanencia de saber que en este mundo que ella habita hay algo que la azora. No dejar que esos detalles pasen, que, así mismo, en esas personas que lee, en esas motivaciones que la llevan a recorrerlas al decirle algo en un poema las vuelve valiosas por ese poder de convocación que ella misma ha ideado para que personas, lugares, colores y circunstancias merezcan un puñado de palabras. También, a través de los diversos epígrafes, hay cierta actitud de indagación, cierto énfasis en mencionar a los escritores que la acogen a través de sus poemas; muchos de ellos seguramente son una presencia en ella misma.

Umbral del Ángel (2009). Llevada de la mano de Rilke quien aparece en varias partes y en varias alusiones en su libro, y, a quien, ella le realiza un homenaje, al hacerlo presencia en su poesía. Siempre me ha llamado la atención de Rilke por los ángeles no como una memoria religiosa, sino como la certeza que lo conjuga, que lo llena de un mundo fantasioso que puebla su absoluta sensibilidad. Además, en este libro el mejor de la escritora por la pulsión, por la permanencia en la interpelación de la poesía,  también reconoce a diversas mujeres como Meira del Mar, Ethel Gilmour, a la lejana Marga López, y a Margarita Yourcenar; mujeres talentosas que le han servido su trampa, y su dedicación en el camino profundo de las letras y de la pintura y, en al caso de Yourcenar, en el prestigio de su talento y de su firmeza en sus reflexiones y novelas.

Mándalas y ángeles constituyen un mundo ilusorio de la escritora en regocijo perpetuo, alusión y refugio. Además del tema del ángel, emerge el amor por su madre, una presencia fuerte y un tema que se filtra en sus obras y es la llamada del amor como ella lo concibe desde la dejadez, pero también desde la integridad que otorga el saber que muchas veces también reclama la ausencia en esos momentos llenos del goce, de la suprema presencia, y que a través de su escritura recobra.

En síntesis, Ángela impregna de poseía todos los momentos de su existencia. Así mismo ha decidido hallarse en esa función y, sobre todo, la de saber que así como ella muestra su voz, también con ella hay otras mujeres que establecen una determinada contemporaneidad. Que no pernoctan en el silencio sino en la acción, en la escritura sin quedarse calladas sino en buscar en la memoria aquellos instantes a través de los cuales ella misma se ha decidido por esa labor, que es nuestro grato ensueño, escribir, pero no como una costumbre sino para mostrarnos su sensibilidad y, así mismo, ocupar esos lugares que hace días ciertas mujeres han dejado de lado pero que ahora regresan con su poesía.



1 comentario:

ektorh dijo...

ESCRIBIR POESIA ES UNA FORMA DE HA.SER NHACER EL POETA QUE VA MAS ALLÁ DE LOS POEMAS H.H, H.BOTERO