domingo, 25 de junio de 2017

50 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Víctor




Edificio Víctor



                                                                       HM Rodríguez e Hijos

                                                    (Nel, Horacio Jr, Horacio Marino, Martín)

                                                           


50 Medellín: Destrucción y abandono de su Patrimonio Histórico: Edificio Víctor


Edificio Víctor

Para Carlos Puerta
Víctor Bustamante



Qué más podría decir, agregar, sobre la familia de Horacio Marino Rodríguez, cómo catalogarla a la distancia, si el tiempo ha situado con justa medida sus obras que hablan por ellos y su aporte imperecedero aun es visible, así como esa creatividad a flor de piel, ese saber que, en el caso de Melitón, su hermano, las fotografías dan la idea del trascurso de una ciudad que él plasmó al comienzo con Horacio. Ya que después, cuando cada uno decidió casarse, partieron su profesión, en el gabinete de fotografía, para buscar cada uno un camino, y es ese camino creativo todo un reto en Horacio Marino: ser arquitecto. La vena artística de esta familia, esa presencia, ese talento de su padre que fue tallador de lápidas, la cercanía con Hauesler, su suegro, con la familia Cano, algunas de sus mujeres escritoras, dan la idea del fuste de una familia y su presencia intelectual bajo un concepto diferente que conmueve, que llama la atención ante la sobriedad de sus vidas, ante el talento y talante de todos ellos. Las obras son las que hablan, su idoneidad pervive. Ellos son parte entrañable de la ciudad.

Horacio Marino fue fotógrafo, pintor y luego arquitecto autodidacta, participó en la creación de la revista El Repertorio, escribió dos libros: Diez y ocho lecciones de fotografía y el Libro del constructor. En 1903 creó la oficina de arquitectura HM Rodríguez e Hijos, con la participación de sus hijos: Martín que estudió arquitectura en Estados Unidos, Horacio y Nel que estudió arquitectura en Estados Unidos y en Francia.

La firma de HM Rodríguez establece su presencia en la ciudad: en la remodelación del Paraninfo y de la Plazuela de San Ignacio, diseñaron Teatro Circo España, el edificio Tobón Uribe (Farmacia Pasteur), el edificio de Bellas Artes, el edificio Gutiérrez, el Banco Republicano, el Palacio Egipcio, el Castillo del Poblado, el Palacio Municipal, y el Edificio Víctor y es precisamente este edificio del cual nos ocuparemos. 

Cuando se presentó la posibilidad de inaugurar el Edificio Víctor, este acontecimiento fue saludado por la revista Progreso:


EDIFICIO VÍCTOR 

Uno de los más hermosos de la ciudad, de propiedad de los Sres. Félix de Bedout & Hijos, cuyos arquitectos fueron los H.M. Rodríguez e Hijos. 
Medellín cuenta con varios hermosos edificios comerciales, pero entre ellos hay pocos construidos por casas de comercio para sus propios negocios únicamente. Entre estos últimos está el edificio Víctor de Félix de Bedout & hijos, que ellos ocupan, junto con el Edifico Bedout, con sus extensos negocios de Droguería, Librería, Papelerías, Agencias y Representaciones.
La severidad de las líneas del edificio se debe al estilo netamente comercial que se adoptó. No hay a excepción de los mascarones, nada que no obedezca a la más estricta economía, a exigencias de más pura construcción y adaptación de materiales, los cuales están en la parte exterior, completamente desnudos 
La línea vertical domina por la forma misma del edificio, dándole con esto un énfasis a la altura, la cual en realidad es inferior a su apariencia. El segundo piso está soportado por dos columnas de hierro, para lograr con esto la mayor área de vidrios en el primero, lo cual es indispensable en un almacén moderno. 
Cada piso es un solo salón, con el mínimo de Columnas, con servicios sanitarios y de ascensor.
Es Construcción a prueba de fuego y está dotado de una buena instalación de hidrantes. Su solidez es toda prueba: los pisos están calculados para resistir 600 kilos por metro cuadrado.
Los arquitectos fueron Horacio M. Rodríguez e Hijos 
Reciban ellos y los propietarios las felicitaciones de Progreso por esta nueva obra que embellece. Y aprestigia a Medellín.


Aquí, en esta presentación, se mencionan los mascarones como el único detalle que se aparta de la sobriedad del edificio. Ellos han sido utilizados en la arquitectura con diversas significaciones. En el Art Noveau, son los decorados más enigmáticos que presentan. Estos mascarones del Edificio Víctor no son terroríficos, ni cómicos, ni alegres como se utilizó en esa corriente arquitectónica. No, su autor Bernardo Vieco, les dio una serenidad y cierto carácter de extrañeza que aún nos preguntamos en dónde reside ese encantamiento. Él se alejó de esas significaciones que le daban para ahuyentar a los demonios y a los malos espíritus, en esos tres mascarones buscó su sello, ese misterio que aun pervive. Me detengo en esas esculturas por esa desazón que causa cuando las miramos desde la calle y sorprende la seriedad de su mirada.

El Edificio Víctor, con los años, fue conocido con ese apelativo dado por la habladuría popular: el Edificio de las tres cabezas. Bastaba esa señal, da un punto de localización en la calle Boyacá. 

Esas tres cabezas vaciadas en cemento, que coronan el Edificio Víctor son un enigma. Algunos afirman que se trata de tres rostros de los integrantes de la familia Bedout, dueños del edificio; otros, según testimonios de la época, que son autorretratos del autor, famoso por sus pronunciadas ojeras. Bernardo Vieco, su escultor, lúcido, imprescindible y laborioso, siempre se relega, mientras sus obras aún están presentes en diversos sectores de la ciudad. Pueden verse en el Cementerio de San Pedro, en iglesias, en fachadas; muchas de ellas asociadas a la cuestión religiosa. Hace casi cien años que él esculpió estas tres cabezas y esta escultura es la que más incógnitas causa. Junto a las tres Marías del cementerio de San Pedro se convierten en la triada, no en vano estas tres mujeres de inmediato nos llaman la atención. Dos de ellas miran hacia abajo como dándole cierta profundidad, similar a los mascarones.

Félix de Bedout Moreno, el dueño del Edificio Víctor, el magnate que deseaba darse su tono, como los otros comerciantes de la Villa, nació en Medellín en 1868. Hijo del ingeniero francés Pablo de Bedout de Vassal, se casó con Ana del Valle López. A los 21, en 1889, años fundó la Tipografía del Comercio y el semanario "La Tipografía", órgano de la difusión de la Librería Bedout. Importó de Estados Unidos una imprenta pequeña que solo servía para imprimir tarjetas. Autodidacta, aprendió el arte de la impresión, de revistas y catálogos. Él introdujo al país la primera prensa de cilindro, antes sólo eran conocidas las de mano y trajo las cuñas de cierre automático para imponer las formas y las pastas para rodillos, también debido a su experiencia suprimió la mojada del papel antes de su impresión. Conocía cabalmente su industria, por haber sido cajista, prensista y distribuidor en sus talleres.

En 1914 creó la Casa comercial Félix De Bedout e Hijos, con su hijo Pedro Pablo, luego con sus otros hijos, Jorge, Jaime, Ramón y Horacio. Y se convirtió en distribuidor de marcas extranjeras como la Víctor, la Remington, la Dalting. En 1903 publicó los dos primeros textos escolares de carácter religioso, Cien lecciones de historia sagrada y el catecismo del Padre Astete. 

La calle Boyacá, sede del edificio Víctor, posee su historia, por ahí corrió Epifanio cuando se enloqueció y salió despavorido hacia las orillas del río. En esta calle, cerca de la Veracruz, una señora, desvelada y sicalíptica, en las noches, anotaba la escapada de sus vecinos por si regresaban a casa borrachos y registraba la hora. Esta calle posee las casa de Girardot y la de Zea, y también a la salida de la librería del Negro Cano, algunos intelectuales de su tertulia, se iban por Boyacá, al Chateclair, diagonal al Perdón de la Candelaria, a rematar su bohemia.

En los inicios del Edificio Víctor, en el primer piso funcionaba la Droguería Bedout. En el segundo piso un almacén de música, el Salón Víctor, que vendía discos de la RCA Víctor. Allí, en el balcón izquierdo, podía verse el símbolo de la RCA Víctor, el Fox Terrier, Nipper, escuchando la voz de su amo. 

En 1939 la RCA Víctor envió a Medellín una grabadora de discos y encargaron al director artístico de Radio Nutibara, Hernando Téllez Blanco, para que grabara algunos temas y los enviara a Estados Unidos, en donde se prensaban los discos, sería el distribuidor exclusivo al impresor, editor y comerciante Félix de Bedout. Esos estudios estaban ubicados en la carrera Junín, al frente del Teatro Junín. Allí grabaron: «No quieras más corazón», de Carlos Vieco y Santiago Vélez Escobar, «Recuerdo de amor», interpretado por Ospina y Martínez. También allí grabaron el Trío Colombiano, Los Payadores, Abel de J. Salazar con Eladio Espinosa y Plutarco Uquillas.

Antes, maestros como José María Tena y Pietro Mascheroni escuchaban emisoras en onda corta desde México, y de inmediato pasaban estas canciones a partituras para ser tocadas en sus radioteatros. Un caso curioso ocurrió cuando una cantante cubana trajo su repertorio a la ciudad para su debut, y encontró que aquí hacia años lo cantaban los conjuntos locales.

Ese mismo año, el portorriqueño Johnny y su grupo estuvieron en Medellín. Aquí en este edificio, existió un encuentro entre Johnny y Tartarín y de ahí salió una guaracha, "Los responsorios de Lola ", con letra de Libardo Parra Toro. Félix de Bedout, representante de la RCA Víctor desde 1935, le había solicitado a Tartarín algunas canciones, “Embriaguez de llanto” y “Son de campanas”, para entregárselas a Carlos Gardel pero la muerte de este en Medellín llevó a que se le cedieran Agustín Magaldi.

Ya en 1940 existían en Medellín, en el Centro, ocho emisoras, siete de las cuales tenían un carácter comercial: La Voz de Antioquia, La Voz del Comercio, Radio Córdoba, Radio Nutibara, Ecos de Occidente, Ecos de la Montaña y Emisora Claridad. Existía además la emisora de la Universidad de Antioquia, Radio Universidad, y una revista memorable, Micro de Camilo Correa. 

Boyacá, hoy, ha declinado su prosapia, ya no está la librería Don Quijote, el centro comercial la Veracruz se haya más desprestigiado que nunca, con bodegas de afán y carretillas, y se pierde en los arrestos de la pauperización y abandono del Centro, si antes la calle Boyacá, en este tramo de Bolívar a la Plazuela de la Veracruz, era sitio de llegada de viajeros, ahora en la cuadra de Carabobo hacia abajo observamos el barullo de las ventas de todo a mil, los vendedores ambulantes y las putillas situadas en los hotelitos, y las pensiones de ultra mala muerte.


Al declinar la industria de la música, es decir, al aparecer otras disqueras con otras propuestas, al igual que al negocio de las drogas adquirir otro tipo de contratación, y, sobre todo, al declinar los negocios de la Editorial Bedout, las actividades del Edificio Víctor asumen otro carácter. En un tiempo, en el primer piso, funcionaria la Recaudación de impuestos, en el tercer piso una escuela de hapkido. Ahora, en esta caída posmoderna, el Edificio Víctor, exhibe una placa de Bien de Interés Cultural, pero ya sabemos lo que eso significa, una lápida. Ya descolgaron de la parte alta de la fachada el aviso amarillo que anunciaba su intervención, ahora suspendida por algo de peso, le faltaba el visto bueno del Ministerio de Cultura, el cumplimiento de la resolución 2236 del 2008, sobre las zonas de influencia de los polígonos culturales en este caso el de la Veracruz. En la Curaduría Tercera, en Punto Clave, después de indagar con Faduil Alzate, no sabían de ese requisito indispensable ya que este Edificio Víctor está protegido.

Actualmente funciona el Centro Comercial Corona, entre el bullicio de los altoparlantes de los vendedores, las vitrinas. El mal gusto de esos almacenes indican la nueva preferencia del habitante de la ciudad por esos lugares, sin aura, y ya Boyacá una calle sin aceras, queda perdida, sin su verdadera significación.

Solo arriba del Edificio Víctor, en su silencio, las tres caras de Bernardo Vieco, impasibles, silenciosas, y con la lama del tiempo permanecen atentas, vigilantes.
Aquí la palabra patrimonio sabe a la desidia de lo amargo.

Bibliografía:


-Fotos antiguas de Medellín
-Archivo fotográfico BPP
-https://www.myheritage.es/photo-188_115980082_115980082/horacio-y-leon
-http://www.encuentrolatinoradio.com/2017/02/johnny- rodriguez-cancionero-de-america.html
-Boletín Cultural y Bibliográfico: Vol. 23, núm. 09 (1986)-Arias Calle, Juan David. La industria musical en Medellín 1940-1960: cambio cultural, circulación de repertorios y experiencias de escucha, Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, Facultad de 



1 comentario:

Anónimo dijo...

Victor: excelente articulo, muy centrado en todos los aspectos del tema y con una muy buena investigación. Ojala se pueda conservar el famoso edificio gracias a este y otros artículos que hablan sobre su posible demolición. Felicitaciones.