lunes, 13 de noviembre de 2017

Cien años de Aranjuez / Hugo Bustillo Naranjo / 55 Patrimonio de Medellín







Aranjuez 100 años con Hugo Bustillo Naranjo

Víctor Bustamante

Por casualidad en la biblioteca de Comfenalco encontré el libro, Nombre español para un territorio lunfardo de Hugo Bustillo Naranjo. Había descartado los informes en los recortes de periódicos que referían un Aranjuez apresurado y otros libros que también lo referían de oídas, es decir, lo mismo que había escuchado en alguna otra parte. Buscaba otras noticias sobre Aranjuez, quería saber más de Aranjuez, solo tenía una imagen de este lugar, no la totalidad, ni el momento de esplendor, por una razón específica, en Medellín la historia se disuelve, se deja de lado.

En el libro se revelaba un Aranjuez inédito, un Aranjuez que palpita, un Aranjuez que deja sorprendido. Y es que Hugo había escrito un libro no siguiendo el paso magro de los lugares comunes, sino que ahondaba en los personajes, en la vida cotidiana que es lo que le da brillo a los lugares. No la solita fecha en que fue fundado, no el evento conocido de que allí en las colinas existió el manicomio, más dos o tres lugares comunes. No, no, como Wells que descarta los lugares comunes por ser la impronta pobre de quien no indaga, con el libro de Hugo auscultaba las calles, así como en algunos caros lugares del barrio. También de su mano, con la cartografía que él ha encontrado, asumí un Aranjuez con una historia, con unas personas que dejan aun perplejo, porque una cosa es referir la misma historia de Las Camelias y otra cosa es saberla por los escritos de Hugo, en la forma cómo ha armado poco a poco esos lupanares, y como de su mano la amamos y armamos, cómo llegan de allí las mujeres, las prostitutas de postín nunca las callejeras, desmirriadas, que han desposeído este oficio de magia, sino las madamas de los burdeles de una Medellín que alejaba esa zona erótica, siempre rosa en el recuerdo, siempre memorable por la calidad de dar su erotismo que obligaba a los sedientos viajeros de la ciudad y hombres de mundo en irse de tour codicioso, a buscar una buena compañía lejos del hogar y de la pérdida del erotismo casero para soñar y vivir allí no camelias al desayuno sino las rosas heridas de la noche. No sé si se deba su nombre a una referencia a la novela La Dama de las Camelias de Dumas pero algo de influencia literaria debe poseer, ya que la ciudad siempre ha sido iluminada por la literatura. Pero también allí en el Bar Acapulco mataron a Lucho Vásquez.

Pero lejos de esas manifestaciones políticas y procesiones que tanto gustan al paisa cazurro, en esas noches, aparecía otro tipo de manifestación y es, era y será el fervor erótico del paisa, de todos los pelambres y credos, que cuando se bajaban las cortinas de la noche, se iban para Las Camelias a manifestar y vivir su bohemia. En esos lugares, no le prometían ningún tipo de redención  ni le prometían que con una revolución llegaría un mundo mejor. No, allí, si tenía dinero, accedería a lo más a la mano que lo equilibraría unos días, una bella mujer y al paraíso de unas horas. Pero a ese paisaje tan bien descrito del erotismo no voy a referirme más, porque el texto conduce a otros sitios del barrio, además han desaparecido esas casas y su huella ha quedado en el recuerdo, es decir, en nada.

También el texto revela una historia perdida, y es que Aranjuez era tanguero, con sus diversos bares para las melodías, entre otros, diseminados en su topografía, El Rinconcito Argentino, Cuartico Azul, Calle Corrientes,  El Faro, El Berlín, El Maipú, El Martillo,  El Alianza, El Cámbulo, y además con la presencia de un cantante, Alberto Rossi, aquel que grabó entre otros tangos El esquinazo como trasunto a un tango de Gardel.

Todas estas voces en el libro hablan, cuentan lo que ha sido Aranjuez. Y es ahí donde reside el poder de este texto, ya que de no haber entrevistado estas personas, se hubiera perdido ese relato, ya que en el detalle es donde se encuentra la riqueza de un lugar, no en la generalidad que todo lo uniforma con su tabula rasa, porque  en cada uno de esos pormenores se cambia la percepción que tenemos de Aranjuez, le da otro matiz, enriquece su historia. De ahí que la memoria de esas personas mayores, portadores de su experiencia, de su tránsito por estas calles, ayuden de una manera magnifica a darle lustre a la intención de su autor por evitar que el ávido olvido deje de lado la perseverancia de esas vidas valiosas.

En este texto existe una gran indagación  sobre la vida cotidiana de casas, de memoria donde se encuentran esos universos particulares, donde se abren puertas que describen vidas, instantes, corredores que subyugan un horizonte; paisaje casi relegado.  Por esa razón, cuando la conversación con cada testigo se abre, auscultamos instancias desconocidas  y transitamos lejos por las calles del barrio, por las fachadas, por las fotografías desvaídas que nos quieren hablar desde su espesor pero también desde el momento en que fueron tomadas. Así, en este texto, indagamos de la mano de su autor, esa previsión de haber buscado esos testigos para adentrarnos en diversas épocas, en diversas calles, ya que el barrio nos habla a través de ellos, ya que alguna vez vieron y vivieron algo, y su memoria devuelve estos sucesos con esa sorpresa de saber que no sabíamos nada de esos momentos. Ese oficio del escritor, de Hugo Bustillo, nos habla desde adentro y sitúan lo buscado, o muchas veces una sola palabra ubica en esta labor de indagación una historia perdida, ya sea una casa de pupilas, ya sea un cine, al talentoso compositor  Rómulo Caicedo manejando un bus y a las líneas de trasporte yendo hacia el barrio donde los pasajeros saben el nombre de los buses.

Las palabras de estas personas conducen a zonas sagradas, a otras preguntas, recalan en otras huellas que conducen a nuevas propuestas, donde comprobamos nuestra absoluta quietud, pero también nuestro deslumbramiento. Por eso cuando caminamos por sus calles y distinguimos las fachadas de las casas antiguas, aun intactas, cerca de las recientes, donde el ladrillo y el cemento erigen su nombradía, es como pasar cada una de las páginas del libro, donde se asocian tantos detalles como el mundo de los tangos, sobre todo de esa dama de la noche que pidió ser enterrada junto a un puñal en sus manos como testimonio de amor a Gardel a quien conoció en Las Camelias, como los jugadores de futbol, Castronovo hablando en lunfardo, Greco y Fito Ávila que iban allí. También la cancha del Míster donde se situaban a socializar los muchachos de antes. Así como, en esta conversación regresa, el personaje mayor que deslumbra, Pedro Nel Gómez, que casi opaca a los otros, a Mascheroni, a Bruckner, a Alba del Castillo, a Tartarín Moreira, a Horacio Longas y a Carlos Arturo Longas, a William Álvarez, a Camilo Correa, a María Cano. Y es entonces que este libro  revela un gran secreto, la plenitud de lo popular como una expresión de  Aranjuez.

Así, el túnel de la memoria, a veces oscuro y sin salida, otras veces con un destello al final de la línea,  entrega un territorio para seguir descubriendo, para darle todo el peso que el polvo de la indiferencia y del avance apabullante de la ciudad hacia otras zonas no logra relegar, ya que algunos de sus amanuenses, en este caso Hugo Bustillo Naranjo, no dejan que esa historia, que a veces se anula, revierta, y sea leída de nuevo para darle todo el peso y el esplendor a este barrio ahora en sus cien años.

En el transcurso de estos cien años, se han cambiado y olvidado nombres, Los Álamos, Berlín, Lídice, así como los bellos nombres de sus calles: Alicante, Madrid, Valladolid, Bilbao, Granada, Navarra, entre otros nombres españoles. Hugo propone que se restauren placas con estos nombres en cada esquina como una manera de no dejar que esa nomenclatura se pierda.

Pero ahora, en este domingo 6 de noviembre miro, miramos a Aranjuez desde otra perspectiva, desde San Isidro, con la configuración del barrio que es, y que Hugo relata con sus vivencias, así como la manera en que escribió su libro. Tantos años han pasado desde que el potentado Manuel de J. Álvarez con su vestido negro, muy español, y a caballo venía a cobrar las cuotas de los terrenos vendidos, hasta la bullaranga de este inicio de noviembre, hasta el encuentro con Hugo que nos ha devuelto la memoria de las calles y de los testigos, a Aranjuez mismo.





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                                                       Fotografías de Luisa Vergara




3 comentarios:

Caro dijo...

Victor esa labor tuya con el tema del patrimonio es algo que te hace muy valioso en la ciudad, ademas mira lo que has descubierto un gran narrador como es el señor Hugo Bustillo y todo lo qeu sabes sobre Aranjuez..felicitaciones

gilma rosa cataño cataño dijo...

Lindo el relato que se hace sobre la historia de Aranjuez, centro de la cultura musical de los años 40. tejer la historia es la tarea que nos toca a quienes amamos los espacios que habitamos.
Victor, espectacular el ejercicio que haces.

Manuel Pineda Gallo dijo...

Victor nos has enseñado un escritor del cual no he leído ninguno de sus libros. Esta conversación es un abre bocas necesario