jueves, 12 de julio de 2018

Programación / 7 Festival Alternativo de Poesía de Medellín



 ---

PROGRAMACIÓN

7 Festival Alternativo de Poesía de Medellín

14 de julio, sábado
Inauguración.
Lectura de poemas de Olga Elena Mattei
Harold Alvarado Tenorio, Invitado especial
Presentación de la revista La Musa Sonámbula
Panel: Gustavo Zuluaga, Pablo Quintero, Mario Sánchez / Víctor Bustamante
Lugar Café Rojo 7 p.m.

16 de julio, lunes
Conversatorio con Harold Alvarado Tenorio
Lugar: Este lugar de la noche, 7 p.m.

17 Julio, martes
Julián Osorio, Jandey Marcel Solviyerte, Deiby Ríos, Duván Carvajal, Jesús Guzmán Carrascal, Hernando Hincapié Roldan, Rocío Díaz.
Lugar: Este lugar de la noche, 7 p.m.
...
La Buerta de los Poetas, Citibundas e Inkside Poesía
Andrew Gil, Luis Fernando Gil, Carolina Vásquez, Diego Alexander Gómez, Theo M, Camilo Oliveros, Marcela Atehortúa, Mauricio Rámirez, Andrés Calle, Norvey Mazo, Robisón Paniagua, Jhony Gallego.
Presenta: Andrés Bustamante
Lugar: Ambrosía, 7 pm

18 de julio, miércoles
Karol Hernández, Grupo inkSide: Deiby Rios, Duvan Carvajal, Julian Osorio. Miguel Ángel Morales, Alba Luz Cano, Nelsy Restrepo. Luis Carlos Sinitave, Juan Carlos Zuluaga, Ramiro Hernández.
Presenta Nena Toro
Biblioteca Comfenalco Itagüí, 4 pm
Teléfono: 281 81 00. Dirección: Carrera 57 A N° 63 - 171 Itagüí
.
Sergio Guardo (argentina), Amador Manzano (Venezuela), Abraham Umbarila, Rosalba Salazar, Dariela  Espinosa (Sincelejo), José Bedoya poeta (La Ceja), Gloria Judit López.
Presenta Jorge Luis Álvarez E.
7 Ovejas Cultura- Bar, 7 pm
….

Lucia Agudelo,  Lore Otálvaro, Paula Guarín, Shara Bueno, Héctor Hurtado, Ramiro Hernández, Dyosz Dadho (Perú), Luis Flores Mostacero (Perú), Percy Rojas Palomino (Perú), Josué Vallejos Vásquez (Perú)
Presenta: Carlos Alfonso Rodríguez
Lugar: Ateneo Porfirio Barba Jacob, 7, 30  p.m.

19 julio, jueves
Alejandro Albán, William Eusse, Oscar Botero, Mario Sánchez, Jorge Mejía, Josué Vallejos Vásquez (Perú), M. H. Muñoz, John Edward González, Melissa Cañas Ochoa, Juan Felipe Ospina, Lorenzo Mejía.
Presentador: Carlos Alfonso Rodríguez
Lugar: En este lugar de la noche,  7, 30  p.m.

Homenaje a Bernardo Ángel
Lucia Agudelo, 
"Danza y poesía" de Edgar Rúa, 
Jorge Mejía, William Euse, Yarce Ochoa, Fabio Correa Cadavid, Wilson Obed Córdoba T., Julián Ospina, Enrique Peláez, Víctor Arley Obando.
Presenta Carlos Alfonso Rodríguez
Parque de Bolívar, 5:30 p.m.

Durley Zapata, Jorge Diego Mejía, Esteban Montana. Poetas Solares: Adda, Juan Esteban y Paula.
Presenta Juan Vanegas.
La Casa de los Oficios, 7 pm
Cra 50 # 51a 27 ofi 606 / Edificio Álvarez Santamaría cerca a la Estación del Metro del Parque Berrío.

21 de Julio, sábado
Yarce Ochoa, Fabio Correa Cadavid, M. H. Muñoz, John Edward González, Melissa Cañas Ochoa, Juan Felipe Ospina, Dyosz Dadho (Perú), Luis Flores Mostacero (Perú), Percy Rojas Palomino (Perú), Josué Vallejos Vásquez (Perú), Julio Fabián Salvador (Perú), Juna Carlos Sepulveda..
Casa de la Cultura de Girardota 6 p.m.



  .. .. ..

domingo, 8 de julio de 2018

EL RESCATE DE LA CIUDAD / Darío Ruiz Gómez





EL RESCATE DE LA CIUDAD
Darío Ruiz Gómez

Un editorial del periódico “El Colombiano” recordaba recientemente  la necesidad de  la participación activa de la ciudadanía  en el rescate de una ciudad que como Medellín  ve agredida hoy su población  por  las  distintas formas de administración del miedo por parte de las nuevas organizaciones delictivas  y por lo tanto  con una dramática reducción de los horarios de uso común del espacio público, por la presencia de un transeúnte que reduce su tránsito a ir de su lugar de vivienda al lugar de trabajo, mecánicamente, casi como un zombie, alienado por un sistema de transporte que le impide gozar más tiempo de los horarios dedicados a la familia, a la vida de vecinos. Un espacio público del cual han desaparecido nuevamente las esquinas donde los amigos conversaban ya que quienes lo hacen están sometidos a las balas asesinas. ¿No habíamos vivido ya este horror durante los años terribles de la llamada violencia del narcotráfico  donde a partir de determinada hora estar en la calle era jugarse la vida? El microtráfico  establece sobre los territorios de la ciudad un tipo de dominio que los viejos narcos nunca ejercieron hay que decirlo de manera que el reto del actual Alcalde de doblegar las estructuras criminales no sólo enfrenta  la presencia de estas bandas y su accionar despiadado sino a la vez la recuperación de los espacios públicos como un patrimonio inalienable de la ciudadanía. En este punto hay que señalar el mal terrible que  aún  supone  la demagogia  populista  de estos últimos años y que ha confundido   los valores culturales de la comunidad popular   con el activismo  de estas ideologías a través de la propagación  del odio social, con su paternalismo  indiscriminado hacia  los llamados vendedores ambulantes  y su disimulada justificación de la invasión del espacio público,  de las invasiones, su erróneo entendimiento de la diversidad étnica dando paso a una dañina permisibilidad que evitó plantear  el problema de fondo para una verdadera pluralidad: un nuevo pacto social. Si uno revisa el porqué estos populismos desde Perón a Maduro llevaron a la degradación de una sociedad destruyendo  su economía daremos siempre con el mismo denominador :  los subsidios  que convierten al trabajador en una clase  ociosa.

Lo que  revela  la lucha contra estas otras formas  de violencia  es que,  se está haciendo la individualización  y  judicialización de  cada violento  eludiendo  la  dañina elegía de estos personajes  tal como se hizo en la época de los llamados violentólogos  y  lo está demostrando positivamente la presencia de una nueva ciudadanía que, libre de los nefastos intermediarios del populismo está reaccionando  con la fuerza moral y las argumentos  del vecino agredido que ha saltado a la palestra a exigir  el  derecho a  estar en su calle, a una libre y segura movilidad, a que los grandes problemas de la ciudad sean enfrentados  con la debida racionalidad  y no mediante  la demagogia  del populismo politiquero. Una vez más, como lo está demostrando la masiva asistencia a los distintos eventos culturales  públicos y lo hará en la “Feria de las  Flores”, la ciudad se afirma cuando se rescata el derecho a los recorridos  peatonales,  poniendo al descubierto  que  las barreras que  someten y aíslan  se están dando por parte de quienes a través del terror pretenden incomunicar a comunidades enteras  negándoles  su derecho a la ciudad.

Poemas de Héctor Hernán Hurtado




Poemas de Héctor Hernán Hurtado

SÉ.MI.YA
Si una semilla hablará
Desde  muy adentro    diría:
        
Si encuentra tierra hábil- apta
Estalla,     está ya,
Estalló,   es tallo;     está yo
-                       Está allá-ando…… y acá también, y cree ser
Creé ser,    cree en el ser que creé
Y crece, da ramas,  te derramas en ramas
Y tu voz,  tu bosque va nhaciendo
Tubos que van haciendo,   asciendo esa savia;
Que sábia,  sabía, que sabia
Cómo subía,      cómo,    ,subid entre  ramas, que aún amas,
A disfrutar estos zumos, estos aumentos,  que armas,
Estos jugos, con que jugó por un momento más el presente eterno,
éter.NO,          
      Oí, el poema



RIO A.MAR
Si yo rio voy a mar
Voy hollando mi cauce …
Hoy andó mi cauce, para llegar amar.
Yo a María,
AMa harta,
a Mercedes,
a.Mirían
AmO felia,
Ofelia es mi mama,           Ah mujeres,
Quiero amarte, a mihercules, a júpiter,
A ven usted, a su turno, a domingo,
Y Él lun esfuerzo más para llegar a Marte
Amarte, quién hace arte, quien es harto,,
Quien se hartó,  este es mi arte
Es para mi arte, no para miarte
Es para ti arte;  patearte no
Estás y arte                      Si, estás
éktoR,

Poemas de Shara Bueno




Poemas de Shara Bueno


-Farsa.

El despertar causado por el estruendo de la consciencia en la madrugada,
anuncia la amargura de las horas siguientes.

Ajena a la insensatez que nos compone,
contempla la habitación que tiene impregnada una ausencia,
que es habitada por una quietud que cubre de polvo las cosas.
Es entonces cuando regresa a la vieja casa que la vio crecer
y observa como la humedad se encarga de ennegrecer hasta el silencio.
Aun así,
encuentra consuelo en ese ambiente sepulcral que le acaricia los pesares.

Los recuerdos llegan a ella en la calma del que camina sin esperanza
le sonríen como el niño que desde la ventana del bus la mira,
y la abrazan como ese amigo que llega de muy lejos.

Es ahí,
cuando reconoce que la prisa del ayer no valió nada.
Siempre está tan atenta de lo ajeno
pero tan ajena de lo propio…

Ante sus ojos se halla el camino que tanta pereza le dio recorrer.
Mira la hora y otra vez llega tarde para ver esos ojos abiertos,
ese cuerpo tibio
y esa sonrisa cansada.
La promesa del “mañana vendré temprano” vuelve a romperse.

La cotidianidad de las decepciones hace livianos los días.
No hay rencores,
ese cuerpo pronto se irá a descansar,
pero ella…
mañana volverá a despertar con el desconsuelo.

El vicio de ahogarse en la miseria no se quita ni después de abrir los ojos.






-Nostalgias.


Cómo entender que somos las esquirlas
del sueño que se quebró
al contemplarnos desnudos.

Cómo asimilar que en un parpadeo
puede desaparecer la inocencia,
sin penas
ni dolientes,
solo la oscuridad dando paso a un nuevo sol.

Qué hacer cuando el pecho se agite,
el cuerpo pida gritar
y las lágrimas como un pincel,
recorran el lienzo que no pedimos tener pero debemos amar.

Dónde encontrarnos
sin tantas cortesías,
sin tantas precauciones.
Solos
para acariciar las heridas
y darnos el perdón por rasgar a destiempo las ilusiones,
los sueños de infancia
y las paredes del alma.




miércoles, 4 de julio de 2018

LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS / Darío Ruiz Gómez




LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS

Darío Ruiz Gómez

Inevitablemente todo parece llevarnos a aceptar que la política nos rodea y sobre todo nos compromete y que hasta el anacoreta que se ha escapado a un remoto monte termina por aceptar que si tala un árbol o contamina un arroyo está “atentando contra el medio ambiente”  o sea cometiendo el mayor de los pecados públicos. Esto ya lo determinan no los botánicos sino los políticos. Podemos dedicarnos a leer los textos de cualquier gran pensador para  en seguida  darnos cuenta  que esas  lecciones  morales  sobre ser ciudadano y ser libre nada tienen que ver con la  discreta  vida  a que estamos sometidos  por teorías económicas  al uso de cualquier ministro nombrado no  por sus méritos sino por las componendas de algunos politiqueros apoderados de las instituciones desde las cuales, insólitamente,  pregonan  que  representan  los intereses de los ciudadanos  o lo que es el colmo  que “están representando los intereses de la patria”. Entonces ¿votamos por ellos por puro masoquismo o como una manera de hacer presente nuestro más irónico sentido de la  extrañeza ante la sociedad? Mis experiencias  de lo que supone la  política  se localizan  más de medio siglo atrás al  detectar no los efectos  positivos de ésta  sobre la vida social  sino la  persistencia  del odio desatado en un país por líderes  desalmados. Basta repasar las llamadas “Guerras civiles” para darse cuenta de los extremos de maldad  a que se puede llegar cuando los políticos imponen sus intereses por encima del  respeto  debido a la vida de cada ser humano.  Desde la infancia esto marcó mi anhelo de  lograr  alcanzar  lo que mi papá me recordaba siempre: crecer en el respeto a las opiniones contrarias para no caer en la vulgaridad  propia del fanatismo pero, paradójicamente,  tal como lo comprobamos hoy, la tolerancia  sigue siendo, curiosamente, la virtud  que el fanatismo  considera  una  debilidad inaceptable.  Todavía en esa época oscura y bárbara nos iluminaba el magisterio de algunos grandes humanistas recordándonos la defensa de los grandes ideales de la civilización. Por  lo tanto la cultura de la libertad en la cual me crié supuso la voluntad  de ir creando frente a situaciones  políticamente difíciles, la capacidad de elegir por mi mismo una respuesta en lugar de integrarme a la masa vociferante  con tal de eludir toda responsabilidad ética.

Mi generación aquí y en España conoció los espejismos de la revolución pero de inmediato también  las mentiras  del  totalitarismo, la  tradición del Humanismo Occidental me ilustró  sobre lo que suponen  el horror y la mentira de esas engañosas  promesas  para  tener el valor de denunciar  sin vacilación alguna  los crudas falacias  de los falsos  redentores   de las clases oprimidas,  una tarea de pensamiento crítico a la cual, sin embargo,  se me ha contestado no con los debidos argumentos sino con la difamación, el silenciamiento  de mi obra por parte de la Intelligentsia a sueldo de sus organizaciones. Ver en  Iván Duque  la figura necesaria para responder a las argucias  de los violentos  disfrazados  de demócratas  y emprender el camino de la reconstrucción de un país devastado por la corrupción oficial y el narcotráfico,  fue una decisión racional y una demostración de mi libertad intelectual y no mi contemporización con aquella clase política que, tal como lo he denunciado siempre,  ha degradado en Colombia  la responsabilidad política  de servir a la ciudadanía y  a cuyas prebendas curiosamente se acogen  muchos de estos torquemadas revolucionarios. Crecer dentro del  totalitarismo  y hoy tratar de acomodarse a  las reglas de la democracia  no es un propósito fácil para quienes nacieron acostumbrados a la servidumbre.    

martes, 26 de junio de 2018

El proceso de Kafka descifrado por Guillermo Sánchez / Víctor Bustamante


Guillermo Sánchez (Babel) 2018




-- - --

El proceso de Kafka descifrado por Guillermo Sánchez

Víctor Bustamante

Kafka ha sido uno de los escritores más prestigiosos, a pesar de la oscuridad que lo embarga. Se menciona, se le analiza, se le redescubre, desde diversos puntos de vista, desde el mito, desde la cábala, como quien augura una catástrofe, como quien define una manera de hacer literatura. Se apela a él, como el gran escritor moderno en estos tiempos de locuacidad, se le sitúa como quien presagia el advenimiento del totalitarismo. Borges  lo siente como uno de sus cercanos arúspices de la maldición y, va más allá, certifica que Kafka ya poseía sus precursores. Kundera lo sitúa cerca al totalitarismo y a la asfixiante vida cotidiana. Blanchot lo renueva y lo hace más comprensible, y regresa a él, desde prismas diversos: la oscuridad, la ausencia, la soledad.  Calasso intenta una lectura diferente en estos últimos años, pero no dilucida la esfera de Dostoievski en Kafka y perpetúa la idea de El proceso como algo fragmentario, sin terminar, y añade sobre Kafka: " Es el escritor más importante del siglo XX y uno de los más difíciles", al que hay que leer "literalmente".  “Nabokov nos distrae con un Kafka contándonos una fábula llena de recovecos y enigmas. Pero hay un rastro, que me ha sacudido desde hace años, Canetti, que sitúa el libro más misterioso de Kafka, El proceso, con una historia de amor, inscrita dentro de su obra. Nada de criptografía como se ha intentado mirarla; es más, como definitivamente se la ha determinado. George Steiner ve en Kafka, una conjetura de Memorias del subsuelo de Dostoievski y, que este, como profeta, prefigura el sadismo furtivo, el implacable totalitarismo sobre la vida privada, la burocracia impotente, la pesadilla humana, pero olvidó que Kafka, tan de piedra, acosado por la seriedad y la formalidad de sus lectores, se reía a carcajadas mientras leía el manuscrito de El proceso por la manera como describía a Felice Bauer. También Steiner lo asocia a  Casa desolada de Dickens.

En estos tiempos aciagos, de incredulidad y de muerte del libro según los tecnócratas de la nueva era de las redes sociales, de Silicón Valley, Guillermo Sánchez, tenía y debía llegar, lejos de su ámbito cercano, la posible Praga, ha descubierto y desencriptado el gran secreto: Kafka es un sucesor directo de Dostoievski. Es más, sin el escritor ruso, Kafka con su halo de misterio, incompresible para la mayoría de sus lectores y críticos, no hubiera sido posible. También Guillermo ha ordenado esta obra que parecía irresoluble; todo un rompecabezas, toda una obra inconclusa, pero su relectura, la investigación, la persistencia ha llegado a su fin, ya que Guillermo Sánchez ha descubierto, lo que muchos de sus adláteres que guardaban el gran secreto sin develar de Kafka no lo entendieron.

Pero vamos por partes. El mundo académico, ahíto de simposios, conferencias, especialistas, doctores, traductores, exegetas, hagiógrafos, es poco lo que ha aportado a una nueva relectura del escritor checo. Kafka parece que se ha convertido en esa muralla impenetrable, imposible de saltar, lo han convertido en un escritor misterioso, ininteligible, en un novelista fuera de serie; lo cual expresa su pereza consuetudinaria para intentar una lectura disímil. Año tras año se repiten las mismas ideas, a veces hay una nueva reinterpretación a la luz de nuevos aportes en las investigaciones, pero Kafka permanece ahí a su lado, inmutable y en apariencia sólido, sin entenderlo, como si Kafka fuera considerado por ellos uno de los escritores que presagiaron un mundo con un sórdido camino al caos, y reflexionan de tal manera sus libros, como si fueran las sagradas escrituras de estos tiempos posmodernos y no sé qué otros apelativos.

Por esa razón hay que huir de esos simposios, de esas conferencias, de esos encuentros kafkianos, ya que esos especialistas en Kaffa que hasta lo leyeron con tanto respeto, no han descubierto nada nuevo, sino que matizan las mismas ideas anteriores, retoman conceptos, chalanean con dos o tres ideas ya conocidas sobre este escritor y nunca se han atrevido a redefinirlo: Para ellos es intocable, lo cual es sinónimo de pereza intelectual debido a esa bonhomía que dan los títulos.

Esto debido a que en los últimos años nadie en el mundo académico, y ya es decir algo arduo, ha encontrado un camino preciso para llegar al corazón de las tinieblas de Kafka. Siempre se consideró, El proceso, un laberinto, su magna obra, lo inexpugnable, lo misterioso, lo que no tenía sentido para algunos; lo secreto, el gran misterio. Es decir, ya estaba todo dicho y solo se conformaron en repetir los mismos códigos. A lo mejor repararon en una nueva traducción, en un nuevo testigo que lo vio desde lejos, en merodear como el mismo Kafka antes de entra al castillo. Era como si vieran un gran manuscrito sagrado, algo ilegible que merecía la interpretación e incluso las reinterpretaciones posibles. Como en una gran botica había remedios para las diversas neurosis de sus investigadores, que interpretaban facetas, que cotejaban hasta la saciedad sus diversos escritos, desde el diario, sus cartas, sus novelas y relatos inmersos en una vida cotidiana de  Praga en su momento. Y, a pesar de escudriñar todos esos escritos, continuaba el secreto total. La densidad total, añade uno de sus hagiógrafos.

Luego llegó la posibilidad de leer sus manuscritos, cuando se decidió hacerlos públicos, y el caso fue aún más letal, se maravillaron en conocerlos de puño y letra de su autor como el gran secreto, incluso nunca como Borges ante un manuscrito de Pascal, duda de una palabra que al autor ha borrado y le daría un sentido diferente a un texto suyo. Ellos, los especialistas en Kafka, también miraban las notas, los pies de páginas, pero nunca encontraron el gran secreto. Esos caminos los descubrió Guillermo Sánchez, aquí en Medellín, y por esa razón, por no hablar alemán, por no vivir en Europa, por no ser académico de renombre no se le ha reconocido su gran descubrimiento.

Yuri Knórozov, sin haber visitado México, sin hablar español, descifró la escritura maya, publicó en 1952 sus primeras investigaciones y el mundo científico nunca le reconoció su labor sino veinte años después. Una premisa muy personal lo acompañaba, lo que ha creado la mente humana puede ser entendido por otra mente humana. Knórozov reestructuró las investigaciones iniciadas por fray Diego de Landa, realizadas en 1570, para llegar a sus propias conclusiones. Alan Turing descifró el código alemán Enigma. Champollion es el caso conocido de quien comprendió la significación de los jeroglíficos egipcios, después de una ardua investigación basada en la piedra de Rosetta, en 1882.

En ese mismo camino Guillermo ha comprobado uno de los primeros enigmas de Kafka: la presencia de Dostoievski en su obra, la recorre en sus textos más conocidos y estudiados. Lo más extraño, es que ninguno de los críticos rebajados a meros hagiógrafos, vieron esa presencia que es tan fuerte, que es de veraz la presunción que sin Dostoievski no hubiera existido Kafka, él lo necesitó a través de toda su literatura para poder expresarse. No sé dónde andaba el mundo académico pendiente de interpretaciones desde el psicoanálisis, desde el estructuralismo, desde la sociología, desde el derecho de la mano de aquellos especialistas en la repetición que nunca vieron a Dostoievski en el pálpito de las páginas reescritas por Kafka, porque eso lo fue. Kafka mirado de esa manera es un saqueador de la obra de Dostoievski. Pero ha sido tanto el ecumenismo, que se ha postergado en mantener tanto el otro secreto, que Sánchez les enseñaría que se quedaron mirándolo, analizándolo, leyéndolo, releyéndolo, desde la diversa variedad que las interpretaciones entregan para concluir las mimas tesis desde hace años. Pero ninguno lo relacionó con Dostoievski, lo cual lleva a pensar que los críticos son malos lectores y cuando se meten en el estudio de un autor olvida el resto.

Kafka, siguiendo a Dostoievski, en su novela, quiso ser como él, quiso vivir los eventos con Felisa, y, a medida que los vivía, los escribía, pero también, al mismo tiempo acudía a Crimen y castigo para intercambiar y nombrar, y adecuar a sus propósitos, y de  otra manera, los personajes del escritor ruso, e insertar sus vivencias. De tal manera su novela, más sombría, se convierte en un palimpsesto donde el origen es Crimen y castigo, y lo demás es Kafka escondiéndose a través de situaciones tomadas del otro escritor, y  a través de personas iguales transmutándolas en otras, logra convertir esa obra al apropiarse de ella en sus matices y dejar su experiencia con Felice inscrita ahí dentro de una obra ajena.

Si miramos las influencias literarias en cada escritor, estas son notorias y no son un delito, la originalidad es la tradición misma, ya que la escritura es un diálogo constante. Es visible en Borges, en Baudelaire, en Stendhal, en Diderot, en García Márquez. Cada escritor tiene sus padres y sus pares literarios, ya que estos escritores poseen sus maestros que le abrieron una puerta a cierta sensibilidad que permite que por ahí se cree un sendero. Es conocido el caso de Nietzsche al encontrar en un tendido de libros viejos en la calle, un texto de  Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación,  que lo sensibiliza a crear toda su obra. O Juan Carlos Onetti, frente a una vitrina de una librería en Montevideo, compra Luz de agosto de Faulkner, sale leyéndolo al caminar, sin soltarlo, hasta cuando lo termina y, como una epifanía, se le abre la parte creativa.

Pero Kafka, fue más allá que todos, saqueó abiertamente a Dostoievski y se quedó callado y, a más de eso, sus hagiógrafos nunca cayeron en cuenta. Nunca hubo un análisis erudito en ese sentido, nunca hubo una mente flexible que dejara una pista por donde todos pasaron de lado durante un siglo. De tal manera El proceso se ganó el apelativo de ser denominada,  obra maestra, de expresión de la modernidad y otras cosillas. En la actualidad este tipo de experimentos se le llama hipertexto, que no es más que el saqueo, y la reinterpretación de obras ajenas.

Kafka también hizo con Felice lo mismo que Flaubert con la poetisa Louise Colet, la interroga por carta, ella le refiere su condena, le confiesa sus secretos, sus infidelidades durante ocho años, que estimularon a Flaubert para Madame Bovary, y cuando el libro salió editado, Louise fue a visitarlo, ya que ella misma se sabía la heroína plasmada en secreto, la testigo de esa incuria, de esa manera de socavar con sus cartas y relatos, el matrimonio en Rouen. Pero al visitarlo en París, Flaubert, tuvo la delicadeza de enviar un recado son su valet para decirle que no podía atenderla, que nada tenía que hablar con ella. Kafka, con Felice, después de una larga correspondencia, no quiso casarse con ella, lo cual motivó un libro, El proceso.

Max Brod, su gran amigo y albacea, al recibir los manuscritos de Kafka, quien le ordenó quemarlos, no le hizo caso, los guardó, y al publicar muchos años después El proceso, y ordenarlo a su manera creó una definitiva visión y una escritura Kafkiana, ya que en ese orden se basaron sus exégetas. Lo siguieron como el hilo de Ariadna, sus críticos, y así lo asociaron a la historia de la literatura los arúspices, y al acogerlo en sus entrañas el mundo académico, decidió no apartarse de ahí, ya que Kafka era el mesías moderno, era el mesías sagrado, el indiscutible, de quien no se podía sino interpretar y reinterpretar, es decir, se convirtió en intocable, ya que ese orden de El proceso era solo ese y nada más. Ya pertenecía al canon o mejor decirlo de una vez, era el canon mismo que perdura con su misterio, el orden de sus capítulos, así como los fragmentos de los capítulos que sobraban dispuestos en su apéndice, capítulos que causaban aún más el gran misterio y acentuaban la necesidad de una lectura irrefrenable: nadie sabía dónde situarlos o dejarlos de lado como una curiosidad de feria, como los fragmentos perdidos, acaso como los mismos fragmentos de obras, de una obra perdida. Escritura dejada de lado porque El proceso solo tenía un orden, el otorgado por Brod y nadie más.

O sea, debido a un error de Brod, se creó toda una hagiografía sobre un libro, El proceso, que dio pábulo al misterio y a miles de lecturas con sus reinterpretaciones. Hasta ser Kafka considerado un escritor con un nuevo tipo de maldición. Ríos de tinta, un mar de exégesis, un cumulo de asociaciones, un maremágnum de espías que pretenden ver allí el mundo contemporáneo.

¿Por qué razón Kafka no quemó él mismo sus papeles y dejó a un amigo, como albacea, para que los quemara? ¿A que temía Kafka? ¿A ser descubierto como un alumno, como un imitador de Dostoievski? ¿A que su novia Felice expresara que, al igual que Louise Colet, él la utilizó para poder escribir su novela?

Guillermo, además, de dilucidar la atracción de Kafka por su maestro, Dostoievski, ha encontrado, luego de arduas pesquisas, el orden de El Proceso, para esta labor, su paciencia, sus investigaciones, pero, sobre todo, su intuición, lo llevaron a dictaminar lo que nadie había visto en el mundo cerrado de los administradores de Kafka, no solo que el checo escribía bajo la inspiración y apropiación del escritor ruso, Dostoievski, sino que su obra misteriosa, El proceso, donde sobraban capítulos, donde no se podía concebir otro orden lejos del estructurado por Max Brod, seguía la huella de Crimen y castigo, y así, obsecuente, y con la paciencia del alquimista, es más con la paciencia del que buscaba un misterio, algo así como leer un libro en un idioma perdido o como quien, después de quinientos años lee los pictogramas aztecas, así Guillermo descubrió que Kafka también seguía las huellas de Crimen y castigo y, así mismo, las imprime en El proceso, causando un desastre intelectual muy grande, ya que ha dejado a Kafka sin el misterio que le otorgaron a través de los años sus exégetas ajustados en dictaminar los mismos juicios, las manidas palabras sobre él, incluido ya en el canon, como un escritor sagrado. Guillermo, con esta investigación, da un golpe de alerta investigativo a un mundo intelectual que ha asumido su literatura bajo las mismas premisas.

No sé si con este descubrimiento, que sería mejor decir, un desciframiento, Kafka merece otras reinterpretaciones o su literatura seguirá expresando los tópicos que se han mencionado, eso sí bajo otra mirada ya descubierto el gran misterio. Guillermo Sánchez, al caminar por el sendero lleno de follaje de sus libros, ha descubierto el verdadero secreto del mundo Kafkiano. Seguramente vendrán nuevas interpretaciones, nuevas apologías, que no se dignarán a saber que su secreto ya ha sido encontrado, sobre todo de ciertos escritores a los que aún les gustan los misterios como catarsis para sus alegorías. Kafka, tal vez al querer quemar su obra, sabía que Dostoievski era el gran fantasma escondido que aparecería detrás de su escritura, y quiso borrar las huellas, y esconderse él ahí mismo con sus triquiñuelas, con sus aforismos, con sus indecisiones, pero Guillermo Sánchez ha develado a Kafka.




sábado, 23 de junio de 2018

Emily Dickinson / Un tajo en la mente / Guillermo Saccomanno







Emily Dickinson


Un tajo en la mente

Guillermo Saccomanno


En 1936, Francis Scott Fitzgerald escribía The Crack-Up. En esa nada autocompasiva confesión admitía que el derrumbe de un ser no se produce abrupto, de un día para el otro o, mejor dicho, en un instante. Hay una serie de golpes previos que actúan con precisión subterránea hasta causar eso que uno, de pronto, asombrado, percibe como el crack up. Ahí, en ese texto, que Scott escribe tipeando con un dedo roto, resistiéndose al alcoholismo, y citando el Eclesiastés, dice también que una inteligencia de primera clase es aquella capaz de albergar dos ideas opuestas al mismo tiempo y seguir funcionando. La misma idea, hermana de sangre, pudo haberla leído Fitzgerald en Emily Dickinson (1830-1886). En su poema 99, escrito en 1865, dice Dickinson: “Derrumbarse no es acto de un instante/ sino pausa fundamental. / Los procesos de dilapidación/ Son desmoronamientos organizados (…) La ruina es ceremoniosa/ obra del diablo/lenta y constante. /Sucumbir en un instante/ no es un resbalón, / es la ley de la quiebra”. La idea, más tarde, retorna en su poema 1123: “Una gran esperanza cayó/no se oyó ningún ruido/la ruina estaba adentro (…)/ un no admitir la herida/hasta que aumentó tanto/que toda mi vida entró en ella/ y había abismos además”. No menos desesperada, pero conservando la calma, también escribió: “En extremos de angustia/para el ánimo que se tambalea/ hay una duda de la identidad/que ayuda hasta que se encuentra tierra firme//Una prestada irrealidad/, un piadoso espejismo/ que hace el vivir posible/ suspendiendo la vida”. Si bien es lícito preguntarse si Fitzgerald habría leído a Dickinson, es improbable: su obra póstuma, y toda su obra ha sido póstuma, recién empezó a divulgarse bastante más tarde y habrían de transcurrir décadas hasta que pasara de ser una poeta secreta a transformarse en la consagrada en El Canon Occidental de Harold Bloom. En todo caso, el texto de Fitzgerald debe juzgarse como una mirada afín de la angustia, la angustia que Dickinson habría de mencionar una y otra vez, una y otra vez. Que su desgarramiento cautiva, no cabe duda: “No estoy acostumbrada a la esperanza”, había escrito. Y ese poder de sufrimiento, puede leerse en el poema 425: “Buenos días, medianoche/ vuelvo a casa/ el día se cansó de mí”. En efecto, puede conjeturarse que hay un goce en el sufrimiento. Dickinson no es ingenua y parece admitirlo: “No soltamos el puñal/ porque amamos la herida/ el puñal conmemora/memorias que morimos”. Cuestiones existenciales, por cierto, que en su poder cautivante, habrían de calar fuerte, cruzando tiempo y espacio, en el filósofo rumano Emile Cioran. Así, en sus cuadernos que van de 1957 a l972, los que comprenden su tránsito hacia los sesenta años en París, dos son sus escritoras más citadas: una es Dickinson y la otra  es, nada menos, la mística Simone Weil. Escribe el corrosivo Cioran: “Desde mi antiguo entusiasmo (muy superado ahora) por Rilke, nunca me había atraído tanto un poeta como Emily Dickinson. Si hubiera tenido la audacia y la energía para abrazar completamente mi soledad, su mundo, que me resulta familiar, lo sería aún más. Pero con demasiada frecuencia he dejado de hacerlo, ya fuera por apatía, frivolidad o incluso miedo. He escamoteado más de una vez el abismo, por una combinación de cálculo e instinto de conservación. Pues me falta valor para ser poeta. ¿Será por haber reflexionado demasiado sobre mis gritos? Mi raciocinio me ha hecho perder lo mejor de mí”. A confesión de partes, relevo de pruebas, podría aducirse. Y esta sería la parte de estas consideraciones donde tal vez convenga detenerse en el silencio.

El silencio y el secreto son dos asuntos esenciales en la poética de Dickinson. Su poema 1129 puede leerse como la formulación de su arte, declaración de principios: “Digan toda la verdad, pero al sesgo/el logro está en un circuito/ demasiado brillante para nuestro goce enfermizo; / la verdad soberbia sorprende/ como el relámpago a los chicos (…)// la verdad debe deslumbrar gradualmente/ o todos los hombres se quedarán ciegos”. Estos versos concentran el modo Dickinson de componer que no está lejos de otro escritor que también escribirá “al sesgo”: Chejov, otro integrante de las predilecciones de Cioran. Es evidente, se trata no sólo de la angustia sino también de cómo aludirla sin levantar la voz  y detectar, por una vía en superficie intrascendente de la cotidianeidad, aquellos rincones y subsuelos en los que el alma zozobra. También, ni más ni menos, de modo pionero, Dickinson pareciera anticiparse a las dos ideas contradictorias en apariencia de las que hablaba Fitzgerald y, no tan distante, narrar al sesgo es lo que propone la teoría del iceberg de Hemingway. Hasta aquí, se diría, un sistema de sistema de relaciones, referentes provenientes de la masculinidad.

 Pero el arte de componer en silencio, en secreto, tiene una explicación en Dickinson que no se puede soslayar y adquiere relevancia si se la vincula con la problemática de “el segundo sexo”. Dickinson nació, vivió y murió, casi sin salir de su casa, el domicilio patriarcal, donde encerrada voluntariamente escribió sus casi 2000 poemas que compartiría sólo con su cuñada Susan Gilbert y su hermana Lavinia (al respecto, vale una leída o releída a La hermana, la novela de Paola Kaufman, fallecida a los treinta y siete años). Su humor, siempre afinado, podía ser cruel: cuando una mendiga llamó por ayuda a su puerta, le dio una dirección, la del cementerio. En vida publicó apenas unos tres o cuatro poemas gracias al estímulo reticente del editor Thomas Higginston, un ex militar y pastor, que dirigía The Atlantic Monthly. La poesía de Dickinson lo inquietaba, reconoció. Le provocaba interrupciones en su propia escritura. Y a la crítica responde en el poema 108: “Los cirujanos deben ser muy cuidadosos/ si empuñan un cuchillo./ Bajo sus finas incisiones/ se agita el culpable: ¡la Vida!”. Dickinson se opone a la prosa, la considera “prosaica”, le otorgaba un sentido domesticador y, por qué no, doméstico. Los sentimientos podían expresarse de otra forma, en su poesía tan caudalosa como contenida, piezas por lo general cortas que visualizan dos lados de lo cotidiano: lo gótico y el zen.

 Descendiente de una dinastía calvinista, hija de una familia tradicional, puritana y prominente de Amherst, Nueva Inglaterra, obediente de los mandatos patriarcales, podría inferirse que fue la opresión de esa atmósfera la que determinó su encierro y reclusión en su “cuarto propio” como destino. Pero no alcanza como argumento, ya que el encierro, por cierto, no fue tanto fruto del determinismo como electivo y consistió en el vuelco y consagración radical a la escritura, estrategia de liberación y ahondamiento en sí misma. También es verdad: no poco se ha conjeturado acerca de sus idilios con algunos hombres mayores, por lo general amigos de su padre, Edward Dickinson, abogado y político prominente, conectado con Emerson, que respondía al unitarismo, la doctrina del destino manifiesto. Acerca de su madre, Emily Norcross, le escribiría a Higginston: “Nunca tuve una. Supongo que es la persona a quien una acude cuando está en problemas”.

Lo real es que su soltería fue voluntaria. Las dos veces que recibió propuestas matrimoniales las rechazó. Por tanto, en la prejuiciosa sociedad pueblerina la fama de reclusa le valió también la de poeta lesbiana. Su relación con Susan no podría entonces, de acuerdo a los estudios feministas, ser pasada por alto. Y acá se arrima otra clave del silencio y el secreto, que si se la lee con atención, no son ni tan callados ni tan íntimos. Entre líneas y no tanto, las causas de la discreción y el pathos familiar explotan en su poesía. Tanto Emily como su hermana Vinnie habrían sido víctimas de abusos del padre y el hermano. Hay un poema en el que está directamente involucrado el primero, el 713: “Me has dejado, Progenitor, dos legados –/ un Legado de amor/ que bastaría a un padre celestial/ si tuviera Él la oferta./ / Me has dejado confines de dolor/ espaciosos como el mar/ entre la eternidad y el tiempo/ tu conciencia y yo”. Y después, el 1742 que compromete a su hermano: “Yo me encogí – “¡Qué guapa estás!”/ Garra de propiciación – “¿”Temerosa siseó él/ de mí? – Cordialidad ninguna./ Él me penetró – Después a un ritmo artero/ Segregó dentro de mí su forma”. Herida que, desde este punto de vista, no se puede trivializar (y aquí, retomemos, la noción de herida se resignifica), el trauma no ha permanecido en silencio ni es secreto a la luz de los recientes estudios de género, feministas y queer, dejan atrás a Adrienne Rich, feminista pionera, militante de la causa lesbiana, que investigó con obsesión de tábano a Dickinson en los 70, señalando su confinamiento en la escritura como estrategia de sobrevivencia y antídoto contra la locura. No faltan al respecto estudios psi sobre una presunta psicosis de Dickinson. A su vez, la relación de Dickinson con Susan no puede observarse sin tener en cuenta que le escribió nada menos que trescientas cartas, número que sorprende si se piensa que su cuñada vivía en la casa de al lado, separada sólo por una ligustrina.

 En consecuencia, más allá de los elementos de ruptura que destacan su manera de versificar, un vanguardismo en sincro pero antagónico con Walt Whitman (a quien Dickinson leyó escandalizada y con vergüenza), y más acá de su lectura ineludible y su categorización de canónica, la poeta (no la “poetisa”) y su producción exigen revisionar su contexto y la indagación de los aspectos biográficos, datos que la arrancan de la calificación tan cómoda como convencional de “loca en el altillo” y/o “dama blanca” subyugada, aunque lo estuviera, por los abejorros, los pájaros y la botánica. De lo que se trata, ni más ni menos, es del cuerpo y su historia. Tal vez así se puedan leer desde una posición distinta su visión de la naturaleza, el amor, la pasión, la culpa, la angustia y la puesta en tela de juicio de la existencia de Dios Padre. En Dickinson está la gracia de su poema 1755: “Para hacer un prado se necesita un árbol y una abeja, / un trébol y una abeja. /Y ensoñación. / La ensoñación habrá de bastar / si las abejas son pocas”. Pero estos versos merecen ser contemplados, en espejo, por ejemplo, con el poema 937: “Sentí un tajo en la mente/ Como si se me hubiera partido el cerebro. / Traté de unirla, costura con costura/ pero no pude hacerlo encajar.// Me esforcé por juntar el pensamiento anterior/ con el pensamiento siguiente/ pero la secuencia se desenhebró, sin sonido/ como madejas en el piso”.


Una traducción para Emily

No son pocas las traducciones de Dickinson que pueden encontrarse en las librerías locales. Rolando Costa Picazo (edición de la Universidad de Valencia), Delia Pasini (Editorial Losada), Amalia Rodríguez Monroy (Alianza Editorial), José Manuel Arango (Ediciones Norma) y Silvina Ocampo (Tusquets editores) son los responsables. En internet pueden encontrarse, además de diversos estudios de género sobre Dickinson desde la perspectiva feminista y artículos sobre el incesto, también la traducción de Milagros Rivera (Sabina Editorial). Es evidente que las selecciones difieren y también, inexorable, resulta la interpretación de los versos. Podrá verificarse –y con motivo– que cada una de las traducciones propone una Dickinson personal, ajustada a los intereses ideológicos de cada quien, lo cual no es grave. Cuando la traducción es bilingüe, entonces las comparaciones deparan un plus: se encontrará el modo Dickinson de introducir el corte, de componer con analogías y oposiciones, imágenes interrumpidas con guiones, lo fragmentario y su concisión sorprendente. Si bien es cierto que leer poesía traducida, como le decía el poeta japonés al poeta colectivero yanqui en Paterson, el film de Jim Jarmush, es como entrar bajo la ducha con impermeable, cabe otra percepción de lectura: cotejar las diferentes traducciones con un objetivo, vivenciar que las lecturas permiten un paneo de las posibilidades de entrar en una poesía que rompe moldes y, con su potencia, es capaz de atravesar las barreras idiomáticas refiriendo una prodigiosa rebeldía existencial.

06 de mayo de 2018


Cinco versiones del poema 1129 de Emily Dickinson
1129



Toda la Verdad decidla pero al sesgo —
El Éxito radica en el Rodeo
En Exceso radiante para la debilidad de nuestro Goce
La sorpresa soberbia que contiene
Como el relámpago a los Niños se suaviza
Con dulce explicación
 La Verdad ha de deslumbrar muy poco a poco
 O ciegos dejará a todos los Hombres —

Traducción: Amalia Rodríguez Monroy


Di la verdad mas dila oblicua —
El logro está en circuitos
Demasiado brillantes para nuestro endeble Deleite
La soberbia sorpresa de la Verdad
Como el relámpago a los Niños ha de ser mitigado
Con bondadosa explicación
La Verdad debe deslumbrar gradualmente
O todos los hombres quedarían ciegos —

Traducción: Rolando Costa Picazo


Di la verdad entera pero dila sesgada.
El logro está en decirla oblicuamente.
Demasiado brillante para que la gocemos,
Es la verdad alta sorpresa,
Como para el niño el relámpago
Que alguna explicación benévola mitiga.
Que la verdad deslumbre gradualmente,
No sea que quedemos ciegos.

Traducción: José Manuel Arango


Digan toda la verdad, pero al sesgo,
el éxito descansa en un circuito
demasiado brillante para nuestro gozo enfermizo;
la verdad soberbia sorprende
como el relámpago a los chicos,
a quienes una buena explicación calma,
la verdad debe deslumbrar de a poco
o cegará a los hombres.

Traducción: Delia Pasini


Toda la verdad decidla pero al sesgo —
el éxito mora en rodeos
demasiado brillante para nuestro doliente deleite
la verdad soberbia sorprende
como el relámpago a los niños
que una buena explicación tranquiliza
la verdad tiene que deslumbrar gradualmente
o todo hombre será ciego —

Traducción: Silvina Ocampo

https://www.pagina12.com.ar/112720-un-tajo-en-la-mente