domingo, 10 de agosto de 2014

El violinista del Metro de Medellín / Marta María Peláez-Gaviria





El violinista del Metro de Medellín

Marta María Peláez-Gaviria

Ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre. No olvidemos que somos una comunidad, una comunidad diversa en el que el Metro es un medio de transporte. No estoy ni a favor de una posición ni en contra de la otra pero ambas son caras de la misma moneda y ambas llevan a lo mismo, a la inseguridad y a la individualidad. Una ciudad con un Metro que parece más una tacita de plata o un templo donde se reserva el derecho de admisión y donde son demasiadas las reglas para cumplir. No acercarse a la línea amarilla, no esperar en el Metro, no esperar al otro tren, se parece a los Metros donde están llenos de vendedores ambulantes. Es un Metro donde se quiere vender diversidad pero que le tiene miedo a la diversidad de sus calles y hace lo mismo que hizo con los gamines para el WUf esconderlos para que el turista se sienta seguro pero una ciudad sin vendedores genera la misma inseguridad cuando las calles están llenas de ellos. Estudié en Eafit y puedo decir con orgullo que conozco a casi los vendedores que se instalaron allí y que ahora fueron legalizados por el mismo estado. El Bizco, Don Fabio Mayor (que en paz descanse), Julián que lo vimos crecer, don Fabio Menor el de la regional y el más especial para mí Don Gabriel por ser con quién más hablé y le tengo un cariño muy especial; son algunos que nos acompañaban hasta altas horas de la noche y nos daba la seguridad que nada nos pasaba.

Por eso me abruma lo que pasó con el violinista, porque siento que el Metro se convierte en un transporte sin vida donde todos somos zombies sin pensamiento ni individualidad que nos dejamos llevar hacia el matadero, en una ciudad que a diferencia de otros tiempos ha dejado de mirarse, de estudiarse y de contradecirse. Muchos años atrás por más conservadora que fuera su gente había contracultura: Los panidas y los nadaístas son un ejemplo de ello. Hoy no hay nada sino obedientes que quieren ser algún día ricos empresarios a toda costa porque así salen del anonimato en el que vivimos día a día.

1 comentario:

Carlos Mario Piedrahita Londoño dijo...

Víctor, Marta maría. Gracias por compartir en este espacio este suceso, que puede permitirnos reflexionar sobre la convivencia que construimos o soportamos.


Carlos Mario Piedrahita Londoño